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miércoles, 8 de mayo de 2013

Poesía cromática "El color, y su expresión simbólica" Parte I - Azul



Nunca el azul “…Si está deprimido, ponga un color amarillo
 y de repente usted será feliz.”
Philippe Starck.

Azul

Yo sé de tristezas y de lluvia en la ventana de los ojos.
Sé de noches en vela, de lágrimas, de dolores sobre las pupilas.
Yo sé de ti. Y también sé de amarguras.
Sé de la vida. 

Sé que sabes de azules destellos, de pirotecnia en el tejado roto.
Sabes de luces crepusculares cuando muere la tarde,
de cigarros que se desvanecen, mientras la vida, también lo hace.
Sé que sabes de Baco, del vino, del sápido licor que seca la lengua.
Tienes conocimiento del escape y capacidad de hundirte en el cielo, 
de nadar desnudo sobre un lago negro y frío. De olvidar y seguir. 

Aunque las alas estén rotas, sirven para volar, para escapar,
para coger impulso y lanzarse al vacío sin pensar qué nos recibe. 
Sirven para caer así sea en el fango y darnos cuenta que
todo lo que un día está arriba, la fuerza de la gravedad, lo hará caer. 
Pero caer también es ganar, también es triunfar. 

Sé que sabes de flores azules y negras. Sabes de realidad.
Pero, lo más maravilloso, sobre lo cual puedes saber, 
es de tu azul propio. Del color de ensueño y de magia. 
Del color del cielo, del mar, del alma. De la tristeza.

Sé que sabes de azules destellos, de lápices, de dibujos. 
Sabes de ti mismo. 
Así como yo sé de mí, también, se de ti. 
De tu nombre, tú, que te haces llamar, Azul.

martes, 9 de abril de 2013

Tres Coalescencias entre Arte y Resistencia


-VIOLENCIA-ARTE-REVOLUCIÓN-
“ESTÉTICAS DE RESISTENCIA”
  
5ta Edición 

2013


-CUENTO Y ENSAYO-

-Prólogo-
Hernán Alonso Jaramillo 
(Colombia)


Tres Coalescencias entre Arte y Resistencia

“El auténtico gran escritor no quiere escribir: quiere que el mundo sea un lugar en que pueda vivir la vida de la imaginación. La primera palabra estremecida que pone por escrito es la del ángel herido: dolor.”
H. Miller, Sexus.

Prologar es una oscilación. Un recurso a la seducción. Es una estrategia de extravío y sobre todo un llamado, una táctica de evocación. Un deslizamiento, un derrame. Algo que pasa a través de algo. Prologar es también prolongar. Un prólogo también es una estetización, aunque su etimología reenvíe al lógos, entiendo acá que un prólogo participa de la aesthesis  cuando, siguiendo la fenomenología de Levinas, la intencionalidad no llega hasta el objeto sino que queda suspendida en la sensación. Un prólogo es una suspensión, nunca da una versión lograda de lo prologado y se empequeñece hasta explotar en unas cuantas palabras. Pero para que eso pase es necesario deshacerse de los nombres, de la instancia del sujeto y buscar frecuencias del imago entendido como etimología de imagen. Los lectores reconocerán estas imágenes en su actividad hermenéutica particular, o tal vez las denuncien, las aplasten con el ojo arrepentido o las aspiren hablando.

Acá se reúnen ensayos y cuentos. A veces la textura no está totalmente clasificada y el derrame sucede. De manera que el argumento se poetiza con una narración vivencial o ficticiamente real. O tal vez pueda suceder que la narración abra imágenes estéticas de renombre filosófico. Todo puede pasar. Es una cualidad inmanente. Algo que permanece internamente y luego estalla. Se reúnen ensayos y cuentos en torno a una experiencia, la experiencia de la resistencia incrustada en el fenómeno estético. Resistencia frente al poder de la espada y frente al poder del dragón, enemigo de la libertad creadora del león (Nietzsche).

Primera imagen. El arte como línea de fuga, como devenir, como movimiento sin término, como plano de consistencia de la résistence, como máquina de deseo que abre sus propias líneas de dinamismo y de derrumbe, de socavamiento de estructuras dominantes y de formas en que se domestican los cuerpos -desde la respiración, la digestión hasta el placer-, pero también la forma en que el cuerpo resiste al cuerpo creado por el capitalismo, un cuerpo desprovisto de potencia, término que reenvía al conatus essendi spinoziano, y el cual Deleuze difundió citando “nadie sabe lo que el cuerpo puede”. El arte como resistencia no solamente efectúa la potencia de corrosión de cárceles sígnicas, ideológicas, lenguájicas y corporales, además de abrir caminos inéditos del deseo, del CsO, puede recubrir denuncias, producir el nombre Antígona frente al olvido impuesto por Creonte.

