viernes, 16 de enero de 2026
"Silencios en tránsito" fotografías de Ezequiel Vega
jueves, 15 de enero de 2026
"Letras aladas" Poemas de Washington Daniel Gorosito Pérez
La palabra poética es pájaro.
En su vuelo,
para hablar con los dioses
esquiva las lanzas del astro rey,
dejando a su paso cristalitos de mar aéreo.
El verbo incandescente
hace que la neblina de la tinta
se vaya disipando.
Fluyen letras en bandadas
tejiendo poesía en movimiento
y al nacer los versos
son coronados con aureolas
de polvo solar.
LAS NO PALABRAS
Máquinas y pájaros
comparten las alturas.
Alas metálicas
contra plumas multicolores.
Los pájaros ya casi,
no tienen cielo.
Sus ojos gotas de miel
observan polimorfos objetos.
La palabra en vuelo
el viento la empuja.
Y, los versos laten
con la calidez del verbo.
Un poema rompevientos
es festejado por los aleteos rítmicos.
En la biblioteca de los pájaros
sólo hay poesía.
Y, la brisa acarrea
las no palabras.
LETRAS ALADAS
Seré un pedazo de tierra.
Seré surco donde plantarán
semillas de poesía,
y surgirán versos
que nacerán lagrimosos.
Carrusel de letras girando silenciosas,
versos que romperán el tiempo,
esperados por pájaros ansiosos,
ávidos de nuevos poemas
que no comieron ni una semilla
las cuidaron,
volando en círculos concéntricos
multicolores.
Aromas de letras calientes
versos dorados
recién horneados.
Pan de letras,
nutrientes del espíritu
volarán muy alto.
Poesía con alas.
ALZANDO EL VUELO
Una realidad armada a pedacitos,
entre sueños y realidades
desplegando metáforas
letra por letra,
construyendo palabras
pulcramente
buscando las coordenadas nuevas del camino,
en una conjunción de silencios,
rompiendo
el eco de la perpetuidad,
reflejada en una luna
roja y negra
de sombras redondas.
Desplegando brazos de pájaro,
alzando el vuelo.
Destino:
llegar al amanecer
persiguiendo a la luna
mirando al horizonte eterno,
engendrando versos
entre la noche y el alba.
JAULA POÉTICA
Los boliches están vacíos,
sólo una sombra camina por los pasillos.
Se cierra el día inexorable,
el borrador de conciencias nocturnas
huye por las cornisas,
techos mudos y mojados.
En la tarde,
llovió a cubetazos
es decir a montones.
Por la calle del tiempo
vuela el polvo del olvido,
azotado por el látigo
lento y doloroso de las horas.
Todo seguirá en su lugar,
los libros ahogados en sus tintas,
ríos de letras oxidadas
de cobrizos colores.
Las palabras son testigos,
poesía eficaz eternamente
verbos conjugados a sol y luna
metáforas,
imágenes ciegas,
escritas sobre mesas chuecas.
Dócil, frágil, volátil,
como una hoja seca
acariciada por el viento.
Estás encerrado,
en tú jaula de papel,
viviendo la soledad-fragilidad del pétalo
como un grano
en un reloj de arena.
miércoles, 14 de enero de 2026
"Tutto finisce qui" poemas de Imma Schiena
La banca
obligada a detenerse frente al espejo,
reflejo los miles de rostros vistos y nunca encontrados.
paso por el tamiz mis horas,
arenas movedizas en una clepsidra,
las emociones vividas están disueltas.
un búmeran de gestos realizados,
me presentan la cuenta
como en el supermercado.
más allá, un segmento de hora de mi tiempo
me espera (feliz).
di fronte allo specchio costretta a sostare,
rifletto i mille volti veduti e mai incontrati.
passo al setaccio le mie ore,
sabbie mobili in una clessidra,
le emozioni vissute sono dissolte.
un boomerang di gesti compiuti,
mi presentano il conto
come al supermercato.
più in là, un segmento d’ora del mio tempo
mi attende (felice).
eres mi tumba,
mi cielo,
mi comienzo y mi final,
mi todo y mi nada,
mi no lugar
dónde habitar,
donde la música termina,
templo de la palabra
océano que se
disuelve.
sei la mia tomba,
il mio cielo,
il mio inizio e la mia fine,
il mio tutto ed il mio niente,
il mio non luogo
da abitare,
dove la musica finisce,
tempio della parola
oceano che si
dissolve.
