Ver una entrada al azar

domingo, 24 de febrero de 2013

Lectura de Poesía de los Aullantes (Entrevista a Karloz Atl)

Karloz Atl. Cd. de México, 1988. Coordinador del Colectivo “PoesíaYTrayecto” & Director de (H)onda Nómada Ediciones en México. Desarrolla su labor creativa desde la poesía, el performance, el arte acción y la intervención de espacios públicos. Es miembro de la Red Internacional de Editores Independientes desde 2011 y corresponsal en México de la Revista Absenta de Chile. Actualmente es investigador de movimientos y colectivos de poesía-intervención de espacios públicos e imparte talleres de poesía y performance.

Algunos proyectos desarrollados son: 1° Festival Poesía Re-apropiada (Cd. de México, 2011); Documental “El poeta es un revólver en medio del dolor del mundo” (En colaboración con Racconti Producciones, dentro del movimiento internacional “100thousand poets for change”); Poetazos Y-legales: performance poético sobre ring de box (Cd. de México, 2011); Alucín poiético y Calaverita Literaria: intervención masiva de performances poéticos sobre la muerte (Rosticería Las Rosas, Cd. de México, 2011); Tetlazohtlaliztli Itlahtlachaliz in tlacatl / Amor es el despertar del hombre: performance poético en nahuatl (MNCP, Cd. de México, 2011); El Acto de volar de las mujeres suicidas: performance poético sobre el suicidio (Centro Cultural Aliac, Cd. de México, 2012).

Tiene el libro "Lectura de poesía de los Aullantes" creado a partir de dinámicas de poesía en voz alta y performance. Su obra poética también se ha publicado en diversas antologías nacionales e iberoamericanas; así como en la Foja de Poesía no. 346 de Circulo de Poesía.


Poemas en Audio 


Ministerio de trabajo 



Discurso ante el amanecer y los peces

martes, 19 de febrero de 2013

1er. Encuentro Innombrable – México D.F. 2013. “Lectura Incesante de Poetas Infames e Innombrables.”


-Jeff Schewe- 

*Un grupo de artistas, promotores culturales y profesionistas de diversas disciplinas, conjuntan esfuerzos para organizar el encuentro.

 **El evento busca recolectar víveres, ropa y comida para los migrantes que transitan por México.

***Se llevará a cabo el próximo 23 de febrero de 2013 en la Casa Refugio Citlaltépetl ubicada en la colonia Condesa.


Ciudad de México, febrero de 2013. 

Lo han dejado todo.
Van persiguiendo un sueño, van hacia el horizonte donde divisan un pequeño rayo de luz en busca de una vida mejor…

El migrante hoy, como dijese Matteo Dean, “es una persona sin nacionalidad de la cual, si bien podemos ubicar un origen, difícilmente podemos ubicar un destino.”

De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos Oficina Regional para América Latina y el Caribe, presentado en 2012, ésta zona pasó a ser, a partir de la segunda mitad del siglo XX, una región de emigración. Se estima que, en 2010, más de 30 millones de ciudadanos latinoamericanos y caribeños (5,2%) residían fuera de su país de origen, tanto dentro de la región como en el exterior.

La búsqueda de mayores ingresos, servicios y oportunidades de vida, los conflictos sociales y políticos, las violaciones de los derechos humanos y desastres causados por fenómenos naturales, son algunas de las principales razones para la movilidad en dicha región.

Después de México (10,7% de su población), los países de la región con mayor cantidad de emigrantes (en números absolutos) son, en orden descendente: Colombia, Brasil, El Salvador, Cuba, Ecuador, Perú, República Dominicana, Haití y Jamaica.

Los principales destinos de esa emigración son: Estados Unidos de América, donde han fijado residencia una mayoría, España y Canadá.

Las historias de vida son muy diversas, sin embargo todos tienen algo en común: el paso por el territorio nacional es difícil. Ante esta situación, un grupo de artistas, promotores culturales y profesionistas de diversas disciplinas, conjuntan esfuerzos para organizar el 1er. Encuentro Innombrable “Lectura Incesante de Poetas Infames e Innombrables”, en la Casa refugio Citlaltépetl el 23 de febrero a partir de las 13:00 hasta las 18:30 hrs.

