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sábado, 11 de mayo de 2019

Lars Von Trier: Transgrediendo el cine desde la filosofía



El nacimiento del Dogma 95

Para la década de 1980, Hollywood ya se había recuperado por completo de la crisis económica, las nuevas tecnologías surgieron para premiar a las grandes producciones americanas, los llamativos efectos especiales se convirtieron en la norma de Hollywood. Y si bien este nuevo cine digitalizado nos dio versiones más “realistas” de dinosaurios o naves espaciales, el significado genuino del cine se fue olvidando, como consecuencia la calidad del cine popular decayó. Años después dos cineastas daneses inspirados en la mediocridad de su tiempo decidieron regresar a los orígenes, crearon un manifiesto cinematográfico (Dogma 95) que limitaría la creación de sus obras en la búsqueda del cine “puro”, análogo y humano, Lars Von Trier y Thomas Vinterberg fueron los rebeldes que atacaron a los nuevos estándares.

En el documental Lars from 1-10 (1998), Von Trier habla del porqué de la creación de esta vanguardia. En ese pequeño documento fílmico Von Trier explica que la importancia del manifiesto no recaía en las reglas per se, ya que podían haber sido cinco, diez o cincuenta, lo importante era limitarse, ya que de esta manera se autoexige explotar su imaginación para crear obras que cumplieran sus normas. A diferencia de las vanguardias modernistas del siglo XX, Von Trier propone un regreso a la esencia, mirando al cine desde un punto de vista puritano, bajo la premisa de que lo “impresionable” del cine acabaría consumiendo su valor artístico. Esto último es muy cuestionable, ya que, si retrocedemos todavía más, es el espectáculo el origen del cine, La llegada del tren (1895) de los hermanos Lumiere fue memorable por la impresión que dejó el cinematógrafo en la audiencia, no por la historia que contaba el metraje. Pero también hay que darle razón a Von Trier, es muy cierto que el cine perdía calidad, en lugar de usar la tecnología para potenciar al arte, se usó como medio vulgarizador, fabricar películas para ser impresionables y por ende rentables, ofreciéndole al espectador una hamburguesa de buena apariencia, pero ingredientes de baja calidad.



El autor

Para ese entonces nos encontrábamos con un Von Trier joven, por lo menos en cuanto a carrera, inspirado por Godard y demás directores de la Nouvelle vague, determinado a revolucionar la idea de hacer cine, ¿Cómo lo haría?, bueno, el filmar sólo en locación y usar exclusivamente luz natural fueron las claves de su rebeldía.

La idea de ponerse límites para explotar la creatividad es muy acertada, sin embargo, las reglas del Dogma 95 eran tan asfixiantes, que incluso alguien con el compromiso de Von Trier terminaría desistiendo. Si bien Breaking The Waves (1996) y The Idiots (1998) fueron obras claves (las dos delimitadas por las normas del dogma), Von Trier se sintió atrapado, decidió dejar de lado su propio movimiento con el fin de explorar diferentes variantes en el cine. Mantuvo algunas reglas como la oposición al cine digital y desechó otras, entre ellas la regla número diez del Dogma 95: “El nombre del director no debe aparecer en los títulos de crédito”, Von Trier resumió en esta regla su descontento con el culto al artista, similar a lo que Theodor Adorno enuncia en su obra “Estética”, la obra de arte debe ser vista y criticada por los méritos de la misma, el artista pasa a segundo plano, jamás debe un autor anteponerse al significado de la obra; la crítica de Adorno principalmente se opone a la forma capitalista que degrada al arte a una mercancía y en consecuencia eleva al artista como el objeto de significado, por ejemplo, ¿Quién no conoce al pintor Vasili Kandinski?, en un entorno universitario la mayoría de personas te podrían decir un poco acerca de él, ¿Pero quién recuerda el nombre de alguna de sus obras?, ¿Quién puede hablar particularmente de una?, el número se reduce a los especialistas en arte, ¿Por qué?, bueno esto se debe a que el significado de la obra abstracta de Kandinsky se atribuye a las palabras del autor, a su manifiesto, no a la obra per se. Ahora exageremos dicha lógica con el arte conceptual, ¿Cómo se critica la obra de arte si se carece de estándares y cánones estéticos?, ni siquiera los críticos de arte contemporáneo lo saben, sin embargo, un vaso medio lleno de agua es valorado en 20,000 euros sólo por ser del artista Wilfredo Prieto. Regresando a Von Trier, él decía que la obra debe ser vista como un conjunto, el autor no puede apropiarse egoístamente del significado de la obra, ya que esta sobrevive por sí sola, una idea sin duda contraria a la época, pero bastante entendible, sin embargo, no sobrevivió.

