jueves, 22 de agosto de 2019

Edición # 9 - Mnemosyne: Memorias de la Literatura 2019


Mnemosyne
“Memorias de la Literatura: lapsus y destrucciones”
9ª Edición 
2019


@"Reina Cósmica" - Camila Ríos


PRÓLOGO

Elian Luka
(Colombia)

LA MEMORIA DE LAS COSAS FÚTILES

Todos estamos bajo el efecto del desgaste, lo más sólido se va desvaneciendo y la vida no permite la quietud pétrea donde se fosilizan las memorias. Hay una permanente corrosión, una destrucción continua, como ya lo advertía Aldo Pellegrini, en una estética de la destrucción, “Más profundas, más extensas que las de la construcción, son las leyes de la destrucción. Pero destrucción y construcción son mecanismos asociados. Nada se puede construir sin una etapa previa de destrucción” nos comunicaba en su libro Para Contribuir  a la Confusión General. Las ruinas, que tanto embelesaron al romanticismo, esas construcciones derruidas que evocaban el pasado, son una nostalgia en el tiempo, una belleza carcomida, que el investigador toma como unos vestigios de una época posterior, lo ya vivido. Más nadie ha retornado a esos lugares vivificados con una experiencia directa, entre el asombro y un enfrentamiento a otras costumbres y a otros contenidos. Todo son aproximaciones, deleites de poetas, argumentos de filósofos, observaciones de historiadores. Algo patético nos aproxima  la senectud, son los días y los momentos de exaltación, las pasiones, los trabajos, los amores, los esfuerzos, los olvidos y también los recuerdos que nos van dejando cicatrices y abandonos. En ese sentido todo es un permanente desgaste, un siempre olvido, que se cruza con la muerte y el recuerdo. 

La idea es aproximarnos a un valor que siempre nos ha parecido nimio y carente de sentido, o al menos de valor, pues está excluido de las connotaciones a grandes objetos, libres de homenajes, sin una historia de personajes ni batallas, el valor de las cosas fútiles. Hay una estética de lo sencillo y de lo simple, una presencia que nos habla desde la sombra y el olvido, en cada objeto se afinca un ser invisible, pura magia cotidiana expresada en el símbolo encarnado en la presencia del objeto que “habla”. Esos trastos oxidados, tarros vacíos, ollas inservibles pero vivas en los anaqueles de un escaparate entre el polvo y una nostalgia de  tierra y de canciones, están allí, en esas casas donde cada ser está convertido en una galería de necedades, que sólo cobran valor cuando son evocadas y trasferidas al presente, tan sólo bajo el hechizo de alguien que las nombre, las toca y las realiza en una renovada esperanza salida del olvido.

Tal vez la poesía logra esa fuerza, eso no equivale a pensar que la poesía viva del pasado, pero se alimenta de esos fragmentos, de esas esquirlas, las transforma y las destruye en el sentido que lo fútil, lo innecesario, lo innombrado, retorna diferente. Es más un territorio recobrado entre lo onírico y la belleza de los seres que logran hablar con el pasado sin caer en bucólicas nostalgias, ni en pretéritos donde todavía escurre la frase “ todo tiempo pasado fue mejor”, cosa tonta, que no ubica el objeto en lo anímico, en lo íntimo y lo desaloja de sus connotaciones con lo vivido. Como decir que todo tiempo pasado fue mejor, ante una daga manchada de sangre, una espada o un fusil, una cama de tortuosas peregrinaciones con la carne, un misal o un potro de tormento. Son presencias, una imagen que está gritándonos su estado fantasmal en nuestros rostros. 

Hay una belleza de lo  simple, esa sencilla aparición de lo poético en cosas nimias que el ojo del poeta convierte en  asombros, como decía Luis Tejada, uno puede hacer la poesía en la insólita aparición de una zanahoria en un tejado, o la famosa máquina de coser y una sombrilla sobre una mesa de disección, de nuestro querido Lautréamont, todo ese arte de mirar en lo más simple, y a la vez en los más profundo de las cosas. Existe una poética de los elementos nimios, el asombro donde nadie se lo espera. En ese proceso de destrucción-construcción, se hacen visibles nuestros ancestros y también  nuestros deseos, ese ejercicio de mirar para poder hacer el “ver” una condición creadora. 

No estamos solos, nos acompañan los objetos diarios, esa foto en sepia que dejó de ser persona para convertirse en un ser que retorna en su fantasmagórica realidad de un tiempo renovado en visiones del presente. Amuletos, códigos de representaciones, alfabetos de historias recobradas, algo que está en la simple estancia de nuestros siglos de imaginarios escrutando nuestras vidas. Todo habla, el asunto está en sabernos escuchar. Lo que no ha sido nombrado no es que no exista, no lo hemos visto, al volver a mirar nos damos cuenta, que hemos dejado atrás y que nos promete otra dimensión de lo vivido, las mismas vidas de antepasados son un lenguaje vívido de nuestras penurias presentes y de nuestros amores futuros. 

