Aguamanil
en los barrotes del tiempo,
y su ruido urbano
se asemeja al negativo de la vida,
un rompecabezas con más fichas
y fronteras que la casa de uno y todos.
Una puerta que cierra y abre
antes no sin cobrar la entrada
al albedrío de los días,
así se cuecen a la carne
desde el lunes los golpes de libertad
tras el rastro de los sueños.
Reja con un poco de polvo
que se niega a traslucir
la rendición de la luz matinal,
el alce y amase de las gotas seminales
desde la caja del eco
hasta el lomo de los libros.
Aguamanil discreto que poco a poco
se asemeja a las interrogaciones
del que lo asía
antes de encerrarlo todo.
Ventana
Mientras llueve, el agua configura ventanas
y los ojos no se cansan de ensartar agujas,
gotas que escarban lo interior desconocido.
La alternativa es soñar y morir otra vez
en brazos del gusano de la cosecha,
ya otras veces se alternaron los pies
y pudo el peso del poder con el metal.
Mientras el carmen de lo que ha sido
late, y se ensanchan las paredes
de lo que debiera ser, se aflojan olvidos,
la mano salva triángulos del odio,
y vuelve al trazo de simples coágulos,
se rehace el intento segundos antes
de que se desgarren las ventanas.
En busca de otros anversos
Las manos se me deshojan
y entre los libros expiro
robándoles del suspiro
los enigmas que se aflojan.
Los ríos frugales mojan
surcos de duelos y arrugas,
mientras gimen las orugas
recelosas del quebranto,
la verdad se vuelve manto
entre el embate y las fugas.
La hoja de la lejanía
neblina, duele la espalda
su fuego anuda, se escalda
sobre la letra sombría.
Se evade la luz vacía
estigma del sol sin voto,
navegando por lo ignoto
en busca de aguas y versos,
mientras se cubren de anversos
páginas del hombre roto.
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