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lunes, 17 de diciembre de 2012

Gritos de dolor en un día por demás festivo



Todavía escucho el grito de dolor o de impotencia de Vérulo por aferrarse a la vida en aquel día festivo, alegre y después nefasto. Igual que una letra de corrido mexicano de esos que inmortalizan la impunidad, el mismo día de su boda un resentido social y su arma estúpida como su mente, echaron a perder la fiesta -¿O se puso buena como dicen en esos pueblos donde pasan pocas cosas? 

El asesino me había mirado muchas veces en las fiestas del pueblo, buscando pretextos para agredir, siempre sobrado de odio, empujando con su violencia mientras se escuchaba el sonsonete ese, chun tata, chun tata, chun tata. Una sensación incómoda me invadía porque recordaba perfecto el día en que otro desconectado de la cordura vació una 48 especial en la panza ya bastante remendada de mi hermano. Recuerdo el brillo del cromo en el cañón, el escupitajo de fuego, y a mi loco pero amado consanguíneo doblarse como cuando le daba risa. Bueno, ese día no dejo de reír cuando vio que no murió, y todavía fue a pasear por la casa para que lo viera mi madre y no causara a esta un infarto cuando la gente llevara el chisme estilo ¡mataron a su hijo! Después regresó al lugar donde lo esperaba la ambulancia de la Cruz Roja, se subió y cual reina de la primavera montada en un carro alegórico, se alejaba saludando por la ventana a los ahí presentes.

El día de la muerte de Vérulo, el asesino y yo cruzamos miradas; las de él, como siempre retadoras, las mías solo buscando una explicación a su absurda y cobarde valentía. No me quedé más en esa tienda donde solo compré unas cervezas Victoria, que son con las que se embrutecen los campesinos. Entonces vi salir al novio con un traje elegante, como un mago de circo gitano que saldrá a escena, o con su traje de pingüino. Hijo de un pequeño ganadero de tradición, creció igual entre el estiércol y las pacas de forraje para el ganado. Tenía un hermanito con retraso mental que escondían en un cuartucho sucio y oscuro. Había que evitar la vergüenza, varias veces observé cómo le pasaban comida en un traste viejo y despostillado por debajo de una puerta improvisa, donde asomaban sus pies recios y maltratados. Y es que así somos en México, nos avergüenza todo; que seamos indígenas, que seamos subdesarrollados, que tengamos una enfermedad mental (colectiva), que nos encuentren caminando y no en un automóvil, que nos vean sucios porque venimos del trabajo; eso sí, no nos avergüenza la mediocridad, la ignorancia, la corrupción, la política amoral, el teatro electoral, la violencia, el hurto, el narcotráfico, vivir en suciedad, ser besamanos, que agachemos la cabeza –no precisamente por leer un libro-, el servilismo, la mojigatería, el cinismo, el machismo, el prianperredismo; nada de eso nos da pena. 

El hombre corpulento que actuaba esa noche de novio, cuya profesión era manejar un camión de carga presumiendo su fuerza y cabellera como un Sansón de rancho, propio de una ilustración de revista popular sensacionalista; no imaginaba que en este estilito desagradable terminaría su historia llena de histeria. 

Ahí quedó esa imagen, yo esquivando al asesino, el novio saliendo y jugando borracho con sus hijitos en la calle, pequeñitos como gnomos; todos vestidos de gala, todos pensando en la fiesta, ¡ya mañana vemos si comemos o no! Caminé apenas unos metros y escuché como el arma arcaica escupió fuego y muerte. Volteo entonces y el grito de quien está a punto de vomitar el alma y el espíritu juntos lo domina todo ¡Vida no abandones mi cuerpo! Ahora sale la novia, igual que en las horrorosas telenovelas mexicanas, gritando y lanzándose al cuerpo moribundo de Vérulo exterminado. Claro, esto no se compara con el titular de un diario de nota roja que decía: “ENTÉRATE. Lo mata y le amputa las piernas; entró sin permiso a su casa”, pero este asesino tampoco pidió permiso a la novia, ni anunció su entrada en escena, es más, ni siquiera lo habían invitado al mole. 

Se acerca un perro flacuchento y sarnoso, sus llagas pululan de pus, está como en trance, lame la herida del muerto dejando sus pelos infestos; no importa, la descomposición empezó hace rato, desde que nació el asesino Caín. Parece que ladra pero no se escucha, solo muestra su cara de miseria y dolor, pero se le mira dispuesto a acompañar a Vérulo en su viaje, sus ojos lacrimosos reflejaban la ansiedad de caminar hacia la luz lamiendo la sangre que es su único alimento en semanas y moneda de cambio para servirle de guía. 

Ahí estaba un policía municipal, sólo observa como todos ellos;  seguro recordó que él mismo vendió el arma homicida a la joven bestia, mientras él se quedó con una vieja escopeta como único instrumento para “combatir” al crimen. Se le ve pensativo y sigue el chun tata, chun tata, cada vez más lento hasta que se detiene. Acaban con la fiesta, acaban con un mundo de sueños y de tranquilidad momentánea de una familia. El psicópata huye y no está enterado de esto último, él seguramente solo se cree y se sueña valiente y admirado.

Es muy noche y el viento se va congelando. Es muy raro ver esa calle ahora solitaria, triste. Hay basura de una fiesta, hay restos de comida, huesos de pollo, platos manchados de mole. Nadie limpia; solo levantaron el cuerpo de Vérulo para guardarlo un rato en la morgue antes de hacerle el ritual macabro de la velación, que expone el cuerpo para que la gente desahogue su morbo, analizar los rostros de los dolientes y si pueden, tomar café gratis. La mancha de sangre ahora sirve de entorno para el cuerpo inerte del perro sarnoso. Pasa una señora y alcanzo a escuchar que dice: -¡Qué barbaridad, nadie levanta a ese perro que atropellaron, cada vez estamos peor!

sábado, 8 de diciembre de 2012

Ceguera Turca


Parece que anda un diablo
tirado por elefantes ciegos,
una estampida de carne asada.

Y la muerte ha cantado su canto de dolor,
hay un líquido en las calles
no es agua, es rojo.

Los árboles están negros
y los ojos han dejado de ver la luz.

¿Quién se hará cargo de esta
ceguera turca? Porque el diablo
mandinga ya hizo su descargo:

"que no fuí, les digo...·;
ni yo dijo el ser carnado.

Y los vientos estan de broma con la gente,
llevan sus cuerpos y dejan sus espiritus
junto al mar.

Mal gusto el de los dioses sin amor,
nos barajan a la intemperie del azar
mientras desenvainan sus leones numerados
sobre un paño de verde calculado.

Todavía la sonrisa del niño en la calle
bajo el cielo rojo, antes de la oscuridad,
es la esperanza de los rostros
que ven volar la vida del pequeño moribundo.

