viernes, 13 de agosto de 2021

“Contrapunto con Füger” Ensayo Roberto Carlos Ábrego Maríquez

 

La Magdalena penitente de Heinrich Fürger retrata a una mujer con el torso descubierto, recostada sobre el suelo con un pergamino sobre el cual reposa su brazo. Su rostro y la postura son de ensoñación, hablan de recuerdo, de fantasía. A diferencia de la adusta escultura de Rodin con sus facciones ceñidas y grave rostro, Magdalena yace ilusa, acaso circunspecta. A mi parecer, este contraste resalta las concepciones en torno a la mujer, porque… ¿cómo una mujer ha de poder pensar?

Me sumerjo en mi interior y encuentro ahí resquicios de esas ideas anquilosadas que bosquejan a la mujer soñadora, tierna, ilusa, fantasiosa. Trazos que delimitan el precepto de la mujer. Lo constriñen a las bellas artes, hacia lo simple, lo superfluo, incluso fatuo. Reflexiono, vuelvo a mí, profundizo y en las capas más hondas me encuentro con el recuerdo de aquella pareja en Israel camino a casa: el marido con sus leyes contoneándose a cada paso y su mujer detrás. Subrayo el “detrás”, siempre detrás.

Contra esas lisiadas ideas, sí, sólo ideas, los rostros de tantas mujeres en mi vida impelen y agitan mis profundidades de modo que siempre encuentro contraejemplo para esa “ley” enquistada en nuestra sociedad, la cual desdeña a lo femenino. Re-cuerdo entonces a Paty por quien me viene el amor a las matemáticas, ciencia pura y dura como dirían los ilusos. Recuerdo a Cristina quien con meticulosidad extrema me guiaba en la investigación sobre la literatura y la filosofía. Ella es signo de precisión máxima, de prístina redacción. También Sofía para quien los músculos, tejidos, sistemas, y órganos son hilos con los cuales teje, diagnostica y crea. Priscila con su minuciosidad, su profunda dedicación para preservar la vida de los que atraviesan las fronteras.  Ellas y muchas más son los contraejemplos que me sitúan en la realidad. Ellas con su vida, con su trato, con su dedicación agitan esos sedimentos de privilegio profundamente soterrados en mi conciencia. Se levantan como voces en el desierto para gritar y reclamar que su lugar no es detrás, su lujar es junto con, a la par.

Women who read are dangerou[1] porque al leer, reflexionar y pensar remueven desde dentro al pensamiento operante. Desde el pensamiento y la reflexión mismas desarticulan esos mecanismos bien trabados dispuestos para la exclusión. La mujer (el hombre también solo que por ahora no merece el escribir al respecto), al seguir los preceptos délficos γνωθι σεαυτόν, cuestionan los modos de proceder, cuestionan los presupuestos invisibles por la cotidianeidad.

Después de este clavado a mis adentros, me doy cuenta de que esas mujeres de carne y hueso, con su entrega me van transformando. Con su entusiasmo y dedicación se entreveran en mí de tal forma que me constituyen de manera distinta, hasta el punto en que al contemplar la pintura de Fürger resuena en mí la diferencia, lo otro pues el punto de referencia es ellas.



*Roberto Carlos Ábrego Manríquez, nació en Morelia, Michoacán, México. Los frescos e históricos vientos de aquella región le han constituido con tinte bohemio y dejo de saudade. Estudió en la facultad de ciencias físico matemáticas en la Universidad michoacana de San Nicolás de Hidalgo; ahí, pudo indagar por las notas constitutivas de las cosas, hubo de dar rienda suelta al libre juego entre las proporciones, funciones, ecuaciones. Durante ese mismo tiempo, trabajó como profesor de idiomas (francés, alemán, inglés, portugués) que, a fin de cuentas, no es otra cosa que hacer más de lo mismo, pues las matemáticas y la física son también hermosas gramáticas con sintaxis propia, con cadenciosa fonética. Muchas lenguas porque no basta una para nombrar, aunque sea imperfectamente, lo que siente, lo que lo mueve, lo inefable.

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