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sábado, 9 de abril de 2022

"El cuerpo a la luz de la llama de la vela" ensayo Valmore Muñoz Arteaga




Pensar en el cuerpo termina pareciéndose a reflexionar a partir de los claros del bosque a los que hiciera alguna vez referencia María Zambrano. La filósofa y poeta veía al claro del bosque como un centro en el que no siempre es posible adentrarse; desde la lindera se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso que nos lleve a él. El cuerpo, así como los claros del bosque de Zambrano, es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama hasta donde vaya marcando su voz. Al obedecer a esa voz llegamos a un lugar intacto que parece haberse ofrecido en ese único instante, puesto que no volverá a darse otra vez igual. “No hay que buscarlo, reflexiona Zambrano. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido”. El cuerpo se volvió lugar donde se desaparece con la intensidad del relámpago. Entre el lindero y el corazón latiente y luminoso del claro del bosque: oscuridad petrificante y petrificada. Entonces, se hace necesaria la posibilidad de acompañarnos por la llama de una vela para transitar entre tantas oscuridades.


 El cuerpo es un lenguaje que por momentos se desvanece. Todo lenguaje, al alcanzar el estado de incandescencia, se revela como un cuerpo ininteligible. La llama de la vela desnuda el lenguaje en imágenes. La llama es, entre los objetos del mundo que convocan al sueño, uno de los más grandes productores de imágenes. La llama nos obliga a imaginar. Ante una llama, en tanto se sueña, lo que uno percibe al mirar no es nada en relación con lo que se imagina. La llama lleva a los más diversos dominios de la meditación su carga de metáforas e imágenes. La llama de la vela brinda vivacidad a la búsqueda del cuerpo en tanto que la misma llama comparte esencialmente la misma vida que se trata de hallar en la búsqueda del cuerpo. ¿Qué se halla a través de la llama de la vela? El potente hallazgo de la comprensión intuitiva de que vida y cuerpo están unidos desde siempre por un mismo espíritu llameante a través del cual se descubre la simultaneidad del cuerpo penetrado y la conciencia impenetrable. La llama de la vela permite transitar hacia el claro del bosque por medio de su función productora de imaginación, es decir, en su constante flamear el sujeto alcanza la conciencia necesaria para comprender que “la imaginación es el deseo en movimiento”, escribe Octavio Paz, pero, al mismo tiempo, la luz que irradia la vela parece desnudar al cuerpo como la parte más semejante al mundo, pues, como es sabido, desde y a través de él, el ser humano entra en contacto con ese mundo. El cuerpo es develado como un componente sentiente atado a las condiciones del mundo y sujetado a la comprensión que se hace de él a partir de él mismo. Una comprensión fraguada desde un sentido hermenéutico, es decir, aquella que sitúa al sujeto en la periferia de la oposición entre explicación y comprensión. Aquella comprensión que acompaña al ser humano en todos los modos de ser-en-el-mundo.


La llama de la vela bachelardiana presume del fuego que la corona, presume de todo cuanto desde ella se alumbra. Se sabe portadora de un fenómeno privilegiado que es capaz de explicarlo todo. “Si todo aquello que cambia lentamente se explica por la vida, afirma Gaston Bachelard, lo que cambia velozmente se explica por el fuego. El fuego es lo ultra-vivo. El fuego es íntimo y universal”. El fuego pone en contacto al ser humano como todo aquello que habita en sus profundidades y se ofrece como un amor. “Desciende en la materia y se oculta […] Entre todos los fenómenos es el único que puede recibir netamente dos valoraciones motearías: el bien y el mal. Brilla en el Paraíso. Abrasa en el Infierno. Dulzor y tortura. Cocina y apocalipsis”. Al igual que en el pasado remoto, la llama ardiente de una vela desataba el pensamiento de los filósofos ofreciendo la posibilidad de abrir todos los caminos del ensueño, de la imaginación, de la creación. Desde su silencio llameante se abre ante los ojos atentos un campo repleto de metáforas que exigen repensar la realidad y, en este caso, al cuerpo. “En aquellos tiempos del lejano saber en que la llama hacía pensar a los sabios, las metáforas eran el pensamiento”. El fuego facilita el camino y se hace método maravilloso para estudiar al cuerpo como punto de partida de la propia inmanencia subjetiva, para confirmar que realmente se trata de la situación originaria y originante de la corporalidad. El calor del fuego radicaliza la subjetividad quedando equiparada con la corporalidad, fuente no constituida por nada, primera, y originaria de todo aparecer y manifestación del mundo. Michel Henry, filósofo y novelista francés, afirma que el punto de partida de toda interpretación del cuerpo no es el afuera sino la subjetividad. Partirá de una idea de Maine de Biran que consiste en confirmar que cuando se dice «yo pienso», no sólo se está diciendo algo con distancia respecto al pensamiento, sino que existe una afirmación inmediata e inmanente al Yo, de un modo transparente, sin intervención alguna. 