2011, por Saulo Gomes de Sousa (Brasil) & Juan Carlos Vecchi (Argentina).



lunes, 26 de noviembre de 2012

Canción de Cuna



El niño habita ebrio en la lágrima
de  un subsuelo de pasos arrastrándose
vibración, cobalto, térmica
o el bisbiseo del azar
que en el desbarajuste de un trazo moribundo
su voz viene brillando,
como orlada de sílabas
tan luciérnagas,
hay una fiesta en las vocales de su llanto
un leprosario de voces marchando
como viajeros del cuerpo,
contento estoy señor, contento
de estas manos en cruz hacia lo alto
firmo mi fatiga en bestial musculatura
célibe y prostibularia
como una garganta que galopa hacia dentro,
nuestra gordura celeste.




Ignacio Elizalde - Chile.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Lentitud



Breves e irrepetibles son
los tableros de la muerte
en la oscuridad del alba
donde soló tú, pasajera del tiempo
me recuerdas la oblicua composición
de nuestros cuerpos.


Atrás queda la noche
transmutando sus irreconocibles victimas….

Tiempo este donde sembramos memorias en el sueño,
palabras perdidas de impaciencia
al borde de la historia
otoño vivido… en la soledad de los días
como óxido en el centro
de los huesos.

Breves e irrepetibles son
los tableros de la muerte
en la oscuridad del alba.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Los Innombrables




I

Éramos ya los innombrables,
los desechados de las glebas,
los que apenas tenían nombre,
lo de vivir en pobres tierras,
los de llevar señal amarga
de castigo por las ojeras,
los de plantar en suelo extraño,
los de vestir ropas ajenas,
los que estaban como de paso
medio sangrando entre las piedras,
los ignorados de la gente,
los del desprecio y las afrentas,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Éramos ya los innombrables,
los niños pobres y andrajosos
a quienes se llamaban con un silbido,
o con un gesto, o simplemente con la mitad del nombre;
los que podían vivir bajo las lluvias y los vientos
y las heladas, descalzos, y en las noches crueles de frío y desamparo,
y tener fiebres palúdicas
y envidiar a los bravos
y apedrear los faroles que penden de los tugurios,
o morir como mueren los ancianos
de efímera ilusión, soplados desde abajo.

Podíamos seguir las ferrovías
como si fueran el sendero a la medida
de nuestros anhelos
- brillantes u oscurecidos según la distancia y el tiempo -
orinar en las alcantarillas en los crepúsculos ardorosos
y tener gestos ásperos y altaneros.

Soñábamos con lagos inmensos
y con cabañas en medio de los montes profundos,
soñábamos con bandoleros que asediaban en tranqueras
y podían caer, cruzados de proyectiles, con el regocijo
sobre sus caballos jadeantes, raudos y enloquecidos!


II

Éramos ya los innombrables,
los pobres hombres de la tierra,
los de labios enrojecidos
por pedradas o por violencias,
los de rostro duro y reseco,
los atrevidos en las pendencias,
los que ostentaban sobre el pecho
girasoles y resistencias,
relampagueos en la frente,
sublevaciones en la lengua,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
y los senderos de las lluvias y los paisajes,
de los ventarrones que doblan en las siestas ardientes
el tallo fino de los mandiocales;
conocíamos el bochorno delirante del verano en los cocoteros,
los animales que lamían el bastón de los ciegos y
las serpientes y las flores silvestres.

Conocíamos los caminos
de los talleres y los campos,
de las misteriosas plantas a la orilla de los pantanos,
del sudor pegajoso de los trabajadores en el rumor del mediodía,
del pañuelo bordado por la mano anhelante de las muchachas vírgenes;
conocíamos las marcas forasteras de las barajas en los puertos,
el extraño mutismo de los hombres seguros y violentos.

Acaso descubríamos
cuanto yacía en el sobresalto de nuestros sueños,
el afán insumiso del acero escondido en la cintura
de los valerosos que morían cantando,
la música de los naranjales, el murmullo que suena lluvia adentro,
la cicatriz de los peones que tenían historias indescifrables
sobre la piel oscura a medianoche.

Aprendíamos cantos
de pendencia altanera;
tocábamos las guitarras cuyo secreto profundo era secreto
de los cautos y entristecidos,
aprendíamos las palabras que amedrentaban con su audacia y su furia
como la gloria de los himnos guerreros;
llevábamos el pecho desnudo de amarillo leopardo por los fondos calientes
de los bosques y los tembladerales.

Conocíamos las plantaciones
y los terrenos besados por las Siete Cabrillas,
los que guardaban para nosotros las cosechas más bárbaras,
los que dejaban sangre tibia en la esponja exprimida y oprimida
de nuestra piel morena;
conocíamos el brillo vengativo de los machetes que descansaban todavía
las rodillas que se partían de repente por los montes
húmedos y coléricos, gigantescos y lúgubres, y de virilidad decorosa,
y las comarcas lúbricas de torturado silencio
y el cinturón de fuego del verano.


III

Fuimos hechos de tierra roja
y de palabras callejeras,
de amasijos elementales
y de madera primigenias,
tempraneros encallecidos
de quemarse en las polvaredas,
de auparse en las intemperies,
de madrugar en las capueras,
nacidos ya, como quien dice,
en tiempo de mala cosecha,
sobre caminos quebrantados
por desventuras y querellas,
por gacho gesto ensombrecido,
por un destino de violencias.

Y éramos ya los innombrables,
los pobres hijos de la tierra.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
de haber escuchado el aliento expectante de los días interminables,
el llanto de las lluvias tristes sobre los llanos,
de haber probado el sorbo
amargo de la desgracia.

Y un día comprendimos
la dirección del viento, de esa musculatura
que se tuesta en la orilla brava de un sol naciente.

Nosotros, los esclavos de siempre,
los hombres de mirada perdida como la curva de los ríos bajantes,
los de anchos pies descalzos como las hojas de los tabacales,
acaparados por los golpes, adosados a los muros,
chamuscados en la extensión espesa de los latifundios infernales,
los que hacían los hijos como escupiendo el aire,
los que llevaban sobre el pecho quemado
los sembradíos y los tatuajes,
comprendimos de pronto
la voluntad sin tregua de nuestras gargantas,
que no había milagro comparable al milagro de nuestras manos poderosas.

Todo cobró un color predominio,
de pasión puesta en pie, de incógnita aclarada,
de ríos madrugando en asunción de brillo saludable,
de camino abreviando el apremio empeñado de los pasos del hombre;
todo animado al soplo de una luz verdadera,
de leño consumido que recobra el desvelo de su fuego,
de una certeza muscular y brava.

Un día comprendimos
que la Revolución no es solamente una palabra
de juvenil violencia, sino el agua fluente para la sed constante de los hombres
que pudiera traer la dignidad, difícil y profunda,
y el apego a la vida
y el latido inocente del sagrado intercambio de la emoción entre los seres.

Que es como la fidelidad de dos manos enamoradas bajo la luna.
Que es como abrir una fuente en una tierra seca bajo la luna.
Que es como la leche tibia de un madre hermosa bajo la luna.
O el grito de una niña bajo la luna.

