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viernes, 25 de septiembre de 2026

"Mar en tormenta" poemas de Maria Suiany Ripardo


Mar en tormenta
 
De los navegantes, el miedo;
De los errantes, el destino;
De los amantes, el puerto
y el ancla que sujeta el barco.
 
¿Quién me navegará?
¿Quién, al verse reflejado
en aguas silenciosas,
correrá el riesgo de amar un mar embravecido?
 
¡Sin permiso nadie me navega!
Soy yo quien trae las embarcaciones
para sentirlas entre mis corrientes.
 
En el ojo de la tormenta bailo,
mecida por los gritos de los desprevenidos
que prometieron ser más fuertes que yo, su mástil principal.
 
 
Aurora
 
Cuando llegues a la hora más silenciosa,
después de caminar por tus desiertos,
alcanzada, entonces, la montaña más alta,
tendrás tu encuentro inevitablemente esperado.
En lo alto te esperará la gran soledad,
llevando consigo un gran espejo
que reflejará tu imagen como el propio abismo.
Ya no tendrás la necesidad de crear nuevos ruidos,
pues todos los enigmas serán descifrados
por la clara y ardiente visión del mediodía.
Al ver tus caminos como portales hacia la eternidad,
recuerda que toda verdad necesita curvas
recorridas por un hilo que conduce al retorno de la misma.
Y, tras la travesía del animal al más allá del hombre,
se anuncia una nueva mañana. ¡He aquí el amanecer!
 

Soy mi propia primavera
 
Pies firmes en el suelo para recibir la energía vital
Tengo la edad de la Tierra, soy hogar y fortaleza
Que alberga el latido de la existencia.
¡Soy mi propia primavera!
 
De mis manos brotan flores y sus espinas,
ofrecidas a quien quiera acercarse
con el valor de sentir el perfume y, sabiamente,
esquivar la parte que puede herir.
 
Cada sentimiento es una rama enmarañada,
que se comunica con mis raíces, donde está mi corazón.
Resisto las inclemencias del tiempo, atravieso las estaciones, soporto el frío invierno
para florecer, al fin y al cabo, tras los ciclos cambiantes y complejos.
 
Respondo a muchos nombres: Rosa, loto, girasol, margarita,
lirio, gerbera... En todos sus colores y vibraciones.
La naturaleza me ha hecho poderosa y resistente,
capaz de florecer incluso en el suelo seco de mi sertón.
 
Pétalos caídos, aplastados por las manos insensibles que me arrancan,
esparcen hormigón gris para impedir mi crecimiento y brotación.
Olvidaron que albergo todos los elementos que componen la vida.
Y mientras haya tierra, agua y el calor del sol, siempre floreceré.
 
 
Traductora: Gabriela Lages Veloso

 
*Maria Suiany Ripardo Tavares Pereira, natural de la ciudad de Sobral, en Ceará (Brasil), es profesora de Filosofía, Arte y Literatura en la red de educación básica y autora del libro Hora crepuscular (Caravana, 2023). Participa activamente en antologías y tiene poemas publicados en Brasil y en el extranjero. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

"Aves Lóbregas o habitar la penumbra" reseña del libro de Wilson Andrés Bedoya Ramírez

Leer Aves Lóbregas no es entrar en una historia: es entrar en un estado. Hay algo en su ritmo, en su forma de insinuar más que de decir, que envuelve lentamente hasta que uno se da cuenta de que ya no está leyendo desde afuera, sino desde dentro de esa misma penumbra que la novela construye.

No se trata de una narración del todo lineal ni de una trama que avance con prisa. Más bien, el libro se despliega como una serie de aproximaciones: fragmentos, imágenes, momentos que parecen aislados pero que terminan resonando entre sí. Esa forma exige algo del lector —atención, paciencia—, pero también le devuelve una experiencia más íntima, casi confidencial.

Hay una sensación persistente de soledad, de distancia con el mundo, que atraviesa toda la obra. Los personajes —o las voces— no siempre se explican, pero se sienten. Y en esa falta de explicación hay una honestidad particular: la novela no intenta ordenar lo que, en la experiencia humana, suele ser confuso o contradictorio.

El lenguaje es, sin duda, uno de sus núcleos. No está ahí solo para contar, sino para sostener la atmósfera. Hay frases que parecen quedarse suspendidas, imágenes que no buscan cerrar un sentido sino abrirlo. En varios momentos, la escritura roza lo poético, pero sin romper el hilo narrativo: más bien lo espesa, lo vuelve más denso, más habitable.

El título —Aves Lóbregas— no funciona como una simple metáfora, sino como una presencia que acompaña toda la lectura. Hay algo de vigilancia, de caída, de transformación latente. Algo que observa, incluso cuando no se lo nombra.

No es una novela para leer con prisa ni para consumir. Es una de esas obras que piden ser habitadas, incluso a riesgo de incomodar. Y quizá ahí esté su mayor valor: en la forma en que logra quedarse, no como una historia cerrada, sino como una sensación que persiste.

