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jueves, 11 de enero de 2024

"La leve arena del tiempo" poemas de Jack Farfán Cedrón



La Poesía

Algún día la nostalgia,
como una larga máscara de sombra,
rodeará la noche estrellada 
de cuarzos magníficos;
algún día la tristeza
vendrá hasta la muerte,
de rodillas,
para parecer un nombre huérfano
que se estrechara 
contra un pecho desolado,
y se despertara, 
de espaldas contra el mundo.

Vuelto hacia la otra ribera,
como el fragor de un río que no existe,
helado,
en la noche última del mundo.

Porque tú, 
en este instante,
no sabrás cuánto pesa nada,
ni nunca;
porque el peso 
de la desolación de un muerto,
todavía no exánime, 
no se mide en cadalsos;
porque un corazón 
hirviendo de tristeza,
no se sabe 
qué palabras balbucea,
durante 
el sueño incesante de horas mustias,
en que para gobernarse de vida 
y no de pesadumbre,
hará falta dormir 
de espaldas contra el mundo,
discurriendo bajo nosotros,
cual horrible crecida 
que ya no se siente,
que ya no se respira;
ni transcurre 
tras la esperanza 
sangrienta de las venas;
ni grita feroz, encadenada,
a los planetas girantes en nosotros,
que hemos sido,
porque aún somos,
porque aún respiramos 
el corazón hirviendo del hielo,
el grito horrísono del silencio,
tu nombre de miel o hierba seca:
¡Poesía!


Lento de invierno

Cuando la premura del dolor 
se alza por encima del humo;
y las lágrimas dormidas 
cobran un lugar en los desatinados.

Cuando el tiempo, a preses, arde;
arde, como una llama extinguida
en un corazón de hierro.

Y ni el rostro descompuesto,
ni el dolor solitario, 
alivian el abismo sin fondo
de dos corazones 
imantados por el juego;
almas, que en su búsqueda ovacionan
a los seres dormidos
sobre la faz de una ruta inventada.


Letanías al viaje del viento

Haz lo que hagas, pero hazlo bien.

Prepara el viaje eterno.

Siempre es eternidad cuando se vuelve a empezar.

Mi camino jamás estará extinguido,
si lo que fuere, es un error: 
¡dadlo por aprendizaje!

Que, de la suma de los vientos 
se aprende a ir en diferentes direcciones.

Un nuevo viento, 
una nueva barca.

Sopla, contra la sabiduría 
y obtendrás más aprendizaje.

La vida se alcanza emprendiendo, 
jamás codiciando.

Y los ruegos del mundo asisten a los templos.

Pero uno, de allí, sale reconfortado.
El espíritu elige;
el cuerpo puede perderse en el vicio;
pero es de sana voluntad discernir,
según la historia del viento.

Asila unos segundos.

El trato con los demás 
puede llevarte a la cordialidad eterna.

Sentencias más, sentencias menos.

Unos pasos en la escala invernal, 
donde, 
pátina a pátina 
se aprende,
a volver 
por donde mejor se anda.

Cada cosa en su lugar, cada lugar en su cosa.

Y luego, por qué las personas desaseadas 
son agresivas y enfermas.

Deberemos buscar la cordialidad en un mundo vacío.

Deberemos soplar las velas de la dirección 
hacia el acantilado.

Entre las hierbas desordenadas 
existe la sutil diferencia 
entre no buscar el trébol de cuatro hojas 
y encontrarlo sin pensar.

La mente siempre en blanco, 
cuando corremos;
el cuerpo irá solitario;
el cuerpo emprenderá la razón de ser,
hasta que busques 
el sitio en tu cabeza dormida, 
como un elefante aburrido,
redoble del tiempo.

Antiguallas o doblones 
bifurcan 
la luz indómita, pura, lúcida.

El rito de agua permanecerá 
en el ojo blanco, nocturno.

Hacia allá, ir, sin nada importar.
Hacia allá los pertrechos del sabio caminante, 
que suelta las alforjas, para avistamiento 
de ocasos que se repiten,
como un pacto con el arco iris.
 
Esa es la cuestión, Shakespeare;
También, ello es el intento.

Lo que fue es hoy 
y nunca será 
en el futuro de línea recta.

Todo es cíclico; 
y es todo más dichoso si se repite; 
como un déjà vu,
dormir la máquina del intento;
dormir un momento, 
para reemprender la luz interior,
la paz universal de los tocados 
por la divina esperanza.