Existe una torpe relación con el pasado, el falso recordaréis, la quimérica noción de devolvernos, ya no es posible, todo se va, todo es efímero. Un buen historiador en ese sentido es un poeta, que nos presenta lo de ayer como si quisiera ver futuros en cada episodio de un relato que se abre siempre nuevo a la luz de nuevos objetos y objetivos encontrados. La  vida es poesía en grado superlativo de conversaciones suspendidas, es una larga espera para encontrar el poema  nunca escrito, el que nos saca de ese errar entre errores  de aciertos, una comunicación permanente con todos los ancestros. 

Habitamos la innombrable sensación que aún no hemos hablado, que poco se ha dicho de la memoria viva a nuestro lado. Hemos hablado sobre la añoranza, pero poco del tiempo recobrado, de esa selva de presentes enmarañada en silencios y abandonos. Toca volver a que las cosas hablen, que nos digan sus sueños temporales y sus misterios legendarios, que nos den tregua para volver a mirarlos sin los ojos de la aprensión y del oprobio. Dejarlos libres, para que su condición vuelva a resurgir entre nosotros. 





martes, 20 de agosto de 2019

"Ideas de humo" poemas de Santiago Garcés Moncada



Guarida de besos 

Seductor espectro de otros tiempos más felices, 
llegas a mí sin avisar 
con tu piel de luna, 
en un crepuscular soplo clandestino 
llenando la noche de mi memoria. 

Es flor de pétalos de sangre 
tu boca en llamas, 
par de labios carmesí 
borrando inviernos de madrugada, 
tatúan primaveras transparentes en mi espalda; 
arde la sábana en leves brasas de pasado, 
segundos en fuga 
atados al tiempo inmóvil de aquel instante, 
navegando a la deriva de un recuerdo, 
un pecado tan sincero 
que da envidia al mismo Dios, 
el edén de tus infiernos. 

Yo, 
extranjero de tus tierras, 
de tu blanca piel de arena 
de cara al sol. 

Tú, 
mujer prohibida, 
diosa pecaminosa de la noche, 
amante presente, 
sin pasado ni futuro. 

Tú, 
tierra inexplorada, 
en un beso clandestino te hago mía 
y es este inmenso deseo 
que dejo atado a tu cuerpo, 
mi conquista, 
mi vida, 
mi castigo… 

Imagino el morder tu boca, 
mientras tu aliento y el mío 
después de un beso se chocan, 
y el calor de mi mano 
que entre mis sueños te toca, 
me llena de terremotos la piel bajo la ropa, 
bajo la piel misma 
donde las almas se tocan, 
como aves libres que, 
arrebatando trozos de cielo 
al firmamento de la cama, 
cantan felices 
y entre nota y nota se aman en susurros, 
tierno murmullo 
que es apenas un gemido de tu boca 
suplicante de mi nombre. 

¡Ay si supiera el corazón que eres ajena! 

Ay de mí si creyera que está mal 
hacer de mis besos tu guarida… 

No te marches verano detrás de historias de agosto, 
no te la lleves, detén la mañana, hazla mía. 

Vive en mi memoria, 
eterna y pura; 
hermosa ninfa blanquecina, 
repitamos esta historia en otra vida, 
en otro día pasajero 
que vendrá en un nuevo enero. 

Tuyo… 

Mía… 

Fantasías prohibidas 
que me proponen tus ojos 
al darme tu alma desnuda, 
llenando de escalofríos 
cada poro de tu piel mojada. 

Ayer… 

Tiempo… 

Asesino serial de memorias. 

Amanece y entristece la noche 
que entre su piel nos oculta 
y amándonos sin reloj 
pasamos las horas del día; 
el alba acecha a la noche 
y el tiempo no me da espera 
para marcar tu partida. 

¡Vuelve! 

No huyas al pasado inalcanzable, 
sé en un solo instante toda mía 
y quédate en aquel beso 
la eternidad si es preciso. 

Cierra los ojos 
y ven de nuevo a nuestro encuentro, 
el cielo nos espera bajo las sábanas, 
que han de arder como el infierno 
nuestros cuerpos de deseo. 




Ideas de humo 

Me despierto bruscamente por el ruido de las máquinas, 
me levanto lentamente por el peso de las fábricas; 
la ciudad se urbaniza ojos adentro. 

Comienza la jornada laboral de las neuronas 
consumiendo mis horas que son de otros días dúplicas, 
donde mi destino encuentro. 

Fabricando pensamientos 
con mi mano de instrumento; 
convirtiendo tinta en versos, 
signos en papel, dispersos. 

