jueves, 25 de noviembre de 2021

"Poesía en movimiento" poemas de Washington Daniel Gorosito Pérez


                                                                                                                   
La palabra poética es pájaro.                    
En su vuelo,
para hablar con los dioses
esquiva las lanzas de astro rey,
dejando a su paso cristalitos de mar aéreo.

El verbo incandescente
hace que la neblina de la tinta
se vaya disipando.

Fluyen letras en bandadas
tejiendo poesía en movimiento
y al nacer los versos
son coronados con aureolas
de polvo solar.


Las no palabras

Máquinas y pájaros
comparten las alturas.

Alas metálicas
contra plumas multicolores.

Los pájaros ya casi,
no tienen cielo.

Sus ojos gotas de miel
observan polimorfos objetos.

La palabra en vuelo
el viento la empuja.

Y, los versos laten
con la calidez del verbo.

Un poema rompevientos
es festejado por los aleteos rítmicos.

En la biblioteca de los pájaros
sólo hay poesía.

Y, la brisa acarrea
las no palabras.


Letras aladas

Seré un pedazo de tierra.
Seré surco donde plantarán
semillas de poesía,
y surgirán versos
que nacerán lagrimosos.

Carrusel de letras girando silenciosas,
versos que romperán el tiempo,
esperados por pájaros ansiosos,
ávidos de nuevos poemas
que no comieron ni una semilla
las cuidaron,
volando en círculos concéntricos
multicolores.

Aromas de letras calientes
versos dorados
recién horneados.

Pan de letras,
nutrientes del espíritu
volarán muy alto.

Poesía con alas.

   
*Washington Daniel Gorosito Pérez. Nace en Montevideo, Uruguay el 24 de junio de 1961. Escritor, Poeta, Ensayista, Investigador, Periodista, Conferencista. Catedrático Universitario. Autor de la columna “Encuentro con Gorosito” de temas de política internacional y culturales. Analista de Información Internacional y Defensa. Parte de su obra literaria y periodística ha sido traducida y publicada en inglés, ruso, japonés, italiano y portugués. Ha obtenido premios de poesía, ensayo, cuento y periodismo en Uruguay, México, Brasil, Chile, Argentina, Estados Unidos, España, Francia y Alemania.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

"Paradox" arte digital de Mehmet Akif ÖZDAL


Nombre: Paradox
Técnica: Arte digital
Medidas: 100*100cm
Año: 2021


Nombre: Mahnetic
Técnica: Arte digital
Medidas: 140*70cm
Año: 2021

Nombre: Contrast
Técnica: Arte digital
Medidas: 140x70cm
Año: 2021


Nombre: Efsunkar
Técnica: Arte digital
Medidas: 100*70cm
Año: 2021

Nombre: Impasse
Técnica: Arte digital
Medidas: 100*70cm
Año: 2021

Nombre: Sad
Técnica: Arte digital
Medidas: 100*70cm
Año: 2021


Nombre: Scattering
Técnica: Arte digital
Medidas: 100*70cm
Año: 2021


Nombre: Vincent
Técnica: Arte digital
Medidas: 100*70cm
Año: 2021


*Mehmet Akif ÖZDAL, Nació en Sivas/Merkez en 2000. Continuando la educación primaria, secundaria y preparatoria en Sivas Inició sus estudios de pintura en la escuela secundaria. Talento de pintura temprana, tras su descubrimiento, inició el Departamento de Pintura de la Escuela Secundaria de Bellas Artes en 2014, este recibió formación en Dibujo durante mucho tiempo desde el primer semestre. Después de la educación secundaria quería continuar su línea en el campo de la pintura y en 2018, el Talento de las Universidades Facultad de Educación de la Universidad Sivas Cumhuriyet Ganó el Departamento de Enseñanza del Arte. 
 

martes, 23 de noviembre de 2021

"A los ojos del Impasible" poema de Zully Ordoñez

 

Como ramas sagradas 

alrededor de mi pecho

se despliega el desorden índigo

Es el caos de Abejas Reinas que absorben

de los tallos todas las Edades y

todas las angustias

para introducirlas, soberanas, con su aguijón

en mis poros.