Von Trier, de acercarse al pensamiento de Adorno migró a Foucault, dando al autor distintas capacidades y méritos, empezando por el de agrupación, la obra de Von Trier sería juzgada como una obra de su estilo, esto la haría más entendible y por consecuencia, más jugosa de analizar. El director danés se dio cuenta que su cine era suyo, se escribía sobre su persona, no eran sólo conceptos que le interesaban los introducidos en sus películas, eran características puntuales que Von Trier había forjado con el fuego de su espíritu, pero esto no significaba que Von Trier quisiese ser alabado como un maestro herrero, por el contrario, trabajaría en las sombras para servir a la luz, crearía cine en la discreción y esto generaría un significado metafísico alrededor de su nombre, es decir, Von Trier sería una persona, pero el Von Trier que firmaría las aclamadas cintas sería un concepto lleno de significados revolucionarios. Se puede indagar mucho en cuanto a la figura del “artista”, lo que es cierto, es que el cine de autor sobrevive económicamente por los “nombres”, quitadle el “Lars Von Trier” a una de sus películas y no serían ni la mitad de rentables, independientemente de las razones del cineasta danés para desechar la regla 10 de su dogma, las consecuencias de dicho acto son muy claras, hasta se pueden medir cuantitativamente en dólares. Se puede pensar que la fama sobrepasó la rebeldía de aquel joven cineasta, o que su cine no se entendía sin su persona, pero la realidad es que el Dogma era sólo un experimento, y al dejarlo atrás, Von Trier comenzó una fase artística mucho más rica, no sólo por la calidad de sus producciones, sino también por una búsqueda mucho más interesante de transgredir las reglas cinematográficas.



La reconstrucción del cine

Tal vez la transgresión en los modos técnicos para filmar no fue suficiente, volver a lo puritano nos mostró un extremo clásico de la concepción del cine, pero eso no saciaría la ambición de Von Trier, había todo otro horizonte por descubrir. Al entrar al nuevo milenio la postura del director danés cambió por completo, ahora, en vez de auto limitarse buscaría sobrepasar los límites implícitos, de un extremo al otro, Von Trier se encaminaría en el sendero de lo impredecible, de lo abstracto, de lo prohibido, de la experimentación fílmica, y fue en dicho viaje donde terminaría de definir su estilo.

Si buscamos situaciones para ejemplificar el rompimiento de Von Trier con estas convencionalidades, nos encontramos por ejemplo con el uso del dibujo y la escritura sobre el plano fílmico, sacrificando la inmersión del espectador en el mundo de la película, devolviéndole a la realidad, sin embargo, ofreciendo información muchas veces no proporcionada en un medio escénico, en el que la escritura queda de lado. ¿Vale la pena el sacrificio?, después toda la ficción de alguna u otra forma le dice al espectador lo que es, engañar no es parte de su esencia.

