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martes, 21 de mayo de 2013

Arte y Resistencia

Por: Daniel José Acevedo



Hace unos años ya, iba caminando por la carrera 80 en la ciudad de Medellín, cuando fui testigo de un acontecimiento muy particular. Imagínense una tarde soleada, hora-pico, de esas donde los vendedores de Bon-ice hacen su negocio y los hombres disfrutamos de las mujeres sueltas de prendas, agobiadas por el calor. Ellas despiertan suspiros, deseos y algunos coloridos piropos de albañiles, taxistas, carpinteros y uno que otro adolescente con las hormonas en proceso de erupción. El pitido de los carros se escucha al unisono como una autentica melodía urbana que nos agobia con su existir. Hasta allí todo lo normal que se encuentra en una ciudad como Medellín. Pero el telón apenas estaba a punto de ser abierto.  Cuando me acerque al “rompoy de Don Quijote”[1], vi a una mujer de cabello castaño mal cortado, una falda larga y una suerte de camisilla azul. No era en realidad muy bella, pero sus ojos me llamaron la atención inmediatamente. Eran de un color verde oscuro, parecido a los de una pitonisa o una diosa pagana antigua, de esas que bailaban en el claro de un bosque o de las que entonaban bajo las olas, una provocativa canción.

La mujer se paro en el centro del rompoy – lugar privilegiado donde se concentra toda la vista, toda la recepción-, miro hacia su frente un momento, con la mirada perdida. No parecía estudiar ningún detalle exterior en absoluto. Tal vez estaba intentando conectarse o establecer algún vínculo con alguna fuerza desconocida o poder interior. O tal vez simplemente no pensaba en nada y dejaba su mente en blanco, preparándose para lo que iba a suceder a continuación. De un momento a otro, ante la sorpresa de los transeúntes y conductores que pasaban por el lugar, la mujer empezó a efectuar un extraño y particular baile. Que aun hoy, luego de tantos años, no logro olvidar. Al principio se movía como una especie de robot o autómata, haciendo siempre los mismos tres pasos. Movía primero su mano izquierda con determinado ritmo durante un rato extenso. Luego retrocedía levemente y agitaba sus dos brazos hacia adelante y hacia atrás. El tercer paso era un giro, que sorprendía cuando llegaba y que le daba a su baile un aire etéreo, irreal.  Pero luego  de este principio, la danza se hacía más dinámica, empezaba a mover sus piernas y moverse agraciadamente, sus manos se movían como culebras buscando una presa para cazar. El movimiento de cintura me recordaba un eclipse, como el día y la noche, en cada agitada. Su cuerpo estaba desterritorializado, no tenía territorio, era parte de ese parque y de ese paisaje urbano demencial. Las personas optaban por reírse del espectáculo o ignorar a la mujer que podía ser considerada una loca, por pararse en un lugar tan llamativo a hacer aquel acto considerado estúpido, incoherente, fuera del sentido común. Solo uno o dos, (incluyéndome), nos quedábamos hipnotizados, mirándola, intentando descifrar el enigma, su baile, suerte de absolución.

Esa mujer, queridos amigos, era una artista o al menos una metáfora de lo que es la resistencia en el arte; y es precisamente en este punto, donde quiero pararme hoy. Pienso que, el concepto de “revolución” es un significante que ya tiene amplia revisión y que ha sido abarcada en otros ensayos y poemas de la revista. Yo quería concentrarme en “resistencia”, al menos levemente y hacer una pequeña reflexión. La bailarina hace un acto de resistencia puro, que nace de su propia multiplicidad, de su interior.  Resistir es una acción que puede hacer cualquier cuerpo en determinado sistema arbóreo en el que se ve inserto. Todos podemos o tenemos la potencia o la posibilidad de devenir resistentes. En términos más entendibles, todos llevamos la resistencia adentro, este adormilada o no. En el momento en que nos paramos contra el sentido o la percepción común del mundo, básicamente, estamos resistiendo y estamos dándole a la vida un nuevo aire, una renovación. No solo la bailarina o el artista resiste, cualquier persona en cualquier profesión determinada puede resistir desde su posición en el mundo y en su sociedad: Médicos, abogados, obreros, taxistas, funcionarios administrativos, profesores, estudiantes, tenderos, todos pueden ejercer un acto de resistencia. Ahora bien, la resistencia tiene un vinculo muy profundo con el artista, quien la lleva a un nivel más allá, porque este tiene el poder de hacer caer en crisis las formas en que representamos y percibimos el mundo. Su resistencia puede pasar de un instante o un momento y perdurar en su obra o en su manifestación a través del tiempo. Los museos están llenos de cadáveres y leña quemada que ahora son cenizas de lo que algún día fueron. Pero que dan cuenta de llamas que alguna vez pudieron traducirse en resistencia en una determinada época.

