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miércoles, 23 de septiembre de 2026

"El ritmo lo marcan las nubes" poemas de María Isabel Patiño


Desgracia
(Tomado del poemario “Penumbras – Canción de las Almas Perdidas”, ganador de la beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT, 2023)
 
Me das de beber de tu sal exorcizada
clavada en el abismo de mi memoria
de los anaqueles en el rostro quedo
un ángel con las alas estertóreas
anunciando la llegada
de otra inmunda soledad condenada a las soirée citadinas
entre faldas de seda y velos robustos de cizaña mujeriega
no me mires con tus ojos malintencionados
de un futuro tan esquivo al batir de alas de cuervo
sobre el cañón desnudo en tu lecho blanco
no soy quien prepare el banquete de las desgracias ajenas
para los comensales de placeres y murmullos en las paredes de bahareque cóncavo
no soy la estrella de la mañana que venera tu hoguera enamorada
no soy quien dice ser de la noche
una más con el vulgo aclamado entre las piernas
habitando la miseria de las calles azufradas


El ritmo lo marcan las nubes
(Tomado del poemario “Sodium En Las Estrellas”, ganador de la beca de creación Motivarte de la Gobernación de Santander, 2021)
 
 
La aldea tiembla
más profundo que de costumbre
ha llegado el séquito perlado
 
Todos, en posición circunspecta
no mirar atrás
premisa decisiva para un éxito de plástico
 
Marchando al ritmo de las nubes
el tambor firmemente
en los regazos de los que no partieron
en las miradas aromáticas de los vendedores ambulantes
“hay que llorar para sobrevivir” gritan extasiados
sus maneras son más exquisitas que nuestras suelas almidonadas
con la patria a sorbos sin apartar la mirada
de los hoyuelos en sus pechos rígidos
 
Estamos amotinados en el parque central
como una trinchera deliciosa para los sentidos generales
la guerra enseña a ser aprendiz de ofrenda consagrada
 
La guerra aprende a ser acuífera en los ojos resecos
 
Cuando por fin pisen suelo maldito
haremos reverencia a la inmundicia de sus pasos lustrosos
con pétalos de rosas sin tumbas
 
 
X purgatorium
(Tomado del poemario “Penumbras – Canción de las Almas Perdidas”, ganador de la beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT, 2023)
 
Las heridas siempre se llevan abiertas.
Expuestas en plaza pública,
al costado de la capilla,
por debajo del esternón descubierto
Al frente, en las montañas traicioneras,
en medio de los palacios abandonados
sucesión de lazos rotos como piedad de vías
desoladas.
 
Las cicatrices son las memorias de las ciudades ausentes
que yacen en el olvido de sus propios habitantes perdidos.
 
 
*María Isabel Patiño. Magíster en Educación (University of London), QTS en el Reino Unido, Magíster en Gestión de Diseño (UDI), Diseñadora Gráfica (UDI). Artista visual y plástica por pasión, escritora y poet(r)iza por vocación, docente universitaria e investigadora por acción, gestora cultural por re-acción. Su voz ha sido validada por el reconocimiento estatal y la crítica internacional. Es autora de la novela El Diluvio de las Luciérnagas, 2017 (Beca Bicentenario de la Gobernación de Santander) y de los poemarios Lejanía, 2020 (beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT), Sodium En Las Estrellas, 2021 (beca de creación Motivarte de la Gobernación de Santander), Penumbras – Canción de las Almas Perdidas, 2023 (beca de creación Bucaramanga Cree En Tu Talento del IMCT).  y del circuito literario Pasaporte a las Penumbras: El Oráculo de la Pitonisa y las Almas Perdidas (ganadora de la convocatoria Arte En Circulación 2026 del IMCT). En el ámbito global, su poemario Marejada alcanzó el Top 10 del VI Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador en Salamanca, España en 2019, consolidándose como una de las voces más singulares de su generación. Su labor literaria ha sido publicada en diferentes revistas locales, nacionales y en antologías poéticas. Así mismo, su trabajo plástico ha sido expuesto en diferentes salones regionales e internacionales de artes visuales. Su compromiso con el tejido social y la formación de audiencias se extiende al trabajo con fundaciones sin ánimo de lucro en proyectos concertados con Ministerio de Cultura y entidades gubernamentales de orden local. Directora creativa y artística del Festival Internacional de la Cultura en Santander – FICUS en sus primeras 5 versiones. Miembro fundador del Colectivo SIE7E en 2019, el primer espacio de mujeres poetas en Bucaramanga dedicado a transformar la intimidad del verso en una presencia pública y política contundente. Le encanta vestirse de negro en tierras calentanas.