Uno de los mejores ejemplos del extremismo de Von Trier es Dogville, en esta película estrenada en 2002 el director danés desecha casi cualquier intervención que le pertenecería al director de arte en la puesta en escena, el resultado es un enorme set con fondo negro, en el que las habitaciones o lugares del pueblo sólo están delimitados por líneas en el suelo, los personajes se encuentran a centímetros de distancia y sin embargo no se ven, porque aunque nosotros no veamos las paredes, estas son parte de la historia. Este ejercicio ofrece una herramienta visual novedosa, que le provee al director una nueva manera de jugar con la información, sobre todo, con el suspenso, ya que, al no haber territorios o estructuras delimitadas por objetos físicos, la información que se nos presente puede venir de algo que no se supondría estaríamos viendo en una película convencional, si bien es algo rebuscado y hasta cierto punto incómodo, es vanguardista sin duda. Dogville es una piedra que Von Trier lanza a la industria Hollywoodense, en ella está tallado el siguiente mensaje, “Mira, puedo lograr una ficción verosímil sin siquiera disponer presupuesto para estructuras, el poder del cine está en el guión”.



Edición de la moral

Una de las partes claves en el proceso de creación cinematográfica es la edición. Como lo pudimos ver en los inicios del cine en la Rusia soviética con el Efecto Kuleshov, el significado de una secuencia no está en la individualidad de sus tomas, sino en el resultado de la suma de ellas (con una progresión seleccionada). Esto nos quiere decir que uno de los puntos de subversión más altos se encuentra allí, en la suma de los factores, en obtener un producto inesperado, resultado de la suma de escenas o conceptos que se contrasten entre sí, es aquí donde a Von Trier le gusta jugar. Lo anterior expuesto se observa con claridad en Nymphomaniac (2013), la épica sexual de 5 horas hecha por un cineasta intrigado por las barreras del romance y el sexo, lo racional y lo animal, lo aceptado y lo prohibido. Joe, protagonista de la película, es posiblemente una analogía al mismo director, que al igual que él, busca dar su versión de la historia, y sólo le es posible hacerlo mediante la edición. Hay dos escenas claves para ejemplificar esta idea de la edición como método explicativo, la primera se desarrolla en un ambiente incómodo,  un ama de casa se entera de que su pareja le está engañando, los cortes son muy rápidos, el movimiento de cámara es abrupto, casi como si se intentara dar una imagen borrosa de la situación, y lo más importante el sonido es alto, los gritos de Uma Thurman están presentes durante toda la escena, de fondo escuchamos golpes a muebles, cosas cayéndose, niños llorando, la desesperación está presente. Von Trier toma a un ente tan idealizado como la familia y lo sataniza mostrando su lado más miserable, jugando con los paradigmas del público. En contraparte tenemos a Joe copulando con una niña de 15 años apodada como P. el acto pedófilo es tratado con delicadeza y amor, Von Trier esconde el crimen bajo una máscara romántica, la cámara es amable con el espectador, el diseño sonoro es seductor, la edición corre, esta vez no nos esconde nada, no hay nada de qué avergonzarse, la escena corre con naturalidad, Von Trier deja claras sus intenciones.

Si Dios viese Nymphomaniac, quemaría la cinta de inmediato, ¿cómo es posible que se puede satanizar al orden familiar y exaltar el deseo carnal?, ¿cuándo se invirtió la balanza entre lo dionisiaco y lo apolíneo?, desde un análisis nietzscheano podemos ver cómo Von Trier apuñala a la moral, toma su sangre y la usa como tinta de su guión. Nietzsche en su obra “El nacimiento de la tragedia” nos habla de cómo la culpa y la moral se apoderaron de la narrativa dramática, castigar a los que osaron retar a los dioses y recompensar a los bien portados, fórmula que desde la definición del teatro aristotélico retomaría y evolucionaría hasta nuestros días. El espectador promedio sin duda siente satisfacción cuando ve sus sistemas morales funcionar, eso lo alienta a seguir reprimiendo su locura intrínseca, tal como Freud explica en “El malestar de la cultura”, no hay forma de mantener una sociedad funcional, sin que exista represión de los deseos, el individuo debe contenerse, y la mejor manera de controlar a los fuertes es mediante la culpa. Los derechos humanos, los valores cristianos, etc., no son más que un sistema de creencias, no hay valores objetivos para demostrar o delimitar su existencia, ¿qué tan natural es la moral? Según Nietzsche es artificial, tan maleable que el superhombre que escape de toda preconcepción podrá crear su propio sistema de valores. La pedofilia por ejemplo es más natural de lo que se cree, existe suficiente evidencia científica para mostrar que algunas personas sí tienen tendencias naturales hacia infantes, sin embargo, esta es una idea que jamás será aceptada por la sociedad, la moral nos dice que los niños en su condición de inocencia no deben ser engañados o expuestos a la sexualidad, ¿Por qué?, bueno, de esta manera la sociedad es libre de muchos problemas, reprimir la sexualidad permite la devoción al núcleo familiar, la estructura social primigenia por excelencia. Lo mismo aplica con la poligamia, está probado que el hombre suele buscar más de una pareja sexual, pero esto rompería la base de nuestra estructura social. En resumen, la sociedad es organizada de tal forma en que los fuertes son reprimidos y dominados por la culpa, la libertad absoluta jamás puede existir y el camino a la locura de Nietzsche es utópico, los modelos narrativos convencionales se oponen a nuestra verdad animal, y es aquí donde Von Trier transgrede, regresemos a la pregunta de nuestro Dios hipotético, ¿cómo es posible que se puede satanizar al orden familiar y exaltar al deseo carnal?, Von Trier lo hace con maestría, tal como se explicó anteriormente, el director danés logra generar empatía con lo dionisiaco, naturalmente sabemos que esa parte reprimida está en nosotros, pero ha sido alejada de nosotros desde nuestro nacimiento, Von Trier nos ofrece un boleto para reencontrarnos con nuestra sombra por al menos unos instantes.


Bibliografía: 
  • Vogel. A. (1974). El cine Como Arte Subversivo. México: Ambulante.
  • Mckee. R. (1997). Story: Barcelona Alba.
  • Llavedot. L. (2007). El individuo singular: el cine de Lars Von Trier a la luz de Kierkegaard: THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. 39.
  • Herrero. J. (2013). Lars von Trier. Trilogía de la Depresión El sueño de la escisión produce monstruos: Universidad Pompeu Fabra. Recuperado de: https://repositori.upf.edu/bitstream/handle/10230/24866/Herrero_2014.pdf?sequence=1&isAllowed=y.
  • Sánchez. A. (1978). Antología - Textos de estética y teoría del arte: UNAM. pp (54-60).
  • Beristain. H. (1995). Diccionario de Retorica y Poética: Porrúa.
  • Platón. Ion o de la Poesía: Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
  • Hegel. G. (1844). ¿Quién piensa abstractamente? Traducción
  • Nietzsche. F. (1872) El Nacimiento de la tragedia.
  • Nietzsche F. (1883) Así hablo Zaratustra
  • Foucault. M. (1969) ¿Qué es un autor?
  • Freud. S. (1930) El malestar en la cultura
  • Jung. C.G. (1969) Los arquetipos y el inconsciente colectivo

Filmografía:

“Lars from 1 to 10” Sophie Fiennes
“Dancer in the dark” von trier 2000
“Breaking the waves” von trier 1996
“The Idiots” von trier 1998
“The house that jack built” von trier 2018
“Nynphomaniac” von trier 2013
“Mother” darren aronofksy 2017
“The Turin horse” Béla Tarr 2011
“Climax” Gapar Noe 2018


*Abraham Littman Tello, nacido el 9 de septiembre de 1999 en la Ciudad de México, aspirante a guionista y director de cine y fanático del cine francés.

*Randal López, estudiante de la universidad Iberoamericana CDMX, aspirante a director de cine y fanático de la filosofía oriental.

jueves, 9 de mayo de 2019

“Vorágine o las razones del odio” retratos de Orlando de la Rosa


Nombre de la Obra: Duelo 
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón
Medidas: 50 x 33cm
Año de creación: 2019 



Nombre de la Obra: Helena 
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón 
Medidas: 55 x 36.5cm
Año de creación: 2015 



Nombre de la Obra: Ana 
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón 
Medidas: 50 x 33cm 
Año de creación: 2015



Nombre de la Obra: Fértil
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón
Medidas: 50 x 33cm
Año de creación: 2018 



Nombre de la Obra: Periodo
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón
Medidas: 23 x 35cm
Año de creación: 2019 



Nombre de la Obra: Sobre el deseo II  
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón
Medidas: 50 x 33cm
Año de creación: 2019 



Nombre de la Obra: 1947 
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón 
Medidas: 50 x 33cm
Año de creación: 2015 



Nombre de la Obra: Hombre de sombras
Técnica: Fotografía digital sobre papel de algodón
Medidas: 50 x 33cm
Año de creación: 2015 



*Orlando De la Rosa (Veracruz, México. 1992) Máster en Producción Artística por la Universitat Politécnica de Valéncia y Licenciado en Fotografía por la Universidad Veracruzana. Ha colaborado en la producción y dirección editorial de los libros OSCURANA, de Antoine D’Agata, La casa que sangra, de Yael Martínez; y con diversas editoriales especializadas en la producción de fotolibros en Grecia, Portugal, Francia, Perú y Argentina. Cuenta con diversas exhibiciones en Veracruz, Ciudad de México, Guanajuato, Paris, Amsterdam, Arlés, Uruguay y Brasil. Ha sido acreedor del PECDA Veracruz en su emisión XXI y del programa Jóvenes Creadores del FONCA en el periodo 2017/2018. Actualmente colabora en Photo Vogue Italia y se desempeña como freelance y editor independiente. Su obra pertenece a la colección del Museo de San Telmo en San Sebastián, España y al Minneapolis College of Art and Design, así como a distintas colecciones privadas en México y el extranjero.

miércoles, 8 de mayo de 2019

"El lento deambular de las tormentas" poemas de Florencia Lobo



Todo puede ser objeto preciso de la poesía 

La tosca metafísica de los gorriones
la sonata demente de los trenes abandonados 
un pescador herido por la visión de la luna
un ciruelo, un nombre
una palabra, un colibrí

las cosas que se caen de sí mismas 
nostálgicas de sí, hartas de sí

la madre, el padre, las derrotas 
el tiempo que rueda 
desquiciado en los caminos

todo puede ser objeto 
preciso de la poesía 

menos la poesía:
la palabra que nunca
la palabra que siempre

silueta inasible
sombra sin cuerpo
canto sin pájaro

tan árbol 
sin palabra árbol 
sin idea de árbol

voz arrebatada
a dónde
a quién.


Oficio de la memoria

La memoria 
es un arma de 
doble 
hilo

con uno cose
por el ojo del presente
pedacitos de pasado

con el otro va
hilvanando
jirones de hoy 
tiempo raído
en esa estampa 
indescifrable
del futuro.


En cualquier aire, en cualquier rumbo

De la tormenta
sus pasillos de niebla
sus derrotas amables
sus baldíos

de los domingos sus vacilaciones
los caracoles ciegos 
del letargo

de la piedra su intemperie
su entraña de silencio
sus edades

del fuego sus visiones
su música 
incrustada de relámpagos

del humo sus estambres
su adagio hacia arriba
su extravío

de la lluvia sus ausencias
sus preguntas en círculo
sus catedrales

de la noche su cascabel de sombras
su llanura agazapada
bajo el tambor del sueño

y del amor 
su claridad sonámbula
su confianza clavada 
inexplicablemente

en cualquier aire
en cualquier rumbo.


Archipiélago

Penetra surdamente no reino das palavras
     Carlos  Drummond de Andrade


Se entra en la palabra archipiélago
buscando islas

pero dice la etimología
que lo único hallable ahí
es el mar

no un tejido de orillas
un islario bordado 
por la espuma y el tiempo

solo el mar, el mar inmenso, 
el archimar

por lo demás, nada sorprende:
toda palabra es por fuera un borde
y en el fondo agua 
siempre removida. 


Fin del mundo

Jirones de nada
apenas temblores
en la noche
los últimos pájaros 
abandonan la isla.

Hemos quedado solos.

Tercos o locos o pacientes, 
pero solos.

Y sin embargo
persistimos,

de raíz en raíz
de sur en sur.


*Florencia Lobo nació en Tucumán (Argentina) en 1984, pero a los pocos meses su familia se mudó a Ushuaia, Tierra del Fuego, lugar donde se crió. Estudió Corrección de Textos y se especializa en Edición. Trabajó varios años en la editorial de la Secretaría de Cultura de la provincia de Tierra del Fuego, y en la actualidad se dedica a la edición y corrección de manera independiente. El lento deambular de las tormentas (el suri porfiado, 2018) es su primer libro de poesía.


* Todos los poemas son de El lento deambular de las tormentas (el suri porfiado, 2018)

lunes, 6 de mayo de 2019

"La forma del aforismo" por: Fernando Juárez Salazar

1956 Litografía, 25,3x33,9 cm The Escher Foundation Collection All M.C. Escher works © 2017

Según el diccionario de la RAE, el aforismo es una “Máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte”. Esto, por supuesto, no nos dice mucho y da lugar a grandes preguntas. Por ejemplo, ¿cuándo y cómo surgió?, ¿qué relación guarda con el apotegma, con el proverbio, el adagio, la máxima y demás formas breves del pensamiento? O esta otra: ¿qué relación mantiene con la filosofía? Con la debida licencia del lector, ensayaremos una sucinta reflexión, casi aforística, de los que juzgamos son los trazos centrales de su forma, intercalando ejemplos y sin la más mínima pretensión de resolver la totalidad de los problemas relacionados.

A pesar de su relativa juventud en tanto género literario y filosófico—microgénero, en realidad—tuvo indudablemente una larga trayectoria previa. Sus orígenes más remotos acaso haya que situarlos en los oráculos de las civilizaciones de la Antigüedad, como el de Delfos en la Grecia clásica. A la sacerdotisa délfica se le adjudican una serie de predicciones cuya ambigüedad a veces dieron ocasión al equívoco. Célebre es el episodio en que Creso, el ambicioso rey lidio, decide iniciar una guerra contra Ciro el grande, persuadido por el oráculo que pronosticaba la destrucción de un gran imperio si emprendía la guerra contra los persas. Ese gran imperio no resultó ser el persa, sino el suyo. Digamos de paso que aquellos oráculos no estaban desprovistos de cierto ingenio y gracia poética. Prueba de ello son algunos versos en hexámetro conservados por la tradición, como el siguiente fragmento, que debemos a Heródoto (I, 47), aquí vertido en un hexadecasílabo:

Sé el número de la arena y la medida del mar,
al sordomudo comprendo, y oigo la voz del que calla…

En la brevedad característica del aforismo creemos reconocer una ligera reminiscencia de las máximas atribuidas a los Siete sabios, lacónicas por antonomasia y emparentadas con la poesía gnómica (“conócete a ti mismo”, “nada en demasía”, “conoce el momento oportuno”…), así como de la manera fragmentaria en que nos han llegado las obras desaparecidas de los filósofos presocráticos, entre los que sin duda destaca Heráclito “el oscuro”, quien se ganó tal apodo gracias al color de su tez, aunque también a causa del aire misterioso y hermético de sus enseñanzas. Lo que resulta más que claro a la luz de los siguientes dos fragmentos sobre el tiempo, en los que seguimos la traducción de José Gaos.

Este mundo, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que ha sido eternamente y es y será un fuego eternamente viviente, que se enciende según medidas y se apaga según medidas.

*  *  *

La eternidad es un niño que juega a las tablas: de un niño es el poder real.