Y supimos que hay noches
que descansan la frente sobre el pecho del día,
y hombres fuertes, como los nuestros, que sostienen las húmedas mañanas,
y flores que desvarían
en la mano rosada de las jóvenes cándidas,
y empuje adormilado de quebrar cocoteros en la dormida vara de la brisa,
y hogueras que levantan su niebla azul en medio de las colinas,
de las estrellas que guían las fugitivas olas de las playas.

Que no habría senderos entrecruzados,
ni señales desatendidas de los extraviados,
ni desafíos oscuros;
que cumpliría el verano su jornada,
la semilla su parto de esplendor y de ahínco
y el viejo rey del cielo su camino.

Entonces comprendimos
que la vida tendría una extraña belleza
como un árbol preñado de pájaros y meses,
que podríamos levantar la cabeza y mirar el cielo
sin temor y sin vergüenza,
respirar a pulmón pleno las fortificantes frescuras
de las raíces maravillosas.

Que rebelándonos abriríamos
las compuertas cerradas, el telón de los anocheceres hoscos y dolorosos,
que podíamos realizar el amor,
la pura valentía,
el canto,
la sonrisa,
y la fecundación de las aguas!

¡Comprendimos nosotros! Nosotros, los innombrables.


lunes, 24 de septiembre de 2012

Los Nombres de lo Innombrable



Cadáver exquisito No.LXIX
11 de Agosto de 2012

¿Has visto que el mar es un espejo, reflejando las estrellas en la penumbra? Lo innombrable, no es más que el mismo yo atravesado por el infierno de la nada y estacado por el deseo de mi alma. Pero ¿y si no existe tal cosa llamada alma? ¿Si no somos las cosas que fueron y dejaron de ser? Estaremos, pues, condenados al eterno infierno y a la no esperanza de un mañana en el mañana.

El espíritu es invisible, las palabras son invisibles, el amor es invisible. Es una conspiración contra los ojos para pagar la factura vencida de la luz, mientras que el amor y la justicia son un par de ojos ciegos y claramente el lenguaje nos enferma cuando no se tiene nombre y quizá no se necesite.

Experimentar sin compulsión las palabras, será lo mas que puedo no decir, lo innombrable es un yo pensando el sentido de la existencia en la ducha, mientras todo se da por muerto... Innombrable como tal es el cielo; No habrá nombre incrustado en el vacío y sólo pedacitos de él, nos darán las cortísimas visiones de su inmensidad entre pequeños infiernos…

…No contemplé ni siquiera un trocito de su magia junto a ustedes, la nada es ese caldo espeso de recuerdos, canciones, suspiros y emociones, de toda esa emulsión venenosa para el alma enferma. Odio, mierda, orgullo, Yo, fortaleza... Abre tu boca y pronúnciame, abre tus ojos y mírame, escúchame bajo el sol sapiente.

Ahora ocúltame con tu entrepierna oscura y no me dejes salir, hombre que habita la isla de piratas y pirañas, que se tragan su propio veneno, hombre sin retorno ¿Podrías besarme con tus labios de fuego, en algún lugar donde encuentres mis bocas?


Por
Wahider Cardona Hernández, Alejandro Santos, Sebastian Londoño Velez,
Simon Vieco, Adabella Agnus Veneris, Juan Gómez, Juana Valentina Monroy, Nausea de Vida Seca, Ana Luquilla

Cementerio Exquisito. Creación colectiva a través de una telaraña virtual
Pagina Facebook Gonzalo Arango

martes, 18 de septiembre de 2012

Los Altos Humores de la Rebelión


                        
Noviembre 23…sudor. 
Mayo 12…y sangre. 
Diciembre 26… y baba. 
Junio 15… y lagrimas… 

Alelado embotado abotargado. 
Inmundo insólito injusto. 

Las fiestas de san clemente; 
las fiestas de san pancracio. 

Bacanisiacos suplicios. Bacanisiacos 
gemidos. Evocativos. 

Sudor; y semen; y sudor y semen y baba; 
y sudor y semen y baba, y lagrimas. 

Oceánides y salamandras; el hematófago 
las contempla, las espera… 

¡Las fiestas de san Dionisio; 
las fiestas de san pancracio!

La entraña bien apretada, fuerte. 
Los miembros bien aceitados, largos. 

Sudor; sudor y semen; sudor y semen y Pus; 
y sudor y semen y pus, y sangre. 

El piloto bien cebado, sin dolores; 
sin angustias. Sin argucias. 

Bacanisiacos suplicios. Bacanisiacos 
gemidos. Condenatorios. 

Entregadlo todo por la rebeldía; 
¡entregadlo todo, aun más de lo poseído!… 

¡Las fiestas del santo vito; 
las fiestas de san pancracio!


martes, 4 de septiembre de 2012

Diario de un Alcohólico



Despierto a las 2:07am en un sillón, mi boca seca se siente a Vodka, tal vez Vodka del centro de la ciudad, cuyo valor es igual a su contenido de alcohol puro; cuarenta y tres o cuarenta y cinco por ciento se muestra en la etiqueta de la botella, sesenta o setenta por ciento se siente al pasar como un trago ardiente, que te rasca la garganta, como si pasaran miles de vidrios por ella, vidrio ardiendo en llamas como la noche pasada, donde las luces, los gritos, las carcajadas, los licores se mezclaban entre la algarabía, los chascarrillos, el humor negro y el humo profundo.

Decido tomar rumbo incierto, caminar por las calles sin tener recorrido alguno, saberme como ningún otro, pensar los grados del alcohol y que cada uno me dé una nota musical diferente, tener una reacción diferente al mismo acto, hoy, mañana, pasado mañana y dentro de un año más; adorar mil deidades creadas por mi conciencia infinita, infinita como cada acto que he de cometer en días y devenires futuros.

Doy vuelta a la primer esquina y me topo con un grupo de personas que no conozco, decido seguir sin conocerlas, pues el éxtasis producto del alicoramiento me lleva por mi camino; simplemente un ser alado, metafísica pura y etherna, súper-conciencia individual, respuestas que resultan simples, verdad particular, como todas en esencia.

Llego a un parque, me siento en una de las bancas para ver pasar el silencio mientras hablo entre pensamientos, mientras me desligo de todo lo que se ha creado como moral y amoral; decido no militar en ningún bando, tomo mi camino y soy yo, ese alcohólico que deambula las calles, buscando una respuesta más entre ese ser que separa la imaginación, la deidad y lo real; la respuesta a toda moral civilizada. Decido vestirme y mimetizarme con el paisaje, para luego explicar como el consumidor se hace drogadicto a sí mismo, el observador, el alcohólico, el navegante de internet, el fumador, el sexo-mano, la ninfómana, el paranoico, el político, el más corrupto de todos: el hombre como el animal enfermo por excelencia, el vicioso, el ser corrupto por naturaleza.

Saltan las leyes naturales, las verdades individuales, soy alcohólico de pre-nacimiento, ya desde mis antepasados estaba ebrio y feliz de gozar un buen momento acompañado de aguardiente casero, hecho para recrear, para distensionar el cuerpo, la mente y el espíritu; lleno de ritual, de magia, de felicidad infinita desde un remoto paraje geográfico, donde los visitantes eran bien recibidos y ellos bien llegados.

