martes, 3 de septiembre de 2019

Érase una vez en Hollywood: La justicia cinematográfica de Tarantino



Desde hacía un par de años se había anunciado la famosa película que el afamado director Quentin Tarantino quería realizar sobre el ya muy conocido caso de Charles Manson y su familia, después de realizar películas como Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Kill Bill, todos los cinéfilos estaban a la expectativa de un nuevo baño de sangre y estética como al que nos tiene acostumbrados cada que se lanza una de sus películas. A diferencia de sus anteriores producciones, Once Upon a Time in Hollywood, prometía un acercamiento histórico, brutal, incluso morboso, conociendo la pasión por la sangre que caracteriza su cine, y es que del acercamiento de Charles Manson, Roman Polanski y Quentin Tarantino, no puede salir otra cosa, que una de las producciones más enfermas que la historia del cine puede producir. 

Acierta ampliamente Tarantino, al incluir en su reparto a dos leyendas de Hollywood como lo son, Leonardo DiCaprio como Rick Dalton y su doble de acción, Brad Pitt como Cliff Booth, una pareja que no puede ser más que explosivamente atractiva, si se considera su tremenda trayectoria cinematográfica y el simbolismo erótico que representan estos dos grandes actores. Pero esta formula perfecta, no fue suficiente para el director de The Hateful Eight, que además, ingresa en su nómina a estrellas como Margot Robbie como Sharon Tate, actriz embarazada casada con Roman Polanski, y a Margaret Qualley como Pussycat. La grandiosa relación que logra Tarantino en esta mezcla de realidad y ficción, no puede ser más una formula perfecta, que representa a Hollywood, como Hollywood, y esta es precisamente uno de los grandes aciertos de la producción, lograr hacer una representación de Hollywood, desde Holywood. 

El reiterado posicionamiento de la película con la espectacular expresión “Fucking hippies”, es ya una lectura política, Rick Dalton y su doble Cliff Booth, representantes de Hollywood, en toda su grandeza y decadencia, nos advierten desde el inicio, el desprecio y el conflicto de las culturas, la ya muy reconocida y sobrevalorada “esto da a entender Tarantino” cultura Hippie, contra la cultura cinematográfica y su western de Bounty Law de 1958 a 1963,  es tanto el desprecio que irradia la película de Tarantino contra la cultura Hippie, que ni siquiera Cliff Booth, un personaje vividor y oportunista, no siente ni el mas mínimo deseo de coger con Pussycat ¿quién iría a prisión por una jodida Hippie? 

Lo que parecía ser el elemento central o por lo menos más atractivo de la película, (esto parecía antes de su lanzamiento) por las matanzas que la Familia Manson, había cometido contra la actriz Sharon Tate y sus acompañantes; la “Mente Maestra” detrás de todo el macabro Plan, el temido y psicópata Charles Manson, no aparece sino como una simple anécdota en el rodaje de Tarantino, (para muchos quizás fue un timo al pensar que la película trataría sobre el famoso criminal) un desfigurado Charles Manson o quizás humanizado, ya que es un personaje que sólo cobra importancia por el cubrimiento mediático, no tendría gran trascendencia en el filme, Tarantino no le concedería este honor, y pasa así, sin más, como una simple anécdota en el mundo Hollywoodense.

Al igual que en películas como Inglourious Basterds, Tarantino hace alusión a una especie de justicia o venganza cinematográfica, el extermino masivo contra los nazis, de la forma más cruel y despiadada que el cine puede producir, en Once Upon a Time in Hollywood, encontramos de nuevo la venganza, en donde la temible Familia Manson, aparece como una simple caricatura, que por supuesto tendrá su merecido, y su cuota de tortura, y es que Tarantino parece decir los “Fucking hippies” nos deben una, y aquí saldaremos cuentas, justo en este momento, es donde aparece quizás los elementos más reconocidos y esperados de su cine, logrando transmitir al público, que el cine puede hacer justicia por sus propias manos, y que la participación de Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) y Cliff Booth (Brad Pitt) valen su peso en oro. ¡Tarantino ha vuelto, su cine sabe cobrar venganzas!


El apache

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