Segunda imagen. Ficcionalizar el fenómeno violento para acercarlo más, para hacerlo más próximo produciendo una imaginería translúcida de la violencia matérica por ejemplo sobre los cuerpos femeninos y los imaginarios torturados de lo femenino, respectivamente líneas de fuerza y de enunciación sobre el cuerpo de la mujer traspuestas en la máquina creadora de la literatura. Así se abre, en el siguiente conjunto de textos, en general,  una relación entre la literatura y los ejercicios de poder, una relación que traduce la relación entre saber y poder pero congelada y acosada por la creación, momento decisivo porque la literatura también puede obedecer a una lógica del Estado, a una programática de la reterritorialización. En todo caso, la literatura no tiene el sello inscrito de resistencia en su espesura ontológica como fenómeno estético; tal sentido depende constantemente de la naturaleza del deseo y de la relación sostenida a través del instante con la existencia, allí donde en el instante mismo se cumple la relación entre existencia y existente. Dos instantáneas hasta el momento reposan en estos ensayos y cuentos. Una que puede ser ilustrada por Musil así: “Una poesía parte en trozos el sentido del mundo dependiente de mil palabras cotidianas, lo parte por la mitad y hace de él un globo huidizo.” El arte entendido como desterritorialización de formaciones estriadas y búsqueda del afuera. La otra instantánea no hace del arte un catecismo, como se lee en uno de los ensayos, pero tal negación no puede llevar  a la ausencia  de intensidades dolorosas en él. El arte no es un catecismo, su finalidad no es el cumplimiento de su intencionalidad,  queda claro, lo que no significa que el arte no esté a su vez hecho de intensidades dolorosas relativas a contextos político-sociales concretos. La literatura no puede ser solamente el recurso a la placidez, esta imagen corresponde con una literatura que combina lo testimonial –periodístico con lo ficcional. Dos ejemplos concretos de esta literatura podrá referir el lector en uno de los ensayos acá disponibles. Esta segunda imagen es muy afín, tal vez,  a la interpretación Sartreana que a la pregunta ¿Qué es la literatura? contestó subrayando en calidad de un existencialismo humanista que el arte literario es un compromiso político de un acto de decisión de un hombre absoluto. Los contextos político-sociales de Latinoamérica han ex – puesto de manera particular la relación entre literatura y dictaduras militares, recurso a la resistencia furtiva de quienes escribieron en silencio, exiliados, cubriendo sus vidas con el blindaje del arte como medio de exasperación de lo dominante. Esa relación de exposición pública en el arte, cumple a su vez un papel sobresaliente en los performance que evocan a través de la ex – posición del cuerpo, lugar privilegiado de la política, la denuncia a la injusticia y al olvido como ministerio de las armas territorializadas en un cuerpo fascista estatal y social. Mejor que la poética de la creación sea un recurso de la existencia, una forma de integrarla a los ínferos de la carne y del ser. María Zambrano y su razón poética  en  medio de su filosofía del exilio  y del delirio estrechó la existencia y la creación en medio de una sensibilidad femenina a través de los sueños, la poesía, el cuerpo, el corazón de cara a la muerte, al miedo y a la violencia.

Aún estamos en estas dos imágenes sobre la relación entre arte y violencia. El lector encontrará acá en la versión de los autores estas instantáneas y prismáticos estéticos. La segunda imagen que tiene por relación la dimensión crítica y  explosiva del arte sobre el poder dominante  expresa este límite: cuando un artista es asesinado eso significa algo más que el dulce encuentro con la placidez de la vida y revela negativamente la potencia estética de resistencia del arte. Si la tragedia griega Antígona encierra un pliegue político evidente es porque su mímesis es una posición, es decir, un acto de fuerza a través de la intensidad del dolor frente a la tiranía del orden que in-sepulta en el olvido, recurso  a la supervivencia  que decreta el poder sobre la eliminación absoluta del otro como reflexiona Canetti. Por otra parte, la parrhesía también encierra una estética, el vértigo de la muerte ante la enunciación inesperada del siniestro, de su intimidad, de su soledad condenada. También por esto el arte es locura y por eso el arte también está dado a la vida.

