miércoles, 14 de septiembre de 2022

"Mar adentro" pinturas de Sandra Piterman

 

Nombre: Mar adentro
Técnica: Óleo sobre tela
Medidas: 70*40cm
Año: 2020


Nombre: Metamorfosis
Técnica: Óleo sobre tela
Medidas: 30*1m
Año: 2013


Nombre: Rosa náutica
Técnica: Esmalte sobre vidrio
Medidas: 10*15cm
Año: 2021


Nombre: Cada cual atiende su juego
Técnica: Acrílico
Medidas: 80*10cm
Año: 2019


Nombre: Inmersión
Técnica: Esmalte sobre vidrio
Medidas: 20*10cm
Año: 2021


Nombre: Secretos revelados
Técnica: Acrílico sobre tela
Medidas: 50*70cm
Año: 2020


Nombre: El combate de los dioses
Técnica: Óleo sobre tela
Medidas: 1*1m
Año: 2020




*Sandra Piterman, sus obras representan una abstracción de la realidad, en donde el espectador experimenta una libertad de interpretación en cada una de ellas, y esto le permite sumergirse en el mundo de cada obra y hacerlo propio. Cada obra es un mundo por descubrir, un lugar, una mirada expresada en la tela. Empezó a pintar en la escuela primaria estimulada por una profesora de actividades plásticas muy avanzada en su enseñanza para la época, en donde podía sentir en sus clases una liberación, y en donde aparecía su verdadero ser. Luego empezó a concurrir a talleres de pintura y fue pasando por distintos maestros, también ha transitado distintos estilos, hasta llegar a la actualidad, en donde se siente identificada con la abstracción.

martes, 13 de septiembre de 2022

"Suicidio, Amor y Suerte" poemas de Ana Gabriela Banquez Maturana

Suicidio.

Temblando muero…

      En muerte taciturna que aprieta la garganta,

te muerde las entrañas,

       te desprende hasta las uñas

y te arroja al olvido.

 

Mientras,

galopa a pasos firme mi alma en pena,

en medio de un suicidio que provocan mis disrupciones.

 

Llegando a mis lágrimas,

      cuya vida acaban en mis mejillas

 y sirven de comodín a mis males.

 

Sintiendo recorrer la lava que me calcinan los intestinos y consume el aliento.

 

Perdí el arte de vivir,

       abrazando la agonía del ultraje de los años;

congoja, sintiendo "dolor doblado", decapitando sueños.

 

¡Pero! En tu rezo bendito me cobijare ...,

      “en gloria del que se quiere luego de la muerte”.

 

Amor.

El amor,

No se cree suficiente cuando el amar,

No alcanza para quién no desea ser amado.

 

Y se esconde,

Se pierde en lo más profundo y recóndito del olvido.

 

Porque, simplemente en ese lecho oscuro siente que no pierde su luz.

 

Y canta,

Melancólicas estrofas, sin saber si habrá oídos capaces de escucharle.

 

Y se muestra,

Tan puro y bello, aunque no sea posible para los ojos mirarle.

 

Y te abraza,

Te aprieta la vida, hasta alcanzar asfixiarte con sus brazos impalpables.

 

Te muestra felicidad, aunque no se olvide de los momentos de tristeza.

 

Y te hace admirar con total ceguedad los puntos fuertes de aquel,

Que en medio de su involuntad añora estar con aquella,

Que se vuelve tu competencia sin así pedirlo.

 

Y finalmente,

Construimos nuestros lazos imperecederos, hasta que él muera,

O nosotros lo hagamos,

Lo que suceda primero.


Suerte.

Resbalosas gotas de rocío,

se arrastran miserablemente por mi rostro,

y se adhieren a la carne dolorosa que arropa mi alma.

No fingen aquellas lágrimas,

el hastío inefable en que se sumerge mi vida,

y en ese instante solo deseo la muerte,

para ver si tan grave mal halla mi cause.

Resignarme al desvarío hiperbólicamente desde mi casa en ruinas,

con mi vida plenamente destruida,

No pierde cordura.

Haciéndole moldura a las crueles afrentas,

del desprecio profundo de la suerte mediocre que me tocó.