En tal sentido, ahora el propio cuerpo se transforma en la propia llama de la vela puesto que por medio de él, del cuerpo, se conoce al mundo. El mundo se hace visible debido a que la subjetividad es la luz misma que en el constante transcurrir existencial lo va abriendo y lo muestra. Henry comprenderá que la subjetividad no es receptora del mundo tramando sospechas sobre la verdad de los objetos, sino totalmente lo contrario: de ella devendrá toda la verdad y conocimiento posible de sí misma, del mundo, de todo. La situación del cuerpo es tan primera e inmediata como la subjetividad misma. Para Henry, la subjetividad es la propia corporalidad y la manifestación del cuerpo no es segunda en el conocimiento de sí y del mundo. La palabra unifica al fuego, al cuerpo y a la subjetividad como una misma cosa capaz de descifrar el misterio que habita en el secreto de la vida y de la muerte. El fuego que es la subjetividad ardiente transforma al cuerpo en un «logos» de la carne viva del ser humano, es decir, el cuerpo se transforma en «encarnación», espacio carnal donde se realiza y desrealiza el mundo. El cuerpo, vuelto ahora conciencia encarnada, se asume a sí mismo como una revelación de esa otra realidad humillada hasta ahora por el cartesianismo y la racionalidad moderna. El cuerpo no es ya cuerpo. El cuerpo ahora es, si se quiere, una geometría sentiente que desestabiliza al «logos» ofreciéndose a sí mismo como una totalidad plenaria, hambre de comunión más allá de lo erótico, tejido de presencias, ondulación perenne en la cual aparece y desaparece la imagen del mundo. 


El fuego danzante en la corona de la vela deconstruye el «yo pienso» cartesiano transfigurándolo en espontaneidad ardiente, en el «yo puedo» voluntarioso del nietzscheanismo, es decir, aquel de las capacidades corporales y adquisiciones históricas que sustentan el comportamiento e iniciativa. Según Merleau Ponty, la misión de la filosofía es disponerse en esta esfera  en la que se producen las fugas de sentido que dan lugar a unas nuevas significaciones. Por ello ha propuesto una especie de fenomenología de la corporeidad con la finalidad de construir una especie de envolvimiento recíproco, ya que el sentido no se genera por un movimiento desplegado desde la exterioridad a la interioridad, en vista de que no resulta de encuentros imprevistos en una consecución de eventos que transcurren en tercera persona. Tampoco brota en virtud de un adelanto desde el adentro hacia el afuera, porque no es la consecuencia de la obra condensada por una conciencia definida como poder absoluto. “Su verdadero origen ha de buscarse en un movimiento a la vez centrífugo y centrípeto, es decir, afirma Merleau Ponty, en el momento en que nuestras intenciones se encuentran con contenidos que permiten su expresión, o, a la inversa, cuando los elementos de la experiencia son recogidos por intenciones que les confiere un carácter personal”. 


Cada nuevo presente del transcurrir humano compromete de distintas maneras todos los ordenamientos pasados porque permite una trascendencia hacia nuevos vínculos significativos que establecen la representación de los hechos de otras maneras. El cuerpo, el cuerpo humano, es una cosa que participa de la carne del mundo, es, en muchos sentidos, la carne del mundo. Por otro lado, es aquello que, por ver y tocar las cosas, es carne del cuerpo. El cuerpo es un ser de doble dimensión manifestadas en un lado sensible revelando tanto al prójimo como a mí mismo y un lado sentiente únicamente accesible a mí mismo. Merleau-Ponty, tocado por el fuego que lo abrasa desde la vela encendida, termina subrayando que la carne del cuerpo emplea su ser sensible –su ser visible y tangible– como un vehículo para estar incorporada al conjunto de las cosas sensibles, esto es, a la carne del mundo. Poseído por el calor de la llama, el cuerpo es capaz de captar lo sensible en razón de ser una cosa del mundo: cuerpo mundano. Sin embargo, al mismo tiempo, es también en ese instante de lo sensible que se modifica en un ver y un tocar mediante los cuales toma heredad de todo lo sensible incorporándolo dentro de sí. 

El fuego de la vela bachelardiana permite vislumbrar al cuerpo como un horizonte de la experiencia vivida. Brota irracionalmente de la frialdad cartesiana para asumirse como encarnación, instante fecundo en el cual se comprende al cuerpo como un comportamiento del sujeto, ya que ser cuerpo es existir encarnadamente: ni como puro sujeto ni como puro objeto, sino trascendiendo todas las esferas de la existencia. El cuerpo es potencia de mundo que existe integrada al espacio y al tiempo en el espacio y el tiempo corporales. El cuerpo es un estar abierto al mundo, al paisaje como unidad de los sentidos y el mundo de la vida. Mundo que tiene como punto de partida el punto cero de orientación desde el cual abrir un espacio existencial en el que se ensancha la contingencia humana. El cuerpo vivido es el sustento de toda intencionalidad de la conciencia, siempre encarnada y dirigida al mundo para convertirlo en el campo de los propósitos teóricos y prácticos. 


