Talismán
Hecha de infierno y cielo,
Un alma de fuego y hielo,
Nada más que un alma en peligro de la nada;
Déjala al sol y al agua,
Que los elementos la acechen y sienta su temor y su osadía;
Arrójala luego lejos de tus ojos
Para que no puedas ver más su desventura;
Recógela después con tus manos de golpe y de caricia,
Ponla en reposo para que descanse y no muera;
Esculca su corazón a ver si aún le queda algún hálito de vida,
Déjala en su fiebre y desvarío,
En el veneno de escorpiones y serpientes,
Y cuando el devenir se acerque a ella, antes de ser convertida en Estatua
Déjala desnuda que muestre sus heridas
Y las exhiba a la lujuria de los ojos de curiosos
Hasta que una palabra, un grito o un eco herido
Retumbe en el fondo de sus oídos.
Si esta alma aún es alma,
Hecha de infierno y cielo,
He ahí tu fortaleza hecha para la paz y para la guerra,
Guárdala entonces en el soldado de tu cuerpo
¡Pero vela, vela con ella!
—La inofensiva, el hacha mortal contra tu pecho—
Aparecía la imagen del Libertador
Vestido del mismo metal que su
Caballo
De multitudes quietas y ambulantes
Miraban a hombres y mujeres del
Oprobio
Tan recostados en sus bancos
Como él en su caballo
A un minero
Bañada de bronce su azul esperanza
Con una vasija de peltre a sus pies
Y una pica golpeando la nada
Sintió el metal que también a ellos
Atravesaba
—la luz todo lo desnudaba —
Dicen que cayó en el puente, entre el pueblo y su unidad residencial; que esa noche, tiraron pólvora para silenciar los cuatro disparos: al ojo izquierdo, al corazón, al vientre y el último, que trató de esquivar con sus manos.
Le dieron sepultura la mañana siguiente, en el mismo cementerio donde reposan sus antepasados. Los duelos acudieron a la sala de velación, algunos protestando porque el féretro había sido sellado para impedir la curiosidad.
En un rincón junto a la mesita donde habían dispuesto la cafetera y las galletas, alguien se debatía en un mar de lágrimas.
Alguien se le acercó poniéndole sobre su hombro una mano, para musitarle: “no se puede matar a un ángel y desaparecer en el mundo, donde otra vez se puede volver a matar”.
*Lorenzo E. Lopera Múnera, San Pedro, Antioquia,
Colombia, 1954. Economista Universidad Nacional. Poeta, cuentista, traductor,
profesor. Publicación: “Poesía y Prosa desde el extranjero “. Publicaciones en
antología de la biblioteca de Sabaneta, Empresas Públicas de Medellín,
Comfenalco y en las revistas literarias Avis Nigra y Oxímoron de Argentina.
Publicación en los canales digitales de Teleantioquia, la Gobernación y el
Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia.
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