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lunes, 5 de octubre de 2026

"Entiérrenme el miércoles" poemas de M. Tomás Awada

 

Entiérrenme el miércoles

Entiérrenme el miércoles,
si por sus razones
cubiertas del mismo misterio
que así nunca hace falta,
la vida se me escabulla
justo cuando la fiesta
está más encendida
y todo Brasil está redescubriendo
lo sabroso que es vivir,
díganle a la muerte
que me conceda cinco días
para aprovechar las folias
el maracatu,
la gente disfrazada
de sus deseos carnales,
la libertad de ser
por una vez más
para irme con la dulzura
en el paladar,
para regresar
bailando
y cantando.

 
El barco sale de la bahía

El barco sale de la bahía,
rumbo al otro lado del mundo
(o así piensa el capitán),
sin saber que esta aventura será como ninguna otra.
 
Noche número uno: todo normal,
las estrellas guiando como centinelas ancestrales.
 
Noche número tres: las olas murmuran cuentos,
no corresponden al pronóstico que vi anoche,
susurran en lenguas olvidadas, ¿qué tratan de decir?
 
Madrugada número cuatro: tentáculos danzan en la distancia,
el capitán cree haber tomado mucho anoche,
observa la botella, ¿es ella quien pinta estos cuentos?
Un libro antiguo en su camarote le habla de leyendas marinas,
pero duerme de nuevo, pensando que es imposible lo que ve.
 
Noche número cuatro: duda eterna se cierne en su mente,
¿son estos los trazos de sueños o fragmentos de un mundo perdido?
Preocupación lo embarga ¿le aviso al sub-capitán?
Pero teme que lo tomen por loco, que el mar le haya robado la razón.
Abre la botella de nuevo, como si en su fondo hallara respuestas,
siente un murmullo suave, el mar le canta nanas antiguas.
El aire cobra vida, relatos de marineros y seres de las profundidades,
¿acaso es él un elegido para escuchar estas confidencias?
Las cartas náuticas muestran rutas que nadie ha trazado,
el viento trae aromas de tierras que no están en ningún mapa.
 
El capitán, con un trago en la mano, mira al horizonte infinito,
donde el mar besa al cielo en un abrazo eterno.
Suda, tiembla, y en el vaivén de las olas siente el pulso del océano,
este vasto e incomprensible ser que esconde mil misterios.
“Esto ha de pasar”, se dice, “esto no es real”,
pero en su corazón sabe que el mar es un lienzo,
donde la imaginación pinta epopeyas y romances,
donde la soledad engendra serenatas de sirenas y lamentos de ahogados.
 
Duerme, y en sueños navega mares desconocidos,
con la esperanza de que al despertar, la realidad y la fantasía
sean una sola y rica sinfonía,
en la cual él, el capitán, sea tanto navegante como poeta.
 

Carencias

Veo el espejo
y sé que me faltan pocas cosas,
que lo importante ya lo tengo,
que lo que ya tengo me permite todo,
que nadie tiene todo.
Y sé que debería sentirme feliz,
plenísimo, relajado, contento,
entonces, ¿por qué diablos pesan tanto las carencias?
¿Por qué me desestabiliza ver lo que no tengo
y me obsesiono poquito a poco
y comienzo a olvidarme de lo que ya tengo,
como si fuera poco que yo sea YO?
¿Será que así es cómo se me incita la inspiración?

*M. Tomás Awada (Venezuela, hijo de libaneses) vive en Río de Janeiro. Escribe en español y en inglés, y transcrea cada poema al otro idioma, de modo que ambas versiones terminan siendo originales y no un original y su copia. Estudió ingeniería en la Universidad Americana de Beirut y dirige una empresa de traducción. Dos de sus poemas fueron seleccionados por Verse-Virtual. Reúne parte de su obra en tomasawada.com.

viernes, 2 de octubre de 2026

"চুপ" poemas de Abin Roychoudhury


Silencio

Hay cosas en esta vida que no se pueden contar a nadie
Las palabras se duermen en el interior del propio pecho
En sus ojos dormidos,
perdura una noche blanca y rota
Un día, me abandonan
Y a partir de entonces, ya no puedo hablar
Olvido el alfabeto
Veo…
solo un barco empapado por la lluvia,
girando sin cesar
Quizás, alrededor de mis palabras no dichas…

 
চুপ

কিছু কথা এ জীবনে কাউকে বলা যায় না
নিজের বুকের ভেতর কথাগুলো ঘুমিয়ে যায়
ওদের ঘুমন্ত চোখে লেগে থাকে ভাঙা সাদা রাত
একদিন আমায় ছেড়ে চলে যায় ওরা
তারপর থেকে আমি আর কথা বলতে পারি না
ভুলে যাই ধ্বনিমালা
দেখি— একটি বৃষ্টিস্নাত জাহাজ ক্রমাগত ঘুরে যাচ্ছে শুধু
হয়তো আমার না-বলা কথাদের চারপাশে...
 