En mi curso recurrente,

se desvaneció mi buena fortuna,

entre un espabilar huyo,

y el festín de mis desdichas presidió.

La horrible arpía me traicionó,

la busque entre días,

la aceche entre noches,

pero el viento la oculto.

Y no la veo,

no la toco,

no la siento,

por mucho anhelo que le tengo.


Biografía:

Ana Gabriela Banquez Maturana es una escritora colombiana nacida el 3 de julio del año 2001 en San Onofre, Sucre. Ingresó en el 2018 a la universidad de Cartagena a realizar su pregrado en administración industrial. En el 2021, se da a conocer como escritora, al participar en la segunda edición del libro mi máquina de escribir, escritores del mundo. Posteriormente, escribe la novela, vida: realidad poco perfecta (2021), la cual es un reflejo real y sórdido de las vivencias de la sociedad, relatada a través de la poesía y el diálogo, esta ha sido publicada en más de 8 plataformas literarias a nivel nacional e internacional.

viernes, 15 de julio de 2022

“Ellos dos” relato de Manuel Arboccó de los Heros



Él la amaba locamente, como nunca un hombre había amado a mujer alguna. Desde que la vio en aquella fiesta juró quedarse a su lado y no parar hasta ser su esposo. Ella le sonreía coqueta cuando él proclamaba su amor en cuanta reunión familiar se encontraban.

Él la cogía de la mano cada vez que caminaban por las antiguas calles de Lima y ella, en respuesta, la apretaba fuerte como quien se aferra a la persona más importante de todas. Y claro que lo era.

Un día de junio, hace ya muchas décadas, él le propuso matrimonio y una vida juntos y un compromiso tan fuerte de esos que (casi) hoy no existen. Ella le dijo SÍ mil veces y lo besó y se entregó a él en alma y cuerpo.

Él la protegió, acompañó, sostuvo y alegró cada instante de los cuarenta y nueve años que estuvieron juntos y felices. Ella lo cuidó, tranquilizó y apoyó incluso cuando el cáncer traicionero la empezaba a corroer.

El último viernes de junio, saltándose la vigilancia de la casa de reposo él se dirigió emocionado al terminal para darle la bienvenida a su esposa quien a su vez se escapaba del hospital para reencontrarse con su amado.

Él ya tenía 76 años de edad y la esperó aquella tarde en la estación del tren, con un Alzheimer que avanzaba galopante. Sin su casaca sentía un intenso frío, pero al indiferente invierno no le interesó en absoluto, aunque él se prometió no moverse de ahí hasta verla otra vez.

Sucedió que ella nunca llegó. Pero esa tarde ambos se reencontraron y esta vez jamás se irían a separar ni por algunas horas. Ni el cáncer ni el Alzheimer podrían ya evitarlo.


*Manuel Arboccó de los Heros. Lima (1974) Psicólogo y escritor. Docente Universitario. Fue articulista del Diario Oficial El Peruano desde el año 2014 al 2020. Divulgador en temas psicológicos y sociales, desde su espacio en el blog llamado Nos sobran las palabras. Ha escrito el libro Tiempos inciertos: aproximaciones a la sociedad posmoderna (Atenhea Editorial, 2020). Además de muchos artículos académicos psicológicos, todos ellos disponibles en la web. Ha publicado cuentos, poemas y ensayos en diversos espacios físicos y virtuales. 

jueves, 14 de julio de 2022

"En mi cabeza estallaba hyperballad" poema de Emmanuelle Brío


I

Mi amado y yo vivimos en una montaña. 
Una mañana yo arrojé las tazas al vacío,
arrojé platos y cubiertos, todo fue en vano.
Mi montaña era más alta que el Atlante.
El mismo Olimpo, 
'aun falda suya ser 
                   no merecía'; 
las nubes, 
apenas densa niebla, 
en mi montaña.

II

Tú 
dormías, 
sin intuir en tu sueño,
que yo arrojaba 
los trastes
al vacío
y en mi cabeza estallaba Hyperballad.

III

El destino bosquejaba 
el estruendo de nuestra caída. 
Los envidiosos dirán que el estruendo
no se puede bosquejar, 
sus calumnias dirán que mi amado
nunca estuvo conmigo en la montaña.
Pocos entenderán
que en mi cabeza estallaba Hyperballad.