Hacen, las desgraciadas, caminos

para los vástagos del Averno

Para esas hormigas con rostro humano

que, desplazadas a mi ombligo terco,

me miran con los ojos del Eterno

desde el polvo de la Nada

 

La carne mía, la carne amada,

se torna gris como antes del nacimiento,

Es la súbita visión:

 

Mis poros abiertos como panal,

De mi espalda, uno de ellos suda bruscamente

y se llama a sí mismo “Desdicha”

 

¡Que desdicha no poseer el silencio absoluto!

Oír mentiras, oír ruidos, oír el ruido de siempre

Las arañas salen del interior de mi boca

y sigue mi alma sucia reflejando

en la plateada telaraña,

el punzante dolor interno

 

¡Qué gris es este día!

 

No hay colmo ni límite en los vientres

que se llenan de náuseas entrañables

Solo una vela coronada con una llama

que se mueve y se libera

para ser fuego

 

Fuego que me hace señas,

no me habla

Se muestra la llama con su forma real,

me profetiza Mi Cuerpo consumido y

otra vez el poro suda,

se abre escandaloso, gime:

 

 

¡Ay! ¡El dolor es en la piel!

¡Ay! ¡El aguijón está en la carne!

 

 

El alma existe, pero no habla,

No habla porque no tiene lengua

Mis manos tiemblan porque

el silencio se aleja

y otra vez ese ruido que es

la existencia humana que

me acosa


 

*Zully Ordoñez (Guayaquil, 1986), licenciada en Literatura por la Universidad de las Artes del Ecuador;  ha participado en  recitales de poesía: Feria del Libro de Guayaquil (2021), Casal Catalá de Guayaquil, Casa Morada, Casa de la Cultura de Guayaquil. En 2019 obtuvo una Mención de Honor en el concurso de poesía Libre Libro de la Universidad de las Artes del Ecuador. Así mismo, ha publicado poesía en Pixeletras (revista literaria de la Universidad Escuela Politécnica del Ecuador) y en la Editorial Crímenes en Venus. Su poesía también consta en la antología Caballos Nacidos del Polvo de Uartes Ediciones.


lunes, 22 de noviembre de 2021

"Ramas y quebradas" pinturas Felipe Balzo

Nombre: Quebrada
Técnica: Acrílico sobre tela 
Medidas: 90 x 80 cm 
Año: 2021



Nombre: Sin título
Técnica: Acrílico sobre tela 
Medidas: 90 x 60 cm 
Año: 2021

Nombre: Sin título
Técnica: Acrílico sobre tela 
Medidas: 90 x 70 cm 
Año: 2021



Nombre: Sin título
Técnica: Acrílico sobre tela 
Medidas: 90 x 75 cm 
Año: 2021



Nombre: Sin título
Técnica: Mixta sobre tela
Medidas: 90 x 80 cm 
Año: 2021

Nombre: Ramas
Técnica: Acrílico sobre tela 
Medidas: 30 x 40 cm 
Año: 2021


Nombre: Quebrada 2
Técnica: Acrílico sobre tela 
Medidas: 90 x 70 cm 
Año: 2021



Nombre: Sin título
Técnica: Mixta sobre tela
Medidas: 130 x 60 cm 
Año: 2021

*Felipe Balzo, Santiago de Chile. Realizó estudios de Artes Plásticas en la Universidad de la República del Uruguay. Licenciatura en diseño gráfico con mención en animación digital, Universidad del Pacífico, Chile. Diplomado en artes visuales, en el taller de estéticas libres de Eugenio Dittborn.

viernes, 22 de octubre de 2021

"Dementia praecox al descender sobre el jardín en Basilea" poemas de Jack Farfán Cedrón


―Acerca de un sueño que Carl  Jung 

describe en el Libro Negro, que le permitió 

embarcarse en  una   relación con Toni 

Wolff, una mujer que había conocido tres

años antes―


“Sólo en las primeras horas de la noche podré transformarme 

en un ser humano, mientras el palomo está ocupado con los doce 

muerto”. 


Carl Jung, Liber Novus


Hacia los primeros chapaleos del amanecer yo me vi enfundado, puro huesos y plumas. Conque no sólo me sorprendió verme vencido, sino que el cambio de cuerpo presagiaba ese hermoso mandhala, tridimensional y azulino alucinado en las primeras horas de caída libre, hacia la nueva dimensión del resurgimiento.

Era que sólo advertía el cambio, la mutación sorprendente, el vuelo sugerido, en el sueño controlado de lo que ensalmarse puede desde lo onírico, en teoría inconsciente, me refiero.

