viernes, 9 de octubre de 2020

¿Qué es la poesía? Poemas de Fernando Cuartas Acosta.


La poesía no está escrita sobre un mantel de nubes prestadas al olvido. Cada nube se inventa entre la lluvia que nos invade desde adentro. Es dudoso que se diga que existen demasiados poetas, como si tales humanos nacieran en producción en serie; creo más bien que los deshacen, los ocultan y los incineran. Cada palabra pronunciada es un sésamo para entrar a las moradas más ocultas: origen del bardo y de los seres que perduran las leyendas, como la magia misma de la creación de mundos.
La poesía es un síntoma de rebeldía y de trasgresión, trata de indagar por los sentidos más ocultos de las cosas, de ser avizora de las trampas tendidas por el consumismo diario. No se trata de frases cargadas de ornamento, ni lapidarias sentencias sobre una bandera o un credo asfixiado en ortodoxias. 
Es todo lo contrario, busca reventar las cercas, eliminar fronteras, acercarse mucho más al oscuro pozo donde nacen las estrellas, las legendarias lámparas que puedan parpadear sobre las dudas diarias. 
Considero que no se es poeta por el hecho de buscar armar un libro pegado de domingos y bostezos, entre la arrogante farándula y una aparente humildad de los que pulen los puñales cuando no funciona el lápiz. 
Recordemos que fue con la punta de un lápiz gigante, cuando Ulises pudo sacar el ojo al cíclope, para hacer que el temor quedara ciego y la embarcación de la osadía fuera por el mar de la inventiva. 
Para mí la poesía no es más que una forma de vida. Algo sanguíneo, pasional, un acto vivo. Nada de altares y posteriores ofrendas de estatuas en un parque. La poesía y el poeta son un libro abierto para preservar la vida. 


Del libro de las cosas con ojos

Barco anclado

Huele a mar y a inocencias de peces consumados, varado sobre una playa un gigante bufa, herido es remolcado por los años. Ojos apagados, una remota testa que ha perdido bríos y se conserva en una arena tibia. La boca impronunciable de palabras y de broncas del pasado.
El barco tambalea enfermo. Los piratas deben estar cruzando sus pipas y dejando prótesis de manos y de pies en los tejados.
Los viejos marineros han huido a Ningún Lado, geografía sin nombre de los olvidados.
Maletas, cofres, libros, sogas, banderas, armas, gritos, toneles, vinos, verbos, todo ha sido lanzado por la borda. Queda un gato perdido entre un estanque seco.
El viejo gigante parece dejar un último gemido, una lejana queja de islas oscuras y laberínticas leyendas.
Un pobre rey viejo coronado por espuma, un hijo loco de Neptuno, un ser lastimado que busca donde morir de pie como los kraquen, parado en tentáculos de océanos.


Del Libro Las Noches de los Jueves

Noche 

Todo ha enmudecido de repente
Ni los perros ni los gatos se asoman con sus ruidos
Una lámpara ciega, deja una luz temblorosa sobre la calle sola
Ya han cerrado la tienda de la esquina
El corazón ajeno, la tertulia con demonios
El encierro de un ángel, la última palabra de un borracho
Una triste figura de beata sale a media noche disfrazada de fantasma
El pueblito esta callado, es la hora cerrada, el motín de las ánimas
El caro oscuro de los que se han ido y se han convertido en pensamiento. 
El pueblito se estremece en madrugadas, se siente un leve viento
Que trae palabras de un  convento y despedidas en zaguán 
Noche de estos pueblos cobijados en neblinas, abrazados al recuerdo
Mojados por las lluvias, recostados a un farol. 


Ojos

Un par de almendras húmedas. Cristales de carbón que miran; Desde el otro lado de la noche, hay un fulgor que alumbra, son los destellos de las madrugadas, la mirada entre caminos, el dulce recuerdo de unos perros que ayudan al pastoreo de las estrellas. 
Un par de hornos fulminantes, labor de siglos mirar desde el fondo de los mitos. Mirando se contempla el temblor que existe en una flor cuando llegan los duendes con tijeras. Mirando se puede sentir la neblina escondida entre los pechos y el agua gris de los primeros sueños. 
Mirando se ve una crisálida saliendo muy despacio de una boca pronunciando un beso. Mirando hay un incendio negro, ese rostro que perpetúa hasta el infinito los segundos.


Armonía

Bajo el efecto de las proporciones, en una distribución de encantamientos, la flor del equilibrio, sobresale con sus pestañas de pétalos cual espadas sin miedo. Es una sencilla flor de escudo, de loable luz entre sus carnosas presencias.  
Aureola de destellos rosa, la palidez de un sol que se derrite en besos de luz en las mañanas. 
Custodia sin rezos, lámpara sin fuego, ojo enorme que nos muestra el universo. 
Ninguna de sus puntas es igual a la otra, la lengua de una tribu puede parecerse a otra, más no serán iguales, como no son iguales los sueños de mil seres, aunque hayan vivido una misma guerra y hayan compartido amores similares.
Una estrella florígera, barroco natural de los jardines. Allá está abierta y gozosa, un séquito de abejas le rinde un culto extraño. Es una aparición de siglos inventándose. 
Un poema vegetal que nos conversa. 
Dicen que tienen música secreta entre esos pétalos. En las noches se les oye cantar algunos versos. 