 ***

Comienzo

Estoy ascendiendo
Hacia la luna solitaria, hacia las nubes azules
Estoy ascendiendo,
más allá de «Ya Ali», más allá de la espesura,
 ciega…
Subiendo más alto, me he convertido en el cosmos
La luna ha venido a sentarse en mi regazo
Las nubes se mecen cerca
Tocamos el violín,
 leemos  La calle de los cocodrilos,
 tomamos morfina…
En nuestros cuerpos dormidos,
 los pájaros dejan caer diminutas semillas…
 

শুরু

আমি ওপরে উঠে যাচ্ছি
একলা চাঁদের কাছে, নীল মেঘেদের কাছে
আমি ‘ইয়া আলি’ পেরিয়ে, অন্ধ কুঞ্জবন পেরিয়ে ওপরে উঠে যাচ্ছি...
ওপরে উঠতে উঠতে আমি মহাকাশ হয়ে গেছি
আমার কোলে এসে বসেছে চাঁদ
পাশেই দোল খায় মেঘ
আমরা ভায়োলিন বাজাই, দ্য স্ট্রিট অফ ক্রোকোডাইলস পড়ি, মর্ফিয়াস খাই...
আমাদের ঘুমন্ত শরীরে পাখিরা ফেলে দেয় ছোট ছোট বীজ...
 
 ***

Apareamiento

No hay nadie en casa
La puerta está abierta
Abrazo a la soledad y la beso
Dibujo rayos sobre sus pechos
Los dos cuerpos se convierten entonces en una ola
desordenada
Incluso con la puerta abierta, tras la unión
la soledad no se va a ninguna parte
 

সঙ্গম

বাড়িতে কেউ নেই
দরজা খোলা
একাকিত্বকে জড়িয়ে ধরে চুমু খাচ্ছি আমি
ওর স্তনে এঁকে দিচ্ছি বিদ্যুৎরেখা
দুটি শরীর তখন অগোছালো ঢেউ
দরজা খোলা থাকলেও মিলন শেষে একাকিত্ব চলে যায় না কোথাও...
 
 ***

Rojo

El telescopio toca la lira,
acercando lo lejano
Lo lejano, errante,
Al llegar, encuentra
 los fragmentos del telescopio
 por toda la habitación
Pasa los días recogiendo los trozos de cristal
Pasan las noches
Une los fragmentos para hacer un espejo
Se ve a sí mismo en ese espejo cada día
El bindi rojo en su frente es como el sol de hoy…
 
 
লাল

দূরকে বীণ বাজিয়ে কাছে ডাকে দূরবীন
দূর ঘোরে ঘোরে চলে আসে কাছে
কাছে এসে দেখে ঘরময় পড়ে আছে দূরবীনের টুকরো
কাচের টুকরো কুড়াতে কুড়াতেই তার দিন পার হয়
পার হয় রাত
টুকরোগুলো জোড়া দিয়ে সে আয়না বানায়
নিজেকে দেখে সেই আয়নায় রোজ
কপালের লাল টিপ যেন সূর্য আজ...
 
 
*Abin Roychoudhury es un destacado poeta, escritor y letrista contemporáneo bengalí de Katwa, Bengala Occidental, India. Con una maestría y un título en educación (B.Ed) de la Universidad de Burdwan, además de trabajar como educador independiente, se ha desempeñado en el pasado como profesor en colegios de formación docente. Entre sus publicaciones notables se encuentran Itipurbe Bolini, publicado por Ananda Publishers (una de las principales editoriales del país), Golap Nirapekkha Noy (publicado por Barnik) y el poemario Bibarna Cycle (publicado por Shohortoli). Escribe para la prestigiosa revista Desh, y sus poemas y ensayos son ampliamente leídos y aparecen en las principales revistas de India y Bangladesh. Además de su trabajo literario, ha participado en numerosos programas de radio. Asimismo, una de las canciones escritas por él ha alcanzado una inmensa popularidad en toda la India. Es especialmente reconocido por los lectores por su voz literaria única, que construye un puente entre la realidad cotidiana y la profundidad mística o surrealista. Ha recibido el prestigioso “Premio Conmemorativo Mallika Sengupta" de manos del Honorable Ministro de Educación Bratya Basu, el renombrado poeta Subodh Sarkar y el prodigio literario Shirshendu Mukhopadhyay. Anandabazar Patrika, el principal diario del país, ha publicado tres reportajes especiales en un mes destacando este premio, su último poemario y su trayectoria literaria en general.

