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martes, 28 de abril de 2026

“El Dios de Spinoza” ensayo de Jairo Roldán-Charria

 

Se dicen diversas cosas sobre el Dios de Spinoza pero en general, a partir de lo que se lee al respecto, se puede concluir que muchas de las personas que hacen comentarios no parecen haber leído con el suficiente cuidado sus escritos. Partir de las conclusiones a las que llega Spinoza acerca de Dios, o más simplemente de su concepción de Dios, y expresarlas como si el mismo Dios le hablase al ser humano quizás es una manera aceptable de mostrar el pensamiento spinoziano. No obstante, al tratarse de un autor que se supone de un rigor casi matemático, puede resultar engañoso y facilista ese procedimiento pues oculta toda la argumentación y los puntos débiles de ella. Y en verdad que Spinoza no es un autor fácil; ello se debe sobre todo a la manera como escribió su Ética. Spinoza estructura su texto con definiciones, axiomas, proposiciones, demostraciones, escolios, corolarios. La idea subyacente es eliminar cualquier ambigüedad y construir un sistema que tenga el rigor de las pruebas matemáticas. Ello sin duda hace difícil su lectura y la identificación de algunos puntos bastante criticables en su razonamiento.

Afirma J.P. Margot (Margot, 2021) que la razón por la que Spinoza escribió en esa forma su texto se debe a su convencimiento de la “total inteligibilidad para el hombre de la esencia de Dios y de las cosas” y que, con su racionalismo absoluto, Spinoza quiere “acabar con el misterio que rodea la razón o que le subyace”.

En este ensayo se presenta un análisis crítico de las argumentaciones de Spinoza que lo llevan a su concepción de un Dios impersonal, sin voluntad ni propósitos. Al final se compara esa concepción con la de un Dios que tiene propósitos y voluntad.

Mostremos primero la argumentación de Spinoza que lo lleva a concluir que lo único que existe es la substancia infinita que él denomina Dios.

Esencia y existencia

Spinoza acepta la diferencia entre la esencia y la existencia de algo, distinción que incluyeron Avicena y Averroes en su filosofía. También lo hizo Tomás de Aquino, quien afirmaba que las cosas al ser creadas no tenían en su esencia el poder de llegar a existir sino que precisaban de algo externo, Dios, que les daba la existencia. Solo la esencia de Dios incluía su existencia.

La esencia de algo expresa la naturaleza de ese algo. Así, por ejemplo, la esencia de una esfera es que todos los puntos de su superficie están a una misma distancia de otro llamado centro. Ahora bien, el que ella exista o no exista, afirma Spinoza,  “no se sigue de su naturaleza, sino del orden de la naturaleza corpórea como un todo” (Ética, p. 54).

La existencia implícita en el ejemplo de la esfera es la existencia material. Si se argumenta que el concepto matemático de esfera, que es su esencia, existe en la mente y por tanto tiene existencia, se puede responder que para tener existencia la esfera precisa entonces de la existencia de una mente y por tanto su esencia no implica su existencia.  En cualquier caso, precisa de la existencia o de la mente o de la materia.

Algunas definiciones de Spinoza

Causa de sí: Si la esencia de algo implica su existencia entonces se puede afirmar que es su propia causa. Spinoza define causa de sí como “aquello cuya esencia implica su existencia”. (Ética p. 43)

Substancia: La define Spinoza como “aquello que es en sí y se concibe por sí, esto es, aquello cuyo concepto, para formarse, no necesita del concepto de otra cosa.” (Ética p. 44)

Atributo: Spinoza define atributo como “aquello que el entendimiento percibe de una substancia como constitutivo de la esencia de la misma.” (Ética p. 44)

 Modos: Son para Spinoza las modalidades de la substancia o de los atributos. 

Algunos axiomas de Spinoza

“Todo lo que es, o es en sí, o es en otra cosa.” (Ética p. 45) Esto significa que todo lo que existe será o substancia o modo de una substancia.

Axiomas sobre la causalidad 

a) La idea de causa implica la de efecto: el efecto de esa causa en particular.   

b) La idea de efecto implica la de causa: aquella causa de ese efecto particular.

c) El conocimiento de la causa implica la del efecto y viceversa.

Son un mero análisis lógico de los conceptos de causa y efecto.

Distinción entre substancias

Si dos substancias son distintas se deben distinguir o por la diversidad de sus atributos o por la diversidad de sus modos. Si se distinguen por la diversidad de sus atributos entonces no pueden tener el mismo atributo. O sea que un atributo dado solo puede pertenecer a una substancia no a dos o más. En otras palabras, dos substancias distintas no tienen ningún atributo en común.

Tampoco pueden tener en común ningún modo pues estos son modalidades de las sustancias y si son distintas, distintas son sus modalidades. No pueden darse entonces dos substancias de la misma naturaleza pues diferirán en sus atributos y en sus modos. En conclusión, dos substancias distintas no pueden tener nada en común.

Lo que propone Spinoza finalmente es una definición de distinción: dos substancias serán distintas si no tienen ningún atributo común. Al no tener atributos comunes se sigue que tampoco tendrán modos comunes pues los modos lo son de un atributo.

La posibilidad de que dos substancias sean distintas en el sentido de tener algunos atributos diferentes pero algunos comunes no es considerada por Spinoza. O sea que para él distintas significa completamente distintas. Nótese que la posibilidad mencionada da lugar a complicaciones pues según la cantidad de atributos comunes sea mayor o menor se tendrían diversos grados de distinción.

Toda substancia por naturaleza existe 

Como dos substancias no pueden tener nada en común, entonces la una no puede entenderse a partir de la otra, o sea: a partir del conocimiento de la una no puede obtenerse el conocimiento de la otra. 

De acuerdo con los axiomas de causalidad, la una no puede, por tanto, ser causa de la otra, pues el conocimiento de la causa implica el del efecto y viceversa.  Si una fuera el efecto, a partir de su conocimiento se obtendría el conocimiento de la otra. Y lo mismo si una fuera la causa de la otra. Como ninguna puede ser causa de la otra entonces: “Una substancia no puede ser producida por otra substancia.” (Ética, p. 46) 

Si ninguna substancia puede ser causa de ninguna otra entonces toda substancia es causa de sí; por lo tanto, según la definición de Spinoza de causa de sí como aquello cuya esencia implica su existencia, se sigue que: “A la naturaleza de una substancia pertenece el existir.” (Ética, p. 46)

En conclusión, toda substancia por naturaleza existe. 

Finito e infinito 

Según Spinoza: “Se llama finita en su género aquella cosa que puede ser limitada por otra de su misma naturaleza.” (Ética, p. 44) Añade que un cuerpo es finito porque concebimos siempre otro mayor, y que del mismo modo un pensamiento es limitado por otro pensamiento. 

El problema es que la definición anterior de Spinoza es clara para las cosas materiales pero no lo es en absoluto en cuanto al pensamiento se refiere, o sea para los contenidos de la mente. Su definición adolece entonces de falta de precisión. El ejemplo que Spinoza presenta para ilustrar su definición indica que en últimas algo es finito en su género si se puede concebir algo mayor de su mismo género. O sea, si algo es infinito no se puede concebir algo mayor que ese algo. La idea de que un cuerpo sea mayor que otro no tiene problema. Cuando decimos que una esfera es finita, por definición queremos decir que tiene límites. Podemos en efecto concebir una esfera mayor, la cual la contenga: la esfera está entonces limitada por algo material, de su propia naturaleza. La esfera mayor limita o le pone límites a la menor. 

Ahora bien, ¿qué puede significar que un pensamiento, o un contenido mental, sea mayor que otro? Examinemos algunos contenidos mentales para ver si podemos extender para tales contenidos la idea propuesta por Spinoza acerca de lo finito. 

Consideremos los conceptos: algunos contienen otros conceptos. Sea, por ejemplo, el concepto de animal. Contiene el concepto de mamífero, el de insecto, etc. Podemos afirmar que estos últimos conceptos están limitados por el de animal, en el sentido de que están contenidos en él, como la esfera del ejemplo anterior está contenida en la esfera mayor. Si consideramos un concepto y podemos imaginar otro que lo contenga y decimos entonces que el primero es finito, el sentido de finito que se adopta es el de estar contenido en algo, tal como con el ejemplo de la esfera. Se estaría afirmando que el hecho de que un concepto como el de animal contiene el de mamífero significaría que el primero le pone límites al segundo. El sentido de poner límites es aquí el de contener. 

Consideremos las voliciones: ellas se manifiestan en acciones. Supongamos que existe una volición que no permite que otra se manifieste en acción. Si afirmamos que la última está limitada por la primera, el sentido de poner límites es aquí el de impedir la acción. 

Consideremos los sentimientos: se manifiestan en acciones. Uno mayor será uno que se manifiesta en mayores acciones las cuales contienen las acciones en que se manifiesta el primero. El sentido de poner límites es aquí el de contener más de algo.

Dentro de esa línea de pensamiento se puede aceptar de modo intuitivo que la idea de finito de Spinoza se aplica tanto a las cosas materiales como a los contenidos mentales. El problema es que el sentido de poner límites con respecto a los contenidos mentales que hemos analizado no es el mismo en cada caso y por lo tanto la definición de Spinoza resulta ambigua. 

Existe entonces un problema con las nociones de finito, y por ende de infinito en Spinoza. Su definición funciona para las cosas materiales. Podemos intentar, como lo hicimos, un entendimiento intuitivo de lo que quiere decir Spinoza con que un contenido mental está limitado por otro, pero el sentido de la definición resulta ambiguo. Es necesario entonces señalar que para un filósofo que pretende construir un sistema ético riguroso como el de las matemáticas, la aceptación de una definición solo con base en algo más bien intuitivo y ambiguo no resulta nada satisfactorio. 

Por otra parte, cualquiera sea la noción que se adopte para llamar algo finito es claro que no tiene sentido decir que un contenido mental le pone límites a una cosa material. Tampoco tiene sentido decir que una cosa material le pone límites a un contenido mental. Se puede afirmar entonces que a algo finito los limites se los pone algo de su misma naturaleza. Infinito, por supuesto, será aquello que no sea finito. 

Substancia infinita 

Spinoza define como infinita “una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.” (Ética, p. 45) O sea, una substancia con infinitos atributos, cada uno de los cuales es infinito.

A esta substancia infinita Spinoza la denomina Dios.

La idea de Dios de Spinoza es la de un ser que es absolutamente infinito, o sea que no puede concebirse algo de ningún género que sea mayor que él.

Solo hay una substancia: Dios

Una substancia o es finita o es infinita. Si es finita estará limitada por otra substancia de su misma naturaleza. Pero como no puede haber dos substancias con los mismos atributos, o sea de la misma naturaleza, entonces: “Toda substancia es necesariamente infinita”. (Ética, p. 49)

Ahora, Dios como substancia tiene que existir, y como substancia infinita tiene que ser única pues de lo contrario habría varias substancias de la misma naturaleza, o sea infinitas y esto no puede ser. Se concluye que: “No puede darse ni concebirse substancia alguna excepto Dios”. (Ética, p. 58)

Dado que su noción de finito y por ende de infinito adolece de una falta de precisión, e incluso se puede decir también que es ambigua, su noción de substancia infinita heredará esos problemas. O sea que la conclusión de que toda substancia es infinita no es clara en la medida en que no lo es la noción de infinito. 

Por otra parte en cuanto a la idea de que cada atributo de la substancia infinita es de naturaleza infinita uno diría que es necesario ilustrar el asunto examinando alguno de los infinitos atributos. Spinoza llega a la conclusión de que hay dos que podemos conocer: la materia y la mente o, en el lenguaje cartesiano, la cosa extensa y la cosa pensante respectivamente. El problema es que para llegar a la conclusión de que ambas cosas son atributos de Dios se precisa, como lo veremos, de la noción de inconmensurabilidad de lo finito y lo infinito, la cual es problemática. En efecto, ¿cómo puede afirmarse que son inconmensurables si no hay una definición precisa de ellos?

En la carta a L. Meyer (Spinoza 1988) Spinoza aborda el tema del infinito. A mi juicio, sin embargo, la carta no aclara el asunto.  Doy algunos ejemplos de lo que afirma en la carta. En el segundo párrafo presenta una serie de distinciones entre diversas nociones de infinito. Entre ellas aquello que es infinito por su propia naturaleza o en virtud de su definición. Obviamente se refiere a la substancia, pero como hemos visto la definición de infinito que le aplica no es clara y además es ambigua. En el tercer párrafo afirma que ninguna substancia puede ser entendida sino como infinita y en el cuarto que la eternidad y la substancia no pueden ser concebidas sino como infinitas.  Considero que la carta no aclara la definición de infinito pues volvemos a lo mismo ¿cómo podemos afirmar que la substancia no puede ser concebida sino como infinita si no tenemos una definición clara de cual es en este caso el sentido de infinito? 

Lo que quiero señalar es que la rigurosidad de Spinoza no es total, es aparente, en la medida que usa una noción, la de finito, que no ha definido con claridad. 

Mostremos ahora la argumentación de Spinoza que lo lleva a concluir que Dios no es persona, que no tiene propósitos ni voluntad.

El Dios impersonal de Spinoza 

La cosa extensa y la cosa pensante

Como lo que existe sólo puede ser o substancia o modo de una substancia y sólo existe una única substancia que es Dios, entonces la cosa extensa y la cosa pensante o bien son atributos de Dios o bien son modos de los atributos de Dios. Spinoza afirma que son atributos de Dios.

Para sustentar su afirmación, Spinoza presenta una Proposición que afirma que todo lo que se sigue necesariamente de la naturaleza de un atributo de Dios es infinito. Ahora bien, la argumentación para probar la Proposición no es nada clara. En alguna de sus cartas afirma que lo infinito y lo finito son inconmensurables. Una acepción de la palabra inconmensurable es la de incomparable, o sea que las dos nociones involucradas serían tan diferentes que no compartirían nada común para poder hacer la comparación: en últimas ambas nociones serían totalmente distintas. Siguiendo esa línea de pensamiento se podría afirmar que lo que quiere decir Spinoza es que algo finito es de una naturaleza completamente diferente de algo infinito. Podemos continuar su razonamiento a partir de esa consideración, sin embargo, al igual que en el caso de su definición de infinito, se debe señalar que la aceptación de una proposición solo con base en algo más bien intuitivo no resulta nada satisfactorio para un filósofo que pretende construir un sistema ético tan riguroso como el de las matemáticas

 

Partamos entonces de la afirmación de que lo infinito y lo finito son de naturaleza tan diferente que son incompatibles. Si algo se sigue necesariamente de otra cosa, esa última cosa es su causa. Y como, según Spinoza, el conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa, y lo implica, se concluye que el conocimiento de algo implicaría el conocimiento de su causa. Si el efecto es da naturaleza finita y se considera que la causa es de naturaleza infinita, se seguiría que del conocimiento de lo finito se seguiría el de lo infinito, pero ello no puede ser pues finito e infinito son de naturaleza totalmente diferente, incomparable, inconmensurable. Se concluiría entonces que lo finito sólo puede venir de lo finito. 

Por otra parte, los atributos son infinitos y se identifican con la sustancia o sea son causa de sí. Por necesidad existen. Spinoza dice que cada cosa particular y finita es determinada a existir y obrar por Dios. Esto es aceptable dentro del marco spinoziano pues lo único que es causa de sí es Dios la substancia infinita que es única. Las cosas particulares pueden entonces existir o no existir. No existen entonces necesariamente. Sin embargo, existen, y su existencia tiene que venir de Dios, o sea que se siguen por necesidad de la naturaleza de Dios. Podemos afirmar en síntesis que las cosas particulares se siguen necesariamente de la naturaleza de Dios. 

Aceptando la afirmación según la cual aquello que se sigue de manera necesaria de un atributo tiene que ser de naturaleza infinita, se llega a la conclusión siguiente: cada cosa particular y finita es determinada a existir y obrar por Dios. Pero no puede serlo por un atributo de Dios pues estos son infinitos y todo lo que de su naturaleza se sigue es infinito. Por lo tanto, cada cosa finita solo puede ser determinada a existir y obrar por un modo finito de algún atributo de Dios, el cual constituirá otra cosa finita. 

La conclusión es que las cosas particulares y los pensamientos particulares son modos de un atributo de Dios. Spinoza argumenta que como los pensamientos particulares son modos de un atributo de Dios debe, por tanto, haber un atributo de Dios cuyo concepto implica todos los pensamientos singulares. Ese atributo es la cosa pensante. De igual manera: como las cosas particulares son modos de un atributo de Dios debe, por tanto, haber un atributo de Dios cuyo concepto implica todas las cosas particulares. Ese atributo es la cosa extensa. 

En cuanto a la inconmensurabilidad de lo finito y lo infinito vale la pena señalar lo siguiente: sostener que la substancia infinita, Dios, es necesaria y la única que existe y que las cosas finitas son contingentes, y por tanto las dos nociones, la de substancia infinita, Dios, y la de cosas particulares finitas son inconmensurables, y de allí llegar a la conclusión  de que la noción de infinito, que se aplica a la substancia, es inconmensurable con la noción de finito, que se aplica a las cosas particulares, no es un argumento aceptable pues para llegar a las afirmaciones de partida Spinoza utiliza las nociones de finito y de infinito que no están bien definidas en su sistema. Expresemos el asunto de otra manera, quizás más clara:

Afirmación: la substancia infinita, Dios, es necesaria y la única que existe; las cosas finitas son contingentes; por tanto las dos nociones, la de substancia infinita, Dios, y la de cosas particulares finitas son inconmensurables.

Conclusión: la noción de infinito, que se aplica a la substancia, es inconmensurable con la noción de finito, que se aplica a las cosas particulares.

Problema: para llegar a la Afirmación, Spinoza utiliza las nociones de finito y de infinito que no están bien definidas y sostiene que son inconmensurables.

De nuevo señalo que la rigurosidad de Spinoza no es total, es aparente, en la medida que usa una noción, la de finito, que no ha definido con claridad.

El mundo no puede ser diferente a como es

Las cosas tienen que ser necesariamente como son pues no son más que modos de los atributos de Dios que se siguen de modo necesario de la naturaleza divina. En otras palabras: las cosas no han podido ser producidas por Dios de otra manera ni en ningún otro orden de cómo han sido, pues al seguirse necesariamente de la naturaleza divina, de haber sido de otro modo o de haberse sucedido en otro orden, ello implicaría una naturaleza de Dios diferente de la que es actualmente, o sea una substancia diferente, que por ser substancia tendría que existir, lo cual no puede ser pues solo hay una substancia.

Dios es libre pero no tiene voluntad

De la definición de substancia infinita y su identificación con Dios se concluye que de la naturaleza divina se siguen entonces necesariamente infinitos atributos e infinitos modos. Como todo lo que existe es o atributo o modos de atributos de Dios, entonces todo lo que existe se sigue de modo necesario de las solas leyes de la naturaleza de la única substancia o sea Dios. Ahora bien, Spinoza define como libre “aquella cosa que existe en virtud de la sola necesidad de su naturaleza y es determinada por si sola a obrar” (Ética, p. 45) Se concluye entonces que sólo Dios es causa libre.

Spinoza sostiene, sin embargo, que la libertad divina no puede entenderse como que Dios obra por su propia voluntad o libre albedrío en el sentido de que podría hacer que las cosas que ocurren pudieran no ocurrir. Para Spinoza Dios no tiene voluntad, sino que obra de acuerdo con su naturaleza, y las cosas existen y todo lo que ocurre sucede necesariamente, como se siguen de modo absolutamente necesario las consecuencias lógicas a partir de una definición. Lo que la libertad de Dios significa es que obra, de modo necesario, de acuerdo con su naturaleza y no forzado por nada externo a esa naturaleza.