Muchas páginas podrían escribirse sobre el significado preciso de estos dos fragmentos, sin llegar necesariamente a una conclusión convincente, y no obstante, inspirarnos una concepción acabada del tiempo, como acaso le ocurriera a Hegel o Nietzsche. 

Otro antecedente del género pudiera verse en el estilo sentencioso de pensadores morales como Marco Aurelio y Epicteto, más proclive a la elaboración de máximas morales, que nunca logran ser completamente tales, pues las empuja la fuerza de un discurso breve y sencillo, pero bien desarrollado. Baste como ilustración un pasaje de las Meditaciones (II, 17), seguido de otro tomado del famoso Manual (I, 1-3), de los respectivos autores.

El tiempo de la vida humana, un punto; su sustancia, fluyente; su sensación, turbia; la composición del conjunto del cuerpo, fácilmente corruptible; su alma, una peonza; su fortuna, algo difícil de conjeturar; su fama, indescifrable.

*  *  *

De lo existente, unas cosas dependen de nosotros; otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en una palabra, cuanto no es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que no depende de nosotros es débil, esclavo, sometido a impedimentos, ajeno.

Pero ya sea que fueran éstos u otros los precursores reales, quizás lo más acertado sea ubicar su nacimiento como género hasta los inicios de la modernidad, y más en particular en 1669, con la publicación de los Pensamientos de Pascal. Esta suerte de pesimista cristiano produjo dignos ejemplares del género. En realidad su intención era componer una magna obra apologética del cristianismo, mas en su lugar lo único que legó a la posteridad fue un conjunto vasto y numeroso de anotaciones y ocurrencias dispersas, cuyo probable ordenamiento ha ocasionado fuertes dolores de cabeza a estudiosos y editores. Éstas, sin embargo, merecen el nombre de aforismos en el mejor sentido de la palabra. Si la máxima moral y la simplicidad estilística de los estoicos tenían como fin moralizar al receptor y guiarlo en su actuar práctico, el aforismo que resultará a partir de Pascal servirá igualmente para el fin contrario. A continuación presentamos los pensamientos núm. 354 y una parte del núm. 83 de la edición de Brunschvicg.

La naturaleza del hombre no consiste en avanzar siempre: tiene sus idas y sus retrocesos.
La fiebre tiene sus escalofríos y sus ardores. Y el frío demuestra tanto la importancia del ardor de la fiebre como el calor mismo.
Con las invenciones de los hombres siglo tras siglo sucede lo mismo. Con la bondad y la maldad del mundo en general sucede otro tanto.
Plerumque gratae principibus vices. [La mayor parte del tiempo los cambios gustan a los príncipes (Horacio, Odas, III, 29).]

*  *  *

El hombre no es más que una criatura llena de error natural e indeleble sin la gracia. Nada le muestra la verdad. Todo le engaña…

Finalmente será Nietzsche, en pleno siglo XIX, el que lleve el aforismo a su mayor popularidad y a consumarse como una forma privilegiada para la reflexión filosófica. Algunos de sus libros son meras colecciones de aforismos, y ejercerán influencia decisiva en un autor difícil de clasificar como es E. M. Cioran. La producción escrita de este último casi se agota en agrupaciones de aforismos de variada extensión y temática, donde emotividad y lenguaje poético avanzan a la par con la crítica y la ironía que le distinguen. Así, con Nietzsche y Cioran el aforismo se antoja inseparable del gesto escéptico o provocador.

En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.

Como nuestra intención jamás fue agotar la materia, a conciencia plena hemos callado todo lo relativo al Oriente y a muchos otros autores europeos. Nuestra ignorancia no nos consintió más.