*Emmanuelle Brío (Ciudad de México, 1984). Es autor del pormario Puto amor (Cígneo Ediciones, CDMX, 2021). Desde 2015 radica en Morelia. Trabajos suyos aparecen publicados en las antologías Afuera: arca poética de la diversidad sexual (Estado de México, Diablura Ediciones, 2016), El otro lado del silencio (Secretaría de Cultura, Ciudad de México, 2008), Si era dicha o dolor, Paraíso Perdido (Guadalajara, Jalisco, 2018), Ese gran reflector encendido de pronto (Instituto Sinaloense de Cultura, 2021). Ha publicado poemas en diarios y en revistas digitales. En 2010 obtuvo el Primer lugar del V Certamen Literario José Arrese, del Ateneo Literario José Arrese, Matamoros, Tamaulipas, en la categoría Poesía. En 2011 ganó el Primer Premio del Concurso de Poesía Heptagrama. 

miércoles, 13 de julio de 2022

"El viaje hacia Andrómeda" poemas de Julio Fabián Salvador



El viaje hacia Andrómeda 

Yo también me encontré con el futuro en el camino 
mientras descifraba los enigmas iridiscentes
que curvaban remolinos ebrios y fantásticos. 
Calculé fases lunáticas y en el punto donde 
la gravedad se perdía encontré
la verdad que levitaba brillante y diáfana,
 descubrí el curso hacia Andrómeda.
¿Qué era el mar y su inmensidad ante la osada frente 
que me guiaba con inocencia?
El frío sobre la montaña y el averno hecho pedazos.
Vi en el centro de una célula un letargo,
encontré a cientos de Dédalos buscando lo mismo 
que yo, y todos llevaban rastrojos
de flores ígneas sobres sus pómulos. 
Fui apaleado con austera soledad, 
sangré efluvios,
encontré en el viaje de un transbordador 
la más maravillosa desilusión,
percibí en el más escaso de los tiempos 
la oscura curvatura del espacio.

He anhelado la esperanza más allá de mis sueños. 
Conocí las dimensiones de los cuásares
cuando intenté descifrar formas de alhelíes. 
Temí y me calmé frente a los árboles.
En desconsuelo pregunté a mi sombra 
si aún tenía amor sobre mi pecho
para enfrentar a lo desconocido. 
Ahora puedo escribir:
solo con amor me pude sostener.
A veces, en el mar del azar 
todo inhóspito futuro
me traslada hacia Andrómeda.
Es cuando versifico que me encuentro 
y me vuelvo a extraviar,
la distancia que aún me queda 
para llegar hacia lo recóndito.


Poema de pólvora 

El tiempo se ha transformado en tu voz, 
te veo ir junto a la lava del abismo.
Toda oscuridad es más oscuridad en tus manos, 
en tu compañía siento la brizna,
sangro de intensidad y de pólvora.
Unos tentáculos de almizcle 
se transforman en destellos,
entre el estruendo y el asombro. 
Alucino tus manos de niña de hierba,
alucino tu piel entre la locura de una mariposa.
Llévame contigo, llévame contigo
en este día junto al sol,
donde parece que todo lo vivido 
se convierte en ceniza.
Llévame, te lo repito, aunque sea 
en el fondo de tu pensamiento.


Oscuridad 

Oh, Oscuridad, oscuridad:
llévame al lado de galaxias impalpables, 
permíteme escuchar el zumbido de la luz 
y desplegar deslumbramientos, 
concédeme el poder de vibrar en silencio 
y despertar dentro de un sueño.
Oh, sombra solitaria:
dame el aliento para resistir como isla 
entre farallones,
permíteme llegar hacia el futuro 
aun con mínima esperanza,
dame el sonido del chubasco azotado 
por truenos impecables.
Oh, universo indescifrable:
paraliza el aliento de lo incierto,
permíteme encontrar palabras en el infinito, 
otórgame la destrucción de toda lejanía, 
retén estas palabras, al menos,
un día, una semana, un año, 
una centuria, un instante.


