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martes, 28 de septiembre de 2010

Los que quedan por matar

Queridos compatriotas. Yo, como ustedes, esta semana me siento también orgulloso y altivo, y ferviente amante de mi nación. Hoy estoy más colombiano que nunca, me sé los nombres de los jugadores de la selección, compré pirata un disco de Los gaiteros de San Jacinto y tomé café y aguardiente, en inescrupulosas cantidades. Hasta robé a algún tipo por ahí, embauqué a otro y olvidé toda noción lingüística castiza. Hoy soy el auténtico y enaltecido colombiano, cálido y negligente, porque las penas no existen. ¿Y cómo no serlo? Por fin, luego de 35 años de terror, nuestro ejército glorioso y certero se llevó a ese cerdo hijueputa. (Y me perdonan los cerdos, que son bastante más bonitos de lo que era él, pero no encontré otra palabra). ¡Cómo quedó! ¿Lo vieron? Oh, Olimpo todo, ¿por qué me das tantos placeres? Esa asquerosa cara de machetero ensangrentada, esa barriga profusa y rellena de manteca y de pecado, al viento, más hinchada de lo normal por la llegada de la muerte. ¡Bendita seas, aisthesis griega, lindura colombiana! ¡Bendita belleza que te muestras sin reparo, que no te haces de rogar como mujer coterránea! Yo, como cualquier verdadero patriota, no podré borrar jamás de mi mente esa imagen magna, intrépida, áurea, etérea. Propongo que al estandarte tricolor se le adicione, en el centro, la cara tiesa y fría del Mono Jojoy, en su último estado. Sin embargo, en medio de la efusividad, el poco de conciencia que me queda –esa no es colombiana-, me hace caer en la cuenta de que le dicha no es completa, y aunque nos libramos de uno de los que inspiraron el descubrimiento del elemento plomo, todavía quedan muchos por matar. Se me desmorona el alma y las lágrimas se llevan la tinta amarilla, azul y roja, símbolo tan débil como su representado. Quedan muchos y no seré tan colombiano y mi patria tan radiante hasta no ver caer el último.

He aquí que idealista y soñador, híbrido de cóndor con acordeón y fusil, les traigo el epítome de los que faltan, de los que no merecen respirar un minuto más nuestro glorioso aire de café con dinamita. A las FARC ni las menciono, porque más vivo está el aparato reproductor del cardenal Darío Castrillón. A ver, a ver, ¿a quiénes falta matar? Pues empecemos, a propósito, por el cardenal: viejito tierno y puro, yo verdad quería que quedaras de papa, pero lo siento, tienes cara de anticristo y de travesti: ¡PUM! ¿Quién más? ¿Quién más? Ah, claro, hablando de viejos maricas, ¿qué dirá nuestro Nobel, el amado? Me perdonarán los que lo den por símbolo patrio, pero para mí que de haber sido por él, habría nacido en Cuba. ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡Infame y antipatriota Aracataca que te parió! ¿Y qué dicen de Samper y de Pastrana? ¿Esos todavía vivirán aquí? Por precaución: ¡PUM! ¡Ladrones castrados!

Esto va para largo, mejor agrupemos los objetivos:

¡Políticos! ¡PUM!

¡"Artistas"! ¡PUM!

¡Protestantes, católicos, agnósticos! ¡PUM!

¡Patriotas de sombrero vueltiao’ y cabeza desocupada! ¡PUM!

¡Qué diablos! Así nunca vamos a acabar.

Ejercito virtuoso, ¿por qué no le pones mejor un poquitico de uranio a esas bombitas?

Colombia, la grande, la sublime, tan santa eres, que quedas mejor toda en el cielo.

Tomado de: http://elnopensante.blogspot.com/

martes, 13 de julio de 2010

Después de todo, pensar

Por estos días, durante mi visita a Bogotá, como si el destino tuviese cara de travieso, se llevó a cabo el Festival Malpensante, en términos de la crítica, uno de los encuentros intelectuales más importantes del país. Seguramente algunos de mis -tres o cuatro- lectores se habrán preguntado por el trasfondo del nombre de este blog en contraste con el de la revista (El Malpensante), que ya no es revista sino “Casa”, por el afán formalista colombiano, organizador del evento que menciono.

