viernes, 26 de junio de 2026
"Conservatorio de un gesto" fotografías de Manuela Uribe
jueves, 25 de junio de 2026
“Poesía y la memoria de la palabra” ensayo de Laura Jaramillo Mazo
Desde la cuna del hombre primigenio, desde
la primera pregunta planteada y el
intento de responderla, desde los primeros sueños y los primeros recuerdos,
desde la necesidad de exteriorizar estos, para comunicarlos al resto del mundo,
para denominar y apropiarse de lo externo. La palabra siempre ha sido una de
las formas más acertadas, para lograr la comunicación entre seres humanos. La
poesía en cambio, es el arte por excelencia de la palabra, convierte a la
palabra en una obra que viaja de boca en boca, para describir acontecimientos,
internos o externos, es como ha sido a lo largo de la historia, desde la
antigua Babilonia, hasta nuestros días.
La poesía, nace entonces, con la evolución
de la palabra y la necesidad de trasmitir a través de ella, la descripción de
fenómenos, sociales y naturales, desde la percepción subjetiva del autor y su
interacción con el exterior, de sus maneras de ver y percibir el mundo que
habita. Es así el autor logra dejar una marca en la memoria colectiva con
respecto a lo que acontece, donde prevalece la búsqueda del sentido individual,
que es al fin lo que crea el sentido colectivo de todas las cosas.
Es de entonces así, que la poesía, va por
el mundo, buscando y dando sentido, por medio de su propia lógica, desde la
multiplicidad de enfoques subjetivos de los autores, lo que va determinando el
desarrollo de la poesía como referente histórico, desde el poema del Gilgamesh,
pasando por las grandes obras de Homero,
hasta “Los cuatro cuartetos” de Thomas S. Eliot, donde nos muestran desde
diferentes perspectivas los horrores de la guerra, desde las figuras poéticas,
dejando una marca indeleble en la memoria histórica de los pueblos, que luego
se convirtieran en grandes referentes.
Desde siempre la guerra ha sido una de las
mayores fuentes de inspiración y un referente para escribirse, los más bellos y
terribles poemas, poemas que hablan de los horrores y desgracia causados por
los bandos, llámense religiones, partidos o ambos, en esa rueda interminable de encontrar la
causa más “noble” para cometer horrores sin nombre. Y sin embargo, es ahí, en
los más recónditos y escabrosos pasajes que ha creado la guerra, donde surge un
atisbo humanidad, que pide a gritos ser escuchada, que se resiste a
desaparecer, un trozo de papel encontrado
en una mazmorra, un poema en la pared,
escrito por un preso condenado a muerte o una carta de un soldado despidiéndose
de su amor, es la poesía llamando a la memoria.
En Colombia, la guerra ha sido una
constante por más de medio siglo, pero la violencia siempre ha estado y con
cada recrudecimiento del conflicto armado, con cada masacre, tras cada
genocidio, tras la devastación y muerte que estos dejan a su paso, ahí en medio
de los horrores, siempre ha estado la palabra. Es así, como el dolor, se
convierte en una trágica musa, que inspira y crea esa necesidad implícita de
retratar de alguna forma la guerra, quizá para buscar memoria, como forma de
reparación o simplemente para aflorar sentimientos que no encuentran otra
válvula de escape más que la poesía, que es ya, una reparadora del tejido
social, todo por medio de la palabra.
Un país marcado por el dolor, es un país
que necesita crear memoria, y así, cuando el pos conflicto al fin llegue, todos
tengan la conciencia, del porqué no se debe retornar al conflicto, para no
recaer en los patrones preexistentes. Colombia es un país que necesita sanarse
y repararse y que mejor manera que la poesía, como cura, es así como aparecen
grandes autores como; María Mercedes Carranza, William Ospina, José Manuel
Arango, Piedad Bonnett, entre otros poetas que escriben a la memoria. Aparecen
también los festivales y eventos poéticos, que llaman a la reconciliación y la
memoria. Es así, como los poetas, más que poetas son unos comprometidos
guardianes del legado histórico de la guerra de las anteriores y las nuevas,
comprometidos también, con trasmitir por medio de la palabra, este constante
dolor, que aún nos flagela y pesa a
todos, de la que pocos quieren hablar y oír, pero que es necesario saber y
recordar, para así un día poder sanar.