Extraño esa sensación ne felibata de estar contigo

Extraño esa sensación nefelibata de estar contigo, 
de romper el silencio con parsimoniosas palabras 
de saltar en tus ideas aceleradas,
de inflamar la calma,
de atrapar el vértigo con tranquilidad mientras leíamos 
pronósticos del futuro en las tardes sobre la oscuridad 
dulcísima que solo tú y yo comprendíamos.
Extraño la euforia de esperarte irresoluto 
en las estaciones, 
en medio de la velocidad de tu acento pantagruélico, 
convulso y correr en ese místico puente
que nacía entre nuestras miradas,
imaginando el contacto con el agua que traías en copos.
Vos flotabas sobre olas y rayos solares 
te cubrían de aroma a chapuzón vibrante
y yo era el sempiterno reflejo en tus ojos de vidrio. 
Extraño esa sensación nefelibata de estar contigo.


Oscurísimo silencio 

Las leguas se acortan con tu acento,
las flores se abren como ecos extraviados
 y el universo extendido se envuelve
 alrededor de tus rodillas.
Una resplandeciente emoción se deforma:
para asir la luz
que parte la dureza del camino.
Y entonces la vida misma,
la vida misma tiende una escalera
y te hace un lugar entre el prado. 
Se marcan los contornos de la sombra
con las líneas de tu nombre.
Ah, tu nombre de rosas y colores,
ah, tus leves clavículas parecen sostener
la delicadeza del agua en la montaña 
y sujetar latidos de las estrellas
en oscurísimo silencio. 

*Julio Fabián Salvador, Magister en Escritura Creativa por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, UNMSM (Lima). Ha publicado los libros de poesía "Eigen", "Zumbante Nervio", "El silencio de la máquina" y “Pared del sol”. En Junio de 2012 recibió el Premio Nacional de poesía FELIZH por su libro: “Darkness”. El 2015 publicó, en coautoría con Carlos Germán Belli y Marco Martos, el libro: "Sextinas, la matemática de la poesía". El 2016 publicó su libro de cuentos “El aire que corta la piel” y en el 2020 salió publicado, en Medellín, su libro de cuentos “Un tiempo alucinado en oscuridad”. El 2022 salió publicado, también en Medellín, su último libro de poemas titulado: “El viaje hacia Andrómeda”. Además, es doctor en Física por la universidad de Antioquia (Colombia) y profesor principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

martes, 12 de julio de 2022

"Sobre la escritura" ensayo de David Esteban Zuluaga


Escribir es una tarea difícil. Lo es porque encierra en su sentido un trasfondo de vitalidad que supera la idea convencional de la escritura como una mera representación de ideas por medio de palabras; porque expresa en su configuración arbitraria nuestros modos de relacionarnos con la vida. Digo con la vida y no solo son la lectura, como dicen muchos, porque leer es una forma de vivir como lo es también amar, caminar, comer, cantar, gritar callar… Para escribir es necesario vivir, de lo contrario ¿qué podría decirse?

Pero vivir tampoco es una tarea fácil. Sobre todo, porque la vida, la tuya y la mía, no es necesariamente la perpetuación de un estado de ánimo, la aceptación de los deberes o el sostenimiento de una decisión. Vivir es mucho más que eso, sobre todo si se entiende la vida como el lugar donde zozobran los sueños, pero también donde se edifican nuevas elucubraciones. Contingencia pura y permanente. Por eso la escritura es un acontecer inacabado que congrega la metamorfosis de la vida.

Para escribir no es suficiente la pulcra utilización de la palabra. Tampoco la brillantez e inteligencia de los académicos; la fina capacidad de quienes se entregan con rigor a la elaboración detallada de los más diversos discursos. No es suficiente, pero es el inicio. Escribir, al igual que vivir, es un acto de rebeldía. Por eso, al decir de Jaime Jaramillo Escobar:

 No debe confundirse redactar con escribir (…). Porque mientras redactar sólo requiere una gramática y el conocimiento de lo que se desea expresar, escribir es creación y por tanto requiere inventiva, imaginación, fantasía, originalidad, elocuencia y genialidad en algún grado (2005, p. 88).


