Todas
las mañanas me despierto y pienso en ella. Sueño con utopías que siempre deseé dejarle.
Admiro
su valentía y su compañía, cuando me seca con algodoncitos mojados las lágrimas
esas tardes que me sumerjo en abismos.
La
miro y me siento culpable de vivir en este mundo, de no ser la madre que quería
ser para ella, de perder la fe cada dos semanas, de querer morirme una vez al
mes, de un no haberme sanado del todo, me siento culpable de las heridas que
dejo sangrar frente a ella. Las mismas heridas que sangraba mi madre, que me
hacía sentir abandonada, las mismas de mi abuela, que escondía sus penas en su
habitación, la misma angustia que contenía mi hermana frente a mí, cuando yo
aún no sabía lo que era la maternidad.
“No
voy a criar sola” sentencié, cuando vi la prueba de embarazo dando
positivo.
Habían
pasado 20 años desde mi último embarazo, donde siendo solo unos pendejos
adolescentes yo había decidido ser madre junto a él.
Mi
eterno amor, que arrancó, mientras yo la pasaba mal con un embarazo de alto
riesgo, se paseaba con otras pendejas delante de mi para demostrarme desinterés
y se tapaba los oídos empepado en ravotriles, para no escucharme llorar, mientras le decía que íbamos
a tener un hijo.
Su
cobardía infantil no me quería ver, ni acompañar y perdí a Caín una mañana en
los brazos de mi mejor amigo del colegio mientras las paredes temblaban y yo
gritaba su nombre que hacía eco en la habitación.
El
corazón de mi hijo dejó de latir dentro de mí y vi en una pantalla lo último
que quedaba de él antes de que me lo arrancaran de adentro…siempre lo pensé, imaginé todo lo que hubiéramos sido
si hubiese nacido… 20 años después, con
toda esa historia a cuestas, caminé por el mismo pasillo donde aprendí a
caminar, ahora para caminar con esta vida dentro, con miedo, no a convertirme
en madre, sino a traer a este mundo
hostil una vida, a criar sin tribu, a criar bajo los parámetros de este sistema
aterrador.
El,
el mismo adolescente cobarde, me miró siendo ya un hombre con una sonrisa
protectora en su rostro y yo quise creer, pero una parte de mi estallo en
llanto, porque pude ver todo. “Nunca te voy a dejar sola”, prometió, pero yo
sabía que eran palabras frágiles que terminarían quebrándose frente a mi cuando
llegara el Caos.
Y si
… se fue de mi lado mucho antes que su sombra.
Viví con su sombra durante años, que ofuscada
me juzgaba y culpaba por todo lo que yo había dejado de ser, por todo lo que no
era ni sería nunca, por todo lo que él no era capaz de enfrentar.
Me
sumergí en una soledad hambrienta, sedienta como mi cría que no soltaba mi teta
ni un segundo.
Pasé
noches en vela mientras él dormía, buscándome entre mantas, pañales, tazas de
té que se enfriaban por toda la casa, recuerdos que atisbaban la mujer que
fui.
¿Era
mío mi cuerpo? ¿Era mía mi vida?
¿Se
podía amar tanto y sentirse tan vacía, desolada?
Mis
cicatrices se abrieron.
La
niña que fui protestó.
Todo
lo que creía sanado seguía ahí latiendo bajo mi piel, ardiendo en mi sangre.
Y un
día él se fue.
“No
voy a criar sola” pero nunca había estado tan sola como en ese momento.
La
tribu con la que había sonado desde niña no existía, la tribu que había
intentado formar con la persona que había amado la mitad de mi vida era solo
una ilusión.
Sentía
que la historia se repetía. La misma historia de mi madre se repetía en mí.
Ambas
teníamos el corazón roto. Mi abuela, mi madre, yo y ahora mi hija, teníamos el
corazón roto, podía ver la herencia del dolor de nuestra historia.
Pasamos
días y noches juntas, mi hija y yo, abrazadas. Lloramos como dos almas viejas
que se reconocen de tiempos remotos, como brujas descargándonos de toda la
historia que nos precedería. No iba a ocultarle mis lágrimas, no iba a
enseñarle que llorar estaba mal, no iba a sostener que la vulnerabilidad era
debilidad. Íbamos a llorar juntas todo lo que fuese necesario, para sacarnos de
adentro todo el dolor, todo lo que cargaba nuestro linaje desde hace siglos.
Ella fue y es la niña mas valiente y cuando la vi, mirándome con sus ojos
chinitos y hermosos, supe que seríamos orgullosas, que iba a criar a una
guerrera y no a una princesa, que nadie nos vendría a rescatar porque nosotras
nos rescatamos solas.
Que
no me iba a morir de angustia, no ahora, no después de todo lo que había
luchado, no me iba a hundir con mi cría a mi lado, mi voz no se iba a ahogar en
el mar que ocultaban nuestras paredes.
