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martes, 6 de julio de 2021

“La imaginación criminal” poema de Camilo Garzón



Las cortinas vuelan y el ladrillo se ajusta

para resbalar en mi ventana

a la luz del primer proveedor.


Entonces un demonio conocido

aparece en su vasija,

pero sabiendo el recipiente

por donde entra,

no lo voy a dejar salir.


El tipo de espectro que te enseña

la diferencia entre agarrar, coger, y quitar,

mientras dormías a su lado esperando que

te devolvieran lo arrebatado y tu abrigo.


Ese es el terror de la imaginación criminal.


Qué de donde vengas,

y a donde quiera que vayas,

esperes una ignorancia subliminal:

que no te conozcan.


Qué fortuna para este sinvergüenza

el ser subyugado entonces

por un juzgado monocromático.


Y en este tribunal maldito,

mientras un polo es frío y lúgubre,

el opuesto ensordece y presenta.


Una ventaja abismal para aquel

cuya comunicación externa a su cabeza

es a base de runa cuneiforme,

gráfica, ininterrumpida, malentendida.


Nadie allí lo condenará así.


Caminará pronto, libre en las calles,

sigiloso por el concreto,

mientras sus recuerdos resonarán

en el trauma de su ultratumba.


Pero nadie lo recordará.


El producto de su trabajo,

llamativo, escondido,

se consume a sí mismo.


El trueque de sus hazañas

siempre sacrifica sus entrañas

por un resultado material efímero.


Terrible.


Al menos este otro ladrón,

el que escribe,

es honesto con sus procesos.


Lo robado nunca es lo importante para un buen ladrón.


Pero si lo es el robo mismo.


El pedir por un mejor día a día,

y también el esperar el café, o mejor una Coca,

y el pan de cada día.


Una enseñanza de otra vida.


El entender la diferencia entre un sermón circunstancial y un despotricado contextual,

primos de la misma indiferencia brutal.


Qué horror. La imaginación criminal.


Pero al padre ladrón, conduciendo su diván,

se le olvida el arte de lo que a mi me comida,

y que su hija hurta corazones mientras otros suspiran.


Mientras esta mancha blanca

que me heredó en mis ojos

engolfaba edificios y los detenía,

recordaba leer novelas de detectives

esperando superar el miedo a la persecución,

al menos por hoy, por un momento.


Pero vuelve a atormentarnos su sombra.


Y aquí estoy, el que recuenta,

el otro ladrón,

una vez más aquí,

recordando que el crimen,

para mi, sería no vivir.


Porque como su hijo, salí robado.


Y su vida me ha marcado.


Las prioridades las aprendimos

in absentia.


El robar momentos,

y si eres holgazán,

tal vez robarás días.


El dejar de rogar,

y aprenderse a mover,

a divagar,

de aquí para allá.


El robarle tiempo al tiempo,

y devolverle a mi hermana

la vida misma.


Fotografía: Stephanie Smith, cortesía del colectivo artístico de la bahía de San Francisco, on-off.site.

*Camilo Garzón. Poeta, ciudadano colombo estadounidense, radicado en el área de la bahía de San Francisco. Recientemente ganó el premio San Francisco Foundation/Nomadic Press de poesía por su poema en inglés: "Entombed. 

lunes, 5 de julio de 2021

"Algunas veces" poemas de Aleksandra Lekić Vujisić



Mellizos


“Cuando Roma caiga, caerá el mundo entero”.
Venerable Beda

Estábamos viendo las monedas volar hacia la fuente
un ejército de gente feliz e intacta
hace fotos sobre el Tíber;
un poco de sal en una herida abierta,
algún curso y sin límite.

Y no puedo recordar
si estuviera buscando a la loba,
para rescatarme, para ayudarme a no tirarme,
sangrando sin heridas
Estaba corriendo por mi cuenta.

Maduro.


No estoy seguro como callo el pulso
y si me curo del sol en junio,
No estoy seguro si fue falso,
Odio creer simplemente en nosotros.

Quizás estaba buscando más allá
mi propia debilidad y los miedos de otras personas,
que fácil corre la inquietud
de las lagrimas
y la miseria

-incluso podríamos culpar a la victoria pírrica.

Maduro.

Sin embargo, me las arreglé para encontrar el
perdón
como un mensaje para siempre perdido,
tu y yo –
como gemelos en un río, abandonados y arrojados.

