Cinemática
del derrumbe
Con
desiertos brazos de amor
me vienes, mañana tras mañana,
otro malparir de día en que tu pecho
será morada para el aire que no habito,
otro malparir para que tus ojos y tú
corráis a galope tendido hasta la noche,
saltes convencida de travesar
los alambres de este cuerpo con vallas,
otro día hablando con las rudas paredes
de mi cabeza,
escuchando el eco de mi rumia inútil,
otro día más de sismógrafos pesimistas
otro día, otro día,
vueltas y más vueltas
y aquí estamos,
más rozados, más disparados,
con el noventa por ciento
de carne muerta y materia ingrata,
con los labios amnésicos de puertos
y la duda,
si fue nuestro barco recuerdo
o la triste creación de dos mentes
naufragadas.
Penúltima
acción
Encadeno
el penúltimo hacer del día
nueve de la noche,
preparo pollo con vino mientras
limpias las bocas y las manos de los niños,
- tu penúltima embestida también -
suena Peppa Pig al eco de un anuncio
para ser infalible en los negocios,
me sirvo otro anestésico y nos sentamos enfrentados
¿otra vez pollo? adivino rumiar en tu cabeza,
otra vez,
afirmo inocuo para mí,
tu lengua sucumbe como un gato muerto en la carretera,
mi ánimo, apenas saca el brazo como
la estatua de la libertad en el Planeta de los Simios,
otro día más de resistencia,
volvemos a la cama
boquete del mundo,
parapeto de casi todo,
lo que nos gruñe.
Prosa
poética (Interlocución con José Hierro)
Hay
ocasiones en las que el nombre nos deja de nombrar.
Se convierte en un resto del pasado, la herrambre de un sonido vagamente familiar.
Descubrimos que ya no podemos.
No podemos, porque algo se ha roto para siempre.
Y el cuerpo — el cuerpo — se convierte en una lápida de barro.
Calla.
Se niega a ser memoria.
Siento que algo en mi interior se hunde.
¿Qué queda entonces?
La carne desollada del interior.
La carne sola.
La carne sin recuerdos.
Una carne sin nombre y un nombre sin las tripas de nadie.
No, Pepe.
No todos los nombres alcanzan para nombrar.
Huecos.
Ya no son nombres.
Son cenizas de un sonido.
Cuerpos desnudos tirados en la tierra.
No sé si llegaremos por el dolor a la alegría,
pero sabremos por el dolor que hay algo en el interior que, sí, existe.
me vienes, mañana tras mañana,
otro malparir de día en que tu pecho
será morada para el aire que no habito,
otro malparir para que tus ojos y tú
corráis a galope tendido hasta la noche,
saltes convencida de travesar
los alambres de este cuerpo con vallas,
otro día hablando con las rudas paredes
de mi cabeza,
escuchando el eco de mi rumia inútil,
otro día más de sismógrafos pesimistas
otro día, otro día,
vueltas y más vueltas
y aquí estamos,
más rozados, más disparados,
con el noventa por ciento
de carne muerta y materia ingrata,
con los labios amnésicos de puertos
y la duda,
si fue nuestro barco recuerdo
o la triste creación de dos mentes
naufragadas.
nueve de la noche,
preparo pollo con vino mientras
limpias las bocas y las manos de los niños,
- tu penúltima embestida también -
suena Peppa Pig al eco de un anuncio
para ser infalible en los negocios,
me sirvo otro anestésico y nos sentamos enfrentados
¿otra vez pollo? adivino rumiar en tu cabeza,
otra vez,
afirmo inocuo para mí,
tu lengua sucumbe como un gato muerto en la carretera,
mi ánimo, apenas saca el brazo como
la estatua de la libertad en el Planeta de los Simios,
otro día más de resistencia,
volvemos a la cama
boquete del mundo,
parapeto de casi todo,
lo que nos gruñe.
Se convierte en un resto del pasado, la herrambre de un sonido vagamente familiar.
Descubrimos que ya no podemos.
No podemos, porque algo se ha roto para siempre.
Y el cuerpo — el cuerpo — se convierte en una lápida de barro.
Calla.
Se niega a ser memoria.
Siento que algo en mi interior se hunde.
¿Qué queda entonces?
La carne desollada del interior.
La carne sola.
La carne sin recuerdos.
Una carne sin nombre y un nombre sin las tripas de nadie.
No, Pepe.
No todos los nombres alcanzan para nombrar.
Algunos
quedaron mudos.
Vacíos.Huecos.
Ya no son nombres.
Son cenizas de un sonido.
Cuerpos desnudos tirados en la tierra.
No sé si llegaremos por el dolor a la alegría,
pero sabremos por el dolor que hay algo en el interior que, sí, existe.
*Fernando
Moreno Pereira (Jerez, 1983) es psicólogo de formación y escritor por necesidad.
Su escritura orbita la pérdida, la identidad y la fractura entre lenguaje y
cuerpo. En 2025 publica La Gravedad de los Cuerpos, un libro híbrido donde
conviven poemas, prosas y definiciones conceptuales. Alejado de la estética del
consuelo, busca una voz encarnada que no embellezca el dolor, sino que lo contemple.
Su obra se sitúa entre lo lírico y lo existencial, lo mínimo y lo desgarrado.
Ver una entrada al azar
No hay comentarios:
Publicar un comentario