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jueves, 2 de abril de 2026

"La melancolía trepa al paisaje" poemas de Claudia Beatriz Lucero



la melancolía trepa al paisaje
me mira
gris
rectangular
 
por la piel de los edificios
reptan
las gotas condensadas de la niebla
 
yace a mis pies
león manso
el amor domesticado
 
las horas
envuelven como sudario
el cuerpo que contienen
 
no quise esperar
pero acá espero
 
fantasma atento al clamor de sus huesos
(En Un árbol nunca está solo, 2022)


***

cuando vuelvo de hacer las compras
pienso en la muerte
cuando salgo de la escuela los mediodías de sol
pienso en la muerte
bajo el paraguas
con el sonido de la lluvia golpeando la tela
las gotas deslizándose por una rajadura
mojan la mano que sostiene el paraguas
pienso en la muerte
cuando veo a mi madre pienso en la muerte
frente al espejo
tocando mis arrugas
la piel de las mejillas el cuello
la flacidez de los brazos
pienso en la muerte
cuando miro al perro
las canas de su hocico
sus ojos cansados 
pienso en la muerte
cuando miro al hombre tirando del carro lleno de cartones que saluda apenas y mira vaya a saber qué
cuando me mira de pie
en la puerta esperando que la gata entre
pienso en la muerte
si se nubla pienso en la muerte
con mis amigas en el bar
en los huecos que deja la charla
la segunda copa de vino
y siento el peso del sueño
pienso en la muerte
cuando pongo la llave en la cerradura y no sé qué hora es pero sé que es tarde
y ya es otro día
pienso en la muerte
mientras me baño y dejo correr el agua
el chorro de la ducha en mi cabeza sobre los hombros mis caderas los pies pienso en la muerte
pienso en la muerte también
cuando abro los ojos a la mañana y hago un recuento de las tareas del día pienso en la muerte
ahora mientras preparo un té y la casa está callada pienso
en mi muerte también


**


silencio
 
espera ominosa de las horas
iguales a sí mismas
pese al sol
tras las cortinas
 
la respiración lenta del perro
la gata que pasea frente a mí
su andar sigiloso
las pupilas contraídas
en breves hendiduras
por donde se cuela el mundo
y yo
su misterio
 
miro mi cara otra vez en el espejo
más angulosa
el contorno de los ojos
el dorso opaco de mi mano
 
vuelvo a mi infancia de violetas fragantes
la ternura del amor enredándose en los juegos
cielo entre las ramas
allá
donde sin saberlo
fraguaba el sostén de mis días
 
(En Un árbol nunca está solo, 2022)
 
*Claudia Beatriz Lucero nació el 6 de marzo de 1968 en Mercedes provincia de Buenos Aires, Argentina. Es profesora de castellano, literatura y latín. Publicó: Un árbol nunca está solo, 2022; No puede haber un puma en mi mirada (fanzine), 2023; Eclipse contínuo (fanzine), 2023. Forma parte de las antologías  Hilos de 2023  y El lenguaje de los pájaros de 2026 (en imprenta);  todos los títulos publicados por Vuelo de Quimera. Sus poemas han sido publicados en revistas literarias de Argentina e Iberoamérica.

miércoles, 1 de abril de 2026

"El llamado del mar" pinturas de Jesica Frustaci

Nombre: Diva
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2025


Nombre: Resiliencia
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2025


Nombre: Yo soy así
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2025


Nombre: Alma tropical
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2025



Nombre: Esencia
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2025


Nombre: Áine
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2026



Nombre: Fantasía
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2026



Nombre: El llamado del mar
Técnica: Acuarela y tinta sobre papel
Medidas: 25 x 35 cm
Año: 2026





*Jesica Frustaci. Nacida en 1984, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Artista autodidacta. Sus comienzos se dieron practicando arteterapia. Actualmente especializada en retratismo. Utiliza técnica mixta, con prevalencia de acuarela. Su inspiración viene de la fe, la belleza y dignidad de la mujer, de la diversidad cultural, de la naturaleza, del arte mismo. Formada en Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires. Doctora Honoraria por la The Queen Foundation for Cultures and Arts around the World, dirigida por el Profesor Muhammad Al-Hawary, 15 de enero de 2023, Egipto. Doctora Honoraria por la International Art Organization WOSA filial Estados Unidos, Mohamed Lamritni director en Marruecos y Neli Tzintzeva manager en Estados Unidos, 13 de junio de 2024, Mequinez, Marruecos y Chicago, Illinois, Estados Unidos. Doctora Honoraria por The Collection of Sept Arts, WOSA, Mohamed Lamritni director, 12 de agosto de 2024, Mequinez, Marruecos. Sus trabajos han sido publicados en Argentina (Museo de Arte Cañadense), Perú (Biblioteca España de las Artes), Estados Unidos (Culturally Arts Collective, Milostka Center for Exhibitions), España (Universidad Complutense de Madrid y Cátedra Institucional Dama de Elche, Universidad Miguel Hernández, Alicante), Suiza (The Art Association) y Reino Unido (Goldsmiths University of London y Aghh Zine!). Ha participado en numerosas exposiciones en Argentina, Rusia, Estados Unidos, México, Perú, Italia, India, Panamá, España, entre otros. Ha recibido distinciones en Argentina, Rusia, Filipinas e Indonesia entre otros.

