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jueves, 10 de septiembre de 2026

“Reflejo” relato de Verónica Ortiz Ortega

 
 
Un día desperté, me miré en el espejo más grande del departamento y percibí mi rostro muy similar al de mi madre, sentí miedo.
De repente observé mi reflejo y me sobrevino la idea de que de la noche a la mañana me habían salido múltiples arrugas en la cara. Empecé a mirar con obsesión cada poro, cada rasgo y detalle por medio de diferentes espejos, el del living, el del baño, pero especialmente utilizaba un espejo del tamaño de la palma de mi mano, lo podía tener cerca todo el tiempo, lo había heredado de mi abuela. Jamás conocí, pero por muchas razones, durante un largo tiempo, se convirtió en la persona más importante en mi vida.
 
En esos días de autotortura mental me subía a una silla y me miraba bajo las luces artificiales de las habitaciones, después iba al balcón me observaba un rato y luego subía a la terraza para obtener "la verdad", quería comprobar ante mis ojos; ahora sí, por medio de la luz real, la natural, si mi aspecto se había deteriorado de la noche a la mañana, o si tan solo era otra de mis distorsionadas ideas. No podía estar segura, pero lo que sí era cierto es que la angustia era constante.
 
De la noche a la mañana mi madre nos contó a mi hermano y a mí que había empezado a sentir un dolor de estómago sordo, profundo e insoportable, el cual aparentemente se había agudizado luego de ingerir una hamburguesa. Fueron pasando los días y ya no solo se trataba de un dolor de estómago, ahora le dolía una pierna, después la espalda, todas las articulaciones, hasta que un día empezó a toser sin parar. Todo su cuerpo sufría. Entonces
recordé que anteriormente había tenido un sueño donde nos encontrábamos en el estudio de casa, nos abrazábamos y sentía la tristeza de su cuerpo disolverse entre mis manos. Supe que pronto iba a morir y dejé de ver mi reflejo temporalmente, reconocí que no me encontraba en las adecuadas condiciones mentales para mirarme.
 
Recuerdo que las primeras fotografías que vi en mi vida fueron las de mi abuela paterna, una mujer que jamás vi sonriendo, pálida y ojerosa, con una solemne expresión que oscilaba entre ausencia y angustia. Yo solo era una niña pero a donde quiera que fuese me comparaban con ella, “eres idéntica a tu abuela”. No tendría más de 5 años cuando empecé a ver mi reflejo en la ventana y la buscaba a ella, la encontraba, le hablaba y también empañaba el vidrio dedicándole varias lágrimas. Sabía que había huido en medio de una guerra civil, la cual le había dejado un tic permanente en el ojo por escuchar los tiros en medio de la noche hacia cada republicano fusilado, su futuro prometido se accidentó en un avión y la dejó con el vestido de matrimonio colgado en una percha, finalmente conoció a mi abuelo, con quien jamás fue feliz, tuvo cuatro hijos “infelices” como los definió en su testamento y luego murió de cáncer.
 
Para ese entonces en el departamento de mi infancia existía un espejo que mi padre había heredado de mi abuela, era un espejo triple, me observaba seguido e imaginaba que mi yo estaba conformado por tres Verónicas, me bañaba y hablaba con ellas, lo mismo hacía cuando salía a jugar a la calle. Un día decidieron regalarlo y así fue como me quedé con un solo reflejo, con una sola imagen, la única Verónica que podía observar a través del espejo del baño.
 
Cuando mi mamá falleció tuve el pensamiento de que quizás ella y yo si teníamos algo similar en apariencia, dejé de preocuparme por esto y también pensé que probablemente algo compartía con mi abuela, solo que a ella con el paso del tiempo la había empezado a sentir cada vez más lejana y desconocida. Habían pasado varios meses y ya me había reconciliado con el hecho de mirarme en el espejo, un día lo hice detalladamente. Observé que allí nuevamente estaba yo, la única Verónica, solo que esta vez me vi diferente, distinta, de alguna manera más próxima, más real.
 

