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viernes, 16 de junio de 2023

“Infantil” cuento Rolando Revagliatti

 

 

 — Cuando era chiquita me soñaba una casa — dice la mujer. Que era una casa. Que yo era una casa en cuyas tejas los pájaros no sabían posarse. Se desprendían, resbalaban, no sé; alguno no levantó vuelo y se estrelló. Y se murió en mi jardín, entre las flores, entre los carteles que explicaban la procedencia de esas flores vistosas, con tanto amarillo y negro, tan desesperadas. Se murió en mi jardín, uno. Y nadie lo enterraba. Era chiquita la casa que yo era: un chalecito. Había una virgen de Luján en el fondo, empotrada en una pared descolorida. No sé quién le llevaba menta. Los bichos canasto estaban siempre con ella. Las tejas, no me acuerdo. Pero los pájaros se caían, todos se caían.

— Uno se murió — dice el hombre.

— Resbalaban, no sabían posarse —dice la mujer. Por la chimenea nunca salía humo. Estaba siempre limpita. Ni las palomas ni los pájaros se acercaban a la chimenea. Intentaron varias veces no resbalar, aletear con precaución.

— Uno se murió — dice el hombre.

— ¡Sí!... ¡Uno se cayó, se murió! —dice la mujer. Y nadie lo enterraba. No sé cuántas muñecas vivían en mi casa. Lo miraban al pájaro y seguían de largo. Por ahí se detenían un momento, y de lejos nomás miraban y seguían de largo. Con ojos estúpidos miraban y hacían lo que tenían que hacer, menos enterrarlo o quemarlo o tirarlo afuera. Todas tenían mi cara, las muñecas. Eran muchas. Todas parecidas, pero ninguna era igual a otra.

Dice el hombre:

— Mi amor.

— ¿Qué?... — dice la mujer.

— Nada — dice el hombre. Te beso.

La besa en los labios. La mira mientras la besa. No la abraza ni la toca más que con los labios. Deja de besarla. Detenidamente mira el pelo, el cuello de la mujer. Sin tocarla más que con los labios, vuelve a besarla en la boca. La mujer, sin separarse, llora. El hombre, con un brazo, la toma de la cintura. La mujer besa las mejillas del hombre. Con la otra mano, el hombre, toma la cara de la mujer. La mujer lo abraza. Llora.

— ¡Yo era chiquita!... — dice la mujer. ¡Yo era chiquita!...


*Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y dieciséis poemarios, además de otros tres poemarios sólo en soporte digital. En esta condición se hallan los seis tomos de su libro “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, conformados por 159 entrevistas por él realizadas. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com  

jueves, 15 de junio de 2023

"Liberación del Ser" ilustraciones de Jesica Mejía Mejía

 

Nombre: Liberación del Ser
Técnica: Lápiz, Lápices de Color
Medidas: 29*22cm
Año: 2015



Nombre: Maíz
Técnica: Lápices de Color
Medidas: 35*25cm
Año: 2016


Nombre: Medicina para el Alma
Técnica: Lápices de Color
Medidas: 32*32cm
Año: 2020



Nombre: Mama Yaku
Técnica: Lápices de Color
Medidas: 40*30
Año: 2021



Nombre: Señora de los Remedios
Técnica: Lápices de Color
Medidas:60*60cm
Año: 2021



Nombre: PardaliSativa
Técnica: Lápices de Color
Medidas: 27*22cm
Año: 2019



Nombre: La Vida No Muere
Técnica: Lápices de Color
Medidas: 46*30cm
Año: 2018



Nombre: Canto al Agua
Técnica: Lápices de Color
Medidas: 45*35cm
Año: 2020




*Jesica Mejía Mejía es una pintora y muralista de Colombia. Es una artista visionaria de la ciudad de Chinchiná, Caldas, pero actualmente reside en Itagüí, Antioquia desde 2010. Todas sus obras son un manifiesto de su relación entre los mundos oníricos, el amor y el respeto por la naturaleza. Además, se destaca la conexión de su alma con la geometría sagrada y las leyes de origen, que nos hablan de la existencia de lo macro en el cosmos y lo diminuto contenido en este universo al que ella llama "Semilla en Expansión".

miércoles, 14 de junio de 2023

"El polluelo" cuento de Ronnie Camacho Barrón


La inminente colisión de la luna con la tierra, ha provocado un aumento en el nivel de los mares que está arrasando con las ciudades costeras, su fuerza gravitacional sacó a los satélites de órbita dejando al mundo incomunicado y todos aquellos individuos susceptibles al trastorno bipolar, se están volviendo hostiles con cada persona a su alrededor.