Tomo un trago mas de vodka, en realidad desearía un trago de tequila con limón y sal, tal vez una cerveza o un aguardiente, pero esta noche tocará vodka, ese que no se congela por más frio que esté el alma. Observo de reojo mientras tomo mi trago, hoy no lo quiero compartir más que con migo mismo, hoy no soy un hombre social, un hombre para intercambiar palabras nocturnas y errantes, hoy no soy un político mas de la noche de sábado, aunque no se bien qué día es hoy realmente. No comparto un trago con nadie, pues hoy no merece nadie debatir pensamientos sagrados como los de un buen bebedor. - ¡¡Pongo en alto al alcohólico y hago de abogado del diablo de este en una noche transitoria como esta, pongo en alto al bebedor filosofo, político, romántico y querendón, ese que siente la vida durante cada segundo como si fuera el último momento antes de morir!! -.

El amanecer se asoma espantando los últimos ebrios, unos dan pasos lentos, otros con sus manos en los bolsillos para calentarlas, otros van cantando el himno nacional, la más nefasta de las letras que en mi vida pude escuchar, un patriotismo envuelto en el dolor y la sangre de muchos, miserables unos, héroes otros, próceres unos pocos, importantes unos pocos menos que reconfiguraron el territorio a su conveniencia, a la plebe la llenaron de días de fiesta para que esta no se sublevara y a los esclavos les cambiaron el nombre por técnicos, tecnólogos y mano de obra especializada. Yo me levanto y canto a mil voces “que orgulloso me siento de ser un buen colombiano”.  Me declaro bueno de principio a fin, antes y después de mi nacimiento. – Y ahora como ciudadano del estado mundo me nombro emperador único e irrevocable del estado perteneciente al callejón del infinito -. Luego de mi posesión como emperador decido marchar hacia el lugar más alto de la ciudad para condecorarme ante la deidad naciente en la mañana.

Al llegar a la cumbre, me doy cuenta que no había sido el único emperador de la noche, habían otros ilustres, entre esos uno que tarareaba una canción. Le ofrecí un trago, no tenía nada más que ofrecer; hoy las palabras eran innecesarias, por lo tanto he decidido seguir en mi silencio, con migo mismo a pesar de los visitantes de la cumbre.

El vodka daba sus últimos sorbos de vida; la amargura y la realidad se hacen presentes en tal momento, donde la impaciencia de saber que pronto será el fin de tan grato compañero, me hace pensar de nuevo en la realidad general, la cotidianidad, el hombre referente a una hormiga.

Desciendo antes de terminar con mi querido amigo, haciendo las paces y el duelo digno del momento, hallando una caneca de basura y dando sepelio al difunto, cuya sangre derramada fue poca.

Meto mis manos a los bolsillos en busca de buenas noticias. La única buena  que encuentro es que ha llegado a nuestro país la absenta y a buen precio en el mercado negro. La mala es el alza a todos los productos, entre ellos el aguardiente, la cerveza, el ron, hasta a la chicha le subieron el precio. Ah… que calamidad pensaba yo, mientras la mañana traía tras de sí un pequeño rocío, un sol caluroso y un carajillo entre manos.

Recuerdo que hoy es el cumpleaños de la tierra; año cero, día cero y apocalipsis de boca en boca. Las puertas cerradas, las ventanas aseguradas con tablas y una mancha en forma de X en cada casa. Me pregunto si saldrá Moisés en la esquina siguiente, gritando como un loco (otro mas), que el hijo del emperador morirá esta noche. Sonrío pensando en que no tengo ningún tipo de descendencia, no me preocupa y sigo mi camino.

Adelante me hallé entre una marcha fúnebre, caras pálidas, vestidos negros, cabezas cabizbajas, tristeza en el aíre. Me resultó cómico escuchar dos frases que decían así: “quien en Cristo cree no morirá para siempre”; me producía algo de temor pensar en muertos vivientes por las calles, podridas las carnes, huesudos, compartiendo un trago mas por la vida; Qué ironía. La otra frase que escuché mientras marchaban era: “… dale el descanso eterno”, no se sabe si quieren estar allá, en el mas allá o en el más acá.

Hay momentos para escapar del mundo, donde el mundo es el centro de ese escape; euforias que se escapan entre las mieles del alcohol, entre el aguamiel y los alcoholes refinados de la contemporaneidad. El alcohólico no quiere escaparle al mundo por medio de unos tragos, quiere repensarlo de otra forma, no siempre común, no siempre corriente, pero muchas veces practica para salir con otro tipo de respuestas, inesperadas, o totalmente esperadas. No es despreocuparse, son estilos de vida de acuerdo con el tiempo-espacio en que se encuentra situado el ser, son las diferentes respuestas a las vivencias, y no, no siempre son escapes, a veces son epifanías en medio del alcohol.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Cronos en Bicicleta, o el Arte del Tiempo de Ocio, la Risa y el Poema

Gorey - La muerte monta en bicicleta.

La idea del tiempo libre es un eufemismo, no se libera el tiempo, o al menos nadie está libre del paso de los años, ni se puede salir de los ciclos donde vida y muerte se acercan tan inesperadamente. Hoy en día nos venden “minutos” término que antes ni se conocía en nuestras relaciones cotidianas, aparecen formas de control y de dispositivos donde se mide el rendimiento por la cantidad de tiempo empleado y por la calidad y rapidez de la producción de los objetos deseados. 

Estamos, aparentemente empaquetados, sobre un ritmo similar a un conteo esquizoide sobre los parámetros de los relojes, los almanaques y las agendas que determinan con una regularidad de parsimonia muchas de nuestras acciones. Los griegos llamaban Skholé no tanto al tiempo libre sino a una disposición anímica para hacer sin apuros y sin la angustia de la pérdida, actos de una espontánea creatividad sin las afujías del mercado. Un estado de contemplación creadora, un goce estético, un momento de lucidez y una puerta al pensamiento de un filosofar sin las premuras del pan comer. 

Ocio, podría ser mejor el término, una actividad que sólo los ciudadanos ricos, los de la polis disfrutaban mientras los esclavos levantaban templos, hacían las embarcaciones, cultivaban y con sus artes anónimas convertían el barro en vasijas y los vegetales en vestidos. Otium, término más romano, era el descanso, era lo contrario de la palabra negocio que significa negar el ocio. Más, frente a eso, siempre en la historia se encuentran agudos aguijones en contra o a favor. 

La religión cristiana dictaminaba a los pobres que “el ocio era la madre de todos los vicos”, estimulaba el trabajo de servidumbre y de doblegamiento, mientras el clero y los caballeros se dedicaban a la caza, a fomentar torneos y guerras para salvarse del tedio y para buscar placeres que aun siendo cruentos, era una manera de acrecentar posesiones, de gozar de más comodidades y de salirse de las tareas arduas del hacer la manualidad doméstica y los trabajos rudos de labranza y de las “artes sanas”, que eran tareas del vulgo. 

