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jueves, 2 de julio de 2026

“Las Flores de la Vida” cuento de Claudia Rivarelli


Giuliana era una joven artista plástica que se encontraba en la galería de los Uffizi en Florencia, Italia, frente al cuadro “La primavera” de Botticelli. Además, estaba por recibirse de profesora de historia del arte y tenía que presentar su tesis.

Ella tenía en su mano una grabadora, con la cual registraba los detalles pictóricos de la obra.” Los colores suaves y luminosos de la pintura creaban una atmósfera luminosa y etérea, que contrastaba con el verde oscuro de la vegetación y el azulado de la figura de Céfiro.

Mientras se deleitaba admirando el cuadro y grabando detalles, las figuras empezaron a cobrar vida. Esta quedó atónita ante este magnífico acontecimiento.

Mercurio con sus ropajes rojizos y vaporosos, se acercó a ella y le dijo: “Jovencita, ¿por qué observas solo la superficie?

 Observa más detenidamente el movimiento, la danza de las Gracias, la pasión de Céfiro, la serenidad y delicadeza de Venus, la belleza de la metamorfosis de Cloris en Flora, al pequeño y travieso Cupido y toda la magnífica variedad de flores que hay. Esto no es solo un jardín, es un paraíso donde la naturaleza y los dioses conviven en perfecta armonía.

Me presento, soy Mercurio, el dios de la elocuencia, protector del ingenio y guardián de la paz. Represento la comunicación con lo divino y la aspiración humana a la unión con Dios, por eso miro hacia arriba. También soy la superación de la tristeza y la llegada de la alegría de la primavera.

Empezó a observar los diferentes personajes del cuadro con más esmero y empezó a preguntar con curiosidad y cautela: “¿Y tú por qué eres distinto de los demás?” —
preguntó curiosamente, dirigiéndose a Céfiro.

La figura de Céfiro se presenta en tonos azulados, como vaporosa, en contraste con las demás figuras.

Céfiro, un poco altanero, respondió: “Soy la fuerza que impulsa la vida, la pasión que transforma la tierra en primavera, pero sin la razón de Mercurio sería incontrolable. Soy el dios del viento asociado con la primavera.”

Giuliana se dirigió hacia las tres Gracias y les cuestionó: “¿Qué simboliza su danza?”
Las Tres Gracias, mientras danzaban en círculo sonrientes y con un aura etérea, simplemente se detenían para responder a Giuliana.

“Somos: Aglaia, Eufrósine y Talia. Es la danza del amor, querida. Representamos las diferentes facetas del amor: dar, recibir y compartir. Lo honramos con nuestro baile.
Luego se dirigió a Venus, que vestía una túnica ceñida al pecho y un manto rojo símbolo de pasión. Tiene la mano levantada con elegancia.

Le dijo: “Y tú, Venus ¿crees en el amor verdadero?”

Venus la miró y opinó serenamente:

“Soy la diosa de la belleza y el amor. El amor verdadero que da sentido a la existencia. Pero este requiere mucho cuidado y esfuerzo; no todos están dispuestos a luchar por él. Soy la mediadora entre lo terrenal y espiritual”
 Giuliana se quedó fascinada con la vestimenta de Flora, una túnica blanca vaporosa adornada con flores y semillas. Flora esparce flores de su vestido simbolizando la primavera y la fertilidad.
Giuliana le pregunta: “¿Crees en el renacer?”
“Me llamo Flora y soy la diosa de las flores y la primavera”, exclamó con tono dulce y angelical. “Soy la renovación de la belleza efímera que renace cada año en cada flor. Represento la abundancia y la fertilidad de la primavera. Soy el renacer de cada bello pimpollo.”

“¿Y tú, pequeño travieso, porque tienes los ojos vendados?”

Cupido pícaramente le dice: “Soy el dios del amor y la pasión. Porque el amor no se ve, se siente. El amor está impulsado más por las emociones y los sentimientos que por el pensamiento racional”

Giuliana entendió que la obra no es solo una representación de la naturaleza, sino una metáfora de la vida.

La primavera con su explosión de colores y vida era un reflejo del potencial humano, de la necesidad de encontrar el equilibrio entre el amor, la pasión, la razón y la belleza.
La obra de Botticelli, como la vida, era un ciclo constante de transformación y renovación constante donde la belleza y el amor se entrelazan en una danza eterna.

Mercurio, sonriendo, le dijo a Giuliana:

“Ahora, jovencita, lleva este conocimiento contigo. La primavera está en tu interior; recuerda que todo es un ciclo de renovación constante”.

Con Estas palabras las figuras se desvanecieron, dejando a Giuliana contemplando la obra, con una nueva comprensión de la belleza y la filosofía que Botticelli había plasmado en ese sublime cuadro.


*Claudia Rivarelli es una autora uruguaya de varios cuentos y diseñadora de vestimenta. Algunos de sus cuentos son: Pequeñas señales en Exequias Piadosas (Antología de duelo y pérdida), Carta a mi abuelo en Palabras que nunca llegaron (Antología epistolar), Querida mamá en Pólvora en las márgenes (Antología epistolar), El jardín de mis sueños en Entre todos Uruguay (Antología con escritores de Paraguay), El abrazo del barrio en Happy Ending (Antología solidaria), Las flores de la vida en El jardín del absurdo (Antología de ficción filosófica), Maldita guerra en A contrafoco del mundo (Antología de monólogos), Melodías prohibidas y En la mira en Lo que guarda el corazón (Antología de romance), Segundas oportunidades en el corazón de la ciudad (Antología de relatos de la calle). Secreto inconfesable en Huellas en el pavimento (Antología libre), Entre pétalos y alas (Antología de duelo y pérdida), Maldito cáncer (Antología de monólogos) y Carta a mi hermano desaparecido en la dictadura (Antología epistolar). Cursó estudios en la Facultad de Comunicación y Bellas Artes.  Autora políglota (inglés, italiano, francés, portugués). Además, es dibujante, ilustradora, fotógrafa y publicista.  En audiovisual se destaca como actriz, voiceover, vestuarista y guionista.

miércoles, 1 de julio de 2026

"El primer lucero" pinturas de Isabel Cardona Restrepo


Nombre: El primer lucero 
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 30 x 40 cm 
Año: 2023



Nombre: Cosecha de soles 
 Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 70 x 50 cm 
Año: 2023



Nombre: Fuego en mi corazón 
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 50 x 70 cm 
Año: 2023 




Nombre: Soñé que un venado blanco era mi amigo y vivía en mi casa 
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 40 x 50 cm 
Año: 2025



Nombre: Mariposa de oro
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 40 x 50 cm 
Medidas: 15 x 45 cm 
Año: 2025 



Nombre: La ermitaña 
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
 Medidas: 50 x 70 cm 
Año: 2023 



Nombre: Guardiana de este corazón 
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 30 x 30 cm 
Año: 2023



Nombre: Precioso silencio 
Técnica: Acrílico sobre lienzo 
Medidas: 30 x 30 cm 
Año: 2022 


*El proyecto que presento abarca aspectos relacionados con temas que vivo de forma íntima en mi cotidianidad, a través de sueños, sensaciones, mi habitar en este mundo, percepciones y experiencias que se traducen en un simbolismo que finalmente deviene en imagen. Es una obra cargada de símbolos que remiten a la infancia, la fantasía, la montaña, lo onírico y la posibilidad de jugar con las metáforas que habitan mi paisaje interior de formas, emociones y sentires. 

“La última vez que fui invisible” cuento de Yamilet Ramos Limés


La última vez que fui invisible tenía cuarenta y nueve años.

No fue algo repentino. Nadie anunció el momento. Nadie tocó una campana ni escribió un aviso en la pared.

Simplemente ocurrió.

Entré en una cafetería del centro una mañana fría de invierno. El local estaba lleno de conversaciones, cucharillas golpeando tazas, gente mirando el móvil con una prisa que parecía contagiosa.

Me acerqué al mostrador.

Esperé.

El camarero pasó tres veces delante de mí.

Tomó pedidos a dos hombres que llegaron después.

Sonrió a una chica joven que llevaba un abrigo rojo brillante.

A mí no me vio.

Y no era la primera vez.

Las mujeres sabemos reconocer ese instante extraño en el que el mundo empieza a mirarnos menos.

Sucede sin violencia, sin insultos, sin palabras.

Sucede con algo más sutil.

La indiferencia.

Antes había sido distinta.

A los veinte años parecía que todo el mundo tenía algo que decirme: cómo debía vestirme, cómo debía amar, cómo debía ser feliz.

A los treinta, las preguntas cambiaron.

—¿Cuándo te casas?

—¿Cuándo vas a tener hijos?

—¿No crees que ya deberías decidir tu vida?

A los cuarenta comenzaron otras preguntas más silenciosas.

Las preguntas que no se dicen en voz alta pero que flotan en el aire como polvo.

¿Y ahora qué?

Recuerdo el día exacto en que me divorcié. No por el trámite legal, sino por el momento en que comprendí que llevaba años viviendo una vida donde mi presencia era más útil que necesaria.

Aquella mañana en la cafetería, mientras el camarero seguía sin verme, me di cuenta de algo inesperado.

Ser invisible tenía una ventaja.

Por primera vez en muchos años… nadie esperaba nada de mí.

No tenía que ser amable.

No tenía que gustar.

No tenía que demostrar nada.

Era una mujer sola en medio de un local lleno de gente que no sabía que yo existía.

Y sin embargo, yo sí sabía que existía.

Pedí el café al fin, cuando el camarero reparó en mí casi por accidente.

—Perdona —dijo distraído—. No te había visto.

No pasa nada, pensé.

En realidad llevaba años ocurriendo.

Me senté junto a la ventana con la taza caliente entre las manos.

Miré a la gente pasar por la calle.

Un hombre arrastraba una maleta.

Una niña saltaba sobre los charcos.

Una pareja discutía en voz baja.

De pronto comprendí algo que me sorprendió.

Durante la mayor parte de mi vida había vivido intentando ser visible para los demás.

Para mi familia.

Para mi pareja.

Para el mundo.

Había buscado aprobación, reconocimiento, afecto.

Había intentado ser la versión correcta de mí misma.

Y aun así, muchas veces me había sentido sola.

Pero aquella mañana algo cambió.

Tal vez la invisibilidad no era una pérdida.

Tal vez era una libertad.

Cuando nadie te mira esperando que cumplas un papel, aparece un espacio extraño y nuevo.

Un espacio donde puedes preguntarte algo peligroso.

¿Quién soy cuando nadie me define?

Terminé el café lentamente.

Por primera vez en años no tenía prisa.

Cuando salí de la cafetería el aire estaba frío, pero me sentí curiosamente ligera.

Caminé sin rumbo durante una hora.

Entré en una librería pequeña donde nunca había estado.

Compré un cuaderno.

En la primera página escribí algo que me hizo sonreír:

“Hoy empiezo a conocer a la mujer que he sido todo este tiempo.”

No sabía exactamente qué significaba.

Pero sabía que era verdad.

Porque a veces la vida te quita un papel que ya no necesitas.

Y solo entonces descubres algo extraordinario:

no eras invisible.

Solo estabas esperando verte a ti misma.

 

*Yamilet Ramos Limés nació en Cuba, donde se formó como Licenciada en Comunicación y Periodismo. Su vida profesional comenzó entre palabras, historias y voces que buscaban ser escuchadas. Sin embargo, su camino tomó un giro profundo cuando, por motivos políticos, fue perseguida en su país y se vio obligada a exiliarse en España. Ese exilio no solo cambió su geografía: transformó su mirada, su propósito y su forma de acompañar a otros. Además de su trabajo como coach, Yamilet es autora de varios libros publicados en Amazon, entre ellos obras de autoayuda, emprendimiento, relajación emocional y la novela histórico-política “La caja del cordón rojo”, inspirada en vivencias y realidades que conoce de cerca. En estos momentos se encuentra escribiendo la colección Tu Coach en Casa que surge de su deseo de ofrecer acompañamiento a quienes no pueden —o no desean— acudir a terapias presenciales, pero necesitan orientación, contención y una voz cercana que los sostenga. Su misión es brindar herramientas sencillas, palabras que alivian y un espacio seguro donde respirar, reflexionar y reencontrarse.

lunes, 29 de junio de 2026

"A las mujeres costureras" poemas de Gloria Elena Gutiérrez Ortiz



A las mujeres costureras
 
Gloria Elena Gutiérrez Ortiz
-Guti-
 
Con aguja humilde
y paciencia heredada,
las mujeres costureras
inclinan el día
sobre la mesa de trabajo.
 
Hilo a hilo
unen más que telas:
cierran el frío del invierno,
zurcen la ausencia del pan,
remiendan el miedo
para que no se note.
 
Sus dedos conocen
el lenguaje del sacrificio;
la medida exacta del desvelo,
el pulso del amor
que no se anuncia.
 
Mientras la máquina suena
a un ritmo obstinado,
ellas piensan en los hijos:
en los cuadernos nuevos,
en los zapatos que crecen rápido,
en el futuro que aún no alcanzan.
 
Cosen de noche
cuando el mundo duerme;
cada puntada,
una promesa silenciosa:
no faltará abrigo,
no faltará esperanza.
 
No llevan corona,
pero gobiernan la vida;
no alzan la voz,
pero sostienen el mañana.
 
¡Son mujeres de hilo fuerte;
de espalda firme
corazón ancho;
costureras del tiempo,
destino de sus familias!
 
¡Manos que cosen
el mañana…
manos que sostienen,
remiendan y aman!
 
© Copyright 25 enero 2025Gego–Guti
Medellín, Colombia
 
 
Ella y su historia
 
Gloria Elena Gutiérrez Ortiz
-Guti-
 
 
Ella camina etérea,
tiene una historia,
aprendió a tomar
solo lo que vale.
 
A simple vista,
se podría pensar;
ella tiene un vacío,
pero no es así,
¡ella es un océano de paz!
 
Ella prefiere una mirada honesta,
antes que mil sonrisas vacías.
 
Antes, se partía en pedazos
para estar en los planes de otros,
en la felicidad de otros.
 
Antes,  su energía
como agua se perdía
entre las manos
que nadie recogía.
 
En medio del ruido un día,
escuchó su propia voz;
le dijo: "¿y tú?
¿Dónde estás tú?"
 
Comenzó a caminar
hacia adentro sin parar…
¡Se encontró a sí misma,
no se soltó jamás!
 
Ya no espera mensajes,
Ya no duele lo que no llega.
¡Ella sabe que llegó!…
¡Ella, ya está viva!
 
Si alguien se cruza su camino
encontrará una mujer salvada,
¡una mujer que sabe amar
desde su esencia-ser!
 
 
©Copyright16feb2026Gego-Guti
   Medellín Colombia
 
 
Tu amor no muere
 
Gloria Elena Gutiérrez Ortiz
-Guti-
 
¡Desde que te fuiste,
el silencio aprendió tu nombre!
 
De tu ternura,
llena quedó la  casa,
te buscan las perdidas cosas;
en la memoria, la tibia taza,
la luz entra como si a volver fueras.
 
El dolor no grita,
se sienta conmigo al anochecer,
se repiten tus palabras, tu risa,
eco que no sabe despedirse.
 
¡Aprender ahora,
es otra forma de presencia;
no verte, no sentirte,
sin embargo, amarte!…
 
¡El amor no muere!
Aunque la pérdida duela,
te amaré en lo que permanece;
¡cuando cierro los ojos
te dejo vivir en mí!
 
 
*Gloria Elena Gutiérrez Ortiz “Guti" Nació en Medellín, Colombia. Es periodista en Gestión Cultural por la UPV de Bilbao, España; escritora, poeta y dibujante de arquitectura y arte, formada en la Academia Superior de Artes de Medellín, Colombia. Además, es investigadora en plantas medicinales y aromáticas de la Universidad de Antioquia. Como dibujante y pintora ha realizado exposiciones en la Casa de la Cultura Barquereña de Sabaneta, Antioquia (1998), y en la Universidad de Antioquia (1999). Desde 2018 participa en muestras digitales a nivel internacional. Cuenta con varias publicaciones en su haber: La magia de la palabra (investigación), Amazon; Coqueteos (romancero), Amazon; Embeleso (noveleta), Amazon; Pies con alas (poemario); Canturreos (1.ª edición), Amazon; y Canturreos (2.ª edición), Colombia, nominado a Mejor Libro en el Premio Verso Dorado 2026. Ha sido ganadora de varios premios a nivel nacional e internacional como periodista, escritora, poeta e investigadora. Fue nominada en cinco categorías del Premio Verso Dorado del Gremio Poético Colombiano: Mejor Libro, Mejor Poema Social, Mejor Poema a la Paz, Mejor Soneto y Mejor Poema Costumbrista. La ceremonia se celebrará en Bogotá el 21 de abril de 2026.

sábado, 27 de junio de 2026

"Murmullo " poemas de María Bernarda Doria Romero



Murmullo 

Ojalá.
Deseo escondido.
Perpetuo.
Hambriento el sueño de ser almohada,
deseosa el agua de saberse ola,
el fuego lejano resopla.
Ojalá.
 Deseo tortuoso.
Cubras los versos sin hablar,
quisiera ser bruma rozando
tu tan lejano singular.
Eco sin retorno, 
sombra desvelada,
respirando en tu nombre.
Ojalá.
Deseo oblicuo,
latido en niebla ahogado,
que tu hondura me vuelva
un murmullo con lugar.
Ojalá..
Ojala..


Hambre

Tengo hambre.
una bestia ruge bajo piel,
muerde costillas,
lame aire buscando migas,
 como y sigo vacía.
Trago,
mastico,
la carne se vuelve sombra,
el pan, arena,
el estómago arde,
se retuerce, suplica,
siento la saliva correr,
acida, espesa,
queriendo engullir el mundo,
pero no basta.
Ni el agua, ni el amor, ni la culpa.
Todo cae en el cuerpo,
sin huella.
Hay un hueco que respira,
un pozo sin fondo,
cada palabra que pronuncio
se pudre antes de tocar el aire.
Tengo hambre,
y el hambre tiene mi nombre entre sus dientes


Sin Nido

Hueso sin piel,
vacía de esperanza,
en círculos danzo,
buscando un sol que no recuerda su muerte.
Ojalá no hubiera nacido en carne,
quisiera ser pájaro,
vuelo sin nido,
desplegar las alas,
volar libremente en cielo,
sin cuerpo,
sin nombre.
 Solo viento.
 Solo canto.


*María Bernarda Doria Romero es una escritora colombiana. Economista de formación, y escritora por necesidad, que convierte la palabra en refugio y resistencia. En su obra convierte la ausencia en poesía, explorando la fragilidad humana y la fuerza de la imaginación. Su voz busca abrir caminos de reflexión y esperanza, defendiendo la vida desde la trinchera de la escritura.