La poesía es entonces, una necesidad, que
se crea desde la parte más interna del ser, que sirve no solo para la memoria
individual, sino que se crea como una gran red de memorias colectivas en torno
a los grandes acontecimientos de la historia, formando así, un inmenso tejido
que trasciende lo físico y se convierte casi en un fenómeno metafísico, para
trasmitir lo indecible o inimaginable, lo que solo puede decirse e imaginarse a
través de la poesía, de la palabra convertida en arte, un arte a veces ilógica,
pero esencial, para explicar fenómenos complejos, que crean circunstancias
adversas y buscan ser manifestados por medio de un compendio de palabras, que
nos envuelve en un contexto histórico o geográfico, que nos hace sentir muchas
veces, lo que su creador buscaba trasmitir, como lo es en el caso de Colombia
la poesía desde el dolor que pide a gritos memoria para la no repetición.
De esta forma es quizás el poeta una
especie de creador todo poderoso, sobre el que recae muchas veces el poder
hacedor de la historia, un trasmutador de circunstancias, de realidades, de
pensamientos y fenómenos, que convierte en palabras que describen todos ellos,
es el poeta, quien crea el mundo desde su percepción y alcance individual, para
convertirlo en un rastro de memoria donde público y lectores se convierten en
la obra cúspide de su creación.
La poesía, ha sido, es y será un eje
fundamental en la memoria colectiva de los pueblos, cumple ese papel necesario
de conservar y trasmitir un legado, de mantener viva la palabra y la memoria,
de cultivar y cosechar las palabras para seguir denominado, para seguir
trasmutando los sentimientos, para de alguna forma mantener viva la memoria y
tener una idea de los acontecimientos que van determinando el desarrollo de las
civilizaciones y sociedades, muchas veces desde un entorno bélico o
catastrófico, que es lo que crea el legado cultural de los pueblos, la poesía
como remedio contra el olvido.
Es también la poesía un ideal, subjetivo o colectivo, un ideal que trasciende las fronteras, no solamente físicas, sino, las fronteras etérea de la palabra y lo que va más allá de ella, es la idea y lo que la trasciende, es lo tangible e intangible, lo imaginable y lo inimaginable, la representación de la belleza y de la fealdad del mundo, lo moral y lo inmoral, lo sacro y lo profano, la poesía es todo, pero también ha buscado ser nada, sin lograrlo, pues siempre será queriendo o sin querer poesía, para recordar, una evocación a la memoria.
*Laura Jaramillo Mazo nació en Carolina,
Colombia en 1989, es abogada especialista en derecho penal e investigadora,
activista social, defensora de los derechos humanos, gestora cultural y artista
polivalente. Aficionada a la escritura y la poesía, participó en la antología
literaria ¿Quieres ver mis lunares? de la editorial mexicana Bisconverso en
2018, Memor morti, poemario 2019, Anatomía del placer 2020 y cartografía del
deseo publicada por Diversidad literaria en el 2025. Laura ha participado en
diversos eventos literarios internacionales y actualmente es miembro de la
junta directiva del colectivo Ataecina en España, dónde sigue realizando
eventos culturales.
"Bella durmiente" obras de Helena Klemenc
Medidas: 35cm x 25cm
Año: 2018
Medidas: 30cm x 40cm
Medidas: 34cm x 24cm
Medidas: 35cm x 25cm
Medidas: 20cm x 27cm
Medidas: 25 cm x 35 cm
miércoles, 24 de junio de 2026
"Piquito sucio" poemas de Cynthia Rodríguez
piquito sucio lengua de trapo
tarro con piedra lengua estirada
lengua/lame/babea/chupa
vieja loca -le grité a mamá-
cuidado con lo que me decís, pico sucio, lengua larga
mi lengua se ahoga, se dobla en sí misma
el habla es un oficio sacrificado, cuesta
de vocación docente,
fue la primera vez que supe de mi lengua
cuando tuve que hacerme un lugar,
me miraban y se reían
ustedes que hablan difícil
vos no sabés quién soy yo
una mujer que viste polleras de estilo medieval
un tipo que usa campera de cuero, chupín ajustado
la camisa no le cierra, se le ve el ombligo
un tipo que pone en el escritorio
un crucifijo de madera gigante
porque no puede mostrarme su pene.
Me amenazaron en el rectorado,
como el narco del barrio al que le debés guita
¿cuál es el rostro de la violencia?
