sábado, 8 de agosto de 2020

"¿Tere, a qué huele el mundo?" Cuentos de Sarahí Bárcenas Guillén

Merienda

Estaba justo debajo de la luna cuando una bandada de aves comenzó a devorarla. No lo esperaba, los humanos me habían dicho que para llegar a la luna se va de traje; otros decían que la luna era de queso; pero, si eso es cierto, las aves deben de amar el queso porque no dejaron ni pizca de cráter. Las migas caían como polvo estelar.

Los humanos estaban angustiados porque ya no se tendría luna; pero la verdad es que cuando las aves se marcharon, surgió una luna inmensa. No medí la anterior, pero les aseguro que esta era más grande.

Podría sentirme engañada por los humanos y platicarles cómo se llega a la luna y cómo se obtiene una más grande, pero no, justo ahora tengo hambre y se me antoja... un trozo de luna.


Pasos

Desde hace años en las canchas hay un ambulante misterioso, usa gabardina, boina y lleva en cada hombro como 37 años. Cuatro patas con manchas le siguen cada mañana y su bastón les lleva la cuenta.

Su bolsillo contiene una grabadora con notas de antaño y si te alejas un kilómetro, no te preocupéis, seguirás escuchando; no porque quieras sino porque él no escucha.

Pero vamos, que no suena tan mal, creo saberme varias notas y otras que no recuerdo en nitidez.
Hoy ha dado su rondín, un saludo inclinando la cabeza y mientras me marcho, él seguirá tarareando sus recuerdos.


Dedicado a mi madre por abrazarme con letras.

¿Tere, a qué huele el mundo?

El mundo estaba lleno de preguntas para Tere, desde por qué las plantas tenían color, hasta el por qué la gente solía decir en la calle “mmm, huele pan” y justo a una cuadra, había una panadería. Tere lo veía como un superpoder, saber qué habría a la vuelta de la esquina sin necesidad de verlo y sólo olfatear.

En la clase de ciencias, Tere preguntó:

- ¿Qué da el color verde a las plantas? -

La maestra respondió que había unos pigmentos llamados clorofilas que viajaban como si fuesen la sangre de las plantas y que con ayuda de los rayos del sol, daban ese bello color.

Tere agradeció la respuesta y pensó que sería el momento para preguntar la magia del superpoder, así que dijo -¿A qué huelen las flores?-

- ¡Pues a flores! - dijeron sus compañeros a coro con una voz burlona.

-Tere, cada flor tiene un perfume propio, huélelas y lo sabrás- dijo la maestra.

Ésa tampoco era la respuesta que Tere necesitaba.

La campana sonó y todos salieron a recreo, todos, excepto Tere, quien decidió quedarse en su butaca y preguntarse el por qué la gente decía que la ropa guardada tenía un aroma especial y por qué la gente usaba agua de bellos frascos llamado perfume.

De pronto la alarma contra incendios comenzó a sonar, pero Tere no olía el humo, así que no se levantó de su asiento, pues creía que sonaba por equivocación. Cuando estaba a punto de preguntarse por qué la gente hablaba del “aroma a tierra húmeda” después de llover, la maestra entró rápidamente al salón y dijo:

-¡Vamos Tere! ¡Salgamos de inmediato! -

Cuando estaban en el patio, Tere veía como el humo salía del desayunador. Sus compañeros se acercaron y preguntaron:

- ¿Por qué no salías? ¿No hueles el humo? -

-No, ¿a qué huele el humo? - dijo Tere

La profesora se acercó con una cara de asombro y le dijo:

Hablaré con tus padres para explicarles que quieres conocer el por qué tu mundo no tiene aroma.

Esa misma tarde Tere y sus padres visitaron al doctor, quien les explicó que la anosmia congénita es cuando no se puede oler desde el nacimiento y que su hija la tenía.

Al día siguiente la profesora explicó lo que le ocurría ha Tere. Sus compañeros comenzaron a levantarse de sus butacas y decían:

-El pan huele a trozos de mango- dijo Eliz.

-La tierra húmeda a helado de menta con chispas de chocolate, porque es fresco y dulce”- dijo Danie.

-Las personas huelen a colores, papá es azul marino porque es un aroma fuerte y mamá es amarillo porque es dulce como un girasol- dijo Claud.

Melis, le explicó el aroma a sopa y Carol, el del café; mientras todos hablaban Tere imaginaba los aromas y de pronto escuchó que Sari dijo:

-Tere, ¿a qué huele el mundo?

Tere respondió con una sonrisa, pues sabía que ahora tenía un superpoder, reconocer que el mundo, huele a todo aquello que se pudiera imaginar.

*Sarahí Bárcenas Guillén, entre raíces y follaje su lugar de origen reside en Tequisquiapan, Querétaro. Como parte de su formación académica ha cursado el Diplomado de Mediación Cultural y Artística Comunitaria, CONARTE, Nuevo León; Curso en Herramientas Teórico- Prácticas de Mediación de Lectura con jóvenes, IBBY, México; Promotores de lectura, Secretaria de Cultura del Estado de Querétaro; Tallerista de Arte y Literatura en el Espacio de Creación y Cultura, NDÖNÍ, Tequisquiapan, Qro; Actualmente estudia la Licenciatura en Artes Visuales, Universidad de Guanajuato.

2 comentarios:

  1. A mi me encantó el da la luna por que me gusta mucho el queso .

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  2. Hoy te conocimos, Sarahí, gracias a Cynthia Chapa de García. En nuestra Tertulia virtual, te conocimos, leímos tres cuentos tuyos, y nos dará mucho gusto conocerte y que participes en alguna de nuestras sesiones. Ojalá puedas y quieras.

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