viernes, 4 de septiembre de 2020

"Los últimos días según la rana" Obra de Mario Angel Quintero

 (Inspirado en el cosmos de Remedios Varo)

Angustia - Remedios Varo

Elenco:

Amalia: La Señora, de 65 años, más o menos.

La Rana: Niña de 8 años, sobrina de Amalia.

Zoila: Quien hace el aseo y cocina la comida, mayor a los 40

La Periodista: La Muerte, como mujer de edad indeterminada, muy de
                         Moda.

Coro: Grabaciones de voces cantando o leyendo los textos, acompañadas
            por una imagen proyectada en blanco y negro.

Hay un quinto personaje que no corresponde a un actor, este es:

M: Este es el montaje mismo, el mecanismo, la maquinaria, el universo de la realidad escénica, hasta más presente que los actores. Al fin, M es la mágia de lo que estamos viendo.


Naturaleza muerta resucitada - Remedios Varo



Prólogo

M: En la oscuridad aparece un hilo de luz. Se alarga, se bifurca, se fragmenta, se une. Empieza a formar un ramaje, una red, un espiral, un remolino, y al fin una telaraña que ondula en el viento. Se disuelven las líneas y quedan sólo los puntos de intersección. Estos empiezan a girar y vemos una galaxia.

(Se escucha la voz de la Señora.)

A: La inaguantable plenitud. La inmensidad es una, sin horizontes.

M: Uno de los puntos de luz se abre en una cenital y se ve la Señora.

A: Decidir, en cambio, por la soledad, por habitar el escaparate de lo efímero.

M: Se cierra la luz de la Señora. El disco de luces se voltea de lado y las luces caen y rebotan como granizo.

(Se escucha la voz de La Rana.)

R: Así habla mi tía, como si tuviera puesto un sombrero de luz y nubes.

M: Una de las bolas de granizo de luz se abre y vemos a La Rana sentada en el escenario, jugando canicas.

R: Yo soy La Rana. (Pausa.) Me dicen así porque cuando nací, tenía los ojos a los dos lados de la cabeza, como un renacuajo.

M: A medida que sigue hablando, de cada una de las bolas de granizo brota y empieza a extenderse un helecho.

R: Aquí espero. Espero y desespero, como dice Zoila. Espero presenciar el fin del mundo. Mi tía dice que estos son los últimos días. Y justamente hoy tendremos visita. Porque resulta que ya mi tía se ha vuelto famosa, ya que, como dice ella, ya no se usa.

(Entra Zoila barriendo con una escoba.)

Zoila: ¡Bueno! ¡Bueno! Vuelve a tu cama, donde todavía estás soñando, que aquí me estorbas. Ya tengo suficiente problema con todos estos gatos. (Mira desesperada a su alrededor.)

M: La Rana se desaparece. La luz cambia. Las bolas de luz y sus helechos se desvanecen. Son remplazados por un horizonte de luz de amanecer, donde las siluetas de los muebles de una sala se ven como si fueren montañas y mesetas. Bajo ese fondo que se va volviendo cada vez más azul, Zoila barre, estrega, trapea.

Zoila: Una que es boba, y no sabe cómo decirles que no. Primero llega uno blanco, como un mensajero de leche, como la luz de la luna, y se enrosca en un tazón y se duerme. Yo, aquí sola, a esta hora, pienso ¿qué le hace?, que duerma y me haga compañía. Cuando al rato van llegando otros dos a tomárselo del tazón, como si fuera líquido y tibio. Sin darme cuenta ya hay diez, doce, quince. ¡Ay! Si la Señora se entera, me echa de una. Decido que los voy a sacar de acá, pero cada vez que me le acerco a uno, se convierte en otra cosa, en un jarrón, en un helecho, en la luz que entra por la ventana. Vuelven la cocina una fábrica de brincos. Se doblan sobre todos los ejes, se cuelgan de las mesas, de los gabinetes, de los espaldares de las sillas…


Simpatía - Remedios Varo



I.

Voz de La Rana: Y en ese momento ¡plop! me caigo de la cama. Abro los ojos, pero me quedo quieta, con el cachete sobre el piso fresco.

M: La Rana aparece, como si fuera una constelación, acostada sobre el cielo.

R: En este momento apenas está amaneciendo afuera en el jardín.

M: Las estrellas de la constelación se reconfiguran en otras cosas.