martes, 22 de septiembre de 2026

"Galaxia" ilustraciones de Graciela Romero


Nombre: Galaxia 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 768 x 960  px
Año: 2023



Nombre: Espectro coronado 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 3072 x 3072  px
Año: 2026



Nombre: Umbral 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 2480 x 3508  px
Año: 2025



Nombre: Contacto 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 2048 x 2048 px
Año: 2025



Nombre: Refugios 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 1280 x 1280 px
Año: 2026

Nombre: Virgen de Regla 
Técnica: Ilustración digital 
Medidas: 2039 x 1378  px
Año: 2024




*Graciela Romero es una ilustradora cubana, graduada de Historia del Arte en 2022. Su trabajo explora, en parte, la representación de la figura femenina desde una perspectiva simbólica, abordando temas relacionados con la identidad, la espiritualidad, las emociones y la cultura. Ha participado en diversas exposiciones colectivas en distintas provincias de Cuba, consolidando una propuesta artística centrada en la exploración de lo femenino y sus múltiples dimensiones.

sábado, 19 de septiembre de 2026

"Adán y Eva" poemas de Sara Montaño Escobar

 
Adán y Eva
 
Asienta el canasto de manzanas en la calle.
En el regazo, lleva al hijo
que mama su pezón lleno de ácaros,
leche y sangre.
 
La manzana alimentó el deseo del hombre
y a ella se le reveló la soledad
de su cuerpo desnudo.
 
Se acostó con esperma izándose en su cérvix.
Quiso abrazarse al cuerpo del hombre.
Él dormía abrazado a su propio pecho.
Inmenso como los años que se contaban en la raíz
 blanquecina de su pelo.
Pequeña como las tetas que habían empezado 
a sobresalir de su torso.
Un día, despertó y se vio sola. 
Sola como el único árbol que había sembrado el hombre
en aquel paraíso prometido.
 
Sola como únicamente puede estar una madre.
Tomó a su hijo en sus brazos y le prometió
protegerlo del pecado original.
Desamor que irriga las entrañas de la tierra.
El hijo dormía soñando en ser como su padre.
El hombre pobló el mundo y se amparó en la protección
de una voz divina que días antes había inventado.
Ella tomó un canasto de manzanas que bajó del árbol
 y se propuso sobrevivir.
No cree en Dios.
 
Entiende que la biblia fue escrita por hombres.
 
En una iglesia  
 
Una anciana estira la mano al alacrán del hambre.
 Su cabeza se inclina hacia la grieta
poblada de marabunta que se alimenta
de los restos de un escarabajo.
Escucha el salmo que agita su espada
en el pecho de los pecadores.
 La vendedora de velas guarda una moneda
que muerde la estampa de una virgen que sobrevive
 en su bolsillo.
 
–Todos somos sobrevivientes–
recuerda la anciana
y diez centavos caen en sus pies, 
que, desde hace años, encontraron el camino 
                                                   en la miseria del otro.
Su estómago tiembla por el veneno del alacrán
                                      que ha alcanzado su garganta.
La eucaristía termina y la gente sale.
La pordiosera les estira la mano
–un faro que ilumina la unción de la cruz en su frente–.
 Cruz de ceniza que se evapora.
La anciana duerme.
El alacrán ha muerto
por el cuerpo diminuto de un mendrugo.
 
