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sábado, 29 de agosto de 2026

"Bosques y follaje tropicales " pinturas de Marina Comas

Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026


Nombre: Bosques y follaje tropicales 
Técnica: marcadores sobre papel
Medidas: A3
Año: 2025 - 2026

 



*Marina Comas es artista plástica con una trayectoria vinculada a la pintura y a la formación académica en artes visuales. Entre 1981 y 1984 realizó estudios de pintura en el taller de la artista Básica Kuperman. En 1986 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y posteriormente cursó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, donde profundizó su formación artística. En el área de extensión cultural en pintura, continuó su preparación con reconocidos maestros, entre ellos Pablo Renzi, en 1987, y Jorge Dermijian, en 1988. Su trayectoria artística se ha desarrollado también a través de diversas muestras individuales en espacios culturales y galerías de arte. Entre ellas se destacan Ángelus, presentada en una galería de arte en 1988; exposiciones realizadas en 1989 y 1991 en galerías y espacios de arte; así como muestras en el Centro Cultural San Martín (1993) y el Centro Cultural Recoleta (1996). En 2026 continúa vinculada a la actividad artística y presenta su obra en el Centro Cultural Resurgimiento, reafirmando una trayectoria construida a lo largo de varias décadas de dedicación a la pintura y a las artes visuales.

viernes, 28 de agosto de 2026

"La Furia que Me Devolvió el Nombre" Cuento Janneth Guarin Ayala


Estaba dentro de mi camioneta cuando empezó a agredirme.

En medio de la discusión, escuché una orden: bájese.

Era mi esposo quien me golpeaba para obligarme a bajar del carro.

Los golpes llegaron primero desde adentro, cerrados, urgentes, como si mi cuerpo fuera un obstáculo que había que sacar.

Yo no me bajé.

Entonces él descendió del vehículo. Desde la puerta del conductor, sosteniéndose del techo, comenzó a darme patadas. Una tras otra. El metal vibraba. Mi cuerpo recibía. Yo seguía ahí, atrapada, sin espacio para moverme, sin tiempo para pensar. No estaba discutiendo. Estaba sobreviviendo.

Al ver que no lograba sacarme, rodeó la camioneta. Abrió la puerta de mi lado y volvió a golpearme. Después me jaló del brazo con fuerza y mi cabeza se golpeó contra el carro. Ese sonido seco, brutal, todavía resuena en mi cuerpo.

Y entonces escuché el grito.

—¡Para! No le pegues a mi mamá.

No fue un ruego, sino un mandato desesperado que rompió la burbuja de la agresión. La voz de mi hijo. Al mismo tiempo, mi hijo menor lo golpeó por la espalda con una vara de madera. Una vez. Y otra. Y otra. No por rabia. Por protección.

Ese acto fue lo que detuvo la agresión. No porque el hombre entendiera. Sino porque un niño cruzó una línea que ningún niño debería cruzar jamás.

En ese instante algo se rompió definitivamente dentro de mí. No fue solo el dolor físico. Fue la comprensión brutal de que mi hijo había tenido que convertirse en adulto para defenderme. De que mi silencio lo había empujado a ocupar un lugar que no le correspondía. De que yo estaba enseñándole, sin querer, que la violencia era un idioma posible.

Ahí nació la furia. No como un grito. No como un ataque. Sino como una certeza clara, fría, irrevocable: esto no puede continuar ni un día más. No como la chispa que incendia, sino como la corriente subterránea que socava los cimientos.

No me fui al día siguiente. La furia tardó en volverse estrategia, pero se quedó un tiempo más, con el cuerpo adolorido y el alma en estado de alerta permanente. La casa se volvió un territorio extraño. Nada había cambiado afuera, pero yo ya no era la misma. Miraba a mis hijos distinto. Con una mezcla de amor feroz y culpa muda. Cada gesto cotidiano estaba atravesado por una pregunta que no me dejaba en paz: ¿cómo llegamos hasta aquí?