El evento, consistirá en la intervención lírica y de performance por parte de artistas, quienes expresarán de manera improvisada temas diversos auxiliándose en algunos casos, de elementos sonoros y visuales tales como videos y fotografía.

En palabras de Mauricio Arcila, director de la Revista Innombrable y miembro del Comité Organizador, comenta que:”el factor principal que convoca a este suceso no es simplemente el arte como un elemento estético aislado, sino el reconocimiento de la sociedad y sus problemáticas”.

También, hace énfasis del encuentro como una alternativa que convoca e integra la participación de diversos proyectos culturales como:  Fábrica de Productos Culturales y Turísticos, dirigido por Diana Ángel, Revista Literaria Infame (Placer consumado en letras…) a cargo de L. Oliver Miranda Charles y el de la  Asociación Civil Casa Refugio Citlaltépetl, respectivamente.

En palabras de Diana Angel menciona que, “el encuentro busca recolectar víveres, ropa y comida para los migrantes que transitan por México, por lo que el costo de entrada es eso, llevar alimentos no perecederos, agua, galletas y ropa respectivamente.

De igual forma, la promotora cultural alude que, “se expondrán algunos dibujos realizados por niños migrantes recolectados por Lourdes Félix, Cristina Pérez, Kevin Contreras y Fernando Fabián, integrantes del Comité Organizador del encuentro.”





Para mayor información escribir a pculturisticos@gmail.com , o bien llamar al 55 25 31 16 72.

La Casa Refugio Citlaltépetl se ubica en la calle Citlaltépetl 25, colonia Hipódromo, Condesa en el Distrito federal. 
Tel. 52 11 44 46




lunes, 11 de febrero de 2013

1er Encuentro Innombrable – México D.F. 2013

1er Encuentro Innombrable – México D.F. 2013
“Lectura incesante de poetas Infames e Innombrables”


Artistas participantes:
         Dante Vázquez
         Sarai Bambola
         Raphael Dómine
         Roxana Rosado
         Alejandro Volta
         Jahzeel Acevedo
         Emiliano "El Muerte" Robles
         Rosa Itandehui Olivera
         Mauricio Arcila "Klisgor"
         Arlette Rubí
         MaryCarmen Castillo
         Francisco Enríquez Muñoz
         Ana Morales
         Oliver Miranda Charles
         Jonathan Caudillo - "La Sombra" - Performance -Yaotl-Butoh-


El encuentro busca recolectar víveres, ropa y comida para los migrantes que transitan por México. Teniendo como principal problema la carencia de alimento y cobijo,  el evento se presenta como alternativa para conseguir recursos a esta causa, exentado así pago alguno que no sea en especie a los asistentes.

Lista de las donaciones con las que puedes ser parte de esta gran acción:

- Comida (alimentos no perecederos)
Botellas de agua
Leche en polvo
Atún
Galletas
Barritas

- Ropa (nueva o usada en buen estado)
Suéteres
Chamarras
Calcetines
Gorras

- Otros:
Cobijas
Mochilas
Colores
Crayolas
Biberones
Pañales para bebé

Fecha: 23 de febrero de 2013. De 13:00 a 18:30 hrs.
Dirección: Casa Refugio Citlalpépetl 25, Col. Hipódromo Condesa
Organiza: Revista Innombrable (Mauricio Arcila) y Fábrica de Productos Culturales y Turísticos (Diana Angel)
Apoya: Revista Infame (Oliver Miranda)



martes, 5 de febrero de 2013

Elegía Innombrable

I

Lamentamos informar la muerte del "yo"
Querido y parasitario amigo,
que hoy nos abandona
En medio de un orgasmo crepuscular.

II.

Fue un gran amigo,
fue un gran amante.
Se comió una que otra puta,
se embriagó
al final anduvo errante.

Perdido en un mundo
Que no le comprendía ya.
Se miro al espejo.
Se dio cuenta de algo.
Solo era una fantasía,
una invención sin rastro.

