sábado, 29 de agosto de 2026
"Bosques y follaje tropicales " pinturas de Marina Comas
viernes, 28 de agosto de 2026
"La Furia que Me Devolvió el Nombre" Cuento Janneth Guarin Ayala
Estaba dentro de mi camioneta cuando empezó a agredirme.
En medio de la discusión, escuché una orden: bájese.
Era mi esposo quien me golpeaba para obligarme a bajar del carro.
Los golpes llegaron primero desde adentro, cerrados, urgentes, como si mi cuerpo fuera un obstáculo que había que sacar.
Yo no me bajé.
Entonces él descendió del vehículo. Desde la puerta del conductor, sosteniéndose del techo, comenzó a darme patadas. Una tras otra. El metal vibraba. Mi cuerpo recibía. Yo seguía ahí, atrapada, sin espacio para moverme, sin tiempo para pensar. No estaba discutiendo. Estaba sobreviviendo.
Al ver que no lograba sacarme, rodeó la camioneta. Abrió la puerta de mi lado y volvió a golpearme. Después me jaló del brazo con fuerza y mi cabeza se golpeó contra el carro. Ese sonido seco, brutal, todavía resuena en mi cuerpo.
Y entonces escuché el grito.
—¡Para! No le pegues a mi mamá.
No fue un ruego, sino un mandato desesperado que rompió la burbuja de la agresión. La voz de mi hijo. Al mismo tiempo, mi hijo menor lo golpeó por la espalda con una vara de madera. Una vez. Y otra. Y otra. No por rabia. Por protección.
Ese acto fue lo que detuvo la agresión. No porque el hombre entendiera. Sino porque un niño cruzó una línea que ningún niño debería cruzar jamás.
En ese instante algo se rompió definitivamente dentro de mí. No fue solo el dolor físico. Fue la comprensión brutal de que mi hijo había tenido que convertirse en adulto para defenderme. De que mi silencio lo había empujado a ocupar un lugar que no le correspondía. De que yo estaba enseñándole, sin querer, que la violencia era un idioma posible.
Ahí nació la furia. No como un grito. No como un ataque. Sino como una certeza clara, fría, irrevocable: esto no puede continuar ni un día más. No como la chispa que incendia, sino como la corriente subterránea que socava los cimientos.
No me fui al día siguiente. La furia tardó en volverse estrategia, pero se quedó un tiempo más, con el cuerpo adolorido y el alma en estado de alerta permanente. La casa se volvió un territorio extraño. Nada había cambiado afuera, pero yo ya no era la misma. Miraba a mis hijos distinto. Con una mezcla de amor feroz y culpa muda. Cada gesto cotidiano estaba atravesado por una pregunta que no me dejaba en paz: ¿cómo llegamos hasta aquí?
Durante años me habían dicho que la rabia era peligrosa. Que una mujer rabiosa es exagerada, conflictiva, inestable. Pero mi rabia no me destruyó. Me ordenó. Fue ella la que me impidió volver a justificar. La que no me dejó olvidar. La que se quedó despierta cuando el miedo quería convencerme de quedarme.
Empecé a escuchar mi cuerpo. El cansancio extremo. El nudo permanente en el estómago. La tensión que no se iba. Mi cuerpo no quería sanar para seguir igual. Quería salir. Ahí entendí algo que nadie me había enseñado: mi rabia no era solo mía. Era heredada. Venía de mi madre. De mi abuela. De tantas mujeres que se quedaron porque no había opción. Yo sí tenía una. Aunque me aterrara.
La migración no fue un sueño. Fue una huida. No una huida cobarde, sino necesaria. El acto más radical de amor que pude ofrecerles a mis hijos y a mí misma.
Me fui tiempo después, cuando pude. Cuando el cuerpo aguantó lo suficiente. Cuando la furia dejó de arder y se volvió dirección.
Irme fue perderlo todo: la identidad, la seguridad, la historia conocida. Pero quedarme era perderme yo. Y eso ya no estaba dispuesta a negociarlo.
El exilio no fue romántico. Fue silencioso. Solitario. Duro. Ahí no era esposa. No era víctima. No era nada reconocible. Pero en ese no-ser, algo empezó a nacer. La furia ya no gritaba. Se había convertido en una certeza: el silencio se había acabado. Ya no había herencia que proteger, solo una vida que reclamar.
jueves, 27 de agosto de 2026
"El último romántico" pinturas de Shanelli Barraza Solano
miércoles, 26 de agosto de 2026
"Después de la muerte, el amor" poemas de María Fernanda Morales
Después de la muerte, el amor
ese majestuoso lugar en el que puedo...
puedo ser el hada de tus versos de amor,
puedo darte besos de dulce sabor,
el sabor de la miel de mis labios y los tuyos.
la fórmula exacta de la realidad,
¿podrías creerme cuando te digo
que te quiero de verdad?
ataduras de mi lengua muerta de sed,
sed de incertidumbre, sed de tu amor,
quiero ser un pensamiento infinito a tu lado
dibujando nuestros nombres sobre el suelo.
dejaríamos ir nuestro aliento con las olas,
y nuestras sonrisas serían el estruendo
que ellas provocan.
solo no dejes que el viento arruine las hojas
de la inmensa historia que creamos
al permanecer juntos y amarnos sin lugar.
para poder expresar lo que mi corazón siente
y si aún no es suficiente,
te lo podría demostrar después de la muerte.
Al mundo que creó mi mente
La primera vez que vi tus ojos
Aquellos que brillaban
Como una llama ardiente
Que ilumina la noche oscura.
Al sentir la primera caricia
Que vino de ti, suave,
Delicada como el roce de la
Hoja que cae del árbol en otoño.
La primera vez que acariciaron los tuyos
En una sintonía perfecta y envolvente
Que podría repetir una y otra vez.
Creando juntos de la mano,
Por ti creo aún más
Que la vida es llevadera
Si existe el amor en ella.
En una tarde de verano,
Caí en picada de aquella flor,
La caída más lacerante la sentí,
En ese momento supe que
Mi vida había terminado.
Últimos segundos,
Vi evaporar mi
Último aliento,
Dejando detrás a mi creadora.
La humedad de la tierra
Suspiré y dije: “Gracias vida por todo”
Mientras aquella mujercita
Me colocaba detrás de su oreja.
*Originaria de Villahermosa, Tabasco, María Fernanda Morales Castañeda encuentra en el alma tropical y el intenso calor de su tierra una fuente inagotable de inspiración. Graduada en 2024 como Ingeniera en Mantenimiento Industrial, equilibra su perfil técnico con una pasión literaria que cultiva desde los quince años. Lo que comenzó como un pasatiempo se ha transformado en un universo poético subjetivo que abraza desde la naturaleza hasta la introspección emocional. Entre tazas de café frío, música y lecturas románticas, construye versos que fluyen con la versatilidad de sus vivencias. Bajo el seudónimo de Fer Fresita, comparte su sensibilidad y estética visual en redes sociales, consolidando su comunidad creativa a través de su cuenta de Instagram @fresitaentrelineas.
martes, 25 de agosto de 2026
"Molusco" obras de Marta Schneider
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