Maduro, sin olor.


**

Algunas veces


A veces las palabras me pasan de largo
No conozco las preguntas o las razones por las que
Todo parece menos coloreado que ayer
Por favor, no corras hacia mí, solo huye.

**

Instrucciones de uso


En caso de emergencia abre tu alma
funciona con seguridad incluso cuando parece difícil.
Por maldiciones, por miedos, por hambre y sequía,
para todos nosotros bienes dañados.

En caso de emergencia no se preocupe demasiado
porque todo en este mundo tiene su fin.
Por mentiras, ignorancia, vanidad y persecución,
para el dolor real y el final falso.

En caso de emergencia cierre todas sus dudas,
saca tu hogar de la caja de cristal,
deja salir los pensamientos inquietos y adivinando,
Deja que el miedo y la desesperanza se pierdan.


*Aleksandra Lekić Vujisić (Podgorica, Montenegro 1979). Es profesora de lengua y literatura inglesas y una apasionada escritora de prosa y poesía para niños y adultos. Parte de su trabajo fue galardonado con premios literarios en Montenegro y en el extranjero, y sus cuentos y poesía se han publicado en revistas, sitios web y colecciones de prosa y poesía. Además del inglés, habla con fluidez el idioma italiano. En 2017 inició un proyecto literario con el fin de promover la narración de cuentos para niños.

"Exoesqueleto" relato de Óscar Leonardo Cruz Alvarado




(Acompañar la lectura con “Symphony of destruction” de Megadeth)

“Sal ya, Oh ¿me has encontrado incluso aquí cucaracha? Percudida de connivencia satinada cubierta por la edad y la astucia, engrasada cual sombra, adaptada a los chirridos del cebo”. 

Wole Soyinka


Estaba encerrado como ave en la jaula, pero sin alguna mirada de contemplación o benevolencia, destinado a morir bajo el manto negro y en una eterna oscuridad propia que ya significaba, por sí sola, un respiro frío y casi mortuorio. 

Israel sostenía el todo entre sus manos y sus ojos bailaban de un lado al otro buscando alguna luz. Aquella mirada loca estaba enrojecida de estar buscando salidas inexistentes. Algunas veces desvariaba e imaginaba que se le abrirían, como a San Pedro, las paredes de hierro de su celda; sin embargo, esto nunca sucedería. Su vida era nada, absolutamente nada. 

Si pudiera retroceder su tiempo; ¿el tiempo?, ¿algo tan líquido como para intentar amasarlo? Hasta ese momento comprendió el pecado de sus acciones…

—¡Sotela!, ¡Sotela!, ¡corra que ahí vienen!

—No hombre, no puedo… máteme o yo lo mataré a usted.

Asaltar bancos, dinero fácil que evade los regaños de algún jefe disconforme; ¿no parece eso una ilusión?

Un revólver y varias detonaciones. Atrás había quedado una cajera de veintinueve años y sus sesos de un rojo purpúreo; pero también, un amigo suyo desde la infancia al que, por desgracia, le habían reventado el pecho contra el suelo… Sí, en la lejanía habían quedado ambos y sin embargo ahora los tenía con él, sentados sobre la cama, mirándole, apareciendo como espectros con sus bocas moradas y vocalizando hacia el vacío.

Sombras y un solo milimétrico haz de luz tocando su piel trigueña, sus dedos acarician esa luminaria mientras no haya caído la noche. Escucha voces salidas del mismo infierno, que le dicen y no le dicen, callan y nuevamente sonríen; está desgreñado, desteñido, desorientado y todo lo que pueda significar ausente.

El joven bailaba haciendo círculos con la cabeza y de a poco se le curveaba la espalda. Todo esto mientras comía un trozo de pan que había escondido en su bolsillo. Sin percatarse comenzó a masticar sus propias manos… Para él era lo mismo el crujir de su cuerpo que el de su alma.

Israel está sudando desde ya, su hematohidrosis no ha significado nada para los guardias del pabellón de la muerte. Le faltan dos semanas, porque ya todo fue dicho.

Tenía una cita programada con un cura que le ayudaría a redimir sus pecados; pero nunca se concretó semejante cosa; tal vez porque significaría la posible redención para alguien que debía ir directo al infierno.