martes, 31 de marzo de 2026

"Ahora" cuento de Lourdes Franyuti

 

Le causa melancolía los días lluviosos. Hoy, que los nubarrones confunden su mente y pericia, sus manos se agitan con el ritmo del agua en el cristal de la ventana; se mueven con el aguacero y se ensucian de canela; las yemitas de almendra robadas del dulcero la delatan. Abre la ventana y asoma su cabeza. Su edad le impide saltar para jugar con el chaparrón. Su corta estatura le imposibilita alcanzar la rama del árbol que supone cerca. La lluvia moja su cara, ahora la refresca, ahora la entusiasma. Pasa tres dedos en la frente para secarla.

Toma con dificultad el lápiz que atesora, un regalo de cumpleaños. Hace lo posible por escribir, pero es inútil sostenerlo, los dedos desobedecen su mandato. Después de varios intentos logra escribir una letra. No le gusta, hace cuatro ensayos más hasta satisfacerle.

Se molesta con la lluvia, con su exquisito dulce de canela y más aun con el papel. No ha podido terminar ni una palabra. Sus trazos son lentos e inseguros; ya no es la divertida lluvia la que rodea sus ojos, el agua se ha convertido en llanto, un poco silencioso al principio, inconsolable en minutos. Tanta prueba de caligrafía le ha dado sueño, se acomoda en el sillón, bostezando y frotándose los ojos se va quedando dormida.

El clima nublado y soleado le avisa cuándo inicia o termina una historia. Podría decirse que la protagoniza como una mujer de edad o una niña que apenas aprende a escribir, la humedad mejora o empeora su estado de ánimo, el reumatismo o ausencia de destreza manual detalla su escritura. El presente le ordena cómo vivir; ella habrá sido o será ese preciso momento en que la lluvia cesa y aparece el sol, el pequeño instante en que se define su ahora.


*Lourdes Franyuti, Veracruz, México. Licenciada en Contaduría Pública. Ha colaborado en publicaciones de cuentos cortos en Revista Entre Líneas, Literatura UNAM Punto en línea, Revista Escala, Semanario Éxodo, Cuento filosófico Editorial Letras Negras, Destinos entrelazados de Komala Editor, Revista Amalgama de Letras, Finalista del Concurso Internacional de cuento El Peso de decidir, de Editorial Cuarta Orilla y Antología de microcuentos Factor Literario. Ha publicado las novelas Disfraz de Carnaval en 2011 y Sirenas en azul cautiverio, de Editorial Letrame, en 2023.

lunes, 30 de marzo de 2026

"El silencio que queda" pinturas de Cecilia Ramírez


Nombre: El silencio que queda
Técnica: acrílico/tela
Medidas: 70x45cm
Año: 2026

 

Nombre: Presencia del umbral
Técnica: acrílico/tela
Medidas: 70x45cm
Año: 2026



Nombre: Arquitectura del silencio
Técnica: acrílico/tela
Medidas: 70x45cm
Año: 2026



Nombre: Presencia
Técnica: acrílico/tela
Medidas: 80x60cm
Año: 2026



Nombre: El silencio que habita
Técnica: acrílico /tela
Medidas: 80x60cm
Año: 2026



Nombre: Antes de la apertura
Técnica: acrilico/tela
Medidas: 70x45cm
Año: 2026



Nombre: La memoria del silencio
Técnica: acrílico/tela
Medidas: 70x45cm
Año: 2026