Estas dos imágenes, el arte como desterritorialización de las experiencias estriadas en el lenguaje, en el cuerpo, en el significante; y el arte como pliegue político que se ex –pone frente a las líneas de fuerza y enunciación de ciertas configuraciones de poderes, componen dos imágenes importantes del conjunto de textos de esta edición. No solamente se discurre a través de la ensayística sobre estas dos imágenes, las narrativas prendidas a su vez crean el particular efecto de un material poético que sustenta muchos de los enunciados sostenidos en los ensayos. Curiosamente los autores, sin previa comunicación sobre sus respectivas producciones han terminado creando un círculo entre consideraciones sobre el arte  y resistencia y narrativas que estetizan a través de la soledad, la ausencia, el misterio, el erotismo, la infancia, el recuerdo, que estetizan la resistencia y con ello generan un devenir-siniestro, un devenir-dolor, un devenir-maldito y una exposición del carácter dominante del orden político, así pues, una ex – posición políticamente incorrecta pero estéticamente transfiguradora, corrosiva en la subjetividad sobre la violencia.

De manera que una de las particularidades más interesantes de los ensayos y cuentos acá reunidos consiste en su correlación performativa y en su capacidad de aglutinación mutua. No solamente la narración dramatiza algunas ideas propuestas en los ensayos, no solamente las encarnan, además traslapa estas dos imágenes que se han comentado. Entonces lo cuentos a través de una desterritorialización del sentir, por ejemplo de la soledad o del erotismo, crean una crítica directa al poder dominante cruzándose con la segunda imagen.

Otra imagen importante en estos cuentos y ensayos se encuentra con el arte dado para la vida. El arte dado a la vida es el arte en la forma de niño, la tercera transformación del espíritu: “El niño es inocencia y olvido, un nuevo empezar, un juego, una rueda que gira sobre sí, un primer movimiento, una santa afirmación” (Nietzsche). El mundo del arte es el mundo del artista, un nuevo mundo, el mundo dado para la vida, “que gira sobre sí mismo”, donde la ensoñación, el ánima, la fuerza femenina extiende la conciencia (Bachelard), se repliega en el reposo, en la tranquilidad, desciende a la sombras, pues el arte según Levinas “Es el acontecer mismo del oscurecimiento, un atardecer, una invasión de sombra”. Como la vida, el arte no pertenece a la revelación, pertenece a las entrañas, a la sombra, a lo dado en su pasividad, contrario a lo tomado en su actividad, el arte es magia, canto, ritmo, el arte es, para glosar a Deleuze, devenir, y el devenir es la vida misma como deseo; por su parte,  para Nietzsche el devenir es lo dionisíaco, y lo dionisíaco es una valoración estética, una afirmación de la vida, de la voluntad de la vida. El arte para la vida es el arte que extiende la vida, lo dado como don.

Al igual que las anteriores imágenes, esta tercera imagen está entreverada con las demás. De cualquier forma el arte como disolución de espacios estriados o como crítica del poder- espada y el  poder-dragón es un arte del Dasein fáctico, de este ente que existe y en todo caso soy yo y se me da a la vida como disposición óntica. Para que el arte sea una resistencia necesariamente estará a travesado por la potencia de la vida. Estas tres imágenes dominantes son las frecuencias que el lector podrá hallar en los siguientes textos, imágenes que hablan de la resistencia a través del fenómeno estético ya sea a través de la ensayística o de la narrativa, seguramente el lector encontrará otras imágenes o renegará de las vestidas en este prólogo,  quién sabe, como siempre,  eso depende de lo innombrable.




martes, 2 de abril de 2013

Lo Innombrable, Sondeo sobre una Búsqueda Poética


-VIOLENCIA-ARTE-REVOLUCIÓN-
“ESTÉTICAS DE RESISTENCIA”

5ta Edición

2013

-POESÍA-

-Prólogo-
Fernando Cuartas Acosta
(Colombia)

Lo Innombrable, Sondeo sobre una Búsqueda Poética

Todo puede ser nombrado, si algo se hace innombrable es porque ha tenido nombre en los limbos de los mundos olvidados. Qué es lo que no se nombra, ¿tal vez lo que no se ha visto? Cuando unos guerreros desahuciados, barbudos y hambreados llegaron a las islas de las Antillas, bajo un manto de nubes y en cálidas playas nunca vistas, no sabían cómo nombrar lo que inicialmente creyeron que era Kathay, la China mítica que nombró antes el viajero Marco Polo. Pero apenas fue el contacto todo fue nombrado, como demiurgos locos dieron nombre a todo lo tocado, a todo lo explorado, pero a la vez utilizaron los nombres ya nombrados y en un inmenso reciclaje de lenguas y sonidos, nombraron lo que antes para estos aventureros sedientos de oro y de especias, no se había nombrado. Más que lo innombrable sería una poética de renombrar, de cambiar y dar giros a las cosas dichas para que parezcan nuevas, inaugurales, mitificación y a la vez despojo de credos y de manidas formas de nombrar sin placer y sin asombro.