Más en la poesía, que se puede decir que no es patrimonio exclusivo de los seres ricos, el arte creativo, la música, la pintura, las danzas mismas, se hacen no para crear objetos similares a un martillo, o para hacer movimientos donde se produzcan enseres y vituallas. En esta alma imaginativa, todos los pueblos han tenido un ocio para reivindicar sus sueños y para expresar sus dichas y sus penalidades. No todo trabajo es el peso infame de una condena para ganarse el pan y buscar el simple sustento, Jardel Poncela dice: 
“Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse”. Más en sociedades de altas desigualdades y donde la humillación y el doblar la cerviz es lo corriente, divertirse trabajando es un escándalo. Recordemos el Mito de Sísifo condenado a levantar las piedras y subirlas a lo alto de una montaña para luego echarlas a rodar, como castigo de los dioses, pero ellos nunca le perdonarían, que pese al esfuerzo, siempre se reía de ellos, de los dioses y de sus lógicas arbitrarias del castigo.

Herman Melville, el escritor estadounidense, decía que había que dignificar el ocio, fuerza inventiva: “Hablan de la dignidad del trabajo. ¡Bah!, la dignidad está en el ocio”, un verdad que tiene que ver con la creatividad y la inventiva de niños, lo que más nos gustaba era el recreo, tiempo de inventivas y de juegos, después nos han llamado a actividades conductistas que se han llamado recreativas, si tal cosa se aplicara en sentido estricto sería volver a crear, reinventarse, re-crear y no una serie de juegos inducidos y de discursos blandos sobre la bondad de tener dirigentes y dirigidos. 

El filósofo británico, Thomas Hobbes, llegó a decir: “El ocio es la madre de la filosofía”, un tiempo para pensar, para hacer el recreo necesario para la vida. El mismo Bertrand Russell, matemático y filósofo, de una vida agitada y con una gran producción literaria llego a expresar: “El ocio no es hacer nada. Es tiempo libre para cualquier cosa”, y de esa cualquier cosa ha salido un pensamiento lúcido y libre. Actitud que la resume mejor Sócrates: “No es perezoso sólo el que no hace nada, sino también el que pudiendo hacer algo mejor, no lo hace”. Un hacer que está más emparentado con el placer, con la dicha de vivir, con la capacidad de hacerse preguntas, de cuestionar la existencia antes que parasitar en la vacuidad y en el consumismo sin sentido. 

Cronos monta en bicicleta, es una frase suelta, como soltar rutinas y salir al viento y conversar con un vecino, darse a la tarea de ser transeúntes de sí mismos. El ocio como dignidad estética y como un valor cultural que enaltece al ser humano. El Ocio así entendido se acerca a las búsquedas de infancia, ese no perder la capacidad de asombro, algo cercano al erotismo, que es un acto ocioso y bello, pues no siempre está ligado a la reproducción ni a la producción de bebés ni mucho menos. Puro placer que se hace exquisitez, acto sibarita, lúdica de los movimientos y de las comunicaciones entre los seres. 

Al inicio de la sociedad industrial miles de operarios estaban esclavizados a las máquinas, con largas jornadas laborales, sólo con largas y truculentas luchas se ha logrado mal que bien dividir el día en tres ochos, ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para el estudio, que no siempre se cumplen. Esto supuestamente ha creado un tiempo libre, que se convierte muchas veces en un tiempo de un hacer deshaciéndose, un desgaste en lo que esta sociedad ha llamado esparcimiento, una cosa parecida a esparcirse, reguero de acciones tiradas, circulo inocuo de repeticiones sin asombro. Apoltronados viendo una pantalla, largas horas hasta enrojecer los ojos, o como largos domingos del hastío, donde da lo mismo dormir unas horas más o convertirse en un tragador de cachivaches metales de la prensa y de la televisión hasta el desgaste. 

Oír las músicas molidas de la radio, reguetonearse la vida con ritmos donde cuerpo y goce no son más que objetos de consuno plástico, una anorexia del alma y una aburrición sin cuerpo vital. No es que dormir no sea un acto de ocio placentero, pero hay que recordar que ese invento ocioso de la cama se creó no sólo para dormir. Que la abulia de muchas expresiones como dicen: ¡que pereza!, qué “jartera” hace, o no encuentro nada para hacer, no puede confundirse con el abur de la melancolía, que poetizaba León de Greiff, que no es más que una expresión sensible pero escéptica sobre los absurdos de esta vida. 

No hay que olvidar que Lafargue, tan cercano al marxismo, no reivindicaba el derecho al trabajo, sino también el derecho a la pereza. ¿De qué sirve una superproducción, si eso no conlleva a una reducción de la angustia laboral y un reintegro del plusvalor al bienestar? Buscar el ocio para el arte, la ciencia, pero sobre todo para poetizarnos, como un acto sin límite de tiempo y sin ganancias aparentes.

miércoles, 29 de agosto de 2012

La Cena del Diablo





1. Las puertas del infierno se abren, chocan despavoridos los demonios por salir, contra la corriente continua que se alterna entre ángeles y hombres convertidos hablando latín; se encuentran todos...y perdidos hallan en sus miradas olvidos del recuerdo de sus vidas pasadas, corriendo en esas nubes grises tras sus futuras almas, delante...sus cuerpos carcomidos en las bendiciones de Satán, en las maldiciones de Alá, que en sus tronos ahora... ni les interesa que el limbo…va a explorar.

2. Dos pasos atrás y las puertas se cierran, ¿dónde están las delgadas siluetas que en las agujas de la agonía hoy se enhebran? el sastre desapareció por morar en su última renta, tantos rotos por enmendar quedan sin aunar, es una pena.
Recordaba cuando apuró su último trago de veneno, elíxir mágico que la trajo hasta allí, no observaba a nadie, nadie le observaba, su alma perdida la había abandonado en cuanto supo que no tenía obligación de estar acompañada. Las puertas del infierno en todo su esplendor eran para ella, ahora su morada.

3. Sellar los brazos que alguna vez le recibieron, una vez de veces en que los peces, del cielo nadaron contracorriente, sobre aguas saladas... dulces... al fin amargas, aleteando con su lengua amputada sangrando el tóxico a 100, que manjar cálido tomó entre las brasas... un pez, llamado como ya ves, sin brazos, sin lengua y sin vida, nadando por el cielo a escondidas... huyendo de Cocho, su exnovio, que le buscaba por un rincón con sus brazos abiertos aceptando rechazos inciertos con agobio.

4. Nadie podrá alguna vez decir que no lo intentó, buscó y buscó, pero…no lo encontró, solo oía aquellas voces que la confundían de dirección, escuchaba aquella canción de cuna que cantaba mamá , los desgarrados gemidos de los soldados moribundos en la guerra, los silbidos extraviados de los náufragos sin vela, el silencio que las burbujas rompían sin parar. Finalmente llego a un pequeño estanque limpio… pero el reflejo le hizo correr despavorido, de nuevo a las aguas turbias de la miseria y el olvido, nadie le salvaría, solo ella, pero estaba demasiado exhausto, a punto de caer del recorrido, en su ausencia.

5. Andante por las aguas galopantes, como Jesús le había enseñado en los pasajes del evangelio disonante, chapaleando de sed en aquellas aguas rojizas, murmurando en pompas una canción del diciembre pasado, "mostráme ese apachurrao", consiente muy  bien que si lloraba tal vez se ahogaba de nuevo, y sin oportunidad de bailar por estarse cargando al miedo, ella, allí en la orilla de la casa de sus padres, comiendo costilla, pues nunca gustó de la sopa de pescado, ni de lentejilla, la olla ya estaba lista. Ahí mismo, renunció a girar hasta el mareo que le hacía recordar sus más alucinantes sueños....y así, sólo se deja allí como un pez muerto, que la corriente le lleve, que le hale hacia adentro…

6. … le invade la calma, aunque a veces le falte el aliento, y entre la paz que susurran sus oídos, espera somnoliento llegar a algún lado, conseguir la respuesta del camino que se ha desbaratado. Navegante… divagante, flota mientras la corriente le arrastra a un lugar lejano que ningún pie ha tocado sin caer ahí amputado, flotando… y quedar allí atorado.


7. Despierta en un cesto de peces, insabiendo qué ha pasado, tal vez mientras soñó con volar… algún hombre le ha pescado, o sólo dejó de llorar y ahora el mar se ha secado, o caminando debajo del mar corrió tanto por tanto querer alcanzar que en ninguna piedra se ha fijado…y… al final solo tropezó con una enorme ola de ideas que ahí mismo le tumbaron, que invadieron su cabeza y la respiración le cortaron; y corrió… huyendo lejos…de las sombras que invadían por completo…el espeso bosque...que le hacía perder en encuentro…con Cocho, su exnovio fantasma, que llegaba mientras sufría el asma, de un ahogo en ésa olla a fuego lento con papas, yuca y sal-pimiento... comenzó a rezarle con toda devoción a su santo allá en el cielo, al pelao que nunca quiso... pero ahora más que nunca ... NO TE MIENTO.
Y ahora se ahoga en su lamento, queriendo, viviendo, menguando por dentro, y deseando, su cuerpo se impregna de ungüento, ella encontró el boleto para viajar a la luna y volver…en un momento.

K8. Ese líquido tibio, que doraba sus escamas... le quemaba todo el cuerpo, y arrancaba sus pequeñas alas. Había llegado al limbo, luego de ese paseo húmedo por lugares que nunca quiso, y aún así su fé en Cocho, se mantuvo intacta, saludable y fuerte, hasta las ocho, hora de cenar...de una pez ya pescado: un SAN Cocho. La olla a presión no resistió tanto calor en el cielo y por fin explotó. El infierno se apagó haciendo llamas el trono de dios, y el diablo cerró la tapa de la olla que sólo un segundo…abrió.

jueves, 9 de agosto de 2012

¡Que respondan los artistas!

Violencia- Oswaldo Guayasamín

La Revista Innombrable en su Quinta Convocatoria plantea generar un dialogo entre los conceptos de Violencia-Arte-Revolución, entendiendo el arte como eje central en el cual se articulan los conceptos de violencia y revolución desde sus múltiples interpretaciones y representaciones. 

Las Estéticas de Resistencia, son las diversas formas de crear y de conjugarse con el arte, en el entendido que crear es resistir, no dejarse llevar por el arrastre, no dejarse llevar por los deseos de la opinión corriente, pero principalmente resistir al deseo de la interrogación imbécil. 

Resistir es saber que nadie tiene derecho de atropellar a un artista, porque todo artista es un liberador de vida, una potencia de la naturaleza, vida que va más allá de si misma; y es por esto que la sola existencia del arte es ya una resistencia. “Crear es liberar al hombre de su propia prisión, eso es resistir.”

En este sentido, no hay arte que no sea liberación, no hay arte que no sea revolución, porque libera las potencias de la vida y hace daño directo a la majadería y a la estupidez. El arte es resistencia porque crea red, las redes crean complicidades y su función es crear y resistir. 

¿Cómo podemos resistir a la violencia?, ¿Cómo podemos unirnos en la revolución? ¡Que respondan los artistas!

martes, 31 de julio de 2012

Bases de la convocatoria: Violencia-Arte-Revolución "Estéticas de Resistencia"


La REVISTA INNOMBRABLE los invita a participar en la convocatoria de la Quinta Edición con el Tema: Violencia-Arte-Revolución “Estéticas de Resistencia” que estará abierta durante el periodo:     1 de agosto – 31 de septiembre (2012)

Los interesados pueden enviar:

Imágenes
Fotos, Pinturas e ilustraciones.
(En buena calidad y con relación al tema propuesto por la revista)

Textos

·         Poemas: un máximo de tres poemas cortos (hasta dos páginas)

·         Cuentos: un máximo de dos cuentos cortos (hasta tres páginas)

·         Ensayos y Textos Dramatúrgicos: Un texto (hasta diez páginas)

(Los textos que excedan el número de páginas propuestas se considerará en relación al tema propuesto por la revista)

Enviarlos en Word - Arial 12

Revisar muy bien ortografía y puntuación antes de enviar los textos, pues con cacografía no saldrán sus escritos.

Pueden mandar sus propuestas al correo: lo-innombrable@hotmail.com con el asunto:  5 Edición


viernes, 20 de julio de 2012

Violencia y Ritual en la Tragedia Griega - La Fortuna. (1-5)


Jonathan Caudillo Lozano
-Filosofo Mexicano- 

elyphaslevi@hotmail.com



El siguiente trabajo busca hacer una breve reconstrucción de las características del pensamiento trágico que puede extraerse, no sólo de la dramaturgia de Esquilo, Sófocles  y Eurípides, sino de las condiciones alrededor del nacimiento de la poética trágica. De esta aproximación se pretende tratar de entender cuál es el sentido y papel de la violencia en la conformación poética del pensamiento trágico. El primer paso será tratar de aproximar el sentido de la noción de fortuna o tyche en la concepción, trágica, después partiremos de la visión de Heráclito para entender el doble sentido de la guerra o pólemos y, finalmente, entender como se relacionan estos elementos con la concepción de lo trágico en la condición humana y separarla de cualquier forma de pesimismo.     


I - La Fortuna (Tyche)

La tragedia, al ser constitutiva de la educación y cultura griega, no puede pensarse como un accesorio secundario sino como el nacimiento de la reflexión en torno a la vida ética. Las referencias a los trágicos, en relación a los problemas del actuar humano, señalan la relación entre la poética trágica y el pensamiento acerca de la condición humana y sus problemas. El pensamiento trágico puede ofrecer elementos de reflexión acerca de la conducta humana, que bien pueden tener vigencia en las reflexiones éticas contemporáneas. Martha C. Nussbaum en La fragilidad del bien lo expresa de la siguiente manera:

Los poemas gráficos, en virtud tanto de sus temas como de su función social suelen abordar problemas sobre el ser humano y la fortuna que un texto filosófico puede omitir o evitar. Al contener relatos que han servido para que toda una cultura reflexione sobre la situación del ser humano y mostrar las experiencias de personajes complejos, no es fácil que oculten la vulnerabilidad de la vida frente a la fortuna, el carácter mudable de nuestras circunstancias y pasiones o la existencia de conflictos entre nuestros compromisos.[1]

El texto trágico es la manera en la que la cultura griega aborda la relación de la vida humana ante la fortuna (tyche), la cual se encuentra más allá de sus deseos, designios o albedrio. Ahora bien, se debe señalar que por el término fortuna no deben entenderse los acontecimientos azarosos o incausados sino que: “lo que acontece a una persona por fortuna es lo que no le ocurre por su propia intervención activa, lo que simplemente le sucede, en oposición a lo que hace”.[2] Dicho de otra forma, en la fortuna existe una diferencia entre la finalidad que el sujeto trata de dar a sus acciones y el resultado de ellas, es decir, la fortuna sucede en ese lugar entre la acción premeditada del sujeto y su resultado. 

Puede pensarse que la irrupción de la fortuna no depende únicamente de la intervención activa del sujeto pero tampoco está desligada de ella. Ante la presencia de la fortuna puede verse que en el actuar humano hay un límite que es rebasado por aquello que no se puede controlar. Las acciones humanas en la reflexión trágica no dependen únicamente del agente que las realiza, sino que son un cruce de dos fuerzas entre las intenciones y el entramado de condiciones ajenas al sujeto que influyen en el curso de las acciones.   

Este espacio, que más bien debe verse como un abismo, es el territorio en donde irrumpe la acción de lo que está más allá de las intenciones humanas, en ese abismo tiene efectividad la acción de los dioses. Lo divino son las fuerzas que no solo determinan la naturaleza, sino también, las pasiones y los actos, no hay aspecto de la naturaleza, en el mundo trágico, en el que no exista intervención de los dioses. 

En este sentido, cada obligación moral esta impulsada por alguna autoridad divina. Pero debemos recordar que el panteón griego está conformado por multiplicidad de dioses que se encuentran en pugna entre sí, si estas fuerzas son las que amparan las obligaciones morales o incluso las pasiones, ¿no sería lícito pensar que el fundamento del pensamiento trágico radica en la contradicción?  Honrar a los dioses y sus designios es un imperativo que subyace a toda reflexión de la moral griega, pero ¿cuál es la salida ante la posibilidad de mandatos antagónicos o contradictorios? Martha Nussbaum al referir este problema introducido en el dialogo platónico Eutifrón, nos dice lo siguiente:

La creencia en el deber de honrar a todos los dioses, genera (o explica) en el típico agente moral griego la presencia de un sentido de la obligatoriedad e inevitabilidad de exigencias posiblemente antagónicas, obligatoriedad e inevitabilidad que no desaparecen ni siquiera en situación de conflicto. Sócrates piensa que ello conduce a la inaceptable conclusión de que al menos algunos dioses albergan opiniones falsas y plantean exigencias injustificadas. Por tanto anima a Eutifrón a que revise la tradición considerando obligatorias sólo aquellas exigencias con relación a las cuales exista unanimidad divina, e incluso se permite poner en duda que las deidades discrepen entre sí.[3]

Para el Sócrates platónico no es posible pensar que los dioses puedan exigir deberes contradictorios y de hecho su consejo es solo seguir las exigencias en las que exista unanimidad entre las deidades. Pero la pregunta es ¿es posible ésta unanimidad en las concepciones míticas de los griegos?


[1] Martha C. Nussbaum, La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega, traducción: Antonio Ballesteros, La balsa de la Medusa, Madrid, 2004, p.42
[2] Ibíd., p.31
[3] Ibíd., p. 61

Violencia y Ritual en la Tragedia Griega - La Guerra. (2-5)


 

II - La Guerra 

Antes de la incredulidad de Platón ante la divergencia y el conflicto en el seno de lo divino, Heráclito ofrece una perspectiva menos reservada ante la contradicción señalada anteriormente. Uno de los fragmentos atribuidos al filósofo “oscuro” dice lo siguiente: “Pólemos es el padre de todas las cosas, el rey universal, que presenta a unos como dioses y a otros como hombres a unos como esclavos y a otros como libres”.[1] 

Pólemos como todo término filosófico griego de difícil traducción, aunque en general su sentido se dirige a la guerra, o colisión de fuerzas opuestas. A pesar de que el pensamiento de Heráclito ha llegado hasta nosotros de forma fragmentaria o por testimonios, vale la pena no ignorar las consideraciones de este pensador que nos pueden indicar una dirección entorno a los problemas planteados por la tragedia.

La guerra como padre de todas las cosas implica que en el seno de la naturaleza las relaciones son antagónicas y contradictorias, a pesar de los intentos platónicos de justificar la unanimidad y uniformidad en los designios de los dioses. Heráclito señaló que lo natural de lo divino es la guerra.  Al respecto Werner Jaeger en La teología de los primeros filósofos griegos, señala lo siguiente: “la hostilidad y choque de fuerzas contrarias –una de las grandes experiencias de la vida humana- se encuentra aquí que es el principio universal que gobierna todos los reinos del ser. La guerra resulta así en cierta forma la experiencia filosófica primaria de Heráclito”.[2] 

Si bien es posible ver que el sentido de pólemos está ligado a la guerra, se debe tener reservas al pensar en la guerra en su sentido estrictamente humano, pues pólemos, señala la contradicción y choque de fuerzas opuestas pero este choque es un principio universal de toda existencia. Pólemos es mas cercano a un sentido ontológico del cual el conflicto humano es sólo una de sus manifestaciones.

La relación polémica de las fuerzas de la naturaleza es al mismo tiempo la condición de posibilidad de la existencia del mundo, en otras palabras, la hostilidad entre las fuerzas antagónicas no son necesariamente destructivas, por el contrario, el choque de las fuerzas opuestas es lo que sostiene la existencia del mundo. Otro fragmento del filosofo de Éfeso señala lo siguiente: “los elementos opuestos convergen, pero de sus divergencias brota la más bella armonía; de hecho, la realidad entera surge de la confrontación”.[3] De esta manera la guerra no puede solo reducirse a la confrontación política de lo humano sino a un principio ontológico que permite que el mundo exista:

Heráclito pone en contraste la guerra con la paz en una serie de típicas parejas de contrarios tomadas de las esferas cósmica, social y somática; apenas puede tener, pues, el mismo sentido simbólico universal que en la sentencia en que se declara madre de todas las cosas. Pero esto hace tanto más claro lo que debemos entender por “guerra” en su alto sentido simbólico: el constante intercambio y lucha de contrarios en el mundo, abarcando incluso la guerra y la paz.[4]

La relación polémica de las fuerzas implica intercambio y movimiento en donde generación y corrupción, vida y muerte, se acompañan en movimiento perpetuo. Sin embargo, se debe tener presente que pólemos en el pensamiento de Heráclito no es libre de un sentido destructivo. Lo que se pretende señalar es la dualidad de la confrontación de fuerzas que puede o bien ser fecundo y creador de la naturaleza o bien destruir lo existente para dar paso a otra cosa.