Muy pronto el mundo se acabará y yo soy la única culpable, debí dejarlo donde lo encontré de haberlo hecho nada de esto hubiera pasado.

Todo comenzó hace dos semanas, debido a mis años de experiencia en el campo de la arqueología, fui llamada por el gobierno egipcio para ir a investigar una extraña pirámide recién descubierta en El Cairo.

Al tratarse un asunto de estado, la expedición se encontraba bajo la dirección de los militares del país, quienes además de trasladarme junto a mí equipo hasta el sitio también se asegurarían de mantener alejados a todos los curiosos.

En un principio no comprendí porque tanta discreción, había trabajado en decenas de excavaciones en la misma zona antes y estaba más que segura de que no encontraría nada nuevo, sí que estaba equivocada.

Ya que, además de no parecer afectada por sus siglos enterrada bajo la arena, la pirámide que me habían enviado a examinar, era totalmente distinta a todas las que alguna vez vi.

En lugar de piedra caliza, su estructura estaba construida a partir de una roca negra que parecía absorber la luz del sol y cada bloque, tenía gravados distintos jeroglíficos hechos de plata que contrastaban con su oscura superficie.

Abasi Mustafá, el comandante a cargo, me explicó que intentaron de todo para acceder a ella, desde maquinaria pesada hasta dinamita, pero nada funcionó, fue por eso que me llamaron esperaban que fuera capaz de encontrar la forma de hacerlos entrar.

Junto con mi equipo, comencé a examinarla más de nada me sirvieron mis años de experiencia, nunca había visto un material similar al de aquella roca negra y era la primera vez en mi vida que veía algunos de los jeroglíficos que la recubrían.

Pasamos días inspeccionándola y cuando parecía que fracasaríamos en nuestro intento, fue que lo encontramos, el único pictograma que reconocíamos, aquel que representaba al dios Thot.

Esté se encontraba gravado en distintos bloques, ubicados en las cuatro caras del monumento y después de haber visto sistemas similares en otras estructuras, hicimos lo mismo que con ellas y los presionamos todos a la vez.

Al instante, una sección del objeto se levantó, dándonos por fin el tan ansiado acceso a su interior.

Cuando el comandante y sus hombres vieron lo que logramos, se apresuraron a entrar y como era de esperarse, nosotros fuimos tras ellos.

Si por fuera la pirámide nos había maravillado, lo que vimos dentro, nos dejó perplejos, pues la entrada daba a una sala circular cuyo piso se encontraba cubierto por exuberantes flores que parecía morir y renacer a cada segundo, aunque en el exterior era de día  en su techo podía verse el cielo nocturno y en su centro, postrado sobre un trono, se encontraba el cadáver momificado de un ser con cuerpo de hombre y cabeza de ave que abrazaba contra su pecho, un huevo de color gris oscuro.

A pesar de que lo tenía frente a mí apenas si podía creerlo, estaba viendo los restos de un dios.

De inmediato comenzamos a tomar muestras de todo, un poco de tierra, algunas flores y fotografías del techo.

Con lo más sencillo recabado, era hora de ir por lo más importante y con sumo cuidado, intentamos remover los restos de su asiento.

Para evitar que el huevo se rompiera, decidí tomarlo primero, pero apenas le puse un dedo encima, el suelo de la estructura empezó a temblar y las ardientes estrellas del techo comenzaron a caer sobre nosotros.

En cuestión de segundos, todo se volvió un caos y aunque me dolía en el alma dejar a aquel extraordinario espécimen atrás, no tuve alternativa y con su huevo entre mis manos, salí corriendo.

Fue por muy poco que logré salir viva, de no haber sido por el comandante quien me guío hasta la salida, hubiese muerto igual que el resto de sus hombres y mi equipo.

