miércoles, 15 de septiembre de 2021

“La perfección no existe, así que...” ensayo de Jober Rocha



La perfección, como informan los diccionarios, designa una circunstancia que no se puede mejorar o un ser que tiene todas las cualidades y no tiene defectos. Filosóficamente, Aristóteles ya consideraba, en su época, tres criterios para que algo, o alguien, se considere perfecto:

1. Aquello que no carece de ninguna de sus partes, o más allá del cual no se puede encontrar ninguna de sus partes;

2. Lo que tiene, en su propio género, una excelencia que no puede ser superada; y

3. Qué logró su objetivo final; siempre que sea un buen objetivo.

En el primer sentido, lo perfecto sería lo completo; en el segundo, el excelente; y en el tercero, lo real o actual, porque cumplió su objetivo. El primero y el tercero son conceptos absolutos y, por tanto, pertenecen a la Metafísica. El segundo es un concepto que expresa solo la excelencia relativa de algo, no formando parte de la Metafísica. Así, cuando los filósofos estudian la perfección, sólo se ocupan del primer y tercer significado que distingue Aristóteles.

El desarrollo de la Ética, a su vez, trajo la noción de perfección como idea; es decir, una condición que no se cumple, pero que necesariamente se debe apuntar.

El escolasticismo (pensamiento cristiano de la Edad Media, que intentó conciliar la racionalidad con la verdad revelada concebida por la fe cristiana), afirmaba que una cosa era tanto más perfecta cuanto mayor era su posesión del ser y, como Dios poseía todo ser, era totalmente perfecto. Este fue el pensamiento de Tomás de Aquino, cuando describió la perfección de Dios y su criatura como consistente en la posesión, por ambos, del ser.

Sucede, sin embargo, debido a la perfección de Dios formulada por el cristianismo, que un ser perfecto no podría crear cosas y seres imperfectos; de ahí que sus criaturas, desde la perspectiva del escolasticismo, sean necesariamente perfectas.

La contradicción entre formulación escolástica y praxis es evidente. Todo el mundo empezó a percibirlo con mayor claridad tras la publicación, en 1858, del trabajo de Charles Darwin sobre la evolución de las especies animales. La Teoría de la Evolución explica y presenta abundantes evidencias de que la diversidad biológica es el resultado de un proceso de descendencia con modificaciones, donde los organismos vivos se adaptan gradualmente a través de la selección natural y las especies se ramifican, sucesivamente, de diferentes formas ancestrales, como las ramas de un árbol.

Las iglesias cristianas pronto se opusieron a esta teoría científica, ya que contradecía y socavaba los fundamentos del creacionismo divino (formulado por la Biblia, en el Génesis), en el que la perfección del Creador y las criaturas era la nota clave.

Innumerables otras contradicciones, derivadas de la noción de perfección del Creador y de las criaturas, se presentaron a lo largo de la historia del cristianismo (y también del judaísmo y del islam). La misma venida de mesías y profetas, posteriormente enviados por el Creador, pondría de manifiesto una falla en el Proyecto Divino de la Creación; desde entonces, la venida de mesías y profetas habría sido necesaria para corregir los caminos equivocados tomados por la humanidad.

El dogma del pecado original, formulado por Agustín de Hipona (San Agustín) en una controversia con el monje Pelagio de Bretaña, que se basó en pasajes de la Epístola de Pablo a los Romanos y Corintios, así como un pasaje del Salmo 51, contradice la idea de la perfección de las criaturas. Este dogma, según Jaques Le Goff en su obra “Una historia del cuerpo en la Edad Media”, habría contribuido mucho a incrementar el poder de control de la Iglesia de Roma sobre la vida sexual de los pueblos de la Edad Media, reprimiendo pasiones y costumbres consideradas bárbaras; además de preparar a los seres humanos para una vida espiritual destinada a “levantar templos a las virtudes y cavar mazmorras a los vicios”.

Por otra parte, se justificaría la muerte de Jesucristo en la cruz por haber ocurrido para salvar al ser humano de este pecado o vicio de origen, que sería congénito y hereditario, contradiciendo la perfección de la creación proporcionada por un ser divino perfecto.

Ver, además, que, si bien es un mecanismo maravilloso y casi perfecto, el cuerpo humano presenta enfermedades y dolencias internas y externas, que lo debilitan y destruyen, como la actual pandemia provocada por Covid 19 que ya ha matado a 1.643.339 personas en todo el mundo de los 72,851.747 de casos confirmados. Asimismo, el alma (el espíritu cuando se encarna), que domina el cuerpo y la mente humanos, aunque es maravilloso por sus virtudes, también tiene vicios que lo corrompen.

En lo que respecta al Reino Vegetal, el linaje que dio origen a las plantas terrestres evolucionó a partir del medio acuático. La conquista de las tierras secas, por parte de las plantas, cambió profundamente los aspectos geomorfológicos y geoquímicos del planeta, afectando también la evolución de todas las demás formas de vida, en una interacción continua entre los tres reinos de la Naturaleza. La competencia entre las propias plantas, al intensificarse, favoreció a las de mayor crecimiento, posibilitando el surgimiento de formas cada vez más arborescentes, que originaron los primeros bosques hace unos trescientos setenta millones de años. Se puede ver, por tanto, que la perfección en este ámbito tampoco existe, siendo algo buscado continuamente, pero nunca alcanzado.