Deprimido y abrumado,
tomó la glock negra
Un solo disparo
La sangre regada
El olvido y el adiós.

 III.

¡Ay de aquellos impávidos!
¡Escatología al servicio de la ideología!
Nosotros somos adeptos de Dionisio
La vida y la mentira.
Somos fuego y deseo.
Llama y pasión.
Servimos el caos, el fuego y la acción.
Acción poética, acción del lenguaje
Fluido de esperma, del impetuoso significante.

IV.

En honor al muerto:
Tequila, Vodka, Guaro y Fernet
Para pasar las penas
Para crear otra vez.

V.

Somos esperma de la parca
Que se riega por el lenguaje.
Que sacude, destruye y desborda
Que juega a catapis con los ojos y las vísceras
Del hombre y su linaje.

VI.

No creemos en sujetos o en líderes
no remplazamos dioses con otros
la poesía es nuestra Vid
nuestro ultimo refugio.

VII.

Dejad que las PUTAS vengan a mí.

VIII.

Creemos en el devenir,
que actúa con fuerza en Latinoamérica.
Nosotros…innombrables…
devenimos sátiros, devenimos truenos,
Devenimos alcohólicos, devenimos cuervos.
De esos que un día te sacan los ojos
y te asfixian con sus letras, sus alas
Su verdad.

IX.

No tenemos patria,
no adoramos territorios.
Nos desterritorializamos,
somos exiliados,
extranjeros y navegantes perdidos
en esta construcción del lenguaje,
llamada realidad.

X.

Preferimos subir el monte de Venus que el Sinaí.
Encontramos mayor grandeza en Eros y el deseo
Que en jehová y su arlequín.

XI.

Preferimos pescar significantes,
en el abismo del octavo circulo infernal.
Donde encontremos, aquello innombrable,
aquello que no se puede nombrar.

XII.

Hemos dejado nuestros nombres
perdidos en medio de la bruma urbana
de un fuego que ya se extinguió.
Llevamos nuestros delirios a las letras,
nuestras pasiones a la unión incestuosa
del bolígrafo y el papel.

XIV.

Creamos explosiones,
que sacudan monumentos.
Pues no seguimos templos,
no seguimos refinamientos.

XV.

Estamos ciegos ante la estupidez
y el absurdo del sentido común.
Preferimos percibir el caos,
limpio, múltiple y su oscura luz.

XVI.

¡Paz en su tumba!
Se agitan los gallinazos
¡paz en su tumba!
Celebran los gusanos
¡paz en su tumba!
¡Requiem Stupiditas!
¡Por siempre! ¡Amén!