¿qué tono de voz usa?
en la mesa el chuker el mate de lata y le daban
chuker-agua-sorbo, chuker-agua-sorbo
con ruido baboso al final
quisieron dejarme muda, mi lengua es finita
quedé con la lágrima flotando, la lengua enllagada y encerrada
no dije nada
ahora tengo el piquito sucio de poesía.
Tránsito
un atado de achicoria rúcula espinaca
el tajo justo
para que no se achicharre,
los huevos debajo del tinglado
precario como tus pasos
manos curtidas de lavar pañales
a mano de rodillas
ante dios y el mundo
todo cabe
en tú canasta de
urdimbre rota y transparente.
Desgarro
menstruo hace un mes seguido
me siento en el baño, espero
a que salga el resto de sangre
me enceguece la luz blanca,
un coágulo baila como gelatina,
sacude mis pensamientos
la sangre corre y corre
¿es como una canilla que no para? -pregunta mi hija
no todas las sangres son iguales,
cuando te raspás es menos espesa
cuando parís la sangre se amarrona
¿la sangre del genocidio en gaza
de qué color será?
tengo miedo a morirme, no quiero
sangrar por dentro
tiro la cadena, agua y sangre
se unen y disuelven.
martes, 23 de junio de 2026
"Me reconozco" poemas de Ainhoa Escarti
Me reconozco
No añoro los besos, ni los abrazos.
No tengo morriña de manos que me busquen,
ni de labios que me llamen.
Estoy serena.
Ya no pienso con mi sexo loco e impaciente.
Estoy sosegada.
Soy independiente de cariño ajeno.
Soy capaz de quererme,
sin ser una consentida.
Estoy templada.
Soy adulta.
Siento mi feminidad como un pavo real que expone sus plumas por simple placer,
con la libertad del que puede.
Soy mujer, me siento mujer sin necesidad de reafirmación externa.
Soy yo, justo ahora que hace unos minutos me dije:
Me siento perdida.
adulta, templada, sosegada,
queriendo sin necesitar querer.
Respiro y el miedo ya no existe aquí.
Me siento completa con y sin nadie.
Entonces sé que mi largo camino ha terminado.
Sé que lo bueno es un idioma nuevo que debo aprender.
esas que salieron de mi garganta
cuando tenía voz
y mis neuronas me amaban.
Deseo recordar quién fui,
pese a la juventud,
al romanticismo
y a Baudelaire que me pisaba los talones
con su tristeza desgarradora.
Besar nobles calaveras de amores usados,
sin comprender que los cadáveres de corazones rotos
que dejaba a mi paso
eran personas,
seres que como yo
nos deleitábamos en nuestros pequeños patetismos.
Quiero volver a oír mi voz,
con un discurso que me pertenezca,
con unas ideas que no suden
de lo usadas que están,
detenerme a admirarlas y cuidarlas
porque en el idealismo que murió
residía esa inocencia
que juré no perder jamás.
Ansío a veces lograr esa calma
de las ramas mecidas por el viento
justo antes de la tormenta de verano
que arrasa con todo,
y besar mi sombra en el espejo amplio,
y desamordazarme,
ver resurgir el deseo que ya estaba yermo.
Quiero amarme
con el candor que otorga la alta autoestima,
abrazarme fuerte para asegurarme
que pese a todo,
cuando falten la voz,
las palabras,
las neuronas
y mi reflejo en el espejo,
aún me quedará una chispa en mi corazón
para amarme
sea ya quien sea
la versión de mí
que se refleja con el agua clara.
Dar, es la sandez hecha persona y acto.
Dar, es mi naturaleza, mi extensión vital,
la razón de mi tamaña estupidez.
Dar, es el ejercicio de la desazón.
Dar, es lo que me destrozó por dentro.
Dar, son mis silencios cuando sé que ni los pidieron ni los quieren.
Dar, es recibir desprecio.
Dar, rara vez ha resultado.
Dar, con las palabras y los silencios.
Doy con mi corazón y mi simpleza abiertos.
Doy y me devuelve, dolor,
desarraigo, vacío, soledad.
Hay que saber dar, aunque a mí no me den.
Hay que saber dar, tanto como hay que saber perder en darse.
Dar, perder con el hacha clavada.
Sentirse perdida.
Ser rechazada por la crueldad que no sabe que es desalmado.
Entonces, dejar de darlo todo.
Vuelve a girar la rueda.
Pero al final, siempre acabo por volver a darme.
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