Es un sondeo, un ir hasta el fondo de los pozos donde nacen las palabras, casi en el mundo onírico donde cada símbolo está cargado de una atmósfera de incertidumbres y preguntas, una arte de nombrar, un lugar donde lo común y lo insólito puedan convivir.

Lo mismo que decir de una re-vista, una manera de mirar otra vez, de hacer que lo visto tenga otra dimensión, adquiera los matices olvidados, la reinvención de mundos y la creación de conexiones que aparentemente no tenían las cosas, una multiplicidad de relaciones que hacen posible el raro experimento del lenguaje poético.

Por eso, para salir de una retórica retorcida y plana, discursos académicos como acechantes vigilantes de las normas del decir y del pensar, nacen propuestas alternas, que pretenden renombrar, conjurar y jugar con una cotidianidad cargada de silencios que hablan y de fiestas que enmudecen, de amores transformadores y de extraños pero vivos ritos que nacen al calor de la conversación y las semillas, de alcoholes perfumados, de locuras puestas en común, de viajes sobre territorios que todos creen conocer pero pocos saben explorar. La misma ciudad, con sus lenguajes nuevos, con sus mixturas y con sus rupturas y sus angustias se abre como un tema proclive a la poesía sin necesidad de estar mediado este lenguaje por un abc de normas restrictivas sino por una pasión arbitraria, aguda, juvenil, iconoclasta, festiva, oscura y a la vez clara para renombrar esto que se vive y que pocas veces puede ser contado sin que caigan severas moralidades que fustigan y tratan de adocenar lo que se crea.

La revista INNOMBRABLE está en el sentido del nombrar, de descubrir, más no como expoliación y llegada a islas creativas para sacar de allí el oro y el magín creativo de los fantasmas pobladores del mundo, de las selvas del lenguaje que se exploran o de las playas relucientes de un eros que se innova. Es más una relación de intercambio de propuestas, de encuentros posibles, de hacer en común una idea de una poesía viva, con nombres y apellidos, tan desnuda y humana como el existir sea posible.

Un grupo de muchachos y muchachas, así de heterogéneo como afines, no sólo por le edad, sino por la inventiva y el sentido de red que han venido proponiendo a nivel local e internacional, donde participan escritores de diversas edades que no hayan perdido la lúdica ni la capacidad de compartir alucinantes preguntas y textos que nos lleven por caminos donde exista un descubrir con los ojos abiertos. Propuesta que no siendo nueva, pues allí donde exista capacidad creadora y ganas de enfrentarse a las arduas jornadas de la vida, existirán propuestas similares, pero que renuevan en cierta forma una literatura que se ha quedado en el salón y en la parsimonia, que se viene agotando en estériles recitales de vasito de agua y de micrófono de antesalas y asuntos gubernamentales. Aquí se intuye el juego, la fiesta y la camaradería sin abanicos de damas pelimoradas, sin agasajos de medallas ni juegos florales, algo más cercano al público, más entrometido y audaz con las vicisitudes diarias.

Ellos mismos no podrían tener nombre o lista de participantes pues cada vez se abren más y son muchos más los que llegan y participan sin medir sus rangos, puestos, direcciones, sólo el placer de asistir a un acto de invención y a la gestación de una cultura que nace de la calle, del parque, del jardín de sembradores de ideas, del potrero abierto y de la plástica donde pintar y esculpir, es lo mismo que hacer el poema o compartir el pan y las especias. Son no nombrados, no por carecer de nombres y de señas, sino porque al convertirse en una estirpe de andariegos, de amigos múltiples, de apertura total, serían innombrables sus características y sus propuestas, ritmos, sonoridades, las artes y sus textos. Más no por qué no exista, ni sean invisibles y etéreos, sino por estar hechos del barro de los hechos anónimos, de lo común, de lo que ha carecido de “fama” pero que tiene fuerza y resistencia para enfrentar un mundo de estafas y de ignominias.

Como dicen los brindis entre amigos, ¡larga vida a INNOMBRABLE, una re-vista para hacer una vista nueva al arte del mirar y de leer como una casa sin muros y sin puertas!

