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martes, 3 de noviembre de 2026

"Finnestre dell’Anima" fotografías de Gabriela Mendes

 

Nombre: Finnestre dell’Anima
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 1438 x 2558
Año : 2023



 Nombre: Feirinha
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 3737 x 5606
Año: 2024



Nombre: A Menina e O Alzheimer
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 4000 x 6000
Año: 2024



Nombre: Mãe Cujos Filhos São Peixes
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 5194 x 3463
Año: 2024



Nombre: Ícaro del Vuelo Intrépido
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 2294 x 3841
Año: 2023



Nombre: Ao Que Vai Nascer
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 2856 x 4760
Año: 2023



Nombre: Falanges do Amanhecer
Técnica: Fotografía Documental
Medidas: 6000 x 4000
Año: 2024



*Gabriela Mendes es una artista brasileña de 20 años, enfocada en la fotografía documental con perspectiva social. Su trabajo explora los profundos contrastes del blanco y negro para retratar la vida cotidiana y las calles, capturando historias y realidades a través de su mirada. Apasionada por la fotografía, participa en diversos concursos y exposiciones, tanto regionales como internacionales, donde ha logrado destacarse en diferentes selecciones.

lunes, 2 de noviembre de 2026

“Amabilidad” cuento de Margarida Montejano

 

Mi madre aprendió de su madre, que aprendió de su abuela, que aprendió de su tatarabuela… que aprendió de la Madre Tierra.

Y, incluso antes de que yo aprendiera a hablar, mi madre ya se preocupaba por enseñarme a leer. A leer el día y la noche. A interpretar la lluvia y el viento. A admirar el sol, las flores y el mar. A pensar antes de hablar y que, curiosamente, ¡el pensamiento y la palabra moraban en el corazón! Que la vida y la muerte iban de la mano. Yo solo escuchaba.

Decía ella con palabras llenas de cariño que la vida se construye poco a poco, con los trocitos de tiempo y de palabras que dedicamos a las plantas, a los animales, a las personas y… — añadía lentamente — “a los niños pequeños”. Insistía en decir que nosotros, al emplear el tiempo y las palabras, tejemos la forma de nuestra muerte.

Yo no entendía nada, pero me parecía todo muy bonito. En el sonido melodioso de las palabras, todo, según ella, en un momento dado de la vida formaría un gran rompecabezas incompleto. ¡Sí! Insistía en decir que faltaba, entre las cosas, los animales, las flores, las personas y las palabras, mi pedacito, mi parte.

La observaba durante horas en las tareas del día y, cuando se cansaba, se echaba agua en la cara y lanzaba la mirada al infinito, deshilachando, en el rosario invisible entre los dedos, el “Salve Regina” que rezaba. Ella, en voz baja, le pedía a Dios, con delicadeza, que protegiera la palabra. El pensamiento, la boca y el corazón.

Yo no entendía qué palabra le pedía a Dios que protegiera. Curiosa, quería saberlo. Un día, uno de esos días comunes que pueblan nuestros recuerdos, la sorprendí susurrando al oído de mi padre. Me esforcé por escuchar y, con mucho esfuerzo, descubrí, en el susurro y la complicidad entre ambos, la palabra cantada que entonaba gentileza.

Ella le decía: “¡Sé amable! ¡Piénsalo bien! Cuida tus pensamientos y tus palabras. ¡Ambos residen en el corazón! ¡Ten cuidado al hablar! ¡La palabra vuelve a quien la profana!” Tras una breve pausa, continuaba: “Las palabras no están hechas para herir a nadie. Son ondas sonoras a través de las cuales los sentimientos, buenos y malos, van y vienen. ¡Cuidado!”.

Amabilidad… Esa era la PALABRA, y la vida de las mujeres, los indígenas, los animales y los bosques, ¡importa!


*Margarida Montejano vive en Paulínia (São Paulo, Brasil). Doctora en Educación por la Unicamp, funcionaria municipal de Campinas y coordinadora del proyecto Bem-Me-Quero, dedicado al empoderamiento femenino. Es poeta y escritora feminista. Autora de los libros Fio de Prata — cuentos, Editorial Siano, 2023 —; Chão Ancestral — poesía, Editorial TAUP, 2024 —; A Poeta e a Flor y A Poeta e a Sabiá — literatura infantil y juvenil, Editorial Siano, 2024 —; y O Silêncio da Loba, Editorial Tal, 2025. Participa en los colectivos Feminário Conexões, Enluaradas, Escreva, Garota; Elas Publicam y en el sello Poetrix, entre otros.

viernes, 30 de octubre de 2026

"Cara a la pared" fotografías de Mila Mullor

Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 


Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 

Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 

Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 

Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 

Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 

Nombre: Cara a la pared
Técnica: Fotografía
Medidas:  25*25 cm
Año de creación: 2022 y 2025 



*Mila Mullor -1OOOA- (Almería). Fotógrafa cuya mirada se  centra en los detalles y la abstracción geométrica. Formada en centros de referencia como el Centro Andaluz de la Fotografía y miembro activo del Colectivo Desencuadre, su trabajo explora la "estética de lo inadvertido". A través de su lente, los elementos arquitectónicos y urbanos pierden su función original para transformarse en lienzos de texturas, color y luz. Su obra ha sido reconocida en certámenes nacionales e internacionales, destacando su participación en el Festival Internacional Amalgama (México) y en el Premio Internacional de Fotografía PHoTO23, organizado por  The Collector”s Club Art Gallery (Ecuador). Ha participado en numerosas exposiciones nacionales e internacionales. En proyectos como “Cara a la pared”, Mila invita al espectador a detenerse ante la piel de la ciudad encontrando en el fragmento y el detalle, una nueva forma de narrativa visual.

jueves, 29 de octubre de 2026

“Tanto me has dado y tanto me quitas” poemas de Luz Stella Salazar López

 

Tanto me has dado y tanto me quitas
 
Gracias por el abrazo infinito que me niega tu frío.
Gracias por el beso sentido que se quedó en el olvido.
Gracias por las caricias perdidas, en un rincón escondidas.
Gracias por la magia extraviada que anida en tu mirada.
Gracias por la brasa encendida que apagas día a día.
Gracias por entregarme lo que yace en tu guarida.
Gracias por las mañanas heridas y las tardes vacías.
Gracias por las noches heladas y los amaneceres en agonía.
Gracias por estar, aunque no estás.
Gracias por resistirte a un nuevo despertar.
Gracias por lo que me quitas y por lo que me das.
Gracias por el engaño que sepultó a la lealtad.
Gracias por la mentira y por la verdad.
Gracias por enseñarme que, al amor, el orgullo lo puede derribar.
Gracias por las lecciones aprendidas y los fugaces momentos de eternidad.
 
 
Nostalgia y esperanza
 
Aunque ya tu alma no vibre con la mía y las rosas rojas se hayan marchitado.
Aunque el árbol recio se encuentre deshojado y sus frutos hayan madurado.
Aunque ya tu cuerpo no se estremezca con el mío y algunos sueños se hayan esfumado.
Aunque la llama en ti se haya apagado, quedan raíces profundas y recuerdos anclados.
Tronco elevado y ramas generosas que apuntan prestas hacia el olvido.
Eres flor que renace cada día. Que renueva sus colores, sus pétalos y sus espinas.
Eres flor que reluce fuerte y bella, bajo el Sol, y entre las estrellas.
 
 
Frío en mis entrañas
 
El frío de tu ausencia en mi cama, en mis poros y en mi almohada.
En mi centro y en mi alma.
Caricias que se quedan suspendidas en el aire y en el tiempo.
Que no vuelven a encenderme y ni siquiera a rozarme.
Besos que brotan hacia tus labios y no encuentran dónde anclarse.
Recuerdos que se clavan como espadas en la esperanza desahuciada.
Lágrimas enrojecidas que se secan al caer en el abismo desoladas.
¡Hielo que resquebraja a paso firme el corazón!
Y a ti ni te inmuta ni te toca. Ni te conmueve ni te empaña.
Y a mí me hiere y me desgarra… ¡Me consume y me devora las entrañas!
 
 
*Luz Stella Salazar López (Cali, Colombia, 14 de enero de 1970) es una comunicadora social-periodista, técnica laboral en Música y artista polifacética que se desenvuelve como cantautora, poeta, escritora, performer, declamadora, modelo y emprendedora cultural. Desde 2019 lidera su plataforma y marca registrada Pluma, verso y canción®, bajo la cual ha desarrollado una destacada producción literaria y musical que incluye el poemario Cambios, renacimiento y música de alas (2024), el EP Buenos vientos (2025) y diversas colaboraciones en antologías poéticas de Colombia, Ecuador, España y Chile. Asimismo, impulsa iniciativas digitales y culturales como su blog en WordPress (2015), el podcast Pluma Luz (2023), la serie de lives Voces, luz y poesía (2024), la propuesta poética colaborativa Diálogos con Luz (2019) y el encuentro multidisciplinario Momentos de Pluma, verso y canción® (2025). Su visión artística proyecta la creación de espectáculos interdisciplinarios en formatos presenciales y virtuales a nivel local e internacional, sustentada en una filosofía de vida orientada por la resiliencia, el arte y la consecución de los sueños.

miércoles, 28 de octubre de 2026

“Nosotras, las que abrimos la boca” ensayo de Francis Ferris Duart


Recuerdo cuando, de niña, mi madre cerró la boca. Abrirla habría sido un récord, pero también una herejía contra el mundo que construyó junto a mi padre; el mismo mundo que heredó de mi abuelo. Un mundo que hoy alimenta a mi hermano y a mí.

A veces imagino cómo habrían sido las cosas si su boca se hubiera abierto. Tal vez mi estómago no se cerraría ante el hambre que constriñe mi carne.

Imagino a mi madre dejando salir un chorro de enojo. Ese enojo que nos enseñaron a ocultar desde la vergüenza.

El enojo que afirma la vida.
El que delimita.
El que establece fronteras.
El que crea espacios donde solo entran quienes son bienvenidos.

Espacios donde la soledad es elegida para ser una misma. Donde una puede moverse a su propio ritmo: orgánico, profundo e imperecedero.

Pero el enojo —nos dijeron— era cosa de hombres. Una emoción reservada al varón.

A las mujeres nos negaron la palabra. Nos cerraron la boca. O, mejor dicho, nos cerraron las bocas.

Todavía hoy nos quieren dóciles. Dulces. Serenas.
Con voz de niña y gestos contenidos. Con movimientos pequeños que ocupen poco espacio en el mundo.

A las mujeres no se nos permite molestar. Ni incomodar. Ni opinar demasiado.

Se espera de nosotras que seamos las grandes cuidadoras de la humanidad: por amor a los hijos, por amor a la pareja, por amor a los padres.

El sacrificio está permitido. El sistema lo necesita para la supervivencia.

Por eso mi madre cerró la boca. Abrirla habría sido un atentado contra el orden heredado. Y, al cerrar la suya, me enseñó a cerrar la mía.

Así, la maldición de mi linaje se perpetúa: una serpiente se enrosca en mi cuello. Succiona palabras, gestos, sabores. Todo aquello que me llena de libertad.

Desciende a mi profundidad y siembra esterilidad, porque solo se nos permite una forma de ser mujer.

Me soborna con un fruto aparentemente apetitoso. Pero, al morderlo, descubro la podredumbre.

La podredumbre se revela cuando la jaula heredada te empuja al lugar de víctima y tú te niegas a ocuparlo. Entonces las puertas se cierran y, de pronto, ya no recuerdas el camino de regreso al paraíso.

Ese paraíso que dice saberlo todo. El que escribió un decálogo de principios y valores que muchos incumplen, pero que todos exigen.

Ahora, en tierra yerma, aunque el frío muerde la piel, levanto mi propio paraíso.

Un paraíso que no es solo mío: es de todas las mujeres que buscan —como yo— una habitación propia. Un espacio donde existir no implique sacrificar ni exiliar al ser.

Una comunidad donde ser mujer signifique abrir la cremallera que selló nuestra voz. Donde las voces vuelvan a ser fértiles y germinen en palabras. Palabras que —como madre nutricia— caben en un único aliento.

El hambre deja de ser el grito de nuestra carne ante el silencio impuesto. Comer deja de ser un voto de obediencia: se convierte en un acto de afirmación, un gesto que devuelve soberanía a nuestro cuerpo.

Abro mi boca y elijo la plenitud. Dejamos de flirtear con la nada. Nuestros cuerpos dejan de ser sacrificio.

Sujetas con identidad propia, habitamos el espacio desde el vínculo y la presencia. Con mi boca abierta sano lo que mis ancestras no pudieron: la fuerza del enojo como acto de autoafirmación.

El enojo que nos devuelve a la carne es el fuego de la voz que dice:
Este es mi cuerpo. Esta soy yo. Aquí están mis fronteras. Yo decido.

El enojo nos devuelve la palabra y el territorio. En el pecho, cuerpo y alma resuenan como un tambor. El no renace en la intimidad del pecho, atraviesa el tiempo y se convierte en semilla.

Una semilla que germina en todas las mujeres que antepusieron las vidas ajenas a la propia.

Recupero la memoria de mi linaje. La memoria de aquellas mujeres que se tragaron sus palabras para no ser expulsadas del mundo.

Ya no somos mártires. Somos mujeres plenas. Mujeres con marcas. Y nuestras marcas —por fin— son perfectas.

 

*Francis Ferris Duart es abogada, escritora y practicante del linaje de la Tigresa Blanca. Su obra transita entre el ensayo y la narrativa poética, explorando la memoria del cuerpo y los silencios heredados que atraviesan a las mujeres. En su escritura, el lenguaje se vuelve un acto de recuperación y resistencia: un espacio donde la fuerza femenina se encarna y el enojo como potencen su versión originaria es potencia transformadora. Sus textos iluminan genealogías invisibles y buscan devolver al cuerpo una soberanía negada durante generaciones.