Estos propósitos descubiertos por Merleau-Ponty son el centro de todo proceso de aprendizaje. El cuerpo aprende infatigablemente constituyendo y organizando los estímulos en relación con los problemas prácticos y gracias a una competencia corporal que no es, en modo alguno, un conocimiento «a priori», sino un saber establecido progresivamente en el esquema corporal. El cuerpo no es materia pasiva, por el contrario, es inteligencia del mundo o, mejor todavía, conocimiento sensible. El cuerpo, la gran razón nietzscheana, es la fuente, no el efecto, de todas las experiencias y estas experiencias son el modo en que el hombre logra acceder a todo lo otro. Ese silencioso entrelazamiento corporal con lo otro es lo que posibilita la sensibilización que actúa como término que quiebra la dualidad entre materia pasiva y espíritu activo, entre el mundo y la conciencia. “No podemos cortar el cuerpo en dos diciendo «aquí el pensamiento, la conciencia; allí la materia, el objeto. Hay una profunda circularidad en el cuerpo, a eso yo lo llamo carne». El cuerpo sólo es un acontecimiento de esa matriz universal, de esa vida en movimiento que porta una reflexividad sensible”.



*Valmore Muñoz Arteaga. (Maracaibo – Venezuela. 1973) MSc. en Filosofía, licenciado en Lengua y Literatura. Investigador y profesor en las áreas de Literatura, Filosofía y Humanismo Cristiano. Director del Colegio Antonio Rosmini. Ha publicado varios libros en las líneas de la Literatura y la Filosofía entre los que podrían destacar Sylvia, Diario de un Hombre Invisible, Memorias del Cuerpo, El Cuerpo desde la Razón Ardiante, entre otros, así como artículos en la prensa venezolana y en revistas nacionales e internacionales.

viernes, 8 de abril de 2022

"Alguien con quién coincidir" relato de Harry Cárdenas


Desde que tengo memoria recuerdo ser fiel al asiento que da contra las ventanas de los buses, siempre solía hacerme justo ahí para mirar a las personas afuera. Era una sensación similar a ver televisión, solo que si te detienes en la persona correcta puedes robar unos segundos de atención, estos provocan una extraña tensión entre dos desconocidos que optan por hacer como si nada hubiera pasado. 


Todos los jueves después de salir de clases tomaba un bus para distraerme, solía dar vueltas por toda la ciudad mientras me quedaba atónito en la ventana. En mi paso por las calles veía personas manoseando las frutas, mujeres vendiendo besos en la libertad y un puñado de autos sonando sus bocinas. Todo esto me reconfortaba hasta el punto de querer encontrar alguien con quien coincidir, en la parada calle diecisiete subieron muchas personas a las cuales no les puse la mayor atención, hasta que en mi asiento de viajero se subió un copiloto, él tenía una melena desaliñada, dos lumbreras color miel y un calor corporal sofocante.


Su calor era tanto, este se desprendía de su piel para hacer contacto con mi ropa. Sus dedos largos jugaban con el asiento de adelante, chocaba los anulares contra el plástico frío y volvía hacerlo como si de una manía se tratará. En mi asiento de piloto me balanceaba pensando si preguntarle su nombre o hacer algún acto que nos obligará a hablar.


Cuando el bus salió de lo urbano a lo rural, las ventanas se empañaron y los corazones de todos los presentes se enfriaron, menos los de mi copiloto y yo que seguían encendidos por la llama de su calor corporal. 


— ¿Está haciendo mucho frío? dijo él.

—de mis fauces se desprendió un sí. 

— ¿para dónde vas? dijo con una voz gruesa 

—no tengo rumbo fijo respondí y miré hacia la ventana.


Después de eso él no dijo nada más, el bus siguió su rumbo, uno a uno se bajaban y subían pasajeros. Cuando volteo él estaba dormido sobre mi brazo, en ese momento decidí cuidar sus sueños como mi bien más preciado, asumí una posición de descanso y deje que mis músculos se relajaran sobre la silla de plástico, me dormí y puse mi cabeza junto a la suya. Cabeza contra cabeza, cabello con cabello y torso junto a torso. Me deje llevar por la somnolencia imaginando todas las posibilidades que se darían entre ambos como: un intercambio de números telefónicos, una cita al bajarnos o nuestras caras sonrojadas al despertar.


Entre tantos pensamientos mi percepción de la realidad desapareció. Ya no sentía los demás automóviles en la calle, los baches sin tapar o los otros pasajeros. Cuando desperté mis ojos se abrieron lentamente viendo de nuevo las luces de los semáforos en rojo y miré la silla del al lado, él ya no estaba, se había bajado en algún lugar del camino y no habíamos podido intercambiar nada, más allá del calor de nuestros cuerpos.