*Verónica Ortiz Ortega (1994) (Colombia, reside en Buenos Aires desde 2012). Psicóloga clínica graduada en la UBA, con un enfoque integrativo humanista-existencial y cognitivo-conductual. Ha desarrollado un camino paralelo artístico en la fotografía y en la escritura de poemas y relatos cortos.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

"Para ciertos ojos" poemas de Cristian Toro

 

Para ciertos ojos

Al final,
No todo se escribe
Para ser entendido.
 
Hay personas
Que no caben en ningún texto.
Hay presencias
Que no se dicen,
Y aun así lo ocupan todo.
 
Algunos versos
No buscan lectores:
 
Buscan ojos específicos.
 
Y si llegan,
Si se reconocen,
Entonces
Ya no hace falta decirlo.
Me siento a la mesa
Y escribo
Una vez más.
 
 
Treinta y ocho veces libre
 
Vivir el día sin prisa
Y en el día aprender a vivir.
Cortés en las formas,
Hondo en el gesto invisible.
Haré el bien en silencio,
Lo guardaré como semilla
Y sabré decir no
Cuando el alma lo pida.
 
Me niego al odio,
Me niego a la violencia,
Me niego a dejar de ser.
 
En las manos que ayudan,
En la risa compartida,
En el pan de cada día
Escribo tu nombre.
En mis dudas y certezas,
En lo que doy sin medida,
En el cauce de mi sangre
Escribo tu nombre.
Libertad que me habita,
Aunque a veces no la vea.
Nada de pausas vacías,
Ni carreras sin sentido.
Sí a las rosas que resisten
Y a la risa que florece.
 
Que el amor repose en paz
Como río que no se quiebra,
Como verso que respira,
Aunque el mundo lo olvide.
El otro vive en mi voz
Y en su rostro me nombro.
 
Y si fallo en la vida,
Si suspendo mis deberes,
Ven a mis silencios,
 
Aunque dude de tu eco.
Ven a lo que aún tiembla
A lo que aun no comprendo
Porque hoy elijo nacer
Treinta y ocho veces libre.


Luna en llamas
 
Con la ternura que me causas,
Inquieta,
Como luna en llamas…
Con esa misma ternura
Que nace en la piel,
Que nombra tu voz,
Que se apodera de mi mirada,
Que derriba mis miedos,
Que me otorga tu presencia,
Que me avizora un futuro,
 
Que me lleva a ti…
 
Con esa misma ternura,
Espléndida,
Irrevocable,
Comprendo todas las veces
Y entiendo plenamente
El valor de vivir.
 

*Cristian Toro. Riosucio Caldas, Colombia (1988). Paisa hasta la médula, hoy abriéndose camino en México. Ingeniero electrónico por la Universidad Nacional de Colombia (sede Manizales) y especialista en Gerencia de Proyectos por la Escuela de Ingeniería de Antioquia (EIA). Profesor de matemáticas, física y estadística; lector empedernido por vocación, aristotélico por convicción y serio aspirante a novelista y autor. Editor en Al Poniente (Colombia), columnista en Conexiones (México) y Founder & Chief Operating Officer (COO) de El Insubordinado. Colaborador de organizaciones como The Atlas Society y Language of Liberty Institute. Lo mueven el arte, la ciencia, la historia, la filosofía y la buena música: del rock a la salsa, con escalas frecuentes en el tango electrónico. Cree en el individuo como punto de partida; en las ideas que incomodan; y en la libertad entendida no como consigna, sino como responsabilidad. Desde ahí piensa, siente, concibe y comunica. 

martes, 8 de septiembre de 2026

"Escurridiza" poemas de Veronica Bazzo

 

Lo ves
 
Una persiana baja a mitad de la noche
un colectivo que pasa sin detenerse
el parpadeo macilento de un semáforo
una sombra que no encuentra cuerpo
 
ya lo ves
 
el mundo en su mínima rutina
en su obstinada pulsión
sellando hábitos que se repiten
          se repiten, se repiten
 
el mundo
una carcasa donde todo sucede
como si ya hubiera sucedido
 
y en ese tránsito neutro
          un destino de sentido agotado
          un seguir sin estar
permanece el amor
 
          aquello que no necesita ocurrir
          para seguir siendo.
 