 

*Wilson Andrés Bedoya Ramírez (El Peñol, Antioquia, 1990) escribe desde la infancia, como quien entra temprano en un territorio del que no se sale. Sus primeros cuentos y poemas aparecen hacia 2004, pero su escritura no ha dejado de desplazarse desde entonces, entre lo narrativo, lo poético y lo experimental.

En su obra persisten la noche y el amor perdido como fuerzas que no se resuelven, sino que se transforman. Hay en su lenguaje una búsqueda de atmósferas más que de certezas, en diálogo con autores como Leonid Andreiev, Giovanni Papini, Anne Rice, Vicente Huidobro o Dante Alighieri.

Aves Lóbregas es su primer libro publicado por la Editorial La Nave de los Necios y el inicio de un proyecto que continúa desarrollándose.

Próximamente Aves Lóbregas 2

“No preguntéis de dónde vienen las cosas, porque las cosas llegan, pero te devoran.”


miércoles, 23 de septiembre de 2026

"El ritmo lo marcan las nubes" poemas de María Isabel Patiño


Desgracia
(Tomado del poemario “Penumbras – Canción de las Almas Perdidas”, ganador de la beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT, 2023)
 
Me das de beber de tu sal exorcizada
clavada en el abismo de mi memoria
de los anaqueles en el rostro quedo
un ángel con las alas estertóreas
anunciando la llegada
de otra inmunda soledad condenada a las soirée citadinas
entre faldas de seda y velos robustos de cizaña mujeriega
no me mires con tus ojos malintencionados
de un futuro tan esquivo al batir de alas de cuervo
sobre el cañón desnudo en tu lecho blanco
no soy quien prepare el banquete de las desgracias ajenas
para los comensales de placeres y murmullos en las paredes de bahareque cóncavo
no soy la estrella de la mañana que venera tu hoguera enamorada
no soy quien dice ser de la noche
una más con el vulgo aclamado entre las piernas
habitando la miseria de las calles azufradas


El ritmo lo marcan las nubes
(Tomado del poemario “Sodium En Las Estrellas”, ganador de la beca de creación Motivarte de la Gobernación de Santander, 2021)
 
 
La aldea tiembla
más profundo que de costumbre
ha llegado el séquito perlado
 
Todos, en posición circunspecta
no mirar atrás
premisa decisiva para un éxito de plástico
 
Marchando al ritmo de las nubes
el tambor firmemente
en los regazos de los que no partieron
en las miradas aromáticas de los vendedores ambulantes
“hay que llorar para sobrevivir” gritan extasiados
sus maneras son más exquisitas que nuestras suelas almidonadas
con la patria a sorbos sin apartar la mirada
de los hoyuelos en sus pechos rígidos
 
Estamos amotinados en el parque central
como una trinchera deliciosa para los sentidos generales
la guerra enseña a ser aprendiz de ofrenda consagrada
 
La guerra aprende a ser acuífera en los ojos resecos
 
Cuando por fin pisen suelo maldito
haremos reverencia a la inmundicia de sus pasos lustrosos
con pétalos de rosas sin tumbas
 
 
X purgatorium
(Tomado del poemario “Penumbras – Canción de las Almas Perdidas”, ganador de la beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT, 2023)
 
Las heridas siempre se llevan abiertas.
Expuestas en plaza pública,
al costado de la capilla,
por debajo del esternón descubierto
Al frente, en las montañas traicioneras,
en medio de los palacios abandonados
sucesión de lazos rotos como piedad de vías
desoladas.
 
Las cicatrices son las memorias de las ciudades ausentes
que yacen en el olvido de sus propios habitantes perdidos.
 
 
*María Isabel Patiño. Magíster en Educación (University of London), QTS en el Reino Unido, Magíster en Gestión de Diseño (UDI), Diseñadora Gráfica (UDI). Artista visual y plástica por pasión, escritora y poet(r)iza por vocación, docente universitaria e investigadora por acción, gestora cultural por re-acción. Su voz ha sido validada por el reconocimiento estatal y la crítica internacional. Es autora de la novela El Diluvio de las Luciérnagas, 2017 (Beca Bicentenario de la Gobernación de Santander) y de los poemarios Lejanía, 2020 (beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT), Sodium En Las Estrellas, 2021 (beca de creación Motivarte de la Gobernación de Santander), Penumbras – Canción de las Almas Perdidas, 2023 (beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT).  y del circuito literario Pasaporte a las Penumbras: El Oráculo de la Pitonisa y las Almas Perdidas (ganadora de la convocatoria Arte En Circulación 2026 del IMCT). En el ámbito global, su poemario Marejada alcanzó el Top 10 del VI Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador en Salamanca, España en 2019, consolidándose como una de las voces más singulares de su generación. Su labor literaria ha sido publicada en diferentes revistas locales, nacionales y en antologías poéticas. Así mismo, su trabajo plástico ha sido expuesto en diferentes salones regionales e internacionales de artes visuales. Su compromiso con el tejido social y la formación de audiencias se extiende al trabajo con fundaciones sin ánimo de lucro en proyectos concertados con Ministerio de Cultura y entidades gubernamentales de orden local. Directora creativa y artística del Festival Internacional de la Cultura en Santander – FICUS en sus primeras 5 versiones. Miembro fundador del Colectivo SIE7E en 2019, el primer espacio de mujeres poetas en Bucaramanga dedicado a transformar la intimidad del verso en una presencia pública y política contundente. Le encanta vestirse de negro en tierras calentanas.

