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jueves, 9 de julio de 2026

"Caballo Sirena" obras de Marina Cucchisi


Nombre: Dame mg o me mato
Técnica: Técnica mixta
Medidas: 100x120cm
Año: 2025


Nombre: Caballo Sirena
Técnica: Técnica mixta
Medidas: 100x120
Año: 2026



Nombre: Gordi no pasas
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 60x80cm
Año: 2024


Nombre: Pandémica
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 60x80cm
Año: 2024


Nombre: Un ave que andaba por ahí
Técnica: Xilografía
Medidas: 50x70cm
Año: 2026


Nombre: Juntada de chicas
Técnica: Xilografía
Medidas: 60x80cm
Año: 2026


Nombre: Gaucho Power
Técnica: 60x80cm
Medidas: 60x80cm
Año: 2026



*Marina Cucchisi nació y vive en Mar del Plata, ciudad a la que se siente profundamente arraigada por su mar, su familia y sus amistades. Al finalizar la escuela secundaria comenzó a estudiar Psicología, pero, en un giro inesperado durante la pandemia, decidió inscribirse en la Escuela de Artes Visuales Martín Malharro. En 2026 obtuvo el título de profesora en Artes Visuales. Pinta desde que se animó a hacerlo. Su obra es marcadamente autorreferencial: se retrata una y otra vez, quizás como ella misma dice porque es de Leo. En ese proceso creativo mantiene una búsqueda constante de un lenguaje propio. En esa exploración descubrió que su trabajo se orienta hacia la fantasía, especialmente hacia universos más oscuros, donde aparece observada con desprecio, pero también hacia escenarios en los que baila en bosques imaginarios evocando la libertad. Su creación nace no de lo que ve, sino de lo que siente. El arte ocupa un lugar profundamente terapéutico en su vida. Las palabras suelen resultarle insuficientes y encuentra en la pintura, la talla y la escultura la manera de expresar aquello que no puede decir de otro modo. Durante el proceso creativo se entrega por completo al acto de crear: se vuelve ermitaña, obsesiva y completamente absorbida por la obra. Hace arte porque es su forma de respirar, y siente que vuelve a hacerlo plenamente cuando termina un cuadro. Por ello, considera que la colectividad artística es fundamental. El intercambio de ideas, las opiniones y el diálogo con otros artistas enriquecen su práctica. Ha participado en numerosos talleres, los cuales constituyen una parte esencial de su manera de trabajar. Su producción abarca diversas técnicas, entre ellas la xilografía, la pintura al óleo, la acuarela y el grafito. Cada una le permite explorar distintas formas de expresión, algunas más literales y otras más simbólicas, ampliando las posibilidades de su universo creativo.

miércoles, 8 de julio de 2026

"La corriente huérfana" poemas de María José Cáceres Ramírez


La corriente huérfana
 
Llevo un nombre que ya no me pertenece del todo.
 
La niña que fui ha muerto.
 
Sí, lo sé cada mañana, al mirarme aquí,
ante el mismo espejo, de la misma pared;
pero la boca tiene la misma sed, que no se sació.
 
Soy la suma de no-partes, el recuerdo de los días
que hice a un lado, lo que se fue y lo que vino.
 
Sigo en la marcha, en muda orfandad,
como un río que olvida haber nacido.
 
 
Me he vuelto la pausa del bosque
 
No es que me vaya.
No hay una distancia que mis pies deban recorrer,
ni un horizonte que me reclame en su línea de fuga.
Hace tiempo que dejé de pertenecer a los caminos.
 
Lo que sucede es más vasto, más antiguo:
el bosque ha decidido caminar a través de mí.
Viene con su paso de siglos.
Siento el avance de la madera en mi garganta,
el crujido de la hojarasca sustituyendo mis pensamientos.
 
Soy el mensaje que los árboles se envían cuando el viento calla.
Ese instante de vacío absoluto, cuando el aire se detiene
y la naturaleza aguanta el aliento.
 
No me he ido.
Simplemente, me he quedado en silencio
para que el bosque pueda pasar.
 
 
Tierra adentro
 
El día siempre llega con su prisa,
trae bocinas, el golpe de las puertas,
toda esa capa que flota sobre el mundo.
 
