De los navegantes, el miedo;
De los errantes, el destino;
De los amantes, el puerto
y el ancla que sujeta el barco.
¿Quién me navegará?
¿Quién, al verse reflejado
en aguas silenciosas,
correrá el riesgo de amar un mar embravecido?
¡Sin permiso nadie me navega!
Soy yo quien trae las embarcaciones
para sentirlas entre mis corrientes.
En el ojo de la tormenta bailo,
mecida por los gritos de los desprevenidos
que prometieron ser más fuertes que yo, su mástil principal.
Aurora
Cuando llegues a la hora más silenciosa,
después de caminar por tus desiertos,
alcanzada, entonces, la montaña más alta,
tendrás tu encuentro inevitablemente esperado.
En lo alto te esperará la gran soledad,
llevando consigo un gran espejo
que reflejará tu imagen como el propio abismo.
Ya no tendrás la necesidad de crear nuevos ruidos,
pues todos los enigmas serán descifrados
por la clara y ardiente visión del mediodía.
Al ver tus caminos como portales hacia la eternidad,
recuerda que toda verdad necesita curvas
recorridas por un hilo que conduce al retorno de la misma.
Y, tras la travesía del animal al más allá del hombre,
se anuncia una nueva mañana. ¡He aquí el amanecer!
Soy mi propia primavera
Pies firmes en el suelo para recibir la energía vital
Tengo la edad de la Tierra, soy hogar y fortaleza
Que alberga el latido de la existencia.
¡Soy mi propia primavera!
De mis manos brotan flores y sus espinas,
ofrecidas a quien quiera acercarse
con el valor de sentir el perfume y, sabiamente,
esquivar la parte que puede herir.
Cada sentimiento es una rama enmarañada,
que se comunica con mis raíces, donde está mi corazón.
Resisto las inclemencias del tiempo, atravieso las estaciones, soporto el frío invierno
para florecer, al fin y al cabo, tras los ciclos cambiantes y complejos.
Respondo a muchos nombres: Rosa, loto, girasol, margarita,
lirio, gerbera... En todos sus colores y vibraciones.
La naturaleza me ha hecho poderosa y resistente,
capaz de florecer incluso en el suelo seco de mi sertón.
Pétalos caídos, aplastados por las manos insensibles que me arrancan,
esparcen hormigón gris para impedir mi crecimiento y brotación.
Olvidaron que albergo todos los elementos que componen la vida.
Y mientras haya tierra, agua y el calor del sol, siempre floreceré.
Traductora: Gabriela Lages Veloso
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