Me Niego a la Niebla
Un eco sobrevalorado, un lamento infravalorado, tormentosa.
La vida en sueños y el sueño de vida,
Se alzan alas largas de pájaros que, altísimos, vuelan,
Mientras semillas Verdes buscan su rincón de Tierra.
De poemas que nacen, de poemas que se acaban.
En el vientre del reloj, un oasis que avanza y nos vence,
Sobre paredes rotas, un calendario caduco.
Una piel curtida, pronta a cerrar sus ojos,
Mientras la Luz se funde con las eternas nieblas,
En caminos desiertos, sin retorno, o en el humo amargo de las Drogas.
Esa que huele a frutas, a leña mojada y a café por las mañanas.
El inventario de Sabores y sin sabores.
Cortantes momentos de lucidez
Donde emerge, cruel, la ausencia:
Una Rosa marchita, que en mi jardín ya no habita.
La consciencia de la vela consumida,
La fría inminencia de la sombra.
Pero al final de todo el verso y su medida,
Ante el silencio o la nada absoluta...
ni más desbordante
que el silencio que me dejó tu vacío.
No profanaste mis templos sagrados
ni saqueaste altares;
solo arrancaste un trozo de este corazón
que hoy, por fin, se quiebra
bajo su propio peso.
No hubo sortilegios de amor que encadenaran nuestro destino,
solo susurros encantados que el viento hoy los vuelve lejanos.
Algunos salmos viejos y un par de canciones en papeles arrugados
Que ya no encuentro.
Me enamoré de ti
como se ama a la noche, a la Luna y a todo aquel astro lejano
que se desvanece
cuando el alba impone su luz fría.
Ahora en esta casa, la mía
—la que creí nuestra—,
espíritus errantes lamentan nuestro fracaso.
Hoy estas paredes sucias
y esta cama fría,
que aún conserva tu espacio,
Enérgicamente ruegan y no le temen al destierro:
ansían ser profanadas, de nuevo,
por ese corazón enemigo
que aún habita entre todas sus sombras.
Quizás ella me dejó a mí,
o simplemente nos dimos un tiempo.
Fue un puente viejo,
al borde del derrumbe;
una vela intentando encandilar
antes de que llegara la luz.
No nos hemos abandonado;
solo estamos en stand by.
Ella en su orilla, yo en la mía.
Volverá a aparecer
cuando el cuerpo la extrañe,
cuando necesite respirar a través de ella
y Ella, de nuevo,
necesite decirse
*María
Elizabeth Freire Campos (Chile). Poeta y Relacionadora Pública. Su obra explora
la intersección entre el desarraigo, el naturalismo y la condición humana,
utilizando el paisaje como un espejo de la psique. Desde 2017 reside en Canadá,
país donde ha consolidado una voz lírica que dialoga con la tradición chilena y
la realidad de la diáspora. Profesional de
las Relaciones Públicas con estudios en Marketing y Administración, ha logrado
integrar las comunicaciones con la creación literaria. Su poesía,
caracterizada por una observación minuciosa de los ciclos naturales y las
tensiones del silencio, ha sido seleccionada para diversas publicaciones
internacionales. En los que destacan Diversidad Literaria ( España), Converso
(Chile), Komala International, Amaranth magazine ( Canada), entre otras.
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