La resistencia es una parte fundamental del quehacer artístico. Es un elemento necesario e incuestionable de cualquier producción estética. Viene desde el primer hombre que pintó en las cavernas la muerte de su enemigo, pasando por las canciones juglarescas de amor prohibido, culminando tal vez en algún oscuro poema escrito con sangre y dolor. El poeta, el artista y el filósofo resisten, ¿resisten contra qué? Contra el mundo, contra los poderes, contra las estructuras, contra el orden,  pero principalmente contra la majadería y el sentido común. Gilles Deleuze, un filosofo francés,  pensaba que el artista era una especie de medico, que diagnosticaba al mundo y de alguna forma le traía salud. Los poetas, hijos de Dionisio y Apolo, son visionarios pues son capaces de percibir la mascara y el artificio, su poesía debe dar cuenta de ese malestar o enfermedad que sacude nuestra realidad –esa terrible construcción-, y por tanto, traducirse en resistencia. Perder el miedo a la vergüenza, el rechazo o el castigo, desafiar formas de percepción. Pues retomando de nuevo a Deleuze, el artista crea perceptos -formas de percepción independientes del ser en si-, que sacuden, trastocan y mueven el sistema y la estructura cultural bajo la cual esta organizada nuestra forma de ver el mundo, de representarlo. Todos articulamos una visión.

Así, no pensamos “Resistencia”, como un fenómeno vinculado únicamente a la política o a la lucha de clases, sino  como una de las fuerzas primarias del impulso creativo de cualquier artista. La resistencia dio origen a una multiplicidad de vanguardias que desafiaron en algún momento el establechiment, los cánones y la propia forma en que nos representamos, en que nos articulamos como sujetos mediante la cultura y la tradición. En un mundo plegado de distintos poderes, de morales anticuadas, de falsas certezas religiosas, instituciones caducas y soledad constitutiva del nuevo mundo posmoderno se hace cada vez más necesaria la labor del artista. El cual, además da cuenta del artificio bajo el cual estamos inmersos y se burla de manera desenfrenada de la seriedad y la absurda certeza con la que están construidas muchas de las estructuras de pensamiento de nuestro mundo. Que son frágiles, sostenidas solo por fuertes discursos hegemónicos. Pero siempre puede pasar que una pequeña brisa de viento sople y derrumbe la edificación, el templo, un discurso insostenible, regular. 

En este sentido, el artista o el poeta, puede apropiarse de elementos emotivos, como la risa –como pensaba Bajtin-, que le permitan sacudir los mismos cimientos de la mentira en la cual vivimos. Notable es, por ejemplo, el invento de la pata física, como ciencia de las soluciones imaginarias. Una interesante forma de demostrar las falencias de la metafísica y la ciencia, de cualquier intento de creer que podemos racionalizar una realidad que en definitiva nos desborda y que jamás podremos del todo capturar. Así, vuelvo a la bailarina solitaria, que sigue moviéndose aun bajo la lluvia y la incomodidad de los transeúntes. El arte no nació para ser comodidad, no nació para ser tranquilo, no nació para ser certeza, nació para movilizar, para agitar, para sacudir, para hacer gritar. Para hacer enfrentar nuestros miedos, para hacer recordar lo frágiles que somos y para llevar cualquier emoción o percepción a un nivel más alto, donde se haga impactante, fuerte, llamativo, sublime, que nos confronte nuestra propia posición como sujetos en el mundo, nuestra forma de ser o más específicamente de lo que creemos “ser”.