vives como un deseo en clausura,
un vino añejado en la barrica
destinado eternamente a perecer.
así mi naturaleza es mi peor enemiga
como un pajarito criado en cautiverio.
mi cuerpo es la prisión
que hace al mismo cuerpo deforme.
despojado de su propio espíritu
soy como una alcantarilla horizontal
puesta en la calle,
instalada allí para que no pase el aire
que alimenta el deseo.
vivi come un desiderio in clausura,
un vino invecchiato nella botte
in eterno destinato a perire.
così la mia natura è la mia peggiore nemica
come un uccellino cresciuto in cattività.
il mio corpo è la prigione
che rende lo stesso corpo difforme.
spogliato del proprio spirito
sono come un tombino orizzontale
posto sulla strada,
messa là perché non passi aria
ad alimentare il desiderio.
niña como si fueras una adulta
precozmente crecida
hace de mí una violadora.
te parías mujer ya en el
nacimiento
vaciándote los ojos del tiempo
regalado y nunca vivido.
y yo soy las cadenas que
mantienen firmes mis muñecas,
atadas alrededor de tus tobillos,
inexorable el tiempo, nunca libres nosotras.
cadenas en las cadenas
la libertad no nos es dada.
corremos, sobre la rueda trasera
de la vieja bicicleta.
bambina come ad una adulta
precocemente cresciuta
fa di me una stupratrice.
ti partorivi donna già alla
nascita
svuotandoti gli occhi del tempo
donato e mai vissuto.
ed io sono le catene che
tengono fermi i miei polsi,
legate intorno alle tue caviglie,
inesorabile tempo, mai libere noi.
catene nelle catene
la libertà non ci è data.
corriamo, sulla ruota posteriore
della vecchia bicicletta.
Revisión de la traducción: Elizabeth Uribe Pérez.
lunes, 15 de diciembre de 2025
"Trilogía de Yz’korrthal" cuentos de Cristian Guevara
EL RUMOR DEL LEVIATÁN
CRISTIAN FERNANDO GUEVARA HINCAPIÉ
Año 1894… El buque mercante San Elías atravesaba las aguas del
Atlántico rumbo a Lisboa, cargado de café, herramientas y jarrones de aceite. A
seis días de la costa, los vigías divisaron una figura flotando entre las olas.
Era un hombre con ropajes desgastados, cubierto de algas y con el cuerpo rígido
por el salitre. Lo izaron a bordo sin señales de vida, pero pronto abrió los
ojos —mirando hacia la nada— y repitió una única palabra con voz cavernosa:
—Yz’korrthal… Yz’korrthal… Yz’korrthal…
La tripulación creyó que era producto de la inanición. Sin embargo, pronto
notaron que, desde su izamiento, el viento cesó. Las velas quedaron flácidas,
el océano estaba inmóvil como vidrio, y las brújulas giraban sin final, como si
el norte hubiese desaparecido del mundo. Cuando llegó la noche, pareció pesada
y estancada, como si algo contuviera el movimiento marítimo.
El primer oficial, inspeccionando con detenimiento las ropas del náufrago
—que ahora yacía en coma febril en la enfermería— encontró un cuaderno de
bitácora con una espiral dibujada sobre lo que parecía la mar. No había nombres
de islas, ni latitudes, solo esa espiral que parecía moverse, enroscándose, mientras
más la miraba.
—¡¿Qué carajos?! —expresó con los movimientos de rosca.
En la siguiente página estaba escrito:
“Encontramos una niebla densa, maldita. Ahora las aguas se abrieron, como un
párpado marino, y algo nos está mirando desde dentro. Estamos entrando en su
ojo. Yz’korrthal es esa cosa maldita que escuchamos de pescadores nativos de
Lisboa antes de partir a altamar…”.
—¡Niebla! ¡Niebla a la vista! —expresaron desde afuera.
El primer oficial sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y corrió al
exterior… y vio esa neblina colosal que los cubría lentamente…
Empezaron a escuchar un golpeteo amortiguado, como uñas rascando desde el
otro lado del casco. Y el miedo se apoderó de los hombres; tomaron crucifijos o
cuchillos entre las manos. Y entonces, los marineros comenzaron a desaparecer
en silencio. Uno a uno, sin dejar rastro ni explicación, y cuando el
aterrorizado primer oficial observó hacia las aguas solo pudo gritar del
horror, porque ahí estaba lo descrito en la bitácora… y, después, silencio.
