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martes, 12 de julio de 2022

"Sobre la escritura" ensayo de David Esteban Zuluaga


Escribir es una tarea difícil. Lo es porque encierra en su sentido un trasfondo de vitalidad que supera la idea convencional de la escritura como una mera representación de ideas por medio de palabras; porque expresa en su configuración arbitraria nuestros modos de relacionarnos con la vida. Digo con la vida y no solo son la lectura, como dicen muchos, porque leer es una forma de vivir como lo es también amar, caminar, comer, cantar, gritar callar… Para escribir es necesario vivir, de lo contrario ¿qué podría decirse?

Pero vivir tampoco es una tarea fácil. Sobre todo, porque la vida, la tuya y la mía, no es necesariamente la perpetuación de un estado de ánimo, la aceptación de los deberes o el sostenimiento de una decisión. Vivir es mucho más que eso, sobre todo si se entiende la vida como el lugar donde zozobran los sueños, pero también donde se edifican nuevas elucubraciones. Contingencia pura y permanente. Por eso la escritura es un acontecer inacabado que congrega la metamorfosis de la vida.

Para escribir no es suficiente la pulcra utilización de la palabra. Tampoco la brillantez e inteligencia de los académicos; la fina capacidad de quienes se entregan con rigor a la elaboración detallada de los más diversos discursos. No es suficiente, pero es el inicio. Escribir, al igual que vivir, es un acto de rebeldía. Por eso, al decir de Jaime Jaramillo Escobar:

 No debe confundirse redactar con escribir (…). Porque mientras redactar sólo requiere una gramática y el conocimiento de lo que se desea expresar, escribir es creación y por tanto requiere inventiva, imaginación, fantasía, originalidad, elocuencia y genialidad en algún grado (2005, p. 88).


Es, en efecto, la vida la que le pone el ritmo al pensar. Vida, pensamiento y escritura coexisten y comparten una misma naturaleza: la de estar en permanente construcción. La de sucumbir persistentemente para dar lugar a otra vida, a otro pensamiento, a otra escritura. No quiero decir con esto que el mero hecho de vivir nos habilite como escritores. Digo que la escritura es una acción que nos asiste cuando aparece la irremediable herida, no para cerrarla, sino para tender un puente que nos permita cruzar al otro lado, caminar sobre el vacío que deja la herida para mirarnos luego desde la otra orilla.

Por eso el papel del escritor consiste en estar al margen de la función habitual del signo. Consiste en emanciparse de la función-signo, que dispone un sentido para el Tópos Koinós y da lugar a la función re-presentada, a la palabra plural que nos recuerda “que nunca está todo dicho, que nunca se puede decir todo, que nunca hay nada del todo decidido, que la vida humana siempre significa más, que significa aquello que no se puede decir” (Mèlich, 2012, p. 163).

En palabras de Luis Fernando Macías:

La escritura, el pensamiento y la expresión, suceden en el vivir sencillo y es la vida misma donde se desarrolla y perfecciona como producto del crecimiento individual y la convivencia, a partir de las preocupaciones, inquietudes y propósitos vitales, definidos por experiencias, estudios, lecturas y reflexiones (2008, p. 64).


No es descabellado decir entonces que la escritura no puede estar escindida de la vida. No puede estarlo porque la vida es el paroxismo del pensamiento. Sin lugar a dudas, la exacerbación de los padecimientos del alma.

Referencias

Jaramillo Escobar, J. (2005). Método fácil y rápido para ser poeta. Fondo Editorial Universidad EAFIT.

Macías, L. F. (2008). El juego como método para la enseñanza de la literatura a niños y jóvenes. El tambor arlequín.

Mèlich, J. C. (2012). Filosofía de la finitud. Herder.


*David Esteban Zuluaga, nació en Medellín, Colombia. Su formación académica está centrada en la filosofía de cuya travesía han resultado dos libros: Ludwig Wittgenstein: de la esencia a la contingencia (2013) y Wittgenstein hipertextual (2019). Entre su producción literaria se pueden considerar: Contra intelectuales o la importancia de la filosofía (2014), Desencuentro, cuentos para no encontrarse (2015), Una experiencia piloto (2018), Re-nacer (2018), Artesano de palabras (2021), entre otros.

miércoles, 13 de abril de 2022

"Marguerite a pesar de Wittgenstein: la zozobra de un amor" ensayo de David Esteban Zuluaga


Aproximadamente 16 años después de la primera anotación en Diarios secretos, Wittgenstein inicia otro diario: Movimientos del pensar (Zuluaga, 2019, p. 84), cuyo primer registro data del 26 de abril de 1930, justo el día de su cumpleaños.  El Diario reúne consideraciones no solo en torno a preocupaciones filosóficas, si no también, vitales: el sí mismo, el temor a perder la razón, la relación con los otros y, entre ellas, un acontecimiento que pasa inadvertido para el lector: Wittgenstein está enamorado. El asunto ya había sido considerado por Mario Boero quien en su novela La novia de Wittgenstein (2004), intenta establecer un retrato biográfico, desde la literatura, del romance entre Wittgenstein y Marguerite Respinger.