Acaba el día… 
Otra idea que venderle a la memoria. 




Secuestro de tinta 

¿Cuánta poesía habita en el cautiverio de un poema? 

Siempre entre renglones confinada, 
cadenas de tinta sangra el lapicero, 
carcelero de la magia dibujada 
en el gélido aire de la madrugada. 

Diáfanos espectros taciturnos, 
brasas siderales, 
firmamentos nocturnos 
heridos de amanecer, 
destilan de a poco el lenguaje del rocío, 
gotas de tinta que en la humedad de tu aliento 
curan el desierto de mi pensamiento, 
partículas de inspiración 
hacen combustión en el destello de mi iris, 
cárceles en forma de retina, 
resina endurecida por las apariencias 
que la luz quieren vendernos a escondidas, 
robando a las musas retazos de versos 
que mueren desangrados tras las líneas enemigas 
del poeta atrincherado 
en la poca experiencia de una vida. 

Poesía tan mía… 
Sé que no me perteneces. 

Peregrina amante clandestina, 
solo en la humildad de tu silencio 
encuentro sentido a mi llanto, 
tú que das vida a quien te mata a silabazos, 
filántropa silenciosa, 
sacrificada en el exorcismo de este verso, 
libertad que das a quien te confina 
en el cautiverio de una estrofa, 
cadenas de vocablos y diptongos 
te estancan tras la tinta de una sombra. 

Puntadas a tu ser, estas palabras 
cosen partes de tu esencia a cada letra, 
epitafios de olvido, 
placas de tinta plasmadas 
en el campo santo de un renglón. 

Corre el viento entre las hojas 
vuelto cometa de colores, 
como un verso que no se ha pensado; 
y vive en el anonimato de una idea, 
sueños imposibles 
a la espera del poeta, 
símbolo sin cuerpo 
creador de ideas, 
pensamientos más allá del lenguaje oscuro de la tinta, 
magia sin tiempo dibujada 
entre las letras de este verso que toma mi mano, 
breve intento de escapar juntos 
de la palabra inalcanzable 
que se dibuja en las transparencias de estas hojas. 




Señora mía: Oración egoísta a una diosa de carne 

Señora mía, 
tú que habitas en los cielos de este loco enamorado 
que se siente enloquecido y apenado por no verte, 
por tu ausencia omnipresente 
que lo hace sentirte siempre, 
entre el frío ajeno de tu amor ausente, 
mi gobernante, mi amiga, 
dueña de mi corazón, de mis tinieblas, 
es el vino de tus sangre liberación en mis venas, 
es el calor de tu cuerpo el que suelta mis cadenas 
que hacen estruendo al romperse 
en tus labios que las queman, 
santo es tu silencio, oculto 
en esta oración clandestina 
de un amante ausente que te piensa y calla, 
dibujando las siluetas de tus labios y tu pelo 
en un negro pensamiento donde brillas con más fe. 

Dame el beso de cada día mi flor de nácar, 
de pétalos blancos y pómulos rosados 
por la sangre de tu savia roja y viva, 
dame el elixir de la vida entre tu néctar, 
mi jazmín de olores fuertes y sensuales, 
que sin el pan de tu cuerpo siento que muero por dentro, 
atravesado por tus espinas de cristal, mi rosa de hielo, 
flotando en el purgatorio alejado de tus cielos, 
como persiguiendo el firmamento de tus horizontes negros, 
tan lejos de tus infiernos donde ardería contento 
si entre nosotros, mi reina, se ofrendaran nuestros cuerpos. 

Ven a mis ojos completa, 
sacerdotisa desnuda, 
cual catedrales de sal en las que entro a rezar 
irrumpiendo sin permiso y sin pensar, 
donde arranco los secretos 
que los gemidos de tu reino oficia, 
a mi boca sedienta entre tus aguas benditas y saladas, 
a la luz de una vela que apaga tu aliento acelerado 
y nos deja en la penumbra del encuentro de los labios, 
en la oscuridad arqueada de los párpados cerrados, 
donde queman los enigmas cual quimeras aferradas 
a las pieles de dos cuerpos que se encuentran en la cama, 
aferrados a la nada de una oración inventada. 

Soy tu esclavo, soy tu amigo, 
soy el loco empedernido que daría la vida 
por un beso amargo de la negra bilis de soberbia altiva, 
que muestras a todos como tras murallas, 
las que rompo a besos hasta desnudarte 
para hacerte mía y para a ti entregarme. 

