jueves, 18 de junio de 2026
"Metamorfosis" pinturas de María Estela Ramos
miércoles, 17 de junio de 2026
"Ser Mujer" poemas de Rocío Biedma
Ser Mujer
Ser mujer, es no tropezarse
con las huellas esculpidas otrora,
entre gemidos largos y retratos silenciosos.
Es andar con el agua derramada en la frente
y los sueños tatuados en las losas,
donde pesan los siglos desterrados
y rechinan el dolor y la impotencia.
Ser mujer, es presentir los cauces ignorados,
encontrar el camino que se incendia entre las manos;
y esperar en silencio, ese hacerse mujer,
donde reinventar los secretos
para entender este lenguaje de días nuevos.
Ser mujer vislumbra una guerra sin armas,
que arrastra en los cabellos, un linaje
de lluvias ácidas ungidas en barricadas de sangre.
A pesar de que el coraje que resurge a ráfagas
desde las entrañas, es férreo e insondable.
Ser mujer es ser marzo, ser nosotros, ser hálito,
ser almendro, ser caballo galopante, ser lluvia,
ser un valle de amapolas, ser Simón de Beauvoir,
ser tierra que amamanta el universo,
ser una diadema de tesones, ser océano.
Ser mujer, es forjarse hembra
sólo porque lo anuncia el viento,
con un temblor antiguo entre los labios
y un balbuceo incipiente en la mirada,
que viene a desgranarse
en éste tiempo florecido
donde no hay pan de lágrimas,
sino aguas del mundo
en regazos generosos con olor a canela.
Sencillamente ser mujer, es llegar a serlo.
Ensueño
Me anuncias una luz que antecede mis oquedades,
entonces creo ser resonancia en tu espacio,
un trémulo quejido que me convierte en rocío
capaz de empaparte.
Voy a sentarme cerca de tus manos
trenzar eufonías con tus dedos,
y mirarte, calladamente, mirarte,
mientras escucho el amor que destilas.
Me quedaré recostada
en la perfección absoluta de tus labios,
en la ternura que tus ojos desvelan
cuando bates lentamente sus pestañas.
Entonces me elevaré cual libélula,
hasta el vértice de tu poesía,
en la certeza
de tu abrazo infinito.
Antífona
Te intuyo, desde tu risa,
manantial grácil y melodioso,
allí donde la luz reclina,
mientras declamas tus versos.
En tu pureza de ámbar,
cuando esparces el horizonte de luz
adivino tu voz forjada en la lluvia
que acordona un territorio, agitando las alas
con fulgores de amor y nostalgias.
Y noto tu secreto, que enhebras en mí.
Ese que un día prendiste como candil eterno,
que concibe los días,
que canta en los pasillos del bosque,
con tu idioma de mujer, en el rumor del viento.
Y llegas a bordo del Aquitania
por ese mar que se te alienta en los ojos.
Porque eres sal de pájaro de trino trasparente,
dulce jaculatoria de lino macerado
que como ángel abates de tus trémulos labios.
Te canto Zenobia,
acurrucada en tu útero malogrado,
fuego de constelaciones,
donde alojaste el verbo
de la noble locura de la poesía.
lunes, 15 de junio de 2026
"La casa que lloró" ilustraciones de Reyna Camargo
*Reyna Camargo (Anam Suaite) Artista mexicana egresada de la UNAM en la licenciatura en Física (ciencias); llevo tejido también un profundo amor por las artes desde que tengo memoria. Tomando cursos de dibujo y pintura desde muy pequeña, fui trazando un camino que seguiría hasta la fecha, convirtiéndose en ese ente que me sostuvo y ayudó a afrontar muchos problemas emocionales a lo largo de todos estos años. El soñar despierta, el hambre de justicia, empatía y amor en esto en lo que ahora parece sobrevivimos, dio forma a lo que hoy puedo llamar mi estilo, moldeó el surrealismo que susurra en mis dibujos y construyó el ideal donde todo es posible. La fotografía también se volvió mi gran aliada en poder observar al mundo que rodea y no solo verlo de reojo, a escucharlo con atención plena. Dibujo casi todo el tiempo y me encanta la música, el cine, bailar, aprender, gozar, observar a través de la lente y sin ella. Disfruto de todas las artes, de toda la creación humana; del amor trascendente de la tierra y los animales; del amor trascendente de mi madre, hermanos y amigos. Me considero una obsesiva de la vida.