 
No reclames
 
Sostengo tu espectro
con la misma delicadeza
con que se sostiene una herida
que aún respira
          que aún sangra
 
atesoro tu rastro en mi pecho
como si fuera mi pecho
la última casa en pie
después de la implosión de nuestra esfera
 
no me reclames
          todavía tiemblo
 
no me reclames
pues traigo en los ojos
una luz gastada
un cansancio que empuja
una fe que jamás se resigna.
 
 
Escurridiza
 
Me escurro por entre mis grietas
mientras el olvido
          con tentáculos imperceptibles
me rodea con ligereza y sin culpa
 
envejezco sin estruendo
          soy la tarde que perece rosa
 
los pliegues de mi piel se multiplican
y los instantes se desprenden
          son golondrinas cansadas
          confiadas en el rumbo del aire
 
quedo suspendida
contando ausencias
con manos que ya no retienen
 
el tiempo no pasa
          tan solo atraviesa mi coraza
y en su mordedura lenta
aprendo a soltar
lo que no supo quedarse.

 
*Veronica Bazzo Nació en Río Tercero (provincia de Córdoba, Argentina) en 1970, ciudad en la que actualmente reside y desarrolla su trabajo como Profesora para la Enseñanza Primaria. Además es Analista de Sistemas de Computación y Profesora Superior de Informática. Hace cinco años comenzó a explorar el maravilloso universo de la fotografía, al que tiempo después vinculó profundamente con la magia de la poesía. Desde entonces, ambas artes forman parte inseparable de su cotidianeidad. En 2023 editó su primer libro titulado "GERMINARE Poemas que fueron semillas" (Tinta Libre Ediciones). Actualmente publica sus fotos acompañadas de un poema en blogs literarios y realiza exposiciones fotográficas en museos y espacios culturales.
 

lunes, 7 de septiembre de 2026

“Domador de leones” cuento de Viviana Márquez Velásquez


…Tres jóvenes machos surgieron entre los árboles, con sus melenas aún incompletas, erizadas por el polvo y la brisa del atardecer. Dejaban entrever un vínculo forjado entre juegos, cicatrices y largas travesías. Juegos que pronto se convertirían en combates reales, y posiblemente mortales. Para estos depredadores ninguna presa es demasiado grande. Su fuerza no reside solo en los colmillos y las garras, sino en la estrategia, sagacidad y paciencia. Sobrevivir no es cuestión de poder, sobrevivir es cuestión de coordinación y colaboración...

El sonido provenía del viejo televisor del fondo, apenas iluminando el rostro asombrado de aquel niño. Vaquerito no se perdía esta serie documental cada domingo en la sala del vecino. A cada episodio, él conseguía viajar a África en segundos, en forma de águila merodeando las vastas llanuras. Era una de las pocas formas que tenía de estar entre los animales que más admiraba.

Vaquerito era el nombre que los vecinos le daban a Yerson porque vagaba por las calles de la ciudad cuidando caballos a cambio de un par de pesos o un pedazo de comida. Algunas veces huía al galope por un par de horas. No tenía un hogar fijo. Su lugar más estable podía ser el Centro de rehabilitación de Menores y su familia podía ser algún funcionario que le había cogido cariño, además del ángel de la muerte que lo acompaña desde pequeño.

Durante toda la semana Vaquerito cuidó de un caballo moro -que parecía más un remedo de la muerte- en un terreno baldío al lado del zoológico de la ciudad.  Mientras le daba unas viejas zanahorias que el dueño le había pasado, los monos tití de una jaula en una de las esquinas del zoológico, observaban curiosos y en una gran algarabía la escena del caballo y su cuidador. Parecía una escena de circo, sin carpa ni trompetas: el caballo moro, huesudo y resignado, ocupaba la pista de tierra; Vaquerito oficiaba de domador, entusiasta y sin gloria, como si el caballo fuera una bestia de circo; y los titíes, colgados de los barrotes como acróbatas diminutos, chillaban y saltaban, celebrando aquella función pobre donde la vida y la miseria parecían lo mismo.