martes, 22 de septiembre de 2026

"Galaxia" ilustraciones de Graciela Romero


Nombre: Galaxia 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 768 x 960  px
Año: 2023



Nombre: Espectro coronado 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 3072 x 3072  px
Año: 2026



Nombre: Umbral 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 2480 x 3508  px
Año: 2025



Nombre: Contacto 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 2048 x 2048 px
Año: 2025



Nombre: Refugios 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 1280 x 1280 px
Año: 2026

Nombre: Virgen de Regla 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 2039 x 1378  px
Año: 2024




*Graciela Romero es una ilustradora cubana, graduada de Historia del Arte en 2022. Su trabajo explora, en parte, la representación de la figura femenina desde una perspectiva simbólica, abordando temas relacionados con la identidad, la espiritualidad, las emociones y la cultura. Ha participado en diversas exposiciones colectivas en distintas provincias de Cuba, consolidando una propuesta artística centrada en la exploración de lo femenino y sus múltiples dimensiones.

sábado, 19 de septiembre de 2026

"Adán y Eva" poemas de Sara Montaño Escobar

 
Adán y Eva
 
Asienta el canasto de manzanas en la calle.
En el regazo, lleva al hijo
que mama su pezón lleno de ácaros,
leche y sangre.
 
La manzana alimentó el deseo del hombre
y a ella se le reveló la soledad
de su cuerpo desnudo.
 
Se acostó con esperma izándose en su cérvix.
Quiso abrazarse al cuerpo del hombre.
Él dormía abrazado a su propio pecho.
Inmenso como los años que se contaban en la raíz
 blanquecina de su pelo.
Pequeña como las tetas que habían empezado 
a sobresalir de su torso.
Un día, despertó y se vio sola. 
Sola como el único árbol que había sembrado el hombre
en aquel paraíso prometido.
 
Sola como únicamente puede estar una madre.
Tomó a su hijo en sus brazos y le prometió
protegerlo del pecado original.
Desamor que irriga las entrañas de la tierra.
El hijo dormía soñando en ser como su padre.
El hombre pobló el mundo y se amparó en la protección
de una voz divina que días antes había inventado.
Ella tomó un canasto de manzanas que bajó del árbol
 y se propuso sobrevivir.
No cree en Dios.
 
Entiende que la biblia fue escrita por hombres.
 
En una iglesia  
 
Una anciana estira la mano al alacrán del hambre.
 Su cabeza se inclina hacia la grieta
poblada de marabunta que se alimenta
de los restos de un escarabajo.
Escucha el salmo que agita su espada
en el pecho de los pecadores.
 La vendedora de velas guarda una moneda
que muerde la estampa de una virgen que sobrevive
 en su bolsillo.
 
–Todos somos sobrevivientes–
recuerda la anciana
y diez centavos caen en sus pies, 
que, desde hace años, encontraron el camino 
                                                   en la miseria del otro.
Su estómago tiembla por el veneno del alacrán
                                      que ha alcanzado su garganta.
La eucaristía termina y la gente sale.
La pordiosera les estira la mano
–un faro que ilumina la unción de la cruz en su frente–.
 Cruz de ceniza que se evapora.
La anciana duerme.
El alacrán ha muerto
por el cuerpo diminuto de un mendrugo.
 
 
Masa escritural
 
Escribir con calma.
Escribir con la dulzura de las galletas.
Escribir con esperanza:
la masa que amoldamos a nuestros sueños.
Rezar porque estos instantes nos amparen
del miedo que se esconde
debajo de la cama.
Rezar porque la masa sea duradera.
Aún cuando la harina se termine.
Aún cuando intuimos que el dolor de espalda,
el dolor de la vida,
el dolor de la vulva
sea la levadura que incrementa la derrota.
Escribir para no olvidar estas enseñanzas,
que como pan quemado,
desechamos por amargura.
 
 
*Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general y magíster en literatura con mención en escritura creativa. Ha publicado varios poemarios. Ha obtenido el premio internacional Hellín dos patrimonios o más (Hellín, España, 2023), el segundo lugar en el concurso literario “Carlos Giménez” (Paracuellos de Jarama, España, 2021), premio de poesía de la Casa Editorial del Municipio de Cuenca (Cuenca, Ecuador, 2021). Ha obtenido el segundo lugar en el concurso de cuento organizado por el Sello Editorial Edgar Palacios (Quito, Ecuador, 2024), una mención de honor en el concurso “Voces que migran” (Quito, Ecuador, 2025).