El hombre se negaba a probar los alimentos, pero para “devolverle la carga”, le inyectaban suero; pues no debía morir por sí mismo.

Se asomó al haz de luz y no vio nada. Cuando leía sus libros esotéricos, albergaba alguna esperanza de escapar: se quedaba perdido viendo el cielo de su mente, cerraba sus ojos negros, respiraba fuertemente y, alguna vez pudo salir en medio de un somnoliento viaje astral; pero al despertar todo era lo mismo.

Sin embargo, durante la tarde sucedió algo fuera de lo común. Mientras observaba, de nuevo, el haz de luz; se dio cuenta de algo: Una cucaracha color marrón; posiblemente atraída por las migajas que había dejado en el suelo, vino a hacerle compañía.

Ahí estaba… como siempre han estado desde hace más de trescientos millones de años. Vino rápidamente hacia las moronas pues aunque es, por naturaleza, sensible al sonido; Israel la había visto y decidió calmar el martilleo de su corazón. Las cucarachas son carroñeras y esta, en forma particular, debió percibir que no solo probaría el pan, porque había una carroña puesta en pie, Israel.

Sí, tal vez eso aguardaría la cucaracha; hurgar el día indicado entre su piel negra de humo y darse un festín; no sin antes convidar a su prole. Ese pensamiento, en primera instancia, casi obliga al tipo a extirpar semejante asquerosidad, pero cuando la vio directo a la cabeza descubrió que sus ojos eran negros, tan negros como los suyos y, por primera vez sintió compañía; tanto así que, rápidamente, la apresó y se detuvo a contemplarla.

Las cucarachas son omnívoras; es decir, comen de todo; por lo que ahora Israel tenía alguien a quien alimentar. Al principio el insecto estuvo intentando salirse del bolsillo de su camisón; entonces Israel zarandeaba su tela y esta volvía a caer al fondo. Cuando, por fin, dejó de luchar, Israel comenzó a echarle migajas de pan, porque es sabido que aman el almidón, las grasas y los azúcares.

Así, a su mascota fue llenándosele el buche. Mientras lo hacía, el tipo recordaba cómo habían muerto cuarenta y cinco mil personas en Perú, producto de la inmundicia de aquel insecto. Se dice que una cucaracha puede vivir sin cabeza durante dos semanas… justo el tiempo que lleva Israel sin poder pegar los ojos.

El tipo envidiaba la suerte de aquel bicho. Bien podría salirse y escapar para siempre; sería libre y se escurriría por el mismo haz de luz del que vino, libre como él no lo sería nunca más y, no más por eso no la dejaría irse. Además, ya había gastado una semana entre juegos tontos, moronas y observaciones estúpidas.

Cuando faltaban tres días para su ejecución, Israel se negó a salir de su aposento. Nunca recibió una sola llamada en toda su estadía.

Pronto regresó el martilleo de su corazón. Restaban dos días y una nueva gota de sangre le bajó por la sien… Se había dado vacaciones, pero por fin regresó a la crudeza de su destino. Palpó su bolsa y aquel insecto estaba embebido, los pelos de sus patas comenzaban a destilar como gotas de rocío con cierto olor desagradable. Metió su mano al bolsillo, las patas de la cucaracha comenzaron a patalear débilmente.

—¿Será que la aplasté mientras dormía? —su amiga se encontraba, ahora, panza arriba—. Tal vez no aguantó la temperatura…

Siempre se ha dicho que las cucarachas son resistentes a los cambios externos. Colocó a la cucaracha en medio de un círculo que hizo con sus sábanas y esta, de pronto se levantó —Vaya, vaya… pero ¿qué tenemos aquí? —El tipo evitó que el insecto se fuera, pero la cucaracha abrió sus alas, hasta ese momento recluidas, e intento zafarse. Israel la detuvo nuevamente y, a la tercera vez, se dio cuenta de algo, vaya uno a saber si deliraba, pero…

Conforme extendía sus alas la cucaracha crecía, se ensanchaba su cuerpo, sus patas y sus alas se flexionaban como un descapotable. Aquel insecto estaba inflándose rápidamente y las luces blancas y negras, que se colaban débilmente entre la rendija del cuarto, fueron haciéndose intermitentes y grandes. 