Días más tarde, pescadores portugueses rescataron con sus redes el cuaderno
de bitácora del San Elías. La tinta de las primeras páginas ya se había dañado
por el agua, pero la última línea era clara, definida… escrita en letras
apretadas y temblorosas…
“Algo eterno vive en la mar…”.
EL ULTIMO
VIAJE DEL LYSBRUDD
CRISTIAN
FERNANDO GUEVARA HINCAPIÉ
Atlántico Norte. Año 1963.
El NRV Lysbrudd, batiscafo de investigación noruego, descendía en
silencio hacia la oscuridad de una fosa marina recién descubierta. Cuando
alcanzó los 9,137 metros, el sonar emitió una vibración extraña: no era roca,
no era magma, era arquitectura… tallada por una voluntad no humana…
A pesar de que en inicio no esperaban encontrar más que silicio y
silencio submarino, los tripulantes observaron algo que no debía existir, algo
que los dejó impactados: era una ciudad sumergida, imposible, hecha de coral
negro, huesos de animales marinos desconocidos; y escombros de barcos, muchos
barcos de diferentes épocas —barcazas vikingas, goletas del siglo XVII, restos
metálicos con placas en japonés, otras en latín…
Entonces, aterrados, vieron figuras humanoides, imposibles, que caminaban
con una lentitud ominosa entre las torres curvas, más altas que un mástil y
cubiertas de escamas blancas como perlas muertas…
El sistema de comunicaciones empezó a producir interferencias. El
técnico de comunicaciones palideció al entender un susurro entre el ruido:
—Yz’korrthal… Yz’korrthal… Yz’korrthal…
Y las figuras señalaron al unísono encima del batiscafo. No pasó
demasiado tiempo hasta que el Lysbrudd fue sacudido violentamente e implosionó.
No por la presión, no por un fallo en los sistemas: fue por culpa de algo vivo,
tibio, viscoso y vibrante, algo los había atrapado con apéndices monstruosos.
Antes de perder todo contacto, desde la radio se escuchó un último grito
enajenado:
—¡Es espantoso…! ¡Es colosal…!
EL OJO DE
HUESOKORR
CRISTIAN
FERNANDO GUEVARA HINCAPIÉ
Durante el año 2023
el submarino autónomo AEN Sirena, maravilla tecnológica chilena operado por
inteligencia artificial, navegaba en el océano Ártico mientras cartografiaba la
Fosa de Huesokorr, grieta abisal surgida después de un sismo de magnitud 9.1,
registrado sin epicentro claro. Estaba a oncemil metros de profundidad y
emitía, según los primeros registros, frecuencias infrasónicas constantes que
afectaban a los cetáceos de la zona, como si la grieta susurrara. Descendió por
la fosa, enviando información con normalidad durante las primeras seis horas. Después,
silencio. Las transmisiones se cortaron de manera abrupta. Simplemente…
desapareció. El submarino fue declarado como perdido en misión investigativa.
Veintinueve días
después, en el mar de Groenlandia, un rompehielos ruso encontró flotando una
caja negra, sellada en titanio y recubierta de microorganismos fluorescentes desconocidos.
Terminó en el Instituto Oceanográfico de Tromsø, Noruega.
El encargado del
análisis fue el Dr. Henrik Molberg, especialista en tecnologia submarina.
Aislado en una sala de visualización, Henrik revisó los datos de la caja. Al
principio, eran lecturas estándar: escaneo topográfico, distribución térmica,
presión. Pero pronto comenzaron a reproducirse imágenes inverosímiles: había una
vasta metrópolis sumergida, con edificios curvados, columnas y estatuas como
esqueletos gigantescos, que parecían moverse levemente a medida que se miraran
por más tiempo, hipnóticas, susurrantes.
El último archivo
fue una grabación de audio. Apenas comenzaba a reproducirse cuando Henrik notó
algo extraño en la pecera de su oficina, en la que el pez multicolor que había
nadado tranquilamente durante meses había muerto de repente, sacudido por un
vórtice inexplicable.
—Yz’korrthal… Yz’korrthal…
Yz’korrthal… —escuchó Henrik mientras observaba el cuerpo del pez atrapado en
el vórtice. Rebotó su mirada en el sistema de reproducción con inquietud. Intrigado,
Henrik, tragó saliva, pausó la reproducción de audio y el vórtice se detuvo.