No asistí al festival, ni de riesgos. No creo ni quiero tener lugar en ese antro tan bonito, pero pude ver algunos apartes de su desarrollo por la televisión. Lo mismo de siempre: Luis Ospina dando cátedra de realización de documentales, Jorge Velosa -al que usan como conejillo de indias para pretenderse “plurales”- recitando coplas bucólicas, Hector Abad Fasciolince firmando autógrafos y William Ospina releyendo el mismo corazón del pájaro (¿Acaso no puede escribir otra cosita? ¿y después de repetirlo durante años ni siquiera lo aprendió de memoria?). En fin, la muestra viva de los ampones que tenemos por símbolo.

El público era todavía más selecto: pude reconocer a Alejandra Borrero, Diego León Hoyos y Antonio Morales, que a la vez se ganaba unos pesos documentando para Señal Colombia. Nada sorprendente, raro sería verme yo como invitado.

El Festival Malpensante transcurrió bajo el lema “Viva el ají”, una completa patraña, porque Hector Abad no dice groserías, ni le hace picar la lengua a nadie, ni se la pica él, y tampoco creo que coma ají. No, él comerá langosta al vino, o por mucho, una salsa de jalapeño traída desde Veracrúz. Pero eso no es ají. Y por Hector Abad me refiero a todos. Montón de cretinos. Aquí empieza a desnudarse el dolor de cabeza que me produce ese círculo, tan fuerte, que en vista de la imposibilidad de los analgésicos, decidí hacer un blog en su deshonor, pretendiendo revivir la batalla de la liebre y la tortuga. Mi Nopensante no es una parodia ni una burla, es una reivindicación, porque los adjetivos son tan venenosos como antídotos. El Malpensante, integrado por ricos y embusteros que se dicen artistas, olvidó meter las manos en los bolsillos de los desamparados; olvidó tocar las puertas imprevistas y gritar y aseverar sin lugar a reproches; perdió la noción del arte, la transformó en adorno, y eso para mí, desamparado por los desamparados, es pecado mortal. ¿Pero dónde nace la injuria? En la palabra, en el adjetivo vanagloriado, la peor ignominia conocida por el hombre: PENSAR.

Me supone un problema semántico hablar de “mal pensar”. Es un pleonasmo irrefutable, porque pensar no es bueno, no puede serlo, ni tampoco puede ser malo en el sentido audaz. Concuerdo en que el acto de pensar, que es, dicho de algún modo, utilizar el cerebro en ejercicio de reflexión para considerar o decidir, es la máxima posibilidad humana dentro de lo humano. Pero acaso, ¿qué de magno somos los humanos? Nada, basura. La única posibilidad de salvación del hombre es dejar de ser hombre, elevarse en espíritu. Ahí la diferencia entre oriente y occidente. ¿Cómo nos podemos ufanar de anclarnos a lo corpóreo?. La misma acepción muestra la falencia: pensar es oscilar, porque como hombres, al paso de cada segundo somos nuevos, cambiamos de bando como de ropa, y eso no sugiere confianza. Pasar de ser asesino a obispo sin pagar la penitencia no es acto de virtud. Y lo peor de todo: en El Malpensante les quedó grande entender lo simple. Incurren en un descaro hermenéutico al soportar su concepto como una insistencia al escepticismo, ¿pero cómo va a ser escéptico pensar?. ¡Güevones!. Pensar está arraigado a un método, y al más impostor y dañino. Por pensar, en occidente no sabemos más que matarnos y engañarnos. ¡Pero cuales artistas! Yo digo que “malpensar” es un error de mala entraña, una sandez, como su revista, su festival y sus maricas hipócritas y arteros.

Yo me quedé en el uso de la conciencia, que es infalible y sabia. ¿Para qué pensar?. La equivocación era permitida en antaño, ahora el estandarte es evitarla.

Terminó el festival dejando improntas de sonrisas, bolsillos llenos y copas de whisky vacías, pero el mundo se sigue muriendo, se sigue matando, angustiando, engañando, creyendo, raptando, embruteciendo, intimidando, perdiendo, condenando, y a cada paso, al frente de la ineficacia, sigue pensando.

Tomado de:
http://elnopensante.blogspot.com/

sábado, 26 de junio de 2010

50 años del nadaismo. 34 años sin nada.