Había una lucha entre hombre e insecto. Se acrecentaba el lugar en la mente del reo y, cuando la cucaracha llevaba veinte centímetros de ensanchamiento el tipo la sujetó rápidamente y comenzó a morder su cabeza hasta demolerla, luego las patas se rastrillaban de un lado a otro entre sus dientes, pasaba por su lengua un caldo amarillento mezclado con saliva; Israel iba engullendo al insecto lentamente, sus patas le supieron agrias, las alas le semejaron a dos astillas crocantes y el cuerpo a un enorme budín.

Así, las luces que habían invadido la habitación se comenzaron a distorsionar casi como si estuviese en estado de embriaguez. Miraba las paredes y estas eran enormes…

Sintió unos punzones que le rajaban el cuero de sus brazos, y comenzaron a salirle filamentos color marrón. Sin mucha espera, un dolor intenso se apoderó de su cabeza y cuando trató de palpar su frente para descubrir a qué se debía, se dio cuenta de que ya no tenía dedos y se encontró, de un pronto a otro, acicalándose las dos antenas enormes que le sobresalían. Entonces cayó instintivamente al suelo y al hacerlo sintió el soporte de dos nuevas extremidades que venían emergiéndole del abdomen.

Sacudió su cuerpo y notó que unas alas le rozaban las nalgas desnudas y, cuando por fin quiso gritar salieron de su boca dos pinzas abiertas hacia ambos lados. Poco a poco se fue encogiendo hasta tomar la forma de la cucaracha. Miró de frente la fisura a la que siempre le había prestado atención y en una carrera endemoniada salió a través de ella…

Esquivó las patas de las sillas, las pisadas enérgicas de algunos guardas que le injuriaban la muerte, escaló las paredes y logró salir intacto por los pasillos; de esa manera fue avanzando hasta llegar a la única barrera entre él y su libertad: la pared externa de la prisión. Escalando con una sola bocanada de aire llegó a la cumbre, abrió sus alas y se lanzó al vacío de la noche.


“Extendió sus alas bajo una luz tenue…Un canto de triunfo se elevó en un aire insensible una antena sondeó el horrible silencio y se replegó sabiéndose satisfecha: todo bien. Todo en su sitio como era en un principio”.

Wole Soyinka

El día de su ejecución, Israel Portilla fue llevado por dos guardias a la silla eléctrica. Los oficiales que lo vieron por última vez aseguran que no se le sentía en este mundo. Ni siquiera articuló una sola palabra. Sorprendido, trataba de comprender todo; miraba sus manos y, de vez en cuando, movía los dedos tratando de entender sus articulaciones. Se le sentía distante, vacío como los dos ojos negros que había visto asomarse por el haz de luz.

Y bajo el bullicio de la ciudad de Texas, pegado a una de las enormes paredes del alcantarillado que recorre la ciudad, había un enorme exoesqueleto que se rajó como si algún animal hubiera salido de él.


*Óscar Leonardo Cruz Alvarado (Calú Cruz) Alajuela, Costa Rica. Nació en Alajuela. Es narrador, poeta, docente, gestor cultural, Presidente y Coordinador del Colectivo Cultural Birlocha y de la Birlocha Literaria, ambos de Orotina. Además, es Coordinador por la provincia de Alajuela para la Unión Hispanomundial de Escritores y, actualmente, ha sido designado como Director Ejecutivo, Embajador Cultural Itinerante y Embajador Emérito Colegiado por la Confederación Latinoamericana de Escritores, Artistas y Poetas del Mundo (CONLEAM), con sede en Argentina. Calú es el organizador del Certamen Literario Luis Ferrero Acosta y ha escrito tres libros de cuentos: “Cuentos de mamá muerte”, (2012), “La corrosión de los entes”, (2016) y “El eco de los durmientes” (2018). Ha participado en las antologías “Vía 28” y “Nueva poesía costarricense”. Sus obras han estado a la venta en estanterías estadounidenses, nicaragüenses, uruguayas y en las librerías más relevantes de Costa Rica. Además, fue el Coordinador designado por Costa Rica para la Antología Centroamericana dedicada al Bicentenario de la Independencia. 