En cuanto al Reino Mineral, está claro que está siempre en constante movimiento y transformación, ya sea a través de los vientos, acción geotérmica, mareas, luz y calor solar, movimientos sísmicos, la acción de la gravedad, variación de temperatura, precipitaciones, etc. Incluso en el caso de las sustancias químicas al nivel atómico y subatómico, la transformación y la evolución se hacen evidentes: las sustancias sufren transformaciones en las que procesos químicos las hacen desaparecer o se producen reacciones en las que aparecen nuevas sustancias; los átomos se transforman en otros átomos diferentes, cuando pierden electrones, como, por ejemplo, el caso del hidrógeno que se transforma en helio; la corrosión del hierro que convierte sus átomos en iones, etc.

A través de la radiactividad (desintegración radiactiva de núcleos inestables), una parte del núcleo de un átomo se rompe en forma de partícula alfa y se crea un nuevo elemento formado, con menor masa atómica. Este es el caso, por ejemplo, del uranio que se convierte en plomo.

Con respecto al Universo mismo, parece que, aunque los innumerables cuerpos celestes giran en sus órbitas, muchas veces las estrellas explotan y desaparecen; los meteoros caen sobre la superficie de los planetas; las explosiones ocurren en la superficie de nuestro sol; los cuerpos celestes entran en rumbo de colisión y se destruyen entre sí, etc. Todo esto prueba que la perfección tan deseada no existe en ningún lugar del Cosmos.

Parece, por tanto, que nada en el Universo es perfecto, en el sentido del tercer criterio de Aristóteles, y que todo está en constante transformación y evolución (aún no ha alcanzado su objetivo) independientemente de los dogmas religiosos en contrario. Como dijo el físico y astrónomo italiano Galileo Galilei en el siglo XVII, tras ser condenado a prisión en un tribunal eclesiástico de la Inquisición y obligado a retractarse, por difundir y enseñar la Teoría Heliocéntrica y el movimiento de la Tierra alrededor del Sol: - Eppur si muove (sin embargo, ella se mueve).

Así, se ve que nada en la Naturaleza cumple el requisito tres, mencionado al principio y formulado por Aristóteles. La perfección, que debe considerarse más de acuerdo con la definición que ofrece la Ética que la Metafísica, sería una característica buscada por la Naturaleza misma, pero nunca encontrada. Quizás esta misma perfección que pretendemos para el Creador no ocurre realmente; principalmente, en vista de las imperfecciones y el carácter evolutivo impreso en todas sus creaciones y criaturas. Un ser perfecto, evidentemente, no produciría cosas imperfectas, tesis que siempre defendió el propio cristianismo. Podemos imaginar y aceptar la imperfección en el Reino Animal; ya que los espíritus que están allí tendrían que evolucionar, dialécticamente, a niveles superiores. Sin embargo, la imperfección no tiene sentido de existir en los Reinos Vegetal y Mineral, que están ausentes de los espíritus, según nuestras concepciones metafísicas humanas.

El espíritu en su inmaterialidad, afirman las religiones monoteístas, siempre ha existido y estaría en continua evolución. Incluso habiendo alcanzado los más altos grados de iluminación, creo que los espíritus de luz (como se les llama), siendo imperfectos, siempre tendrán algo que aprender y nuevas etapas de evolución que alcanzar; ya que, siendo el Creador único, en la concepción de estas religiones, ningún espíritu, por evolucionado que sea, podría igualar la perfección final de su Creador.

Incluso para las religiones politeístas, donde hay varios Dioses, existe un estatus de mayor o menor grado de importancia, es decir, un orden de precedencia; tener las habilidades, necesidades, deseos e historias distintas de los Dioses. Si existen estos precedentes y estas distinciones, que caracterizan a cada uno de los Dioses, los hechos indican que ni siquiera estos serían del todo perfectos, ya que uno de ellos sería más importante que los otros; todos tendrían especialidades distintas o las más importantes de ellas habrían creado las de menor rango, como ocurrió en la mitología griega y romana. El propio cristianismo, al hablar de padre e hijo, estableció esta distinción jerárquica y, para que no persistiera la contradicción inicial, Tertuliano (160-250 d.C.) creó el llamado Espíritu Santo, defendido por Atanasio (296-373 d.C.), obispo de Alejandría y decretado por Constantino (272-337 EC), Emperador Romano, cuando la Iglesia de Roma fue creada en 325 EC, durante el Concilio de Nicea. El Espíritu Santo uniría así a estos dos Dioses en uno; desde entonces, el cristianismo era una religión monoteísta.

Las religiones panteístas (aquellas para las que Dios está presente en toda la naturaleza) evidencian aún más esta imperfección divina. ¿Cómo podría un Creador perfecto estar presente en reinos imperfectos, que cambian y evolucionan en todo momento?