La danzarina es consciente de que su danza no puede imitar ya el mundo, lo que la mueve no es el deseo de la simple representación. Lo que la mueve es un flujo, la autentica necesidad de la creación. Ella deviene baile, deviene música. Es una danza que no imita al mundo, sino que lo parodia y lo confronta.  Ella establece un dialogo con los que pasan, los interpela, les cuestiona su visión de lo aceptable y lo absurdo. Les hace sentir que en cierta medida todos estamos locos, nos invita a participar en su danza, en “resistir” al menos por un momento contra la lógica y el sentido común. Nos invita a perder el miedo a lo que nace de nuestros deseos y del orden imaginario, aquel que no es medido por el símbolo, el poder y nuestro superyó. Se para orgullosa en el centro de la glorieta, para mostrarse como una actriz del mundo, que escenifica un teatro no en un escenario artificial sino en el mismo mundo real, donde actuamos cotidianamente, donde caminamos, sin ton ni son. Su baile continúa y se multiplica, su delirio se trasmite en cada paso, en cada instante, en cada sensación. El espectador es activo, participa, no puede ignorar completamente lo que acontece. Su baile se torna así, un desafío, una resistencia, que sacude su entorno, su visión.

La invitación desde luego entonces, es a iniciar nuestra propia danza, a resistir. No solo desde la labor artística sino desde cualquier posición o razón de vivir. El fuego de la resistencia arde en mayor o menor medida en cada uno, solo hay que dejarlo crecer.  Nada puede en este mundo, contra el hombre o la mujer que danza, en un parque, en un río, en un cementerio, en un cabaret o bajo la lluvia. Esa danza de la resistencia, que es motor de movimiento del devenir artístico y que hoy tiene un toque ligeramente innombrable.



[1] Siempre me llamo mucho la atención, como se pueden juntar en una misma frase estas dos palabras: “rompoy” que hace una extraña conjunción e interpretación paisa de la palabra inglesa “round point” y Don Quijote la obra cumbre de la literatura en castellano. 

martes, 14 de mayo de 2013

Soy el mejor poeta de Medellin y otras mentiras

Soy el mejor poeta de Medellín, porque metí bazuco con niñas burguesas en el Periodista. Porque me esnifé las cebras del Centro en un mal poema Nadaísta. Porque tengo pantalones de terlenca y tengo un mostacho lleno de ladillas. Porque me leí a Baudelaire cuando tenía 7 años, y le di plata a Modigliani para que se follara a una doncella en la Veracruz. Porque soy una chucha de biblioteca fumando marihuana con Marx. Porque la vanguardia está pasada de moda ante mis versos. Porque no necesito estar en el Carlos Vieco para que mil mujeres se desmayen. Porque soy el bufón de los poetastros. Porque todo el mundo me gasta Antioqueño, y tengo groupies en el PP que me adoran y me invitan a comer empanadas Envigadeñas con el conejo de Donnie Darko. Porque “Mi hermana se cayó una vez de la cama” Porque Salí en el Colombiano hablando de hechicería. Porque tengo un grupo de poesía llamado testosterona y mi alias es el “visajoso”.

Soy el mejor poeta de Medellín porque me gané un concurso en cleptomanía en erario público. Porque soy un neo-culebrero vendiendo ollas a presión digitales. Soy el mejor poeta de Medellín porque el Alzheimer lee conmigo en la Playa. Porque hago clown-poetry todos los jueves a las 8pm en el espejo de un filólogo. Porque fui al psiquiátrico de Bello para hablar con mi heterónimo Showman el Zambombo. Porque soy amigo de los hipsters de Ciudad del Río y les recito poesía de Bosnia Herzegovina y dicen que soy el poeta más vintage de puta madre. Porque voy al Carlos E. Restrepo a leer poesía metafísica y los muchachos me dicen: “hola poeta, a cómo la bareta de poesía mochilera”.