Pero cuando cierro los ojos, no pasa nada.
Sigue el zumbido, sigue la costumbre.
 
Y si me quedo quieta de verdad,
si no espero el fin del ruido,
sino que dejo que el ruido
se rinda ante la espera, algo cambia.
 
El silencio no es la ausencia
de lo que antes fue tan fuerte.
Es el hallazgo de lo que siempre estuvo:
el crujido leve de la tierra al respirar,
la queja suave del aire sobre la promesa vacía.
 
Y entiendo que la verdad nunca gritó,
solo esperó a que yo dejara de empujar
para que el musgo hiciera su sonido,
un sonido tan bajo, tan frágil,
que duele haber vivido tanto tiempo sin oírlo.
 
 
*María José Cáceres Ramírez (2003). Profesora de Ciencias Sociales, escritora y promotora cultural hondureña. Originaria de Lepaterique, Francisco Morazán. Fue galardonada con el primer lugar en el Certamen Nacional de Poesía de los XXXIV Juegos Florales de San Marcos, Ocotepeque, y en el Certamen Literario de Cuento Corto «Honduras Diversa». Asimismo, obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Ensayo «Voces Educativas» y una mención de honor en la categoría de cuento infantil del XV Premio Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil.
Parte de su producción poética ha sido publicada por la Revista Literaria Cardenal (México), la Revista y Editorial Liberoamérica (Paraguay), la Central American Literary Review / Revista Literaria Centroamericana (Nicaragua), la Revista Kametsa (Perú), el Fanzine Cámara Rota (México), la Revista Mal de Ojo (Chile) y la Revista Sabatina Día 7 del diario La Tribuna (Honduras), además de contar con espacios de difusión en el Minuto Cultural Sabatino de Radio América.

martes, 7 de julio de 2026

"Deudas" poemas de Arturo Hernández González


Deudas
«Nombres para despojos que la luz /
omite en sus paseos»
 
Eduardo Lizalde
 
Le debe uno al exilio
esta nostalgia de la máquina materna,
de su palabra
            atardecida y amorosa,
  de su rincón del alma donde llueve
  el corazón, en un lenguaje diferente,
 la intermitente perfección del mundo.
Le debe uno a la huida
         este dolor cuyo significado
         va del individuo al hombre.
Y a la culpa, a la vergüenza, al hastío
               le debe uno a veces el rostro que
desde el espejo se rompe si nos mira.
                        Me pregunto, ¿qué distancia
                   es síntoma de pensamiento herido?
La fama de Ulises es el regreso, no la travesía.
            Nuestra historia es también la tumba de Argos:
Todos regresamos tarde
al sí de las promesas de futuro
            que éramos cuando, oscuras células,
peregrinamos la ciencia vacía
            de nuestra catástrofe.
En alta noche, cuando menos duele el reflejo
            y la mitología abandonada
de nuestros personales dioses abolidos,
            nos derrota sí el silencio
de la profética flor de las ausencias.
Debe uno al éxodo fortuito,
            a la nómada traición de los adioses,
la prosa luminar y sin prestigio,
            —que sin embargo señala la victoria-
de seguir estando para volver un día,
            de no morir, como animales,
            ajenos al inocente abismo del lenguaje.


En retirada

«Il meurt; ceux qu'il aime meurent; les choses qui l'entourent meurent
(…) Mais le temps ne fait rien à l'affaire».
  
Jean Grenier
 
 
Escribo el tiempo
con los huesos de los pies,
con su soledad vagabunda y sucia
contrahecha de charcas y raíces.
Tan crucificado llevo
el misterio informulado del destino
que me duelen en la sombra
            los clavos, el óxido,
            el color implacable del olvido.
Pero al menos he aprendido, digo yo,
            a tragar el insulto de la suerte
con el ácido del agua que se cae
por entre las grietas del cielo arrodillado.
            El mundo es desde siempre
una sola cosa, infinita y pobre,
            abreviada bajo nombres rotos.
            Nadie está del otro lado.
Todo se sume en reflexiones, párpados
cerrados en cualquier parte del cuerpo,
espumas retorcidas por el sonámbulo
placer de pervivir un algo tras la nada.
                        A veces creo
que tan solo el amor nos justifica:
Yo he escuchado, por ejemplo,
            el metálico sonido de las ratas
en el subterráneo asombro de los días.
Y he pensado largamente el sueño,
la esperanza, la muerte circular de los relojes,
pero siempre me detengo
ante el abismo de luz enceguecida
que tiene por núcleo, en su centro,
el corazón.
 
Somos un vacío dentro de un vacío,
            sospechosamente libres
de entregarnos vida entre nosotros
con un beso, una caricia, una palabra.
            El tiempo es como un niño
que habla en sueños. Somos esa migaja
de lenguaje que alcanza la gravedad,
el juego de la masa y el volumen,
la inesperada vocación del habla.
            Los países de la medianoche
me duelen como huellas dejadas
sin compromiso. Recojo los pies,
la osamenta querida y maltratada,
para medir con el silencio de la carne
el número de días que me aguarda.
Apago la luz del universo
para volver a estar conmigo.


Epitafio
«Je suis cellui au cuer vestu de noir»
 
Charles de Orleans
 
Lo que escribo es apenas
blanca destrucción del infinito:
resurrección por y para la Caída,
                   nunca por el Paraíso;
un volver atrás como si no fuera imposible;
un querer estar después de aquí, no ser ahora.
 
Creo saber para qué sirve la lengua,
pero me sorprendo palpitando en palabras
ante el rostro que ha crecido en mis manos
            después de tanto confundir la tierra
                        con puñados de olvido.
 
Tengo flores
haciendo la Primavera
en la sombra de mis huesos.
Con este corazón tan pobre,
            tan lleno de codicias vanas,
de sueños lúgubres y amores malos,
            con nada más que este
            sacrificio de ser hombre,
primaveran los pesados metales del ego,
—ese andamiaje peligroso y oxidado—
sobre el que construye su casa ética
el ruido del relámpago en mi memoria.
 
Luminosamente destruido
el infinito juega a sacarme los ojos
            y yo no
puedo más que subir bajar
la escalera alfabética del tiempo.
 
A balbuceo como quien dice Adíos.
S de sonido, de soledad, de silencio,
            digo, como quien dice Epitafio.
 
 
*Arturo Hernández González. Poeta, traductor y docente colombiano. Especialista en pedagogía universitaria y Magíster en Literatura y Cultura. Su obra ha sido premiada e incorporada en publicaciones de importantes medios culturales y literarios, así como traducida al italiano, rumano, búlgaro, francés, inglés, griego, albanés y coreano. Es autor de obras como Olor a Muerte (2011; 2012), Breviario de lo incierto (2017; 2024), Presagios del insomnio (2025), Terca materia inexacta (2025) y Arquetipos del infinito (2026). Ha recibido el I Premio Literario Internacional Letras de Iberoamérica – Poesía (México, 2017), el IV Premio Nacional Plenilunio de Poesía ‘Leopoldo de Quevedo y Monroy’ (Colombia, 2023) y el IV Concurso poético ‘Cezarina Dos Santos Álvarez’ (Uruguay, 2023). Dirige desde hace más de una década la Revista internacional de cultura y artes Noche Laberinto y la Editorial Toska.

lunes, 6 de julio de 2026

"No estar todavía manca" poemas de Ana Valín

 

No estar todavía manca
 
Se apagó la luz de la buhardilla,
la buhardilla que hay en esos fondos
 de niña asustada.
Nunca te empeñaste en poner claraboyas
dentro de tu inmensa
oscuridad.
 
El iris soporta ahora el peso
de tus errores,
acrecentando la factura de la luz
y la insensatez de estas patas de gallo
con sonido incorporado,
de vejez.
 
Una estrella no llegaría a ser suficiente
para hacer chisporrotear la valentía.
Es imposible tejer un tapiz luminoso
con tan solo esa ranura de lúgrubre intensidad.
Simplemente puedo verte al trasluz
y con el paso de los años subiendo por tu espalda.
 
Te han trepado las madreselvas.
Te han atrapado las cegueras de esos sueños rotos.
Los añicos no merece la pena que los barras
con esa escoba tosca y marchita.
Pon la fe mejor en otras ilusiones renovadas.
Pon la fe en tu poesía.
 