Daniel Acevedo- Colombia

viernes, 25 de enero de 2013

Salomé

Modest Alexandrovich Durnov - Salome
Como sea, las cosas siempre tienen que empezar por algún lugar, a veces por el final, otras veces por lo interminable. Pero con ella las cosas fueron diferentes. Con ella las cosas empezaron por el final y lo interminable. Acontecieron como al caer la lluvia, pero sin aviso y con rostro de diluvio.
Las primeras, y necesariamente las últimas veces que la vi,  yo tenía ocho o nueve años, y como sucede con la infancia, yo hablaba poco, pero tenía el talento exacerbado de un niño tímido. Así que la vida se me iba extrañamente en soñar con mis pequeños ojos apantallados.  Soñaba, sí, y mucho, padecía de esa fascinante y no comprendida picnolepsia de la que habla Paul Virilio en su Estética de la ausencia. De modo que la continuidad del tiempo se detenía en algún punto y replegándose en mi pequeño desvarío se soldaba sin dejar huella de distracción. Soñaba y eso significaba que me ausentaba del mundo y el mundo se ausentaba de mí. Verdaderamente la ausencia me poseía y era constantemente descrito como un niño mentiroso.  Después de varios lustros comprendí que mi fantasía y ausencia eran mecanismos de maquillaje, formas de resistir a la muerte y a la guerra. Más allá de lo que pueda describir una posible fenomenología de la consciencia interna infantil, lo que me sucedía fluía desde la ausencia, a menudo calificada por nosotros los adultos como retraimiento o como esa malicia infantil de negar las cosas, pasando por una terrible fantasía que ahora se me presenta como enteramente erótica y rechazando la sensación angustiante de la muerte inminente. Todo este extraño sentimiento entretejido de ausencia, fantasía y erotismo tuvo lugar la primera vez que la vi. No fue un azar. Era un destino que llevaba en mi cuerpo. Por alguna razón que aún no logro recordar o que no puedo recordar porque no podía comprender, siempre sentía una insólita curiosidad que hacía explotar mi cuerpo. Desesperado, entonces, me sentaba casi todos los días entre las cinco y seis de la tarde en una pequeña banca que quedaba a unos tres metros de la casa. Era una banca un poco adentrada en el jardín donde siempre había insectos. También recuerdo que por aquel tiempo abundaban las luciérnagas. Son inolvidables las luciérnagas y sus ritmos de luces que van de un lugar al otro como olas. Amaba las luciérnagas. Algunos años después, en mis primeras clases de astronomía escolar, cuando la profesora preguntó por un ser con energía propia, no dudé en citar a mis amigas las luciérnagas. Amaba a las luciérnagas más que al sol y a las estrellas. Me sentaba, entonces, cuando el sol caía y las luciérnagas empezaban a revoletear y a dejar un aroma fuerte seguido de sus destellos rítmicos. Para mí, observar la casa vecina se convertía en un asiduo ritual. Aquella casa siempre parecería envuelta en un velo de tranquilidad oscura. Era una casa enorme cubierta por cientos de flores: botones de oros, pensamientos, geranios, lilos, jazmines, rosas y jacintos. Tantos olores, tantos matices que, sumados a mi completa ignorancia sobre los habitantes de aquella casa, me hacían creer que allí vivían personas diferentes. Para ser más sincero, ni si quiera sabía si propiamente eran personas. La innumerable serie de colores y olores mezclados con la tranquilidad oscura de la tarde y el despuntar de las luciérnagas estimulaban mi imaginación infinitamente.
Pero una tarde fue diferente, sobrepasó mi imaginación. Las luciérnagas habían salido tímidamente y cada vez que brotaba un destello en el aire, una o dos personas salían de la casa vecina. Extraño comportamiento predictivo. El caso, de cualquier forma, lo recuerdo así: la noche anterior hubo un violento estremecimiento en la región, fuerzas militares, paramilitares y guerrilleros se combatían, después de dos días de enfrentamiento directo y crudo, las fuerzas paramilitares hicieron dispersar a los guerrilleros entre la población en pequeños grupos de tres o individualmente. Apaciguado el escenario de enfrentamiento el ejército evacuó la zona y los paramilitares desplegaron su cuerpo organizado para iniciar una empresa ardua de cacería de brujas renovando las técnicas inquisitorias y terroríficas con tecnología bélicas de última generación de