martes, 22 de septiembre de 2020

¿Qué es la poesía? Poemas de Clara Schoenborn



Cada poeta tiene su definición de lo que es la poesía. Esto podría llevar a concluir que en verdad nadie sabe a ciencia cierta qué significa. Tal vez, esto es lo maravilloso de ella. Ese misterio que la rodea es lo que la hace tan apasionante, tan inabarcable, única y retadora. 
En mi caso, pienso que la poesía es un trabajo creativo llevado a cabo con las palabras, cuyo objetivo es impresionar al lector en diferentes formas: en lo emotivo, lo espiritual, lo artístico, lo intelectual. He escrito “impresionar”, pero ¿eso qué significa? Según el diccionario de la RAE, impresionar significa: “fijar por medio de la persuasión, o de una manera conmovedora, en el ánimo de alguien una idea, un sentimiento, etc., o hacer que los conciba con fuerza y viveza”. 
Para mí lo importante de un poema es simplemente eso: que impresione, que produzca un pálpito, un vuelco. Sin ese asombro, no hay poesía. 




Lección de historia

Eran los años indecentes del culto a lo material.
Caminábamos por túneles de mármol contaminado, 
cloacas untadas de miel y alucinógenos. 
Teníamos un número marcado en la frente,
la cara de dios trazada con fórmulas, 
-multiplicación que ya no era de peces-,
pero sí de acciones en la bolsa de valores, 
de bonos del tesoro, de multinacionales, 
sumatorias de hombres, 
cada uno con su dólar en el saco,
restas de mujeres, 
cada una a merced de su devaluación.
La especie tendiendo a cero, 
culturas cercenadas a la enésima potencia.

Eran los años de la algarabía econométrica,
de un alma escogida al azar
para tasarla con toda precisión
y luego dividida por tres pesos.


Cuestionario

¿Por qué voté por los azules?

Una vez en el frío de su altura, 
repartieron entre ellos la paz y el alimento, 
disolvieron la sal de una mujer ciega, 
copularon entre sí, 
se frotaron ungüentos,
mientras el resto de los hombres 
sufrían con huecos en la mente 
y regaban saliva en los caminos.

¿Por qué voté por los rojos?

Destruyeron las viejas puertas de cristal, 
orinaron sin freno sobre los textos de historia, 
sumergieron espinas de pescado en el aire, 
cortaron con crueldad– solo a medias- las gargantas 
e impusieron su dogma con horrendas cirugías. 

¿Por qué voté por los que llevaban sotanas?
¿Por los que traían abierto un libro extraño?
¿Por qué voté por un saltimbanqui imberbe y coronado?
¿Por qué voté por mártires, por sabios inocuos y parlanchines?
¿Por el que leía la mente, por el que decía siempre lo correcto?
¿Por qué voté por el que asesinó en mi nombre?


Mirada

Me dijiste 
que miraste a una mujer 
que te hacía recordarme.
Eso ha de ser, 
porque el amor mira 
con sus propios ojos.

Ese amor raro que nos une,
-otros dirían que no es tal-,
embrión amorfo y bamboleante,
pero al fin de cuentas amor nuestro, 
niño nuestro, siempre a punto de nacer.

Miraste a esa mujer 
con los ojos que ahora tenemos,
ventanas que desde aquel día 
-sin saber cuándo ni cómo-
miran lo innombrable.

Ojos que hoy siguen la ruta 
de nuestros nombres 
intactos y redondos.

Por ellos, con esas nuevas retinas,
¿miramos ahora con ingenuidad de árboles?
¿con la hermosura de antiguos textos?

Por esa mirada de amor,
inventamos ahora rostros ciertos,
labios que gritan la misma palabra, 
la misma forma de imaginar un paisaje. 

Pero has de saber, 
ya que me lo cuentas,
que tú tienes más suerte que yo,
pues nunca he podido encontrar
a nadie que se te parezca.


Pincel con burbujeo
  
En el lienzo, solo en el lienzo, 
consiguió estampar su apetito, 
desnudar a esa mujer a su gusto 
sobre sábanas de lino irlandés.
 
Comenzó a pintar a las seis de la tarde, 
a la hora en que la luz recita sus poemas.

Usó pinceles nuevos 
armados con crin de unicornio,
leche tibia para mezclar con los óleos
y amoroso semen para abrillantarlos.
 
A pesar de estar loco, 
se puso una corbata,
una camisa de seda italiana,
sacó la última copa de cristal 
para la sangre de un vino español.
 
Al comenzar a plasmar colores, 
los percibía a manera de unturas, 
brebajes que hacía brotar de su sexo
mientras dibujaba a esa mujer.
 
El blanco que pintó en su piel  
jadeaba en perfecta armonía 
como una cantata de Bach.
Los pechos de un tono azuloso
olían a brisa marina 
y pintó entre sus dedos, esparcidos,
granos de azúcar, tallos de menta.

Tres días le tomó trazar sus labios, 
a besos se los despintaba, 
con la lengua retocaba el color.

De último, en el fondo del lienzo,
pintó una ventana y, a lo lejos, 
atisbando, una silueta pequeña, 
era él, en distante sincronía, 
casi extraviado en el paisaje.

Cuando el cuadro estuvo listo,
ella lo miraba directo a los ojos, 
con una colección de cálidos barnices 
extendidos entre sus piernas.
 
En la mesa de noche, 
una copa de vino 
exhaló de pronto 
vapor de sandías.
 
Desde entonces, ahí viven,
ahí él la mira, ella renace, 
aunque ahora ya no estén, 
aunque nunca llegaran a tiempo.


Lista negra

Mueren.

Como seres microscópicos sobre arena, 
a la luz del día, 
entre miedos y humos.

Dejan un corto camino de flores 
para ver si alguien reza.

Mueren, 
poco después del silencio.

A las cinco de la tarde
aparecen los buitres. 

En la distancia, 
alguien limpia un machete. 

Dos hermanos 
se dicen adiós.

Mueren. 

Como repartiendo la lluvia, 
sin sostener las banderas.

En la plaza suenan las campanas,
alguien espera un milagro.

Mientras tanto, 
ellos mueren.

Hay más semilla en la tierra,
menos simiente en el universo.


*Clara Schoenborn, Nacida en Cali en 1957, es poeta con doble nacionalidad, colombo-alemana, graduada en Economía con Diplomado en Gerencia.
Ganadora Gran Premio Ediciones Embalaje, Encuentro de Poetas Colombianas, Colombia, 2011. Finalista IV Concurso Red de Bibliotecas Públicas Cali Colombia, 2009. Finalista Premio Carmen Conde de Poesía, Ediciones Torremozas, Madrid, España, 2012. Mención de Honor Concurso de Poesía De Los Objetos, Casa de Poesía Silva, Bogotá 2012. Finalista Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet, 2017. 
Libros publicados: Búsquedas y encuentros (Caza de libros, Bogotá, 2011), Los oficios en clave de Atenea (Ediciones Embalaje, 2011 y Apidama Ediciones, Bogotá, 2013), Huecos en la luz, (Ediciones Torremozas, España, 2014). Antología Ganadoras Gran Premio Ediciones Embalaje Encuentro de Poetas Colombianas, (Uniediciones, Bogotá, 2018). Con tal de verme volar, Antología personal, (Uniediciones, Bogotá, 2019).  Su obra ha sido publicada en revistas y antologías en español y traducida al inglés, al francés, al portugués y al italiano.

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