*Harry Cárdenas es un escritor nacido en Pereira, Risaralda, Colombia. Desde temprana edad, demostró un profundo interés por el mundo de la escritura, encontrando en las palabras una forma de dar voz a su entorno. A los 8 años, comenzó a relatar con gran sensibilidad las experiencias que presenciaba a su alrededor, desde la angustia y la violencia hasta la necesidad imperante de encontrar un espacio propio en el mundo. Durante su adolescencia, Harry incursionó en el camino de la escritura creativa, donde encontró en Rose Quintana una compañera de aventuras literarias. Juntos, publicaron sus creaciones en redes sociales y se sumergieron en la exploración de diferentes estilos de poesía, abrazando la libertad de expresión que les brindaba esta forma de arte. Se graduó como Licenciado en Comunicación e Informática Educativa de la Universidad Tecnológica de Pereira. Su formación académica le ha permitido fusionar su pasión por la escritura y el mundo audiovisual, experimentando con la poesía en conjunción con elementos visuales y sonoros.

jueves, 7 de abril de 2022

"Balada porque ya no estás" poema de Luis Vargas

 

Esta mañana sólo hay eternidad y dolor.

Desperté y pensé que aún era aquella ciudad

Absorta en un murmullo de crueldad y mar. 

La ventana lloraba la necesidad de amar,

Y la visión estaba empapada del vaho 

Que escondimos en un castillo de arena

junto al mar íntimo y recóndito mar;

ensueño de ventiscas y lloviznas 

                                               tan mar

nostalgia de congojas y esperanzas 

                                                   tan mar.


Desenterrabas tu falda de las sábanas,

Atizabas tus ojeras frente al espejo,

Despejabas el cansancio de tus cejas,

En un ritual del que nadie podía despertar.

No entendía el espejo cómo tu silueta imitar,

Cómo asolar las dunas de tu costado. 

Dispersabas tu indecisión en cada rincón; 

Cultivabas cabellos en cada esquina 

Hasta verlos florecer

En un torrente de ensueños y recuerdos. 


Ambos nos adelantamos al despertador,

Pero tu vientre consentía todas las alarmas.

Tú propusiste adelantarnos a la soledad,

“– No hay más fertilidad que la de este mar”

Y surgías en un vaivén primitivo y sensual, 

Desbordante de estrellas y ecos sonámbulos,

Yo zarpaba con la ilusión de quien parte

Para no volver a la bahía de la realidad,


Luego despertaba, te miraba, y volvía ti

Desde tu barbilla hasta tu frente misteriosa,

Desde tu oreja hasta tu sien tumultuosa,

Desde creer que no poseería tu deseo más;

Que tus labios cosechaban otro arrebato ya, 

Hasta a confirmarte, recrearte y amarte 

Como eras antes de volver y perdonar.


Esta mañana sólo hay eternidad y dolor. 

Desperté y hacía frío, hacía adiós

Hacía olvido y hacía ausencia. 

Pensé que tú eras aquella ciudad

Y también aquel mar sin libertad,

Y toda la felicidad que olvidé al zarpar,

Porque hoy que ya no estás 

No queda más dunas que sortear

Ni vaivenes de tus muslos que abrazar;

Tan sólo me queda la soledad sin más,

Y saber que hacer frío y hace adiós,

Y hace olvido y hace ausencia

Un poco menos que ayer y antier 

pero más que hace dos años y siempre.

Desde la puerta que ya no te espera. 

Desde mi aliento que sólo te recuerda.

Hoy que ya no estás. 



*Luis Vargas Tapia. Puebla, Pue, (1996). Es licenciado en biología. Se debate entre la literatura y la ciencia. Apasionado de ambas disciplinas, su obra poética se concentra principalmente en traducciones de románticos ingleses, las cuales han sido publicadas en revistas nacionales. Cuenta con algunos relatos y poemas publicados, ya sea por timidez, o por demasiado atrevimiento.


miércoles, 6 de abril de 2022

“Tecnología de la información y el principio del mentalismo por Hermes Trimegistus” ensayo de Jober Rocha



La definición comúnmente utilizada para Tecnología de la Información (TI) es que es un conjunto de todas las actividades y soluciones que brindan los recursos informáticos, destinadas a la producción, almacenamiento, transmisión, acceso, seguridad y uso de la información.

“Con los avances en TI y su difusión global, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) surgieron de una convergencia entre el sector de las telecomunicaciones y los recursos de tecnologías de la información, integrando hardware, software y tecnologías de la comunicación, que al abarcar un conjunto de métodos, posibilitan la creación de sistemas de comunicación. Estos sistemas evolucionaron a lo largo de los años y permitieron la interacción y la comunicación entre computadoras, que comenzaron a lidiar con una escala inconmensurable de datos e información”. (DA SILVA, Taiana Melo et al. El nuevo entorno empresarial en un “mundo plano”: la influencia estratégica de las tecnologías de la información y la comunicación. Revista Pensamiento Contemporáneo en Administración, v. 2, n. 1, p. 1-14, 2008 ).

Nuestro personaje, Hermes Trimegistus (que vivió entre 1500 a.C. a 2500 a.C.), pensador y legislador de la región de Nimus y autor de la Tabla Esmeralda, observando ya el descontento de los pueblos de su época con su existencia en este planeta, buscó dar a conocer siete principios que describirían cómo funcionan las cosas en el universo imperfecto. Sus principios se pueden encontrar en un documento llamado Caibalion, publicado en 1908.