 

Ese domingo, como de costumbre, el zoológico esperaba un gran número de visitantes. El día comenzaba con la limpieza de las jaulas y con el atendimiento a todos los animales antes de que abrieran las puertas. El rey de la selva -olvidado y herido por el tiempo y la soledad, esperaba en su jaula la alimentación de alguno de los cuidadores del zoológico. Pero alguien más se adelantó. Escalando seis metros de la reja, y con el corazón casi saliendo por la boca, agarró una rama de aquel yarumo, equilibró sus pies en los gajos, bajó por el tronco y estiró su mano. El rey, al salir a su encuentro, de un solo salto, envolvió frenéticamente aquel cuerpo frágil, olvidado por el mundo y perdido entre sus propias voces: el cuerpo de quien insistía en vivir entre leones.

 

*Viviana Márquez Velásquez nació en Medellín, Colombia, y actualmente vive en João Pessoa, en el nordeste de Brasil. Es doctora en Ciencias Biológicas, con énfasis en Zoología, y dedica su trabajo al estudio de los peces, su biodiversidad y conservación. Fuera del ámbito académico y científico, es jugadora de waterpolo y nadadora de aguas abiertas. Entre sus intereses y pasiones se encuentran el mar, los libros, la acuarela y la cerámica.

jueves, 3 de septiembre de 2026

"Perdida" poemas de Viviana Claudia Paz Sandoval


Perdida
 
Miro hacia atrás y me pregunto:
¿En qué camino nos perdimos?
Cuando soltaste mi mano y ya no pude tomarla más.
Miro nuestros pasos y las huellas se han borrado
como si nunca hubiésemos caminado juntas.
 
Miro hacia atrás y no encuentro el día,
no encuentro la escena de saberte perdida.
Vuelvo sobre la historia que se narra confusa
y entre nubes recuerdo tu sonrisa, tus ojos, tus abrazos 
pero entre nubes se esfuman, sin mostrar donde quedaste; perdida.
 
Vaporosa niña: te extraño
y te anhelo cada día
y mi pecho me dice que existes, que no fuiste un sueño…
 
Nebulosa niña: te amo
pero ya no estás 
y no sé si vendrás…
 
Borrosa niña: te busco.
En un nuevo cuerpo, 
en la misma esencia…
 
Hermosa niña, no pude evitarlo...
Perdóname, por dejarte así…
Perdida.
 
 
Desesperanza
 
¡Deja de rasguñar mis tobillos!
De tomarme los pies mientras intento avanzar.
Deja de intentar subir por mis piernas y recorrerme!
- No te quiero aquí - 
 
Para de meterte por mis ojos
y ennegrecer mi mirada.
De pesar en mis párpados, 
de arder en mis pupilas.
 
Deja de caer como gota constante en mi cabeza.
De apretar mi pecho,
de anudar mi estómago.
 
Deja de copiar su rostro, 
de mirarme desafiante desde sus grandes ojos.
De recostarte a mi lado en su cuerpo agobiado,
De escupir tus palabras por su boca, 
enmudeciendo su risa.
 
Ya te habías marchado,
ya habíamos terminado…
Y no has cambiado nada.
¿Y yo?... No he cambiado nada...
 
 
Agua
 
Te miro, te veo, te siento… Agua.
Cuando goteas despacito
sonando mientras caes
alegre, chispeante, refrescante.
 
Te miro, te temo, intento protegerme… Agua.
Te ciernes sobre mí, tormentosa.
Las nubes te derraman con frío e ira.
Tan fuerte y tan grande.
 
No sé si llueves o eres ola.
Me envuelves y avasallas,
me arrastras del camino.
Mi camino.
 
En las alturas del orgullo
te vuelves hielo.
Impenetrable,
tu mirada quema en frío sin razón.
 
