la melancolía trepa al
paisaje
me mira
gris
rectangular
por la piel de los
edificios
reptan
las gotas condensadas de
la niebla
yace a mis pies
león manso
el amor domesticado
las horas
envuelven como sudario
el cuerpo que contienen
no quise esperar
pero acá espero
fantasma atento al
clamor de sus huesos
(En Un árbol nunca está solo, 2022)
***
cuando
vuelvo de hacer las compras
pienso
en la muerte
cuando
salgo de la escuela los mediodías de sol
pienso
en la muerte
bajo el
paraguas
con el
sonido de la lluvia golpeando la tela
las
gotas deslizándose por una rajadura
mojan
la mano que sostiene el paraguas
pienso
en la muerte
cuando
veo a mi madre pienso en la muerte
frente
al espejo
tocando
mis arrugas
la piel
de las mejillas el cuello
la
flacidez de los brazos
pienso
en la muerte
cuando
miro al perro
las
canas de su hocico
sus
ojos cansados
pienso
en la muerte
cuando
miro al hombre tirando del carro lleno de cartones que saluda apenas y mira
vaya a saber qué
cuando
me mira de pie
en la
puerta esperando que la gata entre
pienso
en la muerte
si se
nubla pienso en la muerte
con mis
amigas en el bar
en los
huecos que deja la charla
la
segunda copa de vino
y
siento el peso del sueño
pienso
en la muerte
cuando
pongo la llave en la cerradura y no sé qué hora es pero sé que es tarde
y ya es
otro día
pienso
en la muerte
mientras
me baño y dejo correr el agua
el
chorro de la ducha en mi cabeza sobre los hombros mis caderas los pies pienso
en la muerte
pienso
en la muerte también
cuando
abro los ojos a la mañana y hago un recuento de las tareas del día pienso en la
muerte
ahora
mientras preparo un té y la casa está callada pienso
en mi
muerte también
**
silencio
espera ominosa de las
horas
iguales a sí mismas
pese al sol
tras las cortinas
la respiración lenta del
perro
la gata que pasea frente
a mí
su andar sigiloso
las pupilas contraídas
en breves hendiduras
por donde se cuela el
mundo
y yo
su misterio
miro mi cara otra vez en
el espejo
más angulosa
el contorno de los ojos
el dorso opaco de mi
mano
vuelvo a mi infancia de
violetas fragantes
la ternura del amor
enredándose en los juegos
cielo entre las ramas
allá
donde sin saberlo
fraguaba el sostén de
mis días
(En Un árbol nunca está solo, 2022)
*Claudia Beatriz
Lucero nació el 6 de marzo de 1968 en Mercedes provincia de Buenos Aires,
Argentina. Es profesora de castellano, literatura y latín. Publicó: Un árbol
nunca está solo, 2022; No puede haber un puma en mi mirada (fanzine), 2023; Eclipse
contínuo (fanzine), 2023. Forma parte de las antologías Hilos de 2023
y El lenguaje de los pájaros de 2026 (en imprenta); todos los títulos publicados por Vuelo de
Quimera. Sus poemas han sido publicados en revistas literarias de Argentina e
Iberoamérica.
(En Un árbol nunca está solo, 2022)
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