Durante años me habían dicho que la rabia era peligrosa. Que una mujer rabiosa es exagerada, conflictiva, inestable. Pero mi rabia no me destruyó. Me ordenó. Fue ella la que me impidió volver a justificar. La que no me dejó olvidar. La que se quedó despierta cuando el miedo quería convencerme de quedarme.

Empecé a escuchar mi cuerpo. El cansancio extremo. El nudo permanente en el estómago. La tensión que no se iba. Mi cuerpo no quería sanar para seguir igual. Quería salir. Ahí entendí algo que nadie me había enseñado: mi rabia no era solo mía. Era heredada. Venía de mi madre. De mi abuela. De tantas mujeres que se quedaron porque no había opción. Yo sí tenía una. Aunque me aterrara.

La migración no fue un sueño. Fue una huida. No una huida cobarde, sino necesaria. El acto más radical de amor que pude ofrecerles a mis hijos y a mí misma.

Me fui tiempo después, cuando pude. Cuando el cuerpo aguantó lo suficiente. Cuando la furia dejó de arder y se volvió dirección.

Irme fue perderlo todo: la identidad, la seguridad, la historia conocida. Pero quedarme era perderme yo. Y eso ya no estaba dispuesta a negociarlo.

El exilio no fue romántico. Fue silencioso. Solitario. Duro. Ahí no era esposa. No era víctima. No era nada reconocible. Pero en ese no-ser, algo empezó a nacer. La furia ya no gritaba. Se había convertido en una certeza: el silencio se había acabado. Ya no había herencia que proteger, solo una vida que reclamar.


*Janneth Guarin Ayala escribe desde el cuerpo y la experiencia del exilio y la reinvención. Su narrativa cuestiona las estructuras del silencio y el mandato de la violencia. Seleccionada en antologías de narrativa hispanoamericana por la Editorial Tres Gatas, su trabajo busca transformar la historia personal en una herramienta de claridad estratégica para otras mujeres. Es, ante todo, una arquitecta de su propia historia.

jueves, 27 de agosto de 2026

"El último romántico" pinturas de Shanelli Barraza Solano


Nombre: El último romántico
Técnica: Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 40 cm x50 cm
Año: 2025
 


Nombre: Cuando ví a la sombra como hermana de la luz.
Técnica: Pintura acrílica sobre papel acuarela
Medidas: 30 cm x 40 cm
Año: 2026



Nombre: Enamorado de una desconocida .
Técnica: Pintura acrílica sobre papel acuarela
Medidas: 30cm x 40 cm
Año: 2026



Nombre: El día que la muerte llegó.
Técnica: Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 30 cm x 40 cm
Año: 2025



Nombre: El rojo más puro.
Técnica: Pintura acrílicas sobre lienzo.
Medidas: 30 cmx 40 cm
Año: 2026



Nombre: Aprende a decir adiós ante la inmensidad del río .
Técnica: Pintura acrílicas sobre lienzo.
Medidas: 30 cmx 40 cm
Año: 2026


Nombre: Conmigo mismo
Técnica: Pintura acrílica sobre lienzo
Medidas: 40cm x 60cm
Año: 2025

*Estudiante de Artes Plásticas, docente y gestora cultural. Especializada en pintura, escultura y dibujo, con interés en la escritura creativa y la música. Mi obra plástica se enfoca en motivos surrealistas y estética primitiva. En constante búsqueda de nuevos conocimientos para enriquecer mi práctica artística, con especial interés en la experimentación, el trabajo colectivo y la difusión de conocimientos.

miércoles, 26 de agosto de 2026

"Después de la muerte, el amor" poemas de María Fernanda Morales


Después de la muerte, el amor
 
Cada día sospecho más de mí mente,
ese majestuoso lugar en el que puedo...
puedo ser el hada de tus versos de amor,
puedo darte besos de dulce sabor,
el sabor de la miel de mis labios y los tuyos.
 
Cada día puedo imaginar lo que puede ser
la fórmula exacta de la realidad,
¿podrías creerme cuando te digo
que te quiero de verdad?
 
El miedo comienza a gobernar las
ataduras de mi lengua muerta de sed,
sed de incertidumbre, sed de tu amor,
quiero ser un pensamiento infinito a tu lado
dibujando nuestros nombres sobre el suelo.
 
El mar sería nuestro testigo eterno
dejaríamos ir nuestro aliento con las olas,
y nuestras sonrisas serían el estruendo
que ellas provocan.
 
Cada día comprendo menos nuestro andar,
solo no dejes que el viento arruine las hojas
de la inmensa historia que creamos
al permanecer juntos y amarnos sin lugar.
 
Ninguna medida de tiempo es suficiente
para poder expresar lo que mi corazón siente
y si aún no es suficiente,
te lo podría demostrar después de la muerte.
 
 
 
Nuestro Mundo
 
Quiero escapar de este mundo
Al mundo que creó mi mente
La primera vez que vi tus ojos
Aquellos que brillaban
Como una llama ardiente
Que ilumina la noche oscura.
 
El mundo que creó mi piel
Al sentir la primera caricia
Que vino de ti, suave,
Delicada como el roce de la
Hoja que cae del árbol en otoño.
 
El mundo que crearon mis labios
La primera vez que acariciaron los tuyos
En una sintonía perfecta y envolvente
Que podría repetir una y otra vez.
 
Que hermoso mundo estamos
Creando juntos de la mano,
Por ti creo aún más
Que la vida es llevadera
Si existe el amor en ella.
 
 
El Pétalo y La Flor
 
Siendo un sedoso pétalo de rosa
En una tarde de verano,
Caí en picada de aquella flor,
La caída más lacerante la sentí,
En ese momento supe que
Mi vida había terminado.
 
Vi transcurrir mis
Últimos segundos,
Vi evaporar mi
Último aliento,
Dejando detrás a mi creadora.
 
En el momento en que toqué
La humedad de la tierra
Suspiré y dije: “Gracias vida por todo”
Mientras aquella mujercita
Me colocaba detrás de su oreja.


*Originaria de Villahermosa, Tabasco, María Fernanda Morales Castañeda encuentra en el alma tropical y el intenso calor de su tierra una fuente inagotable de inspiración. Graduada en 2024 como Ingeniera en Mantenimiento Industrial, equilibra su perfil técnico con una pasión literaria que cultiva desde los quince años. Lo que comenzó como un pasatiempo se ha transformado en un universo poético subjetivo que abraza desde la naturaleza hasta la introspección emocional. Entre tazas de café frío, música y lecturas románticas, construye versos que fluyen con la versatilidad de sus vivencias. Bajo el seudónimo de Fer Fresita, comparte su sensibilidad y estética visual en redes sociales, consolidando su comunidad creativa a través de su cuenta de Instagram @fresitaentrelineas.
 

martes, 25 de agosto de 2026

"Molusco" obras de Marta Schneider

Nombre: Molusco
Técnica: tinta china y bolígrafo de gel
Medidas: 30×30cm
Año: 2025

 

Nombre: Cardume
Técnica: tinta china y bolígrafo de gel
Medidas: 39 × 30 cm
Año: 2024

Nombre: Touro
Técnica: tinta china y bolígrafo de gel
Medidas: A3
Año: 2024


Sereia Grávida 
Técnica: tinta china y bolígrafo de gel
Dimensiones: A3
Año: 2024

Nombre: Pinto
Técnica: tinta china y bolígrafo de gel
Medidas: A3
Año: 2024


Nombre: Vôo
Técnica: tinta china y bolígrafo de gel
Medidas: A3
Año: 2024


*Marta Schneider da Silva nació en 1958, en la ciudad de Porto Alegre, Brasil. Se dedica al dibujo, el collage y la escritura, disciplinas artísticas que se entrelazan en su trabajo. Su formación académica es en el área de Ciencias Farmacéuticas, profesión que ejerció hasta su jubilación. Desde 2016 se dedica a las artes. Participa en el Atelier Livre de la Alcaldía de Porto Alegre, Rio Grande do Sul, Brasil; pertenece a la comunidad Urban Sketchers y al grupo de collage CollagePoA. Para esta participación, ha seleccionado dibujos realizados durante los años 2024 y 2025.