*Jack Farfán Cedrón (Piura, Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011), Las consecuencias del infierno (2013) y El mandhala de los signos (El Cabuyal Editores, 2023). Modera el blog ‘El Águila de Zaratustra’, además de dirigir desde 2007 la revista literaria Kcreatinn Creación y más. Es Socio Fundador de El Cabuyal Editores y de Kcreatinn Organización. Algunas revistas virtuales que alojan textos suyos: Letralia (Venezuela); Los Poetas del 5 (Chile); Periódico de poesía (UNAM), Destiempos, Campos de Plumas, Revista Innombrable (México); El Hablador, Fórnix, Sol Negro, Ablucionistas, (Perú); Letras hispanas (USA); Bogotá Ilustrada, Libros & Letras, Revista Ouroboros (Colombia); La Ninfa Eco, Revista Cronopio (Argentina), entre otras. En 2016 formó parte de los ciento cinco poetas de todo el mundo, invitados al III Festival Internacional de Poesía de Lima, FIP Lima. Reconocimientos: Indecopi le otorgó “El reconocimiento por su contribución al respeto y promoción de la propiedad intelectual en el Perú” (2008); Festival de Poesía Joven “Novissima Verba”, edición nacional, Lima (2004); Premio Literario “San Ramón”: ‘Reconocimiento por su labor como Jurado’, de 2010 a 2023. Sus libros y artículos están disponibles en:  
https://es.scribd.com/user/53330441/Jack-Farfan-Cedron 


viernes, 22 de octubre de 2021

"Dementia praecox al descender sobre el jardín en Basilea" poemas de Jack Farfán Cedrón


―Acerca de un sueño que Carl  Jung 

describe en el Libro Negro, que le permitió 

embarcarse en  una   relación con Toni 

Wolff, una mujer que había conocido tres

años antes―


“Sólo en las primeras horas de la noche podré transformarme 

en un ser humano, mientras el palomo está ocupado con los doce 

muerto”. 


Carl Jung, Liber Novus


Hacia los primeros chapaleos del amanecer yo me vi enfundado, puro huesos y plumas. Conque no sólo me sorprendió verme vencido, sino que el cambio de cuerpo presagiaba ese hermoso mandhala, tridimensional y azulino alucinado en las primeras horas de caída libre, hacia la nueva dimensión del resurgimiento.

Era que sólo advertía el cambio, la mutación sorprendente, el vuelo sugerido, en el sueño controlado de lo que ensalmarse puede desde lo onírico, en teoría inconsciente, me refiero.

Pero mi piel antropofágica, mi pasado evidenciado en un presente que incorpora el codearse con la piel intacta, asentarse deberá sobre el cieno que la memoria imanta como cansinos pasos hacia un pantanoso terreno que sólo el alabeo de los brazos o un ventarrón alado valida, avance estrepitoso, apocalíptico virar, de un mundo dividido.

La flor de lis que acababa de picotear me preparaba en la firmeza que restaría dar la vuelta al mundo y

solo en las primeras horas de la noche,  poder transformarme en un ser humano, mientras el palomo está ocupado con los doce” muertos.

En la cena con mis cinco hijos, yo me vi en espejo bruñido con la piel del árbol traganiños, que luego de unas décadas, comprendí con precisión, que se trataba de un phallus, pero que más adelante una interpretación sacra me convenció de ser la sangre de Cristo ardiendo en el paso inmemorial de un pasado inmediato.

Pero con todo, el yantar lucía copioso, con la delicada parsimonia de las familias bien acomodadas que bajo un roble altísimo y agarrotado de las copas, sustentaba un paisaje serreño, de lo más idílico.

¿Abrevar podré de esa garrafa, las delicias del delirio, el elixir de una vida sobrada de intentos vitales que la flor de la preñez lleva contable?

Asido a mis cinco retoños, no pudo haber más dicha que el potaje, que en la cena se prueba con halago, cuando justo y como caído del mismo Espíritu Santo, desciende la garza blanca o la paloma en medio de la mesa, convirtiéndose en una niña de unos ocho años, bellísima, rubicunda, que tan presto regó el cuenco de mermelada de frambuesa, se aprestó a corretear con los niños por el césped y los chopos.

Sabedor de que lo vívido no era más que un reflejo, obliteré las dudas de que esto pudiera trascenderse en inútil realidad y no me di un pellizco para que el goce secreto de durar el mito que dura, permanezca.

Volteo a recoger el balón tras el árbol de carne y resina sangrienta, y me doy con la sorpresa de que la niña me susurra:

Vuelvo al otro lado del mundo, donde me espera mi destino en los pantanos donde abreva la flor de lis el barro negro de la sabiduría; y tan presto me convierta en palomo, vigía seré de los doce muertos, que por descontado repiten el espejo, donde crece la duda de la dicha; es una gloria o la firmeza de que el clan que se repite es el puro reflejo en apariencia, loable por sus mitos enterrados en una caja pragmática a futuro abierta por un náufrago de todos los inventos allegados a la descomposición terrena de lo divino; que por costumbre o hartazgo, siempre troca en degradación, a partir de la limpia creatura, apacentada por el mal, que desde un principio lo habita.

