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lunes, 24 de septiembre de 2012

Los Nombres de lo Innombrable



Cadáver exquisito No.LXIX
11 de Agosto de 2012

¿Has visto que el mar es un espejo, reflejando las estrellas en la penumbra? Lo innombrable, no es más que el mismo yo atravesado por el infierno de la nada y estacado por el deseo de mi alma. Pero ¿y si no existe tal cosa llamada alma? ¿Si no somos las cosas que fueron y dejaron de ser? Estaremos, pues, condenados al eterno infierno y a la no esperanza de un mañana en el mañana.

El espíritu es invisible, las palabras son invisibles, el amor es invisible. Es una conspiración contra los ojos para pagar la factura vencida de la luz, mientras que el amor y la justicia son un par de ojos ciegos y claramente el lenguaje nos enferma cuando no se tiene nombre y quizá no se necesite.

Experimentar sin compulsión las palabras, será lo mas que puedo no decir, lo innombrable es un yo pensando el sentido de la existencia en la ducha, mientras todo se da por muerto... Innombrable como tal es el cielo; No habrá nombre incrustado en el vacío y sólo pedacitos de él, nos darán las cortísimas visiones de su inmensidad entre pequeños infiernos…

…No contemplé ni siquiera un trocito de su magia junto a ustedes, la nada es ese caldo espeso de recuerdos, canciones, suspiros y emociones, de toda esa emulsión venenosa para el alma enferma. Odio, mierda, orgullo, Yo, fortaleza... Abre tu boca y pronúnciame, abre tus ojos y mírame, escúchame bajo el sol sapiente.

Ahora ocúltame con tu entrepierna oscura y no me dejes salir, hombre que habita la isla de piratas y pirañas, que se tragan su propio veneno, hombre sin retorno ¿Podrías besarme con tus labios de fuego, en algún lugar donde encuentres mis bocas?


Por
Wahider Cardona Hernández, Alejandro Santos, Sebastian Londoño Velez,
Simon Vieco, Adabella Agnus Veneris, Juan Gómez, Juana Valentina Monroy, Nausea de Vida Seca, Ana Luquilla

Cementerio Exquisito. Creación colectiva a través de una telaraña virtual
Pagina Facebook Gonzalo Arango

martes, 18 de septiembre de 2012

Los Altos Humores de la Rebelión


                        
Noviembre 23…sudor. 
Mayo 12…y sangre. 
Diciembre 26… y baba. 
Junio 15… y lagrimas… 

Alelado embotado abotargado. 
Inmundo insólito injusto. 

Las fiestas de san clemente; 
las fiestas de san pancracio. 

Bacanisiacos suplicios. Bacanisiacos 
gemidos. Evocativos. 

Sudor; y semen; y sudor y semen y baba; 
y sudor y semen y baba, y lagrimas. 

Oceánides y salamandras; el hematófago 
las contempla, las espera… 

¡Las fiestas de san Dionisio; 
las fiestas de san pancracio!

La entraña bien apretada, fuerte. 
Los miembros bien aceitados, largos. 

Sudor; sudor y semen; sudor y semen y Pus; 
y sudor y semen y pus, y sangre. 

El piloto bien cebado, sin dolores; 
sin angustias. Sin argucias. 

Bacanisiacos suplicios. Bacanisiacos 
gemidos. Condenatorios. 

Entregadlo todo por la rebeldía; 
¡entregadlo todo, aun más de lo poseído!… 

¡Las fiestas del santo vito; 
las fiestas de san pancracio!


martes, 4 de septiembre de 2012

Diario de un Alcohólico



Despierto a las 2:07am en un sillón, mi boca seca se siente a Vodka, tal vez Vodka del centro de la ciudad, cuyo valor es igual a su contenido de alcohol puro; cuarenta y tres o cuarenta y cinco por ciento se muestra en la etiqueta de la botella, sesenta o setenta por ciento se siente al pasar como un trago ardiente, que te rasca la garganta, como si pasaran miles de vidrios por ella, vidrio ardiendo en llamas como la noche pasada, donde las luces, los gritos, las carcajadas, los licores se mezclaban entre la algarabía, los chascarrillos, el humor negro y el humo profundo.

Decido tomar rumbo incierto, caminar por las calles sin tener recorrido alguno, saberme como ningún otro, pensar los grados del alcohol y que cada uno me dé una nota musical diferente, tener una reacción diferente al mismo acto, hoy, mañana, pasado mañana y dentro de un año más; adorar mil deidades creadas por mi conciencia infinita, infinita como cada acto que he de cometer en días y devenires futuros.

