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martes, 28 de abril de 2026

"Kre, la última Selk´nam de Tierra del Fuego" cuento de Ana María Pinto Neira

 

En lo más profundo del bosque, Tanu espera dar a luz a su primer hijo.

Piel de guanaco, es lo único previsto para el nacimiento. Escondida en el bosque, Tanu respira profundo cada cinco minutos intentando contener el dolor.

El sudor de su frente, viajaba por todo su cuerpo. Su vientre contraído y el temor a lo nuevo, nublaban su mente. Un grito desgarrador, anuncia la llegada de una nueva vida. Es una niña. Tierra del Fuego será su origen, Tierra del Fuego será su hogar. Karukinka será su vida.

Tanu aprieta junto a su pecho a la niña, el cordón umbilical las mantiene unidas por un largo tiempo. Madre e hija se arrullan mutuamente, la leche materna que emana de Tanu son un deleite para la recién nacida.

Al pasar las horas, Tanu se siente con fuerzas para regresar junto a Koy, padre de la niña, quién espera ansioso en su haruwen. Madre e hija de regreso a casa, van escuchando el canto de los pájaros quienes se acercan a ellas observando con curiosidad a la niña.

Koy ve a Tanu que se acerca lentamente a casa, corre eufórico para recibirla. Tanu con una sonrisa en el rostro le entrega a la niña, Koy extiende sus manos para recibirla, la descubre de las pieles, la observa con cariño, la acurruca entre su pecho y con sus ojos llenos de lágrimas le grita al viento que es una niña, que su nombre será Kre, recordando la claridad de la luna.

Kre, inicia su vida junto a una familia nómade que la hará recorrer karukinka en búsqueda de nuevas enseñanzas y aventuras.

Kre, ya con cinco años, corriendo un día por el frondoso bosque de Karukinka, sin darse cuenta chocó abruptamente con un guanaco, el animal y ella asustados arrancaron despavoridos, Koy que estaba cerca, alcanza a cazar a el animal y ríe a carcajadas al ver a su hija huir del alimento, la abraza y le explica que el guanaco es un animal muy noble, que gracias a sus pieles ellos pueden abrigarse y que su carne los alimenta. Koy le explica a Kre la importancia de vivir en armonía con la naturaleza, porque es la única manera de sobrevivir, por eso siempre se debe agradecer a los dioses por la buena fortuna y al animal por cruzarse en su camino.

Para Kre, fue una experiencia muy traumática, pero entendió que todo se debe a un equilibrio natural de la vida.

No era costumbre que los hombres Selk´nam llevaran a sus hijas de casería, esa era una misión solo para hombres, las niñas debían quedarse con sus madres en casa preparando el alimento para los cazadores. Pero para Koy era imposible dejar a Kre en casa, había nacido con un gran carácter de guerrera, y el padre primerizo no estaba preparado para decirle que no a su hija. La escondía bien entre piles de guanaco y le enseñaba algunos trucos de cacería que Kre guardaría como un gran tesoro de vida, porque sabía que sería imposible que la dejarán cazar sola algún día.

Un día, al despuntar el alba, Koy toma su arco y se prepara para salir de cacería, intenta hacer el menor ruido posible, para no despertar a Tanu y a Kre.

Kre que era muy astuta, sale detrás de su padre sin que él se dé cuenta. Mientras lo sigue por el bosque, kre ve que su padre no va en la misma dirección de siempre, algo extraño estaba sucediendo.

Koy desaparece entre los arbustos, Kre le pierde el paso, se queda mirando hacia las profundidades del bosque, hasta que se queda dormida, esperando a que su padre regrese. Un extraño canto despierta a Kre, quién se levanta de un salto y se esconde entre los arbustos, de repente ante sus ojos aparece una figura de color rojo espeluznante, Kre da un grito desgarrador y corre por el bosque hasta llegar a los brazos de su madre, quién la abraza esperando a que la niña recupere el aliento.

Kre le cuenta a su madre, que siguió por el bosque a su padre, que en un momento se le perdió y ella se quedó dormida de tanto esperar. Le dice que despertó porque escucho un extraño canto y que al abrir los ojos había una figura de color rojo que la estaba observando.

Tanul, acaricia con amor el cabello de Kre y le cuenta una historia, sobre el soy y la luna: Hace mucho tiempo atrás Krren y Kreeh, el sol y luna, en el tiempo de los hoowin las mujeres, lideradas por Luna, dominaban a los hombres, disfrazándose de espíritus para aterrorizarlos y mantener el control sobre ellos. Un día, Sol descubrió el secreto de las mujeres, y los hombres decidieron asesinarlas a todas, salvo a las niñas pequeñas que no conocían el secreto. Luna escapó a los cielos, en donde aún es perseguida por Sol. Desde entonces, los hombres recrean la ceremonia del Hain, en donde disfrazados de espíritus someten a las mujeres, al tiempo que transmiten el secreto a los jóvenes iniciados. Y que gracias a eso existe el día y la noche.

Kre no entiende muy bien lo que le cuenta su madre, con los ojos llenos de lágrimas le dice que es injusto que las mujeres deban ser sometidas por los hombres, y que para ellas no exista un rito de iniciación. Kre se limpia las lágrimas de sus ojos y camina hacia el mar, intentando aclarar la historia que le contó su madre, fue difícil para ella entender que hombres y mujeres eran diferentes, se hizo una infinidad de preguntas tratando de entender el por qué los hombres debían someter a las mujeres, por qué debían mostrar superioridad, por qué ella no podía ser parte del Hain. Lo único que concluye es que ahora entiende porqué su padre esa mañana la dejó en casa.

El tiempo sigue pasando en la vida de Kre, ya no sale a cazar con su padre, ahora está más cerca de su madre, juntas preparan las pieles y el alimento para mantener el bienestar de la familia, ayudan a las más ancianas de la tribu, y Kre juega con los más pequeños y les enseña algunos trucos de cacería.

Una tarde Koy llega más temprano de lo habitual, asustado le cuenta a Tanu que diviso a dos hombres extraños muy cerca del haruwen, describe que sus rostros estaban muy pálidos y que tenían extraños instrumentos de cacería. Tanu le dice que lo mejor será emigrar hacia las profundidades del bosque y buscar a otras familias para sentirse más protegidos. A la mañana siguiente la familia de Kre, toma todas sus pertenencias y comienzan a alejarse del lugar que fue su hogar por dieciocho años.

Después de caminar por cinco días, la familia de Kre se reúne con tres familias selk´nam que relatan la misma historia de Koy, Karukinka estaba siendo rodeada por el hombre blanco. Pasaban los días y más familias se iban reuniendo, los hombres salían de casería en grupos más grandes, aun así empezaron a regresar cada vez menos a la tribu.

Kre, sentía mucho miedo al pensar que su padre sería el próximo en desaparecer. Un día llegó a la tribu un hombre blanco que hablaba muy raro, sacó unas cadenas y se llevó a la mitad de la tribu con él, tomó a mujeres y niños de preferencia, los subió a unos navíos y nunca más se supo de ellos.

La familia de Kre, alcanzó a arrancar ese día, estaban aterrados, sin saber qué pasaría con ellos. Una parte de su tribu había desaparecido, y los que quedaban tenían cada vez menos oportunidades de alimentarse, porque el hombre blanco los tenía acorralados.

Tristes y desesperanzados Kre y su familia intentan buscar un nuevo hogar, junto a otras familias deciden emprender un nuevo viaje. Lograron avanzar muy pocos kilómetros, hasta que los encontraron, una misión llamada Salesiana, compuesta por sacerdotes y monjas llegó hasta karukinka con la intensión de evangelizar a todos los Selk´nam que quedaban en la zona, se los llevaron a un lugar donde les quitaron sus vestimentas, los obligaron a vestirse diferente, quitándoles por completo su origen y sus costumbres.