Hacer una revista es similar a sembrar plantas ancestrales y sagradas, el humo y la semilla de un decir que no se puede callar aunque echen herbicidas, en algún lugar vuelven a crecer INNOMBRABLES maneras de nombrar.

Mil gracias, amigos, suerte en ese bello proyecto.


martes, 26 de marzo de 2013

El Mal y la Violencia




A Juan Pablo II


Hoy, como ayer, el arte transmite imágenes de violencia que vuelven creíble, deseable, pensable, aceptable y realizable tal tipo de violencia en la vida real, la vida que ha sido erigida con los signos de la ficción. De ocurrir la violencia real, el fenómeno deja de ser arte. Por el arte nunca acontece la violencia real. Nunca. Está más que demostrado. La violencia infantil proviene más de la violencia familiar y escolar que de los medios y del arte, siempre. Lo mismo vale para la violencia contra las mujeres y contra las minorías. Las imágenes del arte son otra cosa, una cosa distinta de la violencia. Nos sirven, justamente, para pensar qué es la violencia. La parte tenebrosa o los sótanos del alma humana nos ayudan a entender por qué nos comportamos como nos comportamos. La violencia, ojo, está afuera del arte y de toda conversación, afuera de este texto. Afuera, en la realidad.

La violencia es una característica común de la naturaleza humana. Los bebés aprenden primero a morder y a arañar que a decir «mamá». Caín mató a su hermano Abel durante la primera generación a partir de Adán y Eva, dice el Viejo Testamento. La Biblia es un relato de acontecimientos terribles: riñas, violaciones, matanzas. Grandes personajes de la Historia murieron por el cuchillo o el veneno, sobre todo en las monarquías de las grandes civilizaciones de la antigüedad y en la Europa cristiana. Los animales “irracionales” matan porque tienen hambre, sólo por alimentarse. Los humanos somos capaces de matar por avaricia, por diversión, por celos, por venganza y por muchas tontas razones más. Lo paradójico es somos seres “racionales”. Lo cual me lleva a pensar que también somos seres malvados. Siempre preferimos fastidiar al prójimo. El hombre detesta al hombre. Y combatimos a nuestra maldad con normas morales arbitrarias y, por cierto, subjetivas.

Para Cioran, en todo hombre dormita un profeta, y cuando despierta hay un poco más de mal en el mundo. Cada uno espera su momento para proponer algo: no importa qué. Tiene una voz: eso basta. El hombre siempre ha buscado ser bueno, pero le incomoda que de vez en cuando algún malvado realice su obra. Y es que la vida siempre le exige el mismo imperativo: «Sé bueno». Entonces se cansa y no duda en dejar que algún malo rompa con la monotonía y muestre otro camino. Y todo para seguir convenciéndose de que su camino es el bien. Pero resulta que el mundo no puede subsistir sin el mal, y aunque el bien es necesario para combatirlo, no es tan necesario como se cree, pues ya se ha comprobado que se puede iniciar una guerra en nombre del bien. Advertimos en este punto que una meditación acerca del mal requiere inexorablemente de la noción del bien. Nos preguntamos también por la fuente, o fundamento, en la realidad, del mal, y caemos en la cuenta de que éste no posee una existencia per se: adviene al mundo sólo a través del hombre por la vía de su capacidad para valorar. Consideramos que una indagación acerca del mal conlleva necesariamente a una exposición de corte axiológico, debido a que el mal es una invención humana que nace mediante un acto calificativo, o mejor dicho, valorativo. Concluimos afirmando que no es posible la construcción de una definición conceptual unitaria acerca del mal, pues ésta responde más bien, como la pornografía, a la convención que tiene cada comunidad en cada época.

Al mal no es posible verlo como una cosa, sino como una cualidad o una manera de ser que no puede ser en sí, sino siempre en otro ser. Por ello es que (retomando la idea aristotélica del ser en otro) puede garantizarse que el mal siempre es en otro ser. El mal, por sí mismo, no posee realidad, sino sólo la que le confiere el hombre; o más bien, el mal adquiere realidad gracias al hombre. El mal orbita única y exclusivamente en el mundo del hombre; fuera del hombre o fuera de su mundo, no subsiste el mal, que adquiere semblante real gracias al hombre.  

No es el bien el que domina las redes de los destinos humanos, sino la cadenciosa y bailarina carcajada del mal la que baraja, con sutil movimiento lúdico, las voluptuosidades y deseos que mueven el escenario cotidiano del hombre. Por ser el hombre un animal racional, tiene posibilidades infinitas que lo ciñen como un ser que está llamado a inventarse a sí mismo de manera continua e indefinida. En este errático proceso, el mal es el precio que ha de pagarse por la racionalidad. Todo ciclo de valoración es un acto consentido, lo cual quiere decir racional. La voluntad no opera en el hombre desprovista de la razón; por el contrario, sólo a partir de este binomio puede sustentarse el bien y fundarse la existencia del mal. Sólo un ser cuya voluntad es conducida por la razón puede poseer la cualidad de ser “bueno”. 