Te me escapas, vaporosa,
no puedo atraparte
no puedo tomarte,
ya no puedo…
 
Te admiro, imponente e inmensa… Agua.
Me sumerjo y te siento
Flota mi cuerpo cubierto de ti,
ya no puedo ver donde limita el cielo;
me siento sin peso, no hay ruidos, solo tú.
Agua.
 

*Viviana Claudia Paz Sandoval. Mujer chilena, casada, de 40 y tantos, madre de una hija. De múltiples aficiones entre ellas la escritura. Nacida en San Antonio pero enamoradísima de la ciudad de Concepción. Ha participado en algunas antologías como "murmullo de aguas", " murmullo de alas" y "murmullo de hojas" y publicado en colaboración con su madre, un poemario Titulado "doble luna azul"

miércoles, 2 de septiembre de 2026

"Bosques y follaje tropicales " obras de Marina Comas

Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026

 



*Marina Comas es artista plástica con una trayectoria vinculada a la pintura y a la formación académica en artes visuales. Entre 1981 y 1984 realizó estudios de pintura en el taller de la artista Básica Kuperman. En 1986 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y posteriormente cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, donde profundizó su formación artística. En el área de extensión cultural en pintura, continuó su preparación con reconocidos maestros, entre ellos Pablo Renzi, en 1987, y Jorge Dermijian, en 1988. Su trayectoria artística se ha desarrollado también a través de diversas muestras individuales en espacios culturales y galerías de arte. Entre ellas se destacan Ángelus, presentada en una galería de arte en 1988; exposiciones realizadas en 1989 y 1991 en galerías y espacios de arte; así como muestras en el Centro Cultural San Martín (1993) y el Centro Cultural Recoleta (1996). En 2026 continúa vinculada a la actividad artística y presenta su obra en el Centro Cultural Resurgimiento, reafirmando una trayectoria construida a lo largo de varias décadas de dedicación a la pintura y a las artes visuales.

martes, 1 de septiembre de 2026

"La muerte y las lobas" poemas de Nideska Suárez

La muerte y las lobas
 
La muerte como algo cotidiano
sin dientes a la orilla de un río
con el corazón fuera del pecho.
¿Quién se lo habrá arrancado?
Seguramente el opio del deseo
las alas desplumadas
el alma envenenada
la salvación inoculada en las venas.
 
¿Y la belleza?
¿Dónde está la belleza?
Siempre intocable y lejana
en las lágrimas de los miserables
ausente del lodo y los conjuros.
 
Hoy dejo aflorar mi propia sombra
en este nenúfar del pasado.
 
Palpita un aullido en mis entrañas
viene a mí el olor de otras lobas solitarias
perdidas bajo el desierto de mi carne.
Ellas ya no huyen de la muerte
la saben como algo cotidiano
sin dientes a la orilla de un río
con el corazón descosido en el pecho.
 
 
Tan grande como una perla
 
A veces la luz es la propia sombra
cual alfiler clavado
en la tierna carne de la ostra.
De ese dolor nace la perla
lágrima ciega enclaustrada
entre conchas de nácar
ignorante del vasto océano que la rodea.
Así de pequeño es nuestro gran dolor:
el mar continuará existiendo
aun cuando la ostra se haya ido.
 
 
Ni una lágrima
 
No hay quien llore a los condenados del mundo.
No hay quien los llore
o riegue sus marchitas raíces.
Somos nosotros los condenados
y andamos por el mundo
sin saber llorar como los árboles.

 
*Nideska Suárez Nació en Caracas, Venezuela. Es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, cursante de la Maestría en Estudios Literarios, en esa misma casa de estudios. Es novelista, cuentista y poeta. Ha ganado varios concursos literarios a nivel nacional e internacional. Con su novela El huevo del mundo ganó el Premio de Narrativa Francisco García Pavón, en España (2002), siendo la primera escritora latinoamericana en obtener dicho galardón. En el género de literatura infantil publicó, con el Grupo Editorial Norma, el cuento Lo que encontró Makuna, en la Colección “Torre de papel” (2008). En el año 2018 publicó la plaquette de poesía La línea de mi cuerpo y en el 2023 publicó el poemario Desde mi útero, el cual está disponible en Amazon.