¡Qué te salven los versos,
disolvente universal
contra todo pronóstico de fallo!
¡Qué te salven las estrofas
aún sin musicalizar!
Esa es tu suerte; no estar todavía manca.
 
 
La favorita
 
Nunca he sido tu favorita,
la favorita de nadie,
esa que se adapta con la franqueza
de saberse infiel, a las cosas comunes.
 
Nunca he sido más que esta vulgar poeta
que solo se concibe a sí misma
en la soledad de unos susurros
que siempre derivan en versos.
 
Y te quejarás porque no soy la perfecta hija,
ni la perfecta madre,
ni la perfecta ex-esposa,
ni la perfecta ex-ella misma.
 
Mas yo seguiré acrecentando este desvelo
que supone abrirme las rejas que tú me has impuesto
con esas exigencias inalcanzables
y siempre te diré lo mismo,
que mi secreto solo consiste en seguir... rebelándome.
 
 
Sutileza terminológica
 
Roto y corrompido son sinónimos para mí.
Los dos habitan en las mismas líneas,
de las mismas páginas,
del mismo diccionario.
 
A pesar de ello, hay una sutileza que distingue a ambos términos.
Rota está la cuerda nº3 de la guitarra
y la nº2 de la garganta.
Corrompido, en cambio, está el canto del sapo al borde del estanque
sin atreverse a tocar el agua
por si se vuelve ceniza.
 
Inútil y mancillado, por otro lado, me resultan antónimos.
Inútil es la rotonda en la que doy tantas vueltas de carrusel
como los ángeles intentando bajar del cielo para tomar un poco de sopa caliente.
Mancillado está ese gesto triste y elocuente
que me fabricaste durante años diciéndome siempre,
que toda la culpa de lo nuestro era mía.
 
En el tejado de mi casa verde
 no habitan aves capaces de querer quedarse,
capaces de poner huevos como las gallinas de corral.
¿Para qué pensar entonces en una descendencia
incapaz de cuidarse a sí misma,
incapaz de procurarse sola un poco de amor?
 
Mi pelo pronto estará gris y encanecido.
El temblor de mi estómago habrá desaparecido.
El sol en lo alto dejará de ser tibio para volverse frío
y este lápiz, casi sin punta, no querrá escribir ni un solo día más.
¡Hay tantas ganas de llorar en mí como rizos de horizonte haciendo nuevos mañanas!
 
 
*Ana Valín (Mirlo Blanco) nace en Lugo en 1980, Galicia. Desde niña está ligada a la escritura como elemento terapéutico, tras ser diagnosticada de TDHA y altas capacidades. Ana estudia primero periodistmo y posteriormente magisterio. Actualmente ejerce de maestra, compaginando su labor con las letras. En 2016 publica la novela surrealista El vals de las hormigas y en 2023 el poemario La muerte de Alicia (o el ocaso), un homenaje a las imperfecciones de la maternidad. Ese mismo año Ana recibe el segundo premio de poesía María Mariño. En 2025 surge En las latitudes de un miedo políglota,su segundo poemario, que hace alusión al dolor de separación tras su ruptura sentimental con el padre de sus hijos. En esta nueva propuesta se reivindican valores como la feminidad, la necesidad de la soledad como recurso de autodescubrimiento y el empoderamiento como mujer. 

sábado, 4 de julio de 2026

"No conocí el Orinoco" poemas de Oriana Martins

Invierno

Respiro lento
Como si de esa manera fuese a durarnos más
La cuota infinitesimal de gloria que aquí nos toca
No le dura a nadie
Tampoco a nosotros
Pero si nos empeñamos en creerlo
Casi parece cierto:
Que nos vamos a abrasar con la mirada para siempre
Que me vas a desnudar susurrando estupideces en francés para siempre
Que nos vamos a tener como refugio
Como cuevita y submundo
Como esperanza de unión por encima del Afuera que es todo gritos, engaños, lenguas filosas, ojos cansados y tristes.
Casi parece cierto y sólo lo parece
porque yo sigo respirando como me enseñaste
Despacito
Aún delante de esta lápida absurda
Con tu nombre bien escrito
Con esas flores de papel y lágrimas que te dejaron los niños
Con la montaña ennegrecida que es este instante larguísimo
Empujándome con fuerza, con inclemente fuerza, al abismo.
Respiro lento
Quién quita y así nos dura un poco menos
Lo insoportable que es asomarse a la idea
De que no vuelva a abrasarme tu mirada
De que no vuelva a reírse, jamás, nunca, mi cara.
Ya no reírse como mueca de músculos contraídos:
Reírse como con dicha, como con esperanza, como estando viva.
Estando viva sé que ya no.
Sé que ya nunca.
 
