viernes, 17 de julio de 2020

"Un secreto oculto" Cuento de Walter David Castillo Cáceres


Un secreto oculto

Conocí a Don Germán, fue un ex combatiente de la segunda guerra mundial.
En realidad su nombre real era, Albert Fritz Neumann Germanns. Sí, era un soldado Nazi, que había emigrado a escondidas en el año 1944, no quiso luchar en una guerra, como según el mismo decía, -cuando te das cuenta que la guerra es tan fácil de entender, que la muerte y las lágrimas, son simple negocios- y creo, que tenía toda la razón. ¿Saben lo que significa el nombre Fritz? según me había comentado... significa, "gobernante pacífico", ¿por qué les hablo de esto? Porqué el señor Germán era un pacifista, a pesar de haberse enrolado para el ejército Alemán, y haber sido uno de los pilotos y copilotos. Prácticamente todos deberían enrolarse de manera obligatoria, aun así fue un pacifista.
Cuando fue llamado para Normandía, iba a ser su primera participación, al igual que su otro compañero también pacifista y amante de la naturaleza.

Tuvieron que desertar, pero, prepararon una gran estrategia para huir y esconderse, con su compañero de vuelo, buscaron pasar desapercibido.
Albert Fritz Germanns, que cariñosamente lo llamábamos, Don Germán, me había contado que ambos tenían sus respectivas novias en aquellos años, pero que lastimosamente la vida, el universo y Dios, quisieron que ambas tomasen el mismo camino. Murieron a causa de la guerra, han quedado bajo los escombros de la codicia, le pregunté.

-¿La amabas?
-No sabes cuánto la amaba, inclusive, días antes de su muerte, le propuse matrimonio, fue el día más feliz de toda mi vida.
También me comentó de toda la historia, que el 13 de noviembre de 1944 pasó a formar parte de la Fuerza Aérea Luftwaffe, fue designado para ir a combatir a Normandía, en dónde fue trasladado en una avioneta tipo Fw 190. 1944, en compañía de compañero de vuelo el piloto Faber Weber. Era su camarada de vuelo y debían aterrizar en un campo donde ya habían invadido en los alrededores de París. Comenta que tuvieron la ingeniosa idea de cortar las comunicaciones, y desviar el camino, rompiendo vuelo a través del océano. Ya que en plena guerra era prácticamente normal que los aviones pierdan su rumbo antes de llegar a combate, y pierdan el radar.

Tenían bastante combustible como para llegar a Suiza, que en ese entonces había declarado su neutralidad perpetúa, llegaron a una base militar en donde un Capitán de Suiza, que era amigo del que conducía el avión, les consiguió pasajes para salir de ese país con pasaportes de Diplomáticos. Realmente era fantástica la historia, que le dije.
- ¿Es real todo esto Don Germán?
- ¿Para qué mentirte? Te muestro algo que hará que cambies de parecer.
Fue a la habitación, y al volver traía algo en las manos, era una caja de madera del tamaño de la palma de su mano, dentro de ella, había el pasaporte del año 1944, como diplomático argentino, con el nombre de Germán Álvarez Alcalá, también tenía guardada la insignia de la Fuerza Aérea, era una águila sosteniendo una esvástica, que miraba a una dirección, también tenía otro escudo que iba al pecho de una cruz negra con alrededores de color plateado, ya se notaba en ella que estaba pasada de años.

El otro compañero, Faber Weber, le dieron también la nacionalidad Argentina, con el nombre de Miguel Velázquez, pero todo esto para poder salir del país e ir directo a la tierra de los vinos. No sabían hablar -ni jota- el castellano, no sabían a dónde irían a parar, irían a un país totalmente desconocido y diferente. Pero de alguna manera la desesperación hizo que vayan tomando rumbo a esa nación.

En Argentina había un pariente lejano del señor Faber, que ya estaba esperando por ellos en un terraplén donde había una pista de aviación improvisada. Tuvieron que volar un avión distinto, un avión mas comercial.
El señor Faber fue a vivir a otra ciudad de Argentina, creo que estaba por Buenos Aires. Cada uno por su lado para no llamar la atención de nadie, y que nadie sospeche de sus identidades reales.