Doy vuelta a la primer esquina y me topo con un grupo de personas que no conozco, decido seguir sin conocerlas, pues el éxtasis producto del alicoramiento me lleva por mi camino; simplemente un ser alado, metafísica pura y etherna, súper-conciencia individual, respuestas que resultan simples, verdad particular, como todas en esencia.

Llego a un parque, me siento en una de las bancas para ver pasar el silencio mientras hablo entre pensamientos, mientras me desligo de todo lo que se ha creado como moral y amoral; decido no militar en ningún bando, tomo mi camino y soy yo, ese alcohólico que deambula las calles, buscando una respuesta más entre ese ser que separa la imaginación, la deidad y lo real; la respuesta a toda moral civilizada. Decido vestirme y mimetizarme con el paisaje, para luego explicar como el consumidor se hace drogadicto a sí mismo, el observador, el alcohólico, el navegante de internet, el fumador, el sexo-mano, la ninfómana, el paranoico, el político, el más corrupto de todos: el hombre como el animal enfermo por excelencia, el vicioso, el ser corrupto por naturaleza.

Saltan las leyes naturales, las verdades individuales, soy alcohólico de pre-nacimiento, ya desde mis antepasados estaba ebrio y feliz de gozar un buen momento acompañado de aguardiente casero, hecho para recrear, para distensionar el cuerpo, la mente y el espíritu; lleno de ritual, de magia, de felicidad infinita desde un remoto paraje geográfico, donde los visitantes eran bien recibidos y ellos bien llegados.

Tomo un trago mas de vodka, en realidad desearía un trago de tequila con limón y sal, tal vez una cerveza o un aguardiente, pero esta noche tocará vodka, ese que no se congela por más frio que esté el alma. Observo de reojo mientras tomo mi trago, hoy no lo quiero compartir más que con migo mismo, hoy no soy un hombre social, un hombre para intercambiar palabras nocturnas y errantes, hoy no soy un político mas de la noche de sábado, aunque no se bien qué día es hoy realmente. No comparto un trago con nadie, pues hoy no merece nadie debatir pensamientos sagrados como los de un buen bebedor. - ¡¡Pongo en alto al alcohólico y hago de abogado del diablo de este en una noche transitoria como esta, pongo en alto al bebedor filosofo, político, romántico y querendón, ese que siente la vida durante cada segundo como si fuera el último momento antes de morir!! -.

El amanecer se asoma espantando los últimos ebrios, unos dan pasos lentos, otros con sus manos en los bolsillos para calentarlas, otros van cantando el himno nacional, la más nefasta de las letras que en mi vida pude escuchar, un patriotismo envuelto en el dolor y la sangre de muchos, miserables unos, héroes otros, próceres unos pocos, importantes unos pocos menos que reconfiguraron el territorio a su conveniencia, a la plebe la llenaron de días de fiesta para que esta no se sublevara y a los esclavos les cambiaron el nombre por técnicos, tecnólogos y mano de obra especializada. Yo me levanto y canto a mil voces “que orgulloso me siento de ser un buen colombiano”.  Me declaro bueno de principio a fin, antes y después de mi nacimiento. – Y ahora como ciudadano del estado mundo me nombro emperador único e irrevocable del estado perteneciente al callejón del infinito -. Luego de mi posesión como emperador decido marchar hacia el lugar más alto de la ciudad para condecorarme ante la deidad naciente en la mañana.

Al llegar a la cumbre, me doy cuenta que no había sido el único emperador de la noche, habían otros ilustres, entre esos uno que tarareaba una canción. Le ofrecí un trago, no tenía nada más que ofrecer; hoy las palabras eran innecesarias, por lo tanto he decidido seguir en mi silencio, con migo mismo a pesar de los visitantes de la cumbre.

El vodka daba sus últimos sorbos de vida; la amargura y la realidad se hacen presentes en tal momento, donde la impaciencia de saber que pronto será el fin de tan grato compañero, me hace pensar de nuevo en la realidad general, la cotidianidad, el hombre referente a una hormiga.

Desciendo antes de terminar con mi querido amigo, haciendo las paces y el duelo digno del momento, hallando una caneca de basura y dando sepelio al difunto, cuya sangre derramada fue poca.

