miércoles, 30 de septiembre de 2020

"Katábasis o expiación y holocausto del profeta"


 

“En definitiva, lo que hace mover al mundo 
no es sino el ánimo de los héroes.”
Fernando González

No es coincidencia que a partir de un proceso hermenéutico una de las voces de este poeta susurre el siguiente paradigma bíblico: “He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.”

Es justo en este momento remarcar que no accidentalmente recurrimos al patriarca José, hijo de Jacob, como representante de un arquetipo fundamental que vertebra esta cascada de sueños y delirios titulada Poemas Malditos y otros apócrifos”, un poemario que acaso sea fuego rabioso vociferando en medio de las noches profundas del alma; quizá la pura memoria de la herida que –en un acto desesperadamente contrito- exclama la tensión absoluta de la existencia: el verbo trascendental de lo trágico.

Todo empieza tarde, cual versa Julio Flórez, y probablemente, ésta no sea la excepción.

Ahora bien, una vez ultrajada, despreciada y vendida, la necesidad de ser vuelve sobre sus cicatrices para de esta forma intentar establecer la totalidad de su rostro ante los abismos del espejo: “esta es mi casa/ el Aleph donde todas las banderas y los idiomas se fusionan/ con acentos y tonalidades sinfónicas.” 

Así –no Luis Pabón sino el impulso de su nervatura- empieza un periplo parabólico “hacia lo superior, lo infinito”,[3] como lo refiere Zweig en “Lucha contra el demonio”.

Entonces aquella necesidad primigenia se lanza sobre los fragmentos en busca de palpar a viva mano la hendidura y por fin corroborar que la traición del mundo y de Rubén no fueron producto de la fiebre sino que efectivamente en aquel pasado difuso “lo divino descendía [y sigue descendiendo aún] a podrirlo todo.”

En su monomito[4], el héroe regresa a los infiernos de su antes y habita una vez más el terror y la muerte de su tierra natal: “Se sienten las balas golpear en los muros de esta casa,/ los proyectiles atraviesan paredes de carne,/ corren ríos púrpuras por las calles.”  No obstante, ahora armado y fortalecido con la luz de la poesía, éste se auto-designa la gran labor de señalar y denunciar los desmanes de la injusticia en virtud de producir conciencia colectiva: “Los niños reducidos a cenizas/ vuelan al encuentro con lo que  jamás/ comprenderemos…” “Si por instantes dejáramos de ser solo símbolos y/ nos volviéramos humanos/ Si el dolor de Siria fuera nuestro/ si el hambre de la calle/ nos sacara lágrimas/ y el frío/ de aquellos sin techo/ nos congelara el alma…” Así –el poeta- avanza a través de las imágenes densas, macabras y fantasmagóricas que van poblando esta Comala fatídica e intemporal, este “País maldito” que “no entiende de paz/ porque solo conoce la guerra!”

Una vez más es necesario recurrir a Zweig, ya que la caída súbita de la parábola, de “la forma de lo demoniaco”[5], se da en el estadio llamado “Los malditos”, allí, el héroe, el poeta, poseído por una fiebre mística, conjura la angustia más tremenda, el vértigo que preludia la revelación, el círculo más bajo del infierno (antípoda y complemento del paraíso) desde donde puede advertir el caos primero, la fuente de vida que ha de calmar la sed.

Es en “Los malditos” en donde la otredad de Luis Pabón, es decir, José, el profeta de los sueños, se enfrenta rabiosamente a sí mismo: “Ya no soy más que un despojo”, “Me maldijiste entonces y volviste a mostrarme malo.” Su fe y su misión profética-poética se ponen en duda. Los cimientos de la arquitectura psíquica, del gran templo, ceden ante la palabra descarnada del hombre que enfrenta la tiranía caprichosa de su propio dios: “¿No eres tú el que pones y quitas reyes?/ ¡Entonces eres culpable de todo esto!”

Tras la tormenta de fuego y relámpagos de esta stanza, del incendio más íntimo, la claridad germina cuando se comprenden los designios de la esencia en movimiento llamada comúnmente destino[6]: “Bebí mi sangre/ comí mi cuerpo,/ construí mi tumba,/ rompí mis cadenas…/ resucité.”

Finalmente el héroe completa su viaje, los laberintos de su rostro penitente, e ingresa –lleno de altura y translucidez- al vientre material que le dio forma a su informidad; sus ojos penetrantes dicen lo que esconde “La casa maldita” , los recuerdos amargos que vagan entre los muros, “los secretos de las épocas muertas”, cual cantara José Asunción Silva, secretos conservados en las ventanas, el fogón, la foto quemante de la madre, la escoba, en las grietas, significando quién sabe qué heridas cardinales: “De sus abrazos nada/ ni un hilo para volar cometas/ ni un barquito de papel pa´desafiar las olas.” Hay en este punto de partida y de llegada un perfume de nostalgia dolorosa que lo atraviesa todo y que nos lleva a recordar aquel poema de Vallejo en donde eternamente busca a su hermano Miguel…

“Poemas Malditos y otros apócrifos” es la ruta deconstructiva que Luis Pabón, profeta de los símbolos oníricos, eligió para intentar alcanzarse y así, reivindicar –acaso- el pecado familiar. El libro todo quizá sea un único poema atravesado por la desesperanza, la rabia, la impotencia,  la incertidumbre, la incomprensión: estados que nos acercan al grado más humano, a la sombra que -una vez convertida en luz- se hace motor que conduce hacia la sabiduría de la conciencia: “No todo cabe en el mismo lugar, algunas cosas vagan sin nombre, sin dueño y sin dios.”

  

Esteban Torres 
Buenos Aires 
Sep., 2020.

 

*Luis Pabón es un escritor colombiano nacido en la ciudad de Santa Marta, Magdalena, es administrador de empresas hoteleras, estudiante de Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) Buenos Aires Argentina.

Fue tallerista en la fundación huellas caribeñas, amigos por el Magdalena y Colombia, colaborador en compilación de escritos para el libro Caballitos de mar 2, coautor de la Antología Caballitos de mar 3.Conductor del programa Palpitando poesía, el cual se realiza en la ciudad de Buenos Aires. Ha publicado los siguientes libros: Poemas Malditos y otros Apócrifos (Editorial Textos Intrusos, Argentina, 2018), Sueños Inocentes (novela), Palabras Escapadas, Demencia o Realidad: un escape a los sueños, Coautor de Caballitos de Mar 3, Compilador de Antuna I. Y asimismo ha participado en las siguientes antologías: Caballitos de Mar 2, Caballitos de Mar 3, Antología del GEA, En Tiempos de Primavera, La Mirada de ellos, Croupier 8, Antuna I, Puentes de Agua, Cuentos desde la Bahía II.


1 comentario: