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miércoles, 1 de julio de 2026

“La última vez que fui invisible” cuento de Yamilet Ramos Limés


La última vez que fui invisible tenía cuarenta y nueve años.

No fue algo repentino. Nadie anunció el momento. Nadie tocó una campana ni escribió un aviso en la pared.

Simplemente ocurrió.

Entré en una cafetería del centro una mañana fría de invierno. El local estaba lleno de conversaciones, cucharillas golpeando tazas, gente mirando el móvil con una prisa que parecía contagiosa.

Me acerqué al mostrador.

Esperé.

El camarero pasó tres veces delante de mí.

Tomó pedidos a dos hombres que llegaron después.

Sonrió a una chica joven que llevaba un abrigo rojo brillante.

A mí no me vio.

Y no era la primera vez.

Las mujeres sabemos reconocer ese instante extraño en el que el mundo empieza a mirarnos menos.

Sucede sin violencia, sin insultos, sin palabras.

Sucede con algo más sutil.

La indiferencia.

Antes había sido distinta.

A los veinte años parecía que todo el mundo tenía algo que decirme: cómo debía vestirme, cómo debía amar, cómo debía ser feliz.

A los treinta, las preguntas cambiaron.

—¿Cuándo te casas?

—¿Cuándo vas a tener hijos?

—¿No crees que ya deberías decidir tu vida?

A los cuarenta comenzaron otras preguntas más silenciosas.

Las preguntas que no se dicen en voz alta pero que flotan en el aire como polvo.

¿Y ahora qué?

Recuerdo el día exacto en que me divorcié. No por el trámite legal, sino por el momento en que comprendí que llevaba años viviendo una vida donde mi presencia era más útil que necesaria.

Aquella mañana en la cafetería, mientras el camarero seguía sin verme, me di cuenta de algo inesperado.

Ser invisible tenía una ventaja.

Por primera vez en muchos años… nadie esperaba nada de mí.

No tenía que ser amable.

No tenía que gustar.

No tenía que demostrar nada.

Era una mujer sola en medio de un local lleno de gente que no sabía que yo existía.

Y sin embargo, yo sí sabía que existía.

Pedí el café al fin, cuando el camarero reparó en mí casi por accidente.

—Perdona —dijo distraído—. No te había visto.

No pasa nada, pensé.

En realidad llevaba años ocurriendo.

Me senté junto a la ventana con la taza caliente entre las manos.

Miré a la gente pasar por la calle.

Un hombre arrastraba una maleta.

Una niña saltaba sobre los charcos.

Una pareja discutía en voz baja.

De pronto comprendí algo que me sorprendió.

Durante la mayor parte de mi vida había vivido intentando ser visible para los demás.

Para mi familia.

Para mi pareja.

Para el mundo.

Había buscado aprobación, reconocimiento, afecto.

Había intentado ser la versión correcta de mí misma.

Y aun así, muchas veces me había sentido sola.

Pero aquella mañana algo cambió.

Tal vez la invisibilidad no era una pérdida.

Tal vez era una libertad.

Cuando nadie te mira esperando que cumplas un papel, aparece un espacio extraño y nuevo.

Un espacio donde puedes preguntarte algo peligroso.

¿Quién soy cuando nadie me define?

Terminé el café lentamente.

Por primera vez en años no tenía prisa.

Cuando salí de la cafetería el aire estaba frío, pero me sentí curiosamente ligera.

Caminé sin rumbo durante una hora.

Entré en una librería pequeña donde nunca había estado.

Compré un cuaderno.

En la primera página escribí algo que me hizo sonreír:

“Hoy empiezo a conocer a la mujer que he sido todo este tiempo.”

No sabía exactamente qué significaba.

Pero sabía que era verdad.

Porque a veces la vida te quita un papel que ya no necesitas.

Y solo entonces descubres algo extraordinario:

no eras invisible.

Solo estabas esperando verte a ti misma.