Uno es “bueno” por sospecha, alarma o previsión. La bondad nace de la prudencia, que no es más que una virtud militante, en tanto estrategia de defensa. En la frustración perpetua, la distancia insalvable entre lo deseado y lo conseguido, está el origen de los dioses y de los diablos, de los héroes y de los villanos. Cuanto más temor sentimos de la muerte y más vacío sentimos en nuestro interior, tanto más llenamos el mundo con figuras de padres omnipotentes, de ayudantes mágicos.

El mal es la raíz del bien. El mal se define y se identifica con respecto al bien, y éste, a su vez, logra su definición únicamente respecto al mal. El mal es la instancia obligada para alcanzar el bien: sin el mal, el bien no representaría en absoluto un ideal o una meta. Dicho de otro modo, el mal constituye el complemento del bien, que, a su vez, es símbolo del mal en tanto que ambos se complementan y dado que el uno está invariablemente al lado del otro. El mal permite delinear el rostro del bien, y viceversa.

El papel que juega el mal en la vida humana es el de fertilizante que acelera el energético dinamismo del tiempo, porque, después de todo, el mal activa las fuerzas más poderosas de destrucción y de creación. El mal, dice Bataille, para serlo con pureza, debe ser gratuito e inmotivado. Los humanos somos buscadores incansables de significados, y hemos desarrollado muchas maneras de hacer lógica la realidad. Pero quizá hallamos aquí una imposibilidad: el mal es tal justamente porque no tiene ni puede tener sentido. Cualquier sentido lo disminuye y evapora. Extrae por completo el sentido de una acción, destruye por destruir, daña por dañar: ahí tienes el mal.

El mal está en uno mismo y se transmite no sólo por el coito sino por su consecuencia: la procreación. Siendo así, nadie necesita el infierno, ya que vivimos en él y lo reproducimos, lo heredamos.    

Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de cada lunático hay alguna figura de autoridad que empieza la cadena de traumas cuyo último eslabón está tejido con la violencia. Esta figura de autoridad es una persona adulta que utiliza el Poder que tiene sobre un niño para deformarlo. A veces creyendo hacer lo correcto (el bien). Y considerar que el arte es el responsable de la conducta de los lunáticos es un error muy común, porque los lunáticos son capaces de decir cualquier cosa: que hicieron lo que hicieron motivados por las canciones del Disco Blanco de los Beatles (Charles Manson y su Familia). A John Lennon lo mataron porque el lunático que le disparó en la espalda se sintió ofendido por una foto del cantante sonriendo. Antes de buscar la motivación de la violencia o de un conjunto de hechos violentos, el arte está obligado a definir el presente. Por morosofía, es decir, por amor a la locura digamos esto: los lunáticos no nacen por ver, por ejemplo, demasiado cine de terror. Para nuestra carcajada o nuestro sollozo, el arte sólo le dificulta a los lunáticos el ser originales.

Está dentro de las posibilidades de cada uno de nosotros el arrebatar la vida a otro. Si todos los que hemos matado con el pensamiento estuvieran muertos de verdad, la Tierra no tendría ya habitantes. Llevamos en nosotros un verdugo reticente, un criminal irrealizado. Y los que no tienen la audacia de confesarse sus tendencias homicidas, asesinan en sueños, pueblan de cadáveres sus fantasías. Ante un tribunal absoluto, sólo los ángeles serían absueltos. Pues nunca ha habido un ser humano que no desease (al menos inconscientemente) la muerte de otro ser humano. Cada cual arrastra tras de sí un cementerio de amigos y enemigos; importa poco que ese cementerio sea relegado a los abismos del corazón o proyectado a la superficie de los deseos.