Pero mi piel antropofágica, mi pasado evidenciado en un presente que incorpora el codearse con la piel intacta, asentarse deberá sobre el cieno que la memoria imanta como cansinos pasos hacia un pantanoso terreno que sólo el alabeo de los brazos o un ventarrón alado valida, avance estrepitoso, apocalíptico virar, de un mundo dividido.

La flor de lis que acababa de picotear me preparaba en la firmeza que restaría dar la vuelta al mundo y

solo en las primeras horas de la noche,  poder transformarme en un ser humano, mientras el palomo está ocupado con los doce” muertos.

En la cena con mis cinco hijos, yo me vi en espejo bruñido con la piel del árbol traganiños, que luego de unas décadas, comprendí con precisión, que se trataba de un phallus, pero que más adelante una interpretación sacra me convenció de ser la sangre de Cristo ardiendo en el paso inmemorial de un pasado inmediato.

Pero con todo, el yantar lucía copioso, con la delicada parsimonia de las familias bien acomodadas que bajo un roble altísimo y agarrotado de las copas, sustentaba un paisaje serreño, de lo más idílico.

¿Abrevar podré de esa garrafa, las delicias del delirio, el elixir de una vida sobrada de intentos vitales que la flor de la preñez lleva contable?

Asido a mis cinco retoños, no pudo haber más dicha que el potaje, que en la cena se prueba con halago, cuando justo y como caído del mismo Espíritu Santo, desciende la garza blanca o la paloma en medio de la mesa, convirtiéndose en una niña de unos ocho años, bellísima, rubicunda, que tan presto regó el cuenco de mermelada de frambuesa, se aprestó a corretear con los niños por el césped y los chopos.

Sabedor de que lo vívido no era más que un reflejo, obliteré las dudas de que esto pudiera trascenderse en inútil realidad y no me di un pellizco para que el goce secreto de durar el mito que dura, permanezca.

Volteo a recoger el balón tras el árbol de carne y resina sangrienta, y me doy con la sorpresa de que la niña me susurra:

Vuelvo al otro lado del mundo, donde me espera mi destino en los pantanos donde abreva la flor de lis el barro negro de la sabiduría; y tan presto me convierta en palomo, vigía seré de los doce muertos, que por descontado repiten el espejo, donde crece la duda de la dicha; es una gloria o la firmeza de que el clan que se repite es el puro reflejo en apariencia, loable por sus mitos enterrados en una caja pragmática a futuro abierta por un náufrago de todos los inventos allegados a la descomposición terrena de lo divino; que por costumbre o hartazgo, siempre troca en degradación, a partir de la limpia creatura, apacentada por el mal, que desde un principio lo habita.

El manto en dos desconocido que al primer alabeo despuntando luz del alba se contrae o constriñe hacia la centuria de un mar dividido, que hacia el tibio atardecer troca en desierto candente, símbolo de la consciencia en copa de oro reverberando en las paredes del seso que todo lo abyecta.

Vuelvo al otro lado del mundo,

y me sé henchido bajo la transmutación de pluma en carne, de carne en desvelo, cuando al posar un huevo sobre el mundo de las transformaciones, símbolo del alma representa, bajo la pura sentencia que alabea una prescrita agonía que posee las artes usurpadoras de una idea inconsciente de que la dementia praecox, hoy llamada esquizofrenia, lleva en la bandera sorpresiva de la imaginación, una pesquisa, acaso, con todas sus abscisas que descompensa el ser en picada, que no es antagónica de una lucidez mental, tanto que en su fuero desconocido se centran las bases creativas, El mundo dividido del que hablaba el gran ser mitológico con alas de Martín pescador, encontrado muerto al otro día en mi jardín de Basilea.

Suerte la mía, volver a mi reino, de escalas reversas y laberínticos miedos lleno; tanto el avance como la forma recurrentes del desvelo precisan una sub-interpretación del paso pilífero que liebre alguna da en pos de su escape del halcón que la ha de agarrar por los aires, para ser carne de buitres, en un nido obscuro como blondo el lecho, acogiendo a los pichones.

Ha de ser el lapso ternuroso de un amor filial que el hada serpentaria debidamente cornamentada, alada y leonada, cruzando montañas flotantes, cambió el curso de mi humana apariencia en ave espirituosa.

