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lunes, 25 de mayo de 2026

"El Cerdo" cuento de Camila Savage

Despertó con la textura de papeles llenos de un líquido viscoso en la cama. Sin abrir los ojos aún, los tiró en el tacho, se estiró y buscó un Red Bull en la heladera. Abrió su computadora; Zaira no le había mandado aún el video que había solicitado: un plano general de ella sobre una manta roja introduciéndose un desodorante en el ano. Buscó videos en internet, pero ya nada lo saciaba. Había visto cada una de las diferentes posiciones y categorías: masoquismo, furrys, lesbianas, tríos. Franchesco gastaba todo su sueldo en suscripciones de Onlyfans, en videos pagos y en membresías premium. Como Zaira todavía no contestaba con su pedido, decidió ir al colectivo. 

Se cambió rápidamente y se subió al 90, vía Viale Tibaldi; generalmente hacía el recorrido hasta que estaba satisfecho con su cacería. Como eran las diez de la noche del viernes, sus presas iban bien vestidas, con vestidos y medias, o jeans apretados y escotes reveladores. Al subir, vio a una chica con cara angelical sentada al fondo del colectivo; miraba por la ventana. Tenía una campera grandota, de esas de motoquero que él detestaba porque no marcaban nada, y unos jeans acampanados; al estar sentada, no podía apreciar su figura completamente. Tenía el pelo negro y corto y era muy blanca; le recordaba un poco a Blanca Nieves. Se la imaginó vestida de princesa, pero hot, con un látigo. Le tomó una foto y se la pasó a Grok para que tallara sus fantasías. Tenía una cuenta, «El Domador 99», con miles de seguidores que lo alentaban. Allí publicaba las fotos. 

Luego se subió, junto con un par de amigos, una niña de no más de dieciocho años, con una cabellera rubia y larga y uno de esos rostros barrocos. Vestía un tapado de piel con lo que parecía un vestido debajo y unas medias blancas hasta la rodilla. Le tomó una foto; ella lo pedía, es más, seguramente lo deseaba al vestir de esa manera. La desnudó completamente con la aplicación. Ya estaba satisfecho. Antes de bajar, vio a la primera chica: lo miraba fijo. Tenía ojos claros y una mirada penetrante; estaba muy seria y susurraba por lo bajo. Él se estaba poniendo paranoico; no había forma de que esa chica supiera lo que hacía. Se bajó rápidamente del colectivo. 

En su casa se realizó un total de doce pajas. Zaira le había pasado el video: una obra de arte. La recompensó generosamente con la pensión de sus abuelos jubilados, que seguía cobrando a pesar de que ambos ya habían fallecido. Subió las fotos a la cuenta. Sus fanáticos lo amaban, le mandaban donaciones incluso. Cuando la cuenta cerraba, su comunidad de Telegram se organizaba y abrían otra rápidamente. 

Se fue a dormir pensando en la mirada de la chica de pelo corto, tocándose. Hubiese sido hermoso hablarle, incluso que esta lo confrontara. Hace mucho tiempo que no hablaba con mujeres en la vida real; con la única que tenía trato era con la encargada del edificio. Esta era gorda y canosa; no contaba.

Despertó y se sintió diferente. Intentó tirar los papeles, pero sus extremidades parecían fallarle. Su olfato estaba agudizado: sentía el género de las sábanas, las sobras de pizza del escritorio, el hedor del tacho de basura. Su contextura había cambiado; se sentía macizo. Abrió los ojos y se miró en el espejo de la habitación que daba a su cama. Vio un cerdo revolcado en su colchón y se asustó. La expresión del chancho también mutó. «Qué hija de puta», pensó, «qué re mil hija de puta».


*Camila Savage nació en Buenos Aires en el año 2000. Actualmente, se encuentra finalizando sus estudios en Comunicación y se desempeña como periodista musical y literaria. Su primer cuento fue publicado en la antología chilena Nuevos Autores Latinoamericanos: Dramas Humanos, participación a la cual le siguió su intervención en la antología Los Vidrios Secretos de una Casa. En 2026 lanzó su primer poemario, titulado Reminiscencias, y próximamente publicará su primer libro de cuentos, La Ciudad de los Puntos Ciegos.

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