sábado, 13 de junio de 2026
"Penumbra" poemas de Enrique Arias Beaskoetxea
se cansan de su ritmo
ancestral de metrónomo
quisieran descansar
por fin en un equilibrio
de desamor y quietud
ocupa todos los rincones
ya no queda boca
por callar mente
que calmar corazón
abandonado a sus latidos
para evitar tener la última
palabra a pesar del eco
del derrumbe en sus oídos
aguardan examen
para no permanecer allí
cuando se cierre
el cajón
del derrumbe en sus oídos
viejos amarillentos
manuscritos guardados
notas jamás escritas
que solo existirán
en una mente inquieta
imaginando desastres
posibles en el temor
dados con la distancia
intelectual vanidosa
de quien no percibe
esa fractura lógica
una tregua en la tormenta
un pequeño triunfo
un logro no esperado
un reconocimiento
con un desierto emocional
una ausencia de placer
una incapacidad
que yo no sorprende
es ya la habitación
de un corazón cansado
por la lucha continua
en las dunas inmóviles
la lenta construcción
de un castillo de arena
destinado al derrumbe
con la llegada de la pleamar
ni confianza en la tarea
todo queda marcado
por la futura decepción
igual que un gato busca
calidez y sosiego
en la penumbra
para pasar las horas
ovillado a sí mismo
desatento al mundo
apenas un punto de alerta
hasta que llegue la noche
y tenga que buscar
un nuevo lugar
para esperar un mañana
Libros publicados: La lejanía de las cosas (Ápeiron Ediciones, 2017), Visible-Invisible (Editorial maLuma, 2017), Un mundo, una atmósfera (Ediciones Ruser, 2019), Condición terrenal (Editorial Literarte, 2019), Aún hoy recuerdo (Ediciones Passer, 2023) y Vivir distinto (Aliar Ediciones, 2024). I Premio de Poesía «Alas de Passer»: País de niebla (Ediciones Passer, 2025)
Libros en otros países: Argentina – El camino menos transitado (Editorial Leviatán, 2024) Italia – Vivir distinto, Un vivere differente (Edizioni Arcoiris, 2025)
martes, 9 de junio de 2026
"Llévame siempre contigo" relato de Eva Higueras
El
rostro de mi abuelo así, en quietud, me parece casi perfecto, a pesar de ser un
amasijo de arrugas. Me he puesto a contar los surcos cuando ha entrado la
enfermera para ponerle su inyección matutina.
Llevo dos noches en el hospital y he dormido apenas cuatro horas, pero
no quiero separarme de él. Mi abuelo lo es todo para mí, ha vivido en casa
desde siempre y ahora me toca decirle adiós. Es inevitable y esa certeza me
consume. “Que no me vea triste”, pienso. Así que cuando abre los ojos en su
permanente duermevela, le sonrío, o le acaricio la mano callosa. Apenas habla
desde hace semanas y ya me he acostumbrado a leer su mirada. Pero esta mañana
ha ocurrido algo: después de la inyección se ha quedado como dormido, y de
pronto ha abierto los ojos y me ha dicho con voz clara:
—
Neni,
¿sabías que yo he conocido a Alice Guy?
—
¿A
quién?
—
A
Alice Guy.
No sé quién es Alice Guy, pero no se lo digo.
—
No
sabes quién es, ¿verdad?
—
No.
Estoy segura de que va a contarme su historia.
—
Pues
búscala en Wikipedia, vas a alucinar.
Y sí, alucino. No voy a decirle que es imposible; que él no ha estado
nunca en EE. UU, pero, sobre todo, que cuando él nació, en 1917, esta mujer ya
había dirigido la mayoría de sus películas. Aunque en realidad me esperan más
sorpresas: mi abuelo empieza a contarme detalles del rodaje de El hada de
los repollos; cómo se gestó aquel proyecto, anécdotas de los actores… Lo
increíble es que él, un conductor de autobuses de toda la vida de la ruta Gran
Vía-Carabanchel, esté ahora agonizante en una cama de hospital, explicándome su
día a día en los estudios Solax, una de las primeras casas productoras del
mundo.