 

*Yamilet Ramos Limés nació en Cuba, donde se formó como Licenciada en Comunicación y Periodismo. Su vida profesional comenzó entre palabras, historias y voces que buscaban ser escuchadas. Sin embargo, su camino tomó un giro profundo cuando, por motivos políticos, fue perseguida en su país y se vio obligada a exiliarse en España. Ese exilio no solo cambió su geografía: transformó su mirada, su propósito y su forma de acompañar a otros. Además de su trabajo como coach, Yamilet es autora de varios libros publicados en Amazon, entre ellos obras de autoayuda, emprendimiento, relajación emocional y la novela histórico-política “La caja del cordón rojo”, inspirada en vivencias y realidades que conoce de cerca. En estos momentos se encuentra escribiendo la colección Tu Coach en Casa que surge de su deseo de ofrecer acompañamiento a quienes no pueden —o no desean— acudir a terapias presenciales, pero necesitan orientación, contención y una voz cercana que los sostenga. Su misión es brindar herramientas sencillas, palabras que alivian y un espacio seguro donde respirar, reflexionar y reencontrarse.

lunes, 29 de junio de 2026

"A las mujeres costureras" poemas de Gloria Elena Gutiérrez Ortiz



A las mujeres costureras
 
Gloria Elena Gutiérrez Ortiz
-Guti-
 
Con aguja humilde
y paciencia heredada,
las mujeres costureras
inclinan el día
sobre la mesa de trabajo.
 
Hilo a hilo
unen más que telas:
cierran el frío del invierno,
zurcen la ausencia del pan,
remiendan el miedo
para que no se note.
 
Sus dedos conocen
el lenguaje del sacrificio;
la medida exacta del desvelo,
el pulso del amor
que no se anuncia.
 
Mientras la máquina suena
a un ritmo obstinado,
ellas piensan en los hijos:
en los cuadernos nuevos,
en los zapatos que crecen rápido,
en el futuro que aún no alcanzan.
 
Cosen de noche
cuando el mundo duerme;
cada puntada,
una promesa silenciosa:
no faltará abrigo,
no faltará esperanza.
 
No llevan corona,
pero gobiernan la vida;
no alzan la voz,
pero sostienen el mañana.
 
¡Son mujeres de hilo fuerte;
de espalda firme
corazón ancho;
costureras del tiempo,
destino de sus familias!
 
¡Manos que cosen
el mañana…
manos que sostienen,
remiendan y aman!
 
© Copyright 25 enero 2025Gego–Guti
Medellín, Colombia
 
 
Ella y su historia
 
Gloria Elena Gutiérrez Ortiz
-Guti-
 
 
Ella camina etérea,
tiene una historia,
aprendió a tomar
solo lo que vale.
 
A simple vista,
se podría pensar;
ella tiene un vacío,
pero no es así,
¡ella es un océano de paz!
 
Ella prefiere una mirada honesta,
antes que mil sonrisas vacías.
 
Antes, se partía en pedazos
para estar en los planes de otros,
en la felicidad de otros.
 
Antes,  su energía
como agua se perdía
entre las manos
que nadie recogía.
 
En medio del ruido un día,
escuchó su propia voz;
le dijo: "¿y tú?
¿Dónde estás tú?"
 
Comenzó a caminar
hacia adentro sin parar…
¡Se encontró a sí misma,
no se soltó jamás!
 
Ya no espera mensajes,
Ya no duele lo que no llega.
¡Ella sabe que llegó!…
¡Ella, ya está viva!
 
Si alguien se cruza su camino
encontrará una mujer salvada,
¡una mujer que sabe amar
desde su esencia-ser!
 
 
©Copyright16feb2026Gego-Guti
   Medellín Colombia
 
 
Tu amor no muere
 
Gloria Elena Gutiérrez Ortiz
-Guti-
 
¡Desde que te fuiste,
el silencio aprendió tu nombre!
 
De tu ternura,
llena quedó la  casa,
te buscan las perdidas cosas;
en la memoria, la tibia taza,
la luz entra como si a volver fueras.
 
El dolor no grita,
se sienta conmigo al anochecer,
se repiten tus palabras, tu risa,
eco que no sabe despedirse.
 
¡Aprender ahora,
es otra forma de presencia;
no verte, no sentirte,
sin embargo, amarte!…
 
¡El amor no muere!
Aunque la pérdida duela,
te amaré en lo que permanece;
¡cuando cierro los ojos
te dejo vivir en mí!
 