En el presente texto sólo me detendré en comentar el primero de ellos, el llamado Principio del Mentalismo. Los otros principios los he comentado en otros textos ya publicados.

Trimegistus en el Principio del mentalismo establece: Axioma, “El Todo es Mente; el universo es mental ". La interpretación de este axioma, según los eruditos esotéricos, es que todo el universo y las cosas en las que creemos son de naturaleza mental. Todo lo que existe es parte de la imaginación del TODO; Es decir, seríamos seres inmateriales, viviendo en una realidad simulada. Según esta hipótesis, podríamos estar viviendo solo en la mente del Creador, en cuya mente estaría también todo el Universo. Al contrario de lo que dice el panteísmo (que Dios está en todo), nosotros somos los que estaríamos en Dios. De la misma manera, contrario a lo que dice el monoteísmo cuando dice que hay un solo Dios, fuera de los seres humanos, somos nosotros los que solo estaríamos en la mente de Dios.

Muchos creen, además, que vivimos en una Matrix, que apareció por primera vez en una película de 1999 y que representa un futuro distópico en el que la realidad, según la perciben la mayoría de los humanos, es en realidad una realidad simulada llamada "Matrix", creada por máquinas sensibles para someter la población humana, mientras que el calor y la actividad eléctrica de sus cuerpos se utilizan como fuente de energía. El ciberdelincuente y programador informático Neo, se entera de esta verdad y se ve arrastrado a una rebelión contra las máquinas; esta rebelión involucra a otras personas que han sido liberadas de ese mundo de sueños.

La realidad simulada, según los expertos, es la proposición de que la realidad podría simularse, tal vez mediante modelos informáticos, con una calidad indistinguible de la realidad verdadera. Podría contener mentes conscientes que pueden o no saber que están viviendo dentro de una simulación. En su forma más intensa, la hipótesis de la simulación afirma que es probable que estemos viviendo en tal simulación. Elon Musk, fundador de la empresa Tesla, cree en esta hipótesis.

Sin embargo, según los especialistas, para que todo un universo simulado sea posible, se necesitaría una cantidad gigantesca de átomos para obtener suficiente memoria en una computadora, mayor en número que el número total de átomos que se estima que existen en todo el universo; es decir, no todos los átomos del universo serían suficientes para crear esta simulación. A menos que existamos solo en la mente del Creador. No creo que Hermes Trimegistus estuviera razonando así, ni que seamos el resultado del delirio de la mente de un Creador.

En mi simple opinión, el Principio Trimegistus del Mentalismo no significa que estemos insertados en una Matriz o que tanto nuestra existencia como el Universo en el que vivimos sean solo realidades simuladas, como en un juego de dioses o entidades extraterrestres, en el que somos nosotros los personajes.

Creo que Hermes Trimegistus quiso decir con este principio, que el futuro de la humanidad, aunque real, sería estar dominado y conducido de manera virtual, por una mente que lo domina todo, como ya predicen los científicos para el futuro cercano.

El mentalismo, queridos lectores, ya se está poniendo en práctica a través del llamado Metaverso, que es la terminología que se utiliza para indicar un tipo de mundo virtual que intenta replicar la realidad a través de dispositivos digitales. Es un espacio virtual colectivo y compartido, constituido por la suma de "realidad virtual", "realidad aumentada" e "Internet".

La idea misma del Metaverso significa que una parte cada vez mayor de nuestras vidas, como el trabajo, el ocio, el tiempo, el gasto, la riqueza, la felicidad y las relaciones, pronto estarán dentro de los mundos virtuales, en lugar de simplemente ampliarse o ayudarse con dispositivos digitales y software. .

Actualmente, terrenos, casas y vehículos virtuales ya se venden en internet. Dichos bienes sólo existen prácticamente, pero la gente les da un valor monetario y las compran y venden a través de monedas virtuales, cryptomonedas. Con la implementación definitiva de los smartphones de quinta generación (5G) y el desarrollo de la inteligencia artificial y la robótica, los nuevos conceptos y posibilidades pueden confirmar y ampliar el principio de mentalismo a niveles que son impensables hoy en día.

Los científicos predicen, para el futuro, la existencia de un gran cerebro, mezclado con dispositivos humanos y electrónicos, que albergaría todo el conocimiento humano, que dominaría y conduciría a la raza humana a través de Internet, mientras que los robots inteligentes realizarían tareas manuales. Estaríamos, por tanto, en la modernidad, confirmando lo que Trimegistus ya imaginaba en la antigüedad clásica.

En este nuevo contexto, realmente, no habrá lugar para una población del orden de siete o más mil millones de personas consumidoras de recursos naturales.

