Abuelito, dime tú
Abuela Claudia
Abuela, dime a quien gritas
Abuela, no hay caramelos coffe deligth
Ni pizza sobrante de ayer,
abuela,
a b u
e l a
¿Por qué lloras al espejo que da al patio?
ABUELA,
báñame y vísteme
que el patio es mi campo de batalla
y los tomates mis bombas atómicas
abuela
abuela
ya vienen los perros con sus dientes
llenos de sangre y mugre
Abuela, ya no grites
no corras
ya están acá
el sol se esconde detrás del olor de la pólvora.
Anden lleno de pollo frito
Hay 12 hombres como yo a la hora del almuerzo,
el sol de los domingos nos castiga los ojos
con los mismos gafetes y responsabilidades.
Todos comemos en silencio como si el cansancio del trabajo
pudiese más que el espíritu,
la revolución debería estar en las calles, dice uno
mastican con la boca abierta
mientras las cucharas se hunden en lo espeso de la sopa.
Habita el miedo de que comer mierda
y tomar lo cocinado por ellos se convierta en la misma cosa.
Lavamos nuestros dientes y caras
compartiendo el mismo pecado de todos los días.
A veces nos imaginó muertos del cansancio,
los de la triple A recogiéndonos con palas
mientras se echan a la suerte
nuestras pertenencias y recuerdos.
Otros días que son los lunes de arroz chino con pollo broaster
nos sueño en la gran mesa del señor en el cielo
juzgando a quienes nos hicieron sentir vergüenza en el acto de comer.
My sweet Wah-Wah
Mateo 26, 36-42
“…beber este trago amargo. Pero no que sea lo que yo quiero,
sino lo que quieres tú” Nuestro señor Jesucristo en Getsemaní
Padre, yo te he buscado durante 24 años sin mucho éxito,
te has ensañado conmigo
así como fue con Job.
Me hiciste hombre, esclavo y malandro,
pero no me diste el don para ser buen poeta.
Te he buscado en mi enfermedad,
en mis tristezas,
hasta en mis alegrías que fueron pequeños triunfos,
pero tu puerta siempre estuvo cerrada.
He bebido de la misma copa que tus otros hijos,
comiendo de un cuenco de madera
donde las astillas hacen sangre en mi boca
para predicarle tu palabra a quienes son sordos.
Porque no solo de camello, pan y fritos
vive el hijo del hombre,
sino también de pensarte en las noches más oscuras.
Heme aquí,
postrado ante la duda,
dejando que la incertidumbre me haga digno de tu presencia,
mutilándome el sexo y los pensamientos,
amarrado ante la inmensidad de la fe.
Ruego por una edad para soplar velas,
una muerte para temerle al infierno,
dame un nombre y un apellido.
Le Benjamín
Tengo 25
no tengo un carro
ni una casa
o alguna sombra que me espere en mi cama
he probado el sabor
de la vida de un hombre
el amor.
la derrota.
el paso inexorable de la decadencia.
*Rafael Enrique Álvarez Peralta. Nacido el 25 de septiembre del 2000, el mismo día que se suicidó Pizarnik. Aprendió a leer para saber que decían las tiras cómicas del periódico. Nunca estudió literatura, conoció a Rafael Cadenas y este le dijo que no dijera tantas groserías. Vive en Colombia desde el 2022, llego trabajando como mecánico, dealer, haciendo rappi, webcamer, trabajando en una tienda y un call center. Sale en par de revistas de Santa Barbara Editores y aparece en la antología de la Fundación Nuevas Letras, sus poemas se pueden encontrar también en la revista Alter Vox Media.
Ver una entrada al azar
No hay comentarios:
Publicar un comentario