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lunes, 17 de mayo de 2010

México prehispánico


Adoré los moles

manché mi ropa

aprendí el náhuatl

correteé a los guajolotes,

se hicieron universales el chicle y el papalote.


La coyolxauhqui me aflige,

Mictlantecutli me asusta,

Nezahualcoyotl me enamora,

la consigna de Cuauhtemoc me motiva

el romance de Meztli y Tonatiu me fascina.


Danza del viento con plumas,

pies ligeros, músculos fuertes

humo con aroma que trae recuerdos.

Papel de árbol, sangre de nopal

huesos que caben en una vasija,

conejo en vientre de luna.



sábado, 13 de marzo de 2010

QUERIDO FANTASMA


Desde el primer poema me enamoraste,

"Entresuelo" provocó suspiros.

Cuando incado esperabas una caricia deseé aparecer a tu lado,

experimenté el gozo y sufrimiento plasmado en tus letras.


Después... supe la verdad sobre tu vida,

que ya no es. Te volviste añicos,

un millón de hormigas cargaron tu cuerpo,

quise subir a la luna a llorar tu ausencia,

pero... ya escurría de llanto;

Porque pasaste la vida enamorando mujeres

y ahora, lo haces desde tu lecho de muerte,

pues, dejaste tu instrumento de seducción,

el que ahora guardo bajo mi almohada.


De ahí saliste, de entre las páginas,

convertido en fantasma,

te entrometiste en mi vida,

apareciste en mis sueños,

me sigues a todas partes.


me enfadé contigo,

intenté remedios, plactiqué exorcismos

para sacarte de mi mente,

planeé tu muerte

y a punto de matarte con el filo del olvido,

miré tus ojos asustados, después tiernos,

me arrepentí, te amé más.


Para que me enamoraste si estabas muerto,

ven querido fantasma, duerme a mis pies

y al amanecer te vas.

Callado, de puntillas, sin que sienta tu partida

para no correr a detenerte.


Vete querido fantasma,

regresa a ser letra, vuelve a ser poesía.

Después vete a donde todos los muertos,

a disfrutar tu descanso.

Vete querido fantasma y no vuelvas jamás.



Dedicada al poeta Jaime Sabines


domingo, 14 de febrero de 2010

I

Yo no sé cómo es la ciudad

siempre he vivido en el campo

sé de los grillos, de las tuzas,

de la ardilla de mi árbol.

De aquella lechuza a la que cantamos,

que voltea presumida y con desdeño nos mira,

mientras mi hermano y yo reímos.

Hermanito, yo quiero conocer la ciudad, le digo

pero ni subiendo a la copa de mi árbol

podemos verla, dicen que está muy lejos.

Cuando sea grande quiero ir a la ciudad

mientras, haré una bolsa, la ataré a una vara

y atraparé las mariposas

que paran en los mastuersos.

Después, las dejaré ir

que sean libres

como yo lo quiero ser.