Nombre: Antes del silencio
Técnica: acrílico/tela
Medidas: 80x60cm
Año: 2026



*Cecilia Ramírez es una artista visual radicada en Chile, cuya obra explora la transformación del cuerpo como territorio simbólico, espiritual y emocional. Su práctica se centra en la creación del universo de los Tairam, entidades que encarnan procesos de tránsito, silencio y reconstrucción interior. A través de la pintura y la acuarela, Ramírez desarrolla una investigación visual sobre la memoria del cuerpo, la fragmentación y la aparición de nuevas estructuras de percepción. Sus figuras, en constante transformación, revelan estados de vulnerabilidad, resistencia y evolución. Ha participado en exposiciones colectivas y proyectos artísticos en Chile y en el extranjero. Su obra ha sido presentada en Artweek Chile y ha sido representada por Galería Manifiesto en Santiago. Forma parte del grupo artístico MOVA, donde continúa desarrollando su investigación sobre el cuerpo como lenguaje. Actualmente, su trabajo se enfoca en la serie El silencio antes de la guerra, una etapa fundamental dentro de la cosmología de los Tairam, en la que el cuerpo abandona la mirada exterior para iniciar su transformación definitiva.

viernes, 27 de marzo de 2026

"El encendedor de plata" relato de Euge Luz Moreno

No era culpa de los cigarros, aunque eso dijeran todos, no. La enfermedad era por ese maldito encendedor de plata, que tanto quise un día, y del que ya no puedo deshacerme.

        Lo había heredado de mi tío, el señor Petrov, un rumano de mal talante cuyos pocos amigos solían llamar Van Dracul, por pertenecer a la estirpe de aquel conde tan difamado y haber tenido, durante la adolescencia, una gran fascinación por el ocultismo y la magia oscura. Cuando se casó, tuvo que dejar de lado aquellas “niñerías que no conducían más que a la locura de las mentes brillantes gobernadas por salvajes impulsos”, como las llamaba mi padre. Sin embargo, mi madre solía mencionar, solo cuando mi padre no se hallaba presente, que el tío Van nunca dejó del todo su afición, pues en su casa aún se veían adornos y libros relacionados al esoterismo.

Debo admitir que a mí las fantasías del tío Van no me resultaban desagradables. Cuando mi madre murió yo era aún un niño. Quedé al cuidado de mi tía, así que pasaba mucho tiempo en la biblioteca de la vieja casona, hurgando libros y antigüedades, y haciéndole una que otra pregunta a mi tío, que solía leer en algún vejado sillón. Aunque con un dejo de impaciencia, me respondía, en el fondo agradado por mi curiosidad. Sé que sentía gran cariño hacia a mí. Aunque con sus hijas y su esposa apenas si cambiaba algunas palabras, conmigo mantenía largas conversaciones y más de una vez me obsequiaba alguno de sus tesoros.

Fue por ese cariño que ata a las almas símiles que acudí sin reservas cuando, ya muchacho y residiendo en un alojamiento cercano a la facultad, me mandó llamar. Charlamos sobre temas diversos. Recuerdo que me aconsejó, como solía hacer, no involucrarme en la política argentina; yo había tenido deseos juveniles de convertirme en abogado. No por primera vez, me felicitó por estudiar medicina. Me atreví a contarle del sentimiento de soledad que me invadía a menudo. Las conversaciones me aburrían, en las fiestas me sentía incómodo y las mujeres se me figuraban fuera de mi alcance. Fue entonces cuando sonrió como siempre que tenía una ocurrencia, abrió el cajón de su escritorio y extrajo de allí lo que en principio me pareció un cuadrado brillante. Cuando me tomó las manos y lo depositó en ellas, pude apreciar un antiguo encendedor de plata. Era fino; tenía incrustados un par de rubíes en el costado. “Este perteneció a un viejo conde solitario, que no hallaba el gozo ni en el amor, la fortuna o la amistad, sino en descubrir secretos y conversar con las almas del más allá. Para acompañarse, encerró en su encendedor de plata a una bestia desconocida, que solo se le aparecería en medio de la soledad más profunda. Algunos dicen que el hombre murió feliz; nunca más sintió la pena de la soledad. Otros murmuran que fue un pobre desdichado, que no supo domar a la bestia, y dejó que sus ojos rubí poco a poco devoraran su alma, fumando hasta perecer. Vos, muchacho, averiguarás la verdad tras el mito” relató mi tío.

Aquella historia del conde era parecida a muchas otras que le había oído a mi tío, y no me perturbó demasiado. Además, mi tío ya era un hombre anciano, que de vez en cuando confundí sus cuentos con hechos. Me alcanzó el encendedor con aquella mano blanca y huesuda que siempre me hacía recordar los grabados sobre la danza de la muerte en sus libros del medioevo.