No hubo tiempo para llorarles, aunque la pirámide y todas las muestras se perdieron cuando está colapsó y sus escombros se disiparon como arena en el aire, aún conservaba el huevo y podía examinarlo.

Las pruebas de carbono, databan la antigüedad del objeto en el 1075 a. C., en la era de los últimos faraones, a pesar de eso, los rayos X a los que lo sometí, demostraban que en su interior había algo vivo y palpitante que en cualquier momento podría salir de él.

Cuando mis empleadores supieron esto, su decisión fue contundente, aquello dentro del huevo debía morir antes de siquiera nacer.

Traté de hacerles entender que ese huevo era una oportunidad en un millón, la prueba de que todos aquellos dioses que hoy son mitos, alguna vez fueron reales y que podrían volver a serlo.

Su respuesta, en Egipto solo había lugar para un solo Dios.

Obviamente intenté protegerlo, atrincherándome a piedra y lodo en mi laboratorio, sin embargo, poco pude hacer contra el comandante, quien con explosivos derribó la barrera que había formado con escritorios y libreros.

La fuerza del estallido fue tal que por más que lo intenté, no pude levantarme e impávida, observé como los hombres tomaban el huevo y lo destruían al impactarlo contra el suelo.

Pedazos de cascarón volaron por todas partes y bañado en líquido amniótico, en el piso se encontraba el feto de un ser con el cuerpo ennegrecido y lleno de venas de un bebe, cuya cabeza era el cráneo blanquecino de un ave.

Los militares se horrorizaron al verlo y no satisfechos con lo que hicieron, se dispusieron a pisotearlo, ese fue su último error.

Antes de que el comandante Abasí, siquiera pudiese levantar su bota, el feto levitó del suelo y se posicionó a la altura de la cabeza de todos los presentes.

 —¡Humanos insolentes! —bramó con una voz profunda el malformado ser.

—¿qui…qui…quién eres? —tartamudeo el comandante.

¡Yo soy Thot, señor de los muertos, la escritura, el tiempo y la luna, por milenios, aguarde por aquellos que alguna vez nos adoraron, para renacer y erguir juntos un nuevo imperio, pero en lugar de fieles seguidores, lo que veo ante mí son asesinos empecinados en matarme cuando me encuentro más débil, quise darles una segunda oportunidad y me fallaron, es por eso que morirán! — el dios apuntó su palma abierta hacia los militares y tras cerrarla con violencia, estos envejecieron tan rápido que en lo que dura un suspiro fueron convertidos en porosas pilas de huesos dentro de sus uniformes.

Cuando terminó con ellos, se dio la vuelta y lentamente se dirigió hasta donde estaba.

—¡No me lastimes, por favor! —supliqué.

—No lo haré —murmuró—.Fuiste la única que me protegió cuando mi propia gente quiso matarme, vivirás, al menos por ahora —

—¿Qué?

—Una raza que ha traicionado a sus dioses no merece seguir viviendo, disfruta de los días que te quedan, cuando la luna colisione con la tierra será el fin de todo lo que conoces —

Después de eso Thot se fue y aunque él me perdonó, el gobierno no lo hizo y por mi traición fui enviada a la cárcel para ser sometida a todo tipo de torturas.

Ahora con mi cuerpo maltrecho desde la ventana de mi celda observo como mi mundo colapsa a cada segundo, no dejo de maldecirme por lo que hice, pero los maldigo más a ellos por dejarme morir aquí.

 

*Ronnie Camacho Barrón (Matamoros, Tamaulipas, México,1994) Escritor, Lic. en comercio internacional y aduanas, y Técnico Analista Programador bilingüe. Ha publicado 2 Novelas "Las Crónicas del Quinto Sol 1: El Campeón De Xólotl" (Amazon 2019) y "Carlos Navarro y El Aprendiz Del Diablo" (Editorial Pathbooks 2020-2022), también 10 libros infantiles por mencionar algunos "Friky Katy", "¿Tus papás son vampiros?", "El pequeño Rey", "Los Guardianes del bosque" y "Erika otra vez", todos con la editorial Pathbooks y traducidos en más de 6 idiomas, su más reciente obra una antología de cuentos titulada "Entre Nosotros” (Amazon 2021). Colaboró en 14 antologías y muchos de sus cuentos, relatos y ensayos han sido publicados en más de 130 revistas y blogs  nacionales e internacionales. 