R: Como si fuera un trompo, un azulejo rechoncho se asoma por el lado de una rama. La realidad se produce en todas partes. La vida de los insectos. Las huellas de alas de mariposas en el pantano. Los pájaros hipnotizan a las abejas, haciéndolas creer que son muchachas que van al convento a tejer con sus aguijones. Queda una abeja sola y perdida que rebota sobre el exterior de la colmena. Así que uno ni se puede alejar ni se puede acercar a las cosas. Tiene que siempre estar haciendo ambas cosas a la vez.

M: Durante el parlamento siguiente, se ilumina la habitación de la Señora, y se percibe el proceso en que La Señora despierta, emergiendo de un muro de su pieza, primero sólo como un relieve, luego cuando toma dimensión, forma y detalle, y al fin cuando logra separarse del todo del muro.

R: Si no esperas lo inesperado, nunca lo encontrarás. Se empieza a mover la tubería de la casa. Sustancias celestes por tubos de escape. Nubes y cortinas de zumbidos en el jardín. Cada árbol es una torre que se resiste a tantos caprichos. Una chicharra de betún batalla contra el paisaje de crayola. Siento a mi tía revolotear dentro de la pequeña sala de su habitación. Alguien debería abrir una ventana y dejarla salir, dejarla volar como un ángel dorado, atravesando las alturas sobre la ciudad, en su ansiedad de deshacerse de su pasado al momento preciso, ya que han llegado los últimos días.

A: El oficio de vivir se renueva con despertar. Ensartar el demonio de lo diario, del tener que… Crear nuevos espacios con cada suspiro. El miedo del tiempo, de estar insatisfecha, de añorar lo que nunca tuve. Recuperar el vehículo de pensar, el vehículo de imaginar, dos agujas que tejen alas.

M: Manos empiezan a asomarse y a aletear desde los cajones de los muebles.

A: Mis aspiraciones al ser la pieza de una máquina que se cree libre. Un recuerdo como una conexión luminosa. La ligadura al mundo. Empollar canciones para vivir, dejar la sobrevivencia en cáscaras. Pero hay un hoy, y qué impaciencia la de los umbrales.

(R entra la habitación con un charol sobre el cual hay café y pan.)

M: Ahora se ve Zoila en el patio colgando sábanas. Mientras que se escucha el siguiente texto de la Señora, se ve sobre las sábanas las siluetas de gatos alados que van pasando, jugando, cazando, brincando de una sábana a otra.

A: El hogar es un vehículo, la burbuja encierra, el movimiento aleja. La intimidad es una lejanía de objetos que se abren para crear distancia, más lejos que interrumpir, siempre al horizonte de imponer, donde se pierden los intentos de llegar a la dirección, de dar con el alambre que lleva al teléfono. La isla del tapete de la sala tiene una playa infinita a su alrededor. La concentración es casera…


Banqueros en acción - Remedios Varo


II.

(Suena un timbre. Zoila, recelosa, mira por encima de una sábana colgada.)

Z: ¡Siempre! Siempre tiene que ser cuando una está en mitad de otra cosa. ¡Ya voy!

(Pero aparece La Rana y viene a proscenio. Deja entrar a una mujer desde el público. Es una señorita/señora de edad indeterminado, vestida a la moda. La Rana se queda quieta y asombrada mientras que la visitante la besa en las dos mejillas y entra la casa mirando allá y acá como si la fuera a comprar.)

P: Me están esperando. Soy periodista, soy editora. Vengo de la revista Tánatos, lo último en oscuro. Vine por material para mi artículo en proceso (hace las comillas con las manos) “El bosque de las luces: La anatomía emocional de la mujer creadora”. (Mira La Rana, quien la observa en silencio.) Pero no sé, soy un nido de nervios, de sensaciones aladas. Soy un enjambre que no se halla, un movimiento continuo en busca de una forma.  Me visto con la ansiedad por la abundancia, pero todo parece ondular hacia el caos.

M: A suspira y aparece una sala. R entra la sala y P la sigue. A permanece en un rincón, quizás dentro de un espejo, desapercibida.

A (a si misma): Tras las barras de su jaula, donde jadean los seres quemados: tiempo-espacio, tiempo- espacio. (Sonríe.) Un cacho de la luna quiere estirarse hasta ensartar una estrella. ¡Qué gravedad!

R (a P): Por favor se sienta. Mi tía ya viene. En esa silla no, por favor, que en otro tiempo fue una señora importante. Vino un día, y habló y habló hasta que todas nos quedamos dormidas. Mi tía dice que despertamos en un sueño donde esa señora se había convertido en un sillón. Así que por respeto…O, y tampoco muy cerca a esa mesa que muerde si una se queja mucho. Ya ha picado a varios platos chillones.