Hágase tu voluntad en mi ser, 
que sea tu deseo mi fuerza al arder, 
al luchar por verte y por no olvidarte, 
al intentar no extrañarte y dejarte libre al querer abrazarte, 
al saber que puedo perderte al mirarte, 
por lo que mejor te pongo en un recuerdo bello, 
enmarcado en un pedestal 
sobre la hoguera de mis sueños imposibles, 
donde alcanzar tus pasos o seguirte el vuelo es tan sencillo 
que levito entre las notas de tu voz, 
como un coro celeste que me deja besar tus labios 
en la tierra de mis sueños o en el cielo entre las nubes de tu pelo, 
que son solo dos puntos dibujados en tu cuello 
donde te escapas de mis dedos, mi fugaz magia, mi anhelo, 
mis deseos de carbón al fuego, 
como lunares oscuros que se ocultan tras tus negros cabellos 
donde peco sin arrepentimiento, 
pero tranquilo bajo la salvación del bautismo de tu sudor alcalino 
en el que me sumerjo para resucitar entre tus manos, 
apretado mi cuerpo por tus piernas cual cadenas, 
que amarran pero no encierran, 
en la mezcla de dos lenguas que susurran profecías, 
en el silencio de un beso 
perdona mis pecados y aprende a amar mis defectos, 
como yo que aprendí a amar todos tus demonios negros 
y a flotar entre tus humos al habitar tus infiernos. 

Aléjame de la tentación de robarte la vida en un beso 
y quémame entre tus llamas, que he de arder entre tu cuerpo, 
sin esfuerzo y con más fuerza 
que el sol del verano que quema en mis recuerdos, 
déjame estar en tu oasis en medio de tus desiertos, 
líbrame del mal de tu veneno o quítame la vida en un te quiero, 
bríndame tus aguas para calmar mi sed que es desvelo, 
que es anhelo de tu cuerpo, 
hidrópica necesidad de tocarte, 
insaciable deseo de besarte 
que me hace pensarte noche y día, 
líbrame del mal de tu olvido 
y ámame sin sentido, sin razón ni motivo, 
pero con pasión como lo hago yo en cada latido. 

Amen. 


*Santiago Garcés Moncada Nació en Itagüí el 3 de junio de 1999, ha sido participante de talleres de poesía y de la creación de espacios de lectura en la Institución Educativa Concejo Municipal de Itagüí en la que obtuvo el segundo lugar en el concurso de CUENTOS Y POESÍA  en su primera versión (2015), fue participante del taller de periodismo dictado por el periódico El Mundo, para la creación del periódico estudiantil (2016), fue orador de la cooperativa financiera COTRAFA en su concurso de oratoria en las versiones XVI (2015), XVII (2016) Y XIX (2018), también participó del taller de lectoescritura “People and Stories” (gente y cuentos) traído a Colombia desde Cambridge, Massachusetts, dictado en el año 2016, ha sido participante de varias lecturas en lugares públicos de Medellín e Itagüí, fue invitado al festival internacional de poesía de Medellín en su versión XXVIII (2018) y XXIX (2019), también fue invitado a leer en el homenaje póstumo del poeta Ernesto García Mejía organizado por el colectivo Poesía Orgánica, participó como coautor del libro “Deshielos de Tinta” lanzado en agosto del 2019, actualmente es participante activo del taller de poesía LETRA-TINTA suscrito a RELATA Min cultura y dictado por el escritor Rafael Aguirre.

jueves, 15 de agosto de 2019

"Latidos" carboncillos de Cristina Palapa Barragán


Nombre de la Obra: "Quetzalcóatl"
Técnica: Carboncillo sobre papel
Medidas: 62x90cm
Año de creación: 2019


Nombre de la Obra: "Ginza"
Técnica: Carboncillo sobre lienzo
Medidas:50x80 cm
Año de creación: 2018


Nombre de la Obra: "Viktor"
Técnica: Carboncillo sobre lienzo
Medidas:120x80 cm
Año de creación: 2018


Nombre de la Obra: "Latidos"
Técnica: Carboncillo sobre papel preparado
Medidas:59x61 cm
Año de creación: 2019



*Cristina Palapa Barragán (México) Su interés y práctica del arte inició desde niña, pero formalmente a partir de los 12 años asiste a clases de dibujo a grafito, pastel y carbón, posteriormente aprendió técnicas de modelado en diversos materiales, y asistió a cursos de pintura acrílica y al óleo hasta los 18 años. Estudió la licenciatura y maestría en psicología educativa, esta última en la UNAM, cuyo proyecto de investigación consistió en el diseño y la impartición de un taller de creatividad artística para alumnos con aptitudes sobresalientes con el objetivo de incrementar dicho atributo y cuyos resultados fueron favorables.Después de un par de años ejerciendo la psicología, retomó las artes, ha continuado su formación artística cursando talleres especializados, y diplomados relacionados con las artes plásticas. Ha participado en exposiciones colectivas en la UNAM y en diferentes Casas de Cultura de la Ciudad de México con producciones originales. Actualmente está realizando obras con el fin de exponer individualmente en algunos recintos culturales y museos.