LA
PLUMA
La
pluma negra en la mano aletea desesperada,
su silueta distante captura el viento inclemente:
Usurpa sueños tardíos y temores que habitan el horizonte
donde noches ensimismadas escudriñan el fondo de lo oscuro,
lento mastican la zozobra de impuros gemidos,
de piel profana como sepulcro, y ecos
vagan como fantasmas y relámpagos
alumbrando tempestades nocturnas.
¡No!,
no hay nada tangible en la alborada de este paisaje de llanto,
sus crispadas alas amortajan la esperanza y en la sombra huyen.
La
pluma negra en la mano lamenta como estaca
y como carne fragmenta y desdibuja el mapa clandestino.
Y el alarido, ¡sí!, el alarido de su vuelo.
El
dibujo del oscuro laberinto.
¡Oh!,
esperado e inesperado retorno.
El
cuervo reposa sus garras sobre mi mano.
DETRÁS
DE LA MÁSCARA
Aquí
estoy con la máscara cubriendo el rostro
para no espantarte, para que no salgas corriendo
¡cuán
débiles son las carnes desgarradas,
como seda atrapada en espinos blancos!
Y sus hilos trémulos,
y la humedad de los ojos, buscan con ansias tu imagen,
y me aferro para no caer en el vacío, en el lóbrego agujero
que succiona mi esqueleto
y
siento frío
y desespero
y la soledad corroe los pensamientos,
y la tristeza, ¡Sí!, la tristeza adherida al aliento
empaña el espejo donde veo al espectro
las
pesadillas asoman, el temblor acaricia los dedos
el
viento viene a jugar
con el fantasma de los cabellos, jirones del alma
vuelan esquizofrénicos, vuelan y se retuercen: culebras
intoxicadas con su propio veneno
¿dónde
están los cabos sueltos?
agitado
el pecho convulsiona
y lágrimas bañan el rostro
inundan los ojos que te buscan en el firmamento ficticio
una
voz sofocada grita desde el interior
y las manos aladas tapan la boca
- es la conciencia que emerge de su grietay exasperada clama:
¿sabes
lo que es ser mujer y no poder serlo?
y
la lucha infernal comienza
y la lucha terrenal no acaba
no
reconozco lo que muestra el espejo
esos ojos hundidos, mustio el semblante,
la palidez de la muerte
y su alarido
y de pronto el corazón salta, en el cuerpo de otro,
y te leo de nuevo, te siento cercano,
eres el único que despavorido no huye,
el único que conoce la locura palmo a palmo
la
luz apagada de los ojos te mira
y del corazón brotan pétalos negros
como la noche cubre con su manto la vida
la
sombra luminosa del abrazo sale a tu encuentro
y quedo ahí fundida con el eco silencioso de tus palabras
con el arrullo mudo de un no sé qué
que espero.
TRASHUMAR
Han
descendido los pasos
hasta tocar el fondo del trapecio invertido,
ése que pulula la luna de los siglos.
Las
veces que subieron y bajaron
dejando en cada una la piel,
ésa que profana el sepulcro de los sueños y revelaciones.
El caminante dormido irrumpe en el espacio,
sostenido sólo por los gritos que enmudecen a las sombras:
Entonces
sabrás que llegó el momento
de arrancarte el alma con las uñas, con los dientes la carne,
de trashumar el misterio de la inconsciencia
y palpar y aplacar esa fiera cuyos gruñidos hacen temblar.
Remanentes
son mis huellas.
¿Hacia dónde?
TAL
VEZ
Tal
vez el vago reflejo
de la existencia aferrado,
al endeble hilo de la memoria
el que asoma a mirar la vida desde las rendijas,
el que flota en la penumbra del agua
y corre triste y gris
por las arterias olvidadas de la ciudad,
al reciclamiento.
Tal vez solo un fantasma que olvidó su muerte
y aferrado a los despojos,
se arrastra, gime y blasfema.
O colgado en los andamios del tiempo,
tocando puertas, ciertamente la última.
Tal
vez solo una sombra
que se desplaza en la calzada,
negada a sumergirse en la soledad
quien no es nada y aceptar que los días tienen término.