lunes, 31 de agosto de 2026

"Tristeza" pinturas de Elsa Valenzuela


Nombre: Tristeza
Técnica: Tinta, marcadores, lápices de colores, acrílico,
tempera y acuarela sobre papel
Medidas: 33x25cms
Año: 2026

 

Nombre: Conmoción
Técnica: Tinta, marcadores, lápices de colores, acrílico,
tempera y acuarela sobre papel
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



Nombre: Nostalgia
Técnica: Grafito, tinta, marcadores, lápices de colores, 
acrílico y tempera sobre papel
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



Nombre: Desengaño
Técnica: Lápiz blanco, acrílico y 
tempera sobre papel.
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



Nombre: Asombro
Técnica: Grafito, tinta, lápices de cera, lápices de colores, 
acrilico y tempera sobre cartulina.
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



Nombre: Esperanza
Técnica: Lápices de colores, acrílico, 
tempera y óleo pastel sobre papel.
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



Nombre: Inquietud
Técnica: Lápices de colores, acrílico y tempera sobre papel.
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



Nombre: Tranquilidad
Técnica: Lápices de colores, acrilico y tempera sobre papel.
Medidas: 33x25cms
Año: 2026



*Elsa Valenzuela, oriunda de Lima, Perú, es bachiller en Artes Plásticas y Visuales, con especialidad en Pintura, y cuenta con formación en Derecho y Ciencias Políticas, así como estudios de especialización en Educación Artística, Cultura y Ciudadanía.  Durante gran parte de su trayectoria se dedicó a la enseñanza del arte y a la proyección social mediante el desarrollo de proyectos artístico-educativos en los campos de las artes plásticas y visuales, vinculados con la cultura y la ciudadanía. Actualmente desarrolla su práctica artística en su taller personal, donde explora principalmente el dibujo y la pintura a través de medios mixtos y múltiples, además del collage, el arte textil y los ensamblajes. Los árboles constituyen uno de los elementos recurrentes en su obra y funcionan como una forma de expresar emociones, sentimientos y experiencias personales. Un ejemplo de ello es la serie Arboleda, que nació como una especie de diario visual, construido poco a poco, día tras día. La obra permaneció en reposo durante un largo período y fue retomada y concluida recientemente, en un proceso similar a la revisión de un texto: eliminando, incorporando, transformando o conservando elementos tal como habían surgido originalmente. Su práctica artística se caracteriza así por un proceso íntimo y reflexivo, en el que la experimentación con diferentes técnicas y materiales se convierte en un medio para explorar la memoria, las emociones y las experiencias que atraviesan su vida. 

viernes, 28 de agosto de 2026

"La Furia que Me Devolvió el Nombre" Cuento Janneth Guarin Ayala


Estaba dentro de mi camioneta cuando empezó a agredirme.

En medio de la discusión, escuché una orden: bájese.

Era mi esposo quien me golpeaba para obligarme a bajar del carro.

Los golpes llegaron primero desde adentro, cerrados, urgentes, como si mi cuerpo fuera un obstáculo que había que sacar.

Yo no me bajé.

Entonces él descendió del vehículo. Desde la puerta del conductor, sosteniéndose del techo, comenzó a darme patadas. Una tras otra. El metal vibraba. Mi cuerpo recibía. Yo seguía ahí, atrapada, sin espacio para moverme, sin tiempo para pensar. No estaba discutiendo. Estaba sobreviviendo.

Al ver que no lograba sacarme, rodeó la camioneta. Abrió la puerta de mi lado y volvió a golpearme. Después me jaló del brazo con fuerza y mi cabeza se golpeó contra el carro. Ese sonido seco, brutal, todavía resuena en mi cuerpo.

Y entonces escuché el grito.

—¡Para! No le pegues a mi mamá.

No fue un ruego, sino un mandato desesperado que rompió la burbuja de la agresión. La voz de mi hijo. Al mismo tiempo, mi hijo menor lo golpeó por la espalda con una vara de madera. Una vez. Y otra. Y otra. No por rabia. Por protección.