Después de todo lo dicho, el lector más comprometido con la racionalidad que con el dogmatismo puede exclamar para sí mismo:

- Si la perfección no existe, entonces tampoco existe el Creador, o si existe, obviamente, no parece ser una Entidad perfecta, tan poderosa como la imaginamos o que ve a sus criaturas de manera similar a lo que ven su creador!

- ¿Por qué una Entidad que filosóficamente puede hacer todo, no podría haberlo hecho todo perfectamente? ¿Será posible que la Filosofía y la Metafísica, hasta ahora, hayan tomado caminos equivocados cuando idealizaron a un Creador perfecto?

- El filósofo Voltaire no debería haber formulado solo tres de sus cuatro hipótesis sobre la Naturaleza de Dios (El Creador quiere y no puede, es decir, es bueno y no tiene poder; o puede y no quiere, es decir, tiene poder y no es bueno; o no quiere y no puede, es decir, no es bueno y no tiene poder) y descartó el cuarto y último (Dios quiere y puede, es decir, es bueno y tiene poder) porque ¿No es cierto y compatible con el universo imperfecto de la creación en el que vivimos?

Todavía se podrían explorar otras posibilidades, pero estoy seguro de que para algunos lectores podrían pasar por delirios o teorías de la conspiración. Sin embargo, me siento obligado a mencionar dos de ellos.

La primera es que podríamos estar viviendo una vida virtual o estar en una Matrix. Esta sería, por tanto, una falsa realidad, en la que lo que vemos puede no ser exactamente como lo vemos; ya que, al vivir en tres dimensiones, solo captamos lo que perciben nuestros sentidos, sin percibir lo que se encuentra en otras dimensiones y que podría, eventualmente, presentarnos realidades distintas para los fenómenos que observamos.

Como no podemos salirnos de esta Matrix, algunos autores afirman que no deberíamos intentar alejarnos de esta realidad en la que nos encontramos; sino aprendiendo a vivir en él, esquivando sus ilusiones y mirando más allá de la falsa realidad, para que no seamos controlados y manipulados por sus creadores, sean quienes sean.

La segunda posibilidad es que seamos el resultado de la creación (o de la modificación genética en el ADN de seres inferiores, ya existentes en el planeta) procesados por razas alienígenas, que llegaron aquí hace miles o millones de años y que serían considerados como esos Dioses que vienen del cielo, mencionados en las religiones antiguas que todavía se profesan hoy y alertados sobre el hecho por Eric von Dänikem en su obra 'Were the Astronaut Gods'.

Esta posibilidad, hoy en día, ya es factible por la Ciencia Humana practicada en la Tierra. La técnica, llamada Ectogénesis, busca desarrollar seres humanos fuera del útero femenino. Es un útero artificial que reproduce el medio natural y donde se gesta al bebé en una incubadora, en la que se encuentra rodeado de líquido amniótico sintético y controlado por una placenta artificial, que aporta nutrientes para que el nuevo individuo crezca; además de eliminar todos sus residuos.

Con el método de la Ectogénesis, el ADN podría modificarse previamente, para poder elegir las características deseadas para ese nuevo ser, como el color de ojos, el tipo de cabello, etc. En el año 2074, según el conocido científico J.B.S. Haldane, alrededor del setenta por ciento de los nacimientos en todo el mundo ya se realizarán de esta manera. Así, el milagro de la creación dejaría de ser divino para convertirse en humano. Si hoy nuestra Ciencia ya cuenta con esta técnica, ¿qué pasa con las civilizaciones alienígenas mucho más avanzadas que la nuestra, que manejan (y pudieron alcanzarnos en el pasado) con sus naves espaciales?

Estas dos hipótesis no podían descartarse, ya que nuestros orígenes aún no han sido explicados satisfactoriamente por la Ciencia oficial, que debería estar libre de religiosidad, política e ideología; pero eso, en realidad, no ha sido hasta la actualidad.

*Jober Rocha, economista, M.S. Doctor por la Universidad Autónoma de Madrid, España. Escritor con algunos premios recibidos en concursos literarios en Brasil y en el extranjero.

martes, 14 de septiembre de 2021

"Pensamiento envolvente" obras de Isa Motta

Nombre: La ternura en Ti
Técnica: Aguatinta negra sobre papel de algodón
Medidas: 9.059*9.059cm. 
Año: 2021

 

Nombre: Amantes
Técnica: Aguatinta negra sobre papel de algodón
Medidas: 9.059*9.059cm. 
Año: 2021



Nombre: Replanteamiento
Técnica: Aguatinta negra sobre papel de algodón
Medidas: 9.059*9.059cm. 
Año: 2021




Nombre: Contigo
Técnica: Aguatinta negra sobre papel de algodón
Medidas: 9.059*9.059cm. 
Año: 2021



Nombre: Comprender
Técnica: Aguatinta negra sobre papel de algodón
Medidas: 9.059*9.059cm. 
Año: 2021



Nombre: Pensamiento envolvente
Técnica: Aguatinta negra sobre papel de algodón
Medidas: 9.059*9.059cm. 
Año: 2021