[1] Giorgio Colli, La sabiduría griega, traducción: Dionisio Mínguez, Trotta, 2010, p. 33
[2] Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, traducción: José Gaos, F.C.E., México, 2003, p. 120.
[3] Giorgio Colli, La sabiduría griega, p. 21
[4] Werner Jaeger, La teología de los primeros filósofos griegos, p.121

Violencia y Ritual en la Tragedia Griega - Las Dos Caras de la Violencia Ritual. (3-5)



III - Las Dos Caras de la Violencia Ritual

Sobre este doble juego de la hostilidad de los contrarios, René Girard en su texto La violencia y lo sagrado, hace que pongamos atención en lo siguiente:

Hasta las más extrañas aberraciones del pensamiento religioso siguen demostrando una verdad que es la identidad del mal y del remedio en el orden de la violencia. En ocasiones la violencia presenta a los hombres un rostro terrible; multiplica enloquecidamente sus desmanes; otras al contrario, se muestra bajo la luz pacificadora, esparce a su alrededor los beneficios del sacrificio. Los hombres no comprenden el secreto de esta dualidad. Necesitan diferenciar la buena violencia de la mala; quieren repetir incesantemente la primera a fin de eliminar la segunda.[1]   

La relación agónica, de las fuerzas opuestas, tiene en su efecto un juego doble que le es propio como una forma de pólemos, por un lado es la destrucción del mundo que se conoce, pero por otro es la condición necesaria de la existencia del mundo, pues en la colisión de estas fuerzas opuestas converge la multiplicidad. Esta multitud de fuerzas es el terreno en el que toda acción humana es arrojada al mundo, y también es la condición que puede desviar el curso de acción. 

El entramado de fuerzas múltiples en colisión polémica, es el terreno de acción de la fortuna. No debemos olvidar que el origen de la tragedia se encuentra en los rituales sacrificiales ofrendados a Dionisos. En el sacrificio puede verse justamente la dualidad de la violencia ya que, la práctica sacrificial es en sí misma violenta pero esta violencia a su vez ayuda a instaurar un orden y también a mantenerlo. Martha Nussbaum lo señala de la siguiente forma:

La ceremonia del sacrificio animal, de la que, en opinión de Burkett, toma su nombre la tragedia griega, expresaba el temor de una comunidad humana ante sus propias posibilidades homicidas. Inmolando un animal en lugar de una victima humana, rodeando además la acción de un ritual que pone de manifiesto tanto la inocencia de los matadores como su respeto por la vida los actores de esta “comedia de la inocencia” (Unschuldskomodie), al mismo tiempo que reconocen las posibilidades homicidas que guarda la naturaleza humana, se distancian de ellas. Expresando su actitud ambivalente y su remordimiento por el sacrificio animal, humanizando a éste y preocupándose por su “voluntad”, alejan de sí la posibilidad más terrible: el homicidio despiadado y su propia transformación en seres bestiales.[2]   

El acto ritual, es en sí mismo el punto de encuentro de esta ambivalencia de la violencia y del conflicto. El sacrificio del animal, la ceremonia religiosa que dará paso a la tragedia, es el punto de encuentro de los dos rostros de la violencia sagrada como terrible, pero también, como contenedora de la violencia que podría desatarse sin la intervención del sacrificio. Las posibilidades homicidas, bestiales,  de la comunidad humana no son impulsos que deban sofocarse sino que deben ser transfigurados por la vía del sacrificio y del ritual. 

La fuerza del pólemos, es decir, la lucha y el conflicto, son la condición de existencia del mundo y la procedencia del impulso violento de lo humano. El sacrificio es la forma en que estos impulsos son reconocidos como procedentes de los divino y transfigurados en acto religioso que permite mantener cierto orden en la esfera de lo humano.  El puente con lo religioso es tan violento en la medida que los dioses lo son. Cada acto religioso recuerda la relación bélica en el seno de lo divino en que el hombre está inserto. El sacrificio del animal, como génesis de la tragedia griega guarda en su intimidad un grito ante el desgarro y la guerra de las fuerzas opuestas. 

Pero el reconocimiento trágico de la condición violenta de la humanidad no implica una postura pesimista; y es en esta consideración en donde Nietzsche se separa del pesimismo Schopenhaueriano al decir de los griegos; en El nacimiento de la tragedia griega, lo siguiente:

Para poder vivir tuvieron los griegos que crear, por una necesidad hondísima, estos dioses: esto hemos de imaginarlo sin duda como un proceso en el que aquel instinto apolíneo de belleza fue desarrollando en lentas transiciones, a partir de aquel originario orden divino titánico del horror, el orden divino de la alegría: a la manera como las rosas brotan de un arbusto espinoso. Aquel pueblo tan excitable en sus sentimientos tan impetuoso en sus deseos, tan excepcionalmente capacitado para el sufrimiento, ¿de que otro modo habría podido soportar la existencia, si en sus dioses ésta no se le hubiera mostrado circundada por una aureola superior?[3]   

En este fragmento puede comenzar a intuirse las condiciones que permitirán el nacimiento de lo que conocemos como la tragedia griega. En el fondo del pensamiento trágico encontramos una totalidad escindida en donde las fuerzas divinas están en perpetua confrontación consigo mismas, el sacrificio ritual que da paso a la poética trágica, es el  reconocimiento de la ambivalencia de la violencia humana que al mismo tiempo es parte de la confrontación ontológica. 

En el pensamiento trágico el mundo tiene un relación consigo mismo que no es univoca pues se encuentra escindido en multiplicidad de fuerzas que están representadas en la forma de los dioses, por lo tanto, el mundo es unidad múltiple que guarda una relación antagónica consigo mismo. En este sentido, los dioses mismos son reflejo de que lo terrible de los impulsos humanos siguen siendo divinos, es decir, propios de la naturaleza, y que su presencia se encuentra en ese espacio que está mas allá de su voluntad, la fortuna. Pero, este  rostro terrible de lo sagrado puede transfigurarse, sin perderse a sí mismo, en la forma de la poética.

En el fondo de los mitos griegos encontramos multiplicidad que se confronta consigo misma, la forma de estas fuerzas en lucha es la de los dioses griegos cuya naturaleza nunca es fija. Sin embargo, estas representaciones de “lo sagrado” no dejaban de ser divinas a pesar de su condición bélica. Sus guerras, confrontaciones y colisiones son la condición de posibilidad de los cambios de la physis. Puede verse que la guerra, la violencia, en el sentido de perpetua colisión de fuerzas opuestas, es la condición necesaria de existencia de la naturaleza y de lo humano implicado en ella. Este fundamento ambivalente de la violencia es lo que permitirá dar paso a la estructura de la poética trágica.  


[1] René Girard, La violencia y lo sagrado, traducción: Joaquín Jorda, Anagrama, Barcelona, 2005, p. 44 
[2] Martha C. Nussbaum, La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega, p. 71
[3] Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia griega, Traduc. Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 2000, p. 55