En tiempos de penuria iba a los recitales de embolador, pero los poetas son lo más pobre del mundo. El ingreso Per cápita de un poeta alegraría a algún país tercermundista. Por eso no se enamore de ningún poeta, enamórese de mí que yo soy el mejor poeta de Medellín, dicharachero, jugador del monopolio surrealista. Soy millonario, traficante de Maquinas de escribir Smith, y hasta me gané una vez un chance, y su premio fue un chamán de Santa Rosa de Osos que duerme bajo mi cama y me dicta poemas en idioma polaco y arameo. No importa, soy una falsedad con sabor a oblea, mi boca es de oro y mis mejores metáforas están ocultas en un banco de Suiza. A mí me amán los fotógrafos freelance, misterlance, egolance, y me desnudo en le parque Malibú, en un performance dónde los dioses son menos que yo cuando me declaro el caballo de Calígula. Nenas vengan ante el mejor poeta de Medellín que mis besos son de dientes de sable, un diablo vestido de Cotton Usa. Deslúmbrate ante este ser, que te puede hablar por horas del Tractatus logico-philosophicus o de mis vídeos virales en Youtube. Y te puedo leer el Mahabharata en Santa Elena, o comer chontaduro en el parque Berrío… 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Poesía cromática "El color, y su expresión simbólica" Parte I - Azul



Nunca el azul “…Si está deprimido, ponga un color amarillo
 y de repente usted será feliz.”
Philippe Starck.

Azul

Yo sé de tristezas y de lluvia en la ventana de los ojos.
Sé de noches en vela, de lágrimas, de dolores sobre las pupilas.
Yo sé de ti. Y también sé de amarguras.
Sé de la vida. 

Sé que sabes de azules destellos, de pirotecnia en el tejado roto.
Sabes de luces crepusculares cuando muere la tarde,
de cigarros que se desvanecen, mientras la vida, también lo hace.
Sé que sabes de Baco, del vino, del sápido licor que seca la lengua.
Tienes conocimiento del escape y capacidad de hundirte en el cielo, 
de nadar desnudo sobre un lago negro y frío. De olvidar y seguir. 

Aunque las alas estén rotas, sirven para volar, para escapar,
para coger impulso y lanzarse al vacío sin pensar qué nos recibe. 
Sirven para caer así sea en el fango y darnos cuenta que
todo lo que un día está arriba, la fuerza de la gravedad, lo hará caer. 
Pero caer también es ganar, también es triunfar. 

Sé que sabes de flores azules y negras. Sabes de realidad.
Pero, lo más maravilloso, sobre lo cual puedes saber, 
es de tu azul propio. Del color de ensueño y de magia. 
Del color del cielo, del mar, del alma. De la tristeza.

Sé que sabes de azules destellos, de lápices, de dibujos. 
Sabes de ti mismo. 
Así como yo sé de mí, también, se de ti. 
De tu nombre, tú, que te haces llamar, Azul.

martes, 9 de abril de 2013

Tres Coalescencias entre Arte y Resistencia


-VIOLENCIA-ARTE-REVOLUCIÓN-
“ESTÉTICAS DE RESISTENCIA”
  
5ta Edición 

2013


-CUENTO Y ENSAYO-

-Prólogo-
Hernán Alonso Jaramillo 
(Colombia)


Tres Coalescencias entre Arte y Resistencia

“El auténtico gran escritor no quiere escribir: quiere que el mundo sea un lugar en que pueda vivir la vida de la imaginación. La primera palabra estremecida que pone por escrito es la del ángel herido: dolor.”
H. Miller, Sexus.