Dios no tiene propósitos 

Consistente con la idea de que Dios no tiene voluntad Spinoza niega que exista propósito alguno en la manera como obra Dios. 

Comentarios 

Spinoza: ¿ebrio de Dios? 

La pronunciación continua de la palabra Dios en los escritos de Spinoza y su tesis fundamental de que todo está en Dios y nada puede concebirse sin Dios hace que algunos lo hayan calificado como “ebrio de Dios”. Esto puede dar lugar a la idea de un hombre profundamente religioso e incluso místico en el sentido usual que se da a esos términos. No se entendería por qué fue expulsado ‒el 27 de julio de 1656‒ de la comunidad judía por sus ideas controversiales y por qué también sus libros fueron puestos en el Índice católico de libros prohibidos. 

Lo que sucede es que la concepción que de Dios tiene Spinoza difiere radicalmente de la que tienen tanto el Judaísmo como el Cristianismo y también el Islam, religiones en las cuales Dios tiene voluntad y propósitos, donde se concibe un Dios personal al cual el creyente ora pues su fe le indica que Él responderá sus oraciones. También Dios maneja el mundo por Su providencia. El Dios de Spinoza en cambio obra por necesidad, lo que deja sin sentido el concepto de providencia.

El Dios de la tradición Judeocristiana-Islámica es un creador transcendente que trae a la existencia un mundo diferente a Él mismo. En cambio el Dios de Spinoza no es creador ni transcendente. 

Los atributos del Dios de Spinoza 

Si la cosa extensa y la cosa pensante son atributos de Dios, entre una infinitud de ellos que no conocemos, se debe concluir que el Dios de Spinoza tiene cuerpo y tiene mente. 

Me pregunto: ¿Cómo respondería Spinoza a la pregunta de que si Dios tiene cuerpo por qué no lo percibimos con los sentidos? ¿Respondería que todos los cuerpos que percibimos ‒toda la cosa extensa‒ forman el cuerpo de Dios?

Si la cosa pensante es un atributo de Dios, cuando se dice que la mente humana piensa algo, ¿es Dios quien lo piensa? 

No se puede afirmar que al tener cuerpo y mente, el Dios de Spinoza es como un ser humano solo que cuantitativamente infinito, pues no solo tiene esos dos atributos sino una infinitud de ellos de los que carece un ser humano. O sea que también es cualitativamente diferente a un ser humano.

Como teniendo mente el Dios de Spinoza no tiene propósitos, ni voluntad y por ende carece de libre albedrío, la mente humana debe también carecer de libre albedrio y viceversa: si la mente humana tiene libre albedrío tendría que atribuírsele libre albedrio a Dios. En ese sentido Spinoza es coherente pues sostiene que no existe el libre arbitrio en el ser humano. En efecto, en la sección sobre la cosa extensa y la cosa pensante se llegó a la conclusión de que cada cosa finita solo puede ser determinada a existir y obrar por un modo finito de algún atributo de Dios, el cual constituirá otra cosa finita. Ello significa que toda cosa finita es determinada a existir y obrar por una causa que será finita, la cual a su vez será determinada a existir y obrar por otra causa finita, y así hasta el infinito.

La conclusión del párrafo anterior se aplica en particular al alma humana pues es un modo de la cosa pensante; por lo tanto, está determinada a querer por una causa y esta a su vez por otra y así hasta el infinito. O sea, no hay en el alma ninguna voluntad absoluta o libre. 