infantería. Muchos vecinos comprometidos con las juntas de acciones comunales de las veredas sufrieron episodios psicóticos de paranoia y persecución. Fue entonces cuando en la casa vecina se reunieron algunas personas, los motivos de su reunión eran enteramente desconocidos para mí. Así fue como poco a poco la casa fue transformándose en un lugar misterioso de donde salían y llegaban personas. Aquella tarde, pues, cuando se acercaba el cuerpo de la noche, poco a poco, como una mazorca desgranada, salieron varias figuras en cortos intervalos, reconocí algunas personas, allí estaban el tendero y el vigilante de la escuela, también vi a quien más tarde sería mi profesora de astronomía escolar y directora de clases, una mujer hermosa que me hacía soñar. De este modo iban saliendo personas que reconocía o que nunca había visto. Era un flujo de cuerpos seguidos que guardaban los mismos gestos y vestidos. Parecía un flujo interminable, una insólita obra de teatro que representaba alguna monumental batalla medieval.
No pude resistirme a la curiosidad. Caminé rápida pero discretamente a la casa. El silencio se colgaba de todas los lugares, era como un gran rostro que se encarnaba en cada uno de las personas.  Y aunque el aire transportaba una sensación de confusión, finalmente pude encontrarla. Ahí estaba ella, muy cerca de un estanque que dejaba ver reflejos de luces provenientes de algunos velones. Veía su sombra y parte de sus pies que se mezclaban con la hierba que ya madura deja ver una pequeña flor blanca y salvaje. Permanecía callado, fundiéndome con las corrientes de aire y las luciérnagas en una cuidadosa y agonizante espera. A pocos metros, cerca del estanque, había un carnoso naranjo que desprendía un dulce olor y que producía una misteriosa música de prohibición. Entonces la vi, era mucho más alta que yo, llevaba el cabello tirado hacia un lado de la espalda y a veces caminaba un poco golpeándose con los bucles de viento que asfixiaban su cuerpo para luego liberarlo rápidamente. Así estuve todo el tiempo, intacto, con mis apantallados ojos y las luciérnagas que comenzaban a invadir todo el paisaje. Vi cómo sus pies penetraban en el interior del estanque y deslizaba sus piernas en el agua previniendo mojar el vestido. La noche era corta, tremendamente pequeña para cubrir donde su cuerpo había cedido a las caricias del agua. Estaba medio desnuda, y yo podía ver los colores ensombrecidos y aclarados por los destellos de las luciérnagas, veía o imaginaba sus muslos aliviados por la textura y temperatura del agua, los veía como una sombra con cuerpo. Ella me miraba detenidamente, y sus virginales senos se enredaban con el olor, los destellos y mi boca incapaz de pronunciar una palabra. Su cuerpo se sumergía y brotaba de la superficie del estanque, una y otra vez, entonces sus hermosas nalgas a punto de reventar de ira juvenil y pasional hacían su presentación. Ahí fue la primera vez que la vi, y en medio de una luz lunar me dijo su nombre, pero sólo recordé la imagen de su cuerpo.
Ese encuentro cambió completamente mi relación con el mundo. Nada más existía, y  las fuerzas tenebrosas que reformaban el mundo con armas e instrumentos mecánicos de corte industrial se fueron desvaneciendo y en su lugar fue creciendo una imagen seductora, una imagen de vida en medio de la muerte. Así fue cómo mi ritual de observancia ya no se limitaba a las últimas dos horas, tiempo en que la tarde se transforma en noche, en adelante viviría para imaginar y mirar. Una minúscula revolución inició. Del mundo se desplegaron corrientes inestimables, jarradas de misterio con sabor a piel, luminosidades que vertían bocaradas de tactos y de pliegues corporales. Todo adquirió la propiedad de su cuerpo y se alzaron vorágines de pecado que minaron mi mundo infantil. Los paseos que tanto acostumbraba dejaron de importarme, me ausenté de los partidos de pelota y pasaba jornadas interminables en el jardín y en mi cuarto, moradas íntimas para mi placer y mi imaginación. Todos estos cambios no tomaron más de tres o cuatro días. Cuatro días sin verla y ya sentía una dolorosa presión que aniquilaba mi corta vida que parecía escaparse por mis ojos. Entonces decidí buscarla en varias ocasiones.