 
Masa escritural
 
Escribir con calma.
Escribir con la dulzura de las galletas.
Escribir con esperanza:
la masa que amoldamos a nuestros sueños.
Rezar porque estos instantes nos amparen
del miedo que se esconde
debajo de la cama.
Rezar porque la masa sea duradera.
Aún cuando la harina se termine.
Aún cuando intuimos que el dolor de espalda,
el dolor de la vida,
el dolor de la vulva
sea la levadura que incrementa la derrota.
Escribir para no olvidar estas enseñanzas,
que como pan quemado,
desechamos por amargura.
 
 
*Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general y magíster en literatura con mención en escritura creativa. Ha publicado varios poemarios. Ha obtenido el premio internacional Hellín dos patrimonios o más (Hellín, España, 2023), el segundo lugar en el concurso literario “Carlos Giménez” (Paracuellos de Jarama, España, 2021), premio de poesía de la Casa Editorial del Municipio de Cuenca (Cuenca, Ecuador, 2021). Ha obtenido el segundo lugar en el concurso de cuento organizado por el Sello Editorial Edgar Palacios (Quito, Ecuador, 2024), una mención de honor en el concurso “Voces que migran” (Quito, Ecuador, 2025).

viernes, 11 de septiembre de 2026

“Autodominio” poemas de Marta Ferreira

 
Autodominio
 
¿Dudar de qué?
¿Esperar de quién?
¡Nunca, jamás!
Hoy solo tengo la certeza
de que la vida que llevo
me rodea de amor,
nadie más me domina,
ni me encarcela en el dolor.
Actúo y reacciono a mi favor,
sé valorarme,
Soy dueña de mí misma
descarte las obligaciones ajenas
si me emborracho es por mi
voluntad. ¿Y qué?
Absorbo la pasión
disfruto del sueño y la ilusión
deseo hasta lo imposible
sin pedir permiso
a nadie.
 
 
Pura sintonía
 
Al despertar, doy gracias a Dios,
me despojo de lo que no me ha hecho bien,
despido la incertidumbre,
me sintonizo con la armonía,
inspiro alegría,
saludo al café recién hecho, exhalante,
fruto de la naturaleza.
 
En la mesa, el humo se exhibe
en ondas seductoras
saludándome también
mientras trazo los días por venir
en el sudor de la pequeña taza
y acaricio el destino
en la palma de mi mano
 
Me transporto al jardín
de la imaginación
donde florezco sonriente
me miro con grandeza
inmune a la ilusión.
 
 
Autora de mí misma
 
Hoy reconozco las señales que antes
ignoraba
revisito palabras que hieren
gestos que menosprecian
silencio que ahoga
y desmerece...
 
Hoy ya no acepto cadenas disfrazadas de cuidado
ni prisiones camufladas de amor
mi corazón pide libertad
y yo lo escucho
 
Me respeto
me elijo
me quiero entera
ante la vida que merezco vivir
 
No soy rehén de relaciones tóxicas
soy autora de mi propio destino
y camino con firmeza lejos
de lo que me apaga
hacia lo que me hace brillar.
 
 
*Marta Ferreira es miembro fundador y vitalicio de la Academia Cururupuense de Letras, miembro del Colectivo de Escritores Maranhenses. Galardonada con el Premio Mujer Evidencia 2025 (Ley 1204̷̷̷15 - Recife PE) y con el Premio CHIC’S SAINT LOUIS, otorgado por la revista Megy 2025. Autora de siete libros publicados. Coautora de varias antologías y revistas literarias. Es natural de Cururupá, profesora, especialista en lengua portuguesa y licenciada en Letras. Ve en la escritura la oportunidad de llegar a las personas y ayudarlas a ser mejores. 

jueves, 10 de septiembre de 2026

“Reflejo” relato de Verónica Ortiz Ortega

 
 
Un día desperté, me miré en el espejo más grande del departamento y percibí mi rostro muy similar al de mi madre, sentí miedo.
De repente observé mi reflejo y me sobrevino la idea de que de la noche a la mañana me habían salido múltiples arrugas en la cara. Empecé a mirar con obsesión cada poro, cada rasgo y detalle por medio de diferentes espejos, el del living, el del baño, pero especialmente utilizaba un espejo del tamaño de la palma de mi mano, lo podía tener cerca todo el tiempo, lo había heredado de mi abuela. Jamás conocí, pero por muchas razones, durante un largo tiempo, se convirtió en la persona más importante en mi vida.
 