Ha de ser que mi mundo empieza,

Que mi creencia en todo mentarlo, hace que el mandhala, el gran signo azulino se presente por la memoria de un cieno, que luego de procrear más y más dichos a la vera de un camino se aproxima, estando en lugar alguno, en tierras desconocidas por el antro de la media pulgada, donde es sabedor de leyes de la viviplexología y la hebdomadaria de míticos infolios de medio octavo, expendidos en sesiones secretas, donde cada ser tunicado recibe instrucción, emprendiendo así, vuelo a su mesa cada uno.

Pero mi mundo velado habría de sucumbir al desvelo.

Y sobre la despensa de los desconocimientos que presta la confusión fanal, en el cambio acelerado troca, cual los misiles una lluvia de estrellas, donde no sólo caerán irremediables meteoros redundantes y hadas informes con la bituminosa inflorescencia de los seres mitológicos a esa hora bellamente pulimentados por el cieno argento como azóguico deplorado por una movida al chocolate sobre el perol,  hervidero de supinos brebajes ascendentes de la noble mañana, a un vestal reconociendo el desmedro de lo que podría, como no, según las posibilidades en descenso de aquella desgracia, que rodando cuesta abajo, allega boqueando al borde de la huaca presunta de variabilidades acaecidas,

hacia el sueño descoyunta.

Qué será, pues, si nadie abre despavoridamente las ventanas para codearse con un coleóptero que ha vadeado las esclusas de lo humanamente posible, hasta ser pergeñada la alucinación, el ala continua trepando el brazo que habrá de accionar el habla, hasta emprender a segundos continuos la nueva mutación a humano, a otro Jardín de Basilea, donde humanamente es posible que el desvelo sea la matriz de esa enormidad vigilante, maquinadora de ríspidos velos que se sueñan,

En este mundo dividido.           

                                                          

*Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Modera los blogs ‘El Águila de Zaratustra’ & ‘Exquioc’, además de editar la revista digital Kcreatinn Creación y más. En 2012 dio a conocer un volumen de reseñas literarias alrededor de veinte célebres novelas de la literatura universal: El fragor de las quimeras, bajo la producción de Kcreatinn Organización, de la cual forma parte. Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Letralia (Venezuela); Periódico de poesía (UNAM), Destiempos, Campos de Plumas (México); Revista de Letras (España); El Hablador, Fórnix, Sol Negro, Ablucionistas (Perú); Letras hispanas (USA) y Resonancias (Francia). En 2016 formó parte de los 105 poetas de todo el mundo, invitados al III Festival Internacional de Poesía de Lima, FIP Lima. Blog: http://elaguiladezaratustra.blogspot.pe/

jueves, 21 de octubre de 2021

"La necesidad del affaire" relato de Luis Vargas


Durante el año que llevamos de pandemia he escuchado a varios amigos decir que añoran volver a la normalidad, que extrañan esto y aquello, ver caras nuevas, rostros conocidos, hablar, abrazarse, besarse, y reírse juntos sin miedo a que el virus se filtre y les ocasione un caos de garabato. De garabato…pido una disculpa si no sé expresar estas cosas de la ciencia, pero mi profesión es el diseño de obras, el cimentar las bases de grandes construcciones, y principalmente, visualizar a partir de una pequeña piedra o de una línea una gran edificación o historia.  Pero de entre toda la clase de preguntas curiosas y comentarios que he escuchado, hubo una pregunta que me desconcertó bastante; ¿Y tú no extrañas intimar con alguien que acabas de conocer? Lo preguntaban porque, de acuerdo con sus percepciones, me veían demasiado tranquila al respecto. Yo sencillamente les respondía que no, que era el menor de mis prioridades actuales, pues sólo quería ver de nuevo a mi padre, quien se encontraba trabajando en el extranjero y no había tenido oportunidad de volver desde la pandemia. Por supuesto que a veces pensaba en ello como un ser humano cualquiera, pero no como una necesidad constante.

