
Entiérrenme el miércoles,
si por sus razones
cubiertas del mismo misterio
que así nunca hace falta,
la vida se me escabulla
justo cuando la fiesta
está más encendida
y todo Brasil está redescubriendo
lo sabroso que es vivir,
díganle a la muerte
que me conceda cinco días
para aprovechar las folias
el maracatu,
la gente disfrazada
de sus deseos carnales,
la libertad de ser
por una vez más
para irme con la dulzura
en el paladar,
para regresar
bailando
y cantando.
El barco sale de la bahía,
rumbo al otro lado del mundo
(o así piensa el capitán),
sin saber que esta aventura será como ninguna otra.
las estrellas guiando como centinelas ancestrales.
no corresponden al pronóstico que vi anoche,
susurran en lenguas olvidadas, ¿qué tratan de decir?
el capitán cree haber tomado mucho anoche,
observa la botella, ¿es ella quien pinta estos cuentos?
Un libro antiguo en su camarote le habla de leyendas marinas,
pero duerme de nuevo, pensando que es imposible lo que ve.
¿son estos los trazos de sueños o fragmentos de un mundo perdido?
Preocupación lo embarga ¿le aviso al sub-capitán?
Pero teme que lo tomen por loco, que el mar le haya robado la razón.
Abre la botella de nuevo, como si en su fondo hallara respuestas,
siente un murmullo suave, el mar le canta nanas antiguas.
El aire cobra vida, relatos de marineros y seres de las profundidades,
¿acaso es él un elegido para escuchar estas confidencias?
Las cartas náuticas muestran rutas que nadie ha trazado,
el viento trae aromas de tierras que no están en ningún mapa.
donde el mar besa al cielo en un abrazo eterno.
Suda, tiembla, y en el vaivén de las olas siente el pulso del océano,
este vasto e incomprensible ser que esconde mil misterios.
“Esto ha de pasar”, se dice, “esto no es real”,
pero en su corazón sabe que el mar es un lienzo,
donde la imaginación pinta epopeyas y romances,
donde la soledad engendra serenatas de sirenas y lamentos de ahogados.
con la esperanza de que al despertar, la realidad y la fantasía
sean una sola y rica sinfonía,
en la cual él, el capitán, sea tanto navegante como poeta.
Veo el espejo
y sé que me faltan pocas cosas,
que lo importante ya lo tengo,
que lo que ya tengo me permite todo,
que nadie tiene todo.
Y sé que debería sentirme feliz,
plenísimo, relajado, contento,
entonces, ¿por qué diablos pesan tanto las carencias?
¿Por qué me desestabiliza ver lo que no tengo
y me obsesiono poquito a poco
y comienzo a olvidarme de lo que ya tengo,
como si fuera poco que yo sea YO?
¿Será que así es cómo se me incita la inspiración?
*M.
Tomás Awada (Venezuela, hijo de libaneses) vive en Río de Janeiro. Escribe en
español y en inglés, y transcrea cada poema al otro idioma, de modo que ambas
versiones terminan siendo originales y no un original y su copia. Estudió
ingeniería en la Universidad Americana de Beirut y dirige una empresa de
traducción. Dos de sus poemas fueron seleccionados por Verse-Virtual. Reúne
parte de su obra en tomasawada.com.
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