"Lo que queda después" fotografías de Vanesa Sánchez Acosta

Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023


Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023


Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023


Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023



Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023



Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023



Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023



Nombre: Lo que queda después
Técnica: Fotografía digital en blanco y negro
Medidas: Formato digital
Año: 2023



* Vanesa Sánchez Acosta. Fotógrafa y Licenciada en Diseño Audiovisual.

Esta serie nace a partir de la necesidad de explorar la construcción de una identidad atravesada por el deseo, el exceso y el desgaste. A través del cuerpo y de acciones repetidas, voy recorriendo distintos estados: desde el control y la apariencia, hasta la ruptura y el agotamiento. Las perlas aparecen como un elemento simbólico que se acumula, se tensiona y finalmente se desarma. Hacia el final, la imagen se vuelve más íntima y reflexiva, y me interesa quedarme con eso: con lo que queda después.

jueves, 1 de octubre de 2026

"Entre los pasos andando iba" cuento de Viktoria Maat


 

“Camina y andar, camina y andar, y entre más caminaba
le parecía que no andaba, pero andando iba”.
María de Jesús Montaño

Elisa mira su reloj de pulsera. Ese reloj fue lo único que pudo reconocer en el cuerpo descuartizado de su padre. Son las 2:45 de la madrugada. Mira la hora con frecuencia, no porque le interese conocer el indiferente devenir del universo, sino porque ese reloj marca el pulso de su padre. Cada vez que lo contempla la invaden emociones huérfanas de hogar, de amor, de identidad. A veces recuerda el aroma a piña y la frente de su padre cubierta con sudor y tierra después de una larga jornada de trabajo. Se deja llevar por el olor dulce de la cayena. De pronto está en la playa, abrazada a su padre mientras la marea sube para ver los luceros. Otras veces el reloj le aprieta la muñeca con violencia. La manilla de cuero se torna de color borgoña. Un vaho de carne descompuesta le cierra la garganta. Quiere llorar, hacerse pequeña, acostarse en la hamaca frente a Bocagrande y descubrir que es presa de un mal sueño.

—¿Elisa, qué hora es? —le pregunta entre susurros Javier.
—¡
Elisa, chama! ¿Qué hora es? —repite Javier con un tono de angustia mientras le toma suavemente del brazo para devolverla a la imponencia del desierto chileno.

—Las 2:50 —responde Elisa.

Javier se queda pensativo, hace cuentas.

—Si no hay retrasos y los coyotes cumplen su palabra, Edith y Moïse deben salir de Madre de Dios en media hora.

Elisa comienza a llorar. Le asustan esas montañas gigantes y áridas que se alzan infranqueables, insensibles, imperturbables ante el dolor de haberlo perdido todo. Le estremece pensar en Edith y Moïse intentando atravesar la frontera entre Perú y Brasil. Elisa escuchó la noche anterior a uno de los coyotes brasileños hablar sobre la travesía hasta Acre.

No entiende su idioma, pero reconoció un par de palabras: «não atravessar a Ponte da Integração… eles nadar».

Elisa teme por ellos y la criatura que esperan. Aprieta sus manos y le pide a la Choronga que el río esté manso, que el viento no sople, que las aguas no estén turbias. Elisa siente una conexión con Edith y Moïse, aunque no pueda descifrar su idioma ni entienda por qué le ponen nombres de personas a los huracanes. ¿Para qué nombrar aquello que la madre tierra ya ha ungido? Tampoco le importa que ellos sean del Caribe y ella del Pacífico. Lo crucial es que la sangre recuerda antes que la lengua. Todos vienen del mismo tambor. Sus compañeros no son haitianos, ella no es colombiana: ellos son descendientes de los reyes de ébano de los Malinké.

—¡Pero tú sí que eres enrollada, pana! —le dice Javier a Elisa en forma de broma mientras la abraza y seca sus lágrimas con la chaqueta—. Mirá las estrellas, están burda e’ finas.

Elisa ríe, no demasiado fuerte; no quiere despertar a los otros que van en el platón de la Nissan pick-up destartalada en la que salieron de Tacna hace una hora.

—Bacilao, primo, bacilao —le responde Elisa.

Esta vez ríen juntos y se abrazan. No pueden desentrañar sus expresiones, pero sienten la calidez del alma cuando se entrelazan. Elisa agradece la compañía de Javier, de Edith y Moïse. En Tumaco su Choronga le había leído el encuentro en la cola del tabaco la noche en que llegó llorando a contarle que su padre había sido asesinado. Su familia culpaba al Estado y al narcotráfico por igual.

—¿Qué íbamo’ a comer si mi papá dej’ba de sembra’ coca? —preguntaba Elisa desgarrada—. Nadie compraba la’ piña, ni lo’ político’ eso’ que habían prometio.

La Choronga la mira a través del humo del tabaco. Le dice que debe dejar su lugar y coger camino hacia las montañas, o a ella también la matarán.