Pasaron los años, kre y su familia debieron adaptarse a un idioma y a una cultura que no les pertenecía, su madre y su padre siempre estaban enfermos, nunca más tuvieron la oportunidad de volver a Karukinka. Kre lloraba todas las noches, pidiéndoles a sus dioses que aparecieran para rescatarlos y liberarlos.

Tanu y Koy no logran sobrevivir a su nueva vida, mientras vivieron en el bosque de Karukinka nunca enfermaron, tenían a la naturaleza a su disposición, vivían en armonía, sintiendo el calor de la tierra en sus pies y el abrazo del viento que los guiaba siempre sabiamente hacia su destino.

La muerte de los padres de Kre, creo en ella un abismo de desesperanza y tristeza. Dejó de comunicarse. A pesar de su silencio, la obligaban día a día a rezarle a un dios que no le pertenecía. Cuando podía escapar un poco de esa realidad se escondía junto a las gallinas y cantaba muy bajito las canciones que su madre le cantaba cuando era pequeña.  

Kre siempre tuvo un espíritu guerrero, nunca se dejó conquistar completamente, no pudieron obligarla a dejar su origen completamente, a pesar de estar vestida con ropas de sus colonizadores, jamás volvió a pronunciar ninguna palabra, porque su idioma sería lo único que permanecería con ella para siempre, por eso lo guardo en lo más profundo de su alma.

Kre envejeció y se mantuvo siempre bajo el alero de los misioneros, no tuvo nunca la oportunidad de escapar, Karukinka le pertenecía a nuevos colonizadores que hicieron desaparecer el bosque, llenando su tierra de pasto y ovejas, hicieron desaparecer a los guanacos, hicieron desaparecer a toda su flora y fauna. Ya no había donde volver. Aun así Kre nunca perdió la esperanza de volver a sentir el calor de su tierra recorriendo sus pies, el abrazo del viento acurrucando su espíritu al igual como lo hizo su madre el día en que ella nació.

Una mañana, kre al despertar en vez de vestirse se desnudó y salió de la que fue su casa por años, soltó su cabello al viento y comenzó a caminar en dirección al mar. Sintió que por fin podría volver a conectarse con sus padres, sintió el calor de la tierra bajo sus pies, por fin había llegado el momento de volver a Karukinka, su amada tierra, susurro por última vez el canto que la hacía recordar a su madre, cerró los ojos y sonrió.

Pasaron muchas horas antes de que el cuerpo de Kre fuera encontrado. El sacerdote que la encontró, no pudo contener las lágrimas al ver el cuerpo de la última Selk´nam nacida en Karukinka, fundida entre la tierra y los arbustos que la vieron nacer. 

 

*Ana María Pinto Neira. Actriz titulada en el año 2006, de la escuela de Teatro La Casa. Desde el año 2010 asumió la dirección y dramaturgia de la Compañía de Teatro El Trineo. Se ha especializado en diversos wokshops de teatro físico y máscaras de la Comedia del Arte. En el año 2015 participó de la primera Escuela Nómade en Chile, dirigida por Ariane Mnouchkine. De esa experiencia participó en la creación musical de la Compañía Tropa Nómade, realizando su primer espectáculo, El Cisne de Papel. Se ha desempeñado como actriz en las compañías de teatro, Las Primas y Teatrópolis Gentil realizando giras por Argentina, México, Perú y Ecuador. En el año 2018, creó su workshop de teatro físico llamado “El Origen del Movimiento” teniendo como base principal el entrenamiento de la técnica del Kung Fu y la danza Butoh. Es un taller que viaja por el árbol genealógico y antropológico del participante, teniendo como referente a la cultura Selk´nam. Impartido en los encuentros de teatro Octubre Callejero, Buenos Aires, Fundación Entepola Chile, Encuentro Internacional de Teatro por la Memoria, Mendoza y EspacioInfinito, Chile.

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