*Lorena González Quezada. Comunicadora audiovisual, fotógrafa, publicista gráfica. Titulada con honores de Duoc UC en Comunicación Audiovisual con mención en Dirección de cine y televisión. A lo largo de su carrera ha desarrollado variados proyectos independientes con enfoque documental. Entre sus trabajos se encuentran la dirección general y textos de” Caminos en la arena”, documental antropológico realizado en Isla Mocha, la co- dirección, cámara y edición del programa televisivo “Violetas, músicas del Biobío”, así como la edición y post producción de “Putupur, el origen” y “Gualliguaica, el primer pueblo desterrado del siglo XXI”. Experimentando la fotografía desde muy joven me he enfocado en el registro documental de procesos artísticos, teatrales, escénicos y musicales para desembocar en la fotografía de naturaleza explorando técnicas de post producción digital en busca de lo fantasmagórico-onírico de la imagen.
miércoles, 5 de agosto de 2026
"Sobrevivirse una misma" fotografías de Lorena González Quezada
*Lorena González Quezada. Comunicadora audiovisual, fotógrafa, publicista gráfica. Titulada con honores de Duoc UC en Comunicación Audiovisual con mención en Dirección de cine y televisión. A lo largo de su carrera ha desarrollado variados proyectos independientes con enfoque documental. Entre sus trabajos se encuentran la dirección general y textos de” Caminos en la arena”, documental antropológico realizado en Isla Mocha, la co- dirección, cámara y edición del programa televisivo “Violetas, músicas del Biobío”, así como la edición y post producción de “Putupur, el origen” y “Gualliguaica, el primer pueblo desterrado del siglo XXI”. Experimentando la fotografía desde muy joven me he enfocado en el registro documental de procesos artísticos, teatrales, escénicos y musicales para desembocar en la fotografía de naturaleza explorando técnicas de post producción digital en busca de lo fantasmagórico-onírico de la imagen.
martes, 4 de agosto de 2026
"A través de tu boca" poemas de Maruschka de Mello e Silva
Dices que te robo las palabras
de la boca
cuando equilibro tu pensamiento
Pero no quiero complementar frases
orientar sentidos historicamente revelados
Dices que te robo las palabras
de la boca
Pero no quiero dejar de observar
vientos y silencios
tampoco apurar este momento
A través de tu boca
quiero la complicidad
sin prisa
materia de todos los poemas
Arraigada bajo el sol
a través de tu boca
quiero corporeizar almas errantes
en carne transformada.
Hasta que llegue la noche
hasta que llegue la noche
quedaré en silencio
yo tuve incluso un par de alas
proscritas e inmanentes
hablo de mujer a mujer
sobre espinas y vientres
no estaremos más allá de la noche.
Con la lentitud exacta de las lunas
Con la lentitud exacta de las lunas
emparedé tu mirada
con la certeza de mis brazos libres
Con la lentitud exacta de las lunas
encontré tu canto
en la inmensidad de mis retenidos versos
Con la lentitud exacta de las lunas
no me hice devota de ningún señor
A la puerta
tengo mis orejas intactas.
*Maruschka de Mello e Silva reside y trabaja en São Luís, Maranhão (Brasil). Fiscal de justicia y poeta, hay participado en antologías en los Estados brasileños de São Paulo, Rio de Janeiro y Brasília. Tiene dos libros publicados: Pedras em Izkhor (2010) y Tabla etrusca (2022).
viernes, 31 de julio de 2026
"Réquiem" cuento de Laura María Pacheco
Cuando la luz desciende cualquier espacio adquiere un
carácter profético.
Esta noche anuncia el fin del mundo.
Conchas enlazadas, síntesis total de las artes vivas, reciben
a dos mujeres un viernes en la noche. Ambas caminan hombro a hombro bajo de las
placas óseas triangulares que conforman una elección arquitectónica
expresionista muy lúcida.
Todo espacio, en última instancia, constituye una esfera: un núcleo
que establece distancia hacia cualquier punto de la superficie —proyección—, y
un segmento que atraviesa ese núcleo vinculando dos puntos opuestos —deseo—. En
círculos avanzan diputada y gobernadora entre rostros desconocidos y trajes
formales. Los cuerpos se rozan, se enrollan, se dispersan. Todo sucede
simultáneamente entre un caldo de lenguas extranjeras y clases sociales.
Un micro mundo se revela, se derrama generoso a quienes pueden pagar
su lugar, ofreciendo la ilusión que consolida la recreación humana. Dar y
recibir vienen de la misma energía. Los pelícanos duermen; los artistas y los
fondos de inversión no. Dos entradas se compran con facilidad. Existe la
palabra y existe el intercambio: papel por papel.
