Llegada
del mal
Hay una fuente herida en mi cabeza,
un diablo desgarrándome los labios,
y una lumbre me fluye por las venas
que tiñe de voz roja el crisantemo.
Y lo que es dulce amor convierte en ira,
un miedo de perder, entre mis manos,
la vida llanto a llanto conseguida,
el fruto, beso a beso, entreverado.
Y apuñala de agujas, enhebrando
sobre mi corazón tercos desvíos
con los cabellos de quienes más amo.
Quiere, en su soledad, reinar lo cierto,
acabar con la niebla exacta y viva
donde el amor, más amplio, me abandona.
Al nacimiento de nuestro señor jesucristo
Envuelta en manto humeante entre los grillos
la palabra final llena el espacio
porque esta noche viva, Dios, llorando
ha nacido en cada uva del viñedo sombrío.
Liberado su cuerpo en el calor vacío
agita con sus manos la tinta de su sombra.
La vida se acumula con ojos para verlo
caminar en la muerte como sobre las aguas.
En Tu cuna de espinas balarán los minutos,
el corazón sin límites compartirá la sangre. Despierta,
Dios de lumbre y de sal,
latido entre las manos de María.
Liba la flor del ñuñu, de la arveja del ñuñu,
liba el clavo -la tierra- de los pechos morenos
que, repletos de vida, le duelen a tu madre.
Invitación
Ven conmigo en la fuente de esta tierra desnuda
que tiembla por mirarla en la fruta escondida;
los labios de sus grietas, sonámbulos del mundo
que se pregunta a tientas por los pasos que fallan.
Vamos solas tú y yo al ruideral de rosas,
solos vamos tú y yo río arriba en las palabras,
desatando latidos, y memorias que apagan:
seremos esa música que no sabe decirnos.
En tus manos me ahueco por volverme tus manos
solo porque te palpes y en mí te veas vacía
como la mano abierta para ti del instante
para que los perdidos la escuchen y hallen mundo.
Viene la luna al llanto con su pecho rendido,
guarda la luna, amor, escóndete en su boca
(ahora que estás oscura dime dónde mis pasos,
si tan solo esta forma que me desata el cuerpo;
dime cómo es tu sombra cuando ya no es sagrada,
dime si aún te conoces al romper los destinos
y si todos los ojos son la luz que los suelta).
Ven hacia mis cabellos que hacen ruido en tus dedos,
dime cómo es tu sombra cuando dice mi nombre,
cómo es mi nombre dime cuando nadie lo dice
cuando nadie lo toca dime dónde se duerme.
El polvo se hace vida cuando cruza tu aliento
como una lejanía que recoge los labios
(un oído es la noche que la razón seduce).
Dime cómo es tu nombre después de tantas bocas,
ven conmigo hacia el tiempo para verter los frutos,
construyamos un beso que no pueda ofrecerse
(cómo es el tiempo dime cuando cierras tus labios
cómo es el tiempo dime cuando nadie lo dice).
Sembrarás tu silencio en los ojos de un ave,
¿deshojarías sus alas por liberar su vuelo?:
los cantos de los pájaros son ámbares astillas
(tan solo los desiertos han de lavar el cielo):
para ti y para mí no quedan tantas manos.
Yo guardaré mi nombre bajo pieles de piedra
y dirá el canto a oscuras que le lastima el tiempo:
yo guardaré tu nombre tan real que desnuda
la fuerza de los pasos que, amando, no te alcanzan.
Hay una fuente herida en mi cabeza,
un diablo desgarrándome los labios,
y una lumbre me fluye por las venas
que tiñe de voz roja el crisantemo.
Y lo que es dulce amor convierte en ira,
un miedo de perder, entre mis manos,
la vida llanto a llanto conseguida,
el fruto, beso a beso, entreverado.
Y apuñala de agujas, enhebrando
sobre mi corazón tercos desvíos
con los cabellos de quienes más amo.
Quiere, en su soledad, reinar lo cierto,
acabar con la niebla exacta y viva
donde el amor, más amplio, me abandona.
Al nacimiento de nuestro señor jesucristo
Envuelta en manto humeante entre los grillos
la palabra final llena el espacio
porque esta noche viva, Dios, llorando
ha nacido en cada uva del viñedo sombrío.
Liberado su cuerpo en el calor vacío
agita con sus manos la tinta de su sombra.
La vida se acumula con ojos para verlo
caminar en la muerte como sobre las aguas.
En Tu cuna de espinas balarán los minutos,
el corazón sin límites compartirá la sangre. Despierta,
Dios de lumbre y de sal,
latido entre las manos de María.
Liba la flor del ñuñu, de la arveja del ñuñu,
liba el clavo -la tierra- de los pechos morenos
que, repletos de vida, le duelen a tu madre.
Invitación
Ven conmigo en la fuente de esta tierra desnuda
que tiembla por mirarla en la fruta escondida;
los labios de sus grietas, sonámbulos del mundo
que se pregunta a tientas por los pasos que fallan.
Vamos solas tú y yo al ruideral de rosas,
solos vamos tú y yo río arriba en las palabras,
desatando latidos, y memorias que apagan:
seremos esa música que no sabe decirnos.
En tus manos me ahueco por volverme tus manos
solo porque te palpes y en mí te veas vacía
como la mano abierta para ti del instante
para que los perdidos la escuchen y hallen mundo.
Viene la luna al llanto con su pecho rendido,
guarda la luna, amor, escóndete en su boca
(ahora que estás oscura dime dónde mis pasos,
si tan solo esta forma que me desata el cuerpo;
dime cómo es tu sombra cuando ya no es sagrada,
dime si aún te conoces al romper los destinos
y si todos los ojos son la luz que los suelta).
Ven hacia mis cabellos que hacen ruido en tus dedos,
dime cómo es tu sombra cuando dice mi nombre,
cómo es mi nombre dime cuando nadie lo dice
cuando nadie lo toca dime dónde se duerme.
El polvo se hace vida cuando cruza tu aliento
como una lejanía que recoge los labios
(un oído es la noche que la razón seduce).
Dime cómo es tu nombre después de tantas bocas,
ven conmigo hacia el tiempo para verter los frutos,
construyamos un beso que no pueda ofrecerse
(cómo es el tiempo dime cuando cierras tus labios
cómo es el tiempo dime cuando nadie lo dice).
Sembrarás tu silencio en los ojos de un ave,
¿deshojarías sus alas por liberar su vuelo?:
los cantos de los pájaros son ámbares astillas
(tan solo los desiertos han de lavar el cielo):
para ti y para mí no quedan tantas manos.
Yo guardaré mi nombre bajo pieles de piedra
y dirá el canto a oscuras que le lastima el tiempo:
yo guardaré tu nombre tan real que desnuda
la fuerza de los pasos que, amando, no te alcanzan.
*Omar
Jasso (Estado de México, 1990). Estudió Letras clásicas en la Universidad
Nacional Autónoma de México y Creación Literaria en la Universidad Autónoma de
la Ciudad de México. Es autor de Tierra (Editorial Literal, 2020), y
textos suyos aparecen en las antologías Los reyes subterráneos (La Bella
Varsovia, 2015), Ritmo. Poesía joven de México (UNAM, 2018), Poetas
parricidas (Cuadrivio, 2014), y en las revistas Palabrijes, Irradiación,
Carruaje de pájaros, Revista Kametsa, La Pulcata, entre
otras.
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