Íbamos
a vivir, a crear nuevos sueños, nuevas utopías que se harían realidad.
No
sería la madre perfecta nunca, pero sí sería la madre que cría en libertad,
porque maternar no sería mi yugo, ni un deber imposible, maternar con rebeldía,
maternar en placer, maternar en tribu, maternar sin cadenas, maternar sin
calzar en este sistema sería mi objetivo, porque maternar también es un acto
político.
“No
voy a criar sola”, voy a criar con ella, lejos de los juicios patriarcales,
lejos de maltratos, presiones y quejas. “No, no elegí un mal padre, ni tampoco
fue mi culpa que no me amara.”
“No,
amar no es dar sólo lo que puedes y desentenderte, porque nosotras, madres
solas, siempre podemos y nos encabronamos para hacer lo imposible.”
No
somos malas madres cuando estamos cansadas y queremos tiempo a solas, no somos
malas madres
cuando necesitamos sentirnos vivas, sentirnos las mujeres que somos, que
siempre fuimos. No somos malas madres cuando seguimos nuestras metas, cuando le
damos tiempo a lo que nos gusta hacer.
No
somos malas madres cuando andamos estresadas, desbordadas por tanta exigencia,
tantas obligaciones que caen con todo su peso en una sola ser.
Producir,
criar, organizar cada cosa, dar tiempo de calidad, llevarles al médico,
hacerles dormir, comprar los materiales para el colegio, lavar la ropa, ordenar
la ropa, no descuidarnos, seguir creciendo profesionalmente, llamar al padre
para que recuerde la hora en que debe pasarla a buscar, llamar al padre para
recordarle que debe pagar la pensión, pedir la mediación y quedarse plantada
por segunda, por tercera vez…
“no
te enojes, no grites, sonríe, no seas histérica, no seas
cuática, pide un préstamo y paga el psicólogo, pide un préstamo y paga la
terapia para la cría, no grites, sonríe, tu hija tiene que verte feliz, no llores frente ella,
empépate, no maldigas, rehace tu vida, te falta salir ¿vas a salir?¿ Y con
quien vas a dejar a tu hija? Te falta divertirte, ya es hora que tengas pareja,
no le presentes a tu pareja se puede traumar es muy pronto. Demanda. Igual es
buen papá, la saca a pasear, encontró trabajo.”
“Te
paso plata cuando puedo, esta difícil la cosa.”
“¿Demandaste?”
“Te
amo, quiero volver, se me había olvidado de que te amaba.”
“Le
day cualquier color. Eres egoísta”.
“No
tengo tiempo, tengo que trabajar.”
“¿y
quién es ese weon con el que andai?”
“¿No estay en tu casa? Quería ir a verla.”
¿estoy
sin plata me prestai?”
“Vos
tay loca, te la voy a quitar.”
“Contigo
se porta mal, conmigo ni un problema.”
“¿La
podis ir a dejar? Tengo que trabajar.”
“Toy
sin ni uno.”
“¿Y
qué te importa vos si carreteo?”
“No
me botes mis weas, un día las voy a ir a buscar.”
“Esos
weones te dicen que les gusta tu trabajo porque te quieren comer”.
“Bota
mis weas si yo no las necesito.”
“Hola,
como amaneció la baby?”
“No
sé si voy a estar. Estoy super ocupado.”
“Tengo
que trabajar caleta, cuando pueda te paso plata”
“Toy
pato.”
(Grito)
A
veces quisiera desaparecer, a veces grito y lloro en el baño mientras trago el
agua de la ducha para que no se escuche. Pero ella siempre sabe y se mete
conmigo en la ducha para decirme que me ama mucho, que soy hermosa, que soy su
amor mas grande. Y vuelvo a sentir que no la merezco, pero ya está aquí y me
tengo que levantar.
Estoy
cansada, estamos cansadas, pero somos las superheroínas de nuestras hijas, de
nuestros hijos. Cada madre con su historia, cada crítica está demás.
Todas
las noches nos abrazamos y somos el refugio de la otra.
Todas
las noches me desvelo un rato pensando en el siguiente paso que daré y en todo
lo que lograremos juntas.
“No
voy a criar sola” fue mi sentencia … y le crié rodeada de un universo que
dialoga con señales, con la tierra sosteniéndome bajo mis pies, con estrellas
iluminando mis noches más oscuras.
Somos
diosas creadoras, somos diosas madres.
Porque
nosotras podemos, porque somos increíblemente fuertes y poderosas.
Madre
mía yo te libero
Madre
mía yo te sano
Madre
mía, si supieran,
si
sintieran.
Madre
mía estoy pariendo,
Madre
mía estoy muriendo,
Madre
mía estoy nutriendo esta nueva versión de mi.
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