En esos días de autotortura mental me subía a una silla y me miraba bajo las luces artificiales de las habitaciones, después iba al balcón me observaba un rato y luego subía a la terraza para obtener "la verdad", quería comprobar ante mis ojos; ahora sí, por medio de la luz real, la natural, si mi aspecto se había deteriorado de la noche a la mañana, o si tan solo era otra de mis distorsionadas ideas. No podía estar segura, pero lo que sí era cierto es que la angustia era constante.
 
De la noche a la mañana mi madre nos contó a mi hermano y a mí que había empezado a sentir un dolor de estómago sordo, profundo e insoportable, el cual aparentemente se había agudizado luego de ingerir una hamburguesa. Fueron pasando los días y ya no solo se trataba de un dolor de estómago, ahora le dolía una pierna, después la espalda, todas las articulaciones, hasta que un día empezó a toser sin parar. Todo su cuerpo sufría. Entonces
recordé que anteriormente había tenido un sueño donde nos encontrábamos en el estudio de casa, nos abrazábamos y sentía la tristeza de su cuerpo disolverse entre mis manos. Supe que pronto iba a morir y dejé de ver mi reflejo temporalmente, reconocí que no me encontraba en las adecuadas condiciones mentales para mirarme.
 
Recuerdo que las primeras fotografías que vi en mi vida fueron las de mi abuela paterna, una mujer que jamás vi sonriendo, pálida y ojerosa, con una solemne expresión que oscilaba entre ausencia y angustia. Yo solo era una niña pero a donde quiera que fuese me comparaban con ella, “eres idéntica a tu abuela”. No tendría más de 5 años cuando empecé a ver mi reflejo en la ventana y la buscaba a ella, la encontraba, le hablaba y también empañaba el vidrio dedicándole varias lágrimas. Sabía que había huido en medio de una guerra civil, la cual le había dejado un tic permanente en el ojo por escuchar los tiros en medio de la noche hacia cada republicano fusilado, su futuro prometido se accidentó en un avión y la dejó con el vestido de matrimonio colgado en una percha, finalmente conoció a mi abuelo, con quien jamás fue feliz, tuvo cuatro hijos “infelices” como los definió en su testamento y luego murió de cáncer.
 
Para ese entonces en el departamento de mi infancia existía un espejo que mi padre había heredado de mi abuela, era un espejo triple, me observaba seguido e imaginaba que mi yo estaba conformado por tres Verónicas, me bañaba y hablaba con ellas, lo mismo hacía cuando salía a jugar a la calle. Un día decidieron regalarlo y así fue como me quedé con un solo reflejo, con una sola imagen, la única Verónica que podía observar a través del espejo del baño.
 
Cuando mi mamá falleció tuve el pensamiento de que quizás ella y yo si teníamos algo similar en apariencia, dejé de preocuparme por esto y también pensé que probablemente algo compartía con mi abuela, solo que a ella con el paso del tiempo la había empezado a sentir cada vez más lejana y desconocida. Habían pasado varios meses y ya me había reconciliado con el hecho de mirarme en el espejo, un día lo hice detalladamente. Observé que allí nuevamente estaba yo, la única Verónica, solo que esta vez me vi diferente, distinta, de alguna manera más próxima, más real.
 

*Verónica Ortiz Ortega (1994) (Colombia, reside en Buenos Aires desde 2012). Psicóloga clínica graduada en la UBA, con un enfoque integrativo humanista-existencial y cognitivo-conductual. Ha desarrollado un camino paralelo artístico en la fotografía y en la escritura de poemas y relatos cortos.