Reprodujo otra vez y el vórtice se reactivó. Repitió la acción varias veces,
hasta que dejó de sentir curiosidad y sintió terror cuando las luces
parpadearon, acrecentándose de manera inefable porque en el agua apareció de la
nada, flotando, un horrendo ojo reptiliano, que le miraba con atención
profana.
Henrik, paralizado,
con los vellos de su cuerpo alzados como escarpias; únicamente consiguió
repetir esas palabras:
—Yz’korrthal… Yz’korrthal…
Yz’korrthal…
Cayó de rodillas
mirando la pecera sin dejar de repetirlas. Las luces parpadeaban. La
temperatura de la sala descendía. La pecera se agrietaba lentamente desde
dentro. No hubo estallido, solo una presión inmensa como si toda la densidad
del mar se concentrara en ese cristal.
Henrik fue encontrado dieciséis horas después en un estado de enajenación absoluta, con los ojos sumamente enrojecidos, repitiendo esa palabra desconocida. Cuando revisaron las cámaras de seguridad, descubrieron que estuvo todo ese tiempo sin parpadear hablándole al agua donde flotaba su pez muerto…
*Cristian Guevara es escritor y psicólogo colombiano, nacido en 1989 en Cali. Es un apasionado de la ciencia ficción y el terror. Su objetivo es construir historias que generen un impacto duradero en el lector, explorando los límites de lo imaginable y lo oscuro. Ha publicado en varias revistas y antologías hispanoamericanas.
miércoles, 10 de diciembre de 2025
"Eterno once" poemas de Saraí Belén Gutiérrez
Eterno once
La Virgen me lo dijo, la paloma lo negó.
Todavía me visitas todas las madrugadas y aún te veo sonreír.
Me abrazas antes de salir.
y la canción sigue sonando por el radio.
Envidio a la última que te tuvo en brazos y no te amó tanto como yo.
Sabes que esta medalla no me reconforta si no estás conmigo.
No pude hacer nada por ti. Por favor, volvamos al 20.
¿Aún puedo ayudarte o no?
¡Despierta! No me estás escuchando.
Almíbar
En el olor a vainilla,
En el sonido de los pescados chocando contra la madera
Dentro de un pan “bingo”
Pero mis recuerdos se están empezando a ir hacia aquella
Torre Eiffel.
Aun se abre la ostra y me muestra tus perlas
Aunque ya no me visitas en mis sueños y
la última vez no me quisiste abrazar
Solo me viste desde el umbral.
La semilla no sabe igual si no la preparo para ti
Siempre me decías “estoy escuchando”
¿Pero aun tan lejos me sigues escuchando?
Venía de la costa,
donde los ríos eran de coco,
las pangas tenían forma de pati
y los pescados se adornaban con cintas coloridas.
Llevaba monedas antiguas en los bolsillos
y un boleto de lotería
que lo habría proclamado rico,
de no ser porque su mala suerte
se había interpuesto en un número.
Desolado,
mientras limpiaba los mariscos,
pensaba en qué habría hecho con tanto dinero.
Ahora solo le quedaban veinte pesos,
que ni siquiera le ajustaban para regresar
a aquel lugar donde no había nacido,
pero quizás había encontrado la felicidad.
Quizás.
Los pájaros de vainilla se derritieron
y los caracoles lloraban por su regreso.
Derramaron tantas lágrimas en la arena
que era imposible caminar
sin sentir el ardor en las plantas de los pies.
El mar se tragó al sol,
y solo así la marea se apaciguó.
Por las noches se podía oír
el clamor de la luna
y el intento banal de las estrellas por consolarla.
En cambio, ellas,
que creían que nadie lo esperaba,
no conocían el desastre
que había dejado su ausencia,
porque para ellos no existía vida
sin aquel que siempre sonreía.
Vainilla
Caminando errante te ven, para mi estas en el edén.
Todas estas que ya no te apreciaban al contrario yo te atesoraba,
Como lo había prometido.
No era tu favorita, pero eso no me importaba
Podía vivir con la idea de que nunca me dejarías nada.
Tu predilecto, es que amabas. En realidad, yo no lo reprochaba
Ahora lo único que importaba eran aquellas tardes de sueños
En que dormías sobre la silla, en la radio sonando Julio iglesias
Y me decías esa te la dedico y yo ingenua sonreía.
Las historias del caribe, los remos chocando contra los pescados,
Los cofres por la madrugada.
Jamás lo podre olvidar.
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