—Tene’ que coge’ camino esta misma noche. No te preocupe’, que en la frontera encontrará’ compañía. Andarán hasta donde el mar se une con la nieve.

A las 5:00 de la madrugada Elisa llegó a la frontera entre Colombia y Ecuador. Le habían dicho que ahí los coyotes armaban un grupo para llevar gente sin documentos, como ella, a cualquier país de América del Sur. Temblando de frío, mareada por la altura y encogida de piernas mientras esperaba a que el grupo estuviese completo, apareció Javier. Le contó que era venezolano; había estudiado odontología. Su familia estaba en contra del régimen de Maduro. Hambriento y sin esperanzas, buscaba llegar a Chile. Había escuchado que ahí los odontólogos ganan muy bien.

A su lado estaban Edith y Moïse. Venían huyendo de la pobreza y el abandono en su país. El huracán Matthew había reducido su hogar a pedazos de plástico y madera. Tenían un primo en Brasil que les había contado que en Acre podía comer dos veces al día: ¡todo un lujo! Moïse hablaba un poco de español y con mucho esfuerzo trataban de comprenderse.

Entre llantos, viejos dolores y carcajadas clandestinas ocasionadas por no entender sus idiomas, habían viajado juntos dos meses, hasta esa noche en que sus caminos tomaron los destinos elegidos.

—¿Qué hací? Tení que frenar. Aquí están las minas que dejó el Pinocho culiao —le dijo de pronto, exaltado, el copiloto al conductor de la camioneta.

El auto se detuvo en seco. El movimiento sacudió a Elisa.

—¡Aquí se acaba el paseo! Se bajan todos al tiro —dijo el coyote chileno.

Elisa y Javier tomaron sus mochilas y con prisa se bajaron del auto.

—Ya están en Chile. De aquí llegan solos hasta Santiago. Todavía falta caleta, como 2000 kilómetros —dijo el conductor de la camioneta—. Caminen con calma no ma’ po. La cuestión por aquí es brígida. Hay minas antipersonas. ¿Cachan la weá?

Elisa mira el reloj al bajarse de la camioneta. Son las 5:50. El tiempo, indiferente, sigue su paso.

Pusieron sus pies sobre la arena del desierto, y así, entre las minas, caminaron.

Porque a veces, incluso la muerte queda atrás cuando andando se va.

 

*Viktoria Maat  (Pasto, Colombia) es una escritora colombo-alemana radicada en Berlín. Su escritura explora la experiencia humana a través de la paradoja, la transformación interior y la dimensión simbólica del lenguaje. Es cofundadora del blog literario Voces Arcanas (@vocesarcanasblog), donde publica textos experimentales. Su primera novela, Ojos de Gato en una Madriguera, será publicada por Nueva Editores (@nueveeditores) en abril de 2026.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

"Etnografía mítica del duelo" fotografías de Laura María Pacheco


Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025


Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025



Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025




Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025



Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025



Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025



Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025



Nombre: Etnografía mítica del duelo
Técnica: Fotografía digital desarrollada en fotografía analógica  
Medidas: 50 x 35mm 
Año: 2025




* Laura María Pacheco (Colombia, 2002) es artista visual y escritora. Su trabajo explora la relación entre lenguaje, imagen, memoria y afecto, con énfasis en quiebre, identidad y pérdida. Desarrolla una prosa poética y fragmentaria, e investiga la fotografía analógica como extensión narrativa que articula cuerpo, símbolo y experiencia íntima contemporánea.
                                  
Reseña de la obra: Las presentes fotografías hacen parte del proceso de investigación- creación de mi trabajo de grado titulado: Triple Negativo: Una nueva forma de presentarme ante el mundo (2025), en el cual explore la complejidad de la experiencia humana con relación a la enfermedad crónica, el cuerpo, la muerte y el duelo. 
Las series fotográficas presentadas representan conceptualizaciones y reflexiones en torno a morir, perder, desear y los espacios liminales del duelo. En estas exploraciones busque fusionarme con la naturaleza para comprender el ciclo de creación, evolución y disolución que subyace en el proceso de investigación y creación de mi trabajo de grado. En las fotografías decidí desarrollar extensiones orgánicas por medio la edición digital, con el fin de reconocer lo que puede ser un cuerpo y sus límites, así mismo, esta exploración me permitió comprender la valiosa lección de aprender a ceder la carne y entregar la materia a la tierra de forma metafórica. En estos registros fotográficos me hibrido con el suelo, con el dolor de la pérdida, con la despedida y con la naturaleza. Mas que un acto fotográfico, estas series son un “ejercicio premonitorio” que busca profundizar en la comprensión que se tiene acerca de la mortalidad y la complejidad de la experiencia humana simbiótica.