En 1958, el naciente poeta Gonzalo Arango, prodigio de putas y olvidados, emprendería la más sublime odisea concebida en el nuevo mundo: el nadaismo, el único movimiento artístico de vanguardia en utilizar verdaderamente la acción de la vanguardia, más allá de la mera forma. En compañía de otro puñado de mancebos, lúbricos, drogados y exaltados por las vicisitudes de las transgresiones en Europa, de la creciente contracultura americana y la emancipación de la juventud por el descubrimiento de la posibilidad mediante el hecho, azotó los regímenes decorosos de la sociedad colombiana, la histórica lejanía facinerosa de los escritores, y los embelecos de los regentes de las artes, correspondientes más a las concepciones irreales y apartadas de la necesidad, que a la responsabilidad obligatoria del artista de recrear la imagen de su mundo.

Así pues, en lo que parecía una correría infatigable, los nadaistas, con libros y hechos, libraron la guerra más hermosa contra lo innecesario, que sin previo aviso, prendió las alarmas y concentró la atención totalizada de un país de viejas mojigatas y tartufos. Mucho se ha hablado de sus actos públicos: la quema de los libros clásicos embaucadores, el sacrilegio con las hostias y el sabotaje al congreso de escritores católicos, los escándalos sexuales, la cárcel, y un sinfín de mitos alborotados por los ofendidos, como prueba de la necesidad de censurar a estos caballos sin sosiego. Pero todo esto no tendría relevancia si no se equipara con el alma furibunda de los textos de su fundador, que reflejan, más que la necesidad de llamar la atención y apelar al escándalo por simple impulso, la búsqueda latente por entender el engranaje absoluto del universo y establecerse en el fervor del Todo verdadero; esa era la Nada, la búsqueda inmanente del Todo. Gonzalo Arango, -y que se revuelquen en su tumba Leon de Greiff y Guillermo Valencia, par de embusteros- el poeta de Colombia, el mensajero del viento a nuestra patria ciega, murió el 27 de septiembre de 1976, dejando a la literatura colombiana como el adefesio que siempre ha sido, y al moralismo intransigente, con camino libre para regir hasta la eternidad.

Hace algunos días, bajo las riendas de Elmo Valencia, ex compañero del poeta, salió al mercado el libro Bodas sin oro. Cincuenta años del nadaismo, una recopilación de textos, anécdotas y datos biográficos a manera de conmemoración, y que, como su nombre lo sugiere, y como lo han sabido repetir hasta el cansancio los demás militantes, tiene la intención de recalcar el nuevo lema del mercado colombiano: el nadaismo no ha muerto; consigna que parece dejar unos buenos pesos para Valencia y sus secuaces, porque no es más que eso: una estrategia comercial infame y usurpadora.

El nadaismo sí murió, con su profeta, ese 27 de septiembre de hace casi 34 años. Y para los demás mal llamados nadaistas, murió mucho antes, cuando Gonzalo decidió enfilar el rumbo a otro nivel, porque era el momento, y los parásitos se negaron. Naturalmente, no estuvieron de acuerdo con dejar de drogarse, de contraer enfermedades venéreas, y pretender la poesía como un panfleto callejero.

Desde entonces, el mismo Elmo Valencia, Jaime Jaramillo Escobar, Jotamario Arbeláez, Eduardo Escobar y demás badulaques, no han hecho más que ufanarse de algo que no son, robarse el crédito y creer que aún conservan la palabra, por historia, no por acción. Llevan 34 años autoproclamándose Poetas y Nadaistas, engordando sus cuentas bancarias y aferrándose a su condición de vividores, porque de nadaismo, valga la redundancia pero no la semejanza, no han hecho nada. En la época dorada, si es que así se le puede llamar -por fin le atinaste a una, Elmo-, que sólo fue el tiempo de vida de Gonzalo, no hicieron más que esconderse a sus espaldas, vivir arrastrados, mantenidos, rezagados. ¿Pero cuándo han escupido otra hostia o poema sacrilegioso?, ¿cuándo han puesto a temblar al país de nuevo? ¡payasos, impostores! ¡falsos poetas!. Creyeron que tenían pase de por vida, que el pasado perduraría sempiterno.

Yo, más bufón que ustedes, desde aquí los condeno, y condeno al que los lea convencido. Que regresen a su estado de gusanos, sin Gonzalo, sin poesía, sin palabras.

¡Hijos de puta! ¡ladrones sin máscara!

El único Poeta era él, al que ustedes despreciaron y jamás entenderán. Ustedes, en cambio, no son Nada.

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Ay, Gonzalito, alma bendita, amor de mis amores. ¡Cuando será tu segunda venida!.

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http://elnopensante.blogspot.com/