 
*Gloria Elena Gutiérrez Ortiz “Guti" Nació en Medellín, Colombia. Es periodista en Gestión Cultural por la UPV de Bilbao, España; escritora, poeta y dibujante de arquitectura y arte, formada en la Academia Superior de Artes de Medellín, Colombia. Además, es investigadora en plantas medicinales y aromáticas de la Universidad de Antioquia. Como dibujante y pintora ha realizado exposiciones en la Casa de la Cultura Barquereña de Sabaneta, Antioquia (1998), y en la Universidad de Antioquia (1999). Desde 2018 participa en muestras digitales a nivel internacional. Cuenta con varias publicaciones en su haber: La magia de la palabra (investigación), Amazon; Coqueteos (romancero), Amazon; Embeleso (noveleta), Amazon; Pies con alas (poemario); Canturreos (1.ª edición), Amazon; y Canturreos (2.ª edición), Colombia, nominado a Mejor Libro en el Premio Verso Dorado 2026. Ha sido ganadora de varios premios a nivel nacional e internacional como periodista, escritora, poeta e investigadora. Fue nominada en cinco categorías del Premio Verso Dorado del Gremio Poético Colombiano: Mejor Libro, Mejor Poema Social, Mejor Poema a la Paz, Mejor Soneto y Mejor Poema Costumbrista. La ceremonia se celebrará en Bogotá el 21 de abril de 2026.

sábado, 27 de junio de 2026

"Murmullo " poemas de María Bernarda Doria Romero



Murmullo 

Ojalá.
Deseo escondido.
Perpetuo.
Hambriento el sueño de ser almohada,
deseosa el agua de saberse ola,
el fuego lejano resopla.
Ojalá.
 Deseo tortuoso.
Cubras los versos sin hablar,
quisiera ser bruma rozando
tu tan lejano singular.
Eco sin retorno, 
sombra desvelada,
respirando en tu nombre.
Ojalá.
Deseo oblicuo,
latido en niebla ahogado,
que tu hondura me vuelva
un murmullo con lugar.
Ojalá..
Ojala..


Hambre

Tengo hambre.
una bestia ruge bajo piel,
muerde costillas,
lame aire buscando migas,
 como y sigo vacía.
Trago,
mastico,
la carne se vuelve sombra,
el pan, arena,
el estómago arde,
se retuerce, suplica,
siento la saliva correr,
acida, espesa,
queriendo engullir el mundo,
pero no basta.
Ni el agua, ni el amor, ni la culpa.
Todo cae en el cuerpo,
sin huella.
Hay un hueco que respira,
un pozo sin fondo,
cada palabra que pronuncio
se pudre antes de tocar el aire.
Tengo hambre,
y el hambre tiene mi nombre entre sus dientes


Sin Nido

Hueso sin piel,
vacía de esperanza,
en círculos danzo,
buscando un sol que no recuerda su muerte.
Ojalá no hubiera nacido en carne,
quisiera ser pájaro,
vuelo sin nido,
desplegar las alas,
volar libremente en cielo,
sin cuerpo,
sin nombre.
 Solo viento.
 Solo canto.


*María Bernarda Doria Romero es una escritora colombiana. Economista de formación, y escritora por necesidad, que convierte la palabra en refugio y resistencia. En su obra convierte la ausencia en poesía, explorando la fragilidad humana y la fuerza de la imaginación. Su voz busca abrir caminos de reflexión y esperanza, defendiendo la vida desde la trinchera de la escritura.

viernes, 26 de junio de 2026

"Conservatorio de un gesto" fotografías de Manuela Uribe


Nombre: Conservatorio de un gesto
Técnica: Fotografía Digital (Blanco y negro)
Medidas: Aspecto 3:4 (3456 px X 3791) (Varía en cada imagen)
Año: 2024



Nombre: Conservatorio de un gesto
Técnica: Fotografía Digital (Blanco y negro)
Medidas: Aspecto 3:4 (3456 px X 3791) (Varía en cada imagen)
Año: 2024



Nombre: Conservatorio de un gesto
Técnica: Fotografía Digital (Blanco y negro)
Medidas: Aspecto 3:4 (3456 px X 3791) (Varía en cada imagen)
Año: 2024



Nombre: Conservatorio de un gesto
Técnica: Fotografía Digital (Blanco y negro)
Medidas: Aspecto 3:4 (3456 px X 3791) (Varía en cada imagen)
Año: 2024