Ese acto fue lo que detuvo la agresión. No porque el hombre entendiera. Sino porque un niño cruzó una línea que ningún niño debería cruzar jamás.

En ese instante algo se rompió definitivamente dentro de mí. No fue solo el dolor físico. Fue la comprensión brutal de que mi hijo había tenido que convertirse en adulto para defenderme. De que mi silencio lo había empujado a ocupar un lugar que no le correspondía. De que yo estaba enseñándole, sin querer, que la violencia era un idioma posible.

Ahí nació la furia. No como un grito. No como un ataque. Sino como una certeza clara, fría, irrevocable: esto no puede continuar ni un día más. No como la chispa que incendia, sino como la corriente subterránea que socava los cimientos.

No me fui al día siguiente. La furia tardó en volverse estrategia, pero se quedó un tiempo más, con el cuerpo adolorido y el alma en estado de alerta permanente. La casa se volvió un territorio extraño. Nada había cambiado afuera, pero yo ya no era la misma. Miraba a mis hijos distinto. Con una mezcla de amor feroz y culpa muda. Cada gesto cotidiano estaba atravesado por una pregunta que no me dejaba en paz: ¿cómo llegamos hasta aquí?

Durante años me habían dicho que la rabia era peligrosa. Que una mujer rabiosa es exagerada, conflictiva, inestable. Pero mi rabia no me destruyó. Me ordenó. Fue ella la que me impidió volver a justificar. La que no me dejó olvidar. La que se quedó despierta cuando el miedo quería convencerme de quedarme.

Empecé a escuchar mi cuerpo. El cansancio extremo. El nudo permanente en el estómago. La tensión que no se iba. Mi cuerpo no quería sanar para seguir igual. Quería salir. Ahí entendí algo que nadie me había enseñado: mi rabia no era solo mía. Era heredada. Venía de mi madre. De mi abuela. De tantas mujeres que se quedaron porque no había opción. Yo sí tenía una. Aunque me aterrara.

La migración no fue un sueño. Fue una huida. No una huida cobarde, sino necesaria. El acto más radical de amor que pude ofrecerles a mis hijos y a mí misma.

Me fui tiempo después, cuando pude. Cuando el cuerpo aguantó lo suficiente. Cuando la furia dejó de arder y se volvió dirección.

Irme fue perderlo todo: la identidad, la seguridad, la historia conocida. Pero quedarme era perderme yo. Y eso ya no estaba dispuesta a negociarlo.

El exilio no fue romántico. Fue silencioso. Solitario. Duro. Ahí no era esposa. No era víctima. No era nada reconocible. Pero en ese no-ser, algo empezó a nacer. La furia ya no gritaba. Se había convertido en una certeza: el silencio se había acabado. Ya no había herencia que proteger, solo una vida que reclamar.


*Janneth Guarin Ayala escribe desde el cuerpo y la experiencia del exilio y la reinvención. Su narrativa cuestiona las estructuras del silencio y el mandato de la violencia. Seleccionada en antologías de narrativa hispanoamericana por la Editorial Tres Gatas, su trabajo busca transformar la historia personal en una herramienta de claridad estratégica para otras mujeres. Es, ante todo, una arquitecta de su propia historia.

jueves, 27 de agosto de 2026

"El último romántico" pinturas de Shanelli Barraza Solano


Nombre: El último romántico
Técnica: Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 40 cm x50 cm
Año: 2025
 


Nombre: Cuando ví a la sombra como hermana de la luz.
Técnica: Pintura acrílica sobre papel acuarela
Medidas: 30 cm x 40 cm
Año: 2026



Nombre: Enamorado de una desconocida .
Técnica: Pintura acrílica sobre papel acuarela
Medidas: 30cm x 40 cm
Año: 2026



Nombre: El día que la muerte llegó.
Técnica: Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 30 cm x 40 cm
Año: 2025



Nombre: El rojo más puro.
Técnica: Pintura acrílicas sobre lienzo.
Medidas: 30 cmx 40 cm
Año: 2026