Creo que por eso, como este futuro previsible ya debe estar muy cerca, se pretende implementar un Nuevo Orden Mundial en el que los grandes contingentes de población sean totalmente innecesarios. Para la reducción de la población, todos los medios son considerados válidos por quienes realmente poseen el mundo: guerras, plagas, alimentos y drogas cancerígenos o con efectos secundarios mortales, recesión económica, tolerancia a los criminales, leyes favorables al aborto, incentivo a la homosexualidad, etc.

Este genocidio ya ha comenzado, a pesar de que los grandes medios de comunicación, al servicio de estos dueños del mundo, lo niegan, atribuyendo las acusaciones realizadas a una supuesta Teoría de la Conspiración.

Pronto, quien no esté insertado en este Metaverso, con un microchip implantado en el cuerpo, no podrá sobrevivir dentro del Sistema, utilizando los servicios de banca, salud, transporte, docencia, compra y venta del mercado de trabajo, justicia. etc. Todos los incluidos en el Sistema tendrán un ingreso mínimo vitalicio y su vida estará totalmente controlada, con mecanismos de castigo y recompensa. Con la reducción definitiva de la población mundial y mediante la consolidación del Metaverso, será posible llegar a la implantación de este Nuevo Orden Mundial, con un solo gobierno, una sola moneda, un solo Banco Central, un solo parlamento, un solo Justicia, un solo idioma, un solo territorio y una sola religión.

Me gustaría saber de los filósofos y pensadores religiosos, el fin que llevaría a los espíritus necesitados de nuevas encarnaciones, a continuar su aprendizaje con miras a su evolución espiritual, con una población significativamente reducida, obligatoriamente reducida por el Nuevo Orden Mundial; ya que también se controlarán los nacimientos futuros.

Escuché en un congreso de ovnis que la implementación del Nuevo Orden Mundial sería una imposición proveniente de seres extraterrestres para que pudiéramos convertirnos en parte de una federación de razas interplanetarias y ser capaces, con eso, de absorber tecnologías más avanzadas que serían transferidas. por ellos.

Sin embargo, antes de que eso suceda, debemos dejar de representar una amenaza para nosotros mismos, para el planeta Tierra y para el Universo con miles de ojivas nucleares almacenadas en diferentes países. La única forma de acabar de una vez con esta amenaza sería acabar con todo lo que nos desune y nos lleva a las guerras: patriotismo, distintos territorios, distintos idiomas, distintas razas, distintas monedas, distintas clases sociales.

Sucede, sin embargo, que parte del género humano, desde sus inicios, se ha dejado llevar por la violencia, el egoísmo, la envidia, el instinto de dominación y el deseo de poder y riqueza. Ciertamente, en el caso de que esta hipótesis formulada en el congreso OVNI sea cierta, algunos seres humanos querrán ocupar los puestos clave de este gobierno mundial. Estos, al parecer, serían los que trabajarían duro, hoy, para que este nuevo orden se implemente rápidamente.

La mayoría de la población mundial, como una manada que se dirige al matadero y está a punto de dejar de existir, desconoce las maquinaciones que realizan quienes la dominan de forma visible u oculta.

Si me preguntan sobre nuestro futuro, respondería que muy pocos seres humanos lo disfrutarán, en una sociedad altamente tecnológica y robótica, comandada a través de la inteligencia artificial por un cerebro metahumano.  


*Jober Rocha, economista, M.S e Doctor por la Universidad Autónoma de Madrid, Espanha. Escritor con algunos premios recibidos en concursos literarios en Brasil y en el extranjero.

martes, 5 de abril de 2022

"Diálogos" relato de Indira Ríos

 



Hoy te extraño más que otros días y los otros días te extraño más que hoy, llueve un poco y me pregunto cuál será el clima de tu noche, si existirá para ti la noche. El silencio suena triste, entonces trato de inventar palabras que dirías, pero suenan más tristes porque no tienen tu boca, ¿sabes? he guardado palabras que son tuyas, no de las que dirías tú, aunque también las tuyas las guardo, pero me refiero a esas que se enrollan en algún lugar del alma y batallan alegando a la esperanza, sé que no las podré guardar siempre, sé que deben llegar a su destino.  Supongo que hoy utilizo la palabra destino queriendo nombrar el sitio de tus oídos, así que mejor debería decir que hay palabras que llevo que deben llegar hasta donde estás o no estás, aunque quiero que estés, porque estas mis palabras se niegan a ser errantes.


Me he apartado un poco de la línea inicial, así que regreso para decirte que te extraño, no sé si lo dije lo suficiente, tampoco sé si no lo he dicho; porque no sé si he sabido dar voz a todo los te extraño, esos de cuando creí que llegarías y algo fragmentó la hora donde no te vi, tampoco sé si los fragmentos eran míos, tuyos o de las horas, todo estaba mojado. Déjame contarte, que también hay muchos te extraño con el nombre de canciones, la que escuché en un café o en un autobús, hay otros te extraño que son de las madrugadas cuando despierto entusiasmada por soñarte, también los te extraño de la llamada que faltó y aunque falte, el timbre sigue sonando y sonando hasta el insomnio; ahí a esas horas intento recrear el sobresalto de alegría que acoge mis manos cuando tu voz aparece después del timbre; pero la conversación se diluye en la orfandad de un monólogo, porque no logro engañar a mi bata que aún está en mi cuerpo y que advierte que no está tu voz.