Nombre: Conservatorio de un gesto
Técnica: Fotografía Digital (Blanco y negro)
Medidas: Aspecto 3:4 (3456 px X 3791) (Varía en cada imagen)
Año: 2024



Nombre: Conservatorio de un gesto
Técnica: Fotografía Digital (Blanco y negro)
Medidas: Aspecto 3:4 (3456 px X 3791) (Varía en cada imagen)
Año: 2024



*Manuela Uribe. Nacida en Bello, Antioquia. 21 años. Soy estudiante de la Licenciatura en Artes plásticas de la Universidad de Antioquia. Mi énfasis está en el trabajo fotográfico, donde se explora la relación entre memoria, territorio y vida cotidiana. Me interesa observar cómo los espacios cercanos, como la casa familiar, el paisaje o los gestos de quienes habitan esos lugares, se convierten en portadores de historias y formas de identidad. A través de la fotografía me detengo en los gestos repetidos de la vida doméstica, los oficios y las atmósferas del paisaje. Busco nombrar de nuevo estos espacios y relaciones, desplazando miradas reduccionistas y proponiendo lecturas distintas a los discursos legitimados. Busco que mis imágenes funcionen como pequeños archivos donde el gesto, el paisaje y la memoria se entrelazan, intentando preservar aquello que, con el paso del tiempo, corre el riesgo a desaparecer, lo que nos deja en un interminable duelo. 

jueves, 25 de junio de 2026

“Poesía y la memoria de la palabra” ensayo de Laura Jaramillo Mazo

Desde la cuna del hombre primigenio, desde la primera pregunta planteada  y el intento de responderla, desde los primeros sueños y los primeros recuerdos, desde la necesidad de exteriorizar estos, para comunicarlos al resto del mundo, para denominar y apropiarse de lo externo. La palabra siempre ha sido una de las formas más acertadas, para lograr la comunicación entre seres humanos. La poesía en cambio, es el arte por excelencia de la palabra, convierte a la palabra en una obra que viaja de boca en boca, para describir acontecimientos, internos o externos, es como ha sido a lo largo de la historia, desde la antigua Babilonia, hasta nuestros días.

La poesía, nace entonces, con la evolución de la palabra y la necesidad de trasmitir a través de ella, la descripción de fenómenos, sociales y naturales, desde la percepción subjetiva del autor y su interacción con el exterior, de sus maneras de ver y percibir el mundo que habita. Es así el autor logra dejar una marca en la memoria colectiva con respecto a lo que acontece, donde prevalece la búsqueda del sentido individual, que es al fin lo que crea el sentido colectivo de todas las cosas.

Es de entonces así, que la poesía, va por el mundo, buscando y dando sentido, por medio de su propia lógica, desde la multiplicidad de enfoques subjetivos de los autores, lo que va determinando el desarrollo de la poesía como referente histórico, desde el poema del Gilgamesh, pasando por las grandes obras de  Homero, hasta “Los cuatro cuartetos” de Thomas S. Eliot, donde nos muestran desde diferentes perspectivas los horrores de la guerra, desde las figuras poéticas, dejando una marca indeleble en la memoria histórica de los pueblos, que luego se convirtieran en grandes referentes.

Desde siempre la guerra ha sido una de las mayores fuentes de inspiración y un referente para escribirse, los más bellos y terribles poemas, poemas que hablan de los horrores y desgracia causados por los bandos, llámense religiones, partidos o ambos,  en esa rueda interminable de encontrar la causa más “noble” para cometer horrores sin nombre. Y sin embargo, es ahí, en los más recónditos y escabrosos pasajes que ha creado la guerra, donde surge un atisbo humanidad, que pide a gritos ser escuchada, que se resiste a desaparecer, un trozo de papel encontrado

en una mazmorra, un poema en la pared, escrito por un preso condenado a muerte o una carta de un soldado despidiéndose de su amor, es la poesía llamando a la memoria.

En Colombia, la guerra ha sido una constante por más de medio siglo, pero la violencia siempre ha estado y con cada recrudecimiento del conflicto armado, con cada masacre, tras cada genocidio, tras la devastación y muerte que estos dejan a su paso, ahí en medio de los horrores, siempre ha estado la palabra. Es así, como el dolor, se convierte en una trágica musa, que inspira y crea esa necesidad implícita de retratar de alguna forma la guerra, quizá para buscar memoria, como forma de reparación o simplemente para aflorar sentimientos que no encuentran otra válvula de escape más que la poesía, que es ya, una reparadora del tejido social, todo por medio de la palabra.

