miércoles, 10 de febrero de 2021

"Panfleto para romper" poemas de Andrés Enrique Rojas Rivas



Poema en Penúltima Revisión

 

Hay un corazón necio y polvoriento que te espera

que venía desde el tiempo dando tumbos y sin quejas

no reclamaba nada y vivía por entregas

Hasta que tú llegaste insomne y le cerraste

por dentro y con llave su deshilachada puerta.

 

Hay un corazón necio y humeante que golpea

reclama estar más allá de la razón y las apuestas

se cansó de esgrimir los argumentos viles

que usa Woody Allen en sus películas inciertas.

 

Él deambula como sin sueño por las veredas

y revuelve ciertas cosas, se mete en otras fiestas

mira de soslayo  las  penitentes miserias

se resiste ebrio de  pudor y se molesta

cuando le provoca y de verdad no puede

voltear de una patada las discordantes mesas.

 

Hay un corazón necio y titilante que te ruega

Restaura su ritmo de pandereta  tierna

Negocia su rescate, devuélvelo a sus trincheras

A luchar con tu fulgor y restaurar lo que niega.

 


Panfleto para romper

 

Ya yo había cometido la impertinencia de soñarla

ciertamente mucho antes

de ver ese lenguaje tan llano 

tan basto (y tan vasto) de Baines . . .

 

No sé dónde cómo cuándo 

empezaron a extrañarla mis manos

 

Sólo puedo afirmarle 

usted es más que una barra en penumbras   

es más que una cerveza pura

es más que una tarde lluviosa sin frenos. . .

 

Es algo tan, pero tan más 

que voy a necesitar otra película

para atreverme a escribirlo

 


KURAKAY en la radio


a Javier Fernández

In memoriam


La princesa llegó a la radio

acompañada de un rumor blanco de tempestades,

de la irreparable espuma de los truenos

y un falso olor a sol oscuro.

Vino precedida de un ángel discreto

que era su amante tumultuoso.


Quería conocer unas cajas mágicas

de las que había escuchado hablar en la Sierra

bajo la noche retraída

cuando se alinean las estrellas

y se endulza la tierra de pájaros.


Vino con la sal de los sueños

a flor de labios,

con la sonrisa de los amaneceres,

con la brisa sin angustias de la dignidad,

con la libertad tatuada en el pelo

en forma de guayabos dulces.


Imprecó con su nombre al poeta sabio

que pretendía encerrarla en ortografías,

Ordenó parar la última rama del cabimo

que sobrevive la desidia de los burócratas,


Borró la tristeza de la ribera del lago,

que se la pasa viendo las espaldas innumerables

de los pueblos indiferentes

anotadores de imágenes sigilosas.


Se colocó solemne al micrófono

y ordenó a las ondas hertzianas

que se alinearan al ritmo de sus deseos.

Emitió un suspiro inquietante

que puso a temblar a las viejas cabrias y guacos.


Ordenó el rastro de banalidades

que van dejando otras radios insomnes

radios que son ojos que resplandecen y acechan.

Colocó al alba de lado, y giró

en una danza sublime que puso a bailar

a los oyentes y usuarios y a los últimos dinosaurios

ocultos en los sueños enredados de las Peonías.


Se rió al saber que su voz

se escuchaba más allá del amanecer,

más allá de los pedazos de pan en el olvido.


Se fue de la radio y nos dejó

un reguero de luceros con aroma de esperanzas.

Nos dejó un beso con sabor de mil bocas

y una de ellas calló nuestra memoria.

No la volvimos a ver,

hasta que a punta de fuego la invocó

su ángel silencioso, sombra de la muerte,

su amante insaciable.



*Andrés  Enrique Rojas Rivas (El Morro de Puerto Santo,  Estado Sucre, Venezuela - 1961) Oficiante, pescador, profesor, poeta y pinto. Nacido en un pueblo de pescadores del Oriente Venezolano. Transcurre allí mismo, su infancia, tranquila y feliz como sólo puede ser feliz un niño cuyo patio de juegos es “la mar”; así en femenino porque para los hijos del oriente venezolano, la mar es la madre total, que alimenta, arrulla, da sosiego, escucha penas y lamentos y  guarda mil secretos. En 1978 ingresa al Pedagógico de Maturín a estudiar Física (¿quién dijo que ciencia y arte no son las dos caras de la misma moneda?)…En esta etapa cursa la asignatura Artes Visuales y de la mano del profesor Efraín Villarroel, gran muralista formado en México,  adquiere sus conocimientos de las técnicas para dibujar y pintar. Allí también se contacta con la Literatura, en un tímido acercamiento a la Literatura Venezolana en los Cuentos Grotescos de José Rafael Pocaterra. Culmina estudios en Diciembre de 1982 y vuelve al Morro donde permanece 7 meses como pescador “de ribera”. En 1983 se muda al estado Zulia. Ese mismo año inicia su trabajo como docente en varias instituciones de Educación Media de la COL. En 1987 ingresa a las escuelas de la industria petrolera, desempeñándose en varios cargos en las escuelas de oriente y occidente. También fue profesor invitado del Postgrado de la UNERMB. Desde los años 90 y por su ya arraigado hábito de lector, aborda la escritura creativa, publicando varios textos en antologías tales como Papeles, Tizas y Poemas (UNERMB,1998). En 2013 publica su primer poemario Piel de Página. Desde 2004 crea e impulsa su editorial artesanal NOVILUNIO, publicando hasta ahora unos 30 títulos, donde han visto la luz poemas y cuentos de autores inéditos. En 2019 edita y publica su segundo poemario “El Manual de los desacuerdos”. Una forma de no abandonar lo que considera su mayor acto de Libertad: La Poesía.

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