Hace poco cumplí treinta años, y una vez leí en un libro de Balzac, que los treinta era la edad peligrosa de la mujer. En mi caso no encuentro el peligro que hay en cumplir treinta años, incluso mi vida hasta se ha vuelto más sencilla; trabajo todos los días a pesar de la pandemia, y sólo los fines de semana me sobra tiempo para descansar o ver a un par de amigos. Mi familia no vive conmigo desde hace varios años; sólo mi hermana menor me visita, y lo hace ocasionalmente. Un fin de semana, de haces tres meses, si mal no recuerdo y reviso bien el calendario, mi hermana vino a visitarme a mi departamento. Me dio mucha alegría verla y platicar sobre lo mucho que ambas extrañábamos a papá. Las noticias se limitaban ahora a personas conocidas que se habían contagiado-: “¿te acuerdas del papá de Emilio, mi amigo de la secundaria? Pues falleció esta semana… no podía respirar, y no pudieron conseguirle un tanque de oxígeno, pobre de él”. Pero entre todas las noticias convencionales hubo una que me conmovió pues fue inesperada hasta para mí: mi hermana acababa de romper con su novio, con el cual llevaba ya casi dos años de relación. Cuando me lo contó no pudo evitar romper en llanto, y decir que las cosas no habían funcionado, que la lejanía por la pandemia había terminado por agravar los problemas que ya había entre ambos, y que sólo había potenciado lo ineludible. Lamenté mucho lo de mi hermana, sabía cuánto lo amaba. Ella lo había conocido en esta ciudad, siendo más exactos en la universidad, cuando vivíamos juntos como familia en el departamento que ahora habito a solas.  Nunca he sido buena para las cuestiones sentimentales, pero traté de consentirla todo ese fin, con la comida y juegos que más le gustaban, y así, con su llanto en mi hombro nos dijimos hasta pronto. 

 

Pasaron dos semanas de rutina insufrible; de aislamiento forzado por el aumento en las cifras de contagios, de comida a domicilio, de maratones de series los viernes, de botellas de vino acabadas en una sola noche y a solas y de libros releídos.  Una tarde, harta de estar trabajando en unos planos, decidí salir a comprar lo que pudiera encontrar, hábito bastante convencional de las mujeres aburridas o deprimidas. Comencé a tomar cuantos productos atrajeran mi atención, mientras quemaba un poco de tiempo leyendo las letras pequeñas de las cajas, y las oraciones escritas en francés y en inglés sobre las indicaciones de uso (vaya situación más engorrosa), y me fui directo a pagar, cuando alguien me llamó con una voz un poco dudosa y afeminada: - “Lucía, hola”.  Yo volteé y era el ex de mi hermana; se había dejado crecer un poco la barba, vestía el mismo estilo de ropa, algo ñoño para mi gusto, pero parecía ser el mismo traga años que había conocido hace un par de años:

- ¡Ah, hola!, ¿qué tal te va…? -Había olvidado su nombre por completo.

-Excelente, muchas gracias. ¿y a ti? Bueno, ni preguntar… se nota te va bien.  No pensaba encontrarte por aquí…

- En todo caso soy yo quién no pensaba encontrar un hombre aquí: ¿qué haces en una tienda de cosméticos? -

-Cosas de ustedes, algo que me encargo mi hermana, me conoces lo servicial que soy, eso es todo. -Respondió riendo con esa risa juvenil que seguro había enamorado a mi hermana.

-Perfecto, pues me dio gusto verte -decía la mentira del día-: que estés bien, ¡bye!

Salí de prisa al estacionamiento para descansar mis manos de las cajas que se desbordaban. Cuando abría la puerta del auto escuché de nuevo su voz:

- Lucía, espera…

-  Tú de nuevo... ¿Qué pasa? -respondí apresurada y con tono de enfado.

-Verás, es relacionado con la arquitectura. -Dejé las cosas sobre el asiento y me volteé pese a sentir enfado-: ¿Sí? ¿Qué cosa?

- Es sobre un amigo, él es ingeniero civil.  Acaba de llegar a la ciudad para un trabajo de diseño de caminos, y necesita una cámara como la que tú tienes, la que usan los ingenieros civiles, con su trípode y eso, recordé que tú tienes una, no sé si podrías prestársela...-Hizo una pausa y continuó-: Sinceramente, después de un rato de verte me acordé de que tú tienes esa cámara; él es principiante pero muy responsable, te garantizo que cuidará bien de ella. -Me habló con esa timidez llena de seguridad que le caracterizaba, la cual siempre había sido su ironía más grande. Quería que dejara de hablarme, así que le que dije que sí para deshacerme de él.