sábado, 3 de julio de 2021

"Moça na janela" pinturas de Cristiane Ventre Porcini

Nombre: Moça na janela 

Técnica: Óleo sobre lienzo

Medidas: 30*30 cm 

Año: 2019


Nombre: A dança 

Técnica: Óleo sobre lienzo 

Medidas: 30*40cm 

Año: 2021


Nombre: Moça com lenço azul 

Técnica: Óleo sobre lienzo

Medidas: 30*30cm 

Año: 2020


Nombre : O Palhaço 

Técnica: Óleo sobre lienzo

Medidas: 23*16 cm 

Año: 2020


Nombre : Cleópatra 

Técnica: Óleo sobre lienzo 

Medidas: 30*40 cm

Año: 2020


Nombre: Casal dançando valsa 

Técnica: Óleo sobre lienzo 

Medidas: 30*40cm 

Año: 2020 



*Cristiane Ventre Porcini, Brasil, licenciada en pedagogía, pinta de manera amateur, ha participado en exposiciones colectivas virtuales y exposiciones en Sao Paulo del Asociado Paulista de Bellas Artes.

"De las tensiones turbulentas en las que se trata de decir en este momento … (No tiene otro)" ensayo de Óscar Jairo González Hernández

                                                Por: Yennifer Cano

I

Es maravilloso comenzar a sentir de nuevo lo que se ha transformado de la tarea de la vida misma, de lo que ella hacía en nosotros, aunque nadie, o por lo que observo o desde donde yo lo observo, nadie ha necesitado evidenciar el quiebre, el carácter del quiebre que ha ocurrido, que está ocurriendo, que le propicia, el “continuar” haciendo lo mismo, o más o menos lo mismo. O sea, que no sintió nada o no ha sentido nada de las consecuencias de eso que está ocurriendo, en la realidad, en la que tanto dice apoyarse. Yo mismo en mí realidad, construida en el sentido de lo real insaciable, arbitrario y dominado por el azar, no sé dónde queda nada de esa realidad, en la que los demás se apoyan con tanta furia, que dicen de ella con tanta furia. No, sí se quebró, sí se fracturo lo real de cada uno, no la realidad, sino lo real de cada uno y por lo tanto, cada uno en su necesidad tendrá quizá, que decírselo o no, o continuará tratando de sostenerse, haciendo el simulacro que le mantuvo y le mantendrá insertado en esa realidad. Y por ello estamos, pues ante una tensión entre la realidad, de los demás y lo real, de cada uno, de quién decida vivirse de esa manera o que ha vivido de esa manera. Pavor turbio. Tormentosidad melancólica. Inconsistencia de sí. Dureza de sí. Cada quien tendrá que decidirse para ello. Y decirlo. Pronunciarlo. 


                                                                                                   

II

¿Qué es lo que se dice se quiere hacernos decir, de lo que nunca habíamos dicho, o sea, que nunca habíamos llevado a una total evidencia de lo que somos, o no, de aquella causa a la que nos adherimos o no? Es raro, que se haya en este momento, una indicación tan poderosa, de indiciar, es raro eso, a todo el mundo, como si nunca se hubiera sabido, nosotros dónde estábamos o quiénes éramos en la vida, o lo que hacíamos en ella. Ya que antes que toda adhesión o disidencia, o posición de una u otra forma, está la vida, la vida en su incendiario poder sobre uno y los otros. No es de ahora, es desde siempre que ha sido dicha y pronunciada por nosotros. ¿Dónde está oculto el censor, cómo se oculta, en cada uno, o no es así, se muestra al contrario, en otra perspectiva de fortalecer la masa crítica del otro? 


                                                                                                

III

Y lo que es extraño, no es lo que dicen o muestran que está ocurriendo sino que no haya nada de lo que es, ha de ser o será de lo que no está ocurriendo, o que está ocurriendo de otra manera y nosotros no lo sabemos. Eso es lo extraño, no lo extraordinario de lo ordinario, de lo mismo, que se tenía en el mundo o en la realidad, no es lo mismo, pero tampoco es nuevo, nada de ello es nuevo, es lo mismo y en ese no poder transformar lo mismo, es donde nos instalamos totalmente con el cráneo destrozados, sin sensaciones. Y cuando muere la sensación, también cayéndose, queda la intuición o el instinto estético de la vida. La realidad de morir, es lo abarcable, quedando lo inabarcable, sin sustancia, vaciado de su sustancia, la muerte en vida. Nada extraño.  