Don Germán, llegó a vivir una vida tranquila hasta un tiempo determinado, hasta que la segunda guerra mundial acabó. Los alemanes se rindieron a principio de mayo de 1945, y comenzó la cacería de brujas. Había personas de las Fuerzas Especiales de distintos países, pero liderada por las Fuerzas Israelíes y Norteamericanas, que iban por el paradero de los soldados que huyeron de Alemania, más aun aquellos países que salieron muy afectados, así también, personas civiles que buscaban la cabeza de cada uno de los soldados alemanes, personas que escaparon de la guerra por ser judíos. Algunos de ellos que habían perdido familiares, amigos, sus amores.

La gente del vecindario por los alrededores de Palermo, en Argentina, ya suponían de dónde realmente provenía el señor Germán, corría la voz de que él era soldado de alto rango Nazi, según él mismo me comentaba,
-la gente me miraba de manera diferente, ya no saludaban, algo raro estaba sucediendo-.
Unos meses después, que Don Germán estaba residiendo en Palermo. Una madrugada, despertó para ir al baño, cuando estaba llegando al sanitario e iba a encender la luz, observó que una sombra pasaba por enfrente de la casa, fue a una esquina para observar desde una ventana que miraba hacía la calle... fue, se acercó, y observó un vehículo estacionado, y dos personas dentro de ella, eran las 2:30 horas de la madrugada, ¿Quién a esa hora sigue despierto?, corrió a la habitación a buscar su arma de fuego, silencio total, se puso a esperar en el pasillo, para tomar de sorpresa al que intentase ingresar a su casa. Estaba desesperado, con el tiempo ya había conocido a una hermosa dama, era de nacionalidad paraguaya, ya estaban empezando una nueva vida, y tomaron la decisión de vivir juntos.

Según me había dicho, conoció a Herminia Segovia en un bar, su novia en aquél entonces, que luego enviudó de ella.
Entonces había de que realmente preocuparse, estaba su amada allí, en la habitación durmiendo, y debía velar por ella.

Al rato despierta Herminia, le pregunta, qué estaba sucediendo, a lo que le responde pidiéndole que vaya a la habitación, que vaya allí a esperar. Don Germán nervioso, espera en una esquina, como un guepardo que está esperando por su presa, pasan y pasan los minutos, y nadie entra, ni un solo ruido por afuera. Va lentamente a la sala, y observa por la ventana, que el vehículo ya no estaba allí, respira y se siente más aliviado, tranquilo, pero no tan tranquilo, sabía de que se trataba de alguna organización que estaba detrás de él, que lo estaban investigando día y noche, que lo iban a tomar de sorpresa en algún momento, a él, o a su querida novia. No quería por nada en el mundo que le sucediera algo que pudiera lastimarla. Herminia sabía de la vida de Germán, sabía su verdadera nacionalidad y lo que realmente significó la guerra para él, sabía toda su historia, no quería ocultarle nada, así que decidió contarle toda la verdad, y así empezar de cero.

Entonces, luego de lo sucedido, esa misma madrugada, su pareja ya dormida nuevamente, va y la despierta.
-Prepara tus cosas amor, debemos salir lo más ante posible.
- ¿Dónde iremos?
- Vayamos a visitar a tus padres en Paraguay, seguro que te extrañan. ¿Te parece si vamos?
- Cuéntame la verdad Germán. ¿Ya no volveremos aquí? ¿Estas huyendo de alguien?.
- Debemos salir de aquí cariño, volvamos a empezar, pero, que sea fuera de éste país. Me encantaría ir a vivir en tu querido país, Paraguay, conocer a tu gente, a tus padres, a tus familiares.

Herminia había ido a la Argentina para trabajar, ya estaba por allí dos años, y por la coincidencia de la vida, se conocieron y se enamoraron a primera vista, fue amor instantáneamente. Germán se enamoraba por segunda vez, y de manera más intensa.
Esa misma mañana, Germán contacta con un amigo, para que le preste dinero, a lo que el amigo no tenía la cantidad necesaria, se ofreció a llevarlos hasta Formosa, frontera con Paraguay.