 
Faltas

Tengo una perra
Quién sabe cuántos gatos
Recuerdos opacos, confusos,
de la Colonia Tovar y de Chichiriviche
Pero sobre todo tengo miedo
De que el amor no te sea suficiente
De que el dinero no sea suficiente
Para comprarte los patines, la bici, las muñecas ojalá articuladas
Para pagarte un tratamiento de dientes
Estoy cansada, muerta de sueño en insomne
Y tengo miedo de nunca ser más plena que esto
Para que, cuando juguemos, yo pueda solo jugar
Y no estar llenando la nevera imaginariamente al mismo tiempo
O poniendo persianas
O llevándote a Disney y  a conocer a tus primos
Quiero dormir como tú duermes y no sobresaltarme
Por las deudas que se juntan
Por el amor que te tengo y que no sé si te alcance
Para perdonarme
Por heredarte antecedentes de cáncer y Alzheimer
Por tener que encerrarme a veces a llorar mudo en el baño
Por no tener para un colegio libre
Donde te entiendan y te dejen que aprendas a tu ritmo
sin rigidez excesiva, sin obligarte a hacer fichas
Tengo ganas de besarte la nariz y olerte el pelito
Sin que me duela la panza de imaginar lo que me va a salir arreglar el auto, las ruedas del auto, esas que necesitan aire casi a diario porque se desinflan
Qué parecidas a mi
A mí se me van los años, tus mejores años,
No jugando plenamente
Llenando la nevera imaginariamente
Y pidiéndote perdón un millón de veces
Por llorar en el baño
Y porque no haya nadie más que yo, que soy tan torpe, para llevarte a pasear y a corretear por los campos.
Porque no haya nadie más para ayudarte a dormir
Porque no haya nadie para sostenerme cuando me derrumbo.
Necesitas una mamá mejor que la que tienes.
Pero te juro que tienes la mejor que puedo.
 

No conocí el Orinoco

Habíamos sido silencio
silla vacía
pantalla azul, encendida
Nuevas aguas, fuentes famosas, castillos
Puentes de ensueño, hojas de otoño,
monedas fuertes, calles seguras
Espejismo. Sueños de no sé quién. De un vecino.
 
Habíamos sido desvelo
incertidumbre
aguacero
Habíamos hecho las paces con la injusticia
Agachamos la cabeza: "Qué tanto importa ser libre".
Claudicamos. Fingimos. Huimos.
Borramos cualquier rastro.
Copiamos acentos. Camuflamos el andar cadencioso de nuestro cuerpo. Cubrimos los poros, las canas, los miedos.
Amamos de lejos
Buscamos anclarnos, pero en el aire... es difícil.
Buscamos nuestros trocitos.
Para juntarnos
Para zurcirnos
Dijimos chao con la mano
Al horizonte, al terruño
Y años más tarde parece
Que todo aquello no existe más que en los sueños confusos
En los que vuelvo a una patria que ni murió ni me expulsa.


*Oriana Martins nació  en Caracas, Venezuela, en 1987. Motivada por la curiosidad de explorar nuevas culturas, emigró a Argentina al alcanzar la mayoría de edad y se radicó allí durante dos años; en los que combinó el trabajo en diversos oficios como hostelería y atención al cliente con su afición a viajar. De esta manera pudo conocer gran parte del país sudamericano. Después de este período regresa a su país natal y cursa estudios universitarios en Teatro. Debido a la crisis económica, política y social de Venezuela, decide emigrar nuevamente en el año 2017 para establecerse en España, la tierra de sus abuelos maternos. Allí ha sido madre, ha forjado lazos de amistad y familia, y se ha especializado en la enseñanza del yoga.