*Isa Motta, poeta visual y psicóloga Ítalo-Chilena. Su obra SIGNOS exalta, mediante “matrices circulares”, la dimensión RECEPTIVA humana, y trabaja - en el plano del arte y la terapia - para su Retorno

lunes, 13 de septiembre de 2021

"El misterio de una estrella" poemas de Daniel Pommers


Luna llena en octubre: ritual de iniciación

Mi cuerpo busca el mar
Como el mar se ha abierto durante todos los tiempos
Y busca dentro de cada semilla,
En la misma bota de arena
El reflejo y el estupor
De una vida que entra
En la oleada y en el pensar
Libre de la alborada

Mi cuerpo busca el mar
Como busca mi cuerpo tus besos
Y busca cada madrugada acercarse
un poco más al
Cuerpo doliente pero vivo de la noche
Cuando ese cuerpo revienta entre las paredes
Y las sombras
Que se vierten en la pintura del local
En las hojas abiertas

En los estómagos que viven

Mi cuerpo busca el mar
Como también se abre una marejada en el infinito

Como también yo busco estas sonámbulas horas
Cuando el vino y el cigarrillo
Cuando Dios y cuando la virgen
Cuando entonces los hijos pardos de la madrugada
Se alejan
Y dejan quietas
Todas las pesadillas

Mi cuerpo busca el mar y en esta noche soy libre

Libre
Libre
libre
libre
libre.


Configuración de las mañanas

El cielo abre sus ojos abismales.

Me siento en una alfombra y miro el azul,
los blancos y neutros colores de la luna,
las estrellas con su añejo vivo y dulce eco,
la eternidad de un saludo,
la mirada en secreto de las hojas
cuando el sonido misterioso de la humanidad
se promete libertades y maullidos en código;
y el autor de los sueños regresa cada vez que somos
una campanada de bocas en la piel, destruyendo los miedos,
solo los amantes de la noche me entienden.
A veces soy un ser que irradia luz,
luz,
esta luz de los tiempos,
esta luz que se compromete a vivir en El Señorial.
Las horas son farolas, las horas y en las horas de nuestras muertes,
enteras son las horas y los segundos son un capricornio en este mundo.
Somos obsequios del lumbral portentoso de los amaneceres.

Se abren las nubes y solo miro vida y truenos verdes en la tempestad.

Fue así el comerse la putrefacción de tus lenguas,
el meterme en el odio irremediable de regiones desérticas
como antes en África
y en la novedad de los mares nuevos
y en el pórtico, y en el Caribe;
donde toda la numen de los astros se hizo ave purísima y concebida sin pecado;
donde los lobos llegan a comer de nosotros, cuando soñamos;
en cuanto a la totalidad del tiempo hay un temblor
que mira,
que me absorbe.
Tanta sangre se perdió en la batalla de Dios
contra los ángeles libertos, aun cuando las estrellas
de las mañanas y los fríos de pensarte en otro mundo
son luces insólitas; son luceros y madres de la contrariedad.

Nosotros en gloria del espíritu // instrumentos del planeta uno
nosotros volamos libres con los minutos.
            El diluvio
        se rompe en mil canciones.
        Así el sonido de los torbellinos
                en mis sueños
            es hoja mojada
                es hija de mi amabilidad.


El misterio de una estrella 


Una luz visita mis sueños y me inicia en sus colores,
en la historia de los universos y su conexión interestelar;
abre los libros que guardo frescos en la pared,
me busca en el infinito de las hojas verdes y en el calor y el verano. 
Cuando me descubre libre, soy libre nuevamente en la maleza 

en la profundidad del océano 
en el municipio de la amistad, en el hálito de mi sangre 

y regresa en mil dimensiones a Magonia, tal vez regresa a un meteoro  
que me conoce desnudo y haciéndote el amor en el prisma de las Bermudas,
en el Paraíso, en este segundo que quizás me conoce y que es caverna y amanecer;
así la luz es eterna fugitiva, 
como los primeros seres que habitaron la creación.
La iniciación ya no pide sangre, pero grita toda su brillantez.
Conversa con la luna, y la luna que sabe a uva es nuestra luna. 
La luna se mira siempre como una garganta, como una voz eterna.


*Daniel Pommers (Daniel Márquez Rivera) (Ceiba, Puerto Rico, 1985). Estudió bachillerato en Sociología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y en el Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. Es autor del libro El esqueleto presenta (Editorial Bacanal, 2009), Que así sea: Poemas 2005-2011 (Gato Malo Editores, 2013) y El libro de la suerte (Gato Malo Editores, 2020); asimismo, ha colaborado en revistas y periódicos nacionales como la Revista Bacanal (varios volúmenes), La Polis, Hotel Abismo (volumen #6), Periódico El Rehén, TeknoKultura, Letras Salvajes, Revista Digital Voces Subversivas. Actualmente forma parte de Generación del Atardecer Presenta y es presidente de la editorial independiente Gato Malo Editores.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

"Dios críptico" obras de Mitchell Pluto


Nombre: Equilibrando las simpatías de la esfera magnética 
Técnica: acrílico, collage
Medidas: 12*12cm
Año: 2021



