miércoles, 2 de septiembre de 2020

"Jóvenes caníbales" Poemas de Dayely Armijos

Desvelos paralizados

Mi cama es un rincón casi negro, concentro todos mis intentos por querer despertar, pero hay oscuridad de nuevo, esto no es un sueño.

La garra, aplasta mi débil cuerpo contra sábanas de plomo, me ha cortado la voz y ha robado el movimiento de mi cuerpo que no responde órdenes.

La garra tiene lengua, quiere sorberlo todo, hasta arrancarme el cerebro, esto no es un sueño, mi cuerpo no palpita.

Grito, pero en este rincón casi negro nadie escucha, todos son sordos y también ciegos.
Quiero despertar, pero esto no es un sueño, me he quedado sin movimiento, no muevo mis piernas tampoco mis brazos, la garra otra vez me ha cortado en pedazos.


El amor y su tristeza constante

En las horas más tristes, cuando la boca calla y los ojos hablan lo que nadie más dice, cuando las miradas brillantes se condensan en besos amorosos del alma y los labios cerrados, como adormecidos, provocan destellos que caminan danzantes; en aquellas horas tristes, suelo pensarte.

En las horas más tristes, descifro en mis manos rayadas, la forma de sacar los pedazos que aún quedan de tu risa quebrada; en aquellas horas tristes, te busco, ¡te busco!, y no encuentro reparo para la locura maldita que me han dejado tus sangrantes labios.

Y en las horas aún más tristes, suelo hallarte en mis venas, que corren tan rápido y hasta dan ganas de arrancarlas de un solo tajo; en aquellas horas tristes, tan solo respiro, ¡respiro!, y espero que la muerte con su manto negro, ya no tarde.


El viejo del bigote

Traigo el odio atorado, quisiera dar patadas al aire, golpear su cara azul, pero no puedo; el imbécil solitario del autobús me mira de nuevo.

Quiero masticar el humo de esta gran ciudad, pero el imbécil solitario me ahoga con su mirada, una vez más.

Desearía dar sorbos al café con el que pinto aquellos troncos añejos de los árboles casi extintos, pero el imbécil que se ahogó vuelve a mirar de nuevo mis piernas de cartón.

Quiero correr una mañana amarilla, sentarme a beber un jugo de mango artificial; pero aquel imbécil del café rasga mis piernas de papel, moja con su lluvia mi vientre de fruta y me vuelvo imbécil, tan imbécil como él.


Jóvenes caníbales

Somos los que nunca envejecen; la felicidad líquida nos abofetea y nos sumerge en las sustancias de sonrisa artificial.

Somos los cuerpos que sienten sed, porque una ballena mecánica se la tragó para invertirla en cosas olvidadas y marchitas.

Somos los de la piel curtida por efecto de una guerra a la cual no deseamos pertenecer: el hambre.

Somos los entes que pertenecen al fango, los de cerebro empobrecido, los que gritan por libertad y justicia.

Somos los desconocidos que caminan por parajes desiertos, con los ojos salados y el sonido hueco de estómagos hambrientos.

Somos los seres que pertenecen a una esfera azul que poco a poco muere, los que se alimentan de sus estrellas, los que tragan la savia y el se…; somos nosotros los jóvenes caníbales, indomables, inmortales, defectuosos.

¡Queremos aire, agua, carne, llagas, sangre!


(Sin título)

Lejos de aquí la mente es escabrosa y ha creado monstruos sanguinarios; aquellos monstruos que se burlan de nuestra carne débil; en esa distancia imaginaria escucho su carraspear, escucho masticar los huesos, tragar el cuero, escupir lo pútrido.

Ahora siento sus uñas recorriéndome, me desean; he jurado no permitir que me devoren, ya se han comido parte de mis manos que escriben sin cansancio hasta sangrar, han roído la carne que las cubre. Tan solo deseo escapar.

He huido de su niebla asesina, de sus dientes de tiza; se acercan con su carraspear, muy tarde, soy rehén de fantasmas que me arrastran a las sombras.

Hoy, he creado mis propios monstruos; me mastican los tobillos para ya no huir, ahora soy la marioneta de sus brazos de luto, por mi cuerpo de cartón caminan.

Hoy, he creado monstruos y con ellos he firmado un pacto para devorar el mundo que me rodea.


*Dayely Armijos, Saraguro, Loja, Ecuador. Nació en enero del 2001, en un pueblo rodeado de naturaleza al sur de la patria ecuatoriana. Le encantan las películas, la música y crear a partir de sus ideas diversos tipos de textos, pues la escritura ha sido el vehículo principal para poder escapar de esta realidad que en ocasiones ahoga.

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