lunes, 20 de julio de 2020

"La fractura" Relato de Francisco J. Barata Bausach



Suenan las palabras de Lord Rutherford, nuestro “Gran Maestro”. Cada mañana, en los sencillos, aunque limpios, barrios de los “ciudadanos productivos” escuchamos una música estridente, pero armónica compuesta por el “Gran Maestro”, que nos despierta del sueño reparador que hemos merecido por tanto trabajo del día anterior. Entre semana está prohibido hacer nada que no sea dormir, el trabajo del día siguiente no debe alterarse con cansancio malsano. Lord Rutherford compone preciosas canciones para que el amanecer nos sea más grato y nadie se quede durmiendo, es malo para el sujeto y la sociedad.


Al poco rato, cuando se supone que estamos ya despiertos, sobre una seráfica música de fondo, también compuesta por Lord Rutherford, se escuchan sus pensamientos sobre la importancia de nuestro trabajo para que los demás colectivos ciudadanos puedan ejercer en paz sus funciones. Sus palabras nos hacen ir con el espíritu enhiesto, y contentos por nuestra responsabilidad.


Cuando los responsables de las cadenas de producción, están especialmente satisfechos con la calidad de nuestro trabajo, que no siempre es así, porque comprendemos que nunca, nunca, la perfección de nuestro quehacer es la que nuestro “Gran Maestro” desea, nos regalan un chip insertable en nuestra cabeza con todas las canciones del “Gran Maestro”. Para todos nosotros, que nos reconozcan el trabajo bien hecho es la mayor bendición recibida del “Padre Creador”, Lord Rutherford.


Los domingos es el día que los “ciudadanos productivos” tenemos concedida libertad para reunirnos con nuestras mujeres e hijos; nuestro mayor placer es cantar, todos juntos, las canciones tan queridas de nuestro   alabado “Gran Maestro”.


Si algo empaña la felicidad que nos produce vivir en este idílico paraíso creado por Lord Rutherford, y tan bien aconsejado por los “ciudadanos intelectuales”, es que con mi hermano, el “ciudadano intelectual” número 1.235-ZXY, no puedo estar con él cómo hacíamos de pequeños.


Comprendo que no estén permitidas las relaciones entre los distintos grupos de ciudadanos, porque eso alteraría la armonía de los colectivos diseñados por el “Gran Maestro” para el bien de nuestra sociedad. Mi hermano y yo, en el periodo familiar, antes de que le asignaran un número y una función en la sociedad, le llamaban Relix. Hablábamos mucho, era muy inteligente. En la época infantil aún no se controlaban las conversaciones familiares; pero nos decían que lo mejor para el desarrollo de nuestra utópica sociedad era la separación por capacidades. De esa forma no habría envidias ni discusiones.


Yo tuve mucha suerte; hay una clase de ciudadanos, muy mala gente, personas que no han querido aceptar la bondad del “Gran Maestro” y sus designios para con todos nosotros. Son los llamados “ciudadanos díscolos”, se encargan de los trabajos más sórdidos que se puedan imaginar y viven en los suburbios de la “Gran Urbe Rutherfordiana”, vigilados por los “ciudadanos guardianes de la armonía”, que les impiden cualquier contacto con los demás. No tienen derecho a escuchar las palabras del “Gran Maestro”, tampoco al día de descanso con la familia ni la semana anual de vacaciones.


Aun soy un “ciudadano productivo”, aunque espero con alegría cuando llegue el momento de compartir descanso con los trabajadores que por su edad ya no tienen las capacidades productivas necesarias para el mejor funcionamiento de la urbe; les llaman “ciudadanos improductivos”. Entonces podré reunirme con mis padres, a los que no veo hace mucho, claro si es que todavía viven.


Cada año hacemos la excursión a los “paraísos vacacionales” por quince días, para escuchar las charlas de los “ciudadanos educadores”, que nos explican y refuerzan las enseñanzas del “Gran Maestro”. En el trayecto pasamos por unas campiñas verdes, rodeadas por una muralla acristalada adonde se retiran a descansar los “ciudadanos improductivos”. Se ve un complejo muy bello, de colores dorados, con grandes naves coronada con altas chimeneas. Nos dijeron que eran para que nuestros mayores, ya improductivos, no pasen frio. No sé, pero nos dijeron eso.


Un domingo, mientras las familias de los “ciudadanos productivos”  pasábamos un bonito día cantando las canciones de nuestro “Gran Maestro”, en las grandes pantallas en las que Lord Rutherford algunos domingos nos habla, un miembro del consejo de “ciudadanos sabios”, formado por los más inteligentes entre los inteligentes, dijo muy serio, “para escarmiento de todos”, eso dijo, que un “ciudadano intelectual” de muy alto rango, cuyo número era 1.235-ZXY, había sido condenado a penar con los “ciudadanos díscolos”. Su pecado es que le solicitó al “Gran Maestro” que nos concediera libertad para decidir a cada cual será su futuro; por hacer esa petición “tan antirrevolucionaria”, lo consideran un hereje.


¡El “ciudadano díscolo”, penado era mi hermano Relix! Me impactó la noticia y me quedé muy pensativo. No sé qué es la libertad.

Pero si que sé que mi hermano es muy inteligente…, no sé qué pensar.



*Francisco J. Barata Bausach, España.


Premios Internacionales: 65 Primeros Premios (Tres en EEUU, otro en Ecuador, dos en Venezuela, otro en Alemania, dos en Brasil, trece en México, seis en Colombia, dos en Bolivia, once en Argentina, uno en Perú), Segundo premio (Uno en Uruguay, dos en Argentina y uno en México), Terceros Premios (Uno en USA, uno en Argentina), Cuartos Premios (Dos en USA, uno en Chile, uno en México), 290 Veces Finalistas (Cuatro en México, siete en Argentina, uno en Colombia, otro en Ecuador y otro en Costa Rica), 173 Seleccionados para diversas Antologías. (Cinco en Uruguay, uno en Argentina, otro en Costa Rica, otro en Israel y uno en Chile)



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