P (a R): Nunca se me ocurriría quejarme aquí. Es como un pequeño escenario, o mejor, más fino, como la vitrina de un almacén de juguetes antiguos.

A (entra la sala, mira allá y acá. R sale.): Anoche no se cobijaron los relojes y la hora se resfrió.

M: Empieza la primera conversación entre la Señora y la Muerte. Cualquier cosa puede ocurrir durante este diálogo, pero tiene que ser algo que realmente ocurra, más allá de todo artificio.

P: ¿Sólo un resfrío?

A: La luz es una puerta giratoria.

P: Porque de repente nada sigue.

A: La semillas de la granada se vuelven estrellas.

P: Y aquí las llaves que abren cada una de ellas.

A: Como la ciencia, como su proceso, hay un orden paralelo de la imaginación que explora.

P: Todo se atasca en los ganchos puntudos de la media luna.

A: Sólo cuando la sorpresa esperaba en la oscuridad, sólo cuando el misterio se abría una noche, sólo en esos momentos era posible diluir el desamparo como si fuera neblina entre los árboles.

P: Todo proceso lleva a un destino. Liberan y atan y liberan hasta deshacer lo que sea.

A: “Lo que sea” no camina bajo el sol y procesos sirven para trasladar. Plantas crecen y atraviesan la ropa.

P: Y ¿qué queda de esa tela?

A: Para remendar hay que punzar, para dar forma hay que cortar. Todo ser se recupera. Todo ser tiene su forma.

P: Armo un reloj, le doy cuerda y espero que se le acabe.

A: Gatos son helechos. Se han robado la luna. Los pájaros nacen del papel. Los hilos que unen los seres a las estrellas convierten a todos en viajeros.

P: Ideas nuevas por viejas para que sigan frescas, para que sigan vendiendo.

A: Las raíces penetran los ladrillos y el vidrio.

P: Todos los rostros son hechos de tijeras.

A: Hasta el recuerdo del olor de un cabello es un vehículo.

P: Todo galope desenfrenado, todo desequilibrio lleva a un umbral.

M: Todo el fondo del escenario muestra una proyección gigantesca de una ola detenida en el instante en que está a punto de caer.

C: Tatarea el tejido del aire. Flores del vacío sobre la superficie del agua. Siempre la misma intrusa en la intimidad de sombras. El estampado no se ha decidido si permanece sobre la tela. Ella observa y apunta y apunta, pero la hoja permanece en blanco. Un tejido efervescente como champaña se extiende. Sombras rebeldes, sujetadas al techo con un alfiler. Estalactitas chismosas. Algo efímero pasa y destiñe el cielo. Irradia la corona animal alrededor de la mancha humana.

(Aparecen Zoila y la Rana en espacios diferentes.)

Z: Ritmo de estregue, ritmo de cerdas. Esquina y rincón, frote y enjuague. Que se rinda el patio, mugre de paso, pátina raspa, del piso la piel, sacarle el diablo, a baldados y a brazo. ¡Sopapo y chancleta, que chille y se aleje, él que se atreva a pisar!

R: Casi ahogarse en la vastedad de la mañana a brincos, a saltos, mi reflejo es la otra pierna que avanza cuando avanzo yo, da pisadas. Las fuentes incrustadas de adorno y peso de un jardín que espera el chorro.

Z: ¿Cómo deshuesar un deseo? Recetas, recetas. Hay que cocinar con lo que no hay tanto como con lo que hay, encontrar el equilibrio entre los ingredientes presentes y los que no se incluyen. No me hables de la muerte, que llevo dos semanas ya tratando de sacarla de la sala. Si logro darle almuerzo, quizás se irá. Tocará bajar los frascos con las especias inusuales como “lluvia desde un cielo azul” y “música aromática”. Pero nada en la cocina está de humor. La piedra se las está tirando de pacifista, la máquina de moler se queja de indigestión, y la carne se apapucha y no se deja levantar.

R: Un mundo, hay que encontrar el hilo con que atravesarlo. ¿Con qué coser? ¿De dónde sacarlo, por dónde andar, dónde se incorpora? Me asombra que más gente no se enloquece, porque todo es así pero también es de otra manera. Hay sólo fragmentos del jardín con color, media hoja aquí, sólo un ala de un pájaro allá. Una ardilla con cabeza de serpiente huele el aire con la lengua. Este jardín le parece desconocido. Hay que encontrar un escondijo transparente.