Prologar es una oscilación. Un recurso a la seducción. Es una estrategia de extravío y sobre todo un llamado, una táctica de evocación. Un deslizamiento, un derrame. Algo que pasa a través de algo. Prologar es también prolongar. Un prólogo también es una estetización, aunque su etimología reenvíe al lógos, entiendo acá que un prólogo participa de la aesthesis  cuando, siguiendo la fenomenología de Levinas, la intencionalidad no llega hasta el objeto sino que queda suspendida en la sensación. Un prólogo es una suspensión, nunca da una versión lograda de lo prologado y se empequeñece hasta explotar en unas cuantas palabras. Pero para que eso pase es necesario deshacerse de los nombres, de la instancia del sujeto y buscar frecuencias del imago entendido como etimología de imagen. Los lectores reconocerán estas imágenes en su actividad hermenéutica particular, o tal vez las denuncien, las aplasten con el ojo arrepentido o las aspiren hablando.

Acá se reúnen ensayos y cuentos. A veces la textura no está totalmente clasificada y el derrame sucede. De manera que el argumento se poetiza con una narración vivencial o ficticiamente real. O tal vez pueda suceder que la narración abra imágenes estéticas de renombre filosófico. Todo puede pasar. Es una cualidad inmanente. Algo que permanece internamente y luego estalla. Se reúnen ensayos y cuentos en torno a una experiencia, la experiencia de la resistencia incrustada en el fenómeno estético. Resistencia frente al poder de la espada y frente al poder del dragón, enemigo de la libertad creadora del león (Nietzsche).

Primera imagen. El arte como línea de fuga, como devenir, como movimiento sin término, como plano de consistencia de la résistence, como máquina de deseo que abre sus propias líneas de dinamismo y de derrumbe, de socavamiento de estructuras dominantes y de formas en que se domestican los cuerpos -desde la respiración, la digestión hasta el placer-, pero también la forma en que el cuerpo resiste al cuerpo creado por el capitalismo, un cuerpo desprovisto de potencia, término que reenvía al conatus essendi spinoziano, y el cual Deleuze difundió citando “nadie sabe lo que el cuerpo puede”. El arte como resistencia no solamente efectúa la potencia de corrosión de cárceles sígnicas, ideológicas, lenguájicas y corporales, además de abrir caminos inéditos del deseo, del CsO, puede recubrir denuncias, producir el nombre Antígona frente al olvido impuesto por Creonte.

Segunda imagen. Ficcionalizar el fenómeno violento para acercarlo más, para hacerlo más próximo produciendo una imaginería translúcida de la violencia matérica por ejemplo sobre los cuerpos femeninos y los imaginarios torturados de lo femenino, respectivamente líneas de fuerza y de enunciación sobre el cuerpo de la mujer traspuestas en la máquina creadora de la literatura. Así se abre, en el siguiente conjunto de textos, en general,  una relación entre la literatura y los ejercicios de poder, una relación que traduce la relación entre saber y poder pero congelada y acosada por la creación, momento decisivo porque la literatura también puede obedecer a una lógica del Estado, a una programática de la reterritorialización. En todo caso, la literatura no tiene el sello inscrito de resistencia en su espesura ontológica como fenómeno estético; tal sentido depende constantemente de la naturaleza del deseo y de la relación sostenida a través del instante con la existencia, allí donde en el instante mismo se cumple la relación entre existencia y existente. Dos instantáneas hasta el momento reposan en estos ensayos y cuentos. Una que puede ser ilustrada por Musil así: “Una poesía parte en trozos el sentido del mundo dependiente de mil palabras cotidianas, lo parte por la mitad y hace de él un globo huidizo.” El arte entendido como desterritorialización de formaciones estriadas y búsqueda del afuera. La otra instantánea no hace del arte un catecismo, como se lee en uno de los ensayos, pero tal negación no puede llevar  a la ausencia  de intensidades dolorosas en él. El arte no es un catecismo, su finalidad no es el cumplimiento de su intencionalidad,  queda claro, lo que no significa que el arte no esté a su vez hecho de intensidades dolorosas relativas a contextos político-sociales concretos. La literatura no puede ser solamente el recurso a la placidez, esta imagen corresponde con una literatura que combina lo testimonial –periodístico con lo ficcional. Dos ejemplos concretos de esta literatura podrá referir el lector en uno de los ensayos acá disponibles. Esta segunda imagen es muy afín, tal vez,  a la interpretación Sartreana que a la pregunta ¿Qué es la literatura? contestó subrayando en calidad de un existencialismo humanista que el arte literario es un compromiso político de un acto de decisión de un hombre absoluto. Los contextos político-sociales de Latinoamérica han ex – puesto de manera particular la relación entre literatura y dictaduras militares, recurso a la resistencia furtiva de quienes escribieron en silencio, exiliados, cubriendo sus vidas con el blindaje del arte como medio de exasperación de lo dominante. Esa relación de exposición pública en el arte, cumple a su vez un papel sobresaliente en los performance que evocan a través de la ex – posición del cuerpo, lugar privilegiado de la política, la denuncia a la injusticia y al olvido como ministerio de las armas territorializadas en un cuerpo fascista estatal y social. Mejor que la poética de la creación sea un recurso de la existencia, una forma de integrarla a los ínferos de la carne y del ser. María Zambrano y su razón poética  en  medio de su filosofía del exilio  y del delirio estrechó la existencia y la creación en medio de una sensibilidad femenina a través de los sueños, la poesía, el cuerpo, el corazón de cara a la muerte, al miedo y a la violencia.

