Un día desperté, me
miré en el espejo más grande del departamento y percibí mi rostro muy similar
al de mi madre, sentí miedo.
De repente observé
mi reflejo y me sobrevino la idea de que de la noche a la mañana me habían
salido múltiples arrugas en la cara. Empecé a mirar con obsesión cada poro,
cada rasgo y detalle por medio de diferentes espejos, el del living, el del
baño, pero especialmente utilizaba un espejo del tamaño de la palma de mi mano,
lo podía tener cerca todo el tiempo, lo había heredado de mi abuela. Jamás
conocí, pero por muchas razones, durante un largo tiempo, se convirtió en la
persona más importante en mi vida.
En esos días de
autotortura mental me subía a una silla y me miraba bajo las luces artificiales
de las habitaciones, después iba al balcón me observaba un rato y luego subía a
la terraza para obtener "la verdad", quería comprobar ante mis ojos;
ahora sí, por medio de la luz real, la natural, si mi aspecto se había
deteriorado de la noche a la mañana, o si tan solo era otra de mis
distorsionadas ideas. No podía estar segura, pero lo que sí era cierto es que
la angustia era constante.
De la noche a la
mañana mi madre nos contó a mi hermano y a mí que había empezado a sentir un
dolor de estómago sordo, profundo e insoportable, el cual aparentemente se
había agudizado luego de ingerir una hamburguesa. Fueron pasando los días y ya
no solo se trataba de un dolor de estómago, ahora le dolía una pierna, después
la espalda, todas las articulaciones, hasta que un día empezó a toser sin
parar. Todo su cuerpo sufría. Entonces
recordé que
anteriormente había tenido un sueño donde nos encontrábamos en el estudio de
casa, nos abrazábamos y sentía la tristeza de su cuerpo disolverse entre mis
manos. Supe que pronto iba a morir y dejé de ver mi reflejo temporalmente,
reconocí que no me encontraba en las adecuadas condiciones mentales para
mirarme.
Recuerdo que las
primeras fotografías que vi en mi vida fueron las de mi abuela paterna, una
mujer que jamás vi sonriendo, pálida y ojerosa, con una solemne expresión que
oscilaba entre ausencia y angustia. Yo solo era una niña pero a donde quiera
que fuese me comparaban con ella, “eres idéntica a tu abuela”. No tendría más
de 5 años cuando empecé a ver mi reflejo en la ventana y la buscaba a ella, la
encontraba, le hablaba y también empañaba el vidrio dedicándole varias
lágrimas. Sabía que había huido en medio de una guerra civil, la cual le había
dejado un tic permanente en el ojo por escuchar los tiros en medio de la noche
hacia cada republicano fusilado, su futuro prometido se accidentó en un avión y
la dejó con el vestido de matrimonio colgado en una percha, finalmente conoció
a mi abuelo, con quien jamás fue feliz, tuvo cuatro hijos “infelices” como los
definió en su testamento y luego murió de cáncer.
Para ese entonces
en el departamento de mi infancia existía un espejo que mi padre había heredado
de mi abuela, era un espejo triple, me observaba seguido e imaginaba que mi yo
estaba conformado por tres Verónicas, me bañaba y hablaba con ellas, lo mismo
hacía cuando salía a jugar a la calle. Un día decidieron regalarlo y así fue
como me quedé con un solo reflejo, con una sola imagen, la única Verónica que
podía observar a través del espejo del baño.
Cuando mi mamá
falleció tuve el pensamiento de que quizás ella y yo si teníamos algo similar
en apariencia, dejé de preocuparme por esto y también pensé que probablemente
algo compartía con mi abuela, solo que a ella con el paso del tiempo la había
empezado a sentir cada vez más lejana y desconocida. Habían pasado varios meses
y ya me había reconciliado con el hecho de mirarme en el espejo, un día lo hice
detalladamente. Observé que allí nuevamente estaba yo, la única Verónica, solo
que esta vez me vi diferente, distinta, de alguna manera más próxima, más real.
*Verónica Ortiz
Ortega (1994) (Colombia, reside en Buenos Aires desde
2012). Psicóloga clínica graduada en la UBA, con un enfoque integrativo
humanista-existencial y cognitivo-conductual. Ha desarrollado un camino
paralelo artístico en la fotografía y en la escritura de poemas y relatos
cortos.
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