Me he despertado a las cuatro de la mañana o quizás debo confesar que otra vez no he dormido, como ya dije el insomnio suena en mis noches, la cama parece una enorme telaraña de papeles, telas y cojines, no quiero que ninguna palabra se escape, así que es un ritual de precaución, una manera de salvarme, quizás ya solo soy las palabras y estoy imaginando mi cuerpo y mi cabello tan solo es la extensión de los pigmentos de un bolígrafo de letras que se empeñan en protegerme.


Me he levantado, he dejado por un momento la telaraña, el movimiento hace que algunos versos resuenen cayendo al suelo, miro hacia abajo, observo la cicatriz de mi pierna, queda poco de ella, incluso olvidé su dolor, cómo se define el dolor, no quiero definirlo ahora que lo estoy viviendo, es decir, ya sé su definición y duele más si me paralizo en ella.  Un sonido interrumpe al dolor, el gato toca la puerta, hay huecos en el techo por donde podría entrar, pero siempre toca a la puerta, creo que aprendió de nosotros, siempre tocamos a la puerta del otro y de esta puerta ambos teníamos llave, la tuya ahora está en el sitio donde está tu libro, cerca de la cama. Sigue sonando la puerta, me apresuro y abro, el gato está inmóvil, está decidido a moverse solo cuando yo lo haga, así que se mueve según el movimiento de mis pasos, a mi lado. 


Voy caminando por toda la casa como si fuera la primera vez, inspecciono como una detective cada rincón, la casa habla, espera, creo que me he equivocado, la casa no habla, la casa tiene memoria, una memoria de nosotros, al llegar a la cocina la cafetera parece moverse, está desgastada y manchada en el número exacto de tazas que ha cargado por años; tiene una pequeña grieta, revive el instante cuando unas carcajadas imparables presenciaron nuestras vueltas que se tropezaron en la cocina y la cafetera fue el daño colateral, su grieta era la algarabía de una mañana. Pero hay paradojas, que inevitablemente clavan un aguijón que torturan las articulaciones de los días, nada parecidas a la grieta de la cafetera, son las que llevan sangre, esas paradojas estaban atravesadas en nuestras canciones. Recuerdo que decías que la libertad era una niña desnutrida y herida que lloraba por sus océanos, que quienes buscaban salvarla, eran torturados y exhibidos como terroristas, que cuando te percatas de la existencia de la niña no pueden cegarte los oídos con desamor. Y entonces ahí estábamos nosotros, dos terroristas que cada mañana salían y hacían malabares del tiempo entre una y otra tarea para salvar a la niña y salvarnos, ¿quién puede tener a una niña herida frente a sus ojos y no ayudarla?


Sigo caminando y llego a una mesa, es la tuya, la mía está un poco alejada, tu mesa no está como la dejaste, todos los papeles y libros han cambiado una y otra vez como resultado de mi intervención, no he quitado nada de ella, solamente agregué un libro que compré hace unos días, me dijiste que querías volver a leerlo. Hay una libreta que dejo abierta siempre en la misma página, en ella se lee una línea que escribiste: “odio las palabras efímeras, esas llenas de nada, esas vacías de todo”; cada vez que me acerco a la mesa y las leo parece que me encuentro con un innegociable pacto para vivir. Han pasado horas y me levanto de tu mesa para caminar hacia la mía, me siento y veo todos los garabatos que están sobre ella, ayer mientras escribía, mi mano dejó la novela que casi terminaba y empezó a escribir otra que parece una autobiografía que no acepto, ahora la veo y no me atrevo a seguir escribiendo así que me levanto.


La lluvia está empezando a refugiarse en la casa, veo la gotera en el techo, no he querido repararlo porque es el mismo que nos cubría, en este momento el techo parece un rostro atribulado, cuántas lágrimas caerán desde las goteras de nuestro rostro en el parpadeo de nuestros años, se me hace tarde, esta semana estaré la mayor parte del tiempo quizás viendo la novela que no quiero continuar escribiendo; pero hoy debo salir. Entro al baño y las gotas de la regadera parecen entenderse con la lluvia, con la gotera y conmigo; salgo rápidamente, entro en un vestido y tomo un sombrero, debo llegar a las dos de la tarde. El gato está dormido en la cama, cierro la puerta y voy caminando hacia el sitio donde abordo el autobús, todo esta desolado, parece que todo y todos yacen escondidos. Subo al autobús, no sé que me dirías, quizás sí, quizás dirías que con este sombrero finjo que el sol se acomoda sobre el listón negro que lo rodea y que la lluvia no está albergada en mi casa y en mis ventanas, yo me reiría y te pondría el sombrero diciendo que he engañado a la tristeza; pero hoy no es cierto, no la he engañado e imagino una sonrisa tan lejana como otro planeta y la pena sigue siendo un satélite fiel.