Es, en efecto, la vida la que le pone el ritmo al pensar. Vida, pensamiento y escritura coexisten y comparten una misma naturaleza: la de estar en permanente construcción. La de sucumbir persistentemente para dar lugar a otra vida, a otro pensamiento, a otra escritura. No quiero decir con esto que el mero hecho de vivir nos habilite como escritores. Digo que la escritura es una acción que nos asiste cuando aparece la irremediable herida, no para cerrarla, sino para tender un puente que nos permita cruzar al otro lado, caminar sobre el vacío que deja la herida para mirarnos luego desde la otra orilla.

Por eso el papel del escritor consiste en estar al margen de la función habitual del signo. Consiste en emanciparse de la función-signo, que dispone un sentido para el Tópos Koinós y da lugar a la función re-presentada, a la palabra plural que nos recuerda “que nunca está todo dicho, que nunca se puede decir todo, que nunca hay nada del todo decidido, que la vida humana siempre significa más, que significa aquello que no se puede decir” (Mèlich, 2012, p. 163).

En palabras de Luis Fernando Macías:

La escritura, el pensamiento y la expresión, suceden en el vivir sencillo y es la vida misma donde se desarrolla y perfecciona como producto del crecimiento individual y la convivencia, a partir de las preocupaciones, inquietudes y propósitos vitales, definidos por experiencias, estudios, lecturas y reflexiones (2008, p. 64).


No es descabellado decir entonces que la escritura no puede estar escindida de la vida. No puede estarlo porque la vida es el paroxismo del pensamiento. Sin lugar a dudas, la exacerbación de los padecimientos del alma.

Referencias

Jaramillo Escobar, J. (2005). Método fácil y rápido para ser poeta. Fondo Editorial Universidad EAFIT.

Macías, L. F. (2008). El juego como método para la enseñanza de la literatura a niños y jóvenes. El tambor arlequín.

Mèlich, J. C. (2012). Filosofía de la finitud. Herder.


*David Esteban Zuluaga, nació en Medellín, Colombia. Su formación académica está centrada en la filosofía de cuya travesía han resultado dos libros: Ludwig Wittgenstein: de la esencia a la contingencia (2013) y Wittgenstein hipertextual (2019). Entre su producción literaria se pueden considerar: Contra intelectuales o la importancia de la filosofía (2014), Desencuentro, cuentos para no encontrarse (2015), Una experiencia piloto (2018), Re-nacer (2018), Artesano de palabras (2021), entre otros.

lunes, 11 de julio de 2022

"Sentimiento" microrelatos de Caro Vargas


Caminata

Un día caminaba por el parque. Sentía la necesidad de relacionarme con la naturaleza que me rodeaba: árboles, ardillas, plantas, abejas, arañas, hormigas, etc. Pero, el parque se encontraba silencioso y solitario, solamente sentía el viento. Está bien -me dije en mi interior- creo que es una buena ocasión para sentarme y admirar la naturaleza. Entonces, de pronto apareció a lo lejos caminando un hombre alto, cabello canoso y bastante atractivo. Me vio, miró donde estaba sentada. Yo tenía las piernas cruzadas y la banca del parque me hacía parecer más pequeña de lo que en realidad yo era. Sé que soy joven. El hombre me dijo: ¡Hola! Yo respondí: ¡Hola! Y así comenzó una nueva relación con la naturaleza.


Sentimiento

Un día estaba en mi cuarto pensando en todo lo que he hecho. Todo. Recordé a aquel novio tan maravilloso que dejé ir por una tontería mía. Pero esa tontería me gustaba tanto que aquel día que la conocí sabía que pasaría algo. Así fue: dos veces me bastaron para salir con esa tontería que me enamoré pronto. Estaba enamorada de esa tontería de nombre masculino. No me resistí: la segunda salida me dejé tocar y besar las piernas. Claro que llevaba un minishort, pero nada abajo. Creo que la tontería no se dio cuenta o si lo hizo se esperó hasta la tercera salida. En ésta llevaba un minivestido, me dejé tocar las piernas, me dejé besar y después de que me tocara, como no queriendo, mis pompas pasamos a un nivel más arriba. En ese momento sucedió todo. Grité de alegría su nombre, porque lo disfruté tanto. Hoy no queda nada de esa tontería solamente recuerdos y de aquel novio maravilloso queda la experiencia de que nadie jamás me hizo sentir lo que él ha hecho.


