Mi
corazón en espera
El
tiempo pasa como un susurro
y nada se detiene.
Los niños de la cuadra crecen,
los observo reír.
Hace tiempo que no miro
un cielo con cerros,
casas pequeñas en mi barrio,
niños que sueñan con canchas verdes
y jugar fulbito.
Olvidé
vivir despacio,
olvidé observar.
La necesidad de saber a dónde voy
me aprieta el pecho.
El tiempo, verde.
El espacio, azul.
Los cóndores vuelan
frente a un volcán.
Ese volcán es mi corazón,
en espera.
y nada se detiene.
Los niños de la cuadra crecen,
los observo reír.
Hace tiempo que no miro
un cielo con cerros,
casas pequeñas en mi barrio,
niños que sueñan con canchas verdes
y jugar fulbito.
olvidé observar.
La necesidad de saber a dónde voy
me aprieta el pecho.
El tiempo, verde.
El espacio, azul.
Los cóndores vuelan
frente a un volcán.
Ese volcán es mi corazón,
en espera.
Entra la luz,
no salva.
Solo recuerda
que aún respiro.
La ciudad:
tráfico,
estruendos,
ferias
profanan el silencio.
Quiero irme.
Perderme.
Arrancar lo que fui
de raíz.
Y tal vez,
algún día,
volver
—si queda algo—
a esa sonrisa,
a esa playa.
tomados de la mano sobre la mesa vacía,
renovamos la promesa de matarnos el uno al otro.
y enciendes un cigarrillo cerca de la ventana.
Te observo.
Mastico el aire, el aroma mentolado.
Donde sea que estemos, terminamos en la cama:
desnudos, con canciones encendidas,
recordando hasta en lágrimas.
embriagados,
después del amor, desorientados,
los cuerpos acompasados y entrelazados.
mirándonos a los ojos,
dos mitades de una criatura
resurgiendo hasta el borde de la materia
y sobrepasándola,
como el amor,
como la muerte.
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