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lunes, 20 de mayo de 2024

"La rana Silvana" relato de Carlos Cubeiro

 


    Silvana era una rana como muchas otras de color verdoso que le permitía camuflarse para no ser vista. Así evitaba poder ser atrapada por jovencitos humanos con fines nada saludables para ella. A pesar de su juventud ya conocía muchos de los peligros que debía evitar pero la mayoría de las veces no lo hacía, era bastante temeraria, no le tenía miedo a casi nada. Ésta forma de ser le daba más de un susto diario. Saltaba de charca en charca, usando la vegetación como trampolines para llegar más lejos. Con más frecuencia de la deseada por su familia, sus piruetas la llevaban a pasar de un lado a otro de caminos transitados por coches, camiones de obras cercanas y por grupos de gente en plan excursión. Saltaba, se apoyaba  en alguna rama de un árbol  o arbusto y cómo sí fuera Tarzán de los monos aparecía a varios cientos de metros. Eso sí, nunca caía en seco.

    Un atardecer, cuando el sol estaba a punto de desaparecer en el horizonte, nuestra amiga, la rana Silvana encontró en medio de unos juncos un artilugio que ella no conocía. Cómo aventurera que era se subió a él, era una tabla con ruedas, ósea un monopatín. Estaba viejo y despintado pero sus ruedas giraban y giraban, tanto que comenzó a coger velocidad. En un momento determinado y sin que Silvana pudiera evitarlo, las ruedas del monopatín tropezaron con una piedra, al borde de su charca preferida, con lo que salió volando con Silvana sobre la tabla. Maravilla - gritó ella emocionada-. No se paró al atravesar el agua, continuó corriendo por los senderos y cruzando por el aire nuevas pozas y riachuelos sin descanso. Silvana se sentía feliz viajando en la tabla con ruedas, en aquella que le parecía mágica. Con la ilusión de aquel viaje, no se percató que el cielo se cubría de brillantes luceros acompañados por la luna nueva de plata. Rodando por los caminos de tierra, por las pistas asfaltadas, por arriba, por debajo de los puentes, cruzando pueblos se fué alejando de su hábitat conocido. De pronto, las pequeñas ruedas del monopatín frenaron en seco al enredarse en unos arbustos, sin darle tiempo a reaccionar nuestra protagonista, la rana Silvana, salió despedida de la tabla aterrizando panza arriba en la piscina de un chalet con el agua templada. Con más miedo que otra cosa, salió de la enorme piscina más grande que las charcas conocidas, pero no encontraba un mínimo hueco por dónde huir, ni siquiera un árbol a donde saltar para salir del lugar rodeado por un enorme muro de piedra. No podía hacer otra cosa que regresar al agua y esperar el momento oportuno. Al día siguiente, todo seguía igual o eso parecía. Vió aparecer un niño que se dirigía directamente hacia ella. La había visto desde su ventana y traía una red para cazarla.¡¡ Qué miedo!!- pensaba Silvana mientras le temblaba todo el cuerpo pensando en su próximo futuro. Quizás haría un guiso o una parrillada con sus ancas. Antes de ser atrapada y con un gran esfuerzo saltó a la cabeza del crío y desde ésta, a la parte más alta del muro antes de que aquel niño impertinente le echara el guante, como se suele decir. ¡¡ Milagro, la tabla con ruedas está justo debajo!!- se dijo-. Sin perder tiempo saltó sobre ella, sólo le hacía falta el impulso necesario para emprender el regreso con su familia. Y sucedió, un coche dió marcha atrás chocando con él monopatín. Ese golpe fué suficiente para impulsar la tabla y a Silvana cuesta abajo.

    Por fin regresaba a su charca. De nuevo, atravesando pueblos, puentes, caminos y pozas, parecía que volaba. Según se acercaba escuchaba cómo el croar de todas las ranas pidiendo ayuda para encontrarla. Su color verde destacó con él brillo de la luna para que todas la vieran llegar saltando como siempre de arbusto en arbusto. Pero eso sí, sin el monopatín que tan lejos la había guiado. Allí, semi hundida  en el agua quedó para siempre la tabla con ruedas.

     La aventurera rana Silvana se tomó desde entonces la vida con más calma mientras no llegó a ser adulta. Nunca se volvió a alejar de su hábitat, la lección le sirviera para mucho. Sólo con sus allegados es la forma de vivir con la seguridad necesaria y el amor enorme e incondicional de sus progenitores. La aventura no está reñida con la prudencia. La temeridad trae aparejados peligros insospechados.

 

*Carlos Cubeiro nació en A Coruña, España. Comenzó a escribir poesía en 1983 y ha logrado sendos terceros premios de poesía en gallego, en Sestao (Vizcaya) y A Coruña en 1988. Desde hace algún tiempo, se dedica también a escribir relatos cortos. Colabora con poemas y relatos en la revista digital Masticadores y ha participado con uno de sus poemas en la revista cultural de la Sociedad Artística Ferrolana (SAF). Además, ha contribuido en el espacio "La Ventanita de Manuel y Manuela" en Facebook, recitando tres de sus poemas. Asimismo, suele participar y colaborar en eventos literarios tanto en León como en A Coruña.

1 comentario:

  1. Me encanta la historia de " rana silvana ". Gracias por compartirla Carlos

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