*Caro Vargas. Estudia letras hispánicas en la UNAM. Le gusta leer novelas románticas, poesía, y caminar por los parques y hacer amigos, estima mucho a las personas mayores por sus enseñanzas de vida. Ama la fotografía, los gatos. Escribe muy poco, porque no sabe qué escribir. Le gusta participar en círculos de lectura porque aprende de los demás.


viernes, 27 de mayo de 2022

"Aria ciega" cuento de Neftalí Nava


Cuando la conocí, fue en un escenario. Ambos éramos jóvenes. La orquesta detrás suya empezó a entonar el aria de Casta Diva, de Vicenzo Bellini. Yo estaba dormitando en el soporífero hastío del tiempo inerme, aguardando mi turno para recitar mi paradójico Nessun Dorma. Hasta ese momento, todos los tenores y las sopranos me habían parecido mediocres, gente que solamente cantaban, pero que no recitaban adecuadamente las notas de las dálmatas partituras. Y para mi incredulidad aburrida, escuché la voz etérea e intérprete de una diosa. La melodía en clave de Sol, emitida por sus prolijas cuerdas vocales, me izó de mi asiento con la intención de divisar la figura de la furtiva solista. Entonces, admiré su cuerpo iluminado por la Gracia Divina, y sus labios; que se abrían y cerraban al compás de las flautas. Fue su bel canto romántico lo que me causó una emponzoñosa limerencia, en ese instante infinito, hacia la Norma de aquella femenina divinidad.

Al acabar su recital, todos en el teatro se pusieron de pie, vitoreando. En cambio, yo, quedé mudamente tullido ante su hermosa y afinada voz, y su belleza plenilunada. En cuanto bajó el telón carmesí, corrí hacia los camerinos, con la ilusión envenenada de saber su nombre. No demoré mucho en verla, no recuerdo todos los detalles, solo sé que la cogí del brazo y la felicité por tan excelsa actuación. Ella quedó absorta, sus ojos aborregados espiaban por todos lares, sin verme directo a mí, como evitando mis sinceros y apasionantes halagos. Una vez más pregunté su nombre sin conseguirlo. Solo me dio las gracias, y se marchó pavorida. Honestamente, mi corazón sinfónico silenció el aria que le había compuesto a esa mujer, aunque esta seguía retumbando en mis tímpanos. Intrigado, le pregunté al director y a cuanto ápice de cantante pude respecto a la identidad de la prodigiosa e inefable voz…y nada, nadie. El recital era un evento cultural, en el cual podría inscribirse cualquier persona, siempre y cuando tuviera experiencia musical. El director me dijo que nunca antes la había oído, pero él estaba igualmente anonadado ante el canto de la sirena clandestina. Decepcionado, me rendí de seguir indagando las letras de su nacimiento, pero recordé la escaleta de inscripción del recital, en donde viene el programa de toda la noche, con los nombres de las piezas y sus copleros… Para mi infortunio, en la hoja funesta, divisé que aquel ser celestial había firmado como Norma, el personaje del aria que interpretó.

Nunca volví a saber de ella, se fue con las notas negras del mundo terrenal. Se extravió entre las cumbres de las melodías del desamor. Pero, muchos quinquenios después, escuché su canto enamorado…Solo que ahora fue en el Instituto Nacional de Bellas Artes,  en Guadalajara. Yo tenía una presentación especial, por mis treinta años en los escenarios y en la cátedra. Ese día me sentía muy nervioso, lo que jamás aconteció en mi vida (seguramente mi inconsciente vaticinaba su retorno). Yo sería el último en subirme al escenario, interpretaría el primer acto de La Traviata, haciendo dúo con una de mis más talentosas alumnas. Nunca me gusta ensayar en camerinos, me parece un acto de mal augurio, y que solo los neófitos intérpretes cometen. Por eso siempre estoy sentado con el público, escuchando a los demás, durmiéndome por la nula afluencia de verdadero talento. Esa noche no fue la excepción, pero una vez más, mi letargo somnoliento fue subyugado por la talentosa y ensoñada voz de mi Norma; entonando la misma canción de otrora. Sin duda era ella, esa laringe, esas notas que despedía completa y verazmente…y su embelesa, sus luceros aborregados y su cuerpo iridiscente debido al halo del reflector de otro mundo. Su rostro era el mismo, delicado, precioso, aunque ya no era suave debido a los surcos dibujados por la edad. Me puse de pie para saber si no era un sueño, y caí en la afortunada cuenta de que no era así. Antes de que acabara el aria, recordé que tenía en mi asiento la escaleta con las participaciones nocturnas, e inmediatamente me puse a buscar la canción a la luna de Casta Diva. Y, al final del panfleto, con profundo anhelo y emoción leí: “Casta Diva…intérprete: Contratenor, Mauro Moreschi”.