El ABC de un pueblo

En la esquina hay un poste en el poste hay unas cuerdas en las cuerdas hay golondrinas en las golondrinas hay nostalgias y en las nostalgias quedan lluvias y en las goteras vive una lágrima y en la sal de la sopa una pizca de hambre y en la sal un picante y en el picante un amor y en los amores un zaguán y en el zaguán un beso y siempre en cada beso una tembladera, y ese frío repentino y esas ganas de subirse a un balcón, y ese patio que llama y ese arbolito que secunda y en todo el pueblo hay un chisme y en ese chisme una historia y todo se hace leyenda, entre calles y ventanas, luego volvemos a la esquina, luego regresamos al pueblo, la chica se ha casado, el chico vive lejos, la vida ha continuado, en cada esquina un recuerdo y en cada memoria un suspiro y así en ese ABC de los amores que se resucitan en un breve recorrido por las calles como perros callejeros o como gatos entre el techo.


Al otro lado

Rompe la monótona tragedia, la soledad y espanto, el dolor repetido que hace cicatriz y esconde herida
rompe el muro y sus destrozados cimientos
rompe civilizaciones y murallas
rompe ese miedo ambiente
rompe que al otro lado aún se ve caminar sobre el cielo nubes nuevas
rompe el telón del infortunio
nada queda entre cenizas y las ruinas
allá al otro lado se ve un lugar amable entre lo onírico y el deseo de ser otro...
rompe, rompamos, rompiendo...
esa angustia de ser nadies, de ser destrozo y miedo
rompamos la caparazón de lo adverso
la desdicha por la dicha, por lo dicho
digamos haciendo más allá del muro y sus silencios.


Un abecedario de infiernos

Cada pluma que cae del ave que vigila las sombras de la noche es una letra oscura sobre un territorio de olvidos.
Se pueden recoger todo un abecedario de ritos, de fantasmas, de infiernos hechos a la medida del miedo y de las amenazantes figuras que inventamos ante la débil contemplación de espectros.
Se han escrito libros con las plumas del miedo
se han dejado caer gotas de tinta de sangre oscura y negra
se ha manchado la imaginación con mendrugos de desesperación y se han tratado de hacer apocalípticas
metáforas con esos abecedarios temblorosos
El pájaro seguirá allí
renovará sus plumas, nos dejará su alegoría del vuelo.
La noche no siempre es sinónimo de catástrofes
ni las sombras son premonición de Parcas
La luna sigue mirándonos
y las águilas nos sobrevivirán sobre esta tierra.


Las fauces de la noche...

Sigilosas sombras se acercan, engullen los ojos del cielo.
Animal con cara de borrasca
Cielo oscuro y nubes como barcos a la deriva
salen en exilio, desplazadas formas llevadas por el viento.
La zarpa, la boca fiera, la garganta inmensa
alimentada por la oscuridad y por un temor atávico
nacido en las tormentas.
Más el vendaval desfigurara los monstruos
el hambriento can no llegara a la aurora
al otro día, pese a todo, el sol volverá sobre la bóveda del cielo.
La luna no se estremecerá
y nuestros ojos mirarán la vida
un día más y la noche no es están oscura
ni las sombras siempre guardan el espectro del miedo
Un día más
y las furiosas bestias desaparecerán
de las mentes enfermas y de los cobardes aplausos con la muerte.


Otras geometrías

Todo se mezcla, se diluye, se esparce.
Cubos sólidos, nubes chatas, apiñamientos, cúmulos, rígidas formas, volúmenes estáticos, nada de eso es cierto. Todo lo sólido se desvanece en el aire.
Sólo flota a la intemperie un sueño con sonrisas
una mujer como metáfora
un amor sobre la sombra: un asombro que nos nombra
Esas líneas rectas se han hecho después de ver curvar el universo
Bloques compactos, son ilusorios
existen, se derriten
parecen absorberse, se juntan hasta que se mezclan
se hacen amorfos, impúdicas masas lascivas formas
erotismo se junta con deseo
no existe ahí una geometría rectilínea
es hipérbole, elipse, parábola, concavidad
como el sexo, el amor, el deseo
nada se hace directo, preciso, recto,
todo allí es arco sin flecha, curvatura erótica, universo sin muros, alegoría de los cuerpos que se juntan
amor sin doctrinas ni sin reglas
puro desorden bello de un orden no visto
erotismo que brota
nada se exige, todo se da, se abre, se goza, se juega
amor sin cubículos, los dados se convierten en esferas
las duras líneas se hacen nubes.


*Fernando Cuartas Acosta, poeta y ensayista colombiano (Bello, Antioquia, 1955). Historiador de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Es guía patrimonial. Dirige desde 2003 el programa radial Taller de Luna, de literatura y difusión cultural, y coordina el taller de literatura “De la Tierra a la Luna, paisajes poéticos, geografías imaginadas”, en la misma universidad y en diversos sitios de la ciudad. Ahora con el nombre de Literatura y paisaje. Copartícipe del proyecto Punto Seguido, revista cultural. Con el libro En la calle no calle obtuvo una beca en el Centro de Desarrollo Cultural Moravia. Ha participado con la Organización Caminera de Antioquia en procesos de recuperación de antiguos caminos tanto prehispánicos como coloniales. Pertenece a la revista Innombrable, ha tenido actividades como guía patrimonial con el Bermejo Mundo de la Calle Abierta, recorridos patrimoniales por la comuna cuatro. Participa con la Cuarta estación Radio comunitaria comuna Cuatro y del libro de la esquina, de la misma comuna, donde participan varios colectivos culturales.
Ha participado en antologías de poesía tanto nacionales como internacionales y en revistas culturales como Aghula, Andrómeda, festival de poesía en Manizales, festival de poesía Nadaísta, Festival de poesía Prometeo, festival de poesía en Agua chica, festival de poesía por la Paz, ente otros. 
Libros En La Calle No Calle premio de poesía Municipal con Moravia sobre poemas dedicados a las calles del barrio. El libro Las noches de los Jueves, Los objetos con Ojos, Madame Destino antología de la revista Punto Seguido. En la muestra de poesía en Medellín, 1950-2011, colectivo de revistas.

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