Un país marcado por el dolor, es un país que necesita crear memoria, y así, cuando el pos conflicto al fin llegue, todos tengan la conciencia, del porqué no se debe retornar al conflicto, para no recaer en los patrones preexistentes. Colombia es un país que necesita sanarse y repararse y que mejor manera que la poesía, como cura, es así como aparecen grandes autores como; María Mercedes Carranza, William Ospina, José Manuel Arango, Piedad Bonnett, entre otros poetas que escriben a la memoria. Aparecen también los festivales y eventos poéticos, que llaman a la reconciliación y la memoria. Es así, como los poetas, más que poetas son unos comprometidos guardianes del legado histórico de la guerra de las anteriores y las nuevas, comprometidos también, con trasmitir por medio de la palabra, este constante dolor, que  aún nos flagela y pesa a todos, de la que pocos quieren hablar y oír, pero que es necesario saber y recordar, para así un día poder sanar.

 

La poesía es entonces, una necesidad, que se crea desde la parte más interna del ser, que sirve no solo para la memoria individual, sino que se crea como una gran red de memorias colectivas en torno a los grandes acontecimientos de la historia, formando así, un inmenso tejido que trasciende lo físico y se convierte casi en un fenómeno metafísico, para trasmitir lo indecible o inimaginable, lo que solo puede decirse e imaginarse a través de la poesía, de la palabra convertida en arte, un arte a veces ilógica, pero esencial, para explicar fenómenos complejos, que crean circunstancias adversas y buscan ser manifestados por medio de un compendio de palabras, que nos envuelve en un contexto histórico o geográfico, que nos hace sentir muchas veces, lo que su creador buscaba trasmitir, como lo es en el caso de Colombia la poesía desde el dolor que pide a gritos memoria para la no repetición.

De esta forma es quizás el poeta una especie de creador todo poderoso, sobre el que recae muchas veces el poder hacedor de la historia, un trasmutador de circunstancias, de realidades, de pensamientos y fenómenos, que convierte en palabras que describen todos ellos, es el poeta, quien crea el mundo desde su percepción y alcance individual, para convertirlo en un rastro de memoria donde público y lectores se convierten en la obra cúspide de su creación.

La poesía, ha sido, es y será un eje fundamental en la memoria colectiva de los pueblos, cumple ese papel necesario de conservar y trasmitir un legado, de mantener viva la palabra y la memoria, de cultivar y cosechar las palabras para seguir denominado, para seguir trasmutando los sentimientos, para de alguna forma mantener viva la memoria y tener una idea de los acontecimientos que van determinando el desarrollo de las civilizaciones y sociedades, muchas veces desde un entorno bélico o catastrófico, que es lo que crea el legado cultural de los pueblos, la poesía como remedio contra el olvido.

 Es también la poesía un ideal, subjetivo o colectivo, un ideal que trasciende las fronteras, no solamente físicas, sino, las fronteras etérea de la palabra y lo que va más allá de ella, es la idea y lo que la trasciende, es lo tangible e intangible, lo imaginable y lo inimaginable, la representación de la belleza y de la fealdad del mundo, lo moral y lo inmoral, lo sacro y lo profano, la poesía es todo, pero también ha buscado ser nada, sin lograrlo, pues siempre será queriendo o sin querer poesía, para recordar, una evocación a la memoria.

 

*Laura Jaramillo Mazo nació en Carolina, Colombia en 1989, es abogada especialista en derecho penal e investigadora, activista social, defensora de los derechos humanos, gestora cultural y artista polivalente. Aficionada a la escritura y la poesía, participó en la antología literaria ¿Quieres ver mis lunares? de la editorial mexicana Bisconverso en 2018, Memor morti, poemario 2019, Anatomía del placer 2020 y cartografía del deseo publicada por Diversidad literaria en el 2025. Laura ha participado en diversos eventos literarios internacionales y actualmente es miembro de la junta directiva del colectivo Ataecina en España, dónde sigue realizando eventos culturales.