Me lo guardé, aunque no solía fumar. “Si domas a la bestia, Ignatio, nunca más estarás solo”. Mi tío me despidió y marché a casa. Era sábado y nada tenía por hacer. Esta perspectiva me apenó algo. Debo admitir que mi humor era bastante cercano al de mi tío en ocasiones, y era esta causa de mi vida solitaria. La solución que mi tío sugería era atractiva: fumar para entretenerme. Compré, con alguna torpeza, cigarrillos; había gran variedad y tarde en decidir. Finalmente, escogí unos ducados. En la habitación, tomé un pucho del paquete y saqué el encendedor de plata. Lo observé unos momentos, acariciando la carcasa. Pude entender las historias que provocaban en hombres imaginativos esos dos rubíes, que realmente parecían ojos que devolvían la mirada desde el infierno. Solo al tercer intento pude prender.

Al principio tosí estrepitosamente, con el rostro inclinado hacia el suelo, intentando escupir. Agradecí la soledad en que me encontraba. Cuando entendí como debía inhalar, me divertí unos momentos, viendo el tabaco quemarse, la ceniza caer y el humo flotando, envolviéndome en densas nubes. Al momento, sin embargo, al alzar la cabeza, descubrí que algo extraño sucedía. La neblina blanca se desvanecía, dispersándose hacia la ventana abierta, pero no del todo; una especie de sombra se cernía sobre mi cuerpo, una sombra con la figura de una mujer. La curiosa figura era, sin embargo, transparente, casi invisible. No alcanzaba a conformarse, pero pude ver que era curvilínea y de largos cabellos.

Cuando acabé el cigarro, desapareció por completo. Me invadió el deseo insensato, casi infantil, de verla nuevamente. Me comprenderán quizás; yo vivía solo, no hacía junta con gente de mi edad y no me atrevía a mirar a los ojos a una muchacha, y mucho menos a hablarle. Así que encendí un nuevo cigarro y la mujer volvió a aparecer. Esta vez parecía algo más corpórea, pero a la vez más etérea: cada vez que el humo ingresaba a mis pulmones, esa mujer se metía también, en parte, dentro mío, o yo pasaba a estar dentro suyo. Esa divinidad femenina de negros cabellos me tomaba, me acariciaba el cuerpo. Justo cuando sentí que nos entendíamos, que alcanzaría a acariciarla con mis dedos, el cigarrillo se acabó y el humo se esparció por el aire, dejándome recostado sobre mi camastro con los brazos en el aire, extasiado.

La tercera vez que prendí, calé con desesperación el cigarrillo y ante mí apareció aquel ser, que comenzaba a moverse salvajemente, contoneándose sobre mí. Ahora, en sus ojos, aparecieron dos pequeñas llamitas. Recordé lo que había dicho mi tío sobre los ojos rubí, pensé en la historia del tipo que no pudo domar a la bestia. Pero yo no tenía manera de quitar la vista de aquella mujer sin desear nuevamente tenerla sobre mí, así que continué fumando hasta entrada la noche, cuando caí rendido, sintiendo los besos de humo sobre mí.

El encendedor de plata ya no salió de mi bolsillo más que para encender un cigarro. Se volvió parte de mí. Unos cuantos, por la mañana, otros varios por la tarde, luego de las fatigosas horas de clase, y muchos más durante las solitarias noches. Al principio no me pareció peligroso: disfrutaba aquella compañía y continuaba mi existencia acostumbrada. De hecho, al verme fumar, algunas jóvenes me sonreían y los muchachos se acercaban a mí para conversar y ligar una pitada. No me molestaba gastar cigarrillos con ellos, pero a nadie daba fuego. Lo guardaba celosamente, temeroso de extraviar mi adorado encendedor de plata.

Pero de esos días dorados ha pasado tiempo. Ahora, la diosa-bestia-mujer va absorbiéndome, no puedo negarlo, y mucho menos enfrentarme a ella. No podría extraviar, romper o abandonar el encendedor, aunque quisiera. Por el placer que me otorga la divina y salvaje mujer que duerme en las llamas del encendedor de plata, le debo, a cambio, mi vida. Lo sé, porque mi cuerpo se ha debilitado grandemente. Guardo cama hace varios días, pero no dejo de tomar el encendedor, prender el cigarro y calar, una y otra vez, impetuosamente. Cada vez que veo los funestos ojos escarlatas me siento renacer, o resucitar, o reencarnar en un dios hermoso. Pero la verdad, la única verdad es que muero, prisionero de las garras de una bestia que no supe dominar.


*Euge Luz Moreno, tiene 20 años y le apasionan la literatura y el teatro. Estudia Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 2023 publicó un compilado de relatos titulado Los trece miedos, y en 2025 un poemario, Rosa de los vientos, junto con la editorial Árbol Animal. Formó parte de la final de los Juegos Bonaerenses en Mar del Plata y de otros concursos, como el José Carlos Capparelli y la antología Trazo Lunar. Continúa escribiendo cuentos y poemas.