martes, 13 de junio de 2023

"Restos marinos" pinturas de Magdalena Benavente Vio


Nombre: Restos marinos
Técnica: Acrílico sobre tela
 Medidas: 15x20 cm
Año: 2018



Nombre: Eden misterioso 
Técnica: Óleo sobre madera
 Medidas: 20x30cm
Año: 2020



Nombre: Recuerdos de África 
Acrílico sobre tela
 Medidas: 30X40cm
Año: 2019



Nombre: Mujer con sombrero
Técnica: Óleo sobre tela
 Medidas: 40x50cm
Año: 2019



Nombre: Cortina del pudor 
Técnica: Óleo y pigmento sobre tela 
 Medidas: 50x60cm
Año: 2020



Nombre: Anti covid 
Técnica: Óleo sobre tela 
 Medidas: 50x60cm
Año: 2020




*Magdalena Benavente Vio (Chile) Estudió filosofía y publicó un poemario; Abotonándose Luz en 1993. Fue miembro del grupo surrealista chileno Derrame. Realizó su primera individual en el Museo Eugenio Granell; Santiago de Compostela-España en el 2018. Ha participado en diversas muestras surrealistas en Chile, como la gran exposición surrealista internacional El umbral secreto el 2009. Así mismo participó de la exposición Abya Yala, con el grupo Ojo Salvaje, realizada en diferentes lugares como el centro cultural de república dominicana en Nueva York. Actualmente codirige lcon Verónica Cabanillas la revista Honidi en Algarrobo-Chile.

lunes, 12 de junio de 2023

"La fiesta del olvido" poemas de Marco Pérez


ALÉGRATE

Si un libro no te salva 
Si una canción no te enmudece 
Si un beso no te revienta el hocico
Si algo dentro de ti arde y no te importa saber qué es 
Si tu nombre resulta apenas un eco entre papeles oficiales 
Si nunca has soltado el primer golpe 
Si tus ojos sólo sirven para cerrarlos 
Si tu alarma suena a las seis de la mañana 
Si tus rodillas son parte de tu fe 
Si cuando dijiste adiós nunca sentiste en tu aliento el humo 
de algo que en tu pecho se apagaba
Si nunca has colapsado en medio de una reunión familiar 
Si no has desesperado bajo los escombros de esta ciudad 
Si no le has ofrendado al insomnio tu ansiedad 
Si nunca has imaginado desde la ventana 
de un décimo piso tu cuerpo estrellado en la banqueta  
Si cuando estas frente a las vías nunca has pensado en saltar 
Si me dices que ya dejé de estar triste por tanta chingadera 

Alégrate: 
este mundo de mierda está hecho para ti.  


LA FIESTA DEL OLVIDO 

Hay una soledad certera
en el invierno, 
pero para llorar 
prefiero el otoño,
reconocer por mi piel gastada
la enfermedad del tiempo.

La fiesta del olvido.

Caminar la ciudad 
entre hojas muertas
y el crujir bajo las botas,
como si se pisasen los recuerdos.

Físicamente, seguir avanzando.
Emocionalmente,
pertenecer a un árbol;
echar raíces en el silencio 
y después llover 
como nube negra 
vista desde el cristal estrellado
de un hogar en ruinas...

y seguir cayendo, 
porque cuando uno cae
regresa donde pertenece:
la orfandad de un niño que sonríe
desde el fondo del abismo
donde nos hemos abandonado.

Me debo al invierno
aunque prefiero su ausencia,
y el otoño.

Como quien contempla el incendio 
de lo que fue su infancia,
detenerse a mirar
en las ramas desiertas de los árboles 
el cadáver de la nostalgia,

también es una forma de llorar.


*Marco Pérez. Poeta originario de San Martín Texmelucan, Puebla. Publicó el libro de poemas La Fortuna de las Moscas (2021), en la editorial El Viaje y El Camino. Ha participado en festivales culturales como Tlalancarock, Encuentro de Blues del callejón y Encuentro Nacional de Poesía Max Rojas. Actualmente se encuentra trabajando en su segundo poemario.