-Perfecto, ¿me pasas tú número para avisarle? De una vez te paso el suyo – No había contado con que tenía que darle mi número, ni siquiera había pensado en prestar la cámara que más bien se llama Teodolito. A estas alturas sólo quería irme y que me dejara en paz, por lo que esta vez tuve que recurrir a hablar con la verdad:

-Está bien, lo guardo, yo me contacto con él, hasta luego.

Cuando llegué al departamento no pude pensar en que le iba a hacer un favor al tipo que había terminado con mi hermana. Probando cada uno de los productos pensé en contarle, pero justo cuando estaba a punto de tomar el celular, desistí de hacerlo: recordé que a esa hora ella estaba en clases virtuales y no quería importunarla. En cuanto a José, sin duda ya no era el mismo de antes pese a seguir tragando años. La barba no le sentaba mal, y se había ensanchado un poco más de hombros, y caminaba más erguido, pues cuando lo conocí se doblaba su espalda a causa de su estatura.  Al inicio se me hizo algo feo, no me gustaban tan ñoños y altos, pero aquí estaba, al parecer estudiando o trabajando, y probablemente superando la ruptura con mi hermana.

Dos días pensé en escribirle un mensaje a mi hermana para contarle todo, que me había encontrado a su exnovio y me había pedido prestado el Teodolito, pero cuando me disponía a escribir, tocaron el timbre y fui a abrir la puerta:

- ¿Tú eres Lucía? Soy Juan, el amigo de Pepe, me dijo que tú me prestarías el Teodolito.

-Hola, sí mira... aquí está, en excelente estado como le comenté a José, te lo encargo mucho, ¿vale? ¡Nos vemos!

-Espera, es que no sé muy bien usarlo y te quería pedir si me enseñaban, aunque sea lo básico o cómo funciona…-No estaba dispuesta a perder mi tiempo con él, sin embargo, cuando iba a darle una negativa y a cerrar la puerta, llegó José quien al parecer lo estaba esperando….

-Qué tal Lucía, veo que se cayeron muy bien ambos. Me agrada, ¿no tienen hambre?  Les propongo lo siguiente: si tú le enseñas a usarlo correctamente y mi amigo Juan aprende a usarlo de manera correcta, los invito a cenar a ambos. ¿Qué les parece? Así celebramos que Juan al fin es útil para algo y que Lucía es una excepcional maestra. Les advierto: no acepto una negativa por respuesta, los tiempos no están para negarse a cenar con amigos.

No me agradaba la idea, no obstante, su amigo se veía bastante amable y fue imposible no negarme a ayudarlo; contaría por mucho veinte años, y desde lo que vi, por alguna razón, me cayó bastante bien.

- Está bien, lo de la cena ahórratelo, terminemos esto rápido.

Juan aprendió a usarlo en menos de media hora, por lo que no tardamos en ponernos a jugar a las escondidas y otros juegos de la infancia. Tenía años sin correr y divertirme tanto. Los tres sin duda afectados por la pandemia, parecíamos estar sumidos en un estado de euforia y absoluta alegría; risas, gritos, una que otra caída, peleas por niñerías, así corrió el tiempo.  Por un momento olvidé que acababa de conocer al chico y que José le había roto el corazón a mi hermana; por un momento fuimos los mejores amigos del mundo, y los problemas de mi hermana y del mundo cesaron de existir.  Terminamos exhaustos, y al final accedí a cenar con ambos. 

Mientras platicábamos y reíamos abrí una botella que había comprado a inicios de la pandemia con la esperanza de destaparla cuando toda esta desgracia acabara. Después de agotar hasta la última gota, José y su amigo se despidieron, no sin acordar que nos veríamos la próxima semana para continuar con la partida de juegos. Luego procedimos a despedirnos como amigos de toda la vida y nos dimos las buenas noches.

Cuando me disponía a dormir, escuché que alguien tocó el timbre, la voz de José respondió:

- Lucía, olvidé mi celular, disculpa. -Su celular, estaba en el sillón, y yo estaba demasiado cansada, así que le dije que pasara, aún no cerraba con llave.

-Muchas gracias – me respondió mientras entraba. Después de cambiarme salí a ver si ya lo había tomado y se había ido. Cuando salí estaba mandando un mensaje mientras se dirigía la puerta.

- ¿Ya lo encontraste?

-Sí, gracias, estaba en el sillón. Oye, que bien no la pasamos hoy, ¿no crees? Tenía meses sin reír tanto y pasármela tan bien.