Desde lo alto una voz anuncia el primer llamado al teatro principal.
Los ojos zarcos y orbiculares de la diputada buscan la fuente del sonido; a su
lado, la gobernadora observa la escena con diversión contenida. Ella sabe dónde
está el objeto, sabe incluso que se encuentra más cerca de lo que su diputada
imagina, pero no dice nada. Guarda las dos entradas y una tarjeta A. E.
Centurión en su billetera y enseguida ambas caminaban
bajo luces interiores que cortan el contorno de sus cuerpos como un láser
de máxima precisión. Corte y movimiento, corte y movimiento. Para la diputada
las formas de sus sombras resultan fascinantes; toda esa noche lo es. Sus ojos
cristales intentan comprender esa extraña sombra propia junto otra. Ambas
armonizan de un modo incomprensible, inenarrable. Su superior avanza con pasos
largos y decididos, a la diputada le recuerda el comportamiento de un caballo de
tiro que solo se dirige hacia adelante. La comparación la sorprende
de manera grata, pero decide guardarla para sí, principalmente porque no desea saber con qué imágenes
la compara su superior. Honestamente ella no tendría la
ventaja poética.
La perfecta comunión de dos sombras es despedida por una tercera. Un joven se presenta ante ellas con la intención de guiarlas al palco adquirido. Los ecos de sus pasos barren el piso y dilatan caprichosamente el previo momento de contemplación, pero no la austera intimidad que crece con el sutil roce de las manos entre diputada y gobernadora. Oscilación - roce oscilación - roce: una de las maneras en la que el calor se crea.
Al entrar al teatro el ruido exterior se hunde. El vocerío se vuelve un recuerdo antiguo. La sombra intrusa se retira tras entregar a cada una el programa de mano. Con un leve movimiento de cabeza, la gobernadora ordena: - “Recíbelo”- Ninguna palabra debe ser intercambiada para que su subalterna entienda.
Las puertas del palco se abren.
- “Después de usted” – susurra su jefa con voz limpia.
Que bien era recibida la diputada por la superficie
aterciopelada y la madera de ébano. Su cuerpo lentamente cedía como cuando las
lagartijas retozan en las ramas secas de los desiertos.
- “Podría derretirme en este asiento”- dice ella con voz melosa suspirando mientras observa el título del programa Réquiem.
- “No podría hacerlo”- sentencia su superior con
suavidad mientras rota lentamente sus hombros.
Vertebra a vertebra la diputada se endereza imitando la postura de su jefa: espalda contra espaldar, pies sobre hormigón, brazos sobre descansabrazos. Todo perfectamente organizado como debe ser.
El segundo llamado es anunciado. Esta vez la diputada identifica
el origen de aquella voz. Sus ojos intensos recorren el lugar, la magnitud del
espacio requiere tiempo para ser comprendida. Tan distinto era todo de su
ámbito de trabajo y, sin embargo, tan parecido en aspectos esenciales. ¿Cambiaría
la perspectiva desde arriba?, se preguntó ella y sin avisar se inclinó hacia el
balcón; todo su cuerpo fue plagado como un ahoja de papel y sus rizos castaños
cubrieron su perfil izquierdo, inmediatamente un
brazo largo, enfundado en sastre, se interpuso entre la baranda y su cuerpo. En
seguida, tras el contacto, la diputada regresó lentamente a su asiento. Dos
ojos como ónix vetaron cualquier movimiento futuro, la orden era clara.
- “Gracias por la invitación”- titubeó - “creo que nunca
había estado acá”- confesó ella con nerviosismo.
- “Ya veo”- respondió su gobernadora. “Casi se convierte en su primera y última vez”- añadió esta con indiferencia.
- “Lo siento”- fue lo único que pudo articular su subalterna.
Las luces comenzaron a descender. El “fade to black”
coincidió con el efecto espiral interno de la diputada pues se sentía como un
niño que acaba de ser regañado por sus padres, que vergonzoso. Sus mejillas se
enrojecieron y comenzó a sentir que podía explotar en cualquier momento.
El silencio de la sala se extendió
tallando sus tímpanos hasta que el tercer y último. En seguida dos voces llegó
a la vez; le resultaba imposible atenderlas simultáneamente. Finalmente, el mensaje de su superior se
impuso: - “¿Es consciente de que el
equilibrio puede perderse en cualquier momento? El cerebro se confunde con
facilidad y la propiocepción se abandona.