Aún estamos en estas dos imágenes sobre la relación entre arte y violencia. El lector encontrará acá en la versión de los autores estas instantáneas y prismáticos estéticos. La segunda imagen que tiene por relación la dimensión crítica y  explosiva del arte sobre el poder dominante  expresa este límite: cuando un artista es asesinado eso significa algo más que el dulce encuentro con la placidez de la vida y revela negativamente la potencia estética de resistencia del arte. Si la tragedia griega Antígona encierra un pliegue político evidente es porque su mímesis es una posición, es decir, un acto de fuerza a través de la intensidad del dolor frente a la tiranía del orden que in-sepulta en el olvido, recurso  a la supervivencia  que decreta el poder sobre la eliminación absoluta del otro como reflexiona Canetti. Por otra parte, la parrhesía también encierra una estética, el vértigo de la muerte ante la enunciación inesperada del siniestro, de su intimidad, de su soledad condenada. También por esto el arte es locura y por eso el arte también está dado a la vida.

Estas dos imágenes, el arte como desterritorialización de las experiencias estriadas en el lenguaje, en el cuerpo, en el significante; y el arte como pliegue político que se ex –pone frente a las líneas de fuerza y enunciación de ciertas configuraciones de poderes, componen dos imágenes importantes del conjunto de textos de esta edición. No solamente se discurre a través de la ensayística sobre estas dos imágenes, las narrativas prendidas a su vez crean el particular efecto de un material poético que sustenta muchos de los enunciados sostenidos en los ensayos. Curiosamente los autores, sin previa comunicación sobre sus respectivas producciones han terminado creando un círculo entre consideraciones sobre el arte  y resistencia y narrativas que estetizan a través de la soledad, la ausencia, el misterio, el erotismo, la infancia, el recuerdo, que estetizan la resistencia y con ello generan un devenir-siniestro, un devenir-dolor, un devenir-maldito y una exposición del carácter dominante del orden político, así pues, una ex – posición políticamente incorrecta pero estéticamente transfiguradora, corrosiva en la subjetividad sobre la violencia.

De manera que una de las particularidades más interesantes de los ensayos y cuentos acá reunidos consiste en su correlación performativa y en su capacidad de aglutinación mutua. No solamente la narración dramatiza algunas ideas propuestas en los ensayos, no solamente las encarnan, además traslapa estas dos imágenes que se han comentado. Entonces lo cuentos a través de una desterritorialización del sentir, por ejemplo de la soledad o del erotismo, crean una crítica directa al poder dominante cruzándose con la segunda imagen.