-Sí, igual yo, estuvo bien -me dirigí a la cocina a tomar un vaso de agua, sin embargo, el garrafón no estaba puesto.

-Espera, yo te ayudo -mientras cargaba el garrafón no pude dejar de observar sus brazos. El alcohol había inflamado mis sentidos; no lo veía tan feo como antes y en mi limitado entendimiento comprendía por qué mi hermana se había enamorado. Cuando terminó de colocarlo, nos miramos fijamente y me besó. Transcurridos unos segundos comprendí que besaba a alguien ocho años menor que yo; para él debía ser una fantasía cumplida…quizá sí, quizás no, pero yo no pude separarme de sus labios. Me había gustado besarlo, y deseché la idea de que me había gustado por los efectos del alcohol. Acto seguido me tomó de la cintura y me juntó a él para sentirlo y despojarme de mi ropa. Llegamos a mi cuarto, las luces estaban apagadas, y yo volvía a recordar la desesperación de los que tenía a los veinte años por sentir la piel de otra persona; la necesidad que tenía por sentirme deseada o amada por alguien:

-Eres bellísima, me encantas. -Le escuché decir mientras me quitaba la última prenda, y me pregunté de nuevo si ese deseo suyo por mí existía desde que salía con mi hermana y yo lo veía como un sujeto sin gracia alguna:

-No sabes cuánto había deseado este momento, Lucía. -Le escuché decir mientras cumplía en mí todo su deseo.

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A la mañana siguiente pensé en culpar al alcohol, aunque fuera mentira, pero ya no tenía la edad para mentirme a mí misma con fruslerías. Sólo me dio los buenos días y se vistió, mientras que yo me alisté para moverme al escritorio a trabajar. Esta vez la clásica escena de dos personas que se despiden con la frase “iré al trabajo” después de una noche de sexo no tenía cabida; él ni siquiera tenía trabajo o clases presenciales y mi oficina estaba cerrada por la pandemia.  Por lo que, cuando le abrí la puerta me dijo: - “mañana no se conectará mi profesor, podría verte un rato”.  - “Ya veremos”- respondí.

No dejé de pensar todo el día en que había intimado con el ex novio de mi hermana, y que para el colmo me había gustado sobremanera. Sentía una mezcla de culpabilidad y vergüenza mezclada con un desasosiego y confort corporal que alguna vez dudé haber vivido. Es probable que lo haya sentido, al menos en una ocasión, seguro que sí, sólo que ya no lo recordaba. Quería llorar y al mismo tiempo reír; quería recordar y al mismo tiempo olvidar; quería decir que no y al mismo tiempo decir que sí; quería no sufrir y al mismo tiempo amar: Quería vivir hasta donde este estúpido aislamiento me lo permitiera.

 A la mañana siguiente le mandé mensaje; acordamos vernos por la tarde. Y así fue; inmediatamente que entró, se quitó el cubrebocas y me besó la boca con esa delicada pasión que me recorría en escalofríos todo el cuerpo. Si anoche no me había importado que tuviera el virus en su saliva, hoy no tenía sentido que me empezara a importar. De la nada recordé que era guapa, que había sido el adjetivo más frecuente para mi persona, pero jamás imaginé que tuviera tantos atributos físicos como él con sus manos y su voz me los hacía notar y saber. Mordidas por aquí, mordidas por allá..., besos justos, ahí, en mi suspiro... Repasaba insistente cada una de mis formas, y yo acariciaba su cuerpo que gritaba a los cuatro vientos por sentirse correspondido y amado. Me tocaba como si conociera los puntos que más disfrutaba sentir, y por un momento me pregunté si tenía algo de relación con que su exnovia fuera nada más y nada menos que mi hermana. ¿Sería posible que mi hermana y yo sintiéramos igual, las mismas caricias, los mismos puntos detonantes de placer, la misma tristeza, el mismo amor? 

-José, ¿te imaginabas haciendo el amor conmigo?