Meto mis manos a los bolsillos en busca de buenas noticias. La única buena  que encuentro es que ha llegado a nuestro país la absenta y a buen precio en el mercado negro. La mala es el alza a todos los productos, entre ellos el aguardiente, la cerveza, el ron, hasta a la chicha le subieron el precio. Ah… que calamidad pensaba yo, mientras la mañana traía tras de sí un pequeño rocío, un sol caluroso y un carajillo entre manos.

Recuerdo que hoy es el cumpleaños de la tierra; año cero, día cero y apocalipsis de boca en boca. Las puertas cerradas, las ventanas aseguradas con tablas y una mancha en forma de X en cada casa. Me pregunto si saldrá Moisés en la esquina siguiente, gritando como un loco (otro mas), que el hijo del emperador morirá esta noche. Sonrío pensando en que no tengo ningún tipo de descendencia, no me preocupa y sigo mi camino.

Adelante me hallé entre una marcha fúnebre, caras pálidas, vestidos negros, cabezas cabizbajas, tristeza en el aíre. Me resultó cómico escuchar dos frases que decían así: “quien en Cristo cree no morirá para siempre”; me producía algo de temor pensar en muertos vivientes por las calles, podridas las carnes, huesudos, compartiendo un trago mas por la vida; Qué ironía. La otra frase que escuché mientras marchaban era: “… dale el descanso eterno”, no se sabe si quieren estar allá, en el mas allá o en el más acá.

Hay momentos para escapar del mundo, donde el mundo es el centro de ese escape; euforias que se escapan entre las mieles del alcohol, entre el aguamiel y los alcoholes refinados de la contemporaneidad. El alcohólico no quiere escaparle al mundo por medio de unos tragos, quiere repensarlo de otra forma, no siempre común, no siempre corriente, pero muchas veces practica para salir con otro tipo de respuestas, inesperadas, o totalmente esperadas. No es despreocuparse, son estilos de vida de acuerdo con el tiempo-espacio en que se encuentra situado el ser, son las diferentes respuestas a las vivencias, y no, no siempre son escapes, a veces son epifanías en medio del alcohol.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Cronos en Bicicleta, o el Arte del Tiempo de Ocio, la Risa y el Poema

Gorey - La muerte monta en bicicleta.

La idea del tiempo libre es un eufemismo, no se libera el tiempo, o al menos nadie está libre del paso de los años, ni se puede salir de los ciclos donde vida y muerte se acercan tan inesperadamente. Hoy en día nos venden “minutos” término que antes ni se conocía en nuestras relaciones cotidianas, aparecen formas de control y de dispositivos donde se mide el rendimiento por la cantidad de tiempo empleado y por la calidad y rapidez de la producción de los objetos deseados. 

Estamos, aparentemente empaquetados, sobre un ritmo similar a un conteo esquizoide sobre los parámetros de los relojes, los almanaques y las agendas que determinan con una regularidad de parsimonia muchas de nuestras acciones. Los griegos llamaban Skholé no tanto al tiempo libre sino a una disposición anímica para hacer sin apuros y sin la angustia de la pérdida, actos de una espontánea creatividad sin las afujías del mercado. Un estado de contemplación creadora, un goce estético, un momento de lucidez y una puerta al pensamiento de un filosofar sin las premuras del pan comer. 

Ocio, podría ser mejor el término, una actividad que sólo los ciudadanos ricos, los de la polis disfrutaban mientras los esclavos levantaban templos, hacían las embarcaciones, cultivaban y con sus artes anónimas convertían el barro en vasijas y los vegetales en vestidos. Otium, término más romano, era el descanso, era lo contrario de la palabra negocio que significa negar el ocio. Más, frente a eso, siempre en la historia se encuentran agudos aguijones en contra o a favor. 

La religión cristiana dictaminaba a los pobres que “el ocio era la madre de todos los vicos”, estimulaba el trabajo de servidumbre y de doblegamiento, mientras el clero y los caballeros se dedicaban a la caza, a fomentar torneos y guerras para salvarse del tedio y para buscar placeres que aun siendo cruentos, era una manera de acrecentar posesiones, de gozar de más comodidades y de salirse de las tareas arduas del hacer la manualidad doméstica y los trabajos rudos de labranza y de las “artes sanas”, que eran tareas del vulgo. 