Otra imagen importante en estos cuentos y ensayos se encuentra con el arte dado para la vida. El arte dado a la vida es el arte en la forma de niño, la tercera transformación del espíritu: “El niño es inocencia y olvido, un nuevo empezar, un juego, una rueda que gira sobre sí, un primer movimiento, una santa afirmación” (Nietzsche). El mundo del arte es el mundo del artista, un nuevo mundo, el mundo dado para la vida, “que gira sobre sí mismo”, donde la ensoñación, el ánima, la fuerza femenina extiende la conciencia (Bachelard), se repliega en el reposo, en la tranquilidad, desciende a la sombras, pues el arte según Levinas “Es el acontecer mismo del oscurecimiento, un atardecer, una invasión de sombra”. Como la vida, el arte no pertenece a la revelación, pertenece a las entrañas, a la sombra, a lo dado en su pasividad, contrario a lo tomado en su actividad, el arte es magia, canto, ritmo, el arte es, para glosar a Deleuze, devenir, y el devenir es la vida misma como deseo; por su parte,  para Nietzsche el devenir es lo dionisíaco, y lo dionisíaco es una valoración estética, una afirmación de la vida, de la voluntad de la vida. El arte para la vida es el arte que extiende la vida, lo dado como don.

Al igual que las anteriores imágenes, esta tercera imagen está entreverada con las demás. De cualquier forma el arte como disolución de espacios estriados o como crítica del poder- espada y el  poder-dragón es un arte del Dasein fáctico, de este ente que existe y en todo caso soy yo y se me da a la vida como disposición óntica. Para que el arte sea una resistencia necesariamente estará a travesado por la potencia de la vida. Estas tres imágenes dominantes son las frecuencias que el lector podrá hallar en los siguientes textos, imágenes que hablan de la resistencia a través del fenómeno estético ya sea a través de la ensayística o de la narrativa, seguramente el lector encontrará otras imágenes o renegará de las vestidas en este prólogo,  quién sabe, como siempre,  eso depende de lo innombrable.




martes, 2 de abril de 2013

Lo Innombrable, Sondeo sobre una Búsqueda Poética


-VIOLENCIA-ARTE-REVOLUCIÓN-
“ESTÉTICAS DE RESISTENCIA”

5ta Edición

2013

-POESÍA-

-Prólogo-
Fernando Cuartas Acosta
(Colombia)

Lo Innombrable, Sondeo sobre una Búsqueda Poética

Todo puede ser nombrado, si algo se hace innombrable es porque ha tenido nombre en los limbos de los mundos olvidados. Qué es lo que no se nombra, ¿tal vez lo que no se ha visto? Cuando unos guerreros desahuciados, barbudos y hambreados llegaron a las islas de las Antillas, bajo un manto de nubes y en cálidas playas nunca vistas, no sabían cómo nombrar lo que inicialmente creyeron que era Kathay, la China mítica que nombró antes el viajero Marco Polo. Pero apenas fue el contacto todo fue nombrado, como demiurgos locos dieron nombre a todo lo tocado, a todo lo explorado, pero a la vez utilizaron los nombres ya nombrados y en un inmenso reciclaje de lenguas y sonidos, nombraron lo que antes para estos aventureros sedientos de oro y de especias, no se había nombrado. Más que lo innombrable sería una poética de renombrar, de cambiar y dar giros a las cosas dichas para que parezcan nuevas, inaugurales, mitificación y a la vez despojo de credos y de manidas formas de nombrar sin placer y sin asombro.

Es un sondeo, un ir hasta el fondo de los pozos donde nacen las palabras, casi en el mundo onírico donde cada símbolo está cargado de una atmósfera de incertidumbres y preguntas, una arte de nombrar, un lugar donde lo común y lo insólito puedan convivir.