A los ocho años, a solas y a escondidas, yo conocí a la película Los Guerreros (TheWarriors, Walter Hill, 1979). Desde entonces, he visto en pantallas chicas y grandes miles de balazos, gritos desesperados y tripas volando, y, hasta donde sé, mi salud mental es bastante aceptable. No he matado a nadie ni pienso hacerlo (aunque a veces ganas, motivos y coartadas no me faltan). Tampoco he perdido mi capacidad de asombro; a pesar de Remi, la Naranja mecánica, la ECW, la CZW, la NFL, elAtari, elNintendo, el Sega, el Play Station, Rambo, Terminator, Depredador, Aliens, losThundercats, DragonBall, losLooney Tunes, Natural BornKillers, Indiana Jones, BladeRunner, TheMatrix, Mazinger Z, He-Man, los G.I. Joe, losTransformers, Beavis y Butthead, Traispotting, Los Simpsons, Bob Esponja, Mad Max, PulpFiction, Apocalipsis ahora, Robocop, el Chapulín Colorado, Los olvidados, Los Vengadores, Superman, el Hombre Araña, Ren y Stimpy, entre peores cosas: a la fecha, cada vez que una película muestra el fin de una gran amistad, suspiro y me muerdo los labios para evitar el derrame de lágrimas.

Ser más o menos sano a pesar de lo que he visto no me hace extraordinario. Como la mayoría, reprimo mis instintos violentos a cambio de que los demás hagan lo mismo (bajo la vigilancia, siempre floja, de la Ley), sí, delego mi potencial agresivo a cambio de seguridad (como bien plantearon hace siglos Hobbes, Locke y Rousseau).

¿Cuántas madres desesperadas hay en busca de niñeras electrónicas para bloquear a su hijo el acceso a ciertos sitios web (con la misma angustia que a mí me prohibieron alguna vez Los Guerreros)? ¿Cuántos padres ansiosos hay que le niegan a su hijo un videojuego para evitar que aprenda a matar, en lugar de darle bases (y besos) para cuestionar los estímulos audiovisuales que recibe? ¿Cuántas personas hay que optan por alimentar una sana realidad interna, en lugar de tapar con un dedo la que el arte retrata?

No creo en el destino, sino en las acciones. En la capacidad de pensar y no en la imbecilidad que implica permitirle a un niño sólo ver ñoñerías del estilo de Plaza Sésamo y de Disney. No es tan grave que existan películas gore o/y películas porno hardcorecomo que haya quien las absorba como verdades irrefutables y las transforme en las semillas del mal. Definitivamente, yo no sería distinto si a los ocho años no hubiera metido en la Betamax el casete prohibido de Los Guerreros. Sin duda, otras muchas experiencias personales me han marcado mucho más. El fin de una gran amistad, por ejemplo.

En el largometraje FunnyGames (Michael Haneke, 1997), cuyo remake el propio Haneke realizó cuadro por cuadro y estrenó en 2007, ¿qué significa el guiño que nos hace Paul (ArnoFrisch / Michael Pitt)? ¿Por qué nos pregunta si ya hemos tenido suficiente? Esto, además de recordar al espectador que está presenciando una ficción, lo vuelve cómplice de la violencia representada. La ficción convierte a la violencia en un producto de consumo, en un espectáculo. Es cierto: la violencia en la ficción es “mucha”, y cuando la polémica al respecto quiere ponerse un poco sesuda, uno se pregunta si tal violencia está “justificada” o bien si acaso no estará, desde luego que de manera voluntaria, ejecutándose una apología de la misma. Pero basta con el más superficial de los cotejos con la realidad contemporánea para reconocer que la violencia que puede verse en la ficción no sólo no es mucha; no sólo está, narrativamente hablando, plenamente justificada, y no sólo no se hace, ni voluntaria ni conscientemente, apología cual ninguna, sino que muy al contrario, y, por desgracia para cualquier detractor, esa ficcionalización de la violencia se queda muy, muy corta. El adjetivo “horripilante” le resulta a la realidad un halago, pues necesariamente ella hace palidecer a cualquier representación de la violencia, sea ésta hardcore, gore, slasher o de otro tipo.

Algunos políticos, intelectuales y periodistas han expresado “preocupación” ante la libre circulación de la violencia ficticia, quizá incluso con más ahínco que su exigencia por desentrañar lo que originó la violencia real. La violencia real (ya lo sabemos) no se localiza en la violencia ficticia, sino en la distribución del dinero, en los empleos miserables, en la incultura y en el canje de lujo y placer por vida. En todo caso, sería importante llevar el debate o el análisis a otros terrenos, como el de la falsa moralidad de muchos líderes religiosos (pederastas), que han hecho un gran negocio al convertirse en censores del arte, e insistir en la reflexión sobre el desarrollo que ha tenido la idea del Mal y su papel en el retrato de nuestra realidad, cualquiera que ésta sea. Y, por supuesto, en la verdadera génesis de la distribución del dinero, en el por qué la decisión de miles de personas de ganarse el pan con empleos miserables, en la exploración a las entrañas de la incultura y en las razones que llevan a cientos de adolescentes a canjearle al crimen organizado un poco de lujo y placer por su propia vida. 