Más en la poesía, que se puede decir que no es patrimonio exclusivo de los seres ricos, el arte creativo, la música, la pintura, las danzas mismas, se hacen no para crear objetos similares a un martillo, o para hacer movimientos donde se produzcan enseres y vituallas. En esta alma imaginativa, todos los pueblos han tenido un ocio para reivindicar sus sueños y para expresar sus dichas y sus penalidades. No todo trabajo es el peso infame de una condena para ganarse el pan y buscar el simple sustento, Jardel Poncela dice: 
“Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse”. Más en sociedades de altas desigualdades y donde la humillación y el doblar la cerviz es lo corriente, divertirse trabajando es un escándalo. Recordemos el Mito de Sísifo condenado a levantar las piedras y subirlas a lo alto de una montaña para luego echarlas a rodar, como castigo de los dioses, pero ellos nunca le perdonarían, que pese al esfuerzo, siempre se reía de ellos, de los dioses y de sus lógicas arbitrarias del castigo.

Herman Melville, el escritor estadounidense, decía que había que dignificar el ocio, fuerza inventiva: “Hablan de la dignidad del trabajo. ¡Bah!, la dignidad está en el ocio”, un verdad que tiene que ver con la creatividad y la inventiva de niños, lo que más nos gustaba era el recreo, tiempo de inventivas y de juegos, después nos han llamado a actividades conductistas que se han llamado recreativas, si tal cosa se aplicara en sentido estricto sería volver a crear, reinventarse, re-crear y no una serie de juegos inducidos y de discursos blandos sobre la bondad de tener dirigentes y dirigidos. 

El filósofo británico, Thomas Hobbes, llegó a decir: “El ocio es la madre de la filosofía”, un tiempo para pensar, para hacer el recreo necesario para la vida. El mismo Bertrand Russell, matemático y filósofo, de una vida agitada y con una gran producción literaria llego a expresar: “El ocio no es hacer nada. Es tiempo libre para cualquier cosa”, y de esa cualquier cosa ha salido un pensamiento lúcido y libre. Actitud que la resume mejor Sócrates: “No es perezoso sólo el que no hace nada, sino también el que pudiendo hacer algo mejor, no lo hace”. Un hacer que está más emparentado con el placer, con la dicha de vivir, con la capacidad de hacerse preguntas, de cuestionar la existencia antes que parasitar en la vacuidad y en el consumismo sin sentido. 

Cronos monta en bicicleta, es una frase suelta, como soltar rutinas y salir al viento y conversar con un vecino, darse a la tarea de ser transeúntes de sí mismos. El ocio como dignidad estética y como un valor cultural que enaltece al ser humano. El Ocio así entendido se acerca a las búsquedas de infancia, ese no perder la capacidad de asombro, algo cercano al erotismo, que es un acto ocioso y bello, pues no siempre está ligado a la reproducción ni a la producción de bebés ni mucho menos. Puro placer que se hace exquisitez, acto sibarita, lúdica de los movimientos y de las comunicaciones entre los seres. 

Al inicio de la sociedad industrial miles de operarios estaban esclavizados a las máquinas, con largas jornadas laborales, sólo con largas y truculentas luchas se ha logrado mal que bien dividir el día en tres ochos, ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para el estudio, que no siempre se cumplen. Esto supuestamente ha creado un tiempo libre, que se convierte muchas veces en un tiempo de un hacer deshaciéndose, un desgaste en lo que esta sociedad ha llamado esparcimiento, una cosa parecida a esparcirse, reguero de acciones tiradas, circulo inocuo de repeticiones sin asombro. Apoltronados viendo una pantalla, largas horas hasta enrojecer los ojos, o como largos domingos del hastío, donde da lo mismo dormir unas horas más o convertirse en un tragador de cachivaches metales de la prensa y de la televisión hasta el desgaste. 

Oír las músicas molidas de la radio, reguetonearse la vida con ritmos donde cuerpo y goce no son más que objetos de consuno plástico, una anorexia del alma y una aburrición sin cuerpo vital. No es que dormir no sea un acto de ocio placentero, pero hay que recordar que ese invento ocioso de la cama se creó no sólo para dormir. Que la abulia de muchas expresiones como dicen: ¡que pereza!, qué “jartera” hace, o no encuentro nada para hacer, no puede confundirse con el abur de la melancolía, que poetizaba León de Greiff, que no es más que una expresión sensible pero escéptica sobre los absurdos de esta vida. 

No hay que olvidar que Lafargue, tan cercano al marxismo, no reivindicaba el derecho al trabajo, sino también el derecho a la pereza. ¿De qué sirve una superproducción, si eso no conlleva a una reducción de la angustia laboral y un reintegro del plusvalor al bienestar? Buscar el ocio para el arte, la ciencia, pero sobre todo para poetizarnos, como un acto sin límite de tiempo y sin ganancias aparentes.