Nombre: Julie y Luna 
Técnica: acrílico, arcilla
Medidas: 8*10cm 
Año: 2021 



Nombre: Dios críptico, la science des mysteres
Técnica: Óleo
Medidas: 30*30cm
Año: 2021



Nombre: amuleto de ornitomancia
Técnica: Cobre, esmalte
Medidas: 20cm
Año: 2021



Nombre: Lapidario místico y encontrar el ángulo crítico
Técnica: Acrílico, Collage
Medidas: 20*20cm 
Año: 2021



Nombre: colgante del arte del tarot de la rueda de la fortuna
Técnica: cobre, esmalte
Medidas: 24cm
Año: 2020 




*Mitchell Pluto es un artista surrealista y fabricante de joyas de Montana, Norte América. Plutó utiliza el método surrealista de automatismo para encontrar arreglos visuales. Cuando no está pintando, hace joyas y es editor invitado de artes visuales de SULΦUR, una revista internacional de arte en línea. Mitchell tiene trabajo en Chile, Portugal, Canadá y en todo Estados Unidos. Ha estado en El Umbral Secreto 2009, la Exposición Internacional Surrealism Now 2021 y tiene obra que forma parte del archivo permanente de 100 Artistas en el Centro Cultural Espacio Matta.

martes, 7 de septiembre de 2021

“Remigia” relato de Rolando Revagliatti




A Remigia los de la carnicería la llaman Remigio.

“Su voz era áspera, aunque su mirada no raspaba/ y si andaba contenta …”,
pergeñó sobre ella ese cuajarón de poeta barrial que pernoctaba, cuando no llovía, en la plaza. Llovizna descendía en el amanecer de aquel lunes cuando él la besó en uno de los bancos, a poco de emplearse Remigia “en el petit hotel”, como ella misma había pregonado, de los Scioli. Sin escrúpulos entreverábase. Con un tal Cristianno, repartidor de volantes, llegó a aposentarse sobre la enorme frazada que desplegaran en una noche de corte de luz, en la única obra en construcción abandonada de las inmediaciones. 

Transcurrida buena parte de su existencia aparecióse con vincha en su casquete reacio y un par de bolsas traslúcidas repletas de paquetes inestimables. Pronto fue advertida por las calles con ropa zonza y nueva y el cabello recogido. Es muy alta esta mujer y nada hermosa. Los omóplatos le sobresalen. Envuelta ahora en prendas vistosas, siempre algún detalle sutil atempera tanta hirsuta contundencia: aritos de oro, cinturón o hebilla, una fragancia. Fragancia con el nombre de pila de su mamá. Mamá que falleciera veinticinco días antes de pisar entonces Remigia la estación Retiro.

Ella está al servicio de un matrimonio, el fruto del matrimonio y la tía del fruto. Constituidos estos últimos por Arturito, “el débil”, muchachón ceceoso; Ignacio, modelo de artistas plásticos y estudiante universitario con una carrera concluída; y Ernestina, quien ya cuenta con intrascendentes diecinueve años. La tía realiza los quehaceres a la par que Remigia, exceptuando las compras. Conversan. Remigia le confiesa sus románticas propensiones. 

Ella se cartea con su segundo padrastro, su primer amor. No, sin embargo, quien la desflorara. Ése había sido Francisco César Richietti, ex–pugilista, medio mediano, un alma serena, seductor parsimonioso, inolvidable (con su nariz arrasada), y por quien atesora un embargante agradecimiento. 

Está imaginándose cosas con Arturito. El que por las mañanas es distinguible exánime. Descastado o devastado, a Remigia la enternece. La colmaría que Arturito se entusiasmara con ella. Sabría cómo enardecerlo. 

Así Remigia, mejora la ortografía con una maestra particular, come poco, es pulcra, teme que su piel se aje. Usa anteojos para leer revistas, se solaza con Grandes Valores del Tango (en especial, con Roberto Rufino), entre el cuatro y el siete de enero tiene muy presentes a los Reyes Magos. Saludable: solamente caries y espasmos en los dedos de las manos cuando hace frío seco. Nunca fumó, calza más de cuarenta, sueña que la sueñan, y espera morir un día, sin apuro, y sin que ningún niño la vea. 



*Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, República Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos y relatos y quince poemarios, además de otros cuatro poemarios sólo en soporte digital. También en edición electrónica se hallan los Tomos I, II, III, IV y V, conformados por entrevistas realizadas por Revagliatti, de “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com. Ha sido incluido, entre otras, en las siguientes antologías: “Dramaturgia Latinoamericana: Argentina” (en República Dominicana, 2008); “Minificcionistas de ‘El Cuento’ Revista de Imaginación” (en México, 2014); “Poesía Argentina Año 2000” (selección de Marcela Croce, 1999), “El Verso Toma la Palabra” (México, 2010). 

"La otra cara" poemas de Sheila Patricia Fernández Díaz


La otra cara

Han comenzado a sangrar
todos mis males sin vida.
Se muestra inerme la herida,
como leño en alta mar,
pero me atrapa el hablar
de su sutura invisible.
Dicen que soy predecible,
dicen que vendo mi gracia
y que, en mi fe, la falacia,
es verdad llana y audible.