Hay tres categorías de la violencia real:
·                    Subjetiva: crimen, terrorismo; la perturbación del estado “normal” de las cosas.
·                    Objetiva: racismo, discursos de odio, discriminación; el elemento inherente al estado “normal” de las cosas.
·                    Sistemática: incomunicación, represión, marginalización, alineación; la vida cotidiana como ritual sin sentido, la jodidez repetida al infinito; el hábito al estado “normal de las cosas; la consecuencia del funcionamiento de nuestro sistema político-económico.

El abono para la violencia es el Gobierno que no representa a la mayoría. Esto desemboca en la pesadilla y no en el sueño reparador, pues suele confundirse el miedo con el respeto y todos tenemos la sensación de que todos estamos solos frente al Gobierno. En este contexto, todos terminamos por asimilar como normal lo que en otros años sería impensable para el país entero. La violencia deja de ser excepcional para volverse cotidiana. La violencia deja de ser ficticia para volverse real.

La violencia y la ley son inseparables, pues el Gobierno persigue como fin, con la violencia como medio, aquello que debe ser establecido como ley. La ley busca preservarse a través del monopolio de la violencia, que incluye el servicio militar obligatorio, la policía, la pena capital e incluso la regulación del trabajo. En el campo político y jurídico, la violencia cumple con dos funciones: perpetuar el estado “normal de las cosas o instaurar un nuevo estado de las cosas. La violencia, por tanto, puede juzgarse como un medio que puede emplearse para alcanzar fines justos.  
La violencia es un problema multicausal: existe un nivel biológico (la genética, la fisiología); uno personal, donde la dinámica familiar es importantísima, y uno social, en el cual el concepto de Poder tiene un papel fundamental. Cuando hacemos referencia a un asesino en serie, no debemos situarlo en el mismo nivel en el que se encuentra un sujeto involucrado en una guerra, ya que ésta es consecuencia de intereses políticos y económicos (Poder), mientras que el primero incluye aspectos psicopatológicos. A un soldado se le podría hacer una medición mediante un test y no necesariamente presentar algún problema. Podría ser totalmente “normal”, pero también podría estar inmerso en una situación donde está en juego desde la obediencia a las instituciones hasta su propia vida. Cuando es uno el que mata, comete un crimen; cuando son diez, cometen un acto de violencia; pero si son mil, se convierte en un acto organizado, una auténtica guerra, una necesidad.

Hay un goce del mal del prójimo que es parte de la condición humana. Desmentir este deleite destructor conlleva peligros importantes: no se puede remediar aquello que no se ha aceptado. Para controlar los efectos sociales dañinos de las tendencias destructivas habría que empezar por admitirlas. Y hablar con los niños supone también hablarles de lo que conocen y de lo que les interesa oír. Con y desde sus referentes. Creer que se pueda, en un ingenuo esfuerzo, hablarles de moralejas edificantes cuando su conocimiento del mundo les permite seguir de cerca guerras televisadas, innovaciones tecnológicas y barbarie comercial, es a todas luces ridículo e inoperante. Si de verdad nos interesa un poco su porvenir y orientarles en algún sentido hacia la posibilidad de alterar el estado de las cosas, o estimularlos a romper los muros de la ignorancia sexual que se construyen alrededor de una sociedad como la nuestra, tenemos que hablarles sin concesiones ni tibiezas. En todo caso, el más grande valor, quizá el único que nos resta y que podemos fomentarles, es la limpieza. En efecto, limpiemos sus cerebros de tabúes, misoginia, machismo, feminismo, misandria, cursilería; hablemos con ellos, entonces, como los sujetos que son, no insultemos su inteligencia ni subestimemos su sensibilidad al respecto.

domingo, 10 de marzo de 2013

Dónde las putas se revuelcan


Quiero algo
que no sea tan tuyo
algo que no sea tan mío,
nuestro amor
no es tuyo ni mío,
pero es tuyo
y mío a la vez.

Es del universo
errante
de la galaxia efímera
que besa las noches de la ausencia.

Quiero algo
que la vida no otorgue
que no nos entregue
que no nos salve,
algo que al ser tuyo sea mío, también
y que sea un simulacro de fiesta bandida.
Y en esa esquina, fulano mío
dónde las putas se revuelcan por un mísero centavo
he de sacar lo que es tuyo mío.
Porqué no sos tan mío.
Porqué no soy tan tuya.