La primera vez fue la mañana siguiente a la noche en que lloré más de tres horas. Aquella noche, vencido por el cansancio y mi prematura tristeza, soñé con sus labios  sabor naranja, sentía cómo esos labios se derretían en mí, los sentía en todo mi cuerpo, irrigándose una y otra vez. Al despertarme, toda esa sensación de sabor compartido me extasió, salté de mi cama, tomé un pequeño saco que había tejido mi abuela y mis botas envejecidas. Era una mañana hermosa, pintaba sonidos y formas naturales con mucha fuerza de vida. Fácilmente crucé el trayecto que me separaba de su casa. Estando allí, en el interior de la casa se escuchaban algunos sonidos que no parecían humanos, así que estiré mi cuerpo y espié a través de una de las ventanas. Al interior de la casa habían muchos objetos, algunos eran juguetes perfectamente conservados, otros servían a la decoración, especialmente habían unos voluminosos libros a punto de salir volando en partículas por el aire. Más al fondo, diagonal a la venta desde la que veía, se encontraba una hermosa pintura en la que había cientos de árboles de naranjo al rededor de una pequeña fuente donde yacía el cuerpo de una mujer. Borrosamente  vi la firma en la esquina inferior: Salomé. Inmediatamente recordé nuestro encuentro en el estanque. Ahora sabía un poco más sobre ella, y podía recordar su nombre en adelante. En  pocos segundos, un torrencial de agua bañó la mañana, mientras corría a casa veía en el suelo cientos de luciérnagas muertas, ahogadas por grupitos en pequeños charcos de agua. Al llegar a casa me pareció verla en el patio corriendo con la lluvia, corría desnuda y su nombre volvía una y otra vez.
La segunda vez que intenté verla nuevamente fue con mi madre. Yo no sabía exactamente qué pasaba, pero todo el mundo notaba que algo muy malo estaba a punto de suceder. Era inminente, una de las personas que habitaba aquella casa iba a morir. Después de tantos años aprendí a comprender esa atmósfera mutilada de la muerte. Todos lo sabían y lo esperaban resignadamente. Esa vez fue en plena noche, mi madre y yo nos dirigimos cuidadosamente hacia la casa vecina en medio de un fuerte viento que auguraba tormenta. Atravesar la puerta de aquella casa fue singularmente extraño, en mi interior yo estaba tremendamente agitado. Recordar aquel momento me ha hecho recordar un poema: “Y en el preciso instante de entrar en una casa, descubro que ya estaba antes de haber llegado”.  Un hombre pequeño y taciturno nos dio la bienvenida amablemente, mi madre subió al segundo piso y yo, por mi corta edad, debía quedarme esperando en la sala de visitas, solo y angustiado, con el corazón resbalando mientras aquel hombre de frente titánica y manos consumidas por el acero y la tierra me miraba extrañamente cuando  decidí  dar un tímido recorrido en busca de mi vibración misteriosa y placentera. Había una luz tenue que bañaba la estancia. Era una luz que excitaba mi imaginación, todo el tiempo soñaba con Salomé. Soñaba con besarla y tocarla, deseaba profundamente sentir el fresco y asfixiante placer de las formas y el cuerpo. Mi cuerpo era una gran glándula de curiosidad, morbo y ella. Unas cosquillitas recorrían rabiosamente mi deseo y mis ansias de pecado. Recorrí discretamente algunas habitaciones de la primera planta. Finalmente me pareció llegar a la habitación en que estaba la pintura que había visto el otro día. La delgadez de la luz me impedía ver con claridad la habitación, pero ahí estaba Salomé. Intenté hablarle pero su espalda ya estaba pegada contra mi rostro, luego fueron sus pequeños senos, sus piernas y su cabello que bajo la lívida luz parecía rojo. Mis manos temblaban, y yo no podía comprender ese placer. Fue la primera vez que tuve cuerpo. Atrás, la voz estentórea de mi madre formaba mi nombre, presa de la sensación de miedo y prohibición salí corriendo espantado, pero mis botas pesaban un poco más.