*Neftalí Nava, nació en Guadalajara, Jalisco en el año de 1999. Actualmente reside en Matamoros, Tamaulipas. Ha participado en las revistas literarias con diversos textos, como lo son ‘Zompantle’, ‘Entre comillas’ y ‘Herederos del Kaos’, ‘El Narratorio’, ‘Delatripa’, ‘Hipérbole Frontera’ y ‘Perro Negro de la Calle’. 

jueves, 5 de mayo de 2022

“El Familiar” cuento de Ronnie Camacho Barrón


—¡Nos encontró! ¿Qué hacemos? ¡ya no hay a donde ir! —grita Raúl, mi mejor amigo, sin apartar la vista de la siniestra creatura que por tanto tiempo nos ha estado siguiendo.

—Tenemos que pelear, no hay de otra —comienzo a buscar cualquier cosa con la que pueda defenderme.

—¡No vamos a poder ganarle! —

—¡Eso no importa!, ya me cansé de huir, está noche terminaremos con todo —agarro un palo y mientras me preparo para lo peor, repaso en mi cabeza cómo fue que llegamos a este punto.

Todo comenzó hace un par de meses, desde que tengo memoria Raúl y yo crecimos temiendo a Doña Teresa, una anciana que vivía en nuestro barrio, en una inmensa casa y sin ninguna otra compañía, más que un enorme y negro perro faldero que cada noche sacaba a pasear.

Realmente, jamás ninguno de nuestros vecinos se tomó el tiempo para conocerla, pero todos alguna vez llegamos a escuchar los rumores que pendían sobre ella, rumores que contaban la historia de una mujer pobre que ansiosa de riquezas hizo un pacto con el diablo y a cambio de cumplir con sus más banales deseos, no dudó en sacrificar las almas de su propio esposo e hijos.

Por mucho tiempo Raúl y yo discutimos la veracidad de esas historias y tras unas cuantas cervezas, encontramos el valor suficiente para ir a comprobarlas.

Como pudimos, nos brincamos la barda que servía de frontera entre su casa y la calle, tuvimos cuidado de no encontrarnos con el perro y con una palanca, destruimos la cerradura de la puerta delantera y nos adentramos en su hogar.

Aún sin saber si la historia del pacto con el diablo era cierta, una cosa era verdadera, aquella mujer tenía dinero y para probarlo estaban las múltiples fotografías que reflejaban sus viajes por el mundo, las decenas de muebles antiguos y bien cuidados, y los cubiertos de plata pura que guardaba en la despensa.      

Cuando comenzamos a pensar que todo aquello no se trataba de nada más que de simples chismes, el sonido de un golpe seco llamó nuestra atención.

Pronto más golpeteos le siguieron y guiados por la curiosidad, los seguimos hasta hallar la fuente en el sótano de aquella casona.

Rodeada por un círculo de velas rojas y los cadáveres de gallos negros decapitados, se encontraba Doña Teresa, armada con un cuchillo y en un aparente trance del que salió tras un grito de Raúl.

De inmediato comenzó a confrontarnos, exigiendo saber ¿Qué hacíamos ahí y cuanto habíamos visto?, pero antes de que pudiéramos responder se abalanzó sobre nosotros y trató de asesinarnos con su cuchillo.

Logró herir a Raúl en el hombro y tras un violento forcejeo, le arrebate el puñal y sin darle oportunidad de volver a defenderse, se lo clavé en el corazón.

