Ver una entrada al azar

miércoles, 29 de abril de 2026

"Mi pulovercito verde" relato de Rocío Lagos

 

Una compañera del trabajo me dijo que una prenda deja de ser nueva cuando la lavás por primera vez.
Después escuché que algo deja de ser nuevo cuando otro objeto, con las mismas características y la misma función, lo reemplaza.
Entonces me pregunto: ¿en qué momento una cosa —un objeto, una relación, una amistad— pasa de ser nueva a mediata o, más aún, a vieja?
¿Existe un acto puntual que marque ese pasaje?
¿Es el tiempo, silencioso y constante, el que termina dictando sentencia?
¿La recurrencia desgasta la novedad o la confirma?
Mientras tanto, está mi pulovercito verde.
Mis hermanos lo bautizaron “el nuevo”. Para mí nunca dejará de serlo.
Lo he lavado varias veces —no tantas como debería, confieso— y, sin embargo, cada vez que lo uso siento que lo estreno. Siempre está ahí, doblado, asomándose, preparado para salir, esperando alguna ocasión.
Me acompaña en algunas noches de invierno, sobre todo cuando estoy triste porque algo me hizo mal.
A veces me gustaría que no fuera de lana, para poder usarlo en todas las estaciones del año.
Tiene un hueco mediano, justo en la flexión del codo. Pensé en zurcirlo con dos o tres puntadas, pero prefiero dejarlo así.
Coserlo sería como cerrar un par de heridas, y no quiero mentirme: algunas todavía siguen abiertas.
Para mí es inmaculado, incluso con su desgaste.
Creo que es la capucha lo que lo vuelve especial. Un pulóver verde con capucha. Eso es todo, y sin embargo no es poco.
Cuando me lo pongo siento que mis ideas se aquietan, que logro contenerlas, trenzarlas de una vez, impedir que se expandan en ese infinito oscuro que a veces es mi conciencia.
Le tengo afecto y respeto.
No recuerdo si me lo compré o si fue un regalo. No sé quién me lo dio ni en qué lugar. Lo único que sé es que heredado no es. Me pertenece de una forma que no necesita origen.
Espero usarlo poco este invierno.
El significado de su color y el uso que le doy me hacen pensar:
esperanza y tristeza.
Esperanza en la tristeza, o tristeza en la esperanza.
Prefiero la primera. No quiero anhelar algo que, en el fondo, me duela. Prefiero estar triste y aun así poder imaginar algo mejor.
Por eso lo quiero tanto. Cada vez que me lo pongo es una novedad, aunque el mundo diga lo contrario. Porque para ciertas heridas viejas no alcanza ningún abrigo, ni siquiera mi pulovercito verde.
Desde que llegaste a mí, por el momento lo tengo guardado en mi placard. No creo tener que usarlo hasta que te vayas; aun así, deseo no volver a usarlo cuando ya no estés.

*Rocío Lagos, Argentina. Psicóloga y creadora de Cocata, una marca de diseño feminista. Su trabajo se centra en el uso de la palabra como herramienta de cambio social, convencida de que el arte es un medio potente para transformar la realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario