Hago una pausa, en ademán de callar a aquel ladrón que, debido a su supuesta honradez goza de los derechos que me han sido arrebatados al mantenerme cautiva -No tomo el Sol, porque el Sol me toma a mí, me daña por completo, me quema…lastima mi piel sensible. A mí no me hace bien.
Altanero, se divierte con mi sufrimiento en mis narices, escupiendo palabras tontas y gestos obscenos que preferiría no haber visto, así que los ignoraré...por ahora.
Hay muchas cosas que nadie entiende, pero yo no entiendo cómo quienquiera que sea piensa que todos responden a la misma verdad. Quien piensa de verdad no se apega a los hechos o a las verdades de otros, crea las suyas…o al menos, se cuestiona las cosas.
Tal vez por eso estoy aquí, sumergida en las turbias aguas de la desesperación mientras lo único que me mantiene a flote es lo mismo que me empuja hacia el fondo contaminado de estas aguas negras. Por pensar…y poetizar lo que pienso, me veo en la necesidad de racionar el oxígeno en mis pulmones, pues agua no puedo respirar.
No es una prueba, sino una tortura para someter a las mentes más sobrias, capaces de guiar con aplomo y sabiduría heredada, pasando sus conocimientos a las futuras generaciones. Pero no, no voy a confesar… ¿Por qué lo haría? No hay nada que confesar y esa es mi verdad, la mía y la de todas las que hemos visto el mismo destino pasar frente a nosotras, del que muchas no han salido vivas.
Pero yo no, yo quiero volver a ver a toda esa gente…quiero ver que crean una vez más que cientos de vidas valen más que las absurdas palabras de unos hombres que se dignan a querer convertirnos en algo que no somos. Porque...si lo que predican no es mi verdad, ¿por qué debería creerles? Un montón de hombres que escriben libros sobre sí mismos y lo llaman escrituras sagradas no van a dictar lo que pienso, pero tal vez…sí dictarán hoy mi destino.
Y mientras mi cerebro comenzaba a apagarse, y mis pulmones a llenarse de aquel fluido que me envolvía. Dejando mi cuerpo cada vez más pesado, como si ya no me perteneciera, como si yo un pez fuera. Cumplí mi castigo…o mi tortura, y me catapultaron hacia arriba sin esfuerzo aquellos disparatados mal vestidos.
Se abren las puertas y la muchedumbre enfurecida corea a gritos el reclamo esperado. Me miran, como los más santos miran al diablo encarnado. Con furia me despojan de mis azahares y mis flores de papel, arrebatándome todo por lo que en algún momento me sentí humana.
Cae de mi cabeza mi sombrero inundado, mientras mis ropajes se adhieren con reclamo a mi piel tiritante. Y mirando al cielo, esa mañana las palomas comenzaban a sobrevolar el lugar en bandadas que, aunque despejado, comenzaban nimbus a poblar el horizonte.
-Quizás ya sea tarde…no para ellas, sino para mí. Digo para mis adentros, mientras mancho despreocupadamente mi pañuelo en el cuello con aquello que cae insistentemente de mis ojos rojizos.
-¿Qué está mal? ¿Pensar? Miro por encima de mi hombro, mientras las antorchas se tornan hacia la hoguera delante de mis narices. Rodeándome como fieras voraces hambrientas de puro odio.
-¡Silencio! Sentenció aquel charlatán a quien todos parecen adorar con vehemencia, limpiándolos de sus terribles pecados, aunque antes para mi pueblo no lo fueran.
Quieren controlarnos con terror, ignorancia e intolerancia, dictan lo que debemos hacer y pensar. Esto que me han hecho, que nos han hecho a todas, no es más que una advertencia clara para aquellos que se atrevan a desafiar su verdad.
Miro al cielo nuevamente, pero sabiendo que de allí viene a quien adoran, mejor miro a la tierra, de donde vienen los míos. Muevo mis dedos sobre el pasto, como si quisiera aferrarme a la hierba, como si quisiera que fuesen raíces, para poder permanecer en el lugar por toda la vida de un árbol. Mis dedos, que, aunque sucios, son lo único de mí que puede moverse con libertad, acariciando por última vez el suelo que me vió nacer.
Cruza por mis brazos una soga apretada, pero no me quejo, incapaz de compartir con esa gente, que ya no es mi gente, este dolor que han causado. No vuelvo a abrir los ojos, sino hasta que el terrible olor de la paja caliente y la llama viva, me invitan a hacerlo. El miedo a morir no me invade ni me pesa, si eso significa que viví bajo mis propias reglas...las de los míos. No quiero escuchar, ni sermones ni alabanzas, pues esto que han obrado, por su propia mano y en nombre de un ser omnipotente es lo verdaderamente imperdonable.
-No, no quiero ir al cielo…quiero ir a la tierra, en donde me esperan todos mis antepasados, no creo y nunca creeré, aunque me quemen viva.
*María Claudia Castillo Vega – Popcast. La Habana, Cuba. Talleres de Fotografía en la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana: Manejo de Cámara, Introducción a la Fotografía, Fotografía Creativa, Historia de la Fotografía, Photoshop y Creación de Proyectos Artísticos (2017–2020). Licenciatura en Educación Artística (2021–2024). Curso de Diseño Gráfico en Edutín Academy, Escuela Virtual (agosto de 2024 – diciembre de 2024). Curso de Ilustración Digital en Edutín Academy, Escuela Virtual (febrero de 2025 – junio de 2025). Curso de Especialización en Arte y Diseño Moderno y Contemporáneo, MoMA, Coursera (junio de 2025). Diplomado en Literatura y Escritura Creativa, CIDES Edu, México (14 de enero de 2026).
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