jueves, 4 de febrero de 2021

"La voluntad de escribir " ensayo de Manuel Arboccó


Buscamos seguidamente reflexionar sobre la actividad de escribir; ya sea poemas, cuentos o novelas. Y para eso compartimos una serie de respuestas brindadas sobre el punto por algunos personajes extranjeros y nacionales que tienen en el oficio de escribir una tarea cotidiana.


En palabras de la poeta rumana Ana Blandiana (seudónimo de Otilia Valeria Comán): “Escribo versos porque siento la necesidad de expresar que existo, sin preguntarme si alguien va a leerlos. Soy como una rueca que existe solo en la medida en que se hila en ella.”


El escritor Alfredo Bryce Echenique afirma: “Yo escribo para que me quieran más y porque, francamente, creo que es lo único en lo que puedo ser útil en esta vida. Escribo porque, negándome a creer en la soledad de la página en blanco, siento que vienen a poblarla las mujeres, hombres y ciudades que más he amado en el transcurso de mi vida.”


Su amigo, Julio Ramón Ribeyro, señala que escribe por lo siguiente: “Para que mi experiencia de la vida, por muy pequeña que sea, no se pierda. Porque el hecho de hacerlo solo, con mi máquina de escribir y una página en blanco, me da la ilusión de ser absolutamente libre y poderoso. Para continuar existiendo, una vez muerto, aun cuando sea bajo la forma de un libro, como una voz que alguien hará el esfuerzo de escuchar. En cada lector futuro, volvemos a nacer.” 


Richar Primo, escritor y profesor de Lengua y Literatura, nos comenta que “la escritura se convirtió en la mejor manera de expresar todo aquello que me abrumó en la difícil adolescencia. En cierto modo –nos dice- la escritura me rescató del caos que significa crecer. Leer y escribir han sido dos actividades fascinantes que, solo luego, las entendí como una vocación. La sensación de crear un mundo o de recrear lo que ya te rodea es muy intensa y fascinante. Esto siguió sucediendo incluso después, cuando escribir ya era casi un trabajo con horario, una disciplina y una búsqueda más intelectual. A pesar de que el proceso se volvía agotador, la satisfacción luego de terminar la historia seguía valiendo la pena.” 


Sophie Fontanel, periodista y escritora francesa, en el prólogo de su novela El deseo, afirma: “Para hablar de este vacío que me resultó saludable y en el que aprendí a potenciar recursos insospechados; para mostrar qué es la caricia para alguien a quien ya no acarician y que, quizá, ya no acaricia; … para la gente resignada que adivino, esa gente a la que reconozco al instante y por la que siento tanta ternura, quería escribir este libro.”


“Escribo para vengarme de toda la gente que no me gusta. Es mi manera de luchar”, nos dice Leila Slimani, periodista y escritora franco marroquí. Y Jorge Bar, viajero y escritor, por su parte señala que “escribir es una voz, una vía más para hacerse notar. También es una catarsis, hay sentimientos que buscan desahogarse. No todo es creatividad, también hay purga, asegura. Algunas personas quieren dejar un testimonio, de su época, de su sentir. Cuando un escritor se enamora de ti nunca mueres porque quedas plasmado en su obra para siempre”. Este último comentario nos hace recordar al escritor y filósofo francés Gabriel Marcel quien decía: “Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás.”



“Yo no escribo por una sola razón, sino por varias”, precisa Julio Ramón Ribeyro. “Estas son las principales: Para deshacerme de ciertas obsesiones y sentimientos opresivos. Para tratar de dar forma y comprender mejor las ideas e intuiciones que me pasan por la cabeza. Para contar alguna cosa que merece ser contada. Para crear, sin más recurso que las palabras, algo bello y permanente. Por una necesidad humana de ser reconocido, apreciado, admirado y querido (como diría mi amigo Alfredo Bryce Echenique). Porque me divierte. Porque es lo único que sé hacer más o menos bien. Porque me libera de cierto sentimiento de culpabilidad inexplicable." 

Alfredo Bryce Echenique asegura que "solo se puede escribir sobre cosas que uno amó" y que "para que duela menos, la realidad se corrige con la fantasía".


Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano, escribió El olvido que seremos dedicado a su padre (médico y activista) que murió asesinado por los paramilitares en el año 1987. Y nos dice: “Fue una especie de tranquilizador, de liberación. Escribir del asesinato de mi padre fue como sacarme algo de dentro muy importante, a veces como un tumor, a veces como un hijo.  Cualquiera de las dos cosas.”


Martín Roldán Ruiz, autor de Generación Cochebomba y Este amor no es para cobardes, nos menciona lo siguiente: “escribir es consecuencia de mi experiencia como lector. Habían historias vividas que eran narrables. Era la necesidad de contar historias que pensaba valía la pena, quizá es eso, la necesidad de expresar historias.” 


Mario Vargas Llosa, no puede faltar en este artículo y nos dice: “Creo que mi vocación de novelista está impregnada de la nostalgia de esas aventuras leídas y que es un oscuro esfuerzo por rechazar esos límites entre lo inventado y lo vivido, un esfuerzo contra la razón práctica para vivir múltiples vidas y cada una de ellas con mayor intensidad, diversidad e impunidad que las que permite la vida verdadera”. 


Finalmente, luego de atender el punto, pensamos que escribir es una actividad de esas exclusivamente humana que tiene diversas causas como también es generadora de diversas consecuencias. Quizá sea eso: presenta causas que originan una necesidad y, produce consecuencias que la alimentan y mantienen viva a la vez. Bosquejamos algunas de esas razones para la tarea de escribir: querer expresar algo en palabras; querer perpetuarse y vencer simbólicamente a la muerte pues lo escrito nos trasciende; también nos ayuda para darle un sentido a la vida, esta vida llena de paradojas e imprevistos; hay quien escribe para hacerse notar y decir “aquí estoy”, “yo existo” (“hagamos de todo menos morir” como decía el gran Martín Adán); para vivir otras vidas (inalcanzables, complejas o deseadas), para gozar con experiencias humanas solo fantaseadas –nunca realizadas- y quizá también para sufrir situaciones temidas pero saliendo mejor librado. Y para hacer algo con esa enorme creatividad propia de algunos. Y para buscar sanar, y a veces al escribir se consigue. También es terapéutico. 

*Manuel Arboccó de los Heros, Lima. Psicólogo clínico. Con formación psicoterapéutica humanístico existencial. Magister en Psicología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cursa estudios de Doctorado en Psicología en la UNIFÉ. Miembro de la Asociación Peruana de Psicología Fenomenológico-Existencial (APPFE) y de la Asociación Latinoamericana de Psicoterapia Existencial (ALPE). Facebook de divulgación psicológica: Nos sobran las palabras

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