—
…Y
en la entrada, Alice colocó un cartel que decía “Be natural”. No me digas que
no era una pionera. Lee Strasberg era un niño por aquel entonces.
Le escucho embobada, abducida, incrédula. Mi abuelo no tiene estudios y,
que yo sepa, habrá visto en toda su vida unas diez películas, la mayoría de Paco
Martínez Soria.
—
Alice
producía en sus mejores años dos películas de un rollo a la semana; eso eran
como diez, quince minutos. Era increíble, incansable. Lo controlaba todo, desde
el guion hasta la dirección artística y el montaje. Yo la adoraba.
Ahí ya no, ahí ya no puedo contenerme. Cuando empieza a meterse en
terreno personal, me lanzo:
—
¿Eráis
muy amigos?
—
Más
que amigos, neni, más que amigos. Su marido se largó con una actriz, y ahí
estaba yo.
Le sale una sonrisa picarona, irresistible. Noto que ya me tiene
enganchada a su historia. Que me lo creo todo, “de pe a pa”.
—
Por
supuesto, todo esto fue antes de conocer a tu abuela y venirme a vivir a
España.
—
Claro,
claro, imagino.
—
A
mí Alice me tenía fascinado. Era bastante más joven que ella, pero eso daba
igual. Me podría haber enamorado de su hija Simone… y entonces tú no estarías
aquí. Pero me gustaba la madre. –Se detiene de pronto, como avergonzado — ¡Uy,
qué cosas te estoy contando, neni!
—
Abuelo,
que voy a cumplir treinta años.
Y sigue hablando, como un torrente… Con una energía que no sé de dónde le
sale, si lleva semanas con suero intravenoso y postrado en esa cama ortopédica.
—
Estuvimos
juntos poco más de un año. Pero fue tan intenso que me parecieron décadas. Por
supuesto, a tu abuela nunca le dije nada. Ni tu padre lo sabe. Creo que no se
lo había contado nunca a nadie. Pero ya ves, hoy me vino de golpe su recuerdo,
como una ola.
Jamás le había oído hablar así, parece otra persona. Igual uno, antes de
morirse, se transforma en otro “yo”, en los “yoes” posibles que nunca serán.
Sigo sentada, escuchándole, como hipnotizada. Me habla del fonoscopio, de
lentes de cámara, de los hermanos Lumiére, de títulos tan extraños como El
colchón epiléptico… y de aquel romance efímero que por lo visto marcó su
vida.
Empieza a atardecer y la habitación tiene una atmósfera irreal, con
tonos sepia como algunas películas mudas de Buster Keaton. Sigo pensando que es
imposible que conociera a esta mujer fascinante de la que quiero ahora saberlo
todo… cuando noto que su voz se apaga. Uno de sus puños se abre lentamente y algo
cae al suelo. Me agacho y recojo el pequeño papel: es una fotografía gastada. Reconozco
a mi abuelo, muy joven, rodeando con su brazo a una mujer de anchas caderas y
pelo azabache, bastante más mayor. Y al pie, aún legible, una dedicatoria:
“A José. Llévame siempre contigo. Alice”
*Eva Higueras. Actriz y escritora madrileña. Enamorada de la escena desde niña gracias a su abuelo, el director teatral Modesto Higueras, compañero barraco de Lorca en sus inicios y fundador del T.E.U. (Teatro Español Universitario). Como actriz cuenta con una larga trayectoria profesional en el teatro, habiendo participado en más de treinta montajes. Compagina asiduamente la escena con el cine y la televisión. Su segunda pasión es escribir. Es autora de cuentos, relatos, poesías y piezas teatrales. También ha escrito artículos sobre relevantes figuras de la escena para la Revista Actores durante varios años. Y lleva cuatro temporadas realizando Podcast para el programa La Sala, de RNE. Ha publicado tres libros: un pequeño monólogo que apareció incluido en la obra Monólogos escénicos, editado por la FAEE (Federación de Artistas del Estado Español) en el 2010; Camerino Nº5, monólogo estrenado en el 2013 y publicado por VISION LIBROS en mayo del 2018 y Mujeres Indomables, publicado en el 2024 por la editorial CON M DE MUJER.
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