Nombre: Aprende a decir adiós ante la inmensidad del río .
Técnica: Pintura acrílicas sobre lienzo.
Medidas: 30 cmx 40 cm
Año: 2026


Nombre: Conmigo mismo
Técnica: Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 40cm x 60cm
Año: 2025

*Estudiante de Artes Plásticas, docente y gestora cultural. Especializada en pintura, escultura y dibujo, con interés en la escritura creativa y la música. Mi obra plástica se enfoca en motivos surrealistas y estética primitiva. En constante búsqueda de nuevos conocimientos para enriquecer mi práctica artística, con especial interés en la experimentación, el trabajo colectivo y la difusión de conocimientos.

miércoles, 26 de agosto de 2026

"Después de la muerte, el amor" poemas de María Fernanda Morales


Después de la muerte, el amor
 
Cada día sospecho más de mí mente,
ese majestuoso lugar en el que puedo...
puedo ser el hada de tus versos de amor,
puedo darte besos de dulce sabor,
el sabor de la miel de mis labios y los tuyos.
 
Cada día puedo imaginar lo que puede ser
la fórmula exacta de la realidad,
¿podrías creerme cuando te digo
que te quiero de verdad?
 
El miedo comienza a gobernar las
ataduras de mi lengua muerta de sed,
sed de incertidumbre, sed de tu amor,
quiero ser un pensamiento infinito a tu lado
dibujando nuestros nombres sobre el suelo.
 
El mar sería nuestro testigo eterno
dejaríamos ir nuestro aliento con las olas,
y nuestras sonrisas serían el estruendo
que ellas provocan.
 
Cada día comprendo menos nuestro andar,
solo no dejes que el viento arruine las hojas
de la inmensa historia que creamos
al permanecer juntos y amarnos sin lugar.
 
Ninguna medida de tiempo es suficiente
para poder expresar lo que mi corazón siente
y si aún no es suficiente,
te lo podría demostrar después de la muerte.
 
 
 
Nuestro Mundo
 
Quiero escapar de este mundo
Al mundo que creó mi mente
La primera vez que vi tus ojos
Aquellos que brillaban
Como una llama ardiente
Que ilumina la noche oscura.
 
El mundo que creó mi piel
Al sentir la primera caricia
Que vino de ti, suave,
Delicada como el roce de la
Hoja que cae del árbol en otoño.
 
El mundo que crearon mis labios
La primera vez que acariciaron los tuyos
En una sintonía perfecta y envolvente
Que podría repetir una y otra vez.
 
Que hermoso mundo estamos
Creando juntos de la mano,
Por ti creo aún más
Que la vida es llevadera
Si existe el amor en ella.
 
 
El Pétalo y La Flor
 
Siendo un sedoso pétalo de rosa
En una tarde de verano,
Caí en picada de aquella flor,
La caída más lacerante la sentí,
En ese momento supe que
Mi vida había terminado.
 
Vi transcurrir mis
Últimos segundos,
Vi evaporar mi
Último aliento,
Dejando detrás a mi creadora.
 
En el momento en que toqué
La humedad de la tierra
Suspiré y dije: “Gracias vida por todo”
Mientras aquella mujercita
Me colocaba detrás de su oreja.


*Originaria de Villahermosa, Tabasco, María Fernanda Morales Castañeda encuentra en el alma tropical y el intenso calor de su tierra una fuente inagotable de inspiración. Graduada en 2024 como Ingeniera en Mantenimiento Industrial, equilibra su perfil técnico con una pasión literaria que cultiva desde los quince años. Lo que comenzó como un pasatiempo se ha transformado en un universo poético subjetivo que abraza desde la naturaleza hasta la introspección emocional. Entre tazas de café frío, música y lecturas románticas, construye versos que fluyen con la versatilidad de sus vivencias. Bajo el seudónimo de Fer Fresita, comparte su sensibilidad y estética visual en redes sociales, consolidando su comunidad creativa a través de su cuenta de Instagram @fresitaentrelineas.