Sobre la infinitud de Dios 

Se puede argüir de manera intuitiva la infinitud de Dios como lo hace Descartes, quien para probar la existencia de Dios argumenta que si hay alguna idea de la cual él no puede ser la causa entonces existe algo diferente a sí mismo que es la causa de ella. De lo contrario no tiene ningún argumento para concluir que existe otra cosa además de sí. La idea de Dios que tiene es la de: 

“(…) una substancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, que me ha creado a mí mismo y a todas las demás cosas que existen (si es que existe alguna).” (Meditaciones Metafísicas. p. 39)

Descartes considera que esa idea no puede haber venido de él puesto que si bien por el hecho de ser substancia existe en él la idea de substancia, la idea de substancia infinita no puede existir en él puesto que es finito. En conclusión esa idea viene de una substancia infinita, y por tanto Dios existe.

Pero de allí a concluir que Dios tiene cuerpo, que no tiene libertad, ni propósitos hay un abismo. Spinoza quiere salvar ese abismo de manera tan rigurosa como las matemáticas; sin embargo introduce una noción finalmente ambigua de lo que debe considerarse como el sentido de finito y por ende de infinito. 

J.P. Margot (Margot, 2021) señala que «la afirmación de la necesidad universal y la negación del libre albedrío no son las consecuencias del sistema spinocista, sino los “motivos inspiradores”». (p. 160) De ser así podemos concluir que Spinoza no logra el cometido que se propone con su sistema “al estilo geométrico”. 

Uno puede adoptar la metafísica que responda mejor a sus inquietudes, la cual puede incluir o no la creencia en un Dios con ciertas características. Pero tratándose de una concepción tan peculiar de Dios como la de Spinoza, un autor que pretende un rigor matemático, lo conveniente es conocer además de su concepción el camino de sus argumentos para dilucidar si son o no tan rigurosos como se espera. La pretensión de este ensayo ha sido dar un vislumbre acerca de la manera de argumentar de Spinoza.

 

Referencias 

Descartes, R., & Peña, V. (1977). Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas. Alfaguara, Madrid. 

De Gainza, M. (2020). El problema del infinito en Spinoza. El arte de la distinción. Ideas y Valores, 69(174), 77-99. 

J.P. Margot (2021) “Libertad y necesidad en Spinoza” en Descartes y Spinoza Programa Editorial, Universidad del Valle, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

Spinoza, B. (1994) Ética, demostrada según el orden geométrico, Alianza Editorial, Madrid.

Spinoza, B. (1988). “Carta 12 a L. Meyer” en Correspondencia. Traducción de Atilano Domínguez. Alianza Editorial, Madrid.

 

*Jairo Roldán-Charria, nacido en Tuluá, Valle, Colombia. Profesor Titular Jubilado del Departamento de Física y Profesor Distinguido de la Universidad del Valle, Cali, Colombia. Doctor de la Universidad de Paris 1 Panthéon-Sorbonne, Francia. Elaboró su Tesis de Doctorado bajo la dirección de Bernard d´Espagnat y obtuvo la distinción summa cum laude. Máster en Física, Stony Brook University, U.S.A. Físico, Universidad del Valle, Cali, Colombia. Intereses investigativos: fundamentos de la física cuántica y la mecánica estadística, didáctica de las ciencias, filosofía de la ciencia, y relación entre la ciencia y la religión, áreas en las cuales ha publicado diversos artículos. Coautor de los libros “La Complementariedad: una filosofía para el siglo XXI”, Programa Editorial de la Universidad del Valle, 2004, Cali, Colombia; “Donde brilla la luz. La Fe Bahá’i en Latinoamérica”, Editorial Nurani, 2011, Cali, Colombia y “La naturaleza de los números. Su origen y evolución”, Programa Editorial Universidad del Valle, 2023, Cali, Colombia. Autor del libro “Economía y Termodinámica. Un encuentro entre disciplinas” próximo a ser publicado por el Centro Editorial de la Universidad del Valle. Recientemente ha publicado “Perdida de fe” y “Bohrión” en las ediciones 100 y 103 de la Revista Cronopio. Ideas libres y diversas, y “Rumi y el átomo” en Revista Innombrable, edición del 10 de abril de 2025.

Blog: https://medium.com/@masalladelfinaldelcamino

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