Pasaron dos días y aquel recuerdo se confundía con mi imaginación, pero en mi cuerpo estaba la prueba de verdad, en mi cuerpo regurgitaba un placer descubierto. Pero no fueron simples días congelados por el recuerdo, a cada uno de ellos les precedió sueños que ningún niño hubiese podido imaginar. Soñaba, ahora lo sé, el mismo sueño disfrazado una y otra vez. Las máscaras oníricas cambiaban, pero en ellas se encerraban el motivo de la repetición. Una repetición sorda y sombría, fabricada por esa voluntad de envolvimiento que disminuye el espacio geométrico y desaparece el cuerpo, ante la cual un destello de luz de la voluntad diurna se transforma en constelación y un simple sonido de lluvia en carnaval oceánico. Soñaba como ebrio. Pero no soñaba propiamente con ella, yo soñaba un sentimiento. Sin saber exactamente por qué las veces que vi y sentí a quien indudablemente para mí se llamaba Salomé dejaron conservadas en mi cuerpo sensaciones mezcladas con el placer, la desnudez, las luciérnagas, la lluvia y el misterio. Esas sensaciones circulaban en mi cuerpo. Al dormir, todas ellas afloraban y embriagan mis sueños. La repetición que fluía a través de mis sueños como una mancha erótica era la versión visceral y potente de tales mezclas. En mi historia personal, yo ya no era un niño, sino un poseído. Además de este sentimiento, en mis sueños se repetía un río rojo de cabellos envuelto en un cuerpo interminable, donde las manos se cruzaban con los senos, las piernas con la boca, la espalda con las nalgas....Tal vez esa imagen significaba la zona inexplorada que, a pesar de mi imaginación, representaba para mí Salomé y quizá su cabello rojo. A veces me enteraba de otros sucesos, pero nada significaban para mí, y si habían encontrado tres cuerpos degollados y empalados cerca de mi escuela, yo me distraía como intentando no ahogarme y profería mis oraciones en busca de Salomé, implorando un nuevo encuentro y esperando tácitamente que su cuerpo repleto de pliegues placenteros nos salvara de la muerte. Muy en el fondo mi deseo confabulaba contra la política paraestatal, yo soñaba con dos hermosas téticas que me prometían vida. Así lo sentía. Entonces imaginaba e imaginaba.
Pero un domingo en la tarde ocurrió algo que cambió completamente mi estado político de erotismo infantil. Una nueva oportunidad para verla se abrió en mi expectativa. Fulmíneo y efervescente, así me encontraba aquel día después de notar cuidadosamente cómo salía de la casa vecina una carrosa funeraria.  Finalmente, la muerte se cumplió como estaba prevista.  Un baño espeso, seco y silencioso cubrió la tarde. La carrosa se movía lentamente seguida de una pequeña multitud que acompañaba sus movimientos con los movimientos inerciales del cadáver de una mujer mayor, una enclenque anciana que tal vez había pasado el siglo de vida, según le escuché decir a mi madre. Toda mi familia estuvo en el funeral. Aunque tales acontecimientos despertaban en mí una sensación indescriptible de placer, aquel día deseaba asistir por una razón mucho mayor, deseaba ver nuevamente a Salomé, fundirme en sus cabellos y permanecer pegado a su espalda y hermosas nalgas que todo mi cuerpo deseaba poseer. Al llegar a la iglesia, situaron el ataúd en el transepto frente a una imagen que representaba la resurrección de la carne y la vida eterna. Mientras tanto yo giraba los ojos de un lugar a otro buscando a Salomé, a veces creía verla entre los señores y señoras más afligidas por la pérdida, otras veces me parecía verla junto algún jovencito que tocaba en disimulo sus pequeños pero fascinantes senos, pero cada vez que creía reconocerla desaparecía y la imagen se transformaba en cualquier otra persona, a veces creía verla y a cambio hallaba bajo mi mirada una vieja y una niña. Así anduve toda la ceremonia, mis padres, en repetidas ocasiones, hicieron serias advertencias de castigo si persistía en mi comportamiento. Finalmente me resigné a no verla aquella noche. La ceremonia continúo con su curso, al finalizar, concedieron unos últimos adioses al cadáver, pero bajo la estricta condición de acompañarlos con oraciones. Me extrañó ver algunas luciérnagas volando por la nave de la iglesia. De cualquier forma, para compensar un poco mi decepción, decidí ver aquel misterioso cuerpo carente de vida que yacía guardado en un mueble hermoso y modesto. Llegué rápidamente al ataúd mientras maquinalmente profería alguna oración, luego la irrigación de mis venas cesó, una sensación de abismo y vértigo llenó mi plexo solar, los pies se ahogaron en una materia fría y pegajosa, mis ojos no podían creer lo que veía, pero allí estaba Salomé, unos ochenta y cinco años más vieja, con sus hermosas téticas, su cabello rojo infernal y un espeluznante agujero nueve milímetros en su frente altiva de antigua mujer comunista.