Rompe el viento en mis entrañas
de suicidios que respiran,
solo estoy si no me miran
el porqué de las patrañas.
¿Quién eres y a quién engañas?
Se han mudado tus ancestros,
Fueron míos, fueron nuestros
y los dejamos partir.
¿Qué tendré si al dimitir
me rescatan sus secuestros?

Debo besar la zozobra
de tus manos impolutas,
cruel espejismo, son rutas
donde la brújula cobra
intereses por maniobra.
¿Qué ganas al secundarme?
Me rindo para salvarme
y entrego mi pecho abierto
al lúdico desacierto
de existir sin acordarme.

¡Han comenzado a sangrar
todos mis males sin vida,
es tan clara la salida
que provoca este “no estar”!
Pronto voy a despertar
y entre luces, soy ajena;
soy del llanto y de la pena,
si de otros fui, ya no más.
¿Dónde están esos que atrás
me dieron su sangre entera,
los que alzaron mi trinchera?
Quizás no vuelvan, quizás…


Cosas pequeñas

Se desliza por mis manos
el murmullo de la brisa,
llevo limpia la sonrisa,
son eternos mis veranos.
Camino sobre los pianos
melodiosos de tu aliento
y en el tibio abatimiento
de tus ganas, me hago luna.
¡Es tan mía la fortuna
de las cosas que no cuento!


¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía?, me dices.
Poesía es no vivir
sin intentar descubrir
los incontables matices
del verso. Sus dejos grises,
siempre aislados de la risa,
como un dolor que entroniza
tu adiós en mi noche rota,
susurro de fiebre ignota,
tibieza que se desliza.

Tibieza que se desliza
por los predios de mi alma
cuando su métrica ensalma
con camaleónica prisa
el sentir. Jamás avisa,
es un golpe de amapolas,
un temblor que surge a solas
o en fecunda compañía.
Me dices: ¿Qué es poesía?,
mientras dibujo las olas.

Mientras dibujo las olas
ocultas en tus pupilas,
sin sospecharlo, deshilas
esta ansiedad que acrisola
la altivez de otra corola,
de otro embate perfumado.
Es mi hoy, es mi pasado,
la génesis de mi aliento.
Juro ante el mundo y no miento:
¡Cuánto de sí me ha brindado!

Cuánto de sí me ha brindado
sin ser yo merecedora.
Es su llegada a deshora
un milagro vislumbrado.
Traigo el semblante cansado,
permíteme que la anhele,
deja, a su grandeza, apele
esta sencilla mujer.
¿Qué es poesía? Emerger
del delirio que nos duele.


*Sheila Patricia Fernández Díaz (La Habana, Cuba, 1993). Ha sido correctora de la editorial Pueblo y Educación por seis años y estudia Licenciatura en Historia en la Universidad de La Habana (UH). Su obra se encuentra plasmada en diversas revistas digitales, entre las que podemos citar: Mundo de Escritores, Claustrofobia (España), Perro Negro de la Calle (México), El Almacén (Perú) y Revista Literaria Pluma (Argentina). Los poemas de esta joven se encuentran en más de 10 antologías auspiciadas por diversos proyectos españoles, ha recibido cuatro menciones del jurado en dichos certámenes y fue ganadora del V Concurso Literario de Micropoesía Tardes de Verano. Fue cuarto lugar en la modalidad de idioma castellano del XII Certamen Internacional Poético POE-SILLA 2020 y una de las ganadoras del I Concurso cubano Guajira, Junco y Palmera. Recientemente publicó su primer cuaderno –Instantes de Poesía– bajo el sello de la Agencia Editorial Letra de Kmbio.

martes, 31 de agosto de 2021

"Atrapa sueños" obras de José Serrano

Nombre: Atrapa sueños
Técnica: Mixta
Medidas: 1,20*1mt
Año: 2020

Nombre: Tú y Yo
Técnica: Mixta
Medidas: 50*60cm
Año: 2020

Nombre: Calle vieja
Técnica: Mixta
Medidas: 40*80cm
Año: 2020

Nombre: La pizarra
Técnica: Mixta
Medidas: 50*70cm
Año: 2021


Nombre: sin titulo
Técnica: Mixta
Medidas: 40*60cm
Año: 2020


Nombre: Malabares
Técnica: Mixta
Medidas: 50*70cm
Año: 2021




*José Serrano. Carora estado lara Venezuela, miembro de la Asociación Torrense de Artistas plásticos "Julio T. Arze", Miembro fundador de el grupo "Metarte", Coautor del libro Metarte letras uno (narrativas ). premios: 3er lugar en el 1er Salón Municipal de Artes de Carora, Premio Julio T. Arze de pintura en el 3er, 4to y 5to Salón Pedro León Torres, Participó en el Salón de arte de Héctor Rojas Meza de Cabudare en 7mo y 8vo Salón, Segunda Edición Certamen Mayor de las Artes Museo de Barquisimeto, Segunda Edición Certamen Mayor de las Artes Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Seleccionado como pintor figurativo del Certamen Mayor de las Artes, 1er Salón Municipal de Artes Visuales Ciudad de Barquisimeto. Palacio Municipal.