Z: A veces, hay que perseguir una sazón por todos los sótanos y todas las cavernas debajo de la casa, y siempre se puede escapar en el cruce de túneles, o treparse por una raíz al aire libre. El espesor de una salsa se alcanza en lo más alto de una torre. Trufas respiran mejor en el balde de un pozo. Sólo las lagartijas que anidan en la hiedra son adecuadas para la sopa de setas. ¡Ay Dios! ¿Qué servirle de entrada a la muerte?

M: Ambas se desvanecen. Volvemos a la conversación de A y P. Parecen hechas de luz y sombra, parecen seres vistas por un microscopio.

A: Una huella llena de agua en la arena, también puede salir en busca de la noche.

P: ¿Quisieras ser una peregrina arqueológica sellada dentro alguna formación?

A: Es hora ya de alejarnos de tus cardúmenes de candados. La luz misma revolotea alrededor del rey de mariposas.

P: Son gatos los que aletean en tus caprichos. Eres mucho más que solo dobleces ¿o no?

A (saca una peinilla): Solo una vibración y los pájaros escuchan, el río y la savia entra en un encanto.

P: Cuando las huidas se encuentran.

A: Camino bajo los búhos, y me cuentan de las constelaciones geológicas que tienen por dentro.

P: Yo con mi caparazón tengo, pero tú buscas pretendientes construidos de ecos.

A: No es asunto de ser permeable, es asunto de tejer capullos, acariciados por las cuerdas de la luz, que luego brotan pájaros rojos.

P: Si quieres, repasamos la cabeza que otro perdió en su momento doméstico.

A: ¿Cuál es la actitud de las plantas al quedarse en un lugar, al florecer?

P: ¿Piensas que al descubrir, viajas hacia ti misma? Esta casa es un traje que no se deja quitar.

A: La fuerza física del sonido construye la realidad.

C: Un escarabajo se intenta entrometer. Pero sus hombros están cubiertos por tormentas; bajo un abrigo de algas, se deleita en un río que pasa por los recuerdos de un pez.

M: La música se distorsiona bajo su carga de energía.

C: Todas sus articulaciones tienen ruedas. Hilos desde estrellas se enredan en los ejes.

(A y P ya no se ven. Aparecen R y Z en sitios diferentes.)

R: En el jardín, acá es allá. Respiramos música que vibra los filamentos que conectan todas las cosas. Esa es nuestra complicidad. Silencio es el sabor que nos deja la melancolía. El arco que traza el péndulo de la luna alcanzó a sonar contra el cielo diurno hoy. Despertó los búhos en los árboles marinos de sus sueños. Porque todo parece estar atado a algo en el jardín. Presencias emergen desde la neblina de hojas. Cuando las direcciones desaparecen, levitar es de lo más fácil. La costura donde se encuentran los reflejos para besarse. Los círculos concéntricos producidos por estos besos llenan las rosas de pétalos que sólo una espiritrompa filántropa puede romper. Lo efímero se vislumbra un instante por el resplandor de su aleteo. Presencias, hasta ahora ocultas, buscan texturas donde  encontrarse. Amanecen las abre-alas, y sus pliegues dejan que se filtre la luz. Un insecto veloz recuerda el bosque al otro lado de la cerca. Científicos trazan el vector que describe hacia un horizonte que sonroja bajo los cascos de un toro alado y galopante. A un azulejo se le ha perdido su sombra y la busca en las dobleces de unas escalas. Cae un rocío de murmullos. El caracoleo necesario para llegar al centro del jardín produce pasajes y puentes que incitan chispeos en las alturas. La huida destilada de los astros manda sus filamentos, cada vez más insustanciales, a esbozar distancias. Un enjambre de banqueros pasa en busca de deudores. La piel del mundo rajado está tatuada de inflorescencias. Un ramaje de sensaciones sube desde la cabeza de un gato como la llama de una antorcha. El coro de la cortina verde adorna la figura del grillo, la desdobla y la extiende. Frondas se reúnen para volar. Nostalgia culebrea como un alambique. Un ave se extravía en las vocales del bosque de bronquios. León, toro, pavo real; o quizás sólo gatos y ardillas. Espigas llenas de capullos espinosos. Asomarse es casi llegar. ¡Igual, el carrusel de filigrana sigue girando! ¿Si se cae y se rompe en mil pedazos? Las hojas son las llamas de mi hogar idilírio. Viene una lluvia para apagarlo. Sin su calor, solo seré otra lagartija de tantas que se lanzan por paredes y pisos ajenos.