Tal
vez quien escribe versos oprimiendo estos dedos, tal vez.
su silueta distante captura el viento inclemente:
Usurpa sueños tardíos y temores que habitan el horizonte
donde noches ensimismadas escudriñan el fondo de lo oscuro,
lento mastican la zozobra de impuros gemidos,
de piel profana como sepulcro, y ecos
vagan como fantasmas y relámpagos
alumbrando tempestades nocturnas.
sus crispadas alas amortajan la esperanza y en la sombra huyen.
y como carne fragmenta y desdibuja el mapa clandestino.
Y el alarido, ¡sí!, el alarido de su vuelo.
para no espantarte, para que no salgas corriendo
como seda atrapada en espinos blancos!
Y sus hilos trémulos,
y la humedad de los ojos, buscan con ansias tu imagen,
y me aferro para no caer en el vacío, en el lóbrego agujero
que succiona mi esqueleto
y desespero
y la soledad corroe los pensamientos,
y la tristeza, ¡Sí!, la tristeza adherida al aliento
empaña el espejo donde veo al espectro
con el fantasma de los cabellos, jirones del alma
vuelan esquizofrénicos, vuelan y se retuercen: culebras
intoxicadas con su propio veneno
y lágrimas bañan el rostro
inundan los ojos que te buscan en el firmamento ficticio
y las manos aladas tapan la boca
- es la conciencia que emerge de su grietay exasperada clama:
y la lucha terrenal no acaba
esos ojos hundidos, mustio el semblante,
la palidez de la muerte
y su alarido
y de pronto el corazón salta, en el cuerpo de otro,
y te leo de nuevo, te siento cercano,
eres el único que despavorido no huye,
el único que conoce la locura palmo a palmo
y del corazón brotan pétalos negros
como la noche cubre con su manto la vida
y quedo ahí fundida con el eco silencioso de tus palabras
con el arrullo mudo de un no sé qué
que espero.
hasta tocar el fondo del trapecio invertido,
ése que pulula la luna de los siglos.
dejando en cada una la piel,
ésa que profana el sepulcro de los sueños y revelaciones.
El caminante dormido irrumpe en el espacio,
sostenido sólo por los gritos que enmudecen a las sombras:
de arrancarte el alma con las uñas, con los dientes la carne,
de trashumar el misterio de la inconsciencia
y palpar y aplacar esa fiera cuyos gruñidos hacen temblar.
¿Hacia dónde?
de la existencia aferrado,
al endeble hilo de la memoria
el que asoma a mirar la vida desde las rendijas,
el que flota en la penumbra del agua
y corre triste y gris
por las arterias olvidadas de la ciudad,
al reciclamiento.
Tal vez solo un fantasma que olvidó su muerte
y aferrado a los despojos,
se arrastra, gime y blasfema.
O colgado en los andamios del tiempo,
tocando puertas, ciertamente la última.
que se desplaza en la calzada,
negada a sumergirse en la soledad
quien no es nada y aceptar que los días tienen término.
*Ruth Ana López Calderón (Sucre, Bolivia, 1968).
Secretaria ejecutiva, empezó a escribir hacia finales del año 2010. De
formación autodidacta. Está incluida en
el directorio REMES (Red mundial de escritores en español). Su obra se
halla reflejada en la web ARTE POÉTICA (Antología de poesía universal) y
ha publicado sus textos en diferentes revistas literarias del ámbito Internet,
tales como Letralia, Almiar, Proyecto Patrimonio, CineReverso, Gaceta
Virtual, Morsadice, INVENTIVA Social, Revista Literaria Guatiní, Palabras
Escritas Por Dentro, Avda. Los Escritores, Museu Posmoderno, Odiseo en el
Erebo, Literatura del Mañana, Al borde de la palabra, Los Palabristas de Hoy y
De Siempre, Comunidad de Escritores Papeles Olvidados, Revista Palabras
Diversas, Eclipses Poética de Actualidad, Revista Review Bolivia, Revista Con
voz propia. Sus poemas han sido leídos en varios programas de radio en
Buenos Aires-Argentina.
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