-Sí, muchas veces. En secreto, a solas, o en compañía de tu hermana, en la mesa con tus papás, me lo imaginaba y disfrutaba imaginarlo. Cuando salías con sujetos que ni siquiera te agradaban, y yo me percataba que sólo salías con ellos para no hacerlos sentir mal o no sentirte a solas contigo; yo fantaseaba con hacerte el amor y provocarte todo eso que ellos no podían provocarte. Siempre te deseé Lucía, siempre deseé tu alegría desenfadada, tu soledad y desesperanza, tus caprichos por exceso de feromonas, y tu mirada que siempre esperaba, que ya no espera…

Tenía razón, yo en el fondo, anhelaba ser amada por alguien que me igualara o me superara. No tenía certeza si José me igualaba o superaba, pero sí estaba segura de lo plena y feliz que me sentía estando desnuda a su lado. No obstante, aún esa terrible duda me embargaba:

-José … ¿Cuándo estás conmigo…? piensas también en mi hermana?

Se quedó un momento callado.

-No, no lo hago.

- ¿Por qué lo pensaste?

- No lo pensé, sólo que me sorprendió me preguntaras eso. ¿Por qué lo preguntas?

Quería decirle que cuando me tocaba lo hacía siempre en mis puntos preferidos. Que me tocaba como si me conociera de años, que parecía como si me conociera a la perfección, e intuyera con malicia, todas las cosas que hacían regocijarme de placer. Pero no le iba a elevar el ego; bastantes experiencias habían tenido con narcisistas. Y, además, llegué a sentir que en el fondo no me importaba con tal de ser feliz. AL fin y al cabo, se trataba de mi hermana, y no de una desconocida, y no podía negar que era mi hermana, y que en la sangre es casi seguro que venga codificado también la forma de sufrir y sentir.

-Olvídalo, sólo recordé que somos hermanas.

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Los días, las noches, las mascarillas por el suelo con nuestras ropas, él y yo, y el mundo afuera infestado de muertes y contagios. Fue hasta entonces que pude comprender la ansiedad que interrogaban mis amigos, y así me pregunté entonces cómo es que olvidé lo bien que sentía ser deseada, y quizás, amada. Tenían razón, vivir aislados, encerrados y sin alguien con quien compartir las horas de aislamiento, es algo que a nadie le deseo y que ya no pretendo de nuevo vivir.  Días, semanas, meses, en las tardes sin nada que hacer, abría la puerta, dejaba caer mi bata y la felicidad no tenía fin. Si él tenía una hora libre, apagaba la cámara web, suspendía la computadora, y me encerraba para demostrarme lo mucho que me adoraba.

-Lucía, ¿sabes que te adoro con locura, lo sabes, ¿verdad?

-Lo sé, lo sé -yo me reía siempre a la par que le hacía cosquillas y le besaba esa boca de veinteañero ansioso que tenía.

- ¿Crees que acabe algún día todo esto?

-No lo sé querido, no lo sé.  Pero podría nunca acabar, y no me molestaría, ¿y a ti? -Pregunté mientras recorría su pecho con mis dedos.

-Tampoco. ¿Pero y si acaba pronto? ¿Qué será de nosotros? -Me miró con sus ojos inquietos y llenos de inocencia a punto de agotarse, con esa mirada que está a punto de despedirse de una etapa de la vida en la que se deja de descubrir y de sorprenderse con la misma intensidad para vivir cada momento a plenitud y conciencia. ¿Se acostumbraría a mí como a la pandemia? Cuándo salga de nuevo al mundo; ¿dejará de sentir deseo por mí? ¿Me convertiré en su rutina o hábito como lavarse las manos o subirse el cubrebocas? No lo sabía, no podía saberlo, y mejor que fuera así. Por primera vez en mi vida no podía visualizar a partir de una piedra el destino de una edificación:

-  Sí acaba…, sí acaba habrá que comenzar todo de nuevo… ¿Divertido, no crees?

Transcurrió un silencio más largo que todas las pandemias ocurridas y por ocurrir, más largo que el tiempo que alguna vez esperamos para sentirnos amados, y aún más largo que la necesidad del affaire.

- “¿No crees?” – respondió con tono burlón y soltó una carcajada suave pero pilla-: ¿Tú qué crees Lucía?

No creía nada, nunca le creería nada, tan sólo sentí sus labios tibios, me acomodé la sábana en el pecho, y me dejé caer en un suspiro. 

*Luis Vargas, Puebla, Pue, (1996). Se debate entre la literatura y la ciencia. Apasionado de ambas disciplinas, ha traducido a Lord Byron y Robert Browning en revistas nacionales. Antes de ser escritor, es lector, y siempre lo será hasta que la vista y la vida lo permitan. Actualmente se dedico a la investigación y es candidato a Máster en Biomedicina y Biotecnología por el CICESE.