"Pedales al borde de la montaña" relato de Alejandro Aristizábal


El día estaba espumoso, las nubes se tambaleaban entre montaña y montaña cubriendo el pueblo en una luz suave. El televisor de la sala emitió ruido blanco hasta que encontró el canal, que a las cuatro de la tarde transmitía un programa juvenil. Jhon, con pantaloneta azul oscura y una camiseta blanca recién lavada, se tiró en el sofá y se acomodó bien. Viendo, pero sin prestar atención, se dejó llevar por el destino de su mente, sus pensamientos y deseos, que se difuminaron y redujeron a ínfimas escenas de su infancia agarrado de la mano de su padre. Sin embargo, al cabo de golpes, groserías y risas, el niño por fin percibió un sonido proveniente del exterior.

Sonó tres veces, uno tras otro, con pausas extensas y un sonido grueso y reverberante. Las chanclas carraspearon contra el suelo, se movió la cortina y unos ojos vieron a otros, medianamente más húmedos. El cerrojo se desencajó y el metal de la puerta crujió, de ella entró otro niño. El niño, Guillermo, arreglado con una camisa de cuadros metida entre el bluyín, llegó antes de lo previsto y Jhon apenas si pudo sentir desconcierto por su llegada. Guillermo intentó hablar, pero los sollozos y los líquidos nasales no lo dejaron. Sentía tanta zozobra que se desplomó en el sofá. Solo pudo narrar las causas de su nostalgia cuando su ritmo cardiaco se estabilizó y cuando su respiración se tranquilizó.

Todo empezó al medio día, con las características de un invierno del trópico. La familia de Guillermo es tan extensa que es común que aparezca, cada cierto tiempo, un nuevo hermano o una prima, todavía sin apellido. Es por eso que en el pueblo nadie se pregunta de quién es la parranda, justo como ese día. Le estaban celebrando el cumpleaños a uno de los primos de Guillermo, con un almuerzo muy especial. Extrañamente, pocos asistieron. Contó la historia con un tono de angustia, como si estuviera volviendo a vivir algo horrible. Mientras encendían las velas del pastel, que le habían encargado a la panadería del pueblo, se escuchó crujir la montaña. Todos se miraron entre sí. El padre de Guillermo, el único con valentía suficiente, salió de la carpa, miró hacia arriba y achinó los ojos intentando enfocar en la lejanía. Cuando por fin pudo ver algo, ya todos se habían dado cuenta. Pedazos de humano estaban cayendo del cielo, como una premonición de que algo horrible se avecinaba. Un brazo le cayó al pastel. Otros, todavía tenían retazos de camuflados con una bandera que todos parecían haber visto pero que nadie reconoció. Después, cuando todo estuvo más calmado, el padre de Guillermo, volteó para agarrar la mano de su hijo, pero no encontró más que sangre, huesos y cartílago.

El tiempo pareció languidecer en la penuria de la sala. El sonido del televisor ya no se escuchaba, como si hubiera estado atento a semejante historia y hubiera decidido callar. Jhon se levantó con cuidado, evitando molestar a Guillermo con el movimiento del sofá al volver a su forma. Se dirigió al patio, movió baldes y escobas hasta dejar al descubierto la bicicleta que su padre guardó antes de irse, Jhon apenas pudo soportar el vacío que le causaba. La sacó, la hizo rebotar contra el suelo para chequear el aire de las llantas y, de paso, levantarle la fina capa de polvo que había acumulado estos últimos meses. Agarrándola del costado izquierdo, con ambas manos en el manubrio, la pasó por el corredor y se la mostró a Guillermo y él se paró tan rápido que esta vez el sofá no tuvo otra opción que traquetear.

El pueblo parecía un desierto. No había nadie recorriendo sus pintorescas calles. Al salir y dar los primeros pedalazos ambos pensaron en los mejores días del pueblo en el que era portada de periódicos y revistas de Europa, y nombrado constantemente en las listas de los lugares más lindos para visitar. Ahora, y sobre todo después de la crecida del rio, hasta el gobernador y el presidente se olvidaron del pueblo. Ambos niños ensimismados en recuerdos ajenos, decidieron ir a la heladería.

Postraron sus bicicletas poniendo los pedales en el borde del andén, se bajaron por el lado izquierdo como les habían enseñado los adultos de sus cuadras y miraron hacia la heladería atiborrada de sillas y mesas, y cuadros a blanco y negro con fotos de blancos en el viejo continente. Parados frente al portón metálico, vieron como el heladero cerraba la llave del agua y le ponía llave a la puerta que daba al congelador. Estuvieron tentados a preguntarle el porqué estaba cerrando, si todos conocían el calor de las cuatro de la tarde. Sin llegar a pronunciar una palabra, el heladero les gritó desde dentro, en un español casi perfecto a no ser por los rezagos de un italiano olvidado, que hoy no podía abrir, corría el rumor de que algo se avecinaba en el pueblo. Los dos niños dejaron caer los hombros y se dieron la vuelta sin decir gracias ni adiós. Guillermo, que no se iba a desanimar de nuevo, empujó a Jhon para que lo mirara y lo convenció con argumentos sentimentales y falaces de que le comprara un helado cuando el italiano volviera a abrir.

