-gaviota mía-
no entregues tu amor
a aquel que te minimiza,
que se burla de lo que piensas,
dices,
sientes,
a aquel que solo te quiere
como dama de una sola noche,
inmaculada,
blanca,
pulcra,
sin tacha,
a aquel que no soporta verte llorar.
Huye de aquel que te prohíbe
escotes
amistades
que te indica cómo pensar,
que te dice que no debes fumar,
por puro protocolo social.
No entregues tu amor niña mía,
-gaviota mía-
a cualquier hombre
ámate diversa y plural.
nací del amor de Dios.
Él me hizo mujer,
buscó el balance ideal
entre oxígeno, carbono, hidrógeno,
nitrógeno, calcio y fósforo.
En la composición química
de este cuerpo de mujer que me habita
y llena de orgullo,
cada una de las setenta y cinco billones de células
que lo conforman,
tiene algo que habla de mi ser,
los 5.5 litros de sangre que lo recorren,
cuentan la historia de las mujeres de mi especie,
a ellas se los debo todo:
la terquedad,
la tenacidad,
la perseverancia,
la resiliencia,
el temperamento recio característico de mi tierra,
mi paso firme,
lo melodioso de mi voz,
lo crudo de mis versos,
la capacidad de superar la adversidad.
Dios me creó mujer en un arrebato de locura y amor,
forjó en arcilla mis rizos desordenados,
el tinte camaleónico de mis ojos,
iluminó mi piel con pinceladas color trigo,
la amplia curva de mi sonrisa,
los firmes montes de mi pecho,
los pliegues de mi piel,
el oleaje de mi cintura,
la ruidosa ternura de mi ser.
No nací de la costilla de ningún hombre
nací del del amor de Dios,
en un día en que, un arrebato de locura y amor
me creó mujer,
para llenar de esperanza y tenacidad,
de poesía y sensualidad,
la costra de los días oscuros,
de su frágil humanidad.
ojerosa,
desierta.
Cuando esté absorta en mi tristeza,
cuando sea cascarón,
oruga,
óvulo,
larva,
brizna,
llovizna,
tiempo,
silencio.
Ámame ,
cuando esté desecha por la ansiedad,
la noche,
tu cuerpo.
Ámame aún
con mi dosis nocturna de trazadona.
Cuando esté oscura,
titilante,
cuando no tenga palabras,
cuando mi corazón sea ovillo,
rumor de río,
historia ajena,
susurro apenas.
Ámame,
cuando esté menstruando,
cuando tenga miedo,
cuando esté en voz en off,
árida y seca.
Ámame,
cuando no te pueda ofrecer nada,
ni buena charla,
ni una rica cena,
ni el amor de madre,
ni el fuego fatuo de mi cuerpo,
ni el gozo del conocimiento bíblico.
Ámame cuando sea
tan solo yo.
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