A la par que un chillido de dolor salía de ella, un potente aullido proveniente del piso de arriba hizo temblar la casa y no cesó, hasta que la mujer que por años había sido la causa de nuestros miedos, murió frente a mí.

Aún con las manos llenas de su espesa sangre y sin comprender nada de lo que había pasado, levanté a mi amigo y huimos del lugar.

No fue hasta que me detuve para ayudarlo a saltar la barda, que me percaté de su presencia, aquel perro negro que servía de compañero de la ahora occisa anciana nos observaba desde la entrada de su casa.

Lo había visto miles de veces antes, siempre fue un perro calmo, pero ahora lucía distinto, no dejaba de mostrarnos sus afilados colmillos a la par que gruñía feroz y nos dedicaba una pesada mirada que denotaba una sobrenatural inteligencia y un profundo odio.

Sin hacerle mucho caso continuamos la huida y aunque Raúl insistió con correr a buscar un hospital para atender su herida, yo se lo impedí, pues si alguien llegaba a ver la sangre que ensuciaba mis manos, pronto sabrían lo que habíamos hecho.

Tras darle unos rudimentarios primeros auxilios, tomamos todo lo que pudimos y esa misma noche nos fuimos de la ciudad.

Condujimos hasta bien entrada la madrugada y mientras recorríamos la carretera que nos llevaría a la ciudad vecina, el inmenso perro apareció en medio del camino, la sorpresa de volver a verlo me hizo perder el control del volante y terminamos saliéndonos de la carretera.

Fue por muy poco que logramos salir vivos, pero nuestra suerte no duró tanto, aquel extraño animal ya se encontraba esperándonos desde el otro lado del camino y lentamente, avanzó hacia donde estábamos.

Con cada paso que daba su cuerpo empezaba a transformarse, primero, su pelaje se encrespó hasta convertirse en afiladas púas, después, cual espuma, su boca se llenó de un crepitante fuego carmesí y por último, sus patas fueron sustituidas por pesuñas idénticas a las de los chivos.

Estaba paralizado por el miedo que me provocó presenciar aquello, más mi alma no sucumbió al verdadero terror hasta que esa cosa se detuvo a solo dos metros de nosotros y abrió su hocico para decir lo siguiente:  

—¡Mi nombre es Canisber, aquella mujer que asesinaste era mi bruja y como su espíritu familiar, es mi deber vengarla! —después de eso, se abalanzó sobre mí.

—¡No! —levanté mis brazos en un fútil intento por protegerme, pero antes de que siquiera pudiera ponerme una pesuña encima, los primeros rayos del sol aparecieron en el horizonte y al tener contacto con su pelaje, este comenzó a quemarse.

Al ver que no lograría su cometido la creatura retrocedió, no sin antes advertirnos, que no descansaría hasta matarnos.

Hemos huido desde entonces, cuidando cada uno de nuestros pasos, pero estamos tan cansados que, sin darnos cuenta, cometimos un error y carentes de más opciones, terminamos escondidos en una pequeña ermita en medio de la nada.

Aquel siniestro ser del averno nos ha seguido hasta aquí y desde la sombra de un árbol, atento, espera que llegue la noche para por fin venir por nosotros.

Faltan pocos segundos para que eso suceda y sin importar como termine esto, tengo el único consuelo de que al final, ya no tendré que correr.

 

*Ronnie Camacho Barrón (Matamoros, Tamaulipas, México,1994) Escritor, Lic. en comercio internacional y aduanas, y Técnico Analista Programador bilingüe. Ha publicado 2 Novelas "Las Crónicas del Quinto Sol 1: El Campeón De Xólotl" (Amazon 2019) y "Carlos Navarro y El Aprendiz Del Diablo" (Editorial Pathbooks 2020), también 10 libros infantiles por mencionar algunos "Friky Katy", "¿Tus papás son vampiros?", "El pequeño Rey", "Los Guardianes del bosque" y "Erika otra vez", todos con la editorial Pathbooks y traducidos en más de 6 idiomas, su más reciente obra una antología de cuentos titulada "Entre Nosotros” (Amazon 2021).  Colaboró en 11 antologías y muchos de sus cuentos, relatos y ensayos han sido publicados en más de 100 revistas y blogs  nacionales e internacionales.