Z: Solo un pizco de melena de nubes, y la superficie de la leche da a luz el sabor a maternidad. La clara del sol y la última lágrima por el padre se cuelan a través del mismo momento y en el mismo sitio se hierven para dar sustancia. Una taza de sombra húmeda, clavos de acero, y la ingle de un antílope, con raspado de recuerdo dulce encima. Solo así se llena esa barriga sin fondo.

M: Ya estamos acostumbrados a estos cambios y volvemos a la Señora y la Periodista. Se siente que la casa es tan grande o tan cerrada que estas dos trazan un laberinto diferente que los patios de la Rana y piezas sin fin por donde sacude Zoila, ya que el almuerzo está listo.

C: Como tiemblan los gorriones cuando esa estrella silba. Esta música traslucida arraiga la luna a la ventana, como si la ventana fuera una jaula. Pero luego la luna aparece en un pocillo, y sobre el paisaje devastado florece un clavel.

P: Entonces, ¿ahora qué? ¿Precisión en las fases?

A: Voy a levitar, y luego me rebosaré, y no podrás hacer nada al respecto. Las cosas son así, un cálculo que casi cuadra.

P: Pero si ya no te contienes, todo esto tuyo terminará.

A: Tú también quedas dentro de mi abrazo.

P: Pero una vez desligada del tapete, de los corredores, de las sábanas, ya no me darás el deleite de tu atención.

A: No será la primera vez que alguien se te haya ido. Se está haciendo tarde.

P: ¿Tiene afán?

A: Esto no es un romance.

P: Después de tantas visiones, desaparecen planetas enteros. Me da risa insinuarlo, pero me hará falta tu canto. Cambia todo cuando las escenas ya no germinan vehículos y la luz deja de sonar y conectar.

A: Te encanta escucharte a ti misma.

P: Siempre doy el brindis.

A: No estarás de acuerdo, pero esto lo termino yo. Me iré, pero no contigo.

P: ¿Con quién entonces? Desde cuando eras pequeña te llevo acompañando, desde tus primeros vuelos, esos primeros peligros. Quédate aquí conmigo un rato más. ¿Para qué salir, si el tiempo es inhóspito?

A: ¡Este momento es para sentirlo!

(Apagón.)

M: Cae una lluvia de maletas. Entra Zoila y las empieza a organizar. Entra la Rana y se sienta en ellas.

Z: Por mí no se preocupe. Yo termino de arreglar esto y me voy.
(Una de las maletas salta de la pila y empieza a brincar como un gato por todo el escenario.)

Z: Yo me pego y me despego fácil, una pelusa sobre el aire. Pocos corotos, poca carga encima.

(Zoila comienza a perseguir a la maleta rebelde que ronronea como un gato y sigue desplazándose por todo el escenario. Sentada sobre las otras maletas, la Rana la observa para allá y para acá hasta que la maleta y Zoila desaparecen por un ala.)

(La Rana mira al público por un momento en silencio.)

R: El apocalipsis es una niña sola en camino a un sitio desconocido.


FIN



*Mario Angel Quintero, Hijo de padres colombianos, George Mario Angel Quintero nace en 1964 en San Francisco, California, donde vive sus primeros treinta años. Estudia literatura en la Universidad de California y es becado en creación literaria en la Universidad de Stanford. Como George Angel, publica poemas, prosas y ensayos en revistas literarias estadounidenses y canadienses; también publica los libros en inglés: Globo (1996), The Fifth Season (1996), y On the Voice (2016). Desde 1995 reside en Medellín, Colombia, donde, bajo el nombre Mario Angel Quintero, publica los libros de poesía Mapa de lo claro (1996), Muestra (1998), Tentenelaire (2006), El desvanecimiento del alma en camino al limbo (2009), Keselazboga (2014), Mapa de las palabras (2014), la materialidad (2020), y los libros de dramaturgia Cómo morir en un solar ajeno (2009), La sabiduría de los limones (2013), y Calamidad Doméstica (2016). Es fundador e integrante de los grupos musicales Underflavour y Sell the Elephant. Es co-director y dramaturgo del grupo Párpado Teatro, con quien ha llevado más de veinte obras a escena.  
Es invitado a festivales internacionales de poesía. Porciones de su obra han sido traducidas al macedonio, portugués, sueco, croata, búlgaro, francés, italiano, albanés y árabe. Este año, se publica en Italia un libro de traducciones de sus poemas al italiano, Diventa l’albero (Samuele Editores, 2020), y en Croacia un libro de traducciones de sus poemas al Croata, Moje svjetlo i druge pjesme (Druga priča, 2020).


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