Querido extraño:
Al escribir esto
me encuentro en cama, pensando en cómo, poco a poco, tu nombre y tu presencia
se volvieron desconocidos para mí. Recuerdo perfectamente cómo nos
(des)enamoramos.
En mi memoria puedo encontrar cada una de las palabras dulces que solías
decirme; palabras que me reconfortaban cuando más te necesitaba. Palabras que
se tornaron oscuras cada vez que estabas en desacuerdo, sin sentido en cada
situación que creías poco favorable para tu rol de víctima.
Todavía hay
flashbacks de los chistes que hacíamos, nuestros planes a futuro; planes que,
luego de pensarlos un poco más me pedías que dejara de mencionar porque te
daban pesadillas. Para mí, esas pesadillas eran mi más preciado sueño. ¡Qué
ilusa que fui! Me gustaba pensar que disfrutabas de mi compañía, mis charlas y
mis caricias, pero luego me di cuenta que solo te gustaba demostrar que tenías
poder. Lo único que importaban eras vos y tu prestigio, todo lo mío quedaba en decimoquinto
plano.
Me pedías que
abriera mi corazón, pero no por interés, sino para demostrarme que eras mejor
que yo, incluso en lo sentimental. Jugábamos a contarnos nuestros dolores,
nuestras heridas más profundas, y te juro que intenté ayudarte con todo lo que
podía y tenía. Me prometiste ser mi refugio, pero se supone que tu refugio no
te destruye, y vos lo hiciste.
Me quedé petrificada mil y una veces y vos lo único que hiciste fue golpearme
con tus dichos hasta quebrarme; rota y todo, me unía con el mismo amor con el
que te miré la primera vez que nos besamos. ¿Para qué? Para salvarte, obvio. Yo
dije que iba a protegerte y cuidarte contra todo pronóstico.
¿Te acordás cuando hablábamos de nuestra conexión? Qué mágico se sentía todo… Aunque
aparentemente era una mentira. A vos te gustaba no estar solo, quienquiera que
fuera la compañía te daba igual; tu objetivo era destacar y hacer del otro una
mascota en quién descargar tus broncas y temores para sentirte libre, aunque
fuera atormentando a quien estaba a tu lado.
¡Pobre mente atormentada! Me pregunto quién te dañó tanto como para que esa
fuera tu forma de amar. ¿Acaso amaste en serio alguna vez? Lo dudo, a pesar de
que digas lo contrario e incluso con todas tus historias de desamor. En serio
dudo que hayas querido a alguien aparte de vos mismo.
Anoche soñé con vos. En otro momento te lo habría contado cara a cara, mientras
mi mano tocaba tus mejillas y mi boca besaba tu rostro, pensando en lo hermoso
que es compartir mi vida con vos; ahora solo te beso en viejos pensamientos.
¿El sueño? Algo tonto: nosotros dos, nadie ni nada más, nuestra canción de
fondo, nuestras promesas de amor eterno revoloteando por el aire. ¿Y ahora qué?
Ahora esa canción se escucha con eco; a pesar de estar a todo volumen al lado
mío, se escucha lejana. Mis buenos deseos la acompañan, esperando encontrarte
de nuevo por algún lugar, donde sea que estés.
¿Sabes qué es lo
que más risa me da mientras escribo esto? Las lágrimas no dejan de caer, no las
puedo retener, simplemente siento que el corazón me explota en mil partes. Y aun
así, sigo encontrando algún “porqué” que no tiene lógica para defender tus
idioteces. Eso hice siempre: defenderte ante todo porque eras la luz de mis
ojos, aunque, por supuesto, el resto sabía que eras un agujero negro, no una
estrella.
Pero mira que
loco: los agujeros negros fueron estrellas alguna vez, y yo me perdí buscando
muy adentro tuyo esa estrella que quizás seguía titilando. ¡Eureka! Pensé que
había encontrado esa bola de fuego, pero era yo misma reflejándome en tu nada. Esa
nada insulsa que te caracterizaba y que para mi era LA nada: la inexistencia
misma que lo era todo para mí.
Día a día intento
hacer mis deberes, pero lo único que hago es esperar esa llamada espontánea
tuya que tanto me gustaba y tanto me molestaba. No conocías los límites y,
cuando te los mostraba, mirabas a otro lado y volvías a lo mismo de siempre. Te
quejabas si yo opinaba; nunca te gustó que pensara por mi cuenta, solo querías
moldearme para ser como vos. Creo que eso te alejó y por eso nos encontramos en
esta situación: no supiste qué hacer ante la rebeldía.
En este momento,
todo se siente como un VHS viejo rebobinándose, pasando cada detalle y cada
espina que clavaste en los huecos que dejaban mis pedazos trizados y que vos te
llevabas sin preguntar. Ahora todo cierra; el dolor tiene sentido porque vos lo
llenaste con tu presencia. ¡Maldita sea tu presencia-ausencia que todo llena de
oscuridad!
Pero bueno, como solía decirte: “shit happens”. Ahora te despido, con un final
abrupto y con todo el dolor del mundo, recordando algún poema que me habrás
hecho leerte alguna vez, sabiendo que mi cama es dolor, pero también es quietud.
Al fin puedo dormir en paz, sabiendo que te perdí y, a su vez, recuperando lo mucho
que te llevaste de mí. Espero no encontrarte nunca más porque, si lo hago, temo
desencontrarme otra vez.
Con
amor,
Una
extraña que alguna vez te amó.
*Martina Del Pópolo es oriunda de Mendoza, Argentina. Es estudiante de Geología y profesora de inglés. Encuentra en el arte un espacio de refugio y expresión, especialmente a través de la escritura y el cine, sus grandes pasiones. Su trabajo creativo parte de una mirada que busca reflejar su identidad y explorar la profundidad de sus sentimientos. En su proceso artístico articula la curiosidad científica con la sensibilidad, utilizando la palabra como principal medio para comprender el mundo y profundizar en el conocimiento de sí misma.
Ver una entrada al azar