Los ojos oscuros de la gobernadora cavaron sobre los ojos confusos de la diputada. Una nube descarga y la tierra recibe. Hay un mensaje encriptado en ese intercambio, pero la diputada no logra descifrarlo, sólo puede sentir la energía etérea abandonada que se mece de un lado a otro.
- “Usted no puede caer”- susurra la gobernadora
acercándose a ella - “No antes del juicio final”…
De repente el teatro queda en absoluta penumbra.
Las palabras resuenan como sentencia. Arrastrada por la afinación de los instrumentos y la sensación desconcertante impulsada por su jefa, la diputada traga saliva y fija su mirada en el horizonte. Aunque los antiguos himnos medievales latinos no son lo suyo, la diputada se desliza por las letras desconocidas. Incluso sin saber palabra alguna, ella intuye el dolor y el miedo detrás de cada una. Cada pieza implora algo ajeno a los hombres, algo ajeno a ella misma, ¿qué es?...
Lágrimas son sembradas en sus ojos después de escuchar “Dies
Irae”. Ella comprende que el final de los tiempos, corrección; que el
final de su tiempo sonará de esa manera y temblando su cuerpo responde
al llamado.
Nunca ha experimentado algo semejante, ni en tiempos de
júbilo, ni en tiempos de agonía. Sollozando su alma es convocada. Si iba a ser
salvada o condenada ella no lo sabía. La atmósfera sobrecogedora le producía un
profundo dolor que no quería ser detenido. Su pequeño cuerpo se abría cada vez
más a los desesperados y poderosos coros. ¿Dónde se había alojado tanta
pena todos estos años?
Una mano —no divina— limpia
sus lágrimas una a una. La reacción emocional de su diputada es lo último que
la Gobernadora esperaba.
Pozos huérfanos observan la superficie brillante de sus
nudillos. Largos dedos son llevados a su boca. La punta de su lengua saborea el
líquido. Su subordinada es un coctel de todo lo humano: debilidad, dolor,
agonía, cansancio, amor, fe. Eso es lo único que obtendrá de su diputada, y en
ese mismo instante, la que se derrote sobre la silla cual iguana de desierto es
ella.
¿Es el Juicio Final de quién exactamente?
Lágrimas se condensan en sus ojos oscuros, pero a ella, en contraste con su diputada, no se le permite llorar. Ella está segura de no pasará, no derramará líquido, ella está más allá de cualquier inflexión… y aun así. Aun así.
El mundo a partir de ese momento no volverá a ser el
mismo.
Si hubiera un juicio en curso, la gobernadora no lo presidiría.
Muerte y divinidad se sostienen entre los brazos. NO HABRÁ CONSUELO
“Rex tremendae majestatis
Qui salvandos salvas gratis
Salva me, fons pietatis
Salva me, fons pietatis”
jueves, 30 de julio de 2026
"La verdad sobre el nacimiento de los niños" poema de Ulises Gómez Vázquez
Dicen que cuando el mundo fue dividido,
los primeros niños
vivían dentro de un candil de ardiente petróleo.
II
Cuentan que un ave de rapiña
los alimentaba con vísceras y ojos:
poco a poco se les formaron los huesos.
III
Por las noches eran arrullados
entre el pico de una hembra,
con la esperanza de ser vomitados por el llanto.
IV
A la mañana siguiente,
amanecían convertidos en renacuajos:
ahogados en la pila de un pantano.
V
Hilvanando su propia sombra entre el légamo,
escaparon de la ciénaga con el andar del parásito.
Ya no querían la luz del candil,
sino la madera blanda de un pecho donde encender su invierno.
VI
Aquejados por el agua salobre
que inundaba de lodo su cerebro,
decidieron crecer en el vientre estéril de un efebo.
VII
Dentro de esa carne sin herencia,
los niños aprendieron a morder el revés de la piel.
Florecieron como una fiebre ciega:
sin cordón umbilical, atados solo a la asfixia.
VIII
El pantano se secó en sus gargantas,
trocado en la saliva agria de los callejones.
Así, desterrados de la ciénaga,
buscaron un dios de trapo en el fondo de las botellas.
IX
Cada vez que uno de ellos moría,
se le inflaba la panza,
buscando con la lengua
la garganta huérfana de un sediento vagabundo.
X
Nadie sabe que al fondo de cada trago,
en el aceite negro de la noche,
los niños vuelven a encender el candil
con el último fósforo del mundo.
XI
Desde entonces,
los hombres que mueren de sed en las banquetas
no guardan agua en el estómago:
guardan el llanto vivo de un recién nacido,
esperando el primer respiro.
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