El tiempo termina siendo polvo
Ante todo tu arte que ver imploro
Cada rasgo que emite mi carbón
Me hace sentir que de verdad soy quien soy
No alguien que teme de ser
Ni que se guarda por el qué dirán
Sino aquella mente que encontró su alma
Aquel cuerpo que liberó su espíritu de la carga
Un recuerdo sufragando en el olvido del que vivo
Porque sería ingenuo pensar que no es a lo que he venido
El tiempo termina siendo polvo
Cuando tu arte también es parte mi nido
Mi nido tu mundo tu mundo mi nido
“Te observé brevemente antes de irme
Dormías en nuestra cama de sábanas blancas enredada a tu almohada
Esbozabas una pequeña sonrisa
Seguro es porque te sientes tranquila
Tu cabello alborotado, muestra de la pasión que vivimos anoche
Tu cuerpo desnudo siendo tocado por la brisa que entra por la ventana
Tu libro en la mesita de luz, que dejaste a medio leer porque emocionada me contaste sobre tu futuro
Dulce mujer, jamás estuve tan cerca de tocar el cielo
Verte crecer y darle rienda suelta a tu anhelo
Ojalá me alcance la vida para decirte cuánto te admiro
Ojalá me alcance la vida para darte los besos que ayer no nos dimos”.
Nada se asemeja a ella,
porque fue nombrada como el mal
por buscar hacer el bien,
por despertar un corazón dormido,
por alzar su voz que yacía en el olvido.
Nada se asemeja a ella,
que creó las rosas naciendo de las espinas,
porque su lugar le fue arrebatado
por un mundo que creía en una sola salida.
Nada se asemeja a ella,
Adan,
desde tus tiempos nuestra condena.
Nada se asemeja a ella,
que caminó en la arena caliente,
sirvió de templo y de puente.
Nadie agradeció,
más siempre callada y risueña debió ser,
aunque sus sueños una y otra vez,
hayan sido devorados por la imagen de la “mala suerte”.
Nada se asemeja a ella,
estandarte de batallas,
porque madre es de la Tierra,
aunque los más poderosos nunca parezcan de esa pertenencia.
Nada se asemeja a ella,
porque es creadora de la palabra vida,
que su templo algún día elija serlo,
porque nos han bendecido y maldecido.
Nada se asemeja a ella,
porque renacer de las cenizas de alguien más
nunca fue para lo que ella había nacido.
Nada se asemeja a ella,
porque su lucha también es mi guerra,
porque cuanto más observo a mi alrededor
más me doy cuenta.
Nada se asemeja a ellas,
que por querer ser,
fueron entregadas al infierno,
y que su portavoz sea nombrado ángel caído
cuando en realidad fueron ellos los que corrompieron lo bendito.
Nada se asemeja a ellas,
porque fueron nombradas como el mal
por buscar hacer el bien,
por despertar un corazón dormido,
por alzar su voz que yacía en el olvido.
*Fiorella M. Pacheco nació en Uruguay el 2 de junio de 1994
en la ciudad de Montevideo. A sus 8 años comenzó a escribir cuentos cortos y al
día de hoy publica textos de su autoría. Actualmente encuentra escribiendo una
novela. Es terapeuta holística y bailarina.
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