Preparaban todas las cosas que eran esenciales para el viaje, Herminia sale de manera desapercibida, iba llevando las cosas uno a uno de manera sutil, sin muchas cosas que llevar, solo lo que realmente necesitaban, ella iba cargando lo necesario y, él iba organizando la huida, todo en disimulo, en silencio, sin llamar la atención del vecindario.
Mientras el amigo esperaba por ellos de manera serena, cuidando no llamar la atención de la gente, el motor apagado, mientras encendía un cigarrillo para calmar las ansías.
Cuándo las cosas ya estaban listas dentro del vehículo, tomaron rumbo a la frontera, tardarían aproximadamente 20 horas de viaje, todo lo ahorrado invirtieron en combustible y alimentos, y dejaron algunos pesos para los pasajes y que les sobre dinero para unas semanas más. Nuevamente Germán estaba huyendo, pero como él decía.
-Huir no es de cobardes, cobarde es aquella persona que niega la libertad, y niega la historia-

Llegaron luego de un largo viaje a Formosa, de ahí tuvieron que tomar un bus, para ir y pasar por la frontera con Encarnación, y posteriormente ir a la capital, Asunción. Ya en la ciudad les estaba esperando una casa, que hace tiempo había comprado la señora Herminia, para mudarse cuando ya estaban más estabilizados económicamente. Se casaron en Paraguay, específicamente Luque, no llegaron a tener hijos, pero adoptaron a una niña y un niño, la niña falleció a los 16 años, y el niño ya mayor de edad, al pasar los años, nunca más les visitó. La vida a veces es ingrata.                      
La casa de ellos era sobre Lilo y Teniente Vera, en una esquina, lo sé, por que también viví allí, fuimos vecinos por varios años, hasta que la señora Herminia falleció en 1990,
Los padres de la señora Herminia, vivían en Luque, a unos diez kilómetros de la capital.
Fuimos vecinos por mucho tiempo, en los años noventa, llegamos a ser grandes amigos, me contaba todo, confiaba tanto en mí, que me comentó sobre ésta gran historia.
Me había contado toda su vida, de su familia, de sus amores y andanzas, lo mucho que tuvo que luchar para esconderse y evitar ser atrapado, huyó, pero huyó con orgullo de la guerra, no tenía nada que perder al intentar, sus amigos y familiares y su amor de la era del Nazismo, habían muerto, ya no tenía motivo de vivir esa vida, y ser un simple títere que era manejado por hilos de altos mandos militares, cansado de las decisiones tomadas por Adolf Hitler, Hermann Göring y otros que les obligaba a defender lo indefendible. Es así que decidió con su gran amigo Faber, a dejar esa vida de muerte y ruinas, y buscar un nuevo porvenir.

¡Ah! Si se preguntan qué pasó de Faber Weber, pues bien, según Don Germán, falleció a mediado de los años ochenta, por un problema pulmonar, era fumador constante, y el resto de la historia ya siquiera es necesario contar.
Fue una hazaña sin igual, todo lo que él había atravesado, para llegar a vivir una vida diferente, tranquila y feliz.
Antes de morir me dejó todo lo que la guerra le había dejado a él, diciéndome.
-Alguna vez, viví esta vida del Nazismo, pero nunca fui orgulloso de servir a un país que discrimina, raza, credo, o la existencia misma.
-Te entrego esto, esto es historia, vida, esto fui yo, alguna vez. Y solo en ti confío para entregártelo antes de partir.
Hasta hoy en día lo conservo conmigo.
Y así será hasta que Dios diga basta.

Esta historia es ficticia, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.
                                                                                                                              
                                                                                                                                Fin.

*Walter David Castillo Cáceres, Paraguay. Escritor, poeta, novelista, percusionista, presentador de radio. Abogado, egresado de la Universidad Privada del Este, Sede-Hernandarias. Es Embajador Universal de la Cultura, avalada por la UNESCO, Sede en Francia. Es actual vice-presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay, Sede - Alto Paraná. Ha sido nombrado Coordinador Nacional en Paraguay por la Unión Mundial de Poetas por la Paz y la Libertad.

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