Lo mismo que decir de una re-vista, una manera de mirar otra vez, de hacer que lo visto tenga otra dimensión, adquiera los matices olvidados, la reinvención de mundos y la creación de conexiones que aparentemente no tenían las cosas, una multiplicidad de relaciones que hacen posible el raro experimento del lenguaje poético.

Por eso, para salir de una retórica retorcida y plana, discursos académicos como acechantes vigilantes de las normas del decir y del pensar, nacen propuestas alternas, que pretenden renombrar, conjurar y jugar con una cotidianidad cargada de silencios que hablan y de fiestas que enmudecen, de amores transformadores y de extraños pero vivos ritos que nacen al calor de la conversación y las semillas, de alcoholes perfumados, de locuras puestas en común, de viajes sobre territorios que todos creen conocer pero pocos saben explorar. La misma ciudad, con sus lenguajes nuevos, con sus mixturas y con sus rupturas y sus angustias se abre como un tema proclive a la poesía sin necesidad de estar mediado este lenguaje por un abc de normas restrictivas sino por una pasión arbitraria, aguda, juvenil, iconoclasta, festiva, oscura y a la vez clara para renombrar esto que se vive y que pocas veces puede ser contado sin que caigan severas moralidades que fustigan y tratan de adocenar lo que se crea.

La revista INNOMBRABLE está en el sentido del nombrar, de descubrir, más no como expoliación y llegada a islas creativas para sacar de allí el oro y el magín creativo de los fantasmas pobladores del mundo, de las selvas del lenguaje que se exploran o de las playas relucientes de un eros que se innova. Es más una relación de intercambio de propuestas, de encuentros posibles, de hacer en común una idea de una poesía viva, con nombres y apellidos, tan desnuda y humana como el existir sea posible.

Un grupo de muchachos y muchachas, así de heterogéneo como afines, no sólo por le edad, sino por la inventiva y el sentido de red que han venido proponiendo a nivel local e internacional, donde participan escritores de diversas edades que no hayan perdido la lúdica ni la capacidad de compartir alucinantes preguntas y textos que nos lleven por caminos donde exista un descubrir con los ojos abiertos. Propuesta que no siendo nueva, pues allí donde exista capacidad creadora y ganas de enfrentarse a las arduas jornadas de la vida, existirán propuestas similares, pero que renuevan en cierta forma una literatura que se ha quedado en el salón y en la parsimonia, que se viene agotando en estériles recitales de vasito de agua y de micrófono de antesalas y asuntos gubernamentales. Aquí se intuye el juego, la fiesta y la camaradería sin abanicos de damas pelimoradas, sin agasajos de medallas ni juegos florales, algo más cercano al público, más entrometido y audaz con las vicisitudes diarias.

Ellos mismos no podrían tener nombre o lista de participantes pues cada vez se abren más y son muchos más los que llegan y participan sin medir sus rangos, puestos, direcciones, sólo el placer de asistir a un acto de invención y a la gestación de una cultura que nace de la calle, del parque, del jardín de sembradores de ideas, del potrero abierto y de la plástica donde pintar y esculpir, es lo mismo que hacer el poema o compartir el pan y las especias. Son no nombrados, no por carecer de nombres y de señas, sino porque al convertirse en una estirpe de andariegos, de amigos múltiples, de apertura total, serían innombrables sus características y sus propuestas, ritmos, sonoridades, las artes y sus textos. Más no por qué no exista, ni sean invisibles y etéreos, sino por estar hechos del barro de los hechos anónimos, de lo común, de lo que ha carecido de “fama” pero que tiene fuerza y resistencia para enfrentar un mundo de estafas y de ignominias.

Como dicen los brindis entre amigos, ¡larga vida a INNOMBRABLE, una re-vista para hacer una vista nueva al arte del mirar y de leer como una casa sin muros y sin puertas!

Hacer una revista es similar a sembrar plantas ancestrales y sagradas, el humo y la semilla de un decir que no se puede callar aunque echen herbicidas, en algún lugar vuelven a crecer INNOMBRABLES maneras de nombrar.

Mil gracias, amigos, suerte en ese bello proyecto.