El manto en dos desconocido que al primer alabeo despuntando luz del alba se contrae o constriñe hacia la centuria de un mar dividido, que hacia el tibio atardecer troca en desierto candente, símbolo de la consciencia en copa de oro reverberando en las paredes del seso que todo lo abyecta.

Vuelvo al otro lado del mundo,

y me sé henchido bajo la transmutación de pluma en carne, de carne en desvelo, cuando al posar un huevo sobre el mundo de las transformaciones, símbolo del alma representa, bajo la pura sentencia que alabea una prescrita agonía que posee las artes usurpadoras de una idea inconsciente de que la dementia praecox, hoy llamada esquizofrenia, lleva en la bandera sorpresiva de la imaginación, una pesquisa, acaso, con todas sus abscisas que descompensa el ser en picada, que no es antagónica de una lucidez mental, tanto que en su fuero desconocido se centran las bases creativas, El mundo dividido del que hablaba el gran ser mitológico con alas de Martín pescador, encontrado muerto al otro día en mi jardín de Basilea.

Suerte la mía, volver a mi reino, de escalas reversas y laberínticos miedos lleno; tanto el avance como la forma recurrentes del desvelo precisan una sub-interpretación del paso pilífero que liebre alguna da en pos de su escape del halcón que la ha de agarrar por los aires, para ser carne de buitres, en un nido obscuro como blondo el lecho, acogiendo a los pichones.

Ha de ser el lapso ternuroso de un amor filial que el hada serpentaria debidamente cornamentada, alada y leonada, cruzando montañas flotantes, cambió el curso de mi humana apariencia en ave espirituosa.

Ha de ser que mi mundo empieza,

Que mi creencia en todo mentarlo, hace que el mandhala, el gran signo azulino se presente por la memoria de un cieno, que luego de procrear más y más dichos a la vera de un camino se aproxima, estando en lugar alguno, en tierras desconocidas por el antro de la media pulgada, donde es sabedor de leyes de la viviplexología y la hebdomadaria de míticos infolios de medio octavo, expendidos en sesiones secretas, donde cada ser tunicado recibe instrucción, emprendiendo así, vuelo a su mesa cada uno.

Pero mi mundo velado habría de sucumbir al desvelo.

Y sobre la despensa de los desconocimientos que presta la confusión fanal, en el cambio acelerado troca, cual los misiles una lluvia de estrellas, donde no sólo caerán irremediables meteoros redundantes y hadas informes con la bituminosa inflorescencia de los seres mitológicos a esa hora bellamente pulimentados por el cieno argento como azóguico deplorado por una movida al chocolate sobre el perol,  hervidero de supinos brebajes ascendentes de la noble mañana, a un vestal reconociendo el desmedro de lo que podría, como no, según las posibilidades en descenso de aquella desgracia, que rodando cuesta abajo, allega boqueando al borde de la huaca presunta de variabilidades acaecidas,

hacia el sueño descoyunta.

Qué será, pues, si nadie abre despavoridamente las ventanas para codearse con un coleóptero que ha vadeado las esclusas de lo humanamente posible, hasta ser pergeñada la alucinación, el ala continua trepando el brazo que habrá de accionar el habla, hasta emprender a segundos continuos la nueva mutación a humano, a otro Jardín de Basilea, donde humanamente es posible que el desvelo sea la matriz de esa enormidad vigilante, maquinadora de ríspidos velos que se sueñan,

En este mundo dividido.           

                                                          

*Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Modera los blogs ‘El Águila de Zaratustra’ & ‘Exquioc’, además de editar la revista digital Kcreatinn Creación y más. En 2012 dio a conocer un volumen de reseñas literarias alrededor de veinte célebres novelas de la literatura universal: El fragor de las quimeras, bajo la producción de Kcreatinn Organización, de la cual forma parte. Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Letralia (Venezuela); Periódico de poesía (UNAM), Destiempos, Campos de Plumas (México); Revista de Letras (España); El Hablador, Fórnix, Sol Negro, Ablucionistas (Perú); Letras hispanas (USA) y Resonancias (Francia). En 2016 formó parte de los 105 poetas de todo el mundo, invitados al III Festival Internacional de Poesía de Lima, FIP Lima. Blog: http://elaguiladezaratustra.blogspot.pe/