Sentenciemos por tanto que el aforismo contrasta claramente con el ritmo sigiloso, ordenado y sistemático propio del tratado, la suma, el diálogo y otros géneros de la tradición filosófica. Es abrupto, sintético, contundente y fugaz como un rayo o una bofetada. De ahí también la confusión que despierta en el lector desprevenido que no se ha detenido a investigar el posible contexto, del que el autor anula toda pista, invitándonos a que exploremos su mundo con verdadero interés, o bien que abandonemos la empresa y nos retiremos sin nada. (…Es esotérico.) A diferencia de otras formas literarias de la filosofía, el aforismo apela a nuestra intuición, dejándonos sumidos en la impresión de tratarse de una revelación que ha venido desde arriba—o desde abajo, desde lo más profundo. No sorprende entonces que haya sido un autor místico como Pascal su redescubridor ni un ateo mistificante como Nietzsche su principal difusor. Su vocación para la sugerencia le ha permitido fundirse de vez en cuando con el ensayo, contagiando la prosa que se le aproxima o engendrando diversos grados de ensayo breve o microensayo, híbridos de atractivo indiscutible.

El aforismo es comparable a cualquier orificio que se infringe en la pared: al que permanece distante no le muestra nada, pero ofrece una visión completa de la habitación contigua para el que se acerca y vuelca su entera atención en él. Se trata de un género que nos enseña a apreciar la complejidad y grandeza de las cosas más pequeñas y efímeras, tanto de la vida como del pensamiento.


*Fernando Juárez Salazar Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Cursó, en el área de Estética, la maestría en Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus áreas de interés son la Estética, el Psicoanálisis, el Marxismo y la Historia de la Filosofía.

"Incluso sin alas, aún sin ti" poemas de Amaiia Gómez



INCLUSO SIN ALAS; AÚN SIN TI

Para ti que hoy no estás
Para ti que estás,
Por todo aquello bueno y malo
Por todo aquello que hizo falta,
Para ti que viajas
Para ti, que a veces pasas,
Pero siempre
o nunca
Estás.
Soñar no es difícil
Y regresa la inspiración contigo;
Entonces, 
sé que volar entre las nubes es posible,
Incluso sin alas
Aún sin ti.

Vivo en el recuerdo para vivir
Muriendo de a poco varias veces,
Será siempre así,
Como en los sueños,
Como en las pesadillas,
Como si no despertara
También como si volara,
Incluso sin alas…
Aún sin ti.


EL VERDADERO COLOR DE SUS OJOS

Sus párpados despertaron
Y en sus ojos claros
Nunca oscureció
Húmeda arena lloraba
Con su risa
Glauco su matiz
Eran cielo sus ojos cuando soñaba
 Sabor miel su color
Fue arcoíris su mirada
Transparente como el agua,
Profundo negro hablaban sus pupilas
Aunque realmente nunca dijeron nada.


EL PRIMER BESO

Voy a decir que tiritaban mis manos
Y mis piernas temblaban,
 Pero cuando sentí su boca palpitando con la mía,
 El mundo se detuvo y la gente desapareció
Y todo fluyo tan natural como la vida,
 Como lo es respirar.

No supe descifrar las sensaciones
Y me perdí varios minutos;
En sus caricias,
En su piel,
Le hubiese besado para siempre
Sin temor a morir algún día.

Tal vez, sintió detonar la orilla
Y quizá sentí yo
Lo que es vivir de verdad.

Fue la primera vez que tuve miedo
Y me deje llevar por la adrenalina,
Me deje llevar por sus besos.

Si fuera yo sabría que sus besos
Son mejor que el chocolate,
Si fuera yo,
Entendería
Que bese muchas veces con mis labios
Pero nunca antes besé con mi corazón.


*Yeraldin Zulay Amaya Gómez (20  de Septiembre de 1992) Bucaramanga  Santander; Colombia. Abogada, tiene 26 años, empezó escribiendo las cartas de las amigas para sus novios a las 13 años, desde entonces disfruta escribir y puede decir que es de los verbos que más disfruta en la vida, nunca he publicado nada pero tiene su colección personal de textos inéditos y cada que los lee se transporta al momento en que los escribió y puede decir, que es posible viajar en el tiempo.