Su recorrido siguió como tantas veces en años anteriores. Les gustaba subir las calles y bajarlas agachados y sin pedalear para que el viento les masajeara los poros de la cara. No había otra forma de superar los temores del pasado más que con bellos recuerdos. Pero de tanto recordar, Guillermo no aguantó y frenó de golpe en una esquina que daba al sendero a la orilla del río. Los domingos, en especial después del mediodía, los habitantes del pueblo acudían en hordas a rezar al pie de la estatua, la única que el gobierno había entregado, pues la hicieron en el antiguo lugar de la iglesia. De manera que Jhon, recordando los consejos y sermones de su abuela, se le ocurrió acudir a un dialogo con Dios, que cura todas las penas. A rastras llevó a Guillermo hasta el lúgubre grano de café plasmado en cemento. Los vecinos se asomaron por las ventanas y vieron, en el vacío sendero, a un niño arrodillado con sus ropas nuevas y con las manos unidas por las palmas debajo del mentón mientras otro niño, medianamente más delgado, le daba palmadas reconfortantes y nerviosas, que le recordaban que algo andaba mal. Es el peor día de mi vida, pensó Jhon. Con sus endebles brazos levantó a Guillermo, le limpió la arena marcada en el bluyín y le enderezó la cara para decirle que todo estaría bien, cruzando los dedos detrás de su espalda. Al unísono y sin querer, bajaron la mirada mientras volvían a recorrer las calles de un pueblo apagado.

Mientras tanto en el comando de policía, se vivía un ajetreo insólito. Papeles volaban por los salones y escritorios, alborotados por los movimientos bruscos de los agentes. Y las vitrinas fueron abiertas después de muchos años, para luego quedar vacías esperando de nuevo a sus acompañantes, que llegarían calientes, embarradas y con las recamaras desocupadas. Sucedía lo mismo con los armarios en el fondo de la sala común. Dos niños giraron a la derecha y por fin pudieron mantener sus miradas despegadas del asfalto, debido a los alaridos de una calle previamente desierta. Afilaron sus pupilas y desde la esquina contraria observaron como el comando quedaba en silencio, vieron a los pocos policías del pueblo subiéndose en una camioneta 4x4 blanca llena de barro seco. Llevaban expresiones de olvido, evitando imaginar en todo lo que podían dejar atrás. Los niños, por el contrario, no supieron cómo reaccionar más que con los giros de las ruedas.

Los papeles dejaron de caer. Los niños con más preguntas que respuestas, siguieron por instinto un camino que los llevó a la cuadra de doña María Helena. Cuando cayeron en la cuenta, se pararon en los pedales pero Jhon no pudo acelerar, las chanclas se le resbalaron y tuvo que seguir a pie. Doña María Helena salió a la puerta dejando atrás el oficio de la sala, buscando las palabras más precisas y menos hirientes. Eso no duro mucho, sus ojos se movieron más rápido que sus labios y vieron, sin lograr descifrar qué era, como la tarde se oscurecía de repente una hora antes. Los niños, con los corazones abriéndose paso entre los órganos, irrumpieron en la casa dejando las bicicletas en la mitad de la calle. Doña María Helena se tambaleó por la estampida y a no ser por la escoba habría perdido por completo el equilibrio. Los muebles, las ollas y sus cabezas retumbaban por el ruido del cielo. Guillermo a tientas, y sin encontrar su lugar, volvió a la calle y miró el cielo ennegrecido. Nunca había visto uno de esos en su vida, pero estaba seguro de que no traían nada bueno. No pensó en las palabras, solo las vociferó, aunque sabía que era imposible que lo escucharan. Ellos, disparando contra las nubes que se perdían en la montaña, seguían elevándose cada vez haciendo más ruido. Guillermo fue embestido, callado por una mano que le tapaba la boca y levantado por las piernas para ser llevado de nuevo a la casa de doña María Helena. Su padre, mirando a los demás, advirtió que el pueblo ya no sería el mismo. Doña María Helena reaccionó mirando a Jhon con los ojos bien abiertos y llenos de rabia y sevicia, dudo en gritarle a la cara que todo era culpa de su padre y la gente como él.

Se filtró de nuevo la luz suave. Estas serían las nuevas tardes en el pueblo: golpes de botas contra el asfalto y calles pintadas en tonalidades de verde. Viendo por la puerta desde la sala, sentados en taburetes o en el suelo, todos sabían qué ahora el río sería un cómplice más. Llevaría, esta vez, cuerpos completos pero desfigurados, hinchados por los gases de la descomposición y con vestigios de la guerra en las nubes.

*Alejandro Aristizábal, nació y creció en Armenia, Quindío el 6 de agosto de 2002. Actualmente estudia Comunicación Social en la Universidad Javeriana, y espera comenzar la carrera de Ciencias Políticas en la misma universidad. Actualmente tiene una cuenta en Instagram (@aristi.raw) donde sube fotografías y lecturas en voz alta, además de un blog donde publica algunos textos suyos y un canal de YouTube donde sube cortos.