Otra vez me he alejado de la línea inicial que era para decirte que te extraño, ya conoces la casa y sus merodeos diarios, no necesitas que los dibuje, así que seguiré diciendo que te extraño. Dejaste toda tu ropa y no dejaste ninguna despedida, debo juntar las frases de todas las noches y hacer una que dirías en este caso, pero aun así me rehusaría a abrazarla. He llegado, faltan cinco minutos para las dos, he llegado puntual a este sitio, la hora es la misma a la que llegamos a tomar café la primera vez. Este sitio es otro, me perturba este silencio, dónde está tu cuerpo, aún no había dicho que he sembrado flores, pero primero he investigado cuáles son las que atraen a las mariposas, ahora no puedo imaginar nada más vivo que el vuelo de una mariposa.  El viento arrastra mi sombrero, dejo que se aleje un poco, te extraño, hoy hay palabras que están aisladas, aunque lo intento no logro llegar a ellas para pronunciarlas, pero tampoco quiero llegar a ellas. 


Ha empezado a lloviznar, busco mi sombrero, tus letras dicen: “Vivo en el amor”, un día me dijiste que la muerte era tan humana como la vida, que era cercana, que camina al lado nuestro aconsejando a la vida, reprendiéndola y que si la olvidábamos podría ocurrir que olvidáramos la vida. Te extraño, hay una flor cerca de la palabra amor, no puedo pronunciar esa palabra en donde está, roca, cemento, te extraño, hoy no veré ninguna mariposa, roca, cemento, amor esa palabra, este sitio, las dos de la tarde, café, tú, yo, lo inesperado, te extraño, te extraño, roca, mariposa, cemento, este sitio, la llave junto a tu libro, te extraño, una flor cerca de tu palabra, caigo de frente, frente a ella. Han pasado varias horas, amor, tú, yo, dos de la tarde, no quiero irme, despedida, te extraño, amor la palabra cerca de la flor, apenas pesco esta palabra, como una niña que está aprendiendo a pronunciar, la balbuceo: lá pi da, dolor y el viento arranca mi sombrero, la palabra amor cerca de la flor, tu nombre, tu nacimiento, ahora tu ausencia, roca, cemento, lápida, dolor, te extraño, vivo en el amor, mariposa, mi sombrero; volveré, se fue otra vez la palabra, este sitio, cementerio, dolor, tú, yo, vivo en el amor, mi sombrero sin sol, te extraño, vuelvo mañana, a la misma hora, dolor, este sitio, te extraño.


*Indira Ríos, nació en Honduras. Sus letras han aparecido publicadas en revistas digitales e impresas, entre algunas de esas revistas figuran: la Revista de creación literaria y análisis político Los Heraldos Negros de México, Revista Literaria El Rendar en Argentina, la revista Le Coquelicot Revue en Francia y la Revista Sapos y Culebras en España. Ha participado en varios festivales internacionales entre los cuales se pueden mencionar: el Festival Internacional de Poesía y Arte Grito de Mujer 2017 en la ciudad Guatemala, en el III Festival Internacional de Artes Feministas México 2017 realizado en Ciudad de México, en el III Encuentro Internacional de Poetas, Narradores y Escritores de la Academia de Literatura Latinoamericana de San Luis Potosí, México 2020, en el XIV Encuentro Internacional de Poetas Migrantes, en el Encuentro Poético del Sur 2020/2021 de Venezuela, en el Coloquio Internacional de Mujeres Escritoras “Sin maquillaje” 2021 de Pandero Cultural y en la Feria Internacional del Libro de Venezuela 2021. 

En el 2019 algunos poemas de su autoría aparecieron en una antología realizada en Tijuana, México; el libro fue publicado bajo el nombre de Urdimbre y en el 2020 participó en una antología española que se titula Autor. En el 2021 fue parte de tres antologías en México una titulada “La mujer y sus problemáticas sociales”, otra con el nombre de   "Una guerrera llamada Flor" y en una llamada “Poetas somos y verseando andamos”; en ese mismo año participó en la antología de poesía y narrativa “Resurgir de las Palabras” en Argentina, en la antología española “Versos en el aire” y en la “Antología contra la dictadura quemando todo” en Colombia. Además, algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, esloveno e italiano.

Como escritora en sus letras predomina la poesía social, pero también escribe poesía infantil, erótica y relatos. Es luchadora social y educadora popular, en su país ha participado en Círculos culturales que buscan despertar la semilla del arte en la infancia y juventud. Estudió una licenciatura en Pedagogía y Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y una maestría en Innovaciones para el Aprendizaje en la Universidad La Salle de Nicaragua, actualmente es estudiante del Doctorado en Estudios de Migración en Tijuana, México y realiza una investigación sobre procesos migratorios de su país. Ha participado como ponente en el tema migratorio en El Consejo Mexicano de las Ciencias Sociales, así como en otros espacios académicos, también ha sido invitada para tratar la convergencia entre el arte y la realidad social para colocar la discusión del arte como instrumento de lucha en espacios como Flacso-Guatemala entre otros.