Según Ilse Somavilla (2019), Wittgenstein y Marguerite se conocieron en casa de la hermana de Wittgenstein, en Viena, quien la tenía como huésped alrededor de 1926. Sin embargo, más allá de esto las notas iniciales del enamoramiento se evidencian en la primera entrada de Movimientos del pensar, el 26 de abril de 1930, cuando Wittgenstein dice con nostalgia: “hoy, por mi cumpleaños, he recibido pañuelos de Marguerite. Me he alegrado por ello, aunque cualquier palabra suya me hubiera gustado más & un beso mucho más” (Wittgenstein, 2009a, p. 189). Pocos días después de la primera anotación, el 2 de mayo de 1930, Wittgenstein declara:


Quiero mucho a Marguerite & tengo mucho miedo de que esté enferma ya que hace más de una semana que no recibo carta suya. Cuando estoy solo, pero también en otras ocasiones, pienso una & otra vez en ella. Si fuera más honesto, mi amor hacia ella sería también honesto. Y sin embargo la quiero ahora tan profundamente como soy capaz. Probablemente no me falte profundidad. Pero sí honestidad (Wittgenstein, 2009a, p197).


Marguerite no es indiferente al amor de Wittgenstein, sin embargo, se puede    ver a través de las anotaciones del Diario —entre ellas la del 2 de octubre de 1930— la pesadumbre frente al rumbo incierto de su relación, frente a la idea  del matrimonio que tenía Wittgenstein (desfavorable por supuesto), a lo poco significativo que resultaba él cuando estaba ausente, así como el hecho, según señala Ray Monk (1997), “de que ella creyera que [las relaciones de Wittgenstein] tenían un propósito fundamentalmente ético” (p. 316), como lo termina reafirmando la propia Marguerite a partir de una carta que recibe de Wittgenstein el 13 de agosto de 1946. 


Es muy probable que las preocupaciones de Wittgenstein estuvieran relacionadas con el hecho de entregarse de manera decidida al amor de Marguerite, asunto complejo, pues, como señala en Diarios secretos el 15 de agosto de 1914: “la manera más fácil de perderse uno mismo es querer entregarse a las demás personas” (Wittgenstein, 2009b, p. 125). Wittgenstein se sumerge en complejas discusiones consigo mismo en las que pone de manifiesto la preocupación ante la posibilidad de que Marguerite se constituya en el centro de su vida, en que su vida solo tenga sentido a partir de ella, dice: 


Sé pues que no debo colgarme con todo mi peso de esa cuerda porque sé que cederá un día. Lo que quiere decir que debo permanecer asentado con los pies en el suelo & mantener solo la cuerda, no colgarme de ella (Wittgenstein, 2009a, p. 201).


Asimismo, manifiesta preocupación frente al hecho de apostar sobre lo contingente, comprende que sobre esta base las cosas pueden ser o no ser, y para él, “es difícil mantener el amor de modo que si las cosas salen mal no haya que considerarlo como un juego perdido, sino que se pueda decir: estaba   preparado para ello & también así está todo en orden” (Wittgenstein, 2009a, p. 201).


Wittgenstein (2009a) parece tener claro que: “si no te montas en el caballo, si no confías plenamente en él nunca podrás caerte” (p. 201) mas, asiente que “tampoco puedes esperar cabalgar nunca” (p. 201). Se debe ser consciente de que, al aceptar el amor, al decidir cabalgar, “tienes que dedicarte completamente al caballo & sin embargo estar preparado ante la posibilidad de que en cualquier momento te tire” (Wittgenstein, 2009a, p. 201).


Pese a todas sus meditaciones, Wittgenstein nunca logró aclarar sus pensamientos, dar un paso al amor. Marguerite, por su parte, entre abatida y   decepcionada le comunica en diciembre de 1932 la intención de casarse con Talla Sjögren, en quien “encontró el compañero que concordaba con su modo de vida y significaba tranquilidad´” (Somavilla, 2009, p. 209).


Según se lee en Monk (1997), al evocar su boda, Marguerite escribe lo siguiente: 


Mi desesperación alcanzó su cenit cuando Ludwig vino a verme el domingo por la mañana, una hora antes de la boda. “te estás subiendo a una embarcación, el mar será bravío, permanece siempre pegada a mí a fin de no zozobrar”, me dijo.  Hasta ese momento no me había dado cuenta del profundo apego que me tenía ni de su gran decepción. Durante años había sido como una masilla blanda en sus manos, que él iba trabajando para moldear a fin de hacerme mejor. Había sido como un samaritano que da una nueva vida a alguien que está desfalleciendo (p. 315).


Wittgenstein había puesto el alma en un amor al que no estaba dispuesto a entregarle la vida. Sus temores y prejuicios llevaron a Marguerite a puertos en los que conjuró la zozobra de un barco que nunca logró emerger de su propia hondura; no sabemos si logró la felicidad, pero al menos sí, como ella misma dice, tranquilidad.



Referencias:

Boero, M. (2004). La novia de Wittgenstein. Madrid: Visión libros. Somavilla, I. (2009). Notas a Movimientos del pensar. En L. Wittgenstein. Obras completas II (pp. 183-306). Madrid: Gredos.

Wittgenstein, L. (2009a). Movimientos del pensar. En L. Wittgenstein. Obras completas II (pp. 183-306). Madrid: Gredos.

Wittgenstein, L. (2009c). Diarios secretos. En L. Wittgenstein. Obras completas II (pp. 121-182). Madrid: Gredos.

Zuluaga Mesa, D. E. (2019). Wittgenstein hipertextual. Medellín, Colombia: Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó.


*David Esteban Zuluaga, nació en Medellín, Colombia. Su formación académica está centrada en la filosofía de cuya travesía han resultado dos libros: Ludwig Wittgenstein: de la esencia a la contingencia (2013) y Wittgenstein hipertextual (2019). Entre su producción literaria se pueden considerar: Contra intelectuales o la importancia de la filosofía (2014), Desencuentro, cuentos para no encontrarse (2015), Una experiencia piloto (2018), Re-nacer (2018), Artesano de palabras (2021), entre otros.