                                                                                                   

IV

Yo no vivo ni siquiera en mi vida, en la mía. No sé qué es intrascendente o trascendental o me hace trascender, ni lo mismo sé de lo intrascendente. Yo sé que no son denominaciones, en las que vivo o intento vivir. Quién las tiene, maravilloso en sí mismo, no sé qué más se podría querer o desear. Come de ellas. Como quién come tubérculos exóticos o medusas barrocas. Es lo mismo. Y él se siente bien haciéndolo. Resuelve su vida, porque la resolución de la misma radica allí, no se problematiza la esencia de la misma o su sentido. No tiene por qué hacerlo. No busca pues, la duración del instante, no tiene una tentativa incrustada en su cráneo en ese sentido. No se devora a sí mismo. No es su intención. ¿Cómo entonces, vivir en el otro? ¿Cómo involucrarse en su destino de la vida? ¿Cómo vivir su destino, sino es del de uno, siendo que ha sido causado por él mismo, por ella misma? No puede hacer nada. Verlo morir, es así. Nada más puede mover ni proponerle. Es el vacío de la realidad. Y su inmensidad desconocida.


                                                                                                   

V

La verdad de la risa, su sentido de la hilaridad, catártica que posee y de aisthesis que tiene y que contiene. Tener y contener es lo que busco ahora, de otra manera. No quiero decir que nunca haya buscado la manera de vivir y sobrevivir en este medio, sin necesidad de hacer muchas inclinaciones y declinaciones. Pero ese pudor hay que acabarlo, y se pueden hacer muchas cosas, sin tenerlo. Eso es lo que busco ahora entre la inmensa e interminable tiniebla del que oscurece y obstaculiza, dice cuando hace sus trayectos lluviosos por su ciudad babélica. Y la necesita y por eso la ha construido, pero ahora la dominan los que odian. No lo tenía concebido ni considerado así, pero es la realidad. Y quiso decir: una de las realidades, para no sentirse del todo, derrotado y derribado. Y todo porque sabe muy bien que busca sostenerse en lo insostenible de su visión estética y transparente. Deseo no causar turbulencia en esa perspectiva, o duda, sino mover bien las fuerzas hidráulicas para ello. Eso es lo que quiero hacer, se dice de nuevo y nada libremente en su mar de la tranquilidad exacerbada.


Collages por: Alexis García Ahumada


*Oscar Jairo González Hernández, Medellín - Colombia Profesor de Literatura, Estética e Historia del Arte, Facultad de Comunicación, Universidad de Medellín. Ensayista, poeta  y conferenciante. Estudios de Filosofía y Letras, Universidad Santo Tomás y Diplomado en Problemas y perspectivas en filosofía en el Instituto de Filosofía, Universidad de Antioquia. Colaboraciones: Revista Universidad de Antioquia, Revista Universidad de Medellín. El Colombiano, El Espectador, El Mundo. Revistas: El Misterio Eleusino, Interregno, El Café Rojo, Revista Papel. Fundó y coordino, en la Emisora Cultural de la Universidad de Antioquia los proyectos radiales: La Mecánica Celeste y  La Trompeta de Mercurio. Creó y coordinó el programa radial Cabaret Voltaire, en Acústica, Universidad EAFIT. Coordina el programa Los Anillos de Saturno Frecuencia U, Universidad de Medellín. Coordina el Taller Los Campos Magnéticos (Observar, leer y escribir) de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín. Miembro de la Planta de Creación de la revista Punto Seguido. Asesor literario de los grupos teatrales: Colectivo Teatral Matacandelas, La Hora 25, Oficina Central de los Sueños, Teatro Elemental, Anamnésico Teatro, Teatro Escarlata.   Ha publicado: La ciudad soñada –Compilación de textos sobre la ciudad-; Pincel de hierba –a la manera del haikú-; La Trompeta de Mercurio –sobre el libro y la lectura-,  En Causa Propia. Ernesto Volkening –Compilador-, Conversación y silencio, El libro del tratado de la melancolía, Signos y fotones Gravitaciones sobre la luz –compilador-, Telos: poetas y poéticas –compilador-; Las metamorfosis de Kafka –compilador-; Preguntas Mercuriales (para un insomne incendiado). Víctor Raúl Jaramillo; Gonzalo Arango: Perspectivas plurales; Incidentes y mediaciones sobre la luz mercurial; Extimidad; Isocéles: Trayectos e invenciones.