Para ciertos ojos
Al final,
No todo se escribe
Para ser entendido.
Que no caben en ningún texto.
Hay presencias
Que no se dicen,
Y aun así lo ocupan todo.
No buscan lectores:
Si se reconocen,
Entonces
Ya no hace falta decirlo.
Me siento a la mesa
Y escribo
Una vez más.
Y en el día aprender a vivir.
Cortés en las formas,
Hondo en el gesto invisible.
Haré el bien en silencio,
Lo guardaré como semilla
Y sabré decir no
Cuando el alma lo pida.
Me niego a la violencia,
Me niego a dejar de ser.
En la risa compartida,
En el pan de cada día
Escribo tu nombre.
En mis dudas y certezas,
En lo que doy sin medida,
En el cauce de mi sangre
Escribo tu nombre.
Libertad que me habita,
Aunque a veces no la vea.
Nada de pausas vacías,
Ni carreras sin sentido.
Sí a las rosas que resisten
Y a la risa que florece.
Como río que no se quiebra,
Como verso que respira,
Aunque el mundo lo olvide.
El otro vive en mi voz
Y en su rostro me nombro.
Si suspendo mis deberes,
Ven a mis silencios,
Ven a lo que aún tiembla
A lo que aun no comprendo
Porque hoy elijo nacer
Treinta y ocho veces libre.
Inquieta,
Como luna en llamas…
Con esa misma ternura
Que nace en la piel,
Que nombra tu voz,
Que se apodera de mi mirada,
Que derriba mis miedos,
Que me otorga tu presencia,
Que me avizora un futuro,
Espléndida,
Irrevocable,
Comprendo todas las veces
Y entiendo plenamente
El valor de vivir.
*Cristian Toro. Riosucio
Caldas, Colombia (1988). Paisa hasta la médula, hoy abriéndose camino en
México. Ingeniero electrónico por la Universidad Nacional de Colombia (sede
Manizales) y especialista en Gerencia de Proyectos por la Escuela de Ingeniería
de Antioquia (EIA). Profesor de matemáticas, física y estadística; lector
empedernido por vocación, aristotélico por convicción y serio aspirante a
novelista y autor. Editor en Al Poniente (Colombia), columnista en Conexiones
(México) y Founder & Chief Operating Officer (COO) de El Insubordinado.
Colaborador de organizaciones como The Atlas Society y Language of Liberty
Institute. Lo mueven el arte, la ciencia, la historia, la filosofía y la buena
música: del rock a la salsa, con escalas frecuentes en el tango electrónico.
Cree en el individuo como punto de partida; en las ideas que incomodan; y en